El derecho a la libre circulación dentro y fuera del país se ha reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Toda persona tiene derecho a la libertad de circulación y de residencia dentro de las fronteras de cada estado y toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a él. Sin embargo, no existen instrumentos internacionales que reconozcan la elección del país de residencia como un derecho humano.
Como todas las personas, los emigrantes tienen derechos humanos. Las disposiciones de los instrumentos en esta materia hablan por todos, incluyendo a los emigrantes. Sin embargo, a menudo existe una gran diferencia entre los derechos que la justicia internacional de los derechos humanos garantiza a los refugiados, los solicitantes de asilo, los trabajadores migratorios y otros grupos similares, y las realidades a las que se enfrentan. Estos son violados con frecuencia, incluido el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad.
Su especial vulnerabilidad se deriva de su condición de extranjeros, ya que son los que han cruzado las fronteras internacionales para entrar en otro país en los que no son ciudadanos, y donde por lo general, pueden permanecer, vivir y trabajar legalmente solo con el consentimiento expreso de las autoridades del país.
Como extraños a la sociedad de acogida, no saben el idioma local, las leyes o las costumbres sociales, lo que reduce su capacidad de conocer y hacer valer sus derechos. Pueden ser objeto de discriminación en el lugar de trabajo y en su vida cotidiana, y también pueden enfrentarse al racismo y la xenofobia, y convertirse en blanco del odio de los crímenes.
Los emigrantes que entran en un país de destino o tránsito sin los documentos necesarios pueden ser detenidos por un período de tiempo prolongado por las autoridades, y ser sometidos a un trato inhumano o degradante, sin acceso a asistencia letrada.
Los trabajadores emigrantes indocumentados también son vulnerables al abuso y la explotación por parte de los empresarios, los agentes de emigración, los burócratas corruptos y las bandas criminales. Las mujeres pueden fácilmente convertirse en objetivos para la explotación sexual. Los contrabandistas y traficantes de seres humanos también se aprovechan a menudo de los emigrantes en situación irregular.
El derecho a buscar asilo en caso de persecución es reconocido como un derecho humano por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este es la base de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, aprobada por las Naciones Unidas en 1951 que, con su Protocolo de 1967, se convirtió en el estándar universal del derecho de asilo.
La Convención, también conocida como la Convención de Ginebra, es la piedra angular de la protección de los refugiados, basada en una serie de principios fundamentales, en particular la no discriminación, la no penalización y la no devolución. El principio de no-penalización significa que una persona procedente de un territorio donde su vida o su libertad se ve amenazada a causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política y que después de entrar en un Estado miembro solicita inmediatamente asilo ante las autoridades no puede ser penalizado por entrada o presencia ilegal.
No devolución, significa que el solicitante de asilo no puede ser devuelto a las fronteras de territorios donde su vida o su libertad se verían amenazadas por las razones anteriores. Según la Convención, los movimientos de refugiados solo pueden ser restringidos en la medida en que sea necesario.
En 1950, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, cuyo objetivo es velar porque todos puedan ejercer su derecho a buscar asilo. La Comisión de Derechos Humanos lleva adelante y coordina medidas internacionales para proteger a los refugiados, y supervisa la aplicación de la Convención.
Un grupo que necesita protección especial es el de los niños, principalmente los menores no acompañados, ya que son más vulnerables a las violaciones de sus derechos humanos. Hay directrices específicas para las autoridades de emigración determinando el interés superior del niño.
El Comisario del Consejo de Europa para los Derechos Humanos ha hecho un llamamiento a los gobiernos para que velen porque las opiniones y los intereses de los niños refugiados sean tomados en cuenta en los procedimientos oficiales. (Luis David Fernández Araya, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 11)
Son relatos de un país en guerra. Un centenar de sicarios llegan a distintos poblados en dos municipios muy cercanos a la capital del estado, los ocupan, roban todo lo posible y se llevan secuestrados para que trabajen para ellos, a todas las mujeres y hombres jóvenes: ellas cocinarán o limpiarán, podrán ser prostituidas o entregadas a alguno de los sicarios; ellos, en general, serán utilizados como carne de cañón. No lejos de allí, en otro municipio, la gente que sobrevive a los ataques de los grupos criminales está refugiada en una escuela. Los combates comenzaron hace semanas y, finalmente, llegan algunas fuerzas de seguridad, que son atacados desde las montañas cercanas. La gente sigue refugiada.
