Opinión Migración 190423

Bajo reserva

El manto protector de Morena arropa a Garduño

A diferencia de las 40 personas que murieron en el incendio del centro de detención del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, a las que nadie defendió, el jefe de este instituto ha recibido toda la protección de los legisladores de Morena, quienes han impedido que acuda a rendir cuentas ante el Poder Legislativo. A menos de dos semanas de que concluya el periodo ordinario de sesiones, nos dicen que en el Senado se quedarán con las ganas de la comparecencia del, increíblemente, aún titular del INM, Francisco Garduño, a quien la FGR abrió un proceso penal como uno de los responsables de la muerte de los 40 migrantes. Senadores de oposición aseguran que Garduño sigue contando con el manto protector de Palacio Nacional y de la mayoría de Morena por lo que ha sido más fácil que rinda declaración ante el Ministerio Público que dar la cara y acudir al Senado a dar explicaciones. La historia, nos hacen ver, pondrá en su lugar a quienes defendieron a un personaje que no defendió ni respetó los derechos humanos. (El Universal, Nación, p. 2)

¿Será?

Reto migrante

La organización Agenda Migrante entregó en la Cámara de Diputados un decálogo de acciones para que el Gobierno federal haga frente al fenómeno migratorio desde una visión de respeto a sus derechos. Al evento, nos confiaron, se le extendió invitación al padre Alejandro Solalinde, pero declinó asistir porque está fuera del país. Quienes entienden de migración esperan que el decálogo sea revisado por el religioso, quien se perfila para tener una participación importante en el Gobierno federal en el tema migratorio. ¿Será? (Diario 24 Horas, La dos, p. 2)

El Malo

Autoridades mexicanas detuvieron a José Wilfredo “N”, El Indio de Hollywood, líder de la Mara Salvatrucha que se escondía en el país; tiene órdenes de aprehensión en Estados Unidos. (El Heraldo de México, Editorial, p. 14)

México: un viacrucis para migrantes

En los últimos días se han registrado una serie de hechos que lamentablemente han cobrado la vida, la salud y el bienestar físico y mental de migrantes que utilizan a nuestro país como trampolín para alcanzar el llamado “sueño americano”. Sin embargo, ese afán se ha convertido en una auténtica pesadilla por las ineficientes, opacas e insensibles políticas migratorias puestas en marcha por el actual gobierno federal.

El 27 de marzo ocurrió un trágico incendio en un centro de detención de migrantes del Instituto Nacional de Migración (INAMI) en Ciudad Juárez, Chihuahua que causó la muerte de al menos 40 migrantes de diversas nacionalidades, así como graves afectaciones a la salud de los sobrevivientes. Este lamentable suceso es atribuible a la corrupción, negligencia y falta de atención de la actual administración hacia los migrantes, quienes estaban bajo su resguardo en condiciones infrahumanas.

La primera reacción del presidente ante el suceso fue la de culpar a las víctimas, aduciendo que ellos habían prendido fuego a los colchones en un supuesto motín. Dichas expresiones del presidente fueron falaces, vergonzosas y reprobables: horas después circularon las imágenes en que se demostró que si bien, el fuego fue provocado por algunos de los migrantes asegurados —protestando precisamente por las condiciones deplorables en que se encuentran— la conducta de los responsables de la estancia migratoria fue deliberada al encerrar bajo llave a los migrantes, y abandonarlos condenándolos a una muerte segura.

No obstante, lo anterior, el titular del ejecutivo quiso distraer a la opinión pública. Como ha sido su costumbre en casos similares, su prioridad ha sido proteger su imagen y la de sus colaboradores. En los últimos días se ha hecho público que los funcionarios del Inami en Chihuahua y los empleados de una empresa de outsourcing (que por cierto es una práctica prohibida), ya han sido vinculados a proceso. Sin embargo, los cercanos del presidente gozan de protección.

El lamentable acontecimiento desenmascaró la corrupción que se vive en el Inami: contratos opacos y discrecionales, prácticas prohibidas de terciarización, extorsión a los migrantes, trata y abusos sexuales, duplicidad en funciones, negocios a los allegados de la 4T en alimentos y transportes de migrantes, entre otros.

