Hay mucha valentía y arrojo para atacar en las mañaneras a la prensa crítica y a los opositores que tienen la osadía de pensar diferente a la 4T. Pero cuando se trata de fijar postura ante los insultos y amenazas de Donald Trump ahí sí hay amor y paz.
El republicano ha utilizado la denostación y las amenazas como una forma de mantener al gobierno mexicano andando al paso que él quiere.
La amenaza de terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte sirvió para sentar a la pasada administración y a la actual a negociar un nuevo acuerdo bajo los términos de la Casa Blanca.
En materia migratoria, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador inició su administración abriendo las puertas de par en par a los centroamericanos para que entraran sin restricciones al territorio nacional y tras la presión de Trump, la 4T acabó por convertirse en la patrulla fronteriza al servicio de los intereses estadounidenses con el uso de la flamante Guardia Nacional.
Y ahora que en plena campaña electoral Donald Trump vuelve a amenazar a México con los asuntos relacionados con el narcotráfico, hay que ver si el republicano acepta la manita alzada con la señal de amor y paz.
El presidente de los Estados Unidos le tiene tomada la medida al presidente de México, es capaz de llevarlo a la Casa Blanca para tomar una foto que hoy usa en campaña y hace que la 4T lo festine como un triunfo de la relación bilateral. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Opinión, p.9)
Al “amigo” del presidente López Obrador no le ayudó minimizar en un principio la pandemia del covid-19 en Estados Unidos, pero tampoco le han ayudado en absoluto los problemas raciales por sus discursos racistas y las protestas que se han provocado, en buena medida, por las autoridades policiacas y sus abusos ante la comunidad afroamericana.
El presidente Donald Trump cuenta con rivales políticos dentro del Partido Republicano y demócrata, pero el mayor rival es, sin duda alguna, su propia persona.
Según el diario británico Telegraph, la popularidad de Trump se ha tambaleado últimamente y ha oscilado entre 42 y 45 por ciento, mientras que lo desaprueba 53 por ciento de los estadunidenses.
Un presidente soberbio, ególatra, populista, bully y racista que ha propiciado en buena medida que en estos momentos sus aspiraciones de reelegirse se vean complicadas, pero no imposibles.
La mayoría de las encuestas muestran que la carrera presidencial se va emparejando sistemáticamente, pues la intención de voto para Joe Biden es de 50 por ciento y para Donald Trump, 43 por ciento.
La intención de voto para Donald Trump ha ido mejorando gradualmente en los dos últimos meses, esto por un mejor manejo de la pandemia y sus constantes eventos de campaña que empezó a retomar aún con las altas cifras que registra su país por el covid-19.
Esos eventos de campaña son una de las razones principales por las cuales está obteniendo puntos para la carrera presidencial, tal y como le ayudaron en la campaña del 2016 contra Hillary Clinton. (Ricardo Ortiz Esquivel, Excélsior, Opinión, p.25)