¡Vaya manera de recibir a nuestros héroes!
(Redacción, La Jornada, Cp)
VAYA recibimiento en su tierra le tocó a la caravana de migrantes que fue interceptada ayer en Zacatecas por integrantes del crimen organizado que les robaron todo lo que traían, incluidos sus automóviles.
UNA VERDADERA vergüenza que después de dos años de no haber podido venir de visita desde EU por las restricciones provocadas por la pandemia de Covid, lo primero que les “regaló” su país fuera ser víctimas de un delito.
LA DURA realidad en esa entidad, en la que supuestamente gobierna David Monreal, es que la ya precaria situación de seguridad pública se ha agravado tras el asesinato del general Silvestre Urzúa, que encabezaba a la Guardia Nacional en ese territorio.
Y SI las Fuerzas Armadas encargadas de mantener la paz y el orden en la entidad no pudieron proteger ni a su jefe, ¿qué pueden esperar los ciudadanos de a pie y los viajeros que regresan de visita? (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
A una capitalina de tres generaciones, escasamente familiarizada con nuestras ciudades fronterizas, una visita a Laredo, Texas, y a Nuevo Laredo, Tamaulipas, le despierta una emoción cercana a la bipolaridad.
En la ciudad texana nunca tuve la necesidad de hablar inglés, comí excelente comida mexicana y los nombres de las calles me hacían sentirme en casa: Hidalgo, Buenavista, Doctor Mier, Juárez, San Bernardo, Los Amores, San Agustín.
El motivo de mi estancia fue impartir una conferencia organizada por las Corresponsalías del Seminario de Cultura Mexicana, Los dos Laredos, que se realizó en la sede de la universidad texana, que tiene una nutrida presencia de estudiantes de origen mexicano interesados en hablar bien el español y familiarizarse con su cultura originaria.
Ambas ciudades están totalmente conurbadas y apenas se advierte que se cruza la frontera, por lo menos al hacerlo de Texas a México, en que no hay ningún retén. En sentido contrario sí hay que pasar tediosos controles migratorios.
Se trata, en los hechos, de una ciudad que ha quedado dividida entre dos países, herencia de la codicia histórica del más fuerte. Sin embargo, la realidad se impone y en el lado estadunidense 94.3 por ciento de la población es de origen mexicano.
La fundación de la Villa de Laredo, en la ribera izquierda del río Bravo, data de 1755, para 1767 su superficie ya se extendía en ambas márgenes del afluente. Se le dio el nombre en memoria de una villa española llamada Laredo, situada en la provincia de Santander, España.
Los antiguos pobladores resistieron los ataques de las tribus de comanches y apaches –dueños originales del territorio–, las inundaciones, las sequías, el frío o el intenso calor, hasta 1818. En esa época comenzó una etapa de revueltas y guerras que a lo largo de 55 años modificaron las tradiciones, cultura e incluso el propio idioma, pero permaneció como una ciudad mexicana hasta la artera invasión estadunidense de 1847, finalizada con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, por lo que quedó dividida en dos.
Afirman diversos historiadores que ante el hecho consumado, un grupo de familias con un fuerte arraigo patriota tomaron la decisión de permanecer en el lado sur del río, que era la parte mexicana, y la llamaron Nuevo Laredo.
Cuenta la leyenda que esas familias desenterraron a sus muertos que habían sido sepultados al norte del río Bravo para que permanecieran en México, cerca de sus familiares.
El Laredo texano inició una época de gran prosperidad económica a partir de la década de 1870. Se desarrollaron ranchos de ganado que era trasladado por ferrocarril para su venta en otras ciudades estadunidenses. Se descubrieron minas de carbón al norte de la entidad y su exitosa explotación detonó la transformación de la desconocida villa a una ciudad importante, que dio lugar a que se convirtiera en uno de los puntos fronterizos más concurridos entre ambos países.
A fines del siglo XIX, el directorio de Laredo muestra la creciente prosperidad; contaba con electricidad, un gran mercado, refinería, cárcel, tres fábricas de ladrillos e incluso había un teatro de ópera.
En la actualidad, más de 36 por ciento del total de la actividad comercial internacional de México hacia el exterior cruza por Nuevo Laredo. De acuerdo con la Cámara de Comercio local, esto da como resultado que su economía gire en torno a la importación y la exportación.
A diario traspasan la frontera más de 3 mil rastras agrícolas y decenas de miles de otros vehículos. Se calcula que cada año más de mil 500 vagones de ferrocarril atraviesan ese punto fronterizo.
El control estricto de este tráfico monumental es prácticamente imposible, lo que permite el cruce de drogas, armas y dinero sucio que genera toda clase de violencia, cuyas consecuencias dolorosamente las padecen los habitantes de Nuevo Laredo.