Desde el inicio de este gobierno fuimos testigos de las pésimas decisiones en materia migratoria de esta administración. Se recordará cómo de manera irresponsable y sin sustento técnico, el presidente ofreció visas de trabajo de manera indiscriminada a todo aquel que quisiera ingresar a México. Esto generó una oleada de migrantes que, organizados en caravanas, se vieron alentados para cruzar el territorio nacional rumbo a los Estados Unidos. Ante esta situación, el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reaccionó dando origen a aquella frase de que “dobló” al gobierno mexicano y lo obligó a desplegar a la recién creada Guardia Nacional compuesta por soldados del ejército mexicano para contener la ola migratoria.

Por otro lado, tenemos la inacción ante los grupos criminales de la delincuencia organizada que trafican con los migrantes y lucran de manera millonaria con la necesidad de los hermanos migrantes. Esta realidad se empieza a desbordar: hace unos días se conoció el secuestro de 40 migrantes en San Luis Potosí y la muerte de una persona que conducía el vehículo que los transportaba. Las investigaciones terminaron por revelar la privación de la libertad de cien migrantes más. Todo lo anterior demuestra que México se ha convertido en un auténtico viacrucis para los migrantes.

En el Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional hemos exigido, incluso ante instancias internacionales, que se llegue al fondo en el esclarecimiento de los hechos en que fueron privados de la vida los hermanos migrantes en Ciudad Juárez; ellos no murieron, los mataron. 

El gobierno debe de implementar las leyes vigentes en materia de migración para salvaguardar la integridad de las personas migrantes a su paso por nuestro país, protegerlos es una responsabilidad y compromiso. No permitiremos que siga el desorden y la negligencia que han sido generalizados en este gobierno. (Jorge Romero Herrera, El Universal, Opinión, p. 21)

La Feria / El poder y el control… II

El sexenio hombre no existe. Es un delirio de nuestros presidentes: que en sólo seis años México se parezca a lo que el mandatario pretende; pero al final, la realidad se impone. El país termina por parecerse a lo que es, por encima de lo que su gobernante mayor haya deseado.

México hoy es San Cristóbal, con motonetos prendiéndole fuego. El principal poblado del hechizo turístico chiapaneco hoy en medio de pólvora. La mañanera dirá que es aislado, que no es generalizado, que fue provocación, que ya los detendrán, que cero impunidad. El mundo sentirá pesar por San Cristóbal, no por AMLO y su promesa de paz hecha humo.

La nación se parece más a la demencial política de encerrar a personas migrantes como si fueran delincuentes. Ciudad Juárez o la demostración de que el gobierno nunca entendió que no podía ni debía aceptar ser el carcelero de Washington. Cuarenta muertos en una sola noche. Muertos visibles por un incendio mientras ocurren miles de secuestros invisibles.

Año cinco del sexenio y la DEA y el procurador de Estados Unidos denuncian que una nueva generación de conocido grupo criminal inunda las calles estadounidenses de mortíferas drogas. El Presidente mandará misivas, mentís diplomáticos que nada pesan, ni aquí ni en China. Marcelo, haz una protesta, haz otro ridículo, di algo, ¡con los Chapitos no!

Al Ejecutivo le amanece una semana con un secuestro de cuatro estadounidenses en Matamoros y son los mismos criminales los que le ayudan a procesar a los autores de ese rapto que termina con dos de los foráneos asesinados. ¿Su Guardia Nacional? Ésa en otra ciudad tamaulipeca lleva en 2023 dos ataques a ciudadanos inermes, con muertos, claro.

¿El Chueco? Nunca lo detuvo su gobierno. Lo mataron criminales. Los jesuitas no tienen justicia, pero para nada son los únicos. Ellos tienen muertos muy visibles, pero ¿quieren más muertos?: Acapulco, Colima y la Riviera Maya son un reguero de cadáveres. Un balneario en Cortazar es una alberca de sangre.

La prensa sale justo a la hora de la reunión de seguridad en Palacio. ¿Quién leyó primero a Ignacio Rodríguez Reyna describir que al general secretario le gusta viajar como líder de sindicato petrolero? ¿De verdad AMLO no sabía de esos lujitos? ¿Ni Cresencio Sandoval le hace caso en eso de la austeridad? Y usted, Presidente, con tamalitos de chipilín. Provecho.

Ayotzinapa no será resuelto este sexenio. Y menos si los fiscales especiales renuncian, menos si en vez de dejarse ayudar por activistas de probada honestidad y profesionalismo como los del Pro, el Ejército prefiere espiarlos con Pegasus. AMLO manda telegrama a Calderón y Peña: empatamos, yo también soy Pegasus.

A Andrés Manuel López Obrador, que tanto esfuerzo ha puesto en ser el único que dicte lo que ocurre y lo que no en México, la narrativa se le sale de control una semana sí y otra también.