Eso no está ocurriendo hoy en algún lejano país africano. Sucedió el pasado fin de semana en Chiapas, en los municipios de Ángel Albino Corzo, Montecristo y en Tzanembolom. Ocurre cotidianamente en muchos otros municipios, sobre todo en la frontera. El gobernador Rutilio Escandón, que dejará el gobierno hasta diciembre (larguísimo el periodo de transición), estuvo en la mañanera y habló de la construcción del Tren Maya, en la que el gobierno estatal no interviene en lo más mínimo, pero no dijo ni una palabra sobre la violencia que barre con comunidades enteras en su estado, que está controlado cada vez más por grupos criminales, por organizaciones armadas aparentemente civiles, pero ligadas a ellos, con una frontera sur desprotegida o controlada por cárteles que manejan desde el tráfico de drogas y armas hasta el de migrantes. Por cierto, durante el gobierno de Escandón crecieron un 75% los feminicidios.
Por eso cuando en la Convención Republicana Donald Trump, su nuevo candidato a vicepresidente, JD Vance y todos los oradores importantes destacan que su objetivo es llegar a la presidencia para acabar con el tráfico de migrantes y de fentanilo, que Vance incluso asegura que es un tema “personal” porque su madre estuvo a punto de morir por el consumo de opioides, no podemos subestimarlo. Trump y, sobre todo, Vance insisten en que se debe movilizar a fuerzas militares para encarar ambos fenómenos, que atribuyen a la administración Biden, aunque se aceleraron en realidad durante la anterior administración de Trump, entre 2017 y 2021.
El dato cierto es que en Estados Unidos hay unos 100 mil muertos al año por sobredosis, sobre todo de fentanilo y de este producto mezclado, cada vez más, con otras drogas (en un año hay muchos más muertos por sobredosis que el de todos los soldados que murieron en la guerra de Vietnam), mientras existe una fuerte presión migratoria en su frontera sur.
Es una realidad que hay zonas urbanas colapsadas por la combinación de ambos fenómenos: el valor de las propiedades en zonas de San Francisco, de San Diego y de Los Ángeles ha caído por la presencia de adictos en las calles, todo el viejo cinturón industrial, como Ohio, de donde es senador Vance, está azotado por el consumo de fentanilo, y hay ciudades, como Nueva York, que ya difícilmente pueden sostener más migrantes que les son enviados ilegalmente por estados republicanos, como Texas.
Esa realidad, magnificada por los republicanos, por Trump y Vance, con fuertes ingredientes racistas (ambos aseguran que los mexicanos son los que disparan, además, el crimen, los asesinatos y las violaciones, lo que no sostienen con cifra oficial alguna), es la que alimenta el discurso de estos personajes, pero también la que determinará sus políticas hacia México a partir de enero próximo, salvo que ocurra una sorpresa en las elecciones de noviembre.
La política de abrazos y no balazos, la violencia y el número de muertos, lo mismo que la ambivalente política migratoria, y la creciente falta de control territorial por parte del Estado mexicano son el mejor argumento para alimentar, a su vez, esa narrativa apocalíptica y racista. Y regresemos a Chiapas: si el Estado mexicano no puede controlar su frontera sur, si las comunidades son tomadas por criminales, secuestrados sus hombres y mujeres, si se suceden las masacres y los feminicidios, si los propios pobladores están denunciando que los mandos de seguridad del estado son cómplices de uno de los grupos criminales que se disputan el estado, ¿qué respuesta se puede tener?
Trump, cuando era presidente, hizo una petición formal a su secretario de la Defensa para ver si podía atacar con drones los laboratorios de fentanilo en México, sin reconocerlo públicamente. Lo convencieron de que no era conveniente. Pero en esos días el mundo estaba saliendo de la pandemia y Trump estaba en campaña electoral (fue para las fechas en las que permitió la detención del general Salvador Cienfuegos, que tuvo que ser liberado un mes después, cuando ya había pasado la jornada electoral). Hoy, el tema se trata abiertamente, lo mismo que la utilización de personal militar en su frontera sur para frenar el tráfico y la migración, con repercusiones de todo tipo, incluyendo comerciales, porque Trump y Vance insisten en que, en caso de que no se reduzca la oferta de fentanilo y el flujo migrante, pondrán aranceles unilaterales.
No son especulaciones ni temas de campaña. Son programas de gobierno. Para Claudia Sheinbaum, pocas cosas serán más urgentes que demostrar, entre octubre y enero, gane quien gane en Estados Unidos, que existe una nueva estrategia de seguridad, que se romperán esquemas de impunidad criminal, que se está dispuesto a actuar con toda la fuerza del Estado para recuperar el control sobre el territorio nacional, sobre los flujos migratorios y romper las cadenas de producción y tráfico de fentanilo. Esa ventana de oportunidad no se puede perder. En ese sentido, es la única que habrá. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
La frontera sur implica un problema de seguridad nacional. La migración ilegal, el tráfico de armas y drogas, la presencia de grupos del crimen organizado y la disputa entre estos grupos del control territorial la convierten en un foco rojo.
