Opinión Migración 180921

Mitos, festejos y realidades

Realidad destructora de mitos. Migrantes caribeños y centroamericanos detonan una crisis humanitaria que estalla lo mismo en Tapachula, Chiapas, que en Ciudad Acuña, Coahuila. Diáspora de pobres como telón de fondo invisible en la sexta cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), de la que México es anfitrión.

La Comisión Mexicana para Ayuda a Refugiados (Comar) está rebasada, el Instituto Nacional de Migración (INM) erosionado, pervertido. Y las demás instancias domésticas enriquecen el mosaico de siglas inútiles. Migrantes solos o acompañados viajan de limbo en limbo; primero para entrar a portazo limpio a Chiapas, sobrevivir la travesía para aterrizar en purgatorios de Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora o Baja California, en espera del asilo gringo.

Los brazos abiertos de México para recibir a todo el mundo, es mito. Las presiones internas y externas cambian deportaciones por retornos asistidos, menores no acompañados escriben la nueva nomenclatura del tráfico y trata de personas. El infierno de Dante o La vida precoz y breve de Sabina Rivas, adaptación cinematográfica de La Mara, de Rafael Ramírez Heredia, campean frente a las buenas conciencias políticas y urbanistas del México transformado.

Festejos y mitos. Nadie mejor para analizar forma y fondo de la visita del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, que Rafael Rojas, respetado compañero de páginas. Sólo diré lo que le escuché en la radio. El apoyo de los gobiernos mexicanos a la isla, no es nuevo, ha sido de siempre.

La historia de la Revolución Cubana nace y anda por nuestro país, la fraternidad suena a trova, sueña con igualdad aunque sea utopía, despierta admiración y hasta animadversión; la relación bilateral se matiza por generaciones, no se siente ni se piensa igual. AMLO asume una Cuba distinta, pero eso no significa que sus deferencias diplomáticas sean distintas o menores a las de otros gobiernos de otros tiempos.

Mitos viejos. Los Zodiaco no existen; banda de secuestradores creada para el montaje televisivo marca García Luna con complicidad de decenas. Narrativa contra-liberal y revanchista de voces próximas al gobierno lo venden así.

Y la autoridad por poco la compra. Desde la Secretaría de Gobernación hubo esfuerzos por hacernos creer que Israel Vallarta, su líder, es víctima y no el victimario mayor. La ciudadana francesa Florence Cassez —pareja de Vallarta—, fue liberada para volar a Francia y nunca más volver, por fallas en el debido proceso, no por ser inocente. Ella fue parte activa de esa estructura criminal dedicada al secuestro.

Para esculpir el pasado a punta de golpes mediáticos algunos han utilizado a la esposa de Israel Vallarta —la esposa, no la novia ida— para clamar desde la escalinata de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que a su esposo corresponde el beneficio del decreto presidencial que concede libertad a presos que no han recibido sentencia tras diez años de cárcel —es el caso de Vallarta detenido desde 2005—, mayores de 60 años con enfermedades y no acusados de delitos graves o a mayores de 70 sin una sentencia firme.

El martes pasado, el secretario de Gobernación Adán Augusto López, conjuró mitos perversos. Israel Vallarta se queda en prisión porque, montajes aparte, el señor secuestró al menos a otra persona, además de la rescatada en Tres Marías, Morelos, en cadena nacional. Y hay un expediente vivo en su contra, informó el nuevo inquilino del Palacio de Cobián.

“El señor Vallarta enfrenta un proceso, fue víctima de tortura y ésta se acreditó con dictámenes correspondientes al Protocolo de Estambul en el proceso seguido por Cristian; sin embargo, tiene otro proceso abierto por otro secuestro, en el cual no se ha acreditado la tortura, por lo cual no puede ser beneficiario del decreto”, declaró López Hernández. Paso adelante del otro tabasqueño en el real combate a la impunidad.