Su gobierno legará enormes obras que comprometen el presupuesto, un discurso de un patriotismo energético que costará demasiado, un Ejército tan empoderado que hasta la Marina lo resiente, pensiones y becas a las que habrá que buscarle viabilidad, pero también dejará, en cosa de año y medio, los enormes problemas que no resolvió.

En la segunda mitad del sexenio López Obrador, publiqué aquí en octubre de 2021 (https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/2021/10/18/el-poder-y-el-control/), tendría poder, mucho poder, pero el control se le iría escapando. No es nada original, es el sino de toda presidencia.

Con su poder ataca hoy al Inai, como ayer al INE, pero su falta de control llena las primeras planas. Él y la gente lo saben. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

Desde afuera // México y la derecha de EU

En la visión más escandalosa de los planteamientos republicanos, la relación con México incluye la posibilidad del uso de recursos militares estadounidenses para enfrentar la amenaza del tráfico de drogas y el cierre de fronteras para detener la llegada de migrantes. 

En una visión más refinada, es un país en retroceso político y económico, promovido, según el exsubsecretario de Estado, Elliot Abrams, “por un Presidente mexicano que no valora ni acepta los límites a su poder personal que impuso la democratización, y está dispuesto a desgarrar las estructuras institucionales y legales que protegen la libertad de expresión y prensa, elecciones libres, y el estado de derecho en México”.

Abrams fue subsecretario de Estado para América Latina en la década de los 80, bajo la Presidencia de Ronald Reagan, y más allá de la andanada contra el presidente Andrés Manuel López Obrador, su planteamiento implica la posibilidad de un cambio de paradigma en la relación bilateral.

De hecho, plantea la necesidad de muchos y más abiertos pronunciamientos estadounidenses sobre problemas mexicanos de democracia y derechos humanos, que en su opinión, eran ignorados deliberadamente para evitar problemas en los tratos entre los dos gobiernos. Pero eso, dijo en un blog publicado por el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, ya no es posible.

Según la visión del experto, que trabajó con los gobiernos de los también republicanos George W. Bush y Donald Trump, “la desaparición o debilidad del estado de derecho en México, incluida la erosión de los derechos de propiedad y contractuales y la pérdida de control de regiones enteras del país a manos de grupos criminales, será perjudicial para Estados Unidos en formas que no habrían sido en la década de 1980”.

En cierta forma, sería fácil descartar la opinión de Abrams, un abierto “halcón” de política exterior , por su también abierta militancia neoconservadora. Pero aunque pecaminosa para muchos, no es delito y esa forma de pensar es parte de la filosofía política estadounidense, especialmente del centro hacia la derecha y tiene peso real entre los republicanos.

Para Abrams, “durante décadas, EU fue casi silente sobre la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho en México”. Ahora, opinó, “un gobierno mexicano libremente elegido que respete los derechos humanos no debe verse como un lujo que EU no puede permitirse el lujo de apoyar”.

Se refirió también a la importancia de un gobierno democrático y fuerte que tenga el respaldo interno para enfrentar a peligros como la violencia delictiva, que estima podría afectar pronto al turismo y la actividad productiva.

 

Tan correcta o incorrecta como se quiera, la visión de la derecha estadounidense incluye la idea de que “un México que vuelve a caer en la política autoritaria, la corrupción y la anarquía no será el socio que Estados Unidos necesita para proteger sus muchos intereses críticos con este vecino estratégicamente importante”. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)

El cristalazo // La indigna maroma

PASE DE LISTA

Desea esta columna aportar algo al humanismo de la IV-T. Estos son los nombres de la estación migratoria de Juárez. Ya pueden comenzar el cotidiano y doloroso pase de lista.

¡Fue el Estado!

