
Ante una posible victoria del demócrata Joe Biden, los republicanos comienzan a saltar del barco. Así es el poder. Mientras Trump anda ocupado y preocupado por su supervivencia, acá la DEA le salió respondona. De ahí el reclamo que hizo AMLO a esas agencias. ¿Qué no éramos cuates?
Todo tiene principio y final. ¿Estaremos viendo el fin del consorcio entre los dos “amigous”? ¿Dejará la Guardia Nacional su labor de muro antiinmigrante? ¿Se reubicará para ocuparse de la violencia, finalmente? (Alejandro Ramírez / Álvaro Obregón, Reforma, Política, p.4)
Remesas, contribución histórica de migrantes
Contra los pronósticos de agencias especializadas y expertos, las remesas de los trabajadores migrantes hacia México alcanzaron niveles históricos en los primeros ocho meses de 2020, pese a que la mayoría se encuentra laborando en condiciones adversas, con una economía estadunidense en desaceleración e incertidumbre por la pandemia que ha sacudido a los cinco continentes, especialmente a nuestro principal socio comercial, con el mayor número de contagios.
En efecto, el Banco de México informó que las remesas a México ascendieron en agosto a 3 mil 574 millones de dólares, 5.32 por ciento más respecto al mismo mes de 2019, para que entre enero y agosto esos envíos llegaran a 26 mil 395 millones de dólares, monto nunca antes visto para un periodo comparable; en términos porcentuales: 9.35 por ciento superiores a los 24 mil 138 millones de igual periodo de 2019.
La migración, dice el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria, trae aparejado otro fenómeno que le es consustancial, el de las remesas, esto es, el dinero que los migrantes envían a sus familiares en sus países de origen. Por lo general, a cada flujo migratorio corresponde también un flujo monetario que se expresará de diferentes maneras en la población receptora y que dará pie a diversos fenómenos económicos y sociales.
En el caso nacional, según el mismo estudio, durante los últimos años los migrantes mexicanos en Estados Unidos se han dedicado mayoritariamente a las actividades relacionadas con el sector servicios, 64.6 por ciento. En segundo lugar, la actividad industrial, que absorbe 30.6 por ciento y, finalmente, el sector agropecuario, que utiliza 4.8 por ciento del total de la fuerza de trabajo de los migrantes mexicanos.
En este mismo espacio de opinión hemos enfatizado la enorme contribución de los trabajadores migrantes a la construcción y el mantenimiento de la primera economía mundial. Es tiempo de reconocer también que las remesas destinadas a sus familias son la segunda fuente de divisas de México, sólo después de las exportaciones de la industria automotriz.
Las remesas representan alrededor de 3 por ciento del producto interno bruto y tienen un efecto social y económico superior, pues sus destinatarios, en su mayoría familias de bajos recursos, lo destinan a su consumo inmediato y a proyectos de desarrollo en sus comunidades.
Con el resultado de agosto, las remesas a México hilaron cuatro meses consecutivos de crecimiento en medio de la pandemia de Covid-19, y todo apunta a que esta espiral ascendente se mantenga. BBVA, que monitorea las transferencias en la materia, pronostica que al cierre de este año el monto de remesas superará los 36 mil 438 millones de dólares del año pasado para ubicarse en alrededor de 39 mil 400 millones, es decir, un incremento anual de 8 por ciento.
Estos resultados contrastan con las proyecciones de los especialistas durante el primer cuatrimestre, quienes preveían un desplome en el flujo de remesas como consecuencia de la desaceleración económica auspiciada por la pandemia. Incluso el Banco Mundial predijo el 22 de abril, en un informe emotivo, que las remesas mundiales se desplomarán 20 por ciento en 2020, el descenso más intenso de la historia reciente.
Contrasta también el caso de México con el de los migrantes de otros países hermanos: el fenómeno del incremento en el envío de remesas no se dio en la mayoría de países del subcontinente, como Colombia, Brasil, República Dominicana y Haití, donde incluso disminuyó alrededor de 20 por ciento en el primer semestre y no ha repuntado en el segundo.
Con el balance de los primeros dos cuatrimestres del año, México se consolida como uno de los principales receptores de remesas. En 2019, por los montos en dólares, los cinco principales países receptores de remesas fueron India (83.1 mil millones), China (68.4 mil millones), México (38.5 mil millones), Filipinas (35.2 mil millones) y Egipto (26.8 mil millones), según estudio del Banco Mundial. En términos relativos, los cinco principales países que recibieron las remesas más elevadas como proporción de su producto interno bruto (PIB) en 2019 fueron Tonga (37.6 por ciento del PIB), Haití (37.1), Sudán del Sur (34.1), República Kirguisa (29.2) y Tayikistán (28.2 por ciento).
La remesa promedio en el caso de México es de 337 dólares y se estima que llegan a 10 millones de hogares. Alrededor de 12.8 millones de mexicanos mandan remesas al país, los que pertenecen a la última generación de migrantes, los nacidos en México.
Las remesas son una muestra de la gran solidaridad de los migrantes con sus familias y comunidades de origen, cuando todos estamos enfrentando una de las peores crisis en la historia reciente de la humanidad, como afirma Juan Hernández, fundador del Center for US-Mexico Studies, Universidad de Dallas, Texas.
