Elementos del Centro Nacional de Inteligencia, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), de la Fiscalía General de la República (FGR) y del Instituto Nacional de Migración acudieron ayer a Paraguay, donde las autoridades les entregaron a Hernán Bermúdez Requena, ex secretario de Seguridad Pública de Tabasco y capo de la organización criminal La Barredora.
El también denominado Comandante H y El Abuelo estuvo prófugo desde el pasado 26 de enero hasta el 12 de septiembre, periodo en el que pasó por Panamá y España antes de recalar en Paraguay, donde se ocultó en un barrio lujoso en el que fue aprehendido gracias a una ficha roja de Interpol girada a petición de México. Aunque en principio la SSPC estimó que el proceso de extradición podría tomar meses, Asunción detectó que el ex funcionario ingresó a territorio paraguayo de manera irregular, por lo que procedió a su expulsión inmediata.
Esta celeridad es sin duda una buena señal, indicativa de voluntad política para esclarecer las acusaciones que enfrenta el ex mando policial y, por ende, de avanzar en la lucha contra la impunidad.
Desde su llegada a México, Bermúdez Requena deberá responder ante la justicia por acusaciones de asociación delictuosa, extorsión y secuestro. Debe recordarse que su paso por la SSP tabasqueña (diciembre de 2019 a enero de 2024) estuvo marcado por un dramático incremento de la violencia y los delitos de alto impacto, fenómeno que, según se presume ahora, fue provocado por su profundo involucramiento en el crimen y el uso de la fuerza pública para favorecer a la facción que lideraba en las luchas con sus rivales.
En contraste, el cambio de administración en la entidad del Golfo se ha traducido en una recuperación acelerada de la seguridad física y patrimonial que el Estado debe garantizar a la población: sólo entre febrero y junio de este año, los homicidios dolosos bajaron 33 por ciento en todo Tabasco y 56 por ciento en el municipio de Centro, con este último mes como el menos letal en una década.
Si el caso de Bermúdez Requena es un recordatorio del inmenso daño que puede causar la corrupción de un servidor público, sea cual sea el signo político del gobierno para el que trabaje, su localización y arresto envía un mensaje de intolerancia a la impunidad por parte del gobierno federal y de la FGR.
Es preciso, por ello, conducir el proceso del ex funcionario con total apego a derecho, fincar de manera inobjetable las responsabilidades debidas y, en su caso, establecer sanciones sin ningún miramiento político o de grupo.
Asimismo, es imperativo que las pesquisas en torno a la estructura de La Barredora lleguen realmente hasta las últimas consecuencias. Proceder de este modo no sólo es una obligación ante los ciudadanos y las leyes, sino también el mejor camino para disuadir a autoridades de todos los niveles de participar en conductas ilícitas al amparo de sus cargos. (La Jornada, Editorial, p. 2)
Trabajadores migrantes, tema primordial en la reunión México Canadá
Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México: Deseamos que su encuentro con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, traiga grandes beneficios para el país. Sin embargo, nos preocupa que dentro de su agenda pública no esté considerado el tema de los trabajadores migrantes que en esa nación laboramos en condiciones de esclavitud y vivimos una creciente campaña racista y discriminatoria en los distintos niveles de gobierno, así como en los principales partidos políticos, particularmente los conservadores.
Esperamos que ante la propuesta de cancelar los programas de trabajadores temporales, que afectarán a más de 50 mil mexicanos, usted enarbole la propuesta de sustituir éstos, ya que son abusivos, por otros dignos y justos, como el que presentó Dignidad Migrante, proyecto enviado por conducto del consulado en Vancouver.
Le pedimos haga saber al premier canadiense que los trabajadores migrantes estamos solicitando programas que nos proporcionen permiso de trabajo abierto, salarios dignos, derecho a días de descanso y festivos y el pago de tiempo extra.
