La estrategia de Donald Trump, no la republicana, corre sobre un riel básico: ya pegó una vez, cuando enfrentó a Hillary Clinton, y falló en otra, cuando los demócratas decidieron frenar su experimentación con perfiles poco ortodoxos para la política gringa (un negro, una mujer) y mandaron a Joe Biden, un blanco, senador y proarmamentista. No ha cambiado mayor cosa el plan. Acaso el magnate sea más ácido ahora que en 2018, más cínico por eludir la ley, pese a los cargos que aún pesan en su contra sin sentencia, y esté envalentonado por el ataque de la semana pasada.
El discurso tiene variantes mínimas porque le habla al mismo electorado, a ese que le dio el triunfo ya una vez, y a los que hoy ven desencantados, sin filia demócrata, a un presidente afectado de sus facultades cognitivas y prefieren la opción contraria sin ponderar los evidentes trastornos de su rival. Por eso hoy hinca el diente sobre el tema migratorio y la tontería del muro, que promete continuar y terminar. Es sencillamente una estupidez proyectar una barda sobre la inmensa frontera. Es imposible.
Pero es lo que quiere oír un núcleo de población ario, y una parte no aria, por cierto, que cree que todo el trabajo base se hace solo, porque para ellos los migrantes son invisibles. Es la gente que no ve a la fuerza laboral que cosecha y siembra, que repara techos, que limpia casas, que poda jardines, que maneja taxis, que cocina en restaurantes. La población que tiene la certeza de que cada delito es responsabilidad de un extranjero con estancia ilegal, pese a la prueba irrefutable de que el único sospechoso de disparar contra Trump, por ejemplo, era un ciudadano caucásico natural de EU.
Curiosa ironía la del atentado, valga anotarlo, cometido con un arma de fuego cuya posesión defiende el candidato republicano, uno de los principales donantes de la poderosa Asociación del Rifle. A mayor cantidad de episodios de tiroteos contra población civil en Estados Unidos, mayor es el apoyo a la portación de armas, lo que demuestra no solo la fallida política para el control, sino el inmenso poder de aquella organización promotora de políticos como Donald Trump. (Alfredo Campos Villeda, Milenio, Al Frente, p. 2)
Los más exitosos jugadores de las selecciones nacionales de fútbol de España y de Francia son descendientes de inmigrantes africanos.
En la era en que los migrantes y solicitantes de refugio son convertidos en chivos expiatorios, en Europa los grandes protagonistas del juego del hombre tienen raíces en África.
En España hay fiesta con Lamine Yamal y Nico Williams, dos chicos que son campeones de Europa 2024, que juegan con el Barcelona y el Athletic de Bilbao, respectivamente. El primero nació en Cataluña en 2007; su padre es de Marruecos y su madre de Guinea Ecuatorial. El segundo nació en Navarra en 2002, y sus padres son originarios de Ghana.
En Francia, la superestrella es Kylian Mbappé (París, 1998), líder del seleccionado galo. Su padre es de Camerún y su madre de Argelia. Mbappé, campeón del mundo en 2018, es, de acuerdo con el presidente Emmanuel Macron, ‘verdaderamente importante para los franceses’.
Circula en redes un video de Juan Carlos Monedero, profesor de la Universidad Complutense en Madrid, y ex dirigente de Podemos.
Monedero señala que estos futbolistas, que vienen de los barrios populares pobres, multiculturales y multiétnicos, le han plantado cara al fascismo, al racismo, al odio, a la desigualdad extrema que lleva a rupturas sociales.
Mbappé llamó a votar contra la extrema derecha en las elecciones francesas del 7 de julio: “Los extremos están a las puertas del poder, tenemos la oportunidad de elegir el futuro”, y el partido de extrema derecha Agrupación Nacional, de Marine Le Pen, cayó al tercer lugar.
Al otro lado del océano, en Estados Unidos un hombre blanco quiso matar a tiros a Donald Trump.
Muchos estadounidenses viven en la negación. Niegan que la mayor amenaza a la democracia sean los fanáticos violentos que asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021, desconociendo la victoria de Biden. Niegan que la mayor amenaza sea que haya 120 armas por cada 100 habitantes, y que, por la laxitud en controles de venta, muchas armas de asalto terminen en manos de las bandas mexicanas del crimen organizado.