Testigos que vivían al lado de una de las casas de seguridad en Xochimilco, nos cuentan como hace 17 años veían ir y venir a Israel Vallarta, a su hermano, a Florence Cassez y a otros llevando víveres, instruyendo y sobornando cuando alguien denunciaba gritos nocturnos provenientes de aquella construcción contigua. Patrullas pasaban como si nada. Había entre. Los Zodiaco existieron. (Carlos Urdiales, La Razón, LADOS, p. 2)

Doble discurso

El gobierno de México, a través de la SRE, ha anunciado que México ha recibido 391 personas afganas, en calidad de refugiadas o a las que se les ha concedido “visas humanitarias”.

No hay más que aplaudir esta decisión.

Pero (sí, hay un importante “pero”) lo que resulta incongruente es el maltrato y la contención que el Instituto Nacional de Migración, en coordinación con la Guardia Nacional, ejercen en contra de personas centroamericanas y haitianas, que seguramente reúnen las condiciones de personas refugiadas. El canciller Ebrard ha dicho, equivocadamente, que estas personas son migrantes económicas y no refugiadas. Eso es un error. Lo más probable es que las personas hondureñas y haitianas reúnan todas las características para ser reconocidas como personas refugiadas. Sin embargo se les recibe a palos y patadas y se les deporta violando el principio de “no devolución”, que es una norma imperativa de derecho internacional general, reconocida por la comunidad internacional de estados en su conjunto, como norma que no admite pacto, ni práctica, en contrario. El presidente López Obrador, en su discurso, a modo de informe de labores, por su tercer año de gobierno, afirmó que en México no se violan los derechos humanos de las personas migrantes. Eso es falso; la falsedad salta a la vista, no es cosa de otros datos. Devolver personas refugiadas es una violación a sus derechos humanos.

Resulta francamente incongruente el comportamiento del gobierno de México en esta materia. Saca raja política con las personas afganas, y a las personas centroamericanas y haitianas las maltrata y las devuelve. Alardea su dizque “tradición humanitaria” con unas, y con otras mancilla y pisotea esa supuesta tradición.

En el comunicado de prensa No. 374, de fecha 25 de agosto, el gobierno de México señaló: “México se ha caracterizado por su tradición en materia de refugio y asilo y por abrir sus puertas a quienes son perseguidos en sus países por motivos políticos, discriminación racial, de género, origen nacional o de cualquier otro tipo. (…) Tal como en el caso del equipo de estudiantes de robótica, este grupo fue recibido por el canciller Marcelo Ebrard Casaubon, quien afirmó que todas las vidas humanas son importantes (Nota: parece que no todas; y ¿las hatianas y las hondureñas?). (…) Esta es una decisión política del Estado mexicano (Nota: sin duda, muy política, para sacar rédito político con las personas afganas, pero discriminando a las hondureñas o haitianas). El Gobierno de México, fiel a estos principios (Nota: fiel con unas, infiel con otras) y en cumplimiento de los compromisos internacionales que ha asumido (Nota: cumple sus compromisos con las personas afganas, pero no con las hondureñas o las haitianas), reitera su disposición a otorgar protección y asistencia por razones humanitarias, dentro de sus capacidades, a las personas procedentes de Afganistán (Nota: nos queda claro que con las de Afganistán sí, pero con otras, no), cuya vida e integridad se encuentre en inminente peligro (Nota: no así con las haitianas y hondureñas).”

México debería dar un tratamiento no discriminatorio a todas las personas extranjeras que huyen por temores fundados de persecución o porque su vida, su libertad o su integridad estén en peligro.

Esa tradición humanitaria que el Canciller presume, México la honró con las más de 40 mil personas refugiadas guatemaltecas que protegió durante la década de los 80. Hoy debería hacerse lo mismo. Ahí está el segundo párrafo del artículo 26 de la Ley sobre Refugiados, para que se aplique cuando sea necesario; no para que se ignore si no es redituable políticamente.

