La visita de trabajo del presidente López Obrador a EU fue relevante, pero tuvo fallas en la ejecución. Al ser de trabajo, implicó un protocolo más laxo. El no explicarlo, provocó críticas innecesarias.
Conviene preguntar por qué se programó el mismo día que el Presidente de EU salía a una gira al Medio Oriente. No hubo reunión con comitivas y se notó la ausencia de Biden en el encuentro con empresarios.
Los presidentes posaron para la foto en la Oficina Oval. No se acordó un espacio para discursos y ese momento se convirtió en el foro para que el presidente López Obrador leyera sus propuestas en materia de control de la inflación y migración.
Las palabras del presidente Biden guardaron una relación con el Comunicado Conjunto emitido en la noche del 12 de julio. La intervención del presidente López Obrador no tuvo relación con el comunicado. Congruencia y coordinación en el lado estadounidense, descoordinación en el mexicano.
Parece que Palacio Nacional define prioridades de política exterior que la cancillería no ejecuta. El comunicado conjunto reconoció la importancia del T-MEC como marco jurídico y fundamento de la competitividad de América del Norte.
La Secretaría de Economía ha hecho su tarea, pero ello no impedirá que se presenten en un futuro demandas por supuestas violaciones al Tratado.
También se reconoció la necesidad de fortalecer las cadenas de valor. En materia de seguridad destaca el anuncio del establecimiento de un grupo de trabajo operativo para interrumpir el flujo de fentanilo a EU. Ninguna referencia a detenciones de cabecillas del crimen organizado.
Fue importante el tema de la seguridad alimentaria, en particular el anuncio de la compra de leche en polvo y fertilizantes para apoyar a los más necesitados en México. No se mencionó el reto futuro de la adquisición de granos, en particular maíz, para cubrir la futura demanda mexicana.
En lo relativo a migración, el presidente López Obrador pidió al presidente Biden una regularización de los migrantes que se encuentran en EU y un programa de trabajadores temporales.
Biden contestó que EU ha otorgado más de 300 mil visas H2A para trabajadores agrícolas en 2021. Se sabe que entre 80 y 90% son para mexicanos. Ratificó que el marco en que se discuten los temas de migración será el acordado en la pasada Cumbre de las Américas, no sólo de manera bilateral.
Biden se refirió a la lucha contra el tráfico de personas ejemplificando con la tragedia de San Antonio. El Presidente mexicano no lo mencionó. El comunicado conjunto sí lo incluye.
Un tema que causó confusión fue el de las inversiones para infraestructura fronteriza. Una vez más la parte mexicana falló en explicar en el comunicado conjunto a qué proyectos se destinarían los 1,500 millones de dólares (30 mil millones de pesos). Un vocero de la Casa Blanca dijo después que se enfocarían en controles fronterizos. Hubo que aclarar. (Martha Bárcena, El Heraldo de México, País, p. 10)
El programa de gobierno de AMLO incluyó desde el principio la tesis de que la inseguridad pública debía ser superada operando sobre las causas que la configuran. El enfoque es correcto, pero es necesario tener presente el universo y la dimensión real de los factores causales. Se verá que es algo inabarcable para cualquier gobierno, incluido el de EU.
Están, en primer lugar, los dos inmensos mercados estrechamente interrelacionados de las armas y las drogas. Territorialmente, los dos están en ambas naciones, aunque una parte decididamente menor de los mismos está en México. Desde este país se venden drogas y se compran armas. En EU se venden y compran armas y drogas. En economía una frontera es apenas una aduana, no más; las interrelaciones de esos mercados serían las mismas con aduana o sin ella: la frontera no cuenta.
En EU ocurre: 396 millones de armas están en posesión de sus ciudadanos, las que se renuevan constantemente debido a la obsolescencia programada. Agréguense las ventas anuales de armas al mundo por 285 mil millones de dólares sólo en 2020 (Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo). Desde el año 2000, la producción de armas en esa nación se ha triplicado y ahora mismo recibe un impulso incalculable por la guerra en Ucrania. Es sabido: la de EU es la mayor y la más desregulada industria de armas del mundo. Se estima en 500 mil las armas que entran ilegalmente en México anualmente. Un trozo apenas, que es aquí una conmoción.