Mesa directiva de trabajadores de Dignidad Migrante: Guadalupe Herrera, Iris Vela, Liliana Sánchez, Jessica Cruz, Paul Miramontes, Ramón Ramírez, Lucas César, Rafael Guzmán, Carlos Canett, Mauro Nava y Raúl Gatica (El Correo Ilustrado, LA Jornada, Editorial, p. 2)
Huyendo y regresando de su propia sombra, negándose a reconocer las recientes contundentes derrotas infligidas por su acérrimo rival, China, hoy, el otrora tahúr, Estados Unidos, intenta jugar con cartas marcadas lo que cree es el juego definitivo, apañando a sus socios del T-MEC: México y Canadá.
El banderazo de salida de Donald Trump para los preparativos y la revisión en 2026 del T-MEC ya no son más de zona exclusiva. Sin duda, la realidad obliga al clásico de “otros datos” “cabeza fría”, las nuevas tecnologías han cambiado drásticamente la velocidad, la cualidad, la cantidad y la extensión geográfica del comercio mundial; la cobertura del grupo BRICS, de la mano de China, es casi de 50 por ciento del PIB y 45 de la población mundial, mientras los del T-MEC son de 30 6 por ciento del PIB y de la población mundial, respectivamente. Así que las evidentes presiones de Trump a sus socios, como la de México para aplicar aranceles a China, no es más que zapateado de cortesía.
Así, independientemente del resultado del MEC, imprescindible y clave, el elemental económico es la fuerza de trabajo, así que más temprano que tarde el criminal antimigrante trumpista tendrá que parar, imposible que corra a millones de mexicanos de otras nacionalidades. Más vale no desgarrarse las vestiduras con el tratado.
El póker oriental hace rato que tiró escalera real al imperial yanqui. (Ismael Cano Moreno, La Jornada, Editorial, p. 2)
Hemos decidido desintegrar la dimensión moral de los asuntos públicos. Nos conformamos con su revisión superficial.
Los símbolos son contenedores de los procesos detrás de ellos. Toda sociedad es la imagen que se construye de sí misma. A veces, por encima de lo que es. Bajo el amparo de lo simbólico, construimos otro del planeta, el desorden converge en una condición esquizofrénica relatos para hacernos aceptables. Unos justifican la violencia, otros la retórica sobre ella. Muchos más, utilizan un espejismo ideológico para evitar reflexionar qué hay en los entornos del caos que vanagloriamos como triunfo bárbaro de unos sobre el resto.
De un extremo a otro del planeta, el desorden converge en una condición esquizofrénica: lo aparentemente simbóliaocupado el lugar de aquello que estaba destinado representar lo verdaderamente representativo pierde importancia en aras de la identidad a la que estorba.
En el primer caso, lo simbólico sustituye con sus formas el ejercicio racional desde el cual los símbolos tienen fundamentos para no convertirse en postales. En el segundo, los elementos de la realidad dejan de significar.
¿De qué soberanía se habla en un país como México donde la violencia impide a la gente salir hasta para celebrar fiestas nacionales? ¿Qué tan posible es hablar de democracia liberal si los otro del planeta, el desorden converge en una condición esquizofrénica derechos humanos pasan a un segundo plano en el modelo político social de Occidente? Con distintas dimensiones, Gaza, Ucrania, Sudán, etcétera. Entonces, el modelo, aunque sea proverbial, pierde sentido, México se ve desde su autorreferencia, antes que a partir de las tragedias que nos rodean. Escoge mos vernos en los iconos de la percepción, bandera imaginería, yno través de las plazas los desaparecid en cada ciudad grande. realidad que somos.
Así, sin importar los gritos de vivas durante arengas patrias en un franco encubrimiento de las fallas estructurales mexicanas, la migración a Estados Unidos refleja el fracaso de un proyecto nacional que termina por expulsar a sus ciudadanos.
