Opinión Migración 180226

Serpientes y Escaleras / Ajustes al gabinete rumbo a 2027

Antes de que termine este mes, la presidenta Sheinbaum pondrá en marcha varios movimientos en su gabinete con miras a dos objetivos: ajustar su equipo de gobierno con designaciones de personas de su círculo cercano que sustituirán algunas herencias del pasado sexenio, y definir también algunas candidaturas en estados clave rumbo a las complicadas elecciones intermedias del 2027.

De acuerdo con fuentes internas del gobierno, hay al menos tres movimientos confirmados que se producirán en las próximas semanas. El primero y más avanzado es la renuncia del director general de la Agencia Nacional de Aduanas (ANAM), Rafael Marín Mollinedo, quien se irá como delegado estatal de la Secretaría del Bienestar en Quintana Roo, como ayer comentamos en esta columna. La llegada de Marín Mollinedo a la entidad quintanarroense como funcionario federal ocurrirá el próximo 2 de marzo y sería la señal casi definitiva de que el político tabasqueño sería el candidato de Morena a la gubernatura en los comicios locales de 2027.

El otro movimiento fuerte que viene es el cambio en la dirección general de Pemex. El actual director Víctor Rodríguez Padilla presentará su renuncia y la presidenta mandará a Lázaro Cárdenas Batel como el nuevo titular de Pemex, con la encomienda de profundizar y acelerar la reestructuración financiera y operativa de la petrolera pública, tras la estabilización y reestructuración de su deuda y la ligera mejoría en sus calificaciones financieras.

Con este nombramiento, la doctora Sheinbaum logrará por fin que el nieto del general Lázaro Cárdenas, quien decretó la expropiación petrolera y creó a Pemex, ocupe la dirección de la empresa petrolera, tal y como lo intentó desde el arranque de su gobierno cuando la entonces presidenta electa invitó a Cárdenas Batel a dirigir Pemex, pero éste le puso como condición para aceptar el nombramiento un intenso plan de choque y reestructuración que implicaba el recorte de más del 30% del personal de la empresa pública, algo que no aceptó la actual mandataria y ante la negativa de Lázaro terminó nombrándolo como su Jefe de la Oficina de la Presidencia.

El tercer cambio que viene y que tiene que ver con ajustes decididos desde Palacio Nacional, es la salida de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien dejara su cargo para dar paso a la llegada de Sergio Salomón Céspedes, actual director del Instituto Nacional de Migración y ex gobernador de Puebla. Este cambio podría leerse como uno de los ajustes mayores de la Presidenta para colocar a sus propias piezas en el gabinete y sacudirse herencias que le dejó el expresidente López Obrador.

En el caso de la salida de Marín Mollinedo de Aduanas, no sólo circula ya la invitación en Quintana Roo para su toma de protesta como delegado del Bienestar federal en el estado, evento que se anuncia para el próximo 2 de marzo, sino que las fuentes nos confirman que el tabasqueño ya empezó a hacer la entrega de la dirección de la ANAM a un general que asumiría provisionalmente el encargo en lo que la Presidenta define el nombre del nuevo titular de las Aduanas federales.

Con esos movimientos, comentan las fuentes, Sheinbaum busca reforzar su gabinete con la llegada de personajes de su confianza a cargos clave, como Lázaro Cárdenas en Pemex y en el caso de la Segob, donde se espera el arribo de Sergio Salomón, la Presidenta buscaría reacomodar a Rosa Icela Rodríguez, tras los señalamientos de sus vínculos familiares con empresas privadas, y tener en el exgobernador poblano a un operador más efectivo en los temas políticos.

Al final si a esos cambios que vienen en los próximos días se suman las decisiones recientes de la Presidenta en el caso de la salida de Marx Arriaga de la SEP o la renuncia de Adán Augusto López a la coordinación del Senado, lo que queda claro es que sí hay una decisión desde Palacio Nacional de fortalecer el equipo de colaboradores del gabinete con nombramientos directos de la doctora y sacudirse a varias figuras que le fueron heredadas o impuestas por su antecesor.