En EU ocurre: 59.3 millones de personas consumieron drogas ilícitas en 2020; según la ONU, más de 100 mil personas fallecieron por sobredosis en ese país entre abril de 2020 y abril de 2021, con un incremento de 28.5 por ciento respecto al año previo; cada 25 segundos es detenida una persona por posesión de drogas, más que por cualquier otro delito, en medio de su criminalización legal. La modernidad capitalista gringa provoca la enferma soledad que condiciona el escape, o viaje, individual o entre congéneres, mediante drogas.
El 17 de junio de 1971 el presidente Richard Nixon las declaró enemigo público número uno y decidió una ofensiva total que se libraría tanto dentro como fuera de las fronteras de EU, con la finalidad de enfrentar y acabar con el enemigo. En los siguientes 50 años la guerra a la drogas se intensificó constantemente; el mercado de armas y el consumo de drogas, también. Quién puede con eso.
El crecimiento de la demanda gringa de drogas impulsó, especialmente en México –y en Colombia–, su producción y venta a los consumidores gringos a través de capos gringos de la droga. El carácter ilegal de las drogas determinó que esa producción y venta mexicana fuera realizada por grupos ilegales: los narcos.
El precio inusitado de las drogas impulsó ganancias estratosféricas, y ello mismo provocó rivalidades entre grupos de narcos mexicanos; y el carácter ilegal de esos grupos indujo su persecución por policías y militares mexicanos. Rivalidades y persecución dieron origen al tráfico ilegal de armas desde EU. Todo ello se tradujo en parte de la corrupción del gobierno mexicano (funcionarios, policías, militares).
Las altas ganancias por producción y tráfico aparecieron en México, por necesidad, entre capas sociales empobrecidas por el subdesarrollo. Dinero a raudales llegó a familias y pueblos enteros que aportaban seres humanos ansiosos de convertirse en narcos: una figura que se volvería mítica, intensamente envidiable, de enorme prestigio entre los de abajo, con épicas cantadas en narcocorridos, con altos consumos aunque vivan en jaula de oro. Los cárteles evolucionaron hasta convertirse en empresas trasnacionales que operan en numerosos países del mundo. Los narcos entraron después en nuevas líneas de tráfico ilegal, como los migrantes, las mujeres o los adolescentes. Quién puede con eso.
En el océano descrito, al que no se le ven las orillas, la acción del gobierno mexicano no resulta mayor que un ojo de hormiga. El gobierno de Felipe Calderón provocó una catástrofe social a lo tontejo, y su efectividad sobre la operación narco fue cero, aunque agrandó la corrupción desenfrenada de su secretario de Seguridad García Luna. Cada muerte de un narco es sólo una oportunidad de trabajo para un nuevo aspirante, en una cadena sin fin.
Es un sinsentido la política de balazos. Pero la política de atajar a los jóvenes para que no los alevante el remolino del narco, mediante un apoyo, es insignificante. Es un problema de AMLO, también para los gobiernos venideros y para la sociedad mexicana entera. No se puede derrotar al narco con las armas. Se puede mediante la educación y el trabajo para todos, durante mucho tiempo. Y eso tardará en llegar años sin cuento, y otros tantos en madurar. Acaso antes caiga en desgracia el capitalismo.
Ahora y en lo venidero el tema es aminorar los daños: 14 personas muertas fue probablemente el costo de capturar a Caro Quintero; caro, muy, muy caro. Los militares llaman a esas personas, asépticamente, elementos. (José Blanco, La Jornada, Opinión, p. 15)
Hace un par de semanas hubo relevo al frente del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Pese a que muchos atribuyen a Carlos Morán Moguel el deterioro de esta infraestructura, lo cierto es que el AICM viene en declive desde hace muchos años. Esa era la razón de construir un nuevo aeropuerto que lo sustituyera porque -hay que decirlo- la ampliación con la Terminal 2 y las adecuaciones del 2005 y 2006 no eran permanentes, sino temporales y ahora ha llegado el momento de que esta temporalidad cobre factura.
Por eso es que el deterioro se nota cada día más. Desde la inauguración de la T2, personajes de la talla de Federico Dovalí (constructor de aeropuertos, si los hay) advertían de ciertas fallas en la cimentación de los cuerpos de la Terminal, ya que se hallan en terrenos que se hunden de manera diferencial con el consecuente deterioro de la conectividad interna.
