Las bandas del crimen organizado atrapan con más frecuencia y facilidad a menores de edad para usarlos como “halcones” (espías) o narcomenudistas. Con el tiempo terminan como gatilleros. Por eso es importante la petición para que Migración informe de los menores migrantes no repatriados a sus países. Al no protegerlos terminan como carne de cañón de la delincuencia. (Redacción, La Crónica, P.p.)
En México y en el mundo, hoy 18 de diciembre conmemoramos el Día Internacional del Migrante. Esta fecha tiene dos propósitos principales: promover una migración ordenada y segura que garantice los derechos humanos; y concientizar sobre las causas y dificultades involucradas en estos procesos.
En nuestro país, sigue pendiente garantizar una migración ordenada y segura, y el actuar de las autoridades responsables ha sido sumamente cuestionado. La mayoría de las y los migrantes se ven obligados a abandonar sus hogares de origen por falta de empleo, inseguridad, violencia, desastres naturales, entre otras condiciones sociales y/o materiales impostergables.
Por ello, el fenómeno migratorio debe motivarnos a exigir cuentas a las autoridades, a que estas expliquen con claridad el alcance de las propuestas proyectadas para atenderlo, así como sus limitaciones.
Además, la transparencia evita un posible maquillaje de cifras. En este sentido, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) ha sido consistente para garantizar el principio de máxima publicidad para que las instituciones facultadas transparenten su actuar.
Ante diversas negativas para entregar información migratoria clave, desde la Ponencia a mi cargo en el Instituto hemos resuelto diversos expedientes al respecto.
Este año, instruimos a la Guardia Nacional a que entregara información relacionada con deportaciones luego del fin del Título 42 en Estados Unidos; el INM debe informar sobre gastos relacionados con la operación de estaciones migratorias, así como la manera en la cual se protegen los datos personales de las y los migrantes ; ordenamos a que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) proporcione detalles sobre las indemnizaciones a los familiares de los 40 migrantes fallecidos en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 27 de marzo de 2023.
Las anteriores son sólo algunas resoluciones propias, pues reconozco que mis colegas Comisionados también han compartido la causa. De igual forma, en conjunto con la sociedad civil, promovemos y socializamos activamente los derechos tutelados entre la comunidad migrante. Los proyectos y resultados del Programa de Sensibilización de Derechos pueden consultarse en eventos.inai.org.mx
Gobernabilidad significa hacer valer el Estado de derecho para todas y todos los ciudadanos, pero más aún, para los grupos sociales en condición de vulnerabilidad, como lo son las personas migrantes. Sin información y sin privacidad, lo anterior no es posible.
Qué mejor conmemoración de este día que, como seres humanos, aportemos para mejorar la realidad de las personas migrantes. Seamos sensibles pues migrar, es decir, que alguien decida dejar su país o ciudad de origen, sus tradiciones y su gente, responde más a una necesidad urgente que a un simple deseo. (Julieta del Río, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
El día de hoy se conmemora el día internacional de las y los migrantes. Recordemos que la migración es una realidad mundial, más de 300 millones de personas radican en un lugar distinto al que nacieron. Vale la pena resaltar, además, los aportes tan importantes de las comunidades migrantes tanto para sus países de origen como para los de recepción, a nivel económico, social y cultural. Tan solo nuestros paisanos en Estados Unidos enviaron más de 50 millones de dólares en remesas durante 2023 a México, cifra que ha ido en franco aumento en los últimos años.
Hace unos días, en el foro global del refugio en Ginebra, Suiza, se abordaron las políticas, acciones y modelos de atención para la integración migrante, así como los desafíos en materia de seguridad, violencia y cambio climático. Dichos factores de empuje han cobrado relevancia en el escenario migrante y del desplazamiento interno en los últimos años. Al foro acudieron representantes del gobierno, refugiados y sociedad civil. Una de las participaciones que generó particular interés, por su potencial resignificación de lo que implica el fenómeno migratorio, es la de grandes empresas comprometidas con la inclusión migrante, tales como Femsa y Mabe en el caso de México.
