Pocos lo recuerdan: La primera víctima famosa del Programa Paisano fue el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, y cambió la historia de México.
El martes 4 de noviembre de 2008, día de elecciones en Estados Unidos, acudió a San Luis Potosí a poner en marcha la campaña junto con otras autoridades.
Él se puso al frente, pero encomendó su implementación a la entonces directora del Instituto Nacional de Migración, Cecilia Romero, quien se salvó del accidente de aviación.
Ella abordaba el jet caído después en Las Lomas cuando Mouriño le pidió decidir detalles específicos para dar seguridad a las caravanas de mexicanos.
En la capital potosina Romero se enteró de la muerte del alto funcionario, en quien Felipe Calderón veía a su sucesor, y de inmediato se comunicó con Ernesto Cordero, secretario de Desarrollo Social.
-Encárgate de informarle a la esposa de Juan Camilo, Gely Castillo, y recibe sus instrucciones sobre los funerales y cuanto necesite en la desgracia.
LO MISMO EN 17 AÑOS
Aquel operativo se hizo con éxito.
Se tomaron como puntos de referencia las ciudades fronterizas de Ciudad Juárez, Reynosa, Tijuana y Nogales.
Hoy se repite año con año bajo el mismo esquema: coordinación del gabinete de seguridad con el INM de Salomón Céspedes y dos mil pesos de apoyo económico para quienes regresan deportados.
A quienes lo soliciten se les busca acomodo en el sector laboral, ahora con garantía de inscripción en el Instituto Mexicano del Seguro Social de Zoé Robledo.
Son beneficios adicionales.
El reclamo mayor de quienes vienen a pasar las celebraciones decembrinas es seguridad por carreteras y caminos en cuanto cruzan los puentes fronterizos.
Sólo así pueden pasar una Navidad en paz con sus familiares y amigos, en sus lugares de origen, aunque enfrentan después dificultades de logística para el regreso.
Es el problema: en 2008 se les ofreció esa alternativa desde el gobierno para disminuir sus riesgos en territorio nacional, pero ahora éstos son mayores.
Signos del deterioro.
JUSTICIAS A OBREROS
1.- En Morelos la japonesa Nissan ha sorprendido a las autoridades.
Cerrará definitivamente en 2026, pero desde ahora negocia con los trabajadores liquidaciones por encima de lo marcado por la Ley Federal del Trabajo.
Ante esta situación, el procurador federal de Defensa del Trabajo, Plácido Morales, simplemente vigila el cumplimiento de los acuerdos obrero-patronales.
Por ahora los tratos se han centrado con más de cuatro mil 500 obreros, pero a continuación vendrá el personal de confianza y los eventuales.
2.- En Cananea, el dirigente minero Napoleón Gómez Urrutia culminó con éxito las negociaciones para terminar con 18 años de huelga.
Con intervención federal se acordaron los términos: liquidación justa, seguridad social, pensiones por cesantía y viudez y opción de regreso al trabajo.
Una bolsa económica de Grupo México garantiza todos esos beneficios para los obreros de la Sección 65 del gremio.
Y 3.- La cordura se impuso en Quintana Roo.
Como adelantó 24 HORAS, se retirará la iniciativa para el cobro del nuevo impuesto al turismo, denominado Visitax.
Se buscarán alternativas, pero por ahora los hoteleros no serán los encargados de funcionar como ventanillas de impuestos. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 3)
Que en Coahuila no dejaron nada al azar para la llegada de los paisanos. Desde tempranito, en la Carbonera ya se veía el movimiento y, junto con él, la presencia coordinada de fuerzas federales, estatales y municipales. El mensaje es claro: aquí se recibe con vigilancia.
Que más de 3 mil vehículos y 12 mil paisanos en camino no son cosa menor. Por eso, el despliegue interinstitucional busca que el tránsito fluya sin sobresaltos. En esta temporada, la prioridad no es la foto, sino que nadie se quede varado, ni vulnerable. Sedena, Guardia Nacional, Migración, Aduanas, Banjército, CNI y Seguridad Estatal, todos en la misma mesa. A eso se suman municipios clave del norte y sureste. El operativo Paisano se convierte así en prueba de fuego para la coordinación que tanto presume el estado. (Templete, Milenio Laguna, Opinión, Online)
En el marco del Día Internacional del Migrante, conmemorado ayer 18 de diciembre, cabe recordar que 304 millones de personas viven fuera de su país de origen, lo que equivale al 4% de la población mundial. 122 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza, mientras que 42.7 millones cuentan con estatus de refugiadas.
En este contexto, hay una realidad especialmente inquietante: entre el 12 y el 14% de las personas migrantes en el mundo —alrededor de 40 millones— son niñas y niños. En 2024, casi el 90% de la niñez refugiada huyó de solo diez países, mientras 23.3 millones fueron desplazados dentro de sus propios territorios, más de la mitad por desastres. Muchos menores, además, migran solos, quedando expuestos a redes de trata, abuso y explotación. Todo ello representa una urgencia inaplazable para los Estados y la comunidad internacional.
Las causas que empujan a las personas a migrar son múltiples y se entrelazan. No se trata solo de la búsqueda de mejores oportunidades: la movilidad está marcada por la inseguridad alimentaria, los conflictos armados, la pobreza extrema y, cada vez con mayor peso, la violencia, el reclutamiento forzoso y el riesgo de perder la vida. A lo anterior se suman los efectos del cambio climático como desastres naturales cada vez más frecuentes que destruyen medios de subsistencia y se perfilan como la principal causa de empuje en los próximos años.