Estamos hablando de que el edificio central con su ambulatorio tiene un hundimiento distinto al de los dos “dedos” (donde se encuentran las salas de abordaje y los pasillos telescópicos que conectan a los pasajeros con los aviones en plataforma), denominados norte y sur. En la planta baja de estos “dedos” están las bandas de equipaje y las instalaciones de aduana y migración, que tantos dolores de cabeza han causado a los usuarios, entre otras cosas porque la falta de inversión tiene parados muchos equipos de vigilancia tanto de personas como de maletas y también falta personal suficiente.
Hay, además, un tercer edificio, añadido a fines del sexenio anterior con nuevas puertas y la zona de aerocares para el acceso a las plataformas remotas.Además de estos cuatro cuerpos está el ambulatorio exterior, donde se encuentran las puertas de llegada y salida, los mostradores de acogida y bandas para dejar los equipajes, así como los restaurantes exteriores y otros comercios.
Aunque ya se han hecho algunas de las correcciones necesarias (como iniciar la separación de los tres cuerpos centrales), aún falta mucho para que se considere que la Terminal dos se encuentre en estado óptimo.
No hay que olvidar tampoco los problemas de drenaje. Dentro de la T2 hay un problema grave de tuberías en mal estado o simplemente fuera de su cauce original, por los hundimientos que ya detallamos más arriba y por el desgaste natural de los años que lleva funcionando, cuando la T2 sólo estaba prevista para usarse en un horizonte de mediano plazo.
Desde luego que hay mucho más qué hacer en el resto de las 762 hectáreas del perímetro, que ya iremos comentando, pero al menos en el calendario de Morán, uno de los principales retos era iniciar la cirugía mayor del Aeropuerto capitalino en esta Terminal 2.
El nuevo director, el vicealmirante Carlos Velázquez Tiscareño, acaba de decir que no está claro si se seguirá el plan iniciado por su antecesor pues tiene que revisarlo antes. Este es uno de los problemas de los cambios de mandos que en este sector ya se han hecho frecuentes.
Otro tema tiene que ver con el dinero necesario para que los equipos de servicio funcionen y para que las autoridades que concurren en esta infraestructura tengan con qué operar. Urge atenderlo. (Rosario Avilés, El Economista, Empresas y Negocios, p. 24)
Ayer hubo dos notas en medios extranjeros que mostraron con nitidez que la administración del presidente López Obrador simplemente no tiene la capacidad para hacer bien las cosas y por lo mismo, no tiene capacidad para entregar buenos resultados a los mexicanos. Por un lado está una nota del diario The New York Times, titulada “El presidente de México dice que la pobreza es su prioridad. Pero sus políticas dañan a los pobres”.
En ese trabajo periodístico, Maria Abi-Habib y Oscar Lopez, se refieren a las dificultades que hoy en día están enfrentando los padres de familia cuyos hijos asistían a las llamadas “escuelas de tiempo completo”, que en un arranque caprichoso del presidente y de su secretaria de Educación, se decidió dar por terminado ese exitoso programa educativo que permitía, sobre todo a madres de familia, incorporarse al mercado laboral, con la tranquilidad de que sus hijos se encontraban bajo supervisión de un docente durante buena parte del día, aprovechando el tiempo en actividades escolares, además de recibir alimentación en esos planteles.
Hoy ese programa ha sido reemplazado por un remedo denominado “escuelas de horario extendido”, que prioriza la asignación de recursos presupuestales para supuestamente fortalecer la infraestructura de los planteles, pero canalizados a través de comités de padres de familia que supuestamente decidirán lo que resulte mejor para cada plantel. La nota The New York Times advierte de manera señalada sobre los nulos mecanismos para evitar la corrupción en ese esquema, que podría incentivar decisiones alejadas de las verdaderas necesidades como consecuencia de padres adoptando decisiones que favorezcan a algunos de los padres que integran los comités, por ejemplo.
Así que lejos de ayudar a las familias más desfavorecidas, muchas de ellas en zonas urbanas, los programas sociales del presidente están canalizando los apoyos de manera poco eficaz, provocando que muchos hogares en condiciones de pobreza que antes recibían apoyos, ahora no los reciban, como el segmento de mujeres trabajadoras -el que menos recuperación ha tenido después de la pandemia-, justo por decisiones torpes como la desaparición de las escuelas de tiempo completo.