Resulta reprobable, por decir lo menos, que el gobierno de México lucre políticamente con las personas afganas y maltrate de fea manera a nuestras hermanas centroamericanas y caribeñas. (Santiago Corcuera Cabezut, El Universal, Opinión, p. A11)

Donceles/Medidas migratorias

Desde su campaña, el presidente López Obrador ha venido pidiendo a Washington apoyo para invertir en desarrollo social en Centroamérica. Es la única manera de parar la migración hacia su territorio. Esta petición no deja de actualizar aquella Alianza para el Progreso impulsada por John F. Kennedy. Es injusto, por quedar sujeto a presiones, el protocolo “Quédate en México”. Causa problemas muy severos a los migrantes, al gobierno mexicano y no resuelve el flujo migratorio. La humanidad que migra por inseguridad social y ausencia de oportunidades económicas desde el sur es responsabilidad compartida. Lo otro es propiciar conflictos en México y al sur de sus fronteras. (Donceles, Milenio, Al Frente, p. 2)

Rayuela

Cruzaron el continente, desde la Patagonia hasta el río Bravo. ¿Habrá quién detenga a los miles de aguerridos haitianos que pretenden quedarse en EU? (Rayuela, La Jornada, Cp)

El embajador que canta

Estados Unidos no va a abrirles la frontera a los mexicanos y el presidente Joe Biden tampoco va a visitar México a finales de septiembre, como quería el gobierno mexicano. Estados Unidos seguirá deportando rápidamente a inmigrantes con la excusa del Covid -usando el llamado Title 42- y el programa Quédate en México mantendrá a los refugiados sin la posibilidad de solicitar una visa en Estados Unidos. Mientras tanto México continúa reprimiendo y deteniendo a migrantes que, por decenas de miles, cruzan ilegalmente cada mes a Estados Unidos. Y a pesar de todo esto, el nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, está optimista. Y canta. Él cree que se puede crear una nueva era de cooperación desde Canadá hasta Centroamérica.

Llegó a su primera entrevista de televisión como embajador con sombrero blanco, botas guindas, corbata y lentes. Ese es su atuendo típico. Lo conozco desde que fue senador federal por el estado de Colorado -cuando apenas había dos senadores hispanos- y luego como secretario del Interior durante el gobierno de Barack Obama. Vino con su esposa, dos hijas y una de sus nietas. Y conversamos en los dos idiomas en el jardín de su residencia oficial en Las Lomas de Chapultepec.

Me dijo que no hay fecha para reabrir la frontera con México. Y muchas de las políticas antiinmigrantes impuestas durante el gobierno de Donald Trump siguen todavía en vigencia, ocho meses después de la toma de posesión de Joe Biden. ¿Le molesta que comparen a Biden con Trump? “La comparación no tiene lugar”, me dijo el nuevo embajador. “Joe Biden tiene un corazón latino; él sabe lo que es ser una persona que no tiene mucho dinero… Él sabe que el futuro requiere de la integración. En eso estamos trabajando”.

Pero esa nueva integración ha puesto a México en el papel de represor. ¿Están ustedes presionando al presidente Andrés Manuel López Obrador para que México se convierta en el muro de Estados Unidos?, le pregunté. “La realidad es que debemos tener control sobre las fronteras de nuestros países”, contestó. “Tenemos que colaborar con el gobierno mexicano”.

Ante las críticas de que México le estaba haciendo el trabajo sucio a Estados Unidos en la frontera, López Obrador dijo hace poco en la mañanera que su país “no era pelele” de su vecino del norte. El embajador estuvo de acuerdo con AMLO. “Por supuesto, México tiene su soberanía y la protege. Eso es ser mexicano. Y en esa soberanía hay muchas cosas en que podemos trabajar juntos”. Como en la lucha contra el tráfico de armas y drogas, el medio ambiente y la inversión en Centroamérica para atacar las causas de la migración.

El periodista Alan Riding alguna vez definió la relación entre México y Estados Unidos como de “vecinos distantes”. Salazar -quien se considera un “mexicoamericano”- no lo ve así, mientras recuerda a los más de 60 millones de latinos que viven en Estados Unidos. “Yo lo veo como un pueblo”, me dijo. “Dos naciones pero un pueblo. Tenemos las mismas raíces. La frontera (creada en 1848) nos separó. Pero no separó el espíritu y los valores que tenemos de familia, de fe, de cultura”.

