Opinión Migración 200125

Teléfono Rojo / Día D: desde mañana nada será igual en México

POR UN TRUMP IGUAL

La mandataria ha lanzado una petición:

A México sólo los mexicanos y los demás a sus países de origen, lo cual no sucederá porque no hay recursos para movilizarlos a Centro, Sudamérica, El Caribe e inclusive a Asia y África.

No se tiene un plan integral, pese a los esfuerzos del canciller Juan Ramón de la Fuente y menos cuando el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño, se ha vuelto un problema adicional.

A los 40 muertos en el incendio de la estación migratoria de Ciudad Juárez se suma el conflicto originado el sábado en Chihuahua, otra vez con conflagración de por medio.

Pero el retorno de migrantes es solamente uno de los muchos aspectos en puerta, pues viene la aplicación de aranceles del 25 al ciento por ciento -si Donald Trump cumple- y el combate a los cárteles de la droga, en especial del fentanilo.

Este lunes, tras su juramento, el magnate nos dará más pistas del enfoque de su nuevo gobierno, más votado, con más poder, más radical, más agresivo y más irracional al primero cuando, destacó Sheinbaum, hubo buen entendimiento con López Obrador

Esa es la apuesta de México: verlo igual y conciliar igual. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 3)

¿Será?

¿Y sus omisiones?

El aún titular de Migración, Francisco Garduño, difundió hace unos días un video en el que se exhibe, con toda crudeza, lo que sufren los migrantes en su intento por llegar a EU. Según el funcionario fue con ánimo aleccionador y hasta “humanista” pero ¿era necesario hacerlo a unos días de que entre Trump y su xenofobia rampante? Una lección completamente innecesaria… Aunque, claro, nada de la muerte de los 40 migrantes encerrados en una estación migratoria en Ciudad Juárez, Chihuahua, por cierto, bajo su cargo. ¿Será?

Reubicación

Por cierto, hablando de reubicaciones en la CDMX, al gobierno de Clara Brugada le está costando trabajo colocar a más de 3 mil personas migrantes que viven en situación de calle. Lo anterior, porque los albergues disponibles en la capital se encuentran saturados y cada vez llegan más personas que esperan tener una estancia digna mientras buscan la regularización de su estatus migratorio; por lo anterior, se proyecta la construcción de un nuevo albergue que operaría en conjunto con organizaciones de la sociedad civil especializadas en esa materia. ¿Será?

¿Y los apoyos?

Los migrantes mexicanos en EU consideran como una buena dosis de alardeo y dicharacheo los dichos del expresidente AMLO durante su sexenio, quien los calificó como héroes y demás. En los hechos, dicen, durante su mandato redujo el presupuesto de los consulados y eliminó varios programas. Uno de los cuestionamientos de los paisanos es dónde quedaron los recursos provenientes del pago de trámites, como cartas poder, actas de nacimiento, matrimonio y servicios notariales que se cobran en dólares y se supone deben utilizarse para mejorar la atención de las representaciones diplomáticas. ¿Dónde quedó la lanita? ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)

Duda Genuina / ¿Qué va a cambiar con la llegada de Trump?

Donald Trump va a reconfigurar la relación que tiene México con su mayor socio comercial. A partir de hoy, quizá lo que tendremos bajo control y escrutinio solo serán las acciones que tomará el Gobierno federal para enfrentar los movimientos que vendrán desde la frontera norte.

Hasta ahora, el Gobierno federal ha sostenido el discurso necesario acerca de la autonomía y la soberanía del país. Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que México no es colonia ni protectorado de nadie.

El mensaje es útil y necesario, pero solo si es posible llevarlo de la mano con acciones concretas para conservar el control y la gobernanza en los retos que vienen.

Reiteradamente, Donald Trump ha enviado amenazas a México. Ha esgrimido la posibilidad de utilizar su fuerza militar contra los cárteles de droga, la imposición de muchos aranceles que podrían afectar a una buena parte de los productores mexicanos, la renegociación del tratado de libre comercio… La lista sigue.

En parte tiene que ver con sus tácticas de negociación, que siempre han sido agresivas y poco vigilantes de las leyes. Sin embargo, los procesos de contención y negociación serán desgastantes y requieren de una estrategia para que se inflija el menor daño posible.

Creo que el foco de atención para México deberá ser contener las consecuencias de cada una de las acciones del nuevo presidente de Estados Unidos, pero aún no queda claro si la intención del gobierno está ahí o las posibilidades de contener son pocas.

Pongo solo el ejemplo de las instituciones que estarán al frente de la contención de la deportación de miles de migrantes indocumentados, o bien la reactivación del programa Quédate en México, que se ha anunciado que volverá.

A pesar de las amenazas, según el Presupuesto de Egresos de la Federación, el INM tuvo una reducción de recursos, al pasar de 1,897 millones de pesos en 2024 a 1,700 millones de pesos para 2025. Es decir 14 por ciento de presupuesto menos para este año.

Además, estamos enfrentando un reto grande con una incertidumbre institucional. El relevo en el Instituto Nacional de Migración no ha concluido. Los trabajadores aún están en un proceso de relevo, lejos del diseño de una política de cooperación o contención que uno pensaría que es necesaria para enfrentar al menos el panorama que ha amenazado reiteradamente que habrá.

Francisco Garduño pasa sus últimos días como comisionado de Migración vinculado a proceso por el incendio de la estación de Ciudad Juárez en marzo de 2023, que dejó 40 personas muertas y al menos 27 heridos.

Human Rights Watch resaltó en su informe de 2025 que las autoridades mexicanas han incrementado el número de detenciones de personas en situación de migración como nunca antes, con cerca de 830 mil acciones.

Y aquí la duda genuina: ¿por qué si conocemos algunas de las consecuencias de las promesas de Trump, en el país ha cambiado poco para poder contenerlas? (Miriam Castillo, 24 Horas, México, p. 4)

Desde San Lázaro / Estaciones de migración, bombas de tiempo

Con Trump cumpliendo sus amenazas en torno a deportaciones masivas hacia nuestro país, no solo de mexicanos, sino de otras nacionalidades, se requieren más y mejores estaciones migratorias que permitan establecer un control y manejo de esos contingentes, so pena de que ocurran tragedias, tal como ocurrió en Ciudad Juárez, con el deceso de 40 centroamericanos y hace unos días con el incendio ocurrido en Chihuahua.

Estamos ante el peor de los mundos: por un lado, la repatriación masiva y, por otro, funcionarios mexicanos ineptos como es el caso de Francisco Garduño, quien, no obstante haber tenido responsabilidad en los sucesos mortales ocurridos por el incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez, se mantiene en el cargo, a pesar de que desde hace más de 100 días la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el nombramiento de Sergio Salomón, exgobernador de Puebla, como titular del Instituto Nacional de Migración, relevo que al día de hoy no ha ocurrido.