Y no importa si hablemos de la frontera sur de México o la de Estados Unidos, las dos son un problema que, evidentemente, enfocamos desde aquí de una forma diferente.
Si hablamos de nuestra propia frontera sur, la realidad es que desde el centro o el norte del país subestimamos el problema porque lo vemos lejano, porque, en todo caso, creemos, desde la soberbia centrista, que es problema sólo de los chiapanecos.
Poca atención le ponemos a la crisis humanitaria que hoy vive Chiapas y sus 10,000 desplazados en tres años por la violencia en la zona fronteriza. Incorporamos los datos de secuestros y asesinatos en esa región a los números de la imparable violencia del país. Son estadísticas.
Pero eso sí, cuando los inmigrantes que cruzaron por este territorio toman un parque en la Colonia Juárez de la Ciudad de México o se les ve merodeando colonias de clase media en otras partes del país, entonces sí queremos que haya una acción de las autoridades en contra de venezolanos o haitianos desplazados por la violencia o la pobreza de sus propios países.
La paja en el ojo ajeno es más evidente cuando escuchamos, con justificada indignación, cómo los republicanos estadounidenses hacen de la frontera sur un tiro al blanco con fines electorales a la par que designan a Donald Trump como su candidato a la presidencia.
En México el populismo divide y saca ventaja política con la división de los mexicanos por clases sociales. Este país está fracturado, por acción de su propio Presidente, entre fifís y chairos, entre conservadores y “el pueblo”.
En Estados Unidos el discurso alevoso del populismo divide por razas y por condiciones migratorias. El trumpismo hace de los inmigrantes de piel morena sinónimo de delincuencia y usurpación de empleos.
López Obrador, desde el poder, soslaya la crítica situación en la frontera sur. Son muy pocos los desplazados, Chiapas no está en llamas, en fin, como siempre, minimiza como estrategia propagandística.
Mientras tanto Donald Trump, desde la oposición republicana, usa la frontera sur como el eje de su discurso nacionalista. Prepara la mayor deportación masiva en la historia de Estados Unidos y las medidas más radicales de control fronterizo que se hayan visto.
Todo lo que hemos escuchado en la Convención Nacional Republicana en Milwaukee nos indigna y nos preocupa, porque hablan muy mal “de nosotros”, porque implica amenazas económicas y políticas que sabemos que Trump va a cumplir si gana las elecciones presidenciales y porque sentimos que es un trato injusto, inhumano y racista por parte de aquellos políticos extranjeros.
Pero al mismo tiempo, nos incomoda ver migrantes afrodescendientes en las calles de nuestras ciudades, porque nos estorban y queremos que sean deportados o al menos reubicados fuera de nuestro entorno.
De nuestra frontera sur, de su crisis humanitaria, de los miles de indígenas mexicanos desplazados de su propia tierra, de la criminalidad desbordada, del tráfico humano descontrolado, de eso no nos ocupamos.
Del discurso de la frontera sur de los republicanos, nos indignamos. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 13)
Donald Trump y J.D. Vance comparten posiciones negativas sobre el papel de México en asuntos que impactan a Estados Unidos como la migración, el narcotráfico y el comercio.
Si gana la elección esta dupla de conservadores antimexicanos, la presidenta Claudia Sheinbaum podría enfrentar el reto más delicado de su gobierno a partir del 20 de enero de 2025: expulsión masiva de emigrantes, cierre de la frontera, ataques con drones a narcotraficantes mexicanos y aplicación de aranceles a exportaciones, entre otras agresiones.
El 6 de julio de 2023, en el programa Meet the Press, Vance opinó que el presidente de Estados Unidos debe “usar el poder de las fuerzas armadas estadunidenses para perseguir a los cárteles de la droga; el gobierno mexicano está siendo desestabilizado por el flujo constante de fentanilo… ¿qué pasará dentro de tres años, cuando los cárteles mexicanos de la droga sean más poderosos que el propio Estado mexicano?”.
El 4 de septiembre de 2023, el senador por Ohio impugnó “las falsas promesas del globalismo que frenan a los trabajadores debido a la frontera abierta con México. Los trabajadores estadunidenses merecen una política de inmigración que defienda el Estado de derecho y no socave sus derechos”.
El 28 de septiembre de 2023, el senador republicano introdujo el proyecto de ley denominado Drive American para promover la compra a crédito hasta por 7 mil 500 dólares de los vehículos a gasolina fabricados en Estados Unidos, como los hechos en su estado Ohio por los trabajadores del sindicato UAW.