También ayer, la agencia de noticias Bloomberg publicó una nota sobre el caos que se observa en las costas de nuestro país en estos días, por la presencia de cerca de 60 buque-tanques que no han podido descargar su carga principalmente de gasolina y diésel. La nota vincula esta situación con la decisión del gobierno de subsidiar la gasolina y una aparente mala planeación en las compras de Pemex. A ello habría que agregar que también es resultado del embate que los inversionistas privados han sufrido por parte del gobierno del presidente López Obrador, a través de las también decisiones caprichosas de la secretaria Rocío Nahle y sus huestes en Comisión Reguladora de Energía, además de los problemas logísticos que enfrenta Pemex desde luego. En suma, por el desastre que las autoridades mexicanas han provocado en el ámbito del almacenaje de combustible en territorio nacional.
Según la nota elaborada por Amy Stillman y Lucia Kassai, por cada día que transcurre sin que puedan descargar los cerca de 18 millones de barriles de combustible a bordo de esos buques, los importadores, en gran medida el propio Pemex, deben pagar una cuota de 40 mil dólares en promedio por concepto de inmovilización de las embarcaciones. Así que en total, se estarían generando costos adicionales a lo planeado por cerca de 2.4 millones de dólares diarios. El precio de la falta de pericia gubernamental.
Mientras que el gobierno presume logros que no resisten cualquier evaluación seria, las estadísticas publicadas por el gobierno de los Estados Unidos sobre el número de mexicanos indocumentados interceptados por los servicios migratorios de aquel país tratando de adentrarse en su territorio fue de 627,764 personas al cierre del primer semestre de este año, casi 31% más que al cierre del mismo período del 2021, y muy por encima de las 152,257 personas detenidas en todo 2018, el último año de la administración del presidente Peña Nieto. Estos datos por sí solos son un signo del fracaso del actual gobierno. Son un signo de que la Cuarta Transformación es un mito. (Gerardo Flores Ramírez, El Economista, Empresas y Negocios, p. 25)
La reciente gira de trabajo del presidente Andrés Manuel López Obrador en Estados Unidos de América generó acuerdos importantes para nuestro país. El gobierno de la Cuarta Transformación ha replanteado la relación bilateral con nuestro vecino y principal socio comercial, basándose en la cooperación y el respeto mutuo, como países hermanos sin subordinaciones.
Uno de los temas centrales fue el migratorio, que preocupa en ambos lados de la frontera, de igual forma, los asuntos relacionados con el desarrollo económico fueron de gran importancia durante las reuniones de trabajo, se dio a conocer una inversión de más de mil 500 millones de dólares para la modernización del puente fronterizo de Nuevo Laredo, Tamaulipas; además, la administración del presidente Biden pretende destinar recursos para llevar a cabo 26 proyectos de construcción y modernización de infraestructura en cruces fronterizos.
La actividad económica requiere del impulso de los empresarios, toda economía requiere de inversión nacional e internacional, por ello, nuestro Presidente aprovechó su visita para llevar a cabo una reunión con empresarios mexicanos y estadunidenses para reconocer su labor, promover la coordinación con el objetivo de obtener mejores resultados que beneficien a más ciudadanos de ambos países. Se acordó con los empresarios una inversión privada en nuestro territorio por 40 mil millones de dólares.
Esta reunión también sirvió para clarificar las dudas respecto a la política energética de nuestro país con la que se ha logrado disminuir el impacto de la inflación en este sector; de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México se colocó como el país con el menor incremento en el costo de combustibles, la inflación de la energía en mayo presentó una variación de 35.4%, respecto al mismo periodo del año anterior; en nuestro país esta variación fue sólo de 5.3 por ciento, gracias a la estrategia de autosuficiencia que ha implementado el gobierno federal.