“Es muy calificado, además de una persona con muchas capacidades; le tengo mucho reconocimiento al gobernador de Puebla… no es un trabajo sencillo, pero precisamente por eso una persona tan capaz va a ocupar este espacio y él va a ser un planteamiento integral de mejora del Instituto”, dijo la presidenta el pasado 8 de octubre sobre las capacidades de Salomón.

El proceso judicial que lleva Francisco Garduño debido al deceso de 40 migrantes en la estación migratoria de Ciudad Juárez continúa y tal vez, por eso, la jefa del Ejecutivo federal no ha querido hacer el relevo, aunque hay otras versiones en el sentido de que este personaje goza de la protección del hombre de Macuspana.

Desde luego, hay un velo protector en torno a Garduño que se observó luego de las primeras pesquisas celebradas para deslindar responsabilidades en torno al percance fatal que ocurrió hace casi dos años en esa ciudad fronteriza, no obstante los innumerables testimonios y declaraciones que inculpan a los mandos superiores del Instituto de Migración.

Andrés Manuel López Obrador impidió que Garduño fuera despedido y procesado por las muertes de los 40 migrantes, lo que de suyo prevalece una especie de complicidad entre ambos personajes.

El incidente se produjo en un centro de migración en el que había 68 migrantes procedentes de Centroamérica y Sudamérica y que, de acuerdo al tabasqueño, la responsabilidad fue de los migrantes, no obstante existir la clara evidencia de que fueron encerrados con llave en diversas celdas por los custodios de la estación migratoria.

En cualquiera de los casos, Francisco Garduño lleva casi dos años atendiendo los citatorios del juez y los diversos procesos del juicio; desde luego, el costo de los viajes y los viáticos del funcionario han sido con cargo al erario público.

Las estaciones migratorias son insuficientes para mantener en custodia a los migrantes y menos tienen la capacidad para, ante una demanda desbordada por las repatriaciones de Trump, colocar estos flujos de personas que requieren todo tipo de servicios. De hecho, aunque lo han negado en la cancillería mexicana y la Segob, México se ha convertido en “un tercer país seguro”, lo que significa que el “Quédate en México” no solo aplica para los nacionales, sino también para todos los migrantes de otras nacionalidades.

El concepto de tercer país seguro surgió a raíz de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados que se firmó en Ginebra, Suiza, en 1951 y se resume en lo siguiente: cuando una persona abandona su país para solicitar asilo en otro, este segundo país puede negarse a recibirlo y remitirlo a un tercero que puede darle las mismas atenciones, conforme a los requisitos establecidos en la Convención de Ginebra para ostentar esa categoría.

El hecho es que la sobrecarga a las ciudades fronterizas mexicanas, por aceptar la repatriación de personas de otras nacionalidades, seguramente las colapsará por carecer en primera instancia del presupuesto federal correspondiente.

Las deportaciones de Donald Trump serán las mayores de la historia, incluso más que las de Bill Clinton, quien en sus dos periodos repatrió a más de siete millones de mexicanos.

Ahora esas cifras serán mínimas ante lo que se espera haga el nuevo presidente norteamericano.

Flaco favor le hace a la presidenta el mantener en su cargo a Francisco Garduño, por lo que se fortalece la versión de que este personaje es un protegido más de López Obrador, tal como ocurre con otros tipos de esta calaña, como Octavio Romero Oropeza, Rutilio Escandón, Jesús Ramírez, Martí Batres y otros más que se mantienen en la nómina del gobierno. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 33)

El fenómeno de la migración, ¿qué nos depara a partir de hoy?

Donald Trump será hoy el presidente número 47 de Estados Unidos. La relación entre ambos países ha sido históricamente de diálogo y colaboración. Ante los discursos de los últimos días nos queda claro que la crisis migratoria seguirá y se agudizará. Será fundamental que se conozca la información que se genere de las reuniones que sostengan nuestras autoridades con sus homólogos de EUA.

El periodo que atravesamos revela la necesidad de políticas migratorias transnacionales fundamentadas en los derechos humanos, cuestión urgente para la región desde hace al menos dos décadas. Para este objetivo es vital el derecho de acceso a la información.

Así lo hemos comprobado en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). El tema es de máximo interés por naturaleza; tan solo en la Ponencia que coordino hemos insistido en abrir información para impulsar la máxima publicidad en cuestiones migratorias, entendiendo la vulnerabilidad de quienes migran.

Por ejemplo, en el año 2021, en el contexto de la pandemia por coronavirus, instruimos al Instituto Nacional de Migración (INM) a entregar información estadística sobre personas repatriadas o expulsadas por Estados Unidos bajo el llamado Título 42. En 2023, también pedimos a esta institución que informara sobre gastos de las estaciones migratorias; e instruimos a que la Guardia Nacional informará sobre deportaciones. Como lo mencioné en aquellos momentos, no se trata de datos sino de nombres y apellidos que tienen derecho a una vida digna y estable.

El Instituto Nacional de Migración (y otras instituciones) tendrán un papel fundamental para que el tema migratorio encuentre soluciones que respeten en todo momento la integridad y garantía de las personas. Por ello, cuando se dé el relevo oficial de su titular, debe contemplar la transparencia total y una comunicación clara con la sociedad en la toma de decisiones. Hace falta el ajuste y la sensibilidad pues el INM ha sido uno de los sujetos obligados que más niega información, y el asunto es de utilidad social.

A pesar de los cambios institucionales que estamos por vivir en México, los derechos de acceso a la información y de protección de datos personales no desaparecen, está en la Constitución (artículos 6º y 16º); es obligación de las autoridades garantizarlos.

El fenómeno migratorio debe ser una ocupación más que una preocupación y exigir rendición de cuentas a las autoridades. Juntos, sociedad y gobierno, podemos mejorar las políticas públicas en materia migratoria para ofrecer mejores condiciones y respetar los derechos humanos.

La migración implica un serio reto para la gobernabilidad democrática y la seguridad, por lo que debe entenderse como una asignatura estratégica en el desarrollo del país y como un elemento a considerar para sentar las bases de un país justo en el que la aspiración democrática y el bienestar tengan oportunidad. (Julieta del Río, El Heraldo de México, País, p. 13)

Astillero

La 4T, a prueba ante Trump // Agresiones muy anunciadas // Papel reactivo de México // Funcionarios, desajustados

Más allá de las declaraciones (todavía ayer, en una gira por Guerrero y Puebla, la presidenta Sheinbaum reiteró que México no es colonia de nadie, no es protectorado de nadie), a partir de hoy el aparato administrativo y político de la llamada Cuarta Transformación tendrá su mayor prueba de fuego (tal vez literalmente), con la asunción formal de Donald Trump que ha sido larga y puntualmente precedida de anuncios de acciones del republicano en contra de los intereses generales de México y, en particular, del proceso de cambio institucional que se viene desarrollando desde 2024.