Al terminar la entrevista invité al embajador a caminar por el Paseo de la Reforma y no lo dudó ni un segundo. Le comenté la grata sorpresa de muchos al escucharlo citar a su llegada al país una canción de Jorge Negrete. Y sin más, se puso a cantarla: “México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”. Me fui pensando que pocas cosas pueden desinflar el entusiasmo de un embajador que canta y que llegó en el momento en que más lo necesitan.

Posdata castrista. ¿Por qué López Obrador invita, protege y aplaude a un dictador como Miguel Díaz-Canel? Es una terrible señal que un Presidente elegido democráticamente defienda a una brutal dictadura de 62 años. Con esa invitación AMLO quedó al descubierto y en el lado equivocado de la historia. Cuba no es un ejemplo a seguir para México. Lo que queremos para Cuba es lo mismo que para toda América Latina: elecciones libres y multipartidistas; libertad de prensa con medios independientes; sin prisioneros políticos, asesinatos oficiales y tortura; y una economía que no discrimine a los de adentro. ¿Es mucho pedir? Y todo comienza con el fin de la dictadura. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)

La crisis migratoria futura, climática y tipo Mad Max…

El martes pasado el colega Daniel Francisco me alertó sobre dos notas internacionales que, cuando las leí con calma, me espeluznaron porque remiten a un escenario global de severa degradación climática y de migraciones masivas que me parecían surgidas de una serie de televisión con escenas apocalípticas. Una especie de película Mad Max 4.0 Reloaded con guerras tribales por alimentos y agua, con desoladoras imágenes ocres de un futuro catastrófico pletórico de éxodos. Parece inverosímil, pero es algo que inevitablemente llegará y que también atañe a México y a las políticas de Estado que implementa nuestra nación, y que los gobiernos estatales y federal deberían diseñar desde ahora mismo para evitar una degradación nunca vista.

Lea usted: “El calentamiento global podría forzar la migración de hasta 216 millones de personas para 2050 por escasez de agua, disminución de la producción agrícola, o aumento del nivel del mar, advirtió el Banco Mundial (BM).”

Sí, no se trata de un documento de alguna organización ecologista que carezca de sustento científico, sino de un informe del respetado BM. “Los datos -continua un despacho de AFP- surgen de la actualización del informe Groundswell (https://www.bancomundial.org/es/news/feature/2021/09/13/millions-on-the-…), difundido por primera vez en 2018, y centrado en aquel entonces en tres regiones del mundo: África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina.”

“Los millones de migrantes internos dentro de los países: el rostro humano del cambio climático”, cabecea el BM la nota en su página. El rostro humano del cambio climático. Sí, porque cuando hablamos de cambio climático usualmente los periodistas nos referimos al calentamiento global, a temperaturas extremas, a inundaciones pavorosas, a torrenciales lluvias atípicas, a devastadores incendios, a sequías cada vez peores, a derretimientos de glaciares, a nevadas inauditas, a hoyos en la capa de ozono, pero nos ha faltado ponerle rostro humano a los desplazados de esta crisis, para que dimensionemos la magnitud de la emergencia que enfrentamos y lo que conllevará.

Mire usted, en 2018 se había proyectado que para 2050, es decir, en menos de treinta años a partir de ahora, en menos de cinco sexenios, habría 143 millones de “migrantes climáticos” en África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina, pero el Informe Groundswell ahora es peor: agregó otras tres zonas, Asia Oriental y el Pacífico, África del Norte y el área que comprende Europa Oriental y Asia Central, lo cual implica que serán 216 millones los migrantes climáticos, cifra que representa “casi 3 por ciento de la población total de estas regiones”.

Se trataría de 86 millones de personas de África Subsahariana, 49 millones de Asia Oriental y el Pacífico, 40 millones de Asia Meridional, 19 millones de África del Norte, 17 millones de América Latina, y 5 millones de Europa del Este y Asia Central, pero por favor deténgase un momento en la espantosa cifra global: 216 millones de personas viviendo en amplias regiones cada vez más inhóspitas, con carencias de agua y alimentos, y por tanto migrando para salvar sus vidas.