El 25 de enero de 2024, Vance propuso en el Senado la Ley de Seguridad Fronteriza Estatal para permitir a cada estado colindante con la frontera entre Estados Unidos y México construir barreras, como Texas lo hizo ilegalmente.
Sería un grave error de lesa patria confiar en quienes carecieron del valor de defender el honor de México, escondieron sus mentiras y callaron ante los insultos de Trump a los mexicanos, tal como lo denunciamos en esta columna desde el principio.
Ante este ominoso panorama, Sheinbaum requiere enfrentar las amenazas del norte con un plan estratégico integral de respuesta en materia de seguridad, comercio, derecho internacional, migración y cooperación fronteriza.
Corresponde a la presidenta Sheinbaum, desde el primer día de su gobierno, convocar a la unidad de los mexicanos para defender los intereses nacionales con una política exterior de Estado, elaborada con el concurso de los tres poderes de la Unión, partidos políticos, universidades, sector privado, cámaras de comercio, sindicatos, agrupaciones civiles, entre otras organizaciones.
La política exterior de Estado sería ejecutada fundamentalmente por profesionales experimentados, leales, capaces y comprometidos con el país como son los miembros permanentes del Servicio Exterior Mexicano, con el necesario apoyo de reconocidos expertos en áreas de especialidad.
Es hora de llamar a la unidad de los mexicanos. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p. 11)
México, ¿otra vez piñata?
Y en la víspera de la participación de Donald Trump en la Convención Republicana, vaya forma de empezar a meter los asuntos que atañen a México por diversas voces de políticos de ese partido que ayer tuvieron la oportunidad de tomar el micrófono. Para empezar el candidato a vicepresidente, JD Vance, criticó que Biden apoyara el TLC, al que llamó “un mal acuerdo que desvió empleos a México”. Antes Peter Navarro, exasesor de Trump recién salido de prisión, afirmó, así como lo hiciera el magnate en su primera campaña presidencial, que por la frontera con México cruzan violadores, asesinos y terroristas. Además, las proclamas en favor de los muros y el cierre de las fronteras se expresaron con fervor. Thomas Homan, exdirector del Servicio de Inmigración, dijo que Trump declarará terroristas a los cárteles mexicanos y “los borrará de la faz de la tierra”, posición similar a la del gobernador de Texas, Greg Abbott. El caso es que viene Trump y ante ello la más diplomática recomendación es: ¡agárrense! (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
México, en varias miras de Trump
SABIDO ES QUE México y algunas de sus circunstancias críticas (crimen organizado y migración, sobre todo) están en la mira electoral de las campañas presidenciales estadunidenses. Para incentivar a sus potenciales votantes, los principales políticos del país vecino utilizan a México como costal de boxeo (otras visiones metafóricas hablan de una piñata).
DONALD TRUMP, QUIEN pareciera encaminarse clamorosamente hacia la Casa Blanca en un segundo periodo, discontinuo, mantiene el discurso antimexicano y antinmigrante, con insistencia en muros y barreras en la frontera entre México y Estados Unidos. Y ahora, potenciado por su candidato a la vicepresidencia, J. D. Vance, se insiste en la visión belicista, de abierta confrontación directa, con grupos mexicanos del crimen organizado.
PERO EN EL plano económico también anuncia golpeteo el candidato republicano a suceder a Joe Biden (la carta del Partido Demócrata, perdida entre desmemorias, errores en debates e, incluso, ahora, afectada por el covid). Trump va perfilando una serie de medidas que beneficien a su país en detrimento del vecino. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
El Proyecto 2025 es la piedra angular de la candidatura de Donald Trump para las elecciones presidenciales de 2024 en Estados Unidos. Este incendiario plan busca redefinir varios aspectos fundamentales de la política interna y externa del país, y su impacto potencial es enorme tanto para los ciudadanos estadunidenses, como para la agenda global. La inclusión de JD Vance como candidato a la vicepresidencia no sólo refuerza esta iniciativa, sino que también le da un matiz particular que merece un análisis detallado.
¿Qué es el Proyecto 2025? Sus principales objetivos incluyen la reducción de la burocracia gubernamental, la reforma del sistema de inmigración, el fortalecimiento de las fronteras, la promoción del proteccionismo económico, y un enfoque renovado en la ley y el orden.
Trump ha enfatizado que este proyecto es una continuación y ampliación de las políticas que implementó durante su primer mandato, pero con mayor énfasis en la consolidación de su visión de América Primero.
El Proyecto 2025 podría tener repercusiones significativas en los derechos de las mujeres. La administración de Trump ya ha mostrado un historial de intentos de limitar el acceso al aborto y a los servicios de salud reproductiva. Con un posible regreso al poder, es probable que estas políticas se endurezcan aún más, afectando directamente a las mujeres y sus derechos sobre sus propios cuerpos.