La acometida de la entrante administración de Estados Unidos sólo alberga dudas en cuanto a su intensidad, a su belicosidad. Trump se ha esmerado en advertir que organizará la mayor deportación de inmigrantes irregulares de la historia de ese país, que etiquetará como terroristas a cárteles criminales y que impondrá aranceles a productos mexicanos y renegociará (con ánimos de abandonarlo o someterlo aún más a su conveniencia) el tratado norteamericano de libre comercio. Para ello ha hecho nombramientos que son igualmente una virtual declaratoria de guerra política, social y económica contra México.

Por su parte, la administración claudista pareciera resignada a un papel reactivo, a veces más preocupada la oratoria oficial por hacer ver al nuevo poder estadunidense los costos internos que le significarían las medidas ejecutivas que anunciará hoy Trump que por desplegar una estrategia eficaz, a la medida del reto. La primera línea de la estructura política y administrativa del gobierno mexicano no se ajustó proporcionalmente a las agresiones tan cantadas.

Omar García Harfuch se ha esmerado en generar estadísticas operativas de apariencia correctiva, con tufo a la escenografía clásica de Genaro García Luna y sin que el predominio de los grupos criminales haya descendido mas que en las estadísticas oficiales nada confiables.

Juan Ramón de la Fuente es un personaje de genética política alejada de la defensa de los intereses populares, sin arrestos ni pretensiones de liderazgo verdaderamente defensor de los paisanos en riesgo y atenido a la sabidamente anémica red consular, que en muchos casos está afectada de burocratismo crónico, distanciamiento de los migrantes y refugio de políticos reblandecidos.

Marcelo Ebrard navega sin verdadera emoción (aunque, profesional, la finja), maltratado que fue (y, con él, el interés nacional) en la primera presidencia de Trump y maltrecho también en los rejuegos internos del claudismo; más activa y apoyada luce Altagracia Gómez, la empresaria de las verdaderas confianzas de Palacio Nacional, tejedora del neoliberal Plan México que busca crear sintonía con el arribo explícito de la arrolladora plutocracia a la Casa Blanca.

En el terreno migratorio tampoco hay novedades en la formación defensiva mexicana. Por circunstancias extrañas se mantiene en el control del Instituto Nacional de Migración quien lo fue a lo largo de la mayor parte del sexenio obradorista (desde junio de 2019, cuando relevó al académico Tonatiuh Guillén). A pesar de que se anunció que sería relevado por Sergio Salomón Céspedes Peregrina en cuanto éste dejara la gubernatura de Puebla, lo que sucedió el 13 de diciembre del año pasado, lo cierto es que Garduño sigue en el puesto (este 15 participó en un foro, junto con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez: https://goo.su/tYHuLS), como también es cierto que sigue sujeto a proceso penal por la muerte de migrantes en Ciudad Juárez y que, en general, su característica al frente del INM ha sido represiva, despótica, funcional a los intereses estadunidenses de contención de los flujos migratorios.

Ya se verá, a partir de hoy, cuando Trump comience a soltar las medidas ejecutivas que afecten a México, el tamaño y la eficacia de la resistencia de la administración Sheinbaum. ¡Hasta mañana! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 12)

Bajo Reserva

Cancillería y consulados, alertas

Y, precisamente, sobre la investidura de hoy de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, y de su amenaza con arrancar de inmediato con deportaciones masivas de inmigrantes, nos dicen que la batería de cónsules mexicanos está lista para la defensa de los connacionales. Nos aseguran que, atendiendo la instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum, en los 53 consulados mexicanos “están preparados” para cualquier situación. Al mismo tiempo, nos comentan que la Cancillería mexicana está en alerta para apoyar a los cónsules y para lo que “se pueda ofrecer” o “lo que pueda pasar”, una vez que Trump preste el juramento como presidente. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

Templo Mayor

LLEGÓ el 20 de enero y, con ello, el inicio de una nueva era que pinta para ser turbulenta en lo económico, en lo político y, posiblemente, incluso en lo militar a nivel global.

 

EL REGRESO de Donald Trump a la Presidencia de EU le cambiará el rostro al mundo y las reglas de la geopolítica que hasta ayer operaban mal que bien, seguramente se verán trastocadas por el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

LOS CAMBIOS vendrán desde la imposición de aranceles tanto a sus competidores como a sus aliados así como otras políticas proteccionistas en lo económico, hasta su intención de intervenir en los conflictos armados entre Rusia y Ucrania y entre Israel y Hamas.

Y, A DIFERENCIA de su primer periodo en el que tenía el incentivo de la reelección para moderar de alguna forma sus dichos y sus acciones, ahora Trump sabe que tiene sólo cuatro años para completar todos sus objetivos.

BUENO, hasta el paisaje de Hollywood con sus películas y sus series pinta para ser modificado por la influencia del republicano en esa industria.

YA SE VERÁN de aquí al 2028 la dimensión y profundidad de esos cambios.

A PESAR de que el gobierno federal y en los gobiernos de los estados fronterizos con Estados Unidos llevan meses preparándose para el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, hay un principio de incertidumbre en lo que podría ocurrir a partir de hoy en materia migratoria.

UNA DE las principales dudas es si las deportaciones a México serán solamente de mexicanos o si mandarán para acá también a migrantes provenientes de Centroamérica y del Caribe.

EN ESE sentido, la posibilidad de recibir a personas de otros países está considerada como una moneda de cambio con EU: sí recibirlos, pero a cambio de algo que convenga a México y a sus intereses.

OTRA muy importante es la cantidad de personas que estaría deportando la nueva administración republicana y, quizás la más relevante es si iniciarán esas repatriaciones forzosas de manera inmediata y masiva o programada y gradual.

ANTE esta situación, las autoridades mexicanas dicen tener preparados varios escenarios que no han dado a conocer aún pues consideran al nuevo presidente de EU como un “jugador de póker a quien no se le deben de mostrar las cartas”.

PASE lo que pase, se anticipa que la respuesta no será sólo del gobierno, será del Estado mexicano; es decir: el gobierno federal y los gobiernos estatales en su conjunto con el apoyo de sectores sociales y económicos desde los empresarios hasta las iglesias pasando por la sociedad civil y hasta la oposición.