Eso apunta a que la Presidenta finalmente parece haberse decidido a imprimirle su sello y estilo propios a su gobierno y reducir la influencia del pasado sexenio en su administración. Todo con miras al reto fuerte que viene en 2027 con las elecciones federales y locales y en la idea de que a partir del próximo año la Presidenta busca consolidar su gobierno y alejar la percepción de que sigue sujeta o atrapada por los intereses de su mentor político López Obrador.

Veremos qué tanto le funcionan los cambios a la doctora y si, ya sea por decisión propia o por las fuertes presiones desde Washington, ahora sí veremos a una mandataria que toma sus propias decisiones y corta y reduce cada vez más la influencia del pasado en el rumbo de su administración.

NOTAS INDISCRETAS…

La guerra política por Michoacán, que precede a la guerra narca que vive ese estado, subió ayer de intensidad con el movimiento de la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, quien presentó una denuncia penal ante la Fiscalía de Justicia de Michoacán, en la que culpa directamente del asesinato de su esposo, el alcalde Carlos Manzo, al actual senador michoacano Raúl Morón y al diputado federal y exgobernador michoacano, Leonel Godoy. La viuda de Manzo pide en su denuncia que la fiscalía ahonde en las investigaciones del asesinato cometido el pasado 1 de noviembre y que no se quede en los autores materiales, sino que investigue y cite a los presuntos autores intelectuales siguiendo la línea de la política detrás de la orden para matar a su esposo. Y ahí es donde Grecia, que todo apunta a que será candidata a la gubernatura, señala directamente los nombres de Leonel Godoy y de Raúl Morón, éste último precandidato de Morena a la gubernatura. Veremos cómo procede la fiscalía michoacana frente a esta denuncia, pero ya hay quienes especulan en Morelia que la petición de investigar a Raúl Morón y a Godoy, podría prosperar porque el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla justamente quiere sacar de la contienda a su antiguo amigo y mentor Morón, a quien le debe la postulación que lo llevó a la gubernatura. ¿Será que Ramírez Bedolla aprovecha la denuncia de Grecia para descarrilar a su expadrino y ahora enemigo a muerte Raúl Morón?…Ayer en Tamaulipas circularon rumores sobre un atentado en contra del magistrado electoral federal, Reyes Rodríguez Mondragón. Pero fuentes del Tribunal Federal Electoral desmintieron esa información y aseguraron que Reyes Rodríguez se encuentra bien y a quien atacaron, efectivamente a balazos en Tamaulipas, fue a un antiguo chofer del magistrado. La versión que manejan es que el magistrado fue de comisión a Coahuila y a Monterrey y de ahí su chofer se trasladó a Ciudad Victoria, en donde habría sido asesinado…Cinco días le tomó a la Presidenta y a su secretario de Educación poder sacar de las oficinas de la SEP a Marx Arriaga, el destituido director de Contenidos Educativos. El berrinche y secuestro del exfuncionario de una oficina pública es un hecho sin precedentes en la política mexicana y no se entiende la torpeza y debilidad con la que fue abordado el tema tanto por el secretario Mario Delgado como por Palacio Nacional, en donde toleraron y encubrieron la comisión de un delito tipificado como es la invasión de una oficina pública del gobierno federal. ¿Por qué la Presidenta o el secretario no dieron la orden de desalojar a Marx Arriaga y éste se salió hasta que le dio la gana ayer por la noche? ¿Quién estuvo detrás del atrincheramiento del exfuncionario y su abierta rebelión a una orden presidencial y de su jefe inmediato, el secretario? Parece que la rebelión de Marx fue una rebelión encausada y dirigida desde el ala más radical de Morena, en donde sienten que la presidenta Sheinbaum ha emprendido una cacería y una traición contra los grupos más ideológicos del obradorismo. ¿Será que a Marx, que ayer desalojó el espacio federal después de 5 días de invasión hasta que le mandaron su destitución por escrito, le hablaban voces desde Palenque?…Los dados mandaron Capicúa. Se vuelve a lanzar el tiro. (Salvador García Soto, El Universal, Online)

Desde el Biopoder / Apoyo a madres migrantes

Las mujeres enfrentan un doble reto al tomar la decisión de migrar y cuando viajan estando embarazadas o cuando se percatan en el camino de que darán a luz, el desafío se incrementa porque ya no solo está en riesgo su vida.