Si bien México ha sido históricamente un país de tránsito, recepción, retorno, expulsión y desplazamiento interno, en los últimos años se ha distinguido como un país de destino. El año 2023 está cerrando con más de 140,000 solicitudes de refugio, posicionando a nuestro país como uno de los principales estados en los que se solicita el reconocimiento del estatuto de refugiado. En estados como la Ciudad de México se observa una presencia cada vez mayor de migrantes, muchas veces distribuidos en campamentos visibles a lo largo del territorio capitalino. En congruencia con la hospitalidad, interculturalidad, solidaridad e inclusividad que caracteriza a la CDMX, y que se encuentra en su marco legal, es necesario implementar un modelo de atención integral y transversal que ponga el acento en lo humanitario y en lo productivo, involucrando diversos sectores para lograr la inclusión financiera y laboral de las personas que busquen ser acogidas.
Estados Unidos, por su parte, también debe transitar a un modelo migratorio diferente al actual. La securitización, amenaza y control no han hecho más que incrementar las ganancias del crimen organizado que se dedica al tráfico de seres humanos. También han contribuido a la deshumanización y abuso en contra de personas migrantes, sin resolver nada de fondo. Lamentablemente, la contienda electoral en ese país ha derivado en propuestas cada vez más radicales. Días atrás tuvieron lugar negociaciones entre el presidente Biden y congresistas republicanos para endurecer algunas políticas migratorias relacionadas con visas humanitarias, deportaciones expeditas y refugios, a cambio de presupuesto para los conflictos armados en Israel y Ucrania.
Esto cobra especial relevancia para nuestro país, considerando que, desde mediados de 2020, la migración de mexicanos hacia Estados Unidos ha incrementado, convirtiéndonos nuevamente en la nacionalidad que encabeza las llegadas a ese país, siendo el principal motivo de expulsión la inseguridad y las amenazas de grupos criminales.
En la frontera con Estados Unidos según cifras de la Patrulla Fronteriza, se dieron 3.2 millones de detenciones durante el año fiscal 2023, 37% más que el año pasado. El aumento en el número de migrantes, destinado a crecer por la falta de alternativas para contener las múltiples causas de empuje en los países de origen, obliga a repensar el enfoque con el que debe atenderse el fenómeno migratorio. Políticas de securitización y criminalización han probado no solamente ser ineficaces, sino repercutir en los niveles de inseguridad y respeto a los derechos humanos de las personas en movilidad.
Con más de 1.2 millones de vacantes laborales en México y ante el fenómeno del nearshoring, el sector productivo ha mostrado interés en avanzar hacia la inclusión migrante. La puesta en marcha de políticas inteligentes, humanas, solidarias e intersectoriales es sin duda, una respuesta que puede beneficiar tanto a las personas en movilidad como a los países receptores. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A11)
La política migratoria del actual presidente de Estados Unidos ha sido justamente criticada por algunas organizaciones defensoras de derechos humanos, que abogan por las garantías para los migrantes, y por algunos medios y estudiosos de ese fenómeno. Argumentan que el número de detenciones y deportación de migrantes efectuadas por los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump palidecen comparados con los de la actual administración. Pero, analizar el problema migratorio en ausencia del contexto en el que ocurre contribuye poco para resolverlo, si es que eso es posible en la forma en que el mundo actual se comporta con millones de seres humanos.
Hay que decir que desde hace varias décadas el Partido Demócrata ha insistido en una reforma migratoria que haga justicia a los migrantes y al mismo tiempo resuelva las necesidades, algunas urgentes, de mano de obra en el país. Entre los promotores de esa transformación ha estado incluso el presidente republicano George W. Bush, a quien su propio partido puso en ridículo al negarse a aprobar una reforma que apoyó su administración.
Es un error juzgar la política migratoria actual, en comparación con la de administraciones anteriores, sin considerar la forma en que las condiciones económicas, sociales y políticas han evolucionado, o para ser más exactos, involucionado, en los países expulsores de migrantes. El aumento de la población que migra a Estados Unidos está relacionado en forma directa con esas causas.
