Le preguntaron en 2017 al expresidente Barack Obama cuáles son las estadísticas o hechos que más lo empujan a actuar ante el cambio climático. Respondió: “el aumento entre 1 y 4 metros del nivel del mar que afectará gravemente a las ciudades costeras”.
Y agregó: “Si se piensa en los patrones de monzón en el subcontinente indio, tal vez 500 millones de personas dependan de los patrones de lluvia tradicionales en esas áreas. Si esos patrones de lluvia cambian, entonces podríamos ver a cientos de millones de personas que, de repente, se encuentren imposibilitadas para alimentarse, porque ya estarían en niveles apenas de subsistencia. La cantidad de migración, la cantidad de refugiados que podría resultar de algo así, no tendría precedentes en la historia de la humanidad”.
Obama no es de las voces más alarmistas. François Gemenne, coautor del Atlas de migraciones ambientales, publicado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), calcula entre dos mil y tres mil millones de desplazados por el cambio climático para 2050. (Bernardo Bolaños, La Razón, Opinión, p.6)
Apenas hace un mes, Christopher Landau juró como embajador de Estados Unidos en México. Aunque la vecindad hace indispensable la relación para ambos países, a nadie escapan los condicionantes históricos, económicos y políticos que han puesto a México en permanente vulnerabilidad en ella. En los últimos tiempos, las amenazas comerciales expresas y el tema migratorio son un botón de muestra. Otro tema ineludible es el referido al uso y tráfico de armas, así como los discursos de odio auspiciados desde el poder.
El mes de agosto estuvo marcado por dos masacres en el estado de Texas que son una ineludible llamada de atención: la de El Paso, que llegó a todos los noticiaros y en la que murieron 22 personas y 26 más resultaron heridas; y la de Odessa y Midland, en la que al menos murieron 8 personas y 20 más fueron baleadas, y que no tuvo la misma repercusión.
Esta escalada de la violencia en el país vecino es cada vez más alarmante y ha vuelto a poner en entredicho las medidas de control existentes sobre el uso y portación de armas, además de que ha introducido al debate el papel del discurso de intolerancia utilizado en el gobierno de Donald Trump. (Mario Patrón, La Jornada, Opinión, p.27)