La relación entre la comunidad afroamericana y las políticas de Trump ha sido tensa. Las iniciativas propuestas en el Proyecto 2025 que refuerzan la ley y el orden podrían traducirse en un aumento de las prácticas de vigilancia y encarcelamiento que desproporcionadamente afectan a los afroamericanos. Además, la falta de políticas enfocadas en la equidad racial podría perpetuar las desigualdades existentes.
Para la comunidad latina, las políticas de inmigración de Trump han sido especialmente duras. El Proyecto 2025 promete una mayor seguridad fronteriza y un control migratorio más estricto, lo que podría resultar en una mayor deportación y separación de familias, así como en una disminución de las oportunidades para inmigrantes en busca del “sueño americano”.
El Proyecto 2025 también tiene importantes repercusiones a nivel global. Trump ha sido un crítico vocal de las organizaciones internacionales y los tratados comerciales multilaterales, y su retorno al poder podría significar una mayor desvinculación de Estados Unidos de estos acuerdos. Esto podría desestabilizar la cooperación internacional en áreas cruciales como el cambio climático, el comercio global y la seguridad internacional.
JD Vance complementa y potencia la agenda de Trump. Su inclusión en la fórmula presidencial refuerza la narrativa populista y proteccionista del Proyecto 2025. Vance ha abogado por políticas económicas que priorizan a los trabajadores estadunidenses sobre los intereses globales, y su presencia asegura que esta visión se mantenga en el centro de la campaña.
Vance también aporta una perspectiva fresca y una conexión con la clase trabajadora blanca, un grupo demográfico que se siente abandonado por la élite política y económica. Su retórica contra la globalización y su énfasis en los valores tradicionales estadunidenses resuenan con la base de Trump, consolidando un frente unido que busca reconfigurar el orden político y económico, tanto a nivel nacional, como internacional.
El Proyecto 2025 de Donald Trump y JD Vance representa una visión controvertida para el futuro de Estados Unidos. Sus implicaciones para las mujeres, los afroamericanos y los latinos en el país, así como para la agenda global, son profundas y multifacéticas. Del tema ambiental hablaremos más adelante. Mientras la campaña se intensifica, es crucial que los ciudadanos y los líderes globales comprendan las posibles consecuencias de este proyecto y se preparen para los desafíos que pueda traer consigo. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)
La larga sombra de Donald Trump se proyecta sobre México hace más de un lustro con las terribles amenazas que anuncia, otra vez, el posible regreso del republicano a la Casa Blanca, aunque los demócratas hayan continuado parte de sus políticas. Pero nadie descarta que ocurra si casi todo lo que dice y hace se cuece en la reivindicación de una violencia de tufo patriótico que se agita como algo necesario o una justa moral de purificación nacionalista.
Su triunfo se ve más cerca después del atentado en Pensilvania, del que salió ileso como gladiador del circo romano con el puño en alto y rostro ensangrentado para enardecer a sus huestes. Aunque todavía no hay encuestas que midan el impacto, la campaña presidencial arrancará hasta septiembre. Por lo pronto, hay la duda de si le beneficiará o no ese hecho de violencia política, así como el efecto en su estrategia y, para México, la forma de encuadrarlo en su discurso y promesas políticas.
En la convención republicana, de su coronación pueden verse algunos clivajes de su campaña, como un giro retórico hacia posiciones menos divisivas tras el atentado, un discurso de unidad republicana para sumar a decepcionados del trumpismo y, por supuesto, el lugar de su principal socio comercial en sus estrategias.
El gobierno de Claudia Sheinbaum no deberá temer su regreso, porque es, precisamente, lo que él quiere que pase. Su liderazgo tóxico y discurso sulfatado antimexicano utiliza la violencia verbal para empujar sus políticas, por ejemplo, la contención migratoria desde la campaña de 2018; o ahora con el combate a las drogas o encarar la revisión del T-MEC con posturas duras contra la inversión china en México.
El país necesita un liderazgo inteligente que enfrente sus amenazas sin dejarse intimidar por creer que va a suceder algo negativo o irracional. Se escribe fácil, no lo es, menos por la tensión de una mujer presidenta como contraparte, pero hay que recordar que el ego de Trump es una grieta que amenaza, antes que nada, la inclusión en su país.
El ethos de la violencia es tupido en un país en que el magnicidio ocupa un lugar destacado de su historia política. Pero a nadie escapa que es más grave en una sociedad armada y polarizada por el discurso de odio del que nadie está a salvo, ni siquiera uno de sus mayores instigadores.