Julián David Villamil Arévalo, Jorge Luis Tumbaco Santiestevan, Andrés Fernando Calderón Carbajal, Carlos Alberto Pacheco Gutiérrez, Daniel de Jesús Varela Ramírez, Enrique Alfonso Melara Rivera, Inmer Onesi Molina Hernández, José Amílcar Portillo Solórzano, Milton Alexis Melara Melgar, Misael Antonio Aguilar López (IMSS), Roberto Antonio Henríquez Evangelista, Bacilio Sutuj Saravia, Byron López Xol, Cruz Ernesto Chich Marroquín, Diego Sau Guarchaj, Edwin Gilberto Ixpertay Macario, Elvis Adelmar Pérez Esteban, Eyner Anibal García Dieguez, Francisco Gaspar Rojche Chiquival, Francisco Javier Sohom Tzoc, Gaspar Josue Cuc Tzinquin, , Juan Fernando Quiñones Montejo, Manuel Alexander Chox Tambriz, Marco Antonio Lucas Paiz, Marcos Abdon Tziquin Cuc, Miguel Rojche Zapalu, Miguel Sebastian Pedro Mateo, Raymundo Quib Tzalam, Roberto González Hernández, Santiago Caal Tzul, Wilson Alexander Juárez Hernández, , Cristhian Javier Carranza Toro (Hospital General), Dikson Aron Córdova Perdomo, Edin Josué Umaña Madrid, , Jesús Adony Alvarado Madrid, José Alfredo Hernández Muñoz, José Ángel Ceballos Molina, José Armando Rivera Muñoz (IMSS 35), Juan Carlos Trochez Aguilar (Hospital General), Oscar Danilo Serrano Ramírez, Carlos Eduardo Rodríguez Cordero, Joel Alexander Leal Peña, Orangel José López Guerrero, Orlando José Maldonado Pérez, Oscar José Regalado Silva, Rafael Mendoza Mendoza, Rannier Edelber Requena Infante, Samuel José Marchena Guilarte (Conexión migrante). (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)

Descanso para Beatriz y minuto de silencio por los migrantes

Beatriz durmió más de 12 horas continuas sin soltar de sus brazos a su hijo Carlos, de apenas cinco años. Su cansancio no era sólo por los miles de kilómetros que caminaron desde que cruzaron la frontera de Chiapas hasta llegar al albergue para migrantes “Casa Galilea”, ubicado en León, Guanajuato. Ella también quería descansar del hambre, de las inclemencias del tiempo y, sobre todo, del miedo. “Beatriz perdió en el camino a su esposo, secretario…”, me contaron en el albergue en la visita que realicé para entregar despensas.

Al mismo tiempo, en las redes sociales corría la noticia de que la Fiscalía General de la República procedería con investigaciones por la muerte de migrantes en Ciudad Juárez. Mientras Beatriz se tomaba un respiro antes de continuar su camino rumbo al “sueño americano”, en México seguimos buscando, según especialistas en la materia, sanar “burocráticamente” las heridas que han dejado tragedias como la de Ciudad Juárez y de la cual, quizás, la misma Beatriz y Carlitos lograron escapar.

En mi artículo de la semana pasada hablaba de que la tragedia es, desafortunadamente, la sombra que acompaña a muchos migrantes. Pero, más allá de la indignación y del dolor que estos terribles sucesos nos dejan, ¿qué estamos haciendo para remediar sus causas? Soy de los convencidos de que el trabajo colaborativo es la única forma de enfrentar estas duras pruebas.

En mi calidad de titular de la Coordinación Nacional de Oficinas de Atención a Migrantes (Conofam) y como Secretario del Migrante y Enlace Internacional del Estado de Guanajuato tuve la oportunidad de asistir al Congreso de la Unión, invitado por la presidenta de la Comisión de Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados, Rosa María González Azcárraga, para hablar de la importancia que tiene este organismo en México. Y les hablé, precisamente, de cómo en la Conofam hemos podido organizarnos, sin importar ideologías ni colores partidistas, y enfocarnos en atender de manera conjunta los retos que implican la migración en nuestro país.

Durante esta sesión de trabajo en el Congreso de la Unión fue motivante ser testigo de que la Comisión de Asuntos Migratorios llamó la atención de manera extraordinaria, incluyendo, por supuesto, a los representantes de todos los partidos políticos para escuchar de propia voz lo que hemos hecho en la Conofam para ser esos acompañantes incondicionales de los migrantes.

Entre otras cosas, les hablé de cómo el trabajo colaborativo entre las distintas entidades ha permitido generar buenas prácticas para que otros estados las repliquen e, incluso, las mejoren. Por ejemplo, Zacatecas y Guerrero, al inicio de los años noventa, crearon el programa “Dos por uno”, el cual sirvió para que en 2001 se implementara a nivel nacional como “Tres por uno” y así concretar proyectos mediante la concurrencia de recursos de los migrantes, federación, estados y municipios.

Entre los acercamientos que tuve con los diputados, algunos me preguntaron: si tuviera que definir en una sola palabra la importancia que tiene la Conofam para México, ¿cuál sería? Respondí con toda honestidad: acompañamiento. Para no ir más lejos, a pesar de la contingencia sanitaria que sufrimos por el Covid-19, en los últimos tres años no dejamos solos a los migrantes y pudimos atender de manera oportuna sus necesidades, no sólo de salud sino de cualquier otra índole.