El senador por Ohio, James David Vance, compañero de fórmula de Trump, ha propuesto desplegar operaciones militares quirúrgicas dentro de nuestro país, incluso sin la autorización del gobierno de México, para ‘eliminar’ a los laboratorios de fentanilo y a los capos de la droga.
Trump promete una deportación masiva al inicio de su segundo mandato (si llega). Sería un balazo en el pie para millones de empleadores: los migrantes mexicanos son insustituibles en la producción y preparación de alimentos, el cuidado de la salud, la vida asistida, la construcción, y la industria de la hospitalidad, y además provocaría una conmoción en México.
Los políticos lo saben. ‘Los necesitamos, pero no los queremos’ dicen de los migrantes.
Trump dijo en 2018 que EU no debería recibir inmigrantes de “países de mierda” como Haití, El Salvador o las naciones africanas, sino de Noruega. En España, Vox grita que Lamine Yamal creció en un ‘estercolero multicultural’.
Como en el futbol, demográficamente, el futuro es mestizo. Con o sin Trump, EU no escapará de ese destino: en 2043, más de la mitad de la población será de origen hispano, afroamericano y asiático. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p. A16)
La relación bilateral de México con Estados Unidos presenta una agenda geopolítica de largo plazo, pero en un momento de entendimiento comercial que ha beneficiado a las dos naciones. Los sobresaltos anunciados por Trump-Vance, en caso de ganar las elecciones de noviembre próximo, tienen que ver con errores de la política migratoria de la Casa Blanca de Bill Clinton a Biden.
Los tres temas centrales en la relación que viene para el próximo cuatrienio americano son muy claros:
-La migración es consecuencia de un colapso en países subdesarrollados de América del Sur y de otras partes trasatlánticas y todos los afectados por las crisis quieren llegar a EU a ganar salarios y a disfrutar del confort del capitalismo. Washington no ha sabido gestionar la migración como estrategia de seguridad.
-Las drogas como tema prioritario interno sólo están expresando el grave problema local que en Washington no quieren hablar de él: el contrabando de estupefacientes de todo tipo está determinado por el nivel de consumo de los adictos estadounidenses, más de 30 millones de usuarios dependientes registrados y especulaciones mínimas de otro número similar como consumidor recurrente. Con este mercado de consumo no hay estrategia que controle el flujo de drogas.
-La frontera física México-EU de más de tres mil kilómetros exige dos opciones: elevar el nivel de vida de los mexicanos que viven en el lado de México o encerrar físicamente la zona americana con un muro de aislamiento. Pero junto con el muro, Washington necesita un control militar que comience por resolver los problemas de corrupción de funcionarios americanos que tienen que ver con el manejo físico de la frontera.
Los discursos de Trump y Vance son de campaña, demagógicos, polarizantes, pero no hay en ellos ni una sola idea o propuesta para rehacer la relación bilateral como un problema en busca de solución. Si EU cierra la frontera mexicana, la crisis en su puerta sur seguirá latente y creciendo.
Zona Zero
No existe ninguna razón que justifique el descuido de seguridad en Chiapas, la puerta fronteriza de México hacia una convulsa Centroamérica. Llegaron los cárteles, renace la guerrilla y los problemas históricos de marginación se entretejen en un espacio social perdido y sin los elementos mínimos de estabilidad. El viejo modelo político priista ha sido reactivado por un Partido Verde que de manera inexplicable tomó el control estratégico de la entidad y ahora Morena llega a la zona sin entender siquiera la dimensión del conflicto: Chiapas es prioridad de seguridad nacional. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 10)
El libre comercio nunca ha sido popular ni en México ni en Estados Unidos, quizá en ningún lugar del mundo. Hoy más que nunca, sin embargo, estamos viendo un resurgimiento del proteccionismo en Estados Unidos.