Podemos conformarnos con los símbolos que el momento exclame. El problema de la época se encuentra en lo increíblemente efectivo que se transformó el juego intercambiable de peso en los símbolos para eludir lo que sucede frente a nuestros ojos (Maruan Soto Antaki, Milenio, Al Cierre, p. 39)
Grito de igualdad
Por primera vez en la historia de México, la noche del 15 de septiembre de 2025 generó mayor expectativa que en años anteriores. Y es que había una novedad: una mujer encabezaría la ceremonia del Grito de Independencia en Palacio Nacional. Millones de ciudadanos en toda la República estuvimos pendientes de cada palabra y cada movimiento de nuestra Presidenta, con “a”, Claudia Sheinbaum Pardo.
Parte esencial del cambio en esta conmemoración fue la escolta de seis mujeres cadetes del Heroico Colegio Militar, que portaban pequeños moños tricolores en sus chongos. Fue la primera señal de que es necesario impulsar nuestro empoderamiento. A ello, le siguió que la Jefa del Ejecutivo federal portó un hermoso vestido morado, color que simboliza la lucha por la igualdad, la justicia y los derechos de las mujeres.
La arenga que dio desde el balcón presidencial fue con voz nítida y fuerte. Es claro que nuestra primera mandataria deseaba que se escuchara, hasta el último rincón del territorio nacional, que es tiempo de las mujeres. Cómo no entenderlo así, cuando lleva en su pecho la banda con el Escudo Nacional que confirma su investidura, y que fue hecha por mujeres militares no sólo creativas, sino leales a la patria.
Ante un Zócalo pletórico, con miles de almas unidas celebrando el 215 Aniversario del Inicio de la Independencia, pronunció los nombres de cuatro mujeres y cuatro hombres valiosos que participaron en dicho acontecimiento histórico. Lo hizo de forma alternada y eso también es un botón de muestra de que nosotras valemos igual que ellos.
El recuerdo de Josefa Ortiz Téllez-Girón adquiere otra fuerza, al quitarle el “de Domínguez”, porque las mujeres no somos propiedad de nadie. A su nombre, se sumaron los de Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y Manuela Molina, La Capitana. Para que no quedara duda sobre la importancia de las mujeres en la historia de nuestro país, Sheinbaum gritó vivas a las heroínas anónimas; a las heroínas que nos dieron Patria; a las mujeres indígenas; a nuestras hermanas migrantes, y a la igualdad.
En la plaza principal de la Ciudad de México retumbaron también los vivas a los hombres protagonistas de este acontecimiento histórico; a los hermanos migrantes; a la Independencia; a la dignidad del pueblo; a la libertad; a la democracia; a la justicia, y al México libre, independiente y soberano que somos.
Un día después, la doctora Sheinbaum también fue la primera mujer en presidir el desfile conmemorativo por el Inicio de la Independencia y lo hizo en su calidad de Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas. Antes de la parada militar, recordó que hace más de dos siglos, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla avivó el deseo de libertad de mujeres y hombres, y con ello arrancó la lucha por expulsar a la Corona Española.
En su discurso, acompañada por su gabinete legal y ampliado, dedicó varios minutos para describir el papel de cada una de las mujeres libertarias que citó la noche anterior. Fue el reforzamiento de su gran valor en esta justa histórica, pero también de José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende y Vicente Guerrero. Otro hecho simbólico de este desfile militar fue el lugar protagónico de las mujeres integrantes del Ejército Mexicano, la Marina y la Guardia Nacional, quienes encabezaron los diferentes cuerpos y rindieron parte de los mismos.
Ambos actos cívicos demostraron nuestra fuerza como nación; nuestro amor a la tierra que pisamos; nuestros anhelos como país, en el que diariamente trabajamos para consolidar el Segundo Piso de la Transformación, que se caracteriza por la justicia social, la esperanza y la equidad. Claudia Sheinbaum, como Presidenta, marca un antes y un después en la historia de México. ¡Qué orgullosa me siento de ello! (Xóchitl Bravo Espinoza, El Heraldo de México, Desde el Legislativo, p. 12)
El exilio ha sido, en todas las épocas, el castigo más temido. En la Grecia clásica, significaba arrancar a alguien de la polis y, con ello, de la memoria. No era solo destierro físico, sino condena al olvido: dejar de ser parte de la comunidad. La política mexicana también conoció ese castigo. Porfirio Díaz, tras gobernar por más de tres décadas, murió en París, sin volver jamás a la tierra que ya no lo reclamaba como suya. El exilio, en su núcleo, es la sanción más definitiva: el borrado de la memoria.