Ante los riesgos que enfrentan las mujeres embarazadas, en 2012 surgió el colectivo Partería y Medicinas Ancestrales, agrupación que brinda apoyo a las mujeres en situación de movilidad, en particular, a aquellas que están en situación de gravidez.

El colectivo ofrece servicios gratuitos a partir de la medicina ancestral con el objetivo de atender la salud integral y reproductiva de quienes están en la lucha por mejores condiciones de vida.

Partería y Medicinas Ancestrales surgió en Tijuana ya cuenta con una red que tiene presencia en diferentes puntos del territorio mexicano con el objetivo de evitar muertes maternas y de recién nacidos.

La fundadora del colectivo es Ximena Rojas, quien se convirtió en madre cuando tenía 17 años y enfrentó diferentes adversidades en la Ciudad de México, entre ellas, la violencia obstétrica al dar a luz.

Con apoyo de su familia y gracias a los saberes ancestrales, Ximena se pudo recuperar y se convirtió en una madre que ahora busca que las mujeres migrantes reduzcan los riesgos durante el embarazo y el parto.

Tras su experiencia en la capital del país, Ximena llegó a Tijuana, una ciudad marcada por el paso de migrantes y en donde las necesidades de apoyo para las mujeres embarazadas en fundamental.

En la actualidad, la directora de la asociación impulsa la implementación de acciones en conjunto para evitar las muertes maternas y las neonatales en medio del fenómeno migratorio que establece nuevos retos.

Mujeres embarazadas y madres de Centroamérica, Sudamérica y hasta de África son apoyadas por la organización no gubernamental, que ya cuenta con una red de más de 20 parteras, cifra que sigue creciendo ante el compromiso con la salud.

En la actualidad, a pesar de que en México, la Carta Magna, garantiza la atención y el apoyo a todos los seres humanos, en la realidad, las mujeres migrantes que ingresaron de manera irregular enfrentan diferentes dificultades como la falta de espacios y de personal capacitado para recibir atención en materia de salud. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)

La resistencia interna contra Donald Trump

El segundo triunfo electoral de Donald Trump dejó un tanto inmovilizada a la oposición política y de la sociedad civil. Al iniciar frenéticamente su nuevo periodo presidencial y hacer efectivas promesas de campaña para restaurar la, llamada por él, grandeza americana, paulatinamente han ido acrecentándose acciones de resistencia en distintos espacios de la sociedad estadunidense.

Al comienzo de la nueva administración trumpista escribí en estas mismas páginas: “Es casi imposible que el restauracionismo pueda alcanzar su objetivo, pero quienes buscan avanzar mirando hacia atrás van a intentar por distintos medios construir un paraíso excluyente, en el que sólo haya cabida para ellos. Las movilizaciones para mantener cerrada la caja de Pandora, que jubilosamente Trump quiere abrir del todo, tendrán que fortalecerse y ser creativas, en particular dentro de Estados Unidos. La clase política que se opuso a Trump en 2024 está pasmada; su derrota electoral sigue causándole estragos. Ante esto es el tiempo de las organizaciones civiles, los proyectos comunitarios y ciudadanos que no solamente puedan contener la oleada que amenaza con llevarse logros y garantías que se daban por inamovibles, sino que sean capaces de abrir cauces para el advenimiento de un orden social más generoso para todos” (“Trump: el avance del retroceso remasterizado”, https://www.jornada.com.mx/2025/03/05/opinion/023a2pol).

Hay varias razones por las cuales Trump está perdiendo apoyo en grupos que antes lo respaldaron. Una de ellas es el desencanto entre quienes no vieron que las políticas impulsadas por el candidato republicano tendrían graves consecuencias para ello(a)s. Ha sido así en el caso de los votantes latinos, entre los cuales si bien la candidata demócrata en 2024, Kamala Harris, cosechó 53 por ciento de los votos, por su parte Donald Trump obtuvo 45 por ciento, 10 puntos porcentuales más que cuando fue derrotado en 2020. Lo(a)s sufragantes latinos que favorecieron a Trump muy pronto tuvieron evidencias de la política migratoria que se lanzó no nada más contra ello(a)s, sino también tuvo afectaciones en personas y familias que estaban protegidas por programas que permitían su estancia legal en Estados Unidos.