El sector empresarial ha expresado que las reuniones entre los gobiernos de México y Estados Unidos dan muchas señales positivas, se escuchó la voz de los empresarios y, en conjunto, identificaron áreas de oportunidad para impulsar el desarrollo. Las senadoras y senadores del Grupo Parlamentario de Morena coincidimos con las acciones implementadas por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y desde el terreno legislativo, con el liderazgo del coordinador, senador Ricardo Monreal, seguiremos impulsando la relación de cooperación y respeto con la Unión Americana para lograr más y mejores acuerdos que permitan que la economía de ambos países se fortalezca, con el objetivo principal de que se vea reflejado en los bolsillos de las y los mexicanos. (Alejandro Armenta Mier, Excélsior, Nacional, p. 16)
Si se comparan los protocolos y los acuerdos de las visitas oficiales del pasado a Washington DC, e incluso considerando aquellas sostenidas en coyunturas y agendas polémicas con el expresidente Donald Trump, difícilmente se puede catalogar esta última gira de “exitosa”, como la quiso apuntalar públicamente dicho conjunto de gobernadores. No lo fue porque es patente la lejanía entre los dos presidentes y la ausencia total de una agenda común que satisfaga expectativas e intereses en ambas administraciones.
Más aún, resulta increíble pretender enmarcarla en argumentos de dudosa credibilidad. Por ejemplo, dicen los gobernadores morenistas que se presentó en el encuentro bilateral un “programa sin precedentes” para combatir la inflación en la región; cuando el propio gobierno mexicano reconoce que el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (Pacic) ha resultado insuficiente en contener la espiral en el alza de precios de los alimentos, por lo que se está trabajando en un segundo plan de medidas orientadas a proteger la capacidad adquisitiva de las familias en situación de vulnerabilidad. Plan que, tras casi un mes de ser anunciado, ni siquiera fue hecho del conocimiento público en el contexto de la ida al país vecino.
Los mandatarios estatales de Morena resaltan también, con cierto dolo, un “programa ambicioso de inversión”. Lo hacen con dolo porque el único acuerdo difundido de manera oficial en el rubro de recursos financieros no proviene del sector privado ni es para incrementar las fuentes de trabajo. La inversión exclusiva refiere a mil quinientos millones de dólares que el gobierno de México dispondrá para actualizar la tecnología en infraestructura fronteriza. Primero escalamos la presencia de efectivos militares para ponerle un muro humano a los migrantes, ahora los instrumentos de monitoreo en los cruces.
Así lo constata la Secretaría de Economía que, a pregunta expresa de los medios de comunicación, no pudo confirmar inversión estadunidense específica como producto de la visita oficial. Peor aún, trascendió el cuestionamiento de empresarios norteamericanos por la creciente incertidumbre que tiene el clima de negocios mexicano, propiciado por el cambio abrupto de criterios de política pública y reformas que buscan beneficiar de manera indebida a empresas paraestatales.
Inquietud que, lejos de ser aislada, se acompaña a la expresada en meses recientes por otros actores relevantes, como la difundida desde el Capitolio por el senador Bill Hagerty, quien acusa lazos económicos vulnerados entre ambos países por decisiones contrarias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en los sectores de energía, agricultura, minería y turismo.
Además, resulta por demás arriesgado a los mandatarios estatales morenistas el afirmar que la gira de trabajo “llenó de esperanza y agradecimiento” a la comunidad mexicana asentada en Estados Unidos, cuando, a lo largo del presente sexenio, ha sido sistemática la negativa a sostener encuentros con las organizaciones de paisanos, en este caso las ubicadas en Washington DC y zonas cercanas.
La propaganda que busca alentar una relación bilateral en los mejores términos choca con la realidad, incluso días después de concluida. La aprehensión del presunto narcotraficante, Rafael Caro Quintero, en la que altas autoridades del gobierno estadunidense reclaman parte de los créditos en los trabajos operativos que llevaron a su captura, mientras que el gobierno de México, de la mano del embajador norteamericano, lo niegan rotundamente, reafirman que la cooperación —en un asunto tan delicado como es la seguridad— se encuentra en uno de sus puntos históricos más bajos.
Situación que inquieta porque ni la crisis de consumo de estupefacientes en Estados Unidos ni la recuperación de la paz en nuestras comunidades, asoladas por la violencia asociada a la rivalidad criminal, encontrarán solución con dos gobiernos en los que persiste el conflicto con sus contrapartes y al interior de los mismos. (Maximiliano Cortázar, Excélsior, Nacional, p. 13)