Esa línea entre ser recordado o ser silenciado sigue vigente para millones de migrantes mexicanos. Lo que los distingue del exilio no es la distancia ni el cruce de una frontera, sino la memoria que su país guarde de ellos. Un país que nombra a los suyos los mantiene dentro; un país que calla los expulsa simbólicamente.
El poder de nombrar
Durante décadas, la diáspora fue reducida a cifras: remesas récord, estadísticas, agradecimientos de ocasión. Estaban en los números, pero no en la narrativa. Ese vacío se rompió cuando en el Grito de Independencia se pronunció: “¡Vivan las hermanas y los hermanos migrantes!”. López Obrador lo hizo primero; Claudia Sheinbaum lo continuó. Un gesto mínimo se volvió parte de la ceremonia más importante del país. Y lo que siguió fue revelador: lo que circula en redes no son actos organizados en el extranjero, sino esos segundos en que México, desde adentro, nombra a los migrantes.
Lo entendieron los griegos con Circe: aunque Helios se presentara alguna vez ante ella, mientras no la nombrara en su casa, seguía siendo exiliada. Ver sin nombrar es otra forma de olvido.
Consecuencias políticas
El efecto es medible. En 2018, López Obrador obtuvo más del 68% del voto emitido en el extranjero. En 2024, Sheinbaum alcanzó el 44%. Pueden parecer cifras menores en comparación con los millones que votan dentro del país, pero marcan tendencia: la simpatía migrante se inclina hacia quienes los incluyen en la narrativa nacional.
El dato decisivo es otro: más de 4.4 millones de hogares en México dependen de remesas, uno de cada nueve. Cada envío trae consigo más que dinero: lleva consejo, legitimidad, orientación política. El migrante es proveedor, pero también referente moral. Su voz incide en la familia, y la familia multiplica esa orientación en las urnas. Un voto en el extranjero puede transformarse en diez al interior.
La narrativa que los reconoce no es ornamento: es una estrategia política que refuerza legitimidad y confianza.
La herida y la satura
Más allá de los números, lo que explica la viralidad de esos segundos es la condición humana. Migrar significa vivir en tensión: dobles jornadas, precariedad laboral, crianza a distancia, nostalgia de las calles que quedaron atrás. Pero la herida más profunda no es económica ni cultural, sino existencial: el miedo a ser olvidado.
Nombrar, entonces, es un acto de reparación. Escuchar que México los reconoce desde el corazón de su ritual patrio no es retórica, es restitución de dignidad. Borges lo escribió con crudeza: “El exilio no es irse de un país, es quedarse sin él”. Esa es la frontera que separa al migrante del exiliado: que su país lo recuerde.
Aquí es donde la música ilumina. La canción de Caifanes, nacida en memoria de Tlatelolco, dice: “Antes de que nos olviden, haremos historia”. La frase refleja lo mismo: el olvido empieza cuando se deja de mencionar. Y el acto de recordar —de nombrar— es resistencia.
No es el balcón, es la voz
No hace falta que sea el balcón del Palacio Nacional. Cualquier lugar en donde habite el poder tiene esa capacidad de reconocimiento. Lo que importa no es la arquitectura, sino la legitimidad de la voz pública. Mientras exista esa voz, cada autoridad tiene la oportunidad de mantener viva la memoria de quienes están lejos.
Ese gesto es más fértil que cualquier estructura partidista transnacional. Porque lo que los migrantes esperan no es organización externa, sino reconocimiento interno. La narrativa en nuestro territorio pesa más que cualquier logística.