El sistema electoral estadunidense es engañoso, ya que si solamente se constatan las cifras de los votos electorales, la conclusión, como en 2024, es que Donald Trump tuvo un triunfo arrasador. Kamala Harris se hizo de 226 votos electorales, mientras Trump, de 312. El voto popular fue de 48.3 por ciento para ella y 49.8 para él. La diferencia fue 1.5 por ciento. En realidad prácticamente la mitad rechazó el programa político de Trump. Ahora todas las encuestas muestran claramente que la aprobación ciudadana al gobierno desciende conforme avanza su cuatrienio; así lo muestra el sondeo del prestigiado Pew Research Center publicado a finales de enero, en el que 37 por ciento respalda la gestión del presidente. Falta consolidar con votos el descontento en las elecciones del próximo noviembre, en las cuales se dirimen 435 puestos en la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado.

La organización de opositore(a)s en Estados Unidos a Donald Trump gana terreno en medios tradicionales y alternativos; unos y otros han dado espacio a encarcelamientos y deportaciones exprés que violan el debido proceso al que tienen derecho las personas. Las redadas han levantado protestas entre quienes no son los objetivos primarios de los agentes antinmigrantes, porque los operativos son efectuados con tales niveles de agresividad que mueven a la indignación de ciudadano(a)s contrarios a la criminalización de lo(a)s que buscan espacio dentro de una sociedad forjada por migrantes.

Las bien organizadas redes de activistas que se anteponen a los agentes de ICE para que no puedan efectuar operativos no solamente evidencian en distintas partes de Estados Unidos la forma en que aprehenden a infantes y adultos, sino que también han tenido repercusiones trágicas como la muerte en Mineápolis, a manos de integrantes de ICE, de Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti.

Es conocida la derecha evangélica embelesada con Donald Trump, menos lo es la corriente que desde sus valores de fe es decididamente contraria al trato inhumano e históricamente ha construido formas de proteger a los perseguido(a)s. En tal tradición nacieron redes que facilitaron en el siglo XIX la huida de esclavo(a)s del sur de Estados Unidos al norte mediante el conocido como ferrocarril subterráneo. Ahora se han sumado a las iglesias históricas de paz (cuáqueras, anabautistas/menonitas, entre otras) sectores de diversas denominaciones, incluida la Iglesia católica, que destinan santuarios para la defensa legal de los migrantes y hacen acopio de alimentos para distribuirlos en hogares donde están recluidas familias que no salen por temor a ICE.

En el mundo artístico y cultural es vigorosa la oposición al supremacismo de Donald Trump. Actores y actrices de renombre, dentro y fuera de los foros cinematográficos, son implacables contra la arrogancia del poder trumpista. Incluso empresario(a)s resisten las presiones del presidente y lo desafían, como hicieron los patrocinadores del Supertazón al negarse a eliminar del programa a Bad Bunny. Esto último, que pudiera parecer anecdótico no lo es, porque por cauces inesperados se abre paso una realidad más amplia que la deseada por Trump. (Carlos Martínez García, La Jornada, Opinión, p. 14)

Carta desde Washington / Toda acción conlleva una reacción: del caos de enero a la factura de noviembre

El panorama para las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos se avizora notablemente diferente hoy en febrero de lo que Donald Trump y la mayoría en su partido presumían al cierre de 2025. Un año después de haber iniciado su segundo mandato, los índices de aprobación del presidente pintan un panorama preocupante para la administración a medida que se acercan dichos comicios. Encuestas publicadas este mes muestran que la aprobación presidencial está por debajo de la media en prácticamente todas las principales encuestas -incluidas Fox y Rasmussen, dos encuestadores pro-Republicanos- y con una aprobación negativa neta récord que oscila entre los -19 y -26. Si bien al igual que todo presidente antes que él la tendencia ha sido invariablemente a la baja después de su investidura y primer año de gestión, la aprobación neta general de Trump cayó casi 18 puntos a partir de marzo 2025.