Antes los demócratas eran proteccionistas mientras que los republicanos favorecían el libre comercio, pero hoy los dos partidos quieren cerrar las fronteras no solo a la inmigración sino al comercio. En su discurso de aceptación de la candidatura vicepresidencial del Partido Republicano este 17 de julio, el senador de Ohio, J.D. Vance, declaró: “En pueblos pequeños como el mío en Ohio, o al lado en Pennsylvania o en Michigan, en estados a lo largo de nuestro país, los empleos se mandaban al extranjero y los niños a la guerra”. Añadió que estaba en cuarto año de primaria cuando “un político de carrera llamado Joe Biden apoyó NAFTA, un mal tratado comercial que envió innumerables trabajos estadounidenses de manufactura a México”.
Vance buscaba hacer eco de muchos de los prejuicios sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA) y sobre el libre comercio en general, pero son solo eso, prejuicios. Para empezar, la propuesta de construir un tratado de libre comercio de Estados Unidos con México provino del republicano Ronald Reagan en su campaña presidencial de 1980. El 20 de noviembre de 1982, ya como Presidente, declaró: “Debemos fortalecer el buque de los mercados libres y el comercio justo para que pueda llevar al mundo a la recuperación económica y a una mayor estabilidad política”. El presidente estadounidense que negoció el acuerdo comercial fue George Bush, padre. Al final lo aprobó y firmó el demócrata Bill Clinton, pero porque entendió su importancia. La mayoría de los legisladores que lo aprobaron en 1993 eran republicanos.
Es falso que el TLCAN haya destruido empleos. Donald Trump lo afirmó en su campaña de 2016: “Estados Unidos ha perdido casi una tercera parte de sus empleos manufactureros desde NAFTA”. Si bien es cierto que el país perdió alrededor de 5.6 millones de empleos en manufacturas entre 2000 y 2010, “un 85 por ciento de estas pérdidas de empleos son atribuibles al cambio tecnológico, en buena medida a la automatización, y no al comercio internacional”, apuntaba un estudio de La Universidad Estatal Ball de Indiana. La economía estadounidense se ha vuelto más productiva: produce más con menos personal.
Las empresas han invertido en esta transformación tecnológica porque los salarios en la Unión Americana son cada vez más altos. Los cierres de fábricas en el “medio oeste” se deben a que los sindicatos han impedido la modernización de las industrias. El panorama desolador que Vance narra en su autobiografía Hillbilly Elegy es producto de la declinación en la industria del carbón en la zona de los Apalaches, donde creció.
Cerrar la frontera al libre comercio, como proponen Vance y Trump, solo serviría para disparar la inflación en Estados Unidos. Si Trump cumple con su promesa de imponer aranceles a las importaciones de México, no solo violaría el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), que él mismo negoció y firmó, sino que provocaría una mayor migración de México a la Unión Americana. Pararla generaría una mayor escasez de mano de obra, en un momento en que el desempleo se encuentra ya en niveles muy bajos, y provocaría una dolorosa recesión.
Los proteccionistas no entienden cómo funciona la economía. Piensan que pueden corregir los problemas económicos con barreras y aranceles, pero terminan dañando a todos. Lo sabemos muy bien en México porque hemos tenido políticos proteccionistas desde hace mucho tiempo.
La presión para que Joe Biden renuncie a la candidatura demócrata sigue en ascenso. Hasta ahora las encuestas no muestran un debilitamiento en su intención de voto, pero hay certeza de que no tendrá la capacidad para rebasar a Trump. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)
Hay puntos que ya parecen lugar común. Cómo asegurar que México enfrentará una situación complicada si, como es muy posible, Donald Trump gana las presidenciales en EU.
Y por lo que se vió en la Convención Nacional Republicana, que terminó ayer, incluso probable. Peor aún, aunque Trump no saliera victorioso probablemente sus seguidores tendrán suficiente fuerza en el Congreso como para incidir negativamente en la relación bilateral.
Migración, drogas, comercio, fronteras vulnerables, son parte importante del populismo nacionalista y económico que los republicanos sirvieron a manos llenas durante los cuatro días de convención, acompañados por gritos de “construya la barda”, “envíalos de regreso” que saludaron a personajes que una y otra vez se dedicaron a subrayar los crímenes de migrantes indocumentados y prometieron mejores tiempos económicos, de ley y orden para Estados Unidos.