Calificar como invasión la llegada de migrantes que solicitan asilo, como lo han hecho algunos legisladores, es un síntoma de su intolerancia. Su ignorancia y condición ultraconservadora no les permite entender que es un fenómeno mundial cuyas causas van más allá de la voluntad de quienes abandonan sus lugares de origen. No se puede detener con normas draconianas y arengas racistas y xenófobas, como los gobernadores de Florida y Texas han perpetrado. La forma por demás grotesca de empacar y transportar a miles de ellos con engaños y depositarlos a las puertas de las sedes de gobierno de estados como California y Nueva York, en castigo por la política migratoria tolerante de esos lugares, habla mucho de la calidad política y humana de esos gobernadores.
En este marco de intolerancia, los legisladores republicanos han condicionado el apoyo a Ucrania a cambio de un endurecimiento en la política migratoria. Obligar a que se escoja entre una y otra resulta mezquino e indignante.
Las encuestas revelan que migración e inflación son dos causas que influyen en la disminución de la popularidad del presidente Joe Biden entre las comunidades latinas. En el primer caso, la derecha acusa al gobierno de propiciar una política de puertas abiertas, por intentar dar un cause humanitario a quienes solicitan asilo; en el segundo, el incremento en el costo de la vida es un fenómeno que escapa al control exclusivo del gobierno, como lo han afirmado los diversos especialistas. Uno de los principales factores es la especulación y el aumento artificial de los precios mediante el que productores e intermediarios incrementan sus ganancias. Acusar al gobierno por la inflación producida por la derrama económica que ha realizado, precisamente en favor de los más necesitados, es en el mejor de los casos una gran paradoja.
El chantaje de los legisladores republicanos en castigar a quienes buscan asilo en Estados Unidos a cambio de mantener el apoyo al pueblo ucranio es algo que el presidente no debiera tolerar. Como están las cosas, Biden deberá ser firme en su política interna de apoyo a la mayoría que más lo necesita, y en la externa coadyuvar, en concierto con otras naciones, en el apoyo la causa de Ucrania. No hacerlo pudiera ser la llave que abra la puerta a la ultraderecha, con Donald Trump al frente. Al menos es lo que las encuestas revelan hasta hoy. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 10)
Desde su país de origen, durante el tránsito y en el país de destino, las y los migrantes enfrentan condiciones precarias y deshumanizantes que merman su integridad física y mental. Para las mujeres, niñas, niños y adolescentes, grupos con intersección de vulnerabilidad, la situación se agrava.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que una de cada tres mujeres migrantes en todo el mundo ha sufrido violencia de género. Pero, ¿cómo denunciaría cualquiera de ellas las agresiones que encuentra en el camino? Desde barreras como el idioma hasta la obvia de mantenerse escondidas de la autoridad por temor a ser deportadas impiden su acceso a mecanismos de protección y justicia.
En el caso de las niñas, niños y adolescentes, existe un riesgo latente de caer en redes de explotación laboral. Tan solo el año pasado, el gobierno estadounidense —principal país destino de las corrientes migratorias de Latinoamérica— encontró que 835 empresas emplearon a más de 3 mil 800 menores de manera ilegal. El drama de infantes que cruzan fronteras sin sus padres, desesperados por ofrecerles un futuro menos pobre o violento que el de sus territorios de origen, es desolador.
El dato más reciente disponible de Unicef revela que en 2017, casi 9 mil niños, niñas y adolescentes mexicanos que llegaron a Estados Unidos sin documentos fueron repatriados y la mayoría viajaban sin la compañía de un adulto. ¿Cuánto habrán encontrado en su camino que nunca debieron haber visto? El estrés postraumático parece ser la última de las prioridades de gobiernos empecinados en defender sus fronteras.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha convocado en diversas ocasiones a los países receptores a garantizar el derecho a la vida de migrantes, una condición que además considera iniciada desde antes del desplazamiento físico porque supone una preparación y predisposición mental a nivel individual, familiar y comunitario.
Cada 18 de diciembre es Día Internacional de la y el Migrante, una oportunidad para recordar que se hace camino al andar y mientras exista un entramado de solidaridad, empatía y humanismo nadie tendrá que transitarlo en soledad o desventaja. Ya estamos cerca de fin de año, ¿se vale soñar?