Particularmente problemático para él y su partido es el desplome en todos los sociodemográficos clave que impulsaron su segunda victoria en 2024: su apoyo entre el electorado joven se han desfondado (los de 18 a 29 años ahora muestran solo un 25% de aprobación en algunas encuestas), sus números con los hispanos han caído drásticamente y los votantes independientes están rechazando rotundamente al mandatario. Incluso dentro de su propio partido, hay indicios de erosión, con la aprobación de votantes Republicanos disminuyendo veinte puntos, de 90% a 70%.

Las bajas calificaciones se extienden a todas las áreas de política pública (exceptuando su manejo de la frontera con México), con su gestión de las políticas económica, migratoria y exterior registrando puntuaciones negativas, lo que sugiere un descontento sistémico, más que específico, con el desempeño de la administración. Las encuestas de febrero muestran además que los Demócratas cuentan con una ventaja de 5 a 6 puntos en la intención genérica de voto, que aumenta significativamente entre los votantes “extremadamente motivados” para votar, con los que los Demócratas poseen en este momento una ventaja de 16 puntos. Para un partido que controla la Cámara de Representantes por solo cuatro escaños y el Senado por seis, estos son presagios ominosos.

¿Qué sucedió? La respuesta reside en la colisión entre la caótica visión de política exterior de Trump, la reacción a sus políticas internas, un escándalo -el caso Epstein- que sigue arrinconando a la administración y enfrentándola con su sectores de su base MAGA y la persistente realidad económica que enfrentan las familias estadounidenses, creando una mezcla explosiva que parece estar transformando el mapa electoral en tiempo real.

Ya he escrito en esta página de Opinión sendas columnas sobre el impacto de la política exterior trumpiana en el escenario internacional, particularmente en lo que respecta a su postura geopolítica frente a Rusia, China y el continente americano, el vandalismo diplomático sobre todo con Europa y Canadá y su gansterismo arancelario. Una encuesta de Marist de mediados de enero reveló que el 56% de los estadounidenses se opone a más acciones militares en el continente, el 57% a ataques contra Irán y el 69% a su intento de hacerse de Groenlandia. El público parece desconfiar de la visión expansionista de la administración, incluso mientras celebra discretos éxitos tácticos como la extracción y arresto de Maduro. Pero la política exterior rara vez decide las elecciones de mitad de mandato. Lo que más importa cara a esas urnas es lo que ven y perciben los estadounidenses cuando abren la billetera.

En ese sentido, enero solo trajo malas noticias para el GOP. El hogar estadounidense típico ahora gasta $184 dólares más al mes para comprar los mismos bienes y servicios que hace un año, y si bien los precios al por mayor de algunos productos de la canasta básica han empezado a bajar un poco, la energía, la atención médica, el café y la carne molida -entre otros productos- continúan su imparable trayectoria inflacionaria. Y el martilleo de Trump de que la “asequibilidad” es un “engaño” Demócrata cae en oídos sordos para las familias que ven cómo se erosiona su poder adquisitivo. Su largamente prometido “gran plan de salud”, finalmente presentado a principios de enero, fue inmediatamente criticado por su escasez de detalles: un “marco general” en lugar de una propuesta concreta. Peor aún, 20 millones de estadounidenses vieron sus primas de seguro prácticamente duplicarse este enero cuando expiraron los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (el llamado “Obamacare”) y comenzaron a surtir efecto los recortes a Medicaid. Y los aranceles que Trump impuso a lo largo de 2025 ahora están teniendo consecuencias económicas concretas. Las estimaciones de la Reserva Federal muestran que esos aranceles representan la mitad del exceso de inflación por encima del objetivo del 2%, y Goldman Sachs proyecta un aumento adicional del 1% en la inflación durante el primer semestre de 2026. Las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso publicadas en enero pintan un panorama fiscal sombrío, estimando que el déficit aumentará en billones durante la próxima década, impulsado en gran medida por la agenda legislativa de Trump aprobada en julio pasado. Se proyecta que ese paquete de legislación, que extendió permanentemente los recortes de impuestos de 2017 y aumentó el gasto de defensa al tiempo que cercenó los programas de seguridad social, aumentará el déficit en $4.7 billones de dólares entre 2026 y 2035.