Y no fue necesario que los oradores usaran el nombre México para saber a qué se referían.
Entre sus propuestas económicas denuncian los malos tratados comerciales, como el del TLCAN antes, y su sucesor, el T-MEC, y al hacerlo hablan del renacimiento industrial que dicen van a promover para enfrentar a China.
El atentado contra Trump les permitió presentarlo como un héroe, un hombre con “corazón de león”, según su hijo Donald Jr., pero de ninguna forma hubo una discusión sobre el tráfico y comercio de armas, ni en torno a las masacres que sacuden al país, porque hubiese sido necesario abordar la posesión y tráfico de armas, que muchos consideran como la distorsión de la Segunda Enmienda.
Detalles, meros detalles.
Pero puede decirse que si la convención se centró en crear una imagen heroica de Trump, casi a nivel de culto, al mismo tiempo puso las bases de lo que JD Vance, candidato a vicepresidente y de hecho heredero de Trump, definió repetidamente como “un movimiento”.
No es la primera vez que algo así ocurre en la historia estadounidense y como todo movimiento de ese tipo –populista, nacionalista, aislacionista– despierta el fanatismo de sus partidarios. Pero también una más que saludable porción de negativa. Y mucha.
Cómo enfrentará eso un gobierno mexicano que pone la política por encima de la economía está por verse. Una de las premisas de la seguridad nacional de EU es un vecino estable y favorable a sus intereses, lo que si bien permite márgenes de maniobra, incluye la posibilidad de presiones que en actuales circunstancias serían económicas.
De creer al exsecretario de Estado Mike Pompeo, el secretario de Economía nombrado Marcelo Ebrard conoce bien esa formulación. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 32)
Felicita Dignidad Migrante a Sheinbaum
Doctora Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, la felicitamos por su triunfo y nos permitimos compartirle que a las mujeres de Dignidad Migrante Society nos alentó su mirar a las mujeres vulnerables al decir que por bien de todos, primero las mujeres pobres, las indígenas. Sólo pedimos que ese mirar sea también con nosotras las y los trabajadores.
Estuvimos muy atentos a su reunión con la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Mélanie Joly, en cuyo país el mapa de la migración muestra un incremento de las mujeres latinas inmigrantes, con o sin permiso de trabajo: de 4 por ciento pasamos a 10 por ciento. Le escuchamos decir : la importancia de que se mantengan y amplíen las visas de trabajo para los mexicanos.
Es importante esa parte, pero queremos pedirle que en futuras reuniones con Canadá sea portavoz de nuestras preocupaciones. Como trabajadores tenemos una lista puntual en nuestra agenda federal y otra provincial y tenemos alternativas para resolverlas.
Uno de los principales es el respeto a nuestros derechos laborales y frenar la explotación, calificada por el relator especial de Naciones Unidas como esclavitud moderna en Canadá.
Para ello, requiere sustituirse el actual permiso de trabajo cerrado por uno abierto. Pero también es fundamental que nos tomen en cuenta para la elaboración y negociación de los contratos, si los empleadores participan, ¿por qué la fuerza laboral no?
Ojalá que cuando tome posesión nos dé audiencia para compartir nuestras propuestas de solución y coordinación con su gobierno para beneficio de las y los migrantes y de nuestro país.
Mesa Directiva de trabajadores Dignidad Migrante Society: Jessica Ledezma, Iris Vela, Liliana Sánchez, Patricia Sánchez, Guadalupe Herrera, Rafael Guzmán, Ramón Rodríguez, Carlos Canett, Lucas Guzman, Leonardo Alvirde, Mauro Nava yRoberto Velázquez. (Redacción, La Jornada, Editorial, p. 2)
A lo largo de la semana, en el Fiserv Forum, casa de los Bucks de Milwaukee, presenciamos el operativo político-religioso para transformar a Donald Trump en candidato presidencial del Partido Republicano, pero también en el líder de una secta nacional que ve a Trump, un pecador de élite, como un santón que tiene una misión divina.