A VER si logra mantenerse ese frente común ante los embates de Trump. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)

Trascendió

Que llegó el día en que Donald Trump tome posesión de su segundo mandato al frente de la Casa Blanca y como ha sido reiterativo por meses, viene cargado de amenazas nuevas y recicladas, incluidas grandes redadas, emergencia en la frontera, aranceles y la denominación de terroristas a los cárteles. Ante tal panorama, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró su estrategia de poner en marcha un ejército de abogados para defender a los paisanos y su mensaje de que México no es colonia, además, claro, del Himno Migrante que ha sonado en todos sus actos desde el jueves pasado. “Cambiamos de lugar, no de bandera”, dice el coro de la canción. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)

Confidencial

Se apunta la UNAM y asesora a migrantes

Ante el regreso de Trump a la Casa Blanca, también la UNAM se apuntó y anunció programas en favor de los migrantes. Resulta que firmó un convenio con la SRE para “fortalecer la colaboración en la ayuda a migrantes mediante acciones conjuntas, que incluyen asesorías jurídicas, programas educativos, asistencia psicológica y la promoción de los derechos humanos a nivel internacional”. La Máxima Casa de Estudios, en voz del rector, Leonardo Lomelí, se sumó al llamado a toda la sociedad mexicana “a cerrar filas ante la agresión que se avecina a las comunidades mexicanas en Estados Unidos”. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 37)

Sacapuntas

Migración vs. Trump 2.0

Listos están los consulados de México para atender a los connacionales en caso de que la nueva administración de Estados Unidos, que hoy juramenta Donald Trump, cumpla su amenaza de deportaciones masivas. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo adelantó que defenderá a los paisanos que radican en el país vecino, de quienes recordó que son la base de la economía norteamericana, algo que sabe muy bien tanto el republicano como los propios mexicanos.

Cancillería, a prueba

Para defender a nuestros paisanos de Trump, el gobierno de México cuenta con un ejército legal de 2 mil 610 abogados y asistentes para la protección legal en los 53 consulados. Solo queda pendiente el botón de alerta para ser activado en caso de detenciones ilegales, esto pondrá a prueba la estrategia del canciller Juan Ramón de la Fuente. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Estrictamente Personal / La hora de la certidumbre

Hoy toca la hora de la certidumbre con Donald Trump, y sabremos antes de que anochezca si sus amenazas con impacto en México se concretan o no. Cuántos de los decretos sobre migrantes, narcotraficantes y aranceles que estarán sobre su escritorio firmará al terminar su primer día de regreso a la Casa Blanca, no lo sabe prácticamente nadie. Pero lo que sí es una realidad es que su mandato por otros cuatro años comenzará en las peores condiciones que podrían haberse dado para las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos.

Nunca habíamos llegado en condiciones similares, donde fueran inexistentes los contactos previos entre los dos gobiernos durante la transición, y que el equipo entrante a la Casa Blanca hubiera rechazado tener relación con el gobierno mexicano, negando interlocución al gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin saberse las razones, hay evidentemente un desdén de la administración entrante en Washington hacia el gobierno mexicano.

Sheinbaum la jugó mal, haciendo diplomacia en las mañaneras, con arrebatos nacionalistas que, aunque los ha moderado y cambiado el discurso, la escucharon los asesores de Trump en Mar-a-Lago. Esa carta patriotera jugó bien ante las audiencias locales, pero poco ayudó a construir un camino hacia la futura relación bilateral. El gobierno mexicano llega a ciegas ante el nuevo gobierno en Estados Unidos y lo saben. Entre algunos miembros del gabinete hay inquietud por la falta de enlaces y, sobre todo, de información verificada sobre lo que viene.

El gobierno mexicano se ha enterado de los planes de Trump al mismo tiempo que cualquiera de nosotros, por la prensa y la televisión de Estados Unidos. Sheinbaum no ha podido calibrar el talante con el que llega Trump porque no ha tenido contacto con él desde el 26 de noviembre, hace casi dos meses, cuando conversaron por teléfono. Posteriormente recibió un mensaje de Ken Salazar, poco antes de terminar su misión como embajador en México, pero ni la alteró ni la apuró.

Salazar dijo que la relación con Trump iba a ser la peor en casi 40 años –desde el segundo periodo del belicista Ronald Reagan– y que vendría el desmantelamiento de las políticas que emprendió el presidente Joe Biden –incluidas, probablemente, aunque no lo mencionó, la tolerancia a la complacencia y complicidad con los cárteles de la droga–. Pese a las banderas amarillas que levantó, Sheinbaum continuó diciendo que no entrarían en contacto con el equipo de Trump hasta que fueran confirmados por el Senado.

Sus deseos fueron cumplidos, aunque en privado trataron de hacer lo contrario. Llegaron tarde y no les tomaron las llamadas. Buscó el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, hablar con el futuro secretario de Comercio, Howard Lutnick, pero no tuvo éxito. El canciller Juan Ramón de la Fuente ni siquiera tuvo enlaces de alto nivel, y mucho de lo que le dijo a la Presidenta pareció salido de los periódicos. Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, restableció contactos con sus contrapartes en Washington, aunque sin saber si transitarían a la siguiente administración. En contraste, el gobierno canadiense, pese al desprecio de Trump hacia el primer ministro Justin Trudeau, negoció con su equipo una estrategia para frenar la migración y el tráfico de fentanilo, para mitigar la posible imposición de aranceles.

Sheinbaum dijo al rendir su informe de los primeros 100 días al frente del gobierno que “tenía un plan” para lidiar con el gobierno de Trump, y estaba convencida de que la relación sería buena y respetuosa, donde prevalecería el diálogo, que no quiso iniciar previamente primero por su decisión de mantenerse alejada de Trump y su equipo, y luego porque así lo dispusieron Trump y su equipo.

La diplomacia mañanera de Sheinbaum no tuvo ningún efecto, como fue ignorada al afirmar que México no aceptaría que los migrantes de otras nacionalidades que buscaban asilo en Estados Unidos esperaran en territorio mexicano durante el proceso. El viernes, en su audiencia de confirmación, la secretaria de Seguridad Territorial, Kristi Noem, dijo que restablecería el programa Quédate en México, contrario a lo que Sheinbaum planteó.

Siempre quedará en duda por qué perdió el tiempo y no tejió una relación personal con Trump, y permitir que su gabinete se reuniera con su equipo. Su cautela extrema, así como el rechazo del equipo del nuevo presidente, no tiene precedente. Los mandatarios electos de ambos países solían sostener reuniones previas con sus contrapartes para conocerse personalmente –muy importante para las relaciones bilaterales– y para sembrar las bases para nuevas formas de cooperación.

En todo este tiempo hubo presidentes que no se reunieron previamente, pero en todos hubo una continuidad en la relación bilateral. Incluso el presidente electo Andrés Manuel López Obrador se subió a ese vagón cuando el presidente Enrique Peña Nieto invitó a su equipo a que acompañara las negociaciones con Estados Unidos y Canadá para el nuevo acuerdo comercial norteamericano, el T-MEC. Con Sheinbaum no hay nada de eso, y el Trump que inicia hoy su segundo periodo es muy diferente al primero.

En esta confusión empieza la falta de entendimiento de lo que viene, se concreten de manera inmediata o no las amenazas. Sheinbaum ha sido mal asesorada por De la Fuente, que le dice que no pasará nada, y por Ebrard, que le ha dicho que él conoce a Trump y sabe cómo negociar con él. Más allá de que Trump lo desprecia, tampoco es el mismo personaje. ¿Algo más distinto que en 2016 era proteccionista y hoy sea expansionista? En 2016, como publicó este fin de semana The Washington Post, no conocía a nadie, ni siquiera personalmente a su gabinete, y ahora “conquistó” Washington antes de asumir el poder.