Por si esto fuera poco, está el uso faccioso e indiscriminado de las redadas migratorias al interior del país. El Departamento de Seguridad Interna afirma haber realizado más de 622,000 deportaciones desde que Trump asumió el cargo, y las operaciones de ICE se han expandido a nivel nacional a pesar de incidentes con uso de fuerza letal que se cobraron la vida de dos ciudadanos estadounidenses y que han detonado impugnaciones legales y protestas generalizadas. Un importante estratega electoral Demócrata me subrayaba la semana pasada con el anuncio del repliegue operativo en Minneapolis que Trump no podría sobrellevar el asesinato “de otra madre joven en una van” -en alusión a Renee Goode, la madre abatida ahí por ICE el 23 de enero. Una encuesta de Quinnipiac reveló que el 59% desaprueba la forma en que ICE aplica las leyes migratorias, mientras que solo el 38% la aprueba. Lo más revelador no es que la desaprobación abrumadora de Demócratas y sobre todo independientes se haya disparado en este mes y medio de 2026 mientras que la mayoría de los republicanos la siguen aprobando con los mismos niveles del año pasado a pesar de lo ocurrido en la calles de Minneapolis, sino que esa brecha sugiere que el tema está impulsando y motivando más a la oposición que a la base MAGA.

Los fundamentos políticos y la historia política del país camino a noviembre favorecen a los Demócratas: el partido del presidente casi siempre pierde terreno en las elecciones de medio término; ha sucedido en 20 de las últimas 22 elecciones legislativas desde 1938. La aprobación presidencial es fundamental, y la aprobación neta de Trump lo coloca en una situación precaria. Los Demócratas solo necesitan una ganancia neta de tres escaños en la Cámara de Representantes para recuperar la mayoría, mientras que los Republicanos no pueden permitirse perder más de dos. Inside Elections y Cook Report, dos de las encuestadoras más serias y relevantes del país, ya han inclinado la balanza en la Cámara de Representantes decisivamente hacia los Demócratas, e incluso hay algunos Republicanos que empiezan a temer que el Senado, mucho menos asequible en este ciclo electoral para los Demócratas por el número y perfil de escaños que tendrían que arrebatarle al GOP, podría estar en juego cuando no lo estaba hace tan solo mes y medio.

Enero ha depositado un regalo inesperado en el regazo de los Demócratas: una narrativa clara sobre un presidente que prometió renovación económica pero que detonó inflación. A medida que los votantes empiecen a enfocarse en noviembre, esa historia podría resultar lo suficientemente poderosa como para cambiar el control del Congreso, y de paso colocar un primer dique a la oprobiosa gestión de Trump. Sin embargo, la pregunta no es si están posicionados para arrebatarle a Trump el control del Congreso o por lo menos de la cámara baja, ciertamente; la historia, los fundamentos y las encuestas actuales apuntan en esa dirección.

La pregunta es si Trump puede cambiar fundamentalmente esa trayectoria de aquí a noviembre, sino es que alterarla con sus amenazas de intervenir en la elecciones. Solo hay que recordar que en enero espetó a Reuters que sus logros eran “tan grandes” que “ni siquiera deberíamos tener elecciones” en noviembre, para luego, en otra entrevista con el New York Times, decir que “se arrepentía de no haber ordenado a la Guardia Nacional confiscar las máquinas de votación” en estados clave tras su derrota en 2020.

Y sin duda, Trump y sus aliados están mucho mejor preparados que en 2020 para manipular las elecciones en noviembre o desacreditar los resultados. Sean cuales sean las motivaciones de Trump con esas declaraciones y con el uso faccioso del poder que hemos visto a lo largo de este primer año de su gestión, los Demócratas cometerían un error al subestimar la probabilidad de que el presidente haga lo que dice tener inclinación a hacer.