Por eso, por la misión divina que tiene, salvó la vida por centímetros durante el mitin de Butler, Pennsylvania, y ahora tiene vía libre para regresar a la Casa Blanca. Como se trata de una secta americana su primer gran impacto ha sido en el merchandising con toda clase de artículos con la imagen de Trump levantando el puño con la oreja sangrante después del atentando, gritando ¡figth! ¡fight! Si hubiera sido un montaje no les habría salido tan bien.
En la acera de enfrente los demócratas todavía no están seguros si Joe Biden, un político profesional, máximo representante del establishment gringo, tiene Parkinson, demencia senil o solo un COVID mal cuidado. Esta mañana de viernes la imagen de Trump, con todo y su oreja de la suerte, aparece en las portadas de periódicos de todo el mundo que ilustran momentos de su discurso de aceptación de la candidatura presidencial republicana.
Que pueda ganar la presidencia supone un montón de nuevos problemas para México y para el gobierno que arranca en octubre, justo un mes antes de los comicios en Estados Unidos. ¿Están la doctora Sheinbaum y su equipo preparados para la pesadilla que asoma en el horizonte? Más nos vale que sí.
Trump y su secta explican con simplicidad escalofriante varios de los más graves problemas de Estados Unidos. El tema de la frontera con México es un buen ejemplo. Ellos sostienen que es la puerta de entrada de todos los problemas comenzando por las drogas y los migrantes indocumentados que les quitan trabajos a los norteamericanos, son violadores y rateros y por si fuera poco afean las calles. No hay que perder de vista que hay entre los republicanos propuestas concretas de que fuerzas especiales del Ejército gringo irrumpan en suelo mexicano para eliminar capos de la droga, a quienes considera líderes terroristas.
Para solucionar este problema lo primero que harán será terminar el muro fronterizo, mientras más grande mejor. Trump alardea de que la parte de muro que construyó durante su primera administración la financió en realidad México que movilizó a su Ejército ante el primer amago de Trump de poner impuestos extras a todos los productos provenientes de México, con lo que pasamos al segundo problema de la frontera mexicana: la entrada de productos chinos. Trump ya dijo que es algo muy malo que empresas chinas, sobre todo del ramo automotriz, se establezcan en México para producir autos para venderlos en el mercado norteamericano. El comercio chino será tema central de la campaña de Trump y de su gobierno en el caso de que triunfe. Trump amagará con dinamitar el T-MEC si México acepta que plantas de oriente, además de chinas también las coreanas, se establezcan aquí.
Glifos
Fue una sorpresa, yo diría que agradable, el nombramiento de Josefina Rodríguez como secretaria de Turismo en el gobierno que arranca el primer día de octubre. Josefina, que tiene 35 años, es desde el 2021 secretaria de Turismo de Tlaxcala por lo que puede decirse que es parte del sector. Conoce de primera mano los desafíos de la promoción, las necesidades de los Pueblos Mágicos, conoce bien a sus colegas secretarios de Turismo de los estados y sabe que su misión será tener una comunicación fluida con la comunidad empresarial que es el motor del sector. Dicen quienes la conocen que es creativa y dinámica, lo que le vendrá bien al sector. (Juan Manuel Asai, La Crónica, Nacional, p. 9)
Los últimos días han generado un enorme catálogo de noticias favorables a la candidatura de Donald Trump en su nuevo camino hacia la Casa Blanca.
Malas noticias para los demócratas se suceden en cascada.
El fallido atentado contra Trump lo fortalece por todos lados. La foto icónica, el instinto y la astuta reacción que lo presentan como alguien valiente y determinado; la sangre en el rostro como testimonio de lo cerca que estuvo de morir.
Un aura de invencibilidad —literalmente a prueba de balas— del personaje que ha superado dos procesos de impeachment, el desprestigio por intentar un golpe de Estado, procesos penales en sala de espera, una convicción criminal que aguarda sentencia. El caso de los papeles que se llevó a Mar-a-Lago desechado.
Sobrevivir al ataque contrarresta uno de sus principales puntos débiles. Ser visto como un cobarde que se escabulló de sus deberes militares, un comandante en jefe indigno y despreciativo con los caídos en las guerras. Ahora, sin embargo, se podría percibir como un líder vigoroso, en plena forma para pelear (¡no olvidemos su grito de Fight! Fight!).