En una breve visita como la que realizamos, la cara que vimos fue amable y esperanzadora. Los habitantes de los dos Laredos realizan muchos proyectos conjuntos, tienen estrechas relaciones familiares y de amistad, como las de las Corresponsalías del Seminario de Cultura, que comparten actividades que refuerzan las raíces comunes y la fraternidad. Gracias a Alfredo Arcos, de Nuevo Laredo, y a Irma Cantú, de Laredo, por su generosa y cálida hospitalidad. (Ángeles González Gamio, La Jornada, Capital, p. 26)
A medida que se acerca el fin de este año, surgen análisis y reflexiones sobre lo sucedido a nivel personal en nuestro entorno familiar, laboral y social. Es época de hacer cortes de caja, balances sobre lo logrado, lo que no se pudo concretar y, a la vez, se empiezan a delinear los planes, proyectos y deseos de lo que queremos para el año entrante.
En esta columna he compartido con mis amables lectores ideas y pensamientos sobre los eventos que he considerado trascienden lo ordinario, que sacuden el statu quo, con énfasis en temas internacionales y sus efectos en México. Destaca en mi opinión, las migraciones internacionales como un fenómeno de profunda relevancia hoy y en los años por venir: crece el enorme número de personas que se ven obligadas a dejar sus lugares de origen y buscar refugio en países fuera de su país (cinco millones de ucranianos dejaron su país huyendo de la guerra), el tráfico de migrantes y la trata de mujeres y niños se consolidó como el negocio más grande después del narcotráfico, con su violencia asociada; la compraventa de armas por grupos criminales y terroristas de lo que nos enteramos cuando se cometen homicidios masivos.
La invasión rusa a Ucrania es, sin duda, el evento más relevante del año, explicar sus consecuencias trasciende por mucho el espacio de esta colaboración; me limito a destacar el extraordinario liderazgo del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski y, en el otro extremo, Vladímir Putin, quien la historia condenará por haber iniciado una guerra fratricida, abusiva y totalmente irracional. Sus apariciones en reuniones de supuesto apoyo por parte de sus gobernados son verdaderas escenas teatrales. ¡Qué peligro que un hombre que parece perder la cordura tenga la capacidad de desatar una guerra nuclear!
En México, en los últimos meses ha surgido un anticipado debate político-electoral nunca visto. El presidente López Obrador lo propició, a la vez que lo denigró, al llamar a los posibles candidatos a sucederlo en 2024 como corcholatas, quienes han hecho caso omiso de la legislación electoral al hacer actos de campaña violatorios de las leyes en esta materia. Parece que tomó por sorpresa a los partidos de oposición, cuya subsistencia no es segura. El mismo Presidente ataca al INE, institución que ha demostrado con creces su profesionalismo, su capacidad de organizar elecciones ejemplares que acabaron con las tramposas prácticas que, durante décadas decidieron quienes nos gobernaron. Su presidente, Lorenzo Córdova, ha reaccionado con madurez y rigor institucional ante esta dificilísima coyuntura. La iniciativa de ley electoral enviada al Congreso por López Obrador es un retroceso que va en contra de la equidad, transparencia y participación de millones de hombres y mujeres garantes de su ejecución apegada a derecho. Al escribir estas líneas, lo más probable será que la SCJN definirá la constitucionalidad de la ofensiva presidencial en una decisión que marcará por años la política electoral de nuestro país, y con ello, la credibilidad de nuestra máxima instancia jurídica. Los ministros responsables de esta trascendente decisión tienen en sus manos una enorme responsabilidad. Esperemos estén a la altura.
El legado que dejará el actual gobierno estará en juego en los próximos meses hasta el 1º de octubre de 2024. López Obrador deberá aceptar la pluralidad de actores de los diversos partidos que delinea un mapa político con la sana diversidad que hay en nuestro país. El Presidente se debería sentir satisfecho por dejar a militantes de Morena, su partido, a cargo de múltiples gubernaturas, alcaldías, Congresos locales y una presencia definitoria de los debates e iniciativas en el Congreso federal. ¿No sería lo anterior suficiente para que se transforme en un estadista que deja atrás sus preferencias políticas y propicie un juego riguroso, maduro, basado en la ley para la elección presidencial en 2024? Podría elevarse y dejar atrás sus ataques y en sus ofensas, a cambio de apoyar que sean los mexicanos quienes decidan libremente si desean que su movimiento siga en Palacio o prefieren otra opción.
Veríamos si su movimiento en realidad subsiste, sin que él esté presente. La creciente conciencia social expresada en una masiva marcha, le brindan una nueva oportunidad para cumplir lo que ofreció a lo largo de su larga lucha por llegar al poder: trabajar para construir un país más justo, más equitativo, privilegiando a los que menos tienen. Ello no se puede concretar al polarizar el debate, al crear una imagen de ricos contra pobres, al aislar a México del mundo y al renunciar a combatir a la criminalidad desatada. En suma, nos espera un 2023 con nubarrones externos e internos. Dependerá de cada uno de nosotros cómo enfrentarlos para transformar el miedo y el pesimismo en ánimo, serenidad y alegría. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 8)