No obstante, este enero sugiere un presidente cada vez más desconectado de las inquietudes de los votantes, que persigue políticas exterior e interior polarizadoras e impopulares con segmentos clave que le dieron el triunfo en 2024, mientras la economía y el poder adquisitivo del votante se deterioran. Su partido se enfrenta a una disyuntiva: distanciarse de políticas profundamente impopulares o apoyar a Trump y esperar que su personalidad pueda desafiar una vez más la gravedad política. Dado que sé la respuesta a esta última interrogante, me parece que la mesa está puesta para los Demócratas. Quedan nueve meses. Y ahora mismo, la tracción les favorece. (Arturo Sarukhan, El Financiero, Mondo, p. 23)

Fuera de la Caja / Claro Rubio

El sábado pasado, en la conferencia de seguridad de Munich, Marco Rubio pronunció un gran discurso. Creo que debe ponerse en el mismo nivel del que Mark Carney, primer ministro canadiense, dictó en Davos. No tienen mucho en común, más allá de la calidad, pero son dos posiciones que reflejan la situación en que se encuentra el mundo, y deben ser considerados.

Rubio insistió en la alianza fundamental entre Estados Unidos y Europa, haciendo varias referencias a la herencia común, que además asoció al cristianismo. Sostuvo que fue esa alianza la que recuperó la libertad para Europa frente al comunismo soviético, que ejemplificó con la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, dijo, a partir de ese momento hubo un exceso de confianza en el “fin de la historia”, que traería un mundo de naciones liberales unidas por el comercio. En lugar de ello, sostuvo Rubio, la visión dogmática del libre comercio permitió a otros países abusar, sin abrir ellos sus fronteras y vendiendo por debajo del costo, dando como resultado la desindustrialización de Occidente, es decir, Europa y Estados Unidos. No sólo eso, Europa dejó de invertir en defensa para dedicar los recursos al Estado de bienestar, ha aplicado políticas energéticas que empobrecen a los países por seguir un “culto climático”, y se ha puesto en riesgo por la “migración masiva”.

Es decir, el discurso plantea cuatro dimensiones en las que Occidente estaría siguiendo un camino equivocado, poniendo en riesgo una cultura o civilización que lo define. Este planteamiento es una versión razonable de las ideas que JD Vance lanzó hace unos meses también en Europa, con lo que Rubio le cumple a su base de poder, es decir, Trump, mientras que reduce, al menos en parte, las fricciones que éste ha causado con Europa. Por lo mismo, ha sido fuertemente criticado por la otra tribu, que lo acusa de colonialista, nativista, defensor de la ultraderecha.

Las cuatro dimensiones existen, no debe haber duda. Efectivamente cometieron un error al invitar a China a la OMC, especialmente Estados Unidos. Sin duda Europa se ha debilitado y se la come un Estado de bienestar insostenible. Las otras dos dimensiones son exageraciones por parte de Rubio, pero no son totalmente falsas: los errores de política energética y los excesos en migración existen.

Con respecto a la herencia común del cristianismo, tampoco debería haber duda. Sin embargo, lo que hizo a Occidente exitoso a partir del siglo XVI fue su capacidad de llevar a la religión dentro de las casas y fuera del poder. Si bien las bases de lo que pudiéramos llamar “cultura occidental” son sin duda cristianas, ha sido su limitación mediante los derechos humanos, el Estado de derecho, la democracia y el libre mercado lo que transformó a un continente miserable en el líder global de los últimos cuatro siglos.

Rubio propuso “una alianza para defender a nuestra gente, salvaguardar nuestros intereses y preservar la libertad de acción que nos permita definir nuestro propio destino… una alianza que no permita que el poder esté limitado, subordinado o subcontratado a sistemas fuera de control; que no dependa de otros para las necesidades críticas…; que no mantenga la cortés pretensión de que nuestra forma de vida es sólo una más, y que pida permiso antes de actuar”.

Un discurso claramente conservador, sin el simplismo MAGA, pero dejando la puerta abierta a ese sector. La exposición más civilizada de la dirección en que se mueve la actual administración estadounidense, que sin embargo está en manos de un corrupto narcisista. Europa no debería descalificarlo por completo, y claramente tampoco aceptarlo sin miramientos. Nosotros, como herederos de esa misma tradición, pero no tanto de la que trajo el éxito a Europa, tenemos que leerlo diferente, pero debemos hacerlo. (Macario Schettino, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)