Que haya camino siempre, para todas y todos… después de todo, como dice el antimonumento instalado en Paseo de la Reforma por Uno de Siete Migrando AC en memoria de los 72 asesinados en San Fernando, Tamaulipas: “Migrar es un derecho humano”. (María Elena Esparza Guevara, El Heraldo de México, Mente Mujer, p 6)
Ya tenemos tren, aunque no sirva de nada. Como tenemos un nuevo aeropuerto; como tenemos una flamante, y grandiosa, refinería. Como tenemos un Presidente que todos los días tiene una reunión sobre seguridad a las seis de la mañana; como tendremos una farmacia inmensa, con todos los medicamentos del mundo.
Como tenemos —también— un gobierno que adoptó como blasón la imagen del propio mandatario, y como divisa aquella de “por el bien de todos, primero los pobres”. El Tren Maya es un logro que se presume simplemente porque se alcanzó, que no por su conveniencia: es imposible soslayar que su acometimiento destruyó la selva sin miramientos, y sin que existiera un estudio de factibilidad que lo respaldara como un polo de desarrollo para la región; sin que existiera una estrategia para beneficiar a las comunidades que atravesaría, sino, muy al contrario, comprometiendo el delicado equilibrio del ecosistema de que dependen.
Sin tomar en cuenta al territorio ni a la gente, sin mayor previsión que la mera intuición de un mandatario que, en cambio, sabe perfectamente cómo aprovecharlo para sus propios fines políticos. La infraestructura ya fue creada; el tren de marras ya existe —como las otras obras faraónicas— y eso en sí mismo es suficiente para legitimar la narrativa del Presidente y generar votos aunque las soluciones instrumentadas no resuelvan los problemas de fondo.
Los pobres seguirán estando ahí, aunque el tren —vertiginoso— ahora pase junto a ellos: los jóvenes continuarán migrando, y las comunidades vacías seguirán quedando a merced del crimen organizado. Al Presidente parecería convenirle, sin embargo: los contratos se han repartido, la popularidad se mantiene firme, los logros ahora pueden presumirse. La economía está boyante, las remesas se han incrementado como nunca y ahora constituyen el principal ingreso de un país que, por sí mismo, no podría sobrevivir: un país que se ha convertido en una fábrica de pobres que no sólo son explotados políticamente mientras permanecen en el territorio, sino también de manera económica cuando se ven obligados a escapar de una realidad sin futuro. Un tren sin destino alguno.
Una realidad sin futuro que, si bien fue provocada por la corrupción y frivolidad de los gobiernos anteriores, ahora está siendo explotada —política y económicamente— sin el menor escrúpulo. La administración en funciones presume sus logros económicos, aunque su viabilidad dependa, por completo, de los envíos de quienes han tenido que buscarse la vida en un lugar distinto. El gobierno de López Obrador no ha sido capaz de crear las condiciones suficientes para que el país pueda sobrevivir por sí mismo, sin las limosnas que le llegan del exterior: los logros de esta administración, como de cualquier otra, no tienen ningún sentido en tanto dependan de las remesas provenientes de la gente que sus propias políticas ha seguido expulsando.
“Son unos héroes”, festeja desde las mañaneras. Y cómo no habrían de serlo, si son quienes han financiado a una administración cuyo éxito depende de lo que para nuestros vecinos es un problema apremiante. La crisis migratoria es un problema real, claro y presente para EU, de cuyas consecuencias nuestro gobierno ha sabido aprovecharse —así como sus aliados impresentables— para lograr sus propios fines: las campañas se aproximan, y los gringos no tardarán en advertirlo. La próxima presidenta, sea quien sea, habrá de sufrir las consecuencias.
Tenemos un tren sin destino alguno; tenemos a un Presidente ensoberbecido y a una oposición beligerante, que preparan sus propias batallas. Tenemos a millones de personas que esperan un futuro mejor, de las que nadie parece acordarse; tenemos, también, a un vecino que nos mantiene en la mira. Tenemos una sociedad dividida, que tendrá que reconciliarse e incluir a los más pobres para salir adelante. Tenemos, sea como sea, un México por el cual seguir luchando. (Víctor Beltri, Excélsior, Nacional, p. 12)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)