Antes del fin
El exilio y la migración son condiciones hermanas. Lo que las diferencia no es la distancia, sino la memoria. La patria que nombra mantiene unida a su comunidad; la que calla condena al destierro.
Antes de que nos olviden, conviene recordarlo: la política más poderosa no es levantar muros ni multiplicar estructuras externas, sino mantener viva la memoria interna. Nombrar, una y otra vez, a quienes sostienen a México desde lejos. Porque pertenecer no es estar: es ser parte de la memoria nacional. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 32)
No son los mismos alcances de una revisión que de renegociación del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, la única variable que puede quitarle el significado a ambos conceptos se llama Donald Trump.
La revisión es el procedimiento que inició la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y que de inmediato siguió el gobierno de México que desde ayer inició consultas internas sobre el tema.
Todo eso es lo esperado, es parte del artículo 34.7 del propio T-MEC que contempla estas revisiones conjuntas periódicas para evaluar la implementación y funcionamiento del acuerdo, además de identificar los posibles ajustes o mejoras.
Todo muy bien hasta ahí, de hecho, está marcado que en algún punto los responsables del comercio de los tres países se reúnan para plantear sus preocupaciones y sugerencias para la siguiente fase del acuerdo, antes de su siguiente revisión.
Renegociar el acuerdo son palabras mayores. A pesar de que el propio T-MEC tiene reglas de terminación, sentarse de nuevo a la mesa es producto de una determinación política que hoy podemos ver perfectamente bien en el actuar del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Renegociar es cambiar de fondo los términos del pacto comercial, con una hoja en blanco y los equipos técnicos de los dos, o tres países, con ofertas y demandas nuevas de asociación y con la intervención de los poderes legislativos.
Incluso una renegociación sería comprensible ante los cambios políticos radicales tanto en México como en Estados Unidos. Es entonces cuando entra en escena el factor Trump.
En México, la autollamada Cuarta Transformación ha desmontado una parte importante de la vida institucional y democrática del país, pero han defendido a capa y espada el libre comercio, sí, ese que impulsó Salinas de Gortari. ¡Y qué bueno!
Donald Trump ha moderado sus embates en contra del libre comercio, pero no deja de usar el arma de los aranceles como medida de presión contra otros países.
Entonces, sería milagroso que todo terminara en una revisión del T-MEC como lo prevé el propio acuerdo, porque eso limita los alcances de imponer nuevas condiciones.
Sin embargo, una revisión al estilo Trump implica mezclar temas no comerciales, una posición alevosa y seguramente dispar.
El gobierno mexicano ha despejado el camino para justificar lo que a todos conviene: una alianza de América del Norte frente al poder comercial de China, ahora de la mano de Rusia e India.
El expediente migratorio ha logrado las imágenes para la televisión que quiere el gobierno estadounidense. Ahora el tema es poder dar cabida a miles de inmigrantes que ya tienen como destino nuestro país.
Aplicar aranceles a una larga lista de productos chinos cierra una importante puerta de consumo para el mercado mexicano, pero abre la posibilidad de mantener un vínculo comercial, eventualmente aduanero, con Estados Unidos.
El tráfico de drogas, de fentanilo, y el descomunal poder que tiene el crimen organizado, con todo y sus lazos con el poder político, se mantienen como un punto débil de las condiciones de Trump.
La lógica de la relación comercial norteamericana, el sentido común y muchos de los hechos indican que es posible una revisión del T-MEC. Pero estamos hablando de Donald Trump. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 9)
La seguridad en las fronteras es un asunto vital para las naciones, afecta la soberanía, integridad territorial y estabilidad nacional. México tiene una frontera norte con EU, con más de tres mil 152 km.La gestión de esta frontera ha sido históricamente un reto. En 2025, la administración estadounidense promulgó diversas órdenes ejecutivas que modificaron su dinámica fronteriza, tales como la declaración de emergencia nacional, la designación de los cárteles de la droga como organizaciones terroristas y la imposición de aranceles, reflejando un enfoque más rígido y nacionalista para proteger su seguridad nacional.