Es como si la mitad de la población de Estados Unidos (165 millones) y el 40% de los habitantes de México (51 millones) tuvieran que huir hacia lugares menos inclementes, pero… ¿hacia dónde? ¿Cómo afectará esto a nuestro país? Cerca de 4 millones de personas en Centroamérica y México (el equivalente a casi toda la zona metropolitana de Guadalajara) se verán obligadas a abandonar sus hogares y migrar para 2050, se advierte en el nuevo informe Groundswell (Marejada), donde se estima que estas migraciones masivas comenzarían en 2030 (ya, en apenas nueve años, cuando esté concluyendo el próximo sexenio) y se intensificarían hacia 2050.

Qué capacidad depredadora del homo sapiens, que de sabio en temas ecológicos ha tenido poco. ¿Qué vamos a hacer con una Tierra así y con esas severas migraciones? ¿Alguien por aquí que sepa?

BAJO FONDO

“Es un crudo recuerdo de los estragos humanos del cambio climático, particularmente entre los más pobres, aquellos que han contribuido menos a sus causas”, comentó por medio de un comunicado Juergen Voegele, vicepresidente de Desarrollo Sostenible del BM, quien tuvo un toque optimista (¿o ingenuo?) al decir que esta proyección “no está grabada en piedra”.

“Si los países comienzan a reducir los gases de efecto invernadero, la migración climática interna podría disminuir a 44 millones de personas para 2050″, explicó, como si una migración de 44 millones, equivalente a la población de Guatemala, Honduras, El Salvador y Haití, fuera poca cosa.

Qué manera de devastar el planeta y de destruirnos a nosotros mismos. Tenemos que empezar, porque ya vamos muy tarde, a cuidar seriamente el médico ambiente y los gobiernos tienen que diseñar urgentemente políticas públicas de desarrollo regional sustentable para combatir la pobreza más allá de la ayuda social que reparten para evitar hambrunas, y con ello evitar migraciones realmente masivas como las que se nos podrían venir en los próximos años internamente y procedentes de Centroamérica.

AL FONDO

Una consulta: ¿de verdad no habrá alguien en Palacio Nacional, y alguien más en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, que organicen un Zoom hasta Iztapalapa para explicar que no hacía falta -ni hace falta- tanta zalamería? ¿Por qué no le explican la verdad, que de ahí no saldrá la candidatura para la Jefatura de Gobierno de 2024?

(Y de paso, ahí como cosa suya, ¿por qué no le envían de una vez un WhatsApp a Estambul en el mismo sentido y así se evitan bochornos en el extranjero?) (Juan Pablo Becerra Acosta, El Universal, Nación, p. A2)

AMLO-EU: ¿otros tiempos recios?

¿Qué es lo nuevo, lo relevante, lo inédito del pronunciamiento del presidente López Obrador el 16 de septiembre y en compañía de su homólogo de Cuba, Miguel Díaz-Canel?

Porque en abril de 2012, reunido en Cuba con Raúl Castro, el presidente Felipe Calderón condenó el bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Nuestra desmemoria hizo que en enero de 2013 se hablara de una nueva etapa bilateral, cuando el presidente Enrique Peña se encontró con el mismo gobernante, en Chile, en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), mecanismo que hoy se ha dado cita en la CDMX.

Y en cada ocasión que Cuba fue tema en el sexenio anterior, se condenó el bloqueo a la isla, incluyendo la participación del mandatario en la Asamblea de Naciones Unidas hace tres años.

Aquel pronunciamiento fue parte de la nota que, en la portada de varios periódicos, destacó el llamado de Peña a frenar el tráfico de armas, un tema que Calderón ya había denunciado desde 2010 en el Capitolio, responsabilizando a EU de su venta a los cárteles. Así que las gestiones del canciller Marcelo Ebrard al respecto no son inaugurales ni inéditas.