Nos sumamos al reconocimiento que merece la grandeza moral y la solidaridad ejemplar de nuestros hermanos migrantes, lo que obliga aún más a exigir que el gobierno que emane de las elecciones de noviembre próximo reconozca su importante contribución social y su determinante papel en la recuperación paulatina de la economía estadunidense, respetando cabalmente sus derechos humanos, laborales y sociales. (José Murat, La Jornada, Política, p.18)
Las elecciones en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina. Cabe preocuparnos por algunas cuestiones. En concreto, las condiciones de vida y las remesas de nuestros ciudadanos, mismas que dependen del empleo y de las medidas migratorias estadunidenses. Por ello, aparte de analizar cuáles pueden ser los posibles escenarios poselectorales, debemos prepararnos para lidiar con sus efectos de la mejor manera que convenga a los mexicanos. (Donceles, Milenio, Al frente, p2)
Dado el crecimiento del flujo de migrantes mexicanos durante la pandemia, al grado de ubicarse en los niveles más altos de los últimos 10 años, el embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, advirtió que “es muy importante tratar de buscar formas de promover la migración legal, ordenada, sobre todo con programas de visas especiales para trabajadores que van y regresan”. Las declaraciones del diplomático se dieron en la conferencia magistral “México-Estados Unidos: una historia compartida y un futuro común”. (Confidencial, El Financiero, Nacional, p35)
No tardan las nuevas embestidas de Donald Trump contra los migrantes mexicanos. En un foro de la UNAM, el embajador de Estados Unidos en nuestro país, Christopher Landau, tendió lo que seguro será la nueva andanada gringa en pleno proceso electoral.
Dijo que la crisis generada por la pandemia de COVID-19 detonó que la migración mexicana hacia territorio estadounidense crezca nuevamente y se ubique en los niveles más altos de los últimos 10 años.
“Es muy importante tratar de buscar formas de promover la migracion legal, ordenada, sobre todo, con programas de visas especiales para trabajadores que van y regresan”, manifestó durante la conferencia magistral “México-Estados Unidos: una historia compartida y un futuro común”, que formó parte del Primer Encuentro Universitario, organizado por el Observatorio de la Relación Binacional México-Estados Unidos, de la máxima casa de estudios.
El nacionalismo de Trump y su odio hacia los extranjeros indocumentados en su país han sido capitalizados en el pasado proceso electoral.
El embajador Landau no dio mayores datos para sostener su dicho, pero su postura ha sido vista por expertos en temas bilaterales como el mensaje de Trump a los mexicanos y sus electores, y no hay dudas en que va a atizar en las próximas semanas sobre los problemas migratorios de la región. (Alejandro Sanchez, El Heraldo de México, País, p. 8)
En dieciocho días los estadounidenses elegirán a su próximo presidente y existen dos escenarios posibles: Donald Trump tendría cuatro años más en la Casa Blanca o Joe Biden podría hacer historia siendo la persona más vieja en acceder a la cima del poder en Estados Unidos. ¡Y vaya que importa! Los hispanos (y sobre todo los de origen mexicano) se están convirtiendo en la primera minoría demográfica en el vecino del norte, incluso por encima de los afroamericanos. Esta realidad genera resistencias por parte de varios grupos políticos. Por ejemplo, gracias a la reducción del número de casillas de votación en algunos estados clave, si eres hispano o afroamericano, tardarás en promedio 45% más tiempo formado en la fila para votar en comparación con otros grupos poblacionales, esto equivale a cuando menos cinco horas de pie esperando tu turno. En México no tardamos más de veinte minutos en todo el proceso.
Aunque los hispanos están dispersos por el territorio estadounidense, los que viven en la región popularmente conocida como “cinturón del óxido” (formada por los estados de Indiana, Michigan, Minnesota, Pensilvania, Ohio y Wisconsin) son los que más peso político tendrán durante esta elección gracias al controvertido sistema de votación indirecta que utiliza el Colegio Electoral en lugar del sufragio directo de los ciudadanos. El candidato que gane la mayoría de los votos en esos estados ganará la presidencia y apenas unos miles pueden hacer la diferencia. Michigan y Wisconsin son de particular importancia para Trump, quien sólo puede darse el lujo de perder uno de ellos pero no los dos. En 2016 los ganó por un reducido margen de apenas 0.23% para el primero y 0.77% para el segundo. Los demócratas no habían perdido ahí en tres décadas. Un poco de contexto: Felipe Calderón ganó la presidencia de México en 2006 con una diferencia de 0.58% sobre su contrincante, el actual presidente.
Por cada punto porcentual de población hispana viviendo en esa región, es un 12% más probable que su representante en el Congreso sea del partido demócrata. Considerando también a la región suroeste del país, por cada punto adicional de población femenina, la posibilidad de que un demócrata gane un distrito electoral en estos estados se eleva 30% y un increíble 60% para el caso de la población de entre 20 y 25 años. Esto significa que si decides votar y eres una mujer hispana menor de 25 años, probablemente lo harás por los candidatos demócratas y, dado que lo harías en alguno de estos estados, tu voto sería muchas veces más valioso que el de un votante en California o en Alabama. Sin embargo, los latinos no acostumbran votar en las proporciones que otros grupos lo hacen, esto se debe a su estatus legal, a excesivos requisitos burocráticos en algunos estados diseñados para desincentivar el voto y, hay que decirlo, a la indiferencia.
Hay consenso, las consecuencias de esta elección serán tremendas para México y para el mundo. Este noviembre 3, mantengamos la vista en el norte. (Jesús Isaac Flores, El Sol de México, Mundo, p. 32)