Lo anterior condujo a México a revalorar sus políticas y estrategias de seguridad fronteriza, mantener la defensa de su soberanía y promover una colaboración respetuosa bajo los principios de responsabilidad compartida, confianza mutua, cooperación sin subordinación y respeto a la soberanía nacional.
La implementación de la Inteligencia Estratégica en la Seguridad Fronteriza es un proceso sistemático que involucra la recopilación, análisis y uso de información relevante para anticipar riesgos y amenazas, así como apoyar la toma de decisiones en materia de seguridad y defensa, con un enfoque multidimensional para abordar los múltiples factores que inciden en la seguridad, utilizando distintas fuentes nacionales e internacionales, incluyendo agencias de seguridad, aduanas, migración, defensa y cooperación internacional.
Se propone un Centro Nacional de Inteligencia Estratégica Fronteriza (CNIEF) como plataforma que articule análisis compartido para generar políticas en materia de seguridad fronteriza. Considerando los siguientes objetivos:
Monitoreo en Tiempo Real: Utilizar tecnologías avanzadas para la vigilancia, el uso de drones multipropósito, cámaras, sensores, geolocalización y otras tecnologías para vigilar puntos críticos de la frontera, detectando movimientos ilícitos y patrones sospechosos.
Base de datos compartida segura: Desarrollar una plataforma tecnológica y el análisis de datos, tales como sistemas biométricos y blockchain, que permitan el almacenamiento y acceso de información migratoria y criminal, respetando los marcos jurídicos entre países.
Análisis predictivo: Utilizar inteligencia artificial y análisis de big data para anticipar movimientos delictivos, identificar redes de narcotráfico y terrorismo y prever crisis migratorias.
Coordinación interinstitucional: Integrar equipos multidisciplinarios de analistas, agentes de seguridad, expertos en ciberseguridad y diplomáticos; para elaborar informes estratégicos que guíen las políticas de seguridad.
Capacitación y desarrollo tecnológico: Fomentar la investigación y capacitación en nuevas tecnologías aplicadas a la seguridad fronteriza, así como en inteligencia cibernética para proteger la infraestructura crítica.
El nuevo escenario de México en materia de seguridad fronteriza demanda un enfoque de inteligencia estratégica, que integre las capacidades tecnológicas, jurídicas y diplomáticas interinstitucionales y entre los países involucrados, junto con la aplicación de tecnologías innovadoras y modelos de coordinación como el CNIEF, permitirán enfrentar de manera más eficaz los riesgos multifactoriales que amenazan la seguridad nacional y regional.
México debe aprovechar esta coyuntura para fortalecer su poder nacional, reducir dependencias tecnológicas y consolidar su rol estratégico en el continente americano. Sólo a través de una inteligencia estratégica moderna, integrada y colaborativa, será posible garantizar la seguridad duradera y el desarrollo sostenible en las fronteras compartidas. (Normelis Vázquez Reyes, La Razón, México, p. 11)
Estados Unidos parece envuelto en una ola de violencia que si bien no es ajena a la vida política, social y cultural en la historia de ese país, en este segundo gobierno de Trump parece adquirir contornos muy graves y complejos que conforman un contexto de violencia que se ha venido exacerbando desde la época de los magnicidios y asesinatos del liderato político en los años 60, entre ellos John F. Kennedy, su hermano Robert, Martin Luther King, Malcolm X, o la explosión social de 1992 por el asesinato de Rodney King, que convirtió a Los Angeles en tierra de nadie durante tres días, “después de la explosión iracunda de una frustración amasada por las minorías étnicas en Estados Unidos durante años de miseria, demagogia y una obvia segregación racial que detonó con la absolución de los policías que golpearon al joven negro Rodney King” (Ángeles Vázquez, “La explosión social de Los Ángeles, Página uno, 10/5/1992) o el caso de George Floyd cuya muerte por brutalidad policiaca el 25 de mayo de 2020, en plena pandemia, detonó una de las protestas más grandes contra el racismo institucional no sólo en Estados Unidos, sino a nivel mundial.