Hay señales de que Sheinbaum no está preocupada, lo que es positivo porque su cabeza estará fría al tomar decisiones. El problema es que tampoco está listo su gobierno ante lo que podría venir si encuentran que Trump no era lo bocón que le creían sus colaboradores y comienza a cumplir lo que amenazó. Si no lo hace, no habrán estado en lo correcto, sino que habrán corrido con suerte en la adivinanza. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 42)

El Día ‘T’

A las diez de la mañana, hora de México, Donald J. Trump será ya Presidente de los Estados Unidos, la ceremonia del juramento, en lugar de realizarse en los escalones del Capitolio, ha sido cambiada a la Rotonda interior, dado que el clima en Washington promete estar incróspito. Ahí mismo, Trump podría tener instalado un pequeño escritorio en el que firmará sus primeras “Órdenes Ejecutivas” inmediatamente después del juramento. Hay quienes afirman que podrán ser CIEN, lo que nadie sabe -más que ellos- es ¿cuáles cien?

Casi seguro que lo primero que acontecerá es que a esta hora, hoy, comenzarán LAS REDADAS de “ilegales” en las principales ciudades de EU para iniciar expulsando a los inmigrantes indocumentados y se pondrá en efecto el Edicto “Quédate en México”.

La duda es si hoy hace realidad la imposición de aranceles a los productos mexicanos. Hay dos versiones: una es será de manera incremental. Es decir, serán aranceles progresivos hasta llegar al 25 por ciento. Otros piensan que dará la orden de que inicien los estudios para aplicarlos, cómo y en qué productos, pero que su implementación no será inmediata. Mucho depende -en lo que respecta a México- de cuál de los dos puntos de vista prevalece, pues cada uno de estos tenía dentro del equipo de Trump sus proponentes. Obviamente no pensando en qué es lo mejor para México.

Ha prometido Trump que cambiará tantas cosas desde su primer día que hará que la gente se mareé. Obviamente no todas aplican y afectan a nuestro México, principalmente afectan las relacionadas a tres temas: 1.- Las deportaciones y la ¡Quédate en México! 2.- Los aranceles punitivos, que dicho sea de paso, destruyen no solo nuestras exportaciones sino el T-MEC. 3.- La posible designación de los Cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas”.

Si pasa Trump tan solo una de estas tres impactará nuestra moneda y obligará al Gobierno a responder: si lo hace bien podrá mitigar el impacto, si lo hace mal podrá agravarlo. Pero si Trump pasa dos o las tres, pues el golpe será duro y nos pondrá en una posición sumamente precaria pues equivaldrá a que nuestro Gobierno y sus representantes intenten atinarle a un blanco movible de exigencias.

Da la impresión de que estamos mejor preparados como País para enfrentar los temas que tienen que ver con nuestra economía, que con los otros dos. Nos parece que el tema más espinoso -en cuanto a las acciones a tomar para pacificar el ánimo belicoso trumpiano- es lo relacionado con los Cárteles mexicanos. Los vecinos norteamericanos poseen una gran cantidad de inteligencia de manera que saben más que todos nosotros de lo que realmente acontece con los Cárteles y sus protectores. Esto es, de cómo están las alianzas, los compromisos, los arreglos y las mordidas.

Vaya, lo que intentamos decir es que pudiera haber cosas inesperadas escondidas detrás del telón. A nadie escapa, por ejemplo, que en SINALOA casi todos los “golpes” importantes que han dado las autoridades, desde que estalló la guerra entre Chapos y Mayos, por lo menos en lo que tiene que ver con la captura de “Generadores de violencia” se los han propinado a la organización de “El Mayo” Zambada. La más reciente involucra al YERNO del Señor Zambada. Mientras, da la impresión de que a “Los Chapitos” les han dado golpes menores pero ninguno -que se sepa- a la gente ligada íntimamente a Los Chapos mismos.

Si esto es coincidencia o no, lo sabrán la DEA y el FBI, mas no la opinión pública mexicana. A lo que vamos es que si Trump le entra de arranque al tema de las organizaciones criminales, sucederán cosas en México que nos parecerán -por lo menos de inicio- inexplicables y que pudieran tensar con un tema sumamente peliagudo las relaciones Gobierno-Gobierno.

Como pueblos, como ciudadanos, no hay bronca alguna: al contrario, existen muy cercanos lazos, comerciales, de parentesco, de amistad, de asociaciones, etcétera. Prueba de ello es la presencia de un numeroso contingente de empresarios mexicanos en la inauguración de Trump. La INCOMPATIBILIDAD, si es que existe ya o es inminente que se manifieste, parece ser de Gobierno a Gobierno.

En conclusión, deben contemplarse ajustes importantes en Palacio Nacional: el chiste es saber cuáles y con quién. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 9)

Jaque Mate / Promesas de Trump

“Gobernaré con un modelo simple: promesas hechas, promesas cumplidas. Cumpliremos todas nuestras promesas”.

Donald Trump, 6.11.2024

PARÍS.- Hoy, lunes 20 de enero, Donald Trump tomará posesión como presidente de Estados Unidos. Llega al poder tras haber lanzado amenazas por doquier. A México quiere cobrarle un arancel de 25 por ciento a todos sus productos, a menos que nuestro país detenga el flujo de migrantes y de drogas. Ha afirmado que declarará “grupos terroristas” a las bandas de narcotraficantes mexicanos, lo que le permitiría ordenar acciones policiales o militares de extracción de criminales en territorio nacional. Se ha comprometido a empezar la campaña de deportación de inmigrantes indocumentados más importante de la historia. Ha anunciado también aranceles para productos de Canadá, China y otros países. Ha declarado que quiere tomar control de Groenlandia y recuperar el Canal de Panamá, y se ha negado a descartar el uso de la fuerza para lograrlo.

Es muy fácil decir que está fanfarroneando, que no es la primera vez que amenaza para amedrentar y conseguir lo que quiere. Escucho voces que dicen que Trump no puede cobrar aranceles a los productos de México y Canadá porque lo prohíbe el tratado comercial que él mismo firmó el 30 de noviembre de 2018 y que entró en vigor el 1 de julio de 2020. No sería, sin embargo, la primera vez que un Presidente autoritario dijera que no le “salgan con el cuento de que la ley es la ley”. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha declarado que “no hay nada de qué preocuparse”, que habló por teléfono con él y que tuvieron una “conversación cordial”, que la relación de Trump con el expresidente López Obrador fue buena y que, “de todas maneras, tenemos nuestro Himno Nacional”.

Los propios integrantes del equipo de Trump señalan, sin embargo, que el Presidente está llegando a su toma de protesta con más de un centenar de “órdenes ejecutivas” listas para firmar, las cuales le permitirán lanzar muchos proyectos sin pasar por el Congreso. Sería el inicio de una Presidencia que gobierne por decreto, sin contrapesos, como la que nos heredó López Obrador. Trump cuenta con mayorías absolutas en las dos Cámaras del Congreso y con una mayoría de 6 a 3 en la Suprema Corte, que le ha reconocido el “derecho” de violar la ley si lo hace en funciones oficiales como Presidente. Hoy Estados Unidos está más cerca de la dictadura que en cualquier otro momento de su historia.