El ataque de Butler demostró que la pretensión de líderes autoritarios de normalizar la violencia verbal es jugar con el riesgo de traspasar a la física. Trump coquetea con ella como algo positivo para hacer “otra vez grande a América” y detener su decadencia, pero no puede justificarse ni en restablecer el consenso, sólo busca imponer su dominación.
Con bravatas y amagos intentará aterrar, como con la construcción del muro en la frontera contra la migración, con sus planes de “guerra contra los cárteles” en México o aranceles comerciales.
Todavía con el zumbido de la bala en la oreja, destapó a su vicepresidente, el senador por Ohio JD Vance, un triunfo del ala dura del Partido Republicano y también con un discurso racista para designar chivos expiatorios y estigmatizar a los mexicanos, así como del uso del ejército para atacar a los cárteles.
Frente a ello, el país requiere de ideas constructivas sobre cómo avanzar en distintos escenarios. Aunque la estrategia tendría que partir por hacer lo contrario a lo que esperaría que hagamos: caer en la zozobra y el temor.
Baste recordar el “error histórico” de Enrique Peña Nieto cuando invitó a Trump en 2016 para apaciguar su discurso incendiario; o la tentativa de Andrés Manuel López Obrador de llevar la fiesta en paz a costa de acceder a sus exigencias migratorias o su tentativa de ampliar el muro.
De un caso a otro, la fórmula “El miedo es el mensaje” sí le ha funcionado. Ante Trump hay que actuar con “inteligencia y serenidad, no temerle”, ha dicho el futuro canciller, Juan Ramón de la Fuente, en una declaración que deja ver que algo podría estar cambiando en las consideraciones del próximo gobierno. Aunque también pasa por no minimizar los riesgos con el discurso evasivo de que un segundo mandato de Trump no afectaría a la política exterior mexicana.
Cuando los liderazgos políticos tienen pretensiones de dominación y quieren cambiar la forma de ver la violencia no queda más que enfrentarlos y resistir a su poder de tergiversar la realidad. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 18)
A partir de 2025, Brasil pedirá visa a los estadounidenses que entren a su territorio, y México debería hacer lo mismo, ya que en los últimos años, debido a la crisis política y económica que prevalece en el país vecino del norte, ha crecido el arribo de personas de la Unión Americana a nuestro país, lo que ha generado una mayor demanda de servicios urbanos que ellos exigen cuando inician una nueva vida en territorio mexicano, y sin pagar un sólo impuesto.
Por lo anterior, las autoridades mexicanas deberían analizar y solicitar a los estadounidenses, en un trato igualitario, visa para entrar a México, ya que, si ellos nos piden este documento, nosotros deberíamos seguir el ejemplo brasileño y solicitar ese requisito para ingresar a nuestro país, como una medida benéfica para todos.
Y es que en los últimos cinco años la cantidad de estadounidenses que recibieron un permiso de residencia en México aumentó 70 por ciento, pues encontraron en nuestro país el lugar idóneo, porque en su nación el alto costo de vida, en particular el de renta o compra de vivienda, comida y servicios médicos, ahorcan sus posibilidades de una mejor calidad de vida, y de ahí la alta demanda de estadounidenses por adquirir vivienda en municipios mexicanos que se encuentran a minutos de cruzar su frontera sur.
Aquí hacen su vida y vienen a divertirse, como los springs breaks, muchos de los cuales no son mayores de edad en su país, pero en calidad de turistas hacen y deshacen lo que en su nación no les es permitido.
Pongamos un ejemplo, la renta mensual de un departamento en San Diego, California, es de 3 mil dólares (52 mil 980 pesos), en tanto la renta de una casa completa en Tijuana, Baja California (que se encuentra a sólo 36 kilómetros de distancia), tiene un costo de 975 dólares (17 mil 218 pesos) y ante la escalada de inflación que viven los estadounidenses, nuestro país ofrece una oportunidad única.
La migración hormiga que se produce ahora de Estados Unidos a México, ya no sólo incluye a los llamados baby boomer, que nacieron a finales de la década de los 40 del siglo pasado, que fincaron su residencia en Tijuana, Ensenada, Los Cabos o La Paz, entre otras ciudades; ahora muchos estadounidenses se han volcado hacia nuestra nación por los costos más baratos y la estabilidad social y económica.
Tan sólo hoy en México viven 1.6 millones de ciudadanos de EU (16 por ciento de los nueve millones que residen fuera de su país) por el elevado costo de la vida en aquél país, tan es así que de las 172 ciudades del mundo más caras para vivir, las primeras son Nueva York, Boston, Chicago y Charlotte. En contraparte, la Ciudad de México se sitúa en el puesto 43 y en el lugar 11 de las ciudades más caras de América Latina. De hecho, la metrópoli chilanga es más barata que Buenos Aires, Montevideo, Lima, Quito, Río de Janeiro y São Paulo, lo que es un gran paraíso para nuestros vecinos del norte.