Dice Keeanga-Yamahtta Taylor en su libro De #BlackLives Matter a la liberación negra (Ed. Traficantes de Sueños, 2017) que aunque se dice “la raza no importa”, lo cierto es que el espectáculo de la brutalidad y los asesinatos policiales desenfrenados derivan fácilmente en crisis políticas que se ven desde el poder como el actuar de hordas con banderas de izquierda para abrir espacios fascistas.
El ataque político del bipartidismo contra el estado de bienestar con políticas que esconden un ataque mucho más amplio contra los trabajadores, incluyendo blancos y latinos que si bien los afroamericanos sufren desproporcionadamente “en un país con desigualdad económica creciente entre los más ricos y los más pobres, los presupuestos austeros ponen en peligro a toda la gente común”. p 28.
Llegamos así al punto en que la política exterior agresiva e injerencista que ahora amenaza con un ataque militar a Venezuela se traslada al plano interno como una forma de guerra interna con una política de cacería a los inmigrantes, de militarización de ciudades de los propios Estados Unidos como si fuesen potencias enemigas, por tener gobiernos de mayoría demócrata, y desde el gobierno de Joe Biden, hay que decirlo, reprimiendo, arrestando y deportando a todos aquellos que protesten por el genocidio en Gaza, sean estudiantes, docentes, funcionarios públicos, militares e inmigrantes, como lo documentan David Brooks y Jim Cason en La Jornada.
El hecho coyuntural que desata la reflexión sobre la violencia estructural es el asesinato con un balazo en el cuello frente a una audiencia estudiantil muy nutrida en la Universidad de Utah el pasado 10 de septiembre de Charlie Kirk, un joven líder de opinión ultraconservador, quien fue el creador de una organización con donaciones millonarias por parte de élites y grupos de interés llamada Turning Point USA, con la pretensión de ser núcleo de un movimiento político y cultural de jóvenes y estudiantes para la batalla cultural.
Como dice Danny Haiphong: “vivimos en un país que genera violencia no sólo en el extranjero, sino también en casa. La sociedad estadunidense está militari zada, alienada y polarizada hasta el punto de la explosión, con una creciente desigualdad y ruptura de la cohesión social. La policía y las agencias de inteligencia están fuera de control. Los medios corporativos fingen que este evento surge de la nada, pero décadas de guerras bipartidistas, desigualdad y censura han creado un entorno político inestable”.
Muchos congresistas del Partido Demócrata advierten que Donald Trump utilizará el asesinato del activista conservador como pretexto para aplastar a su oposición política y anular a la disidencia por medios violentos. Stephen Miller, encargado de la cruel política antimigración señaló: “tenemos que desmantelar y enfrentar a las organizaciones de izquierda radical en este país que están fomentando la violencia”.
Cuando se supo que el presunto asesino -hay muchas dudas al respecto- es un joven de 22 años, Tyler Robinson, quien creció en una familia mormona, conservadora y republicana, una familia normal que defiende con fuerza el derecho a tener armas según la Segunda Enmienda constitucional, la narrativa no cambió, reforzando la idea de que las redes, la universidad como centro de adoctrinamiento de izquierda (sic) o su novia trans lo desviaron del camino.
Fácil de incriminar, fácil también buscar excusas para intensificar la represión interna, ahora contra quienes toman las calles para las protestas masivas que hacen frente a las políticas de este gobierno que confunde la batalla cultural, como confrontación de ideas, con una verdadera guerra, deslegitimando a las instituciones y utilizando toda la fuerza del Estado, por medio de la intimidación.
No es lo mismo “ganar la cultura para después ganar el poder” (Gramsci) a usar el poder para controlar (aplastar) la cultura (Trump). (John Saxe-Fernández, La Jornada, Economía, p. 23)