No olvidemos que las oficinas, institutos y secretarías estatales de atención a los migrantes fuimos quienes realizamos las tareas esenciales durante la pandemia, como el traslado de cuerpos o la entrega de despensas a las familias de los migrantes. Unidos fue como logramos salir adelante y unidos es como seguiremos acompañando a nuestros migrantes, les dije a los integrantes de la comisión, invitándoles a consolidar una agenda con la Conofam.

Hoy estamos más convencidos que nunca de la importancia que tiene la Conofam para México. Es por esto que nuestro compromiso es seguir fortaleciendo los lazos de cooperación entre los 32 estados del país y lo queremos hacer también con la Comisión de Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados. Puedo destacar muchas cosas más de esta sesión de trabajo en el Congreso de la Unión, pero lo que me dejó absorto, aún ahora que escribo estas líneas, fue el minuto de silencio que se dedicó en honor a los migrantes muertos en Ciudad Juárez.

Ese silencio caló y muy profundo, pero también sirvió, estoy seguro, que para quienes asistimos a esta reunión, cerráramos los ojos por un momento y entendiéramos que el tema de la migración es de vida o muerte. De ese tamaño es nuestra responsabilidad y de esa magnitud deben ser nuestras acciones. Antes de poner punto final a este artículo, no dejo de pensar en Beatriz y Carlitos. Quizás ya dejaron atrás la “Casa Galilea” y estén, en el mejor de los casos, a punto de llegar a la frontera con Estados Unidos. Al menos en Guanajuato, como nos ha instruido el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo para que les facilitemos la vida a los migrantes extranjeros, contaron con un espacio para reponer fuerzas y enfrentar nuevamente al miedo. (Juan Hernández, secretario del Migrante y Enlace Internacional de Guanajuato y presidente de la Conofam, El Sol de México, Análisis, p. 13)

La eterna migrante

Ella nació en lo profundo de la Montaña, en el pueblo nahua de Ahautepec, a las orillas de Tlapa. Como muchos niños de esa región, supo lo que era “ganarse la vida” desde muy corta edad. Apenas tenía ocho años, cuando junto con sus hermanos se fue a trabajar de jornalera agrícola al norte de México.

Entre surcos vivió su infancia. Atestiguó cómo los pesticidas matan a cientos de infantes entre los surcos, tras la omisión de las autoridades y los dueños de las empresas que sin regulación viven impunes. Su vida itinerante le impidió terminar la primaria.

Vio cómo su madre sufrió al dar a luz a sus hermanitos en las galeras donde viven hacinados los jornaleros; es casi imposible escapar de las enfermedades en esos lugares donde la higiene es poca. Como si no fuera suficiente, también se cobra factura los altos grados de desnutrición que presentan las familias. Todas estas vivencias la marcaron de por vida. Cada cierre de la temporada de cosecha regresaban a su comunidad, pero tan sólo era para descansar unos meses y volver a trabajar.

Havita se dio cuenta de que no habría futuro para ella ni para sus hermanos, pues en su comunidad no había oportunidades educativas, ni servicio médico de calidad ni empleo. Con ese panorama, sabía que si se quedaba en Ahuatepec, estaba condenada a reproducir la pobreza que la hizo trabajar desde muy pequeña. Por eso, a los 16 años enfiló hacia el norte. Cinco días después, llegó a Nueva York, la otra montaña de acero.

Allá le tocó picar piedra y construir un nuevo futuro para ella y sus seres queridos; en breve la alcanzarían en EU. 

En la gran manzana no había tiempo para la añoranza, todo era trabajo y múltiples responsabilidades. Poco a poco ayudó para que sus hermanos viajaran allá. Primero fue Víctor, uno de los menores; siguieron dos más y por último Elena. Parecía que la vida le sonreía, pues a pesar de las condiciones migratorias en EU, estaba teniendo el futuro que nunca se le permitió soñar en su comunidad.

Trágicas noticias no tardaron en llegar, ensombreciendo sus logros. Su madre le comunicó que sus hermanos Miguel y Rut habían fallecido a causa de una intoxicación por un pesticida para sembrar la milpa. Lo más triste fue que con su partida dejaron a dos niños huérfanos. Desde entonces Havita se ha reprochado, pues no estuvo ahí para ayudarlos y aquel abrazo de despedida que les dio al dejar su pueblo, fue el último de toda su vida.