Por si fuera poco, especialistas pronostican una desaceleración económica en Estados Unidos, lo que atraerá más estadounidenses a nuestro país por las afectaciones de dicho efecto y por la polarización política entre republicanos y demócratas, por lo que seguirán llegando a tierras mexicanas donde tienen una buena calidad de vida y no se enfrentan a la burocracia migratoria violatoria de sus derechos humanos, ni a la discriminación que sufre el mexicano en aquella nación, aunque tenga visa. (Julio César Moreno, El Heraldo de México, Editorial, p. 18)
Algo muy malo
Si alguien pensó dentro del gobierno del segundo piso de la 4T que la renegociación del T-MEC será un mero ejercicio burocrático, cosa de llenar formularios, es mejor que lo piense de nuevo.
El líder de la competencia por la Casa Blanca, Donald Trump, que para algunos de sus seguidores ya es un gurú con una misión divina, dijo: Algo realmente malo está sucediendo en México.
No se refería esta vez a los migrantes que quieren cruzar la frontera para darle una mejor vida a su familia, ni siquiera hablaba de los carteles de la droga que surten de productos a los consumidores gringos. Nada de eso.
Trump se refería a la instalación en México de plantas chinas para ensamblar autos, sobre todo eléctricos, con la intención de venderlos en el mercado de Estados Unidos.
Donald, que tiene el don de asustar a la gente, adelantó que los integrantes del sindicato de trabajadores automotrices de EU se van a quedar sin trabajo. Trump dijo que él no permitirá eso y se verán las caras en la mesa de negociación del T-MEC. No está de más recordar que Trump y Elon Musk son camaradas. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
Ya era el favorito para ganar y después del atentado del sábado parece inminente su triunfo. Trump se perfila como el próximo presidente de Estados Unidos. Sus tendencias nativistas y la volatilidad de su personalidad presagian un periodo repleto de riesgos para el mundo. México es particularmente vulnerable.
Varias de las políticas que Trump ha sugerido que adoptará son perjudiciales para nuestro país. Uno de sus lemas es “America First”, lo que significa, entre otras cosas, privilegiar a los productores de EU por encima de los extranjeros. No importa que se ha demostrado una y otra vez que el intercambio de bienes y servicios entre países es la estrategia que más riqueza genera. Para el fundador del movimiento MAGA, un déficit comercial es una señal de debilidad. En campaña ha amenazado con imponer un arancel de 10% a todas las importaciones.
Para México, una medida como esta será devastadora. El comercio representa cerca de 80% del PIB nacional y la gran mayoría ocurre con EU (somos su principal socio comercial). Tenemos la fortuna de contar con el T-MEC, lo que, en teoría, debe de aislarnos de los instintos proteccionistas de Trump. Pero más nos vale no confiarnos. En 2026 viene la primera revisión del tratado y podemos estar seguros de que no titubeará en utilizar la negociación para ejercer presión en otros frentes (en el control de la migración, por ejemplo).
Trump ha hablado de llevar a cabo la “mayor operación doméstica de deportación en la historia” de su país. Alrededor de 5 millones de mexicanos viven en EU sin papeles. No veo cómo podemos recibirlos sin que se genere un gran desequilibrio económico y social. Y aunque no cumpla con esta propuesta, lo más probable es que endurezca su política migratoria. Las remesas, las cuales representan la principal fuente de divisas para nuestro país y un salvavidas para millones de familias, podrán verse afectadas. La construcción de su muro fronterizo y otras medidas en el mismo sentido aumentarán la cantidad de migrantes centroamericanos y de otros países que permanecen en México.
Nuestra soberanía también puede verse vulnerada. Varios miembros del partido de Trump han propuesto declarar a los cárteles como organizaciones terroristas para así poder usar la fuerza militar en su contra, aun cuando estén en México. Parece inconcebible que esto ocurra, pero con Trump en la presidencia puede aumentar la presión.