Los aranceles que Trump quiere imponer se basan en una concepción del comercio, el llamado mercantilismo, que ha sido totalmente rebasada por la historia y los economistas. Supone que el propósito del intercambio comercial es obtener un superávit, que el país que logra un balance positivo es el ganador. Pero esta idea surge de la ignorancia. Tan irrelevante es el saldo de la balanza comercial que, si Canadá realmente se convirtiera en el estado 51 de la Unión Americana, como quiere Trump, su superávit con Estados Unidos desaparecería de un plumazo sin que hubiera ningún cambio en las consecuencias del comercio entre los dos. Es verdad que Estados Unidos ha tenido un déficit comercial con el mundo desde 1976, pero no es producto de su debilidad, sino, al contrario, de una fortaleza que se traduce en mayor consumo.

Los aranceles que ha prometido Trump pueden provocar un desplome del comercio y la economía del mundo. Eso ocurrió ya cuando Estados Unidos decretó en 1930 la Ley Arancelaria Smoot-Hawley que provocó la Gran Depresión mundial. El daño de este nuevo proteccionismo será mayúsculo para todos, incluido Estados Unidos. Llega hoy a la Presidencia de ese país un político ignorante de la economía y de la historia, un narcisista convencido de que sus prejuicios son la verdad absoluta.

UE-MÉXICO

La Unión Europea y México anunciaron este 17 de enero la renovación de su tratado de libre comercio, pero además lo ampliaron de solo productos industriales a servicios, compras gubernamentales, inversión y bienes agrícolas. Es un gran logro para ambas partes en vísperas del gobierno de Trump. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 10)

El Gran Disruptor

Donald Trump regresa a la Presidencia y comienza a normalizar lo que no es normal. Un criminal convicto en la Casa Blanca. Un racista xenófobo al frente de la política pública de un país diverso. Un hombre que desafió la Constitución y azuzó a sus huestes para que tomaran el Capitolio, ahora comandándolo con mayorías legislativas. Un gabinete compuesto por fanáticos MAGA, leales pero impreparados para las tareas que enfrentan. Y ese hombre disfuncional, ahora comparte el poder con un grupo de tecno-oligarcas, provenientes de Silicon Valley, liderados por Elon Musk, que se preparan para poner al gobierno a su servicio. Estados Unidos enfrenta un cambio de régimen y se encamina a la autocratización donde la reglas no valen, las leyes no importan, las instituciones no convienen, los contrapesos estorban y lo único que cuenta es el poder discrecional, ejercido por una especie de rey, rodeado de cortesanos y corifeos.

Prepárense para una nueva era en la cual Estados Unidos no será factor de certeza, sino de incertidumbre. Donde el hegemón dejará de serlo, creando un mundo -como lo advierte Francis Fukuyama- sin liderazgo y sin reglas. Donde el sistema político estadounidense dejará de operar como una democracia conocida, y transitará a un régimen híbrido con rasgos autoritarios. El bipartidismo de republicanos y demócratas se convertirá en un personalismo transaccional, centrado en Trump y los tecno-billonarios que lo rodean. Como dice el periodista Ezra Klein, ya los nuevos términos están sobre la mesa. Si tienes algo que ofrecerle a Trump y le eres útil, prosperarás. Si te le opones, tú y tu familia y tu círculo y tu compañía pagarán el precio de la resistencia.

Por eso Mark Zuckerberg de Meta abandonó el “fact checking” de Meta y las iniciativas de diversidad, inclusión y equidad en su empresa. Por eso Jeff Bezos ha comenzado a imponer políticas de censura en The Washington Post. Por eso Marc Andreessen de Open AI ha ido tantas veces a Mar-a-Lago para obtener laxitud regulatoria en su sector. Como recompensa, los hombres más ricos de Estados Unidos estarán sentados cerca de Trump en su toma de posesión, inaugurando una nueva era de “Robber Barons” del siglo XXI. La alianza entre la oligarquía y la Presidencia, en la cual el objetivo es acumular poder, hacer dinero, y remodelar al país a su antojo. Trump acaba de incrementar su fortuna en 24 horas, lanzando una criptomoneda, y obviando el conflicto de interés que eso entraña. Elon Musk se prepara para intervenir en contra de los regímenes progresistas que lo incomodan, y a favor de los gobiernos derechistas antiinmigrantes con los cuales comparte una afinidad electiva. Las élites negocian, influencian, se acomodan. Y los demás -incluyendo grupos que votaron por Trump- pagarán el precio de la gran disrupción.

Los inmigrantes pagarán el precio de los gobernadores sicofantes que promoverán deportaciones para agradar al Amado Líder. Las clases medias sufragarán el costo de una espiral inflacionaria si Trump coloca aranceles sobre productos mexicanos, ya que las empresas pasarán el costo al consumidor. El medio ambiente y la agenda de combate al calentamiento global enfrentarán el impacto de la desregulación y el apoyo trumpista a las compañías petroleras. La salud sufrirá bajo el liderazgo de un secretario de Salud que no cree en las vacunas. La OTAN padecerá la retirada estadounidense de una organización creada para frenar las ambiciones de Rusia. El orden global acabará desquiciado por alguien que habla de invadir Panamá, apropiarse de Groenlandia, e intervenir militarmente en México. Y China aplaudirá, viendo cómo Estados Unidos se carcome desde dentro.

Los riesgos para México no deben ser subestimados, como ha sido el caso hasta ahora. Claudia Sheinbaum se ha abocado a asumir posiciones performativas que apelan al morenismo, pero no encaran el peligro real del trumpismo. No parecemos preparados -ni diplomática ni programáticamente- para la redadas migratorias, o las deportaciones masivas, o las alzas arancelarias, o el intervencionismo caza cárteles, o la renegociación del T-MEC. Donald Trump, el Gran Disruptor, es una amenaza inédita para México. Encararla requerirá inteligencia y unidad, estrategia y creatividad, aliados y alianzas. Altagracia Gómez tiene razón cuando exhorta a apostar por México. Pero no por el país de Morena, sino el de todos. (Denise Dresser, Reforma, Opinión, p. 11)

Epicentro / Trump: la disrupción o el caos

Hoy comienza la segunda presidencia de Donald Trump.

Quienes lo respaldan lo imaginan como un agente disruptivo en Estados Unidos y en la escena mundial. Ven en Trump a un presidente ajeno al sistema, con la valentía y las ideas suficientes como para transformarlo. El clima social es propicio. En una encuesta publicada el domingo, el New York Times revela que 88% de los estadounidenses cree que el sistema político en su país está roto: un clima extremo de insatisfacción.