El tiempo pasó en aparente calma. Lo que no pensó Havita es que uno de los más grandes retos que viviría en EU sería el penar que muchas mujeres de la Montaña viven: la violencia machista de sus parejas. Mauricio, el ex esposo de Havita también originario de la aquella región guerrerense, le gritaba, la golpeaba y violentaba. 

Muchos días tuvo que disimular los moretones en el rostro producto de las agresiones de su pareja. Ella lo justificaba pues, según las costumbres, era su “deber como mujer aguantar y resignarse”. No importaba lo que ella hiciera, siempre Mauricio sacaba su ira contra ella. Lo que no pensó su ex esposo es que Nueva York, no era cómo Ahuatepec. El día que ella decidió denunciar la violencia, él paró en la cárcel. Esto sorprendió a Havita, pues en la Montaña, generalmente estas acciones quedan impunes.

Tras frenar la violencia de su esposo, Havita descansó y supo que no debía permitir que ninguna de sus hijas viviera eso. Estaba decidida a romper ese ciclo, pues no había arriesgado tanto al migrar y comenzar una vida, para estar condenada a la misma suerte de su madre y sus abuelas. Existir en un país como Estados Unidos con las costumbres comunitarias se ha vuelto un reto para muchas migrantes, pues la nueva realidad que viven las obliga a romper los patrones de agresión vividos por años.

Muchas veces son sus empleadoras o las profesoras de sus hijos las que las apoyan a denunciar. Las migrantes se han vuelto pioneras en erradicar estas prácticas, sin importar el costo de ser señaladas en sus familias. La diferencia de los contextos genera las condiciones para alzar la voz y reclamar sus derechos negados.

Havita siguió adelante con sus cuatro hijas y su hermana. Entre ellas montaron un pequeño negocio de comida. Poco a poco salieron adelante. Víctor, su hermano, se mudó con ellas para apoyarlas en los gastos. Gracias al empeño de Havita, lograron que su madre obtuviera una visa, que le permitirá volverlos a ver. Pareciera que la situación iban mejorando.

La familia que quedaba en Guerrero, batalla contracorriente ante la falta de oportunidades y el crimen organizado en la región. Ellos vivían sólo de las remesas. Sus sobrinos Juan y Eduardo, hijos de sus hermanos fallecidos, fueron acosados por los grupos criminales de la ciudad y obligados a trabajar para ellos. Los jóvenes debieron huir. Tendrían que migrar. Doña Antonia se comunicó con Havita y le pidió encargarse de sus sobrinos. Ella se informó y supo que podrían obtener protección del gobierno estadunidense.

Los jóvenes lograron cruzar a EU y gestionar su asilo. Tuvieron que demostrar la vulnerabilidad en que vivían al negarse a trabajar con el crimen organizado. Al encontrarse en EU, Havita pidió la custodia de los menores, debió pasar varias investigaciones para garantizar que ella era la mejor guardiana para Juan y Eduardo. Havita logró la custodia y les dio el futuro que no tendrían en México.

Havita, sus sobrinos y su familia ahora están juntos, viviendo en las dos realidades, pues mientras EU les da las oportunidades que su país les negó, siguen añorando lo que han dejado atrás pese a la desigualdad y el profundo abandono que se encuentra su comunidad. Tienen confianza en que sortearán los retos que se les presenten.

La vida de Havita nos recuerda las complicaciones en las comunidades indígenas en México, donde la pobreza multidimensional y el racismo histórico de gobiernos los ha colocado siempre en situación de sobrevivencia. Ella sin buscarlo siempre ha sido la eterna migrante tanto dentro como fuera de su país. Nunca fue vista como igual, pues a pesar de existir 23 millones de indígenas en México, no se sintió parte. Sintió en carne propia lo que es la discriminación, ahora ella y su familia han decidido granjearse un futuro en un país extraño.

Al igual que Havita, cientos de mujeres indígenas viven todos los días siendo las responsables de sus familias, donde el rechazo a la violencia las ha hecho romper los ciclos que por siglos las ha marcado y ha costado la vida de muchas. Es irónico que en tierras ajenas hayan logrado la justicia negada en tu propio país. Havita y su familia serán tan sólo una estadística más de cómo el sistema mexicano les ha fallado, pues no han logrado revertir todos los factores para que ella dejara de ser la eterna migrante. (Fabiola L. Mancilla Castillo, La Jornada, Opinión, p. 23)

Cartones

carton 1

(Jabaz, Milenio Diario, Al frente, p. 3)