Un “timing perfecto”, justo antes del inicio de la Convención Republicana, que se ha transfigurado en un “acto de coronación” donde su base de simpatizantes se encuentra encendida y entusiasmada en una dinámica de devoción rayana en el fanatismo. Esta situación prefigura una alta votación de su base electoral.
El atentado sucedió en Pensilvania, el estado más importante de los 50 que están en juego (los otros dos son los muy cercanos Michigan y Wisconsin), lo que puede inclinar la balanza a su favor en una contienda que actualmente se encuentra en empate técnico.
El fenómeno Trump se ve siempre beneficiado de las realidades alternas, de los otros datos, de la bruma de la posverdad ¿Existe material más explosivo para las teorías de la conspiración que un intento de magnicidio? Hemos sido testigos —y algún lector quizá hasta protagonista— de un masivo test proyectivo donde cada quien se arranca a conjeturar si se trata de un autoatentado o un intento de crimen de Estado.
Algunos seguirán diciendo que todo fue actuado y otros que fueron el propio servicio secreto y el FBI quienes intentaron eliminarlo. Las evidentes fallas en resguardar los perímetros de seguridad y el hecho de que simples asistentes alertarán del peligro dejan mucha tela dónde cortar para la imaginación conspiranoica.
Mientras tanto, en la acera demócrata todo es caos, desesperación, obstinación, confusión. Con todo el ecosistema mediático prodemócrata y numerosos senadores, representantes y donantes pidiendo a gritos la sustitución de Biden.
Mientras tanto, el presidente dice que no se va y casi, casi: “háganle como quieran”, al mismo tiempo que confunde los nombres de Zelensky con el de Putin y el de la vicepresidenta Kamala con el de Trump.
Nada hará cambiar la percepción generalizada de que ya es un anciano senil impedido no solo de ganar una elección, sino de gobernar durante cuatro años más.
La estruendosa discusión sobre el tema sigue a toda intensidad.
Con la intención de acallarla de una vez por todas, se ha filtrado que el Comité Nacional Demócrata quiere ratificar a la brevedad, aun antes de llegar a la convención, al ticket Biden-Harris. Esta movida ha irritado a figuras influyentes que no ven cómo ganar con esta fórmula.
Como metáfora de la fragilidad de su salud, este miércoles Biden fue diagnosticado con Covid, lo que lo obligará a aislarse y perder presencia. Debilidad tras debilidad.
¿Por qué todo esto son malas noticias para los mexicanos? Para ilustrarlo, basta con analizar las implicaciones de la nominación de JD Vance como potencial vicepresidente.
Las propuestas y la narrativa que encumbran a Vance son aquellas que se presentan como una defensa de los trabajadores blancos de cuello azul (es decir, sin educación universitaria) que constituyen el bastión del trumpismo.
Vance está en contra de la migración (de los nuevos mexicanos que busquen ir a Estados Unidos y de los millones que actualmente viven allá sin documentos, ahora amenazados de deportaciones masivas). Mala noticia para nuestra gente.
Está en contra del libre comercio y la globalización porque considera que son procesos que desplazan fuentes de trabajo a otros países y, al mismo tiempo, permiten mantener los sueldos bajos para los trabajadores estadounidenses y residentes legales. Mala noticia para la economía mexicana.
Achaca la epidemia de opiáceas y las muertes por fentanilo a los cárteles de la droga mexicanos e incluso a inocentes migrantes que nada tienen que ver con eso. Mala noticia para la cooperación de seguridad entre los países y para una agenda bilateral que se puede ver dominada por enfrentamientos no solo retóricos sino abiertamente intervencionistas.
El nuevo gobierno mexicano y la sociedad en su conjunto debemos estar alertas para activamente lidiar con estos colosales retos. (Guido Lara, El Financiero, Opinión, p. 32)
El atentado que sufrió Donald Trump el pasado fin de semana en Pensilvania abrió un nuevo escenario en el proceso electoral de Estados Unidos. El expresidente se encamina de nueva cuenta a la Presidencia.