Los simpatizantes de Trump esperan que reduzca la burocracia estadounidense, mejore la economía (aunque la economía que recibe Trump ya es extraordinaria) y, sobre todo, cumpla con sus promesas de campaña. En la encuesta del New York Times, nueve de cada diez estadounidenses dicen esperar que Trump imponga aranceles a productos extranjeros y comience un sistema de deportación masiva inédito en la historia del país. Trump ha prometido también incidir en la educación estadounidense y en el desarrollo tecnológico, sobre todo en la inteligencia artificial y las regulaciones a la industria de la tecnología. También en el papel de Estados Unidos en el mundo, donde augura un renovado aislacionismo.

En todas esas áreas, Trump promete una disrupción duradera que sus simpatizantes suponen positiva.

Es posible.

Por desgracia, hay otro escenario.

Sin riendas ni incentivos para la contención, Trump podría gobernar para la minoría y desencantar a la mayoría. Su base de votantes rurales y de escasos recursos podrían tener un desencanto muy veloz. Uno de sus primeros pasos será tratar de consolidar los recortes fiscales que beneficiaron sobre todo a los más ricos. Si Trump realmente procede con su política de aranceles, que parece innegociable, el consumidor estadounidense promedio resentirá las consecuencias de inmediato.

La cercanísima asociación de Trump con los magnates de la tecnología podría derivar, en una transformación disruptiva y productiva, pero también podría dar paso a la consolidación de una nueva oligarquía, como advirtió Joe Biden en su último discurso como presidente. Donald Trump es una figura transaccional. Contra lo que muchos de sus simpatizantes suponen, no es realmente un hombre de grandes ideas. Es un hombre de grandes transacciones. Nada asegura que la relación con gente como Elon Musk no derive, por ejemplo, en la concentración de monopolios. No es casualidad que la fortuna de Musk haya crecido en estos meses. Hay quien supone que la presencia del hombre más rico del mundo junto al presidente en la Casa Blanca derivará en beneficios para la mayoría. Lo cierto es que perfectamente bien puede resultar en beneficios no solo para la minoría sino para una oligarquía que en un santiamén puede convertirse en cleptocracia.

Y finalmente está el papel de Estados Unidos en el mundo. Sus simpatizantes suponen que Trump actuará con cautela, concentrándose en la política interior de Estados Unidos y retirándose de manera inteligente del escenario mundial. El otro lado de esa moneda es el final de la ayuda estadounidense a Ucrania y el principio de la amenaza de Vladimir Putin a Europa. Muchos de sus simpatizantes también suponen que Donald Trump va a apretar a los regímenes autoritarios de izquierda en América Latina en Venezuela y Cuba y será un contrapeso en México. Puede ser. Pero también puede ser que la naturaleza transaccional de Trump se imponga también en este terreno y llegue a acuerdos en los que, como claramente ocurrió con el gobierno de López Obrador, Trump obtenga lo que necesita para sus prioridades e ignore por completo el buen destino interno de esos países.

Hoy también marca el principio de una era oscura para la comunidad inmigrante en Estados Unidos, en su gran mayoría hispana y en su gran mayoría mexicana. Los simpatizantes de Trump insisten en que su política asegurará las fronteras y sumará confianza en la seguridad interna del país. Dicen que se enfocará en los inmigrantes indocumentados que han cometido crímenes y que al resto los dejará en paz.

De nuevo: puede ser.

Pero también puede ocurrir una inmensa tragedia humanitaria. Si se imponen los duros en el equipo que ha armado para política migratoria (es decir, básicamente todo el equipo de política migratoria) podríamos ver la deportación de millones de personas, la fractura de millones de familias, la caída en la pobreza de millones de niños. Y eso es solo lo que podría ocurrir en Estados Unidos. ¿Está realmente preparado el gobierno de México para recibir a esa oleada de seres humanos desarraigados y desesperados? ¿Está listo México para ofrecerles una vida con la seguridad esencial, garantizarles que estarán a salvo de las sofisticadas redes de extorsión del crimen organizado? ¿México puede darles una vida lo suficientemente productiva como para desincentivar su natural intención de volver a Estados Unidos, que es en tantos casos el único país que conocen (intentar volver podría derivar en años de cárcel por reincidir)?

Puede ser, pero me parece muy improbable.

Así las cosas. Trump puede ser un agente disruptor positivo como el que pregonan sus simpatizantes, o un agente del caos y la crueldad. Por el bien de todos, esperemos que sea lo primero. (Leon Krauze, El Universal, Nación, p. A7)

Fuera del aire / Día uno

Hoy inicia el segundo mandato de Donald Trump y hay mucho que decir al respecto. De entrada, se prevé que en este primer día firme alrededor de veinte órdenes ejecutivas, algunas de ellas con impacto directo para la migración.

Ha sido enfático en su intención de revertir las políticas “laxas” de la administración Biden para poder iniciar con las deportaciones masivas. “En el día 1, lanzaré el programa de deportación más grande en la historia de Estados Unidos para sacar a los criminales. Rescataré cada ciudad y pueblo que ha sido invadido y conquistado, y pondremos a estos criminales viciosos y sedientos de sangre en la cárcel, luego los sacaremos de nuestro país lo más rápido posible”.

El temor a ser deportados o llevados a centros de detención (que son prácticamente prisiones), ha llevado a muchos migrantes a dejar voluntariamente ese país. Sin embargo, la amenaza de deportar a más de once millones de personas no puede cumplirse en un lapso tan corto. De entrada, no cuentan con los recursos logísticos y humanos para hacerlo. El personal burocrático no es suficiente para arrestar, enjuiciar y sacar del país a tanta gente.

Además, ejecutarlo tendría un costo altísimo. El Consejo Americano de Inmigración ha estimado que deportar a un millón de personas por año, requeriría de un presupuesto de 88 mil millones de dólares anuales. Por otro lado, están las pérdidas económicas que generaría el dejar de contar con una fuerza de trabajo tan barata y eficiente.

Los inmigrantes indocumentados son los que levantan las cosechas, limpian las casas, ensamblan en las maquilas y, seguramente, serán quienes reconstruyan California luego de los devastadores incendios. Sin ellos, no se explica buena parte del auge económico que Estados Unidos ha tenido por décadas y la comodidad con la que viven muchos de sus habitantes.

Trump también ha anticipado que en este segundo periodo habrá una profundización del proteccionismo económico. Ya en su paso anterior por la Casa Blanca impulsó medidas que impactaron al acero y al sector automotriz, pero esta vez ha advertido que impondrá aranceles a los productos importados desde Canadá y México.

Para colmo, se prevé que los temas económicos se mezclen con los asuntos migratorios y los de seguridad, por lo que el reto para México puede ser mayúsculo. Por ejemplo, la posible designación de los cárteles de las drogas como organizaciones terroristas, puede ahuyentar muchas inversiones de este lado de la frontera.

Sin embargo, mucho de lo que ha dicho podría quedarse solo en el discurso. Imponer aranceles, por ejemplo, generaría un alza de precios importante. Seguramente no le entusiasma iniciar su mandato detonando inflación y afectando el consumo.