Lo nuevo es que la declaración del presidente López Obrador este jueves es parte de una estrategia-narrativa que pretende hacer creer que no se va a someter a la agenda de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y las agencias estadunidenses y que no le tiene miedo a las tretas que la CIA despliega para ablandar a algún mandatario incómodo. Se trata, aparentemente, de una audacia justificada, si nos hacemos cargo de la forma en que EU ha jugado para desestabilizar a los gobernantes molestos o rebeldes de la región, una práctica que Mario Vargas Llosa retrata en su novela Tiempos recios al reconstruir el golpe de Estado en 1954 a Jacobo Árbenz, en Guatemala, y el tinglado militar latinoamericano en la Guerra Fría.

De manera que el supuesto endurecimiento del Presidente frente a la política intervencionista de EU respondería a la misma lógica de su trato con la oligarquía: proclamar que él no es el payaso de las cachetadas y que no será pelele ni rehén.

Y para escalar ese mensaje a nivel hemisférico, hoy encabeza la Cumbre de la CELAC con la promesa de “democratizar” a la Organización de Estados Americanos (OEA).

Es una quimera, alertan los especialistas. Pero lo que interesa a López Obrador es impugnar el rol de certificador de la democracia que ejerce Washington a través de la OEA.

Así lo hizo cuando envió un avión militar para traer a Evo Morales, dándole la espalda al discurso de la OEA que denunciaba fraude electoral en Bolivia de parte del depuesto mandatario. Y aunque ese rescate contó con el beneplácito estadunidense, esto se cuenta poco porque la prioridad es el relato de que México desafía al tío Sam.

Transformar a la OEA es imposible sin un acuerdo con EU. Pero lo que le importa ahora al gobierno es desacreditarla como interlocutora de las oposiciones de la región, sean de Cuba, Venezuela, Nicaragua o México. Eso es lo nuevo: desautorizar a la OEA como contrapeso continental ante cualquier anomalía en la democracia electoral, como la expuesta por la coalición PAN-PRI-PRD al secretario general Luis Almagro por la supuesta presencia de grupos criminales en la elección de junio.

Lo relevante de este “endurecimiento” ante la administración de Biden, como le llama el presidente López Obrador a su conducta con el estadunidense, es su premisa: a diferencia de mis antecesores, soy un presidente con un respaldo popular que obliga a EU a respetarme. Eso les ha dicho a sus colaboradores. Y tiene razón: 63% de aprobación, según Roy Campos ayer, en medio de la mortalidad pandémica, sólo es explicable por su liderazgo.

Bajo el razonamiento de que su gobierno debe ser respetado, como nunca antes por EU, López Obrador consiguió que Donald Trump le ayudara a liberar al general Salvador Cienfuegos porque —más allá de si la DEA infló o inventó pruebas— no iba a permitir esa mancha en las Fuerzas Armadas, indispensables en el proyecto que unos llaman de militarización y que, en la práctica, es de desactivación del Ejército y de la Marina frente al crimen organizado.

Y eso es lo inédito: el manejo del narcotráfico al margen de la receta de EU, con liberación del hijo de El Chapo, saludo a su madre y felicitaciones a la delincuencia por portarse bien en las elecciones.

Lo inédito es que ni Kamala Harris ni Biden se inconformen públicamente con la plataforma abrazos, no balazos, porque por lo pronto se dan por bien servidos con el también inédito trabajo sucio que el gobierno mexicano realiza para frenar a los migrantes de Centro América y Haití, con toda la violación de derechos humanos que ello conlleva.

Quienes conocen la dureza de EU vaticinan que este supuesto “endurecimiento” mexicano de nada servirá porque ni la Casa Blanca ni las agencias del Departamento de Estado se abstendrán en sus calificaciones. Y que tampoco dejarán de vigilar los pasos del narco y sus protectorados.

Pero a la mitad del sexenio, el presidente López Obrador intenta conjurar, a su modo, los tiempos recios del gran vecino. (Ivonne Melgar Excélsior, Alerta Coronavirus, p. 18)

Cartones

cronica

(Frik 21, La Crónica, LaDos, p. 2)

reforma1

(Obi, Reforma, Opinión, p. 8)