Luego de varios meses en un limbo legal se espera que hoy la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos se pronuncie sobre la decisión del presidente Donald Trump de cancelar el programa de acción diferida, también conocido como DACA, un alivio migratorio creado por Barack Obama para proteger a cerca de 800 mil jóvenes indocumentados de la deportación y para brindarles permisos de trabajo.
La contribución de los llamados dreamers ha sido esencial para este país y ahora la corte decidirá sobre su futuro. Ser un inmigrante indocumentado en la América de Trump es vivir bajo el acecho de una sociedad que los necesita, los explota y luego los utiliza como chivos expiatorios. Una sociedad que acepta y que promueve la explotación laboral de los inmigrantes. Que les exige ocuparse de los trabajos más demandantes sin los derechos más básicos y que pide el muro en la frontera al mismo tiempo que reclama mano de obra barata.
Estas son las circunstancias que impulsaron la creación del movimiento conocido como los dreamers, una generación que trajo luz al mundo de sombras en el que vivieron sus padres. Los jóvenes soñadores se han convertido en la voz que no tuvieron sus familias, y al hacerlo se han posicionado al frente de la nueva lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. (Enrique Acevedo, Milenio Diario, Al Frente, p. 3)
El artículo, escrito por David Adams de Noticias Univisión, señala que el Gobierno de Trump ha incautado cientos de millones de dólares en cuentas bancarias, casas de lujo, autos y yates de funcionarios venezolanos corruptos y sus intermediarios en Estados Unidos. Pero nada de ese dinero ha sido devuelto al pueblo venezolano.
Según el Departamento de Justicia, el Gobierno de Estados Unidos tiene al menos 450 millones de dólares en activos venezolanos vinculados a la corrupción. Gran parte de ese dinero fue incautado en el sur de Florida.
Es hora de que Trump dé una explicación detallada sobre si ese dinero ha sido usado para pagar parte del muro fronterizo. Como lo hemos dicho muchas veces, el muro de Trump es un proyecto increíblemente costoso que sirve de muy poco.
Al contrario de la demagogia xenófoba del Presidente, el número de migrantes indocumentados detenidos en la frontera es muchísimo menor de lo que era a principios de la década de 2000, según cifras de la Patrulla Fronteriza. Además, casi la mitad de los indocumentados mexicanos no llegan a Estados Unidos cruzando la frontera, sino que llegan en avión y se quedan más allá de lo permitido en sus visas.
Pero lo más importante es que Trump debería acelerar la creación de un mecanismo legal para liberar estos fondos.
En comparación con Colombia, Perú, Ecuador y otros países, Estados Unidos ha contribuido muy poco como porcentaje de su producto interno bruto para ayudar al pueblo venezolano. Lo que es peor, a diferencia de Colombia, Perú y Ecuador, Trump se ha negado a otorgarle el estado de protección temporal migratoria a los venezolanos en Estados Unidos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 8)