Muchos aseguran que más que un atentado fue un autoatentado, pero ¿quién, en su sano juicio, se va a arriesgar a que el tirador contratado, por muy experto que sea, tenga un titubeo, o por un error de cálculo le vuele la cabeza? Aunque existe la versión de que la sangre en su oreja fue producto de las heridas que sufrió al tirase al piso, no es tan tonto para arriesgarse a ser descubierto, porque el gobierno de Biden es el que controla la CIA, el FBI y todas las oficinas de investigación. Un autoatentado habría sido darse un balazo en un pie.
Lo que sí, es que las escenas nos remitieron a los magnicidios de John F. Kennedy y de Luis Donaldo Colosio, pero a diferencia de esos atentados, Trump salió ileso y le sirvió para levantar su popularidad.
Un aspecto impresionante fue la reacción del Servicio Secreto para neutralizar y abatir, en segundos, al agresor, en tanto que la Guardia Nacional, a diferencia de la de México –que es acusada hasta de acribillar a menores de edad–, actuó en minutos para proteger a los civiles presentes en el mitin.
Pese a ello, la directora del SS, Kim Cheatle, declaró que la agencia falló al no actuar antes y detener a Thomas Crooks, quien disparó hasta en ocho ocasiones su rifle AR-15, a una distancia no mayor de 130 metros de Trump, pero ese error bastó para que la bala que le rozó la oreja lo catapultara y, a menos de que ocurra algún milagro, Biden terminará entregando el cargo, porque no se ve cómo pueda revertir el triunfo mediático que se combina con un daño mental que ya es evidente a cada instante, como el hecho de confundir a Volodímir Zelenski con Vladimir Putin y a Kamala Harris, su vicepresidenta, con Donald Trump. Y por si algo faltaba, recién se contagió de covid, de ahí que el Partido Demócrata está evaluando si lo sustituye como candidato.
Si el panorama para los demócratas no es halagador, menos lo es para México. En caso de que Trump gane la presidencia, las consecuencias serán inmediatas, porque la sola idea de que el senador JD Vance sea el vicepresidente dificultará, sin duda, las relaciones entre los dos países.
Es conocido que tanto Trump como Vance son dos supremacistas que ven a México como el origen de todos los problemas que padece EU. Recientemente el senador republicano acusó que los bad mexicans que ingresan de forma ilegal son delincuentes, violadores y narcotraficantes, por lo que no cesa de criticar la política migratoria de Biden y proclama el cierre de la frontera con México.
En este tenor, Claudia Sheinbaum tendrá que ser muy cauta e inteligente para no caer en las provocaciones de esta pareja de bad hombres antimexicanos. El papel que desarrollará Juan Ramón de la Fuente, como secretario de Relaciones Exteriores, será fundamental. Su tarea no será nada fácil, deberá lidiar con un gobierno intransigente, que tratará de impulsar medidas radicales y actos injerencistas.
Trump ha sido enfático en señalar que movilizará al ejército a la frontera con México para combatir el tráfico de fentanilo, así como perseguir, y hasta lanzar misiles a los cárteles mexicanos, incluso en nuestro territorio, porque la Ley Obama, de 2011, firmada por el propio Biden, da al gobierno de EU el derecho supranacional y unilateral de perseguir a los cárteles del narcotráfico en sus propios países.
Lo paradójico es que, a pesar de ello, EU les sigue vendiendo armas, más sofisticadas aun que las utilizadas por las Fuerzas Armadas mexicanas. El panorama luce muy complicado y, por si fuera poco, en nada ayudan las declaraciones del presidente López Obrador y al inmiscuirse en la vida política de EU. Dice que en ese país se burlan de su política de “abrazos, no balazos” porque no creen en la justicia.
DE IMAGINARIA
En Guerrero, la cosa está que arde. En los últimos días, decenas de negocios han sido incendiados por el crimen organizado al negarse sus propietarios a pagar la extorsión. Es un estado sin ley y sin gobierno. De nada sirve la presencia del Ejército mexicano y la GN, si tienen prohibido hacer frente a los delincuentes. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Nacional, p. 11)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)