Los desafíos para las personas migrantes no terminan al cruzar una frontera: se prolongan durante su estancia y el proceso de adaptación. Uno de los más persistentes es el clima de estigmatización que las rodea. Narrativas de odio, racismo y xenofobia -impulsadas desde liderazgos políticos en distintos países- alimentan dinámicas que normalizan la exclusión y se traducen en un aumento de los crímenes de odio.
México es país de origen, tránsito, retorno y, cada vez más, de destino, lo que plantea retos en materia de regularización, empleo, salud, educación y vivienda, así como en la convivencia comunitaria. Asumir esta realidad exige políticas de integración de largo plazo que reconozcan derechos y eviten que la estigmatización y los discursos de odio ganen terreno.
El caso de Estados Unidos resulta especialmente preocupante. Pese a ser una nación históricamente formada por migrantes y atravesada por millones de familias binacionales y mixtas, desde el gobierno se promueven discursos que criminalizan y profundizan la polarización social. Esta misma semana, en un mensaje a la nación desde la Casa Blanca, el presidente Trump acusó a la administración Biden de haber “inundado” ciudades con “personas ilegales”, responsabilizándolas de destruir los ahorros de las familias trabajadoras, de promover el adoctrinamiento infantil con odio hacia Estados Unidos y de permitir la liberación de agresores violentos.
En EU, donde las personas migrantes representan el 16% de la población, la política migratoria se ha endurecido notablemente: más de 65 mil personas siguen detenidas, cientos de miles han sido expulsadas y las nuevas restricciones han reducido de forma significativa los cruces irregulares.
En Europa, aunque las llegadas irregulares disminuyeron alrededor de 25% en el último año, la migración sigue siendo objeto de explotación política. En varios países, entre 46% y 53% de la población apoya recortes drásticos a la migración, pese a que la mayoría de las personas migrantes ingresa por vías regulares o solicita protección internacional. Esta distancia entre los datos y el discurso revela que el problema no es solo de magnitud, sino de narrativa: se insiste en criminalizar y estigmatizar la movilidad humana sin sustento, con efectos directos sobre los derechos y la dignidad de las personas.
Frente a estos discursos de exclusión, conviene volver a lo esencial: detrás de cada trayecto migratorio hay historias de trabajo, cuidado y esperanza. Reconocer la dignidad de las personas migrantes, enfrentar la xenofobia y construir relatos basados en hechos y derechos es una responsabilidad colectiva. En un mundo marcado por la movilidad, defender la vida y la convivencia también implica defender nuestro propio futuro. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. 5)
Que dicen en el gobierno que el canciller con licencia, Juan Ramón de la Fuente, tiene una recuperación satisfactoria y ha estado al pendiente de temas geopolíticos ingentes, como la situación en Venezuela y los vaivenes en la relación con Estados Unidos, mientras que en la SRE ha sido clave el trabajo coordinado con el encargado de despacho, Roberto Velasco, lo que ha permitido que la agenda internacional esté debidamente atendida. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
La movilidad humana es un fenómeno apegado a la historia de las sociedades que se manifiesta en forma constante y diversa, abarcando dimensiones culturales, sociales, económicas, políticas y ambientales.
Particularmente, en el contexto mexicano, esta movilidad adquiere relevancia al encontrarse México en una posición geográfica estratégica como territorio de origen, tránsito, destino y retorno de personas en situación de migración; la movilidad humana es un término genérico que abarca todas las diferentes formas de movimiento de personas, desplazamiento de un lugar a otro, sea dentro de su propio país o de carácter internacional, de forma voluntaria o forzada.
De acuerdo con el informe 2024 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), existen al menos 281 millones de migrantes internacionales, lo que representa 3.6% de la población mundial; las circunstancias que enfrentan los migrantes durante el tránsito por diferentes regiones en busca de su destino, les condiciona a situaciones de vulnerabilidad, como el carecer de documentación que certifique su personalidad jurídica, falta de acceso a servicios de atención a la salud, limitados recursos económicos y falta de redes de apoyo social que impactan en la salud, agravando padecimientos preexistentes.
En este sentido, el gobierno de México dispone de experiencia en la asistencia sanitaria, por lo que en el marco jurídico existente se reconoce el derecho a la salud de las personas en movilidad, a través de diversos instrumentos internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), que sentó las bases para garantizar los derechos fundamentales de todas las personas, sin importar su raza, color, género, idioma, religión, origen o cualquier otra condición y, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), tratado clave de la ONU que México ha ratificado, y partiendo también de instrumentos nacionales como la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y Leyes, General de Salud y de Migración, que obligan al estado mexicano a garantizar estos derechos a todas las personas sin distinción alguna, todo ello es trascendental.
La reciente presentación de la Estrategia Nacional para la Atención a la Salud de Personas en Contexto de Movilidad Humana, bajo una perspectiva de Derechos Humanos, tiene como objetivo el de garantizar el acceso a servicios de salud, seguros oportunos, interculturales y con pertinencia comunitaria, reconociendo la diversidad de contextos sociales, económicos y culturales de la población en movilidad, así como su potencial para contribuir al desarrollo e integración social, con base a ejes estratégicos transversales que incluyen la gobernanza, atención primaria a la salud, determinantes sociales de la salud y curso de vida, en atención a seis objetivos que incorporan: la atención sin barreras, asegurando un acceso libre de estigma y discriminación; habilidades para la salud, impulsando el autocuidado y promoción de la salud; prevención y control, fortaleciendo la prevención de enfermedades transmisibles y no transmisibles; salud sexual y reproductiva, intensificando la atención comunitaria con perspectiva de género; salud mental y apoyo psicosocial, fortaleciendo los mecanismos de detección y referencia e información para la acción, diversificando el monitoreo y los sistemas de formación. (Daniel Aceves, Excélsior, Nacional, p. 17)
Cartones
Maquia-bélico

(Waldo, El Universal, Opinión, p. 13)