Por supuesto que las amenazas anteriores pueden no materializarse. No hay que olvidar que tras el pavor en México que generó su primera presidencia, los resultados no fueron tan malos como muchos anticipaban. López Obrador supo manejar bien la relación con Trump, y Sheinbaum ha armado un buen equipo, encabezado por Ebrard, para lidiar con EU. Lo que es más, si maneja bien su economía y toma mayor distancia con China incluso puede ser bueno para nuestro país. No obstante, más nos vale estar listos para la probable turbulencia que nos espera. (Julio Serrano Espinosa, Milenio, Negocios, p. 24)
FRENTE A MÉXICO
En la entrevista que publicó Bloomberg con Donald Trump no se menciona a México, Canadá ni el T-MEC, pero sí se indica que aplicará más aranceles a China y también a Europa. No obstante, México no está a salvo: uno de los temas centrales de su agenda es la migración. Trump busca deportaciones masivas, lo que supondrá desafíos diplomáticos y económicos, tanto para Estados Unidos como para el gobierno de Claudia Sheinbaum. Donald Trump 2025-2029 será más iracundo, tendrá menos límites internos y más capital político. La nueva era que comienza será más cruda, ruda y peligrosa. México tendrá que navegar con mucha cautela. (Rodrigo Pacheco, Excélsior, Dinero, p. 5)
Klian Mbappé, el mejor jugador de futbol del mundo, fue presentado como nuevo jugador del Real Madrid en el estadio Santiago Bernabéu. Portará la camiseta número 9 que comenzó a venderse como pan caliente. Es el nuevo ídolo de los merengues, actuales campeones de España y de la Champion League que no necesitaban reforzarse, pero ningún equipo puede rechazar la posibilidad de tener a Kylian es sus filas.
La migración africana ha nutrido de estrellas a los equipos europeos de futbol. Convierten este deporte en un espejo de la multiculturalidad del viejo continente. Un fenómeno social, en muchas ocasiones trágico por la muerte de los migrantes en el éxodo, ha tenido una derivación deportiva exitosa. Los hijos de migrantes pobres que crecieron con carencias se transformaron en jugadores profesionales ricos, incluso millonarios. Sus padres se jugaron el todo por el todo en el mar o en el desierto, justo como muchos migrantes mexicanos lo hacen, para darles a sus hijos mejores oportunidades.
Kylian es uno más de los futbolistas que juegan en España y el resto de Europa que nacieron en África o que sus padres lo hicieron, migraron y se reprodujeron en Europa. Él nació en París de padres africanos. Su papá, Wilfred, nació en Camerún y su madre Feyza es argelina, de los bereberes. Ya es una estrella del deporte que solo por firmar con el Madrid recibió un bono de 40 millones de euros. Tendrá un sueldo colosal pero los ingresos fuertes serán por lo que deje el manejo de su imagen.
Ahí mismo, en el Madrid, compartirá el vestidor con Eduardo Camavinga, compañero de la selección francesa, un centrocampista zurdo que nació en un campo de refugiados en Angola donde estaban buscando protección sus padres, Celestino y Sofía, que nacieron en el Congo de donde huyeron por la violencia. La familia entera se trasladó a Francia donde Eduardo destacó pronto como promesa futbolera. El resto es historia
También tenemos que hablar de Lamine Yamal el joven, todavía un adolescente, que comandó a la selección española en la conquista de la Copa de Europa. Es un prodigio de precocidad. A los 15 años, cuando el resto de los adolescentes andan tratando de salir de la secundaria, Lamine debutó como profesional en el Barcelona. Acaba de cumplir 17, ya ganó la Copa de Europa, ya es rico y pinta para millonario. Su contrato tiene una cláusula de recesión de mil millones de euros. Es tan joven que dirime sus diferencias con sus compañeros en la selección jugando “piedra, papel o tijera”. Pasó de las canchas de cemento del barrio de Rocafonda, en Barcelona, plagado de migrantes de países africanos, a la cima del mundo futbolero. Mejor, Imposible. Lamine nació en Barcelona, es hijo de Mounir Nasraoui de Marruecos, y de Sheila Ebana de Guinea Ecuatorial.
Lamine se hizo mejor amigo en la selección española de Nico Williams que juega de extremo izquierdo y fue autor de un gol definitivo en la final de la Eurocopa contra Inglaterra. Los padres de Nico, Félix y María nacieron en Ghanna y como muchos otros decidieron probar suerte en Europa. Cuenta la leyenda que el “coyote” que los trasladaría los estafó y despareció con su dinero por lo que tuvieron que cruzar gran parte del desierto del Sahara a pie. Una hazaña de película.
En los festejos por el triunfo obtenido en la final de la Copa América un jugador de la selección argentina entonó un canto racista dirigido a Kylian que dice: “Juegan por Francia, pero vienen de Angola, qué lindo es, van a correr, es un come travas (travestis) como el … de Mbappé. Su vieja es nigeriana, su viejo camerunés, pero en el documento nacionalidad francés”.
La Federación Francesa pidió castigo para Enzo Fernández, que desde luego merece la amonestación, pero el cántico ahí queda. (Juan Manuel Asai, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
El bicho habló

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)