La principal razón que llevó a Trump de regreso a la presidencia, es que lo consideran una mejor apuesta económica. Desde esa lógica, parece descabellado que impulse acciones que dañen el bolsillo de los estadounidenses. Pero todo puede suceder. La moneda está en el aire, lo mismo que el peso mexicano, los mercados y las inversiones en nuestro país. (Paola Rojas, El Universal, Opinión, p. A16)

Trump 2.0

En El arte de la guerra, Sun Tzu señala que, ante el caos, el general sabio identifica oportunidades y prioriza la preparación como clave para superar a sus adversarios. Estas estrategias no se limitan al campo de batalla; su relevancia trasciende al ámbito político, en el cual las crisis suelen marcar puntos de inflexión decisivos.

En nuestros días, tales enseñanzas son un recordatorio de que la habilidad para responder con estrategia y visión permite definir el destino de naciones enteras. Esto cobra especial relevancia en un momento en el que el tablero global enfrenta cambios significativos.

Nos referimos, por supuesto, al inicio del segundo mandato de Donald Trump como el presidente número 47 de los Estados Unidos. Este acontecimiento no sólo estará redefiniendo la política de esa nación, sino que también pondrá a prueba la capacidad de México y otros países para adaptarse a un entorno internacional cada vez más complejo.

Este regreso al poder se ha convertido en un espectáculo que refleja el estilo mediático y polarizador del personaje. Durante tres días, Trump ha celebrado su investidura con eventos que combinan mensajes de fuerza y confrontación: el sábado, en su campo de golf; el domingo, ante el público estadounidense y, finalmente, este lunes, con la ceremonia oficial en el Capitolio.

Como es característico de su figura, Trump no llegó al poder sin generar polarización. En su discurso de despedida, el presidente saliente Joe Biden advirtió sobre una oligarquía emergente en su país, construida sobre una concentración extrema de riqueza, poder e influencia.

Trump regresa, además, con una agenda que promete cambios drásticos en la política comercial, migratoria y de seguridad estadounidense. Estas decisiones afectarán tanto a su país como al resto del mundo; recordemos que persiste un contexto marcado por la guerra en Ucrania, las tensiones con Rusia y China, y el cese al fuego en Oriente Próximo.

Para México, compartir una frontera de más de 3 mil kilómetros con el principal socio comercial es una realidad que no podemos ignorar. La relación bilateral ha sido un componente vital de nuestra política exterior, pero también una fuente constante de tensiones.

Durante su primer mandato (2017-2021), Trump se caracterizó por una retórica antimexicana que incluyó la promesa de construir un muro fronterizo, la renegociación del TLCAN hacia el T-MEC, y la constante amenaza de imponer aranceles a nuestros productos si no controlábamos el flujo migratorio.

Su administración estuvo marcada por la implementación de políticas proteccionistas que, si bien buscaban fortalecer la economía de su país, afectaban directamente otros intereses. Ahora, para su segundo mandato, dejó claras sus intenciones de renegociar aspectos clave del T-MEC para 2026, lo que podría poner en riesgo sectores como el automotriz, agroalimentario y manufacturero, pilares fundamentales de la economía nacional.

La migración también es otro tema delicado, ya que prometió endurecer las medidas contra las personas migrantes en territorio estadounidense y en la frontera, incluyendo redadas y amenazas de cerrar los cruces, así como la imposición de aranceles si México no cumple con detener el flujo migratorio. Estas medidas impactarán a miles de familias que dependen de los más de 40 millones de mexicanas y mexicanos que viven y trabajan en la Unión Americana.

Otro tema crítico es el combate al narcotráfico, en particular el flujo de fentanilo hacia EU. Aunque México colabora decididamente en estas acciones, prevalece el discurso de tomar medidas unilaterales, como incursiones en nuestro territorio, una acción que violaría la soberanía nacional y podría tensar aún más las relaciones diplomáticas.

La presidenta Claudia Sheinbaum tiene una postura firme ante el regreso de Trump. Enfatizando la necesidad de cooperación y respeto mutuo, dejó claro que México no aceptará injerencias ni medidas que comprometan nuestra soberanía.

Con su liderazgo, tenemos la oportunidad de demostrar que somos capaces de responder a los retos con dignidad y visión estratégica, aprovechando también el peso de alianzas multilaterales para contrarrestar cualquier medida unilateral de la administración estadounidense.

Frente a este escenario, la prioridad debe ser fortalecer nuestra posición en la relación bilateral y cerrar filas en torno a la presidenta. Los próximos cuatro años serán decisivos. La forma en que el mundo enfrente los retos de la administración Trump determinará qué país es capaz de transformar las crisis en oportunidades.

Ante tal escenario, sólo la unidad nacional y la visión estratégica permitirán que nuestro país salga fortalecido. Los ojos del mundo estarán sobre EU, pero también sobre México, y es momento de demostrar que, como pueblo y como nación, estamos a la altura de cualquier desafío. (Ricardo Monreal Ávila, El Universal, Opinión, p. A17)

El retorno de Donald Trump y la geopolítica del nacionalismo tecnológico

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos implica el fortalecimiento de un grupo de poder económico y político que persigue una hegemonía global basada en un modelo nacionalista-proteccionista. Este grupo promueve una visión que combina el proteccionismo económico con el dominio estratégico de tecnologías emergentes y los recursos materiales críticos para su desarrollo.

Su enfoque desafía directamente las lógicas globalistas que, en las últimas décadas, han buscado construir un orden internacional fundamentado en la cooperación multilateral, los derechos humanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), frente al cual los señalamientos sobre su fracaso para construir una sociedad global más igualitaria, con menos pobreza y con más justicia y solidaridad, ha cimentado los discursos de odio y populistas que, desde otros sectores del poder económico, se presentan como “antisistema” y como justicieros respecto de las carencias y crisis planetarias. En efecto, el proyecto nacionalista de Trump busca consolidar la supremacía de Estados Unidos en sectores clave de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, la industria aeroespacial, todo el sector energético, la computación cuántica y las redes 5G. Estas tecnologías son consideradas las herramientas del poder en el siglo XXI, y su dominio implica una ventaja estratégica en términos militares, económicos y diplomáticos.

Este grupo también busca controlar los recursos naturales esenciales para el desarrollo tecnológico, como el litio, las tierras raras y el cobalto. El reciente impulso de Estados Unidos para garantizar el suministro de estos materiales, a través de alianzas bilaterales y presión geopolítica sobre países productores, refuerza su búsqueda de hegemonía global. Así, mientras el discurso se centra en “hacer a América grande de nuevo”, el trasfondo revela una estrategia que combina nacionalismo económico con ambiciones globales de poder tecnológico.

La postura de este grupo contrasta radicalmente con el discurso multilateralista de las décadas recientes, en el que la agenda global se ha enfocado en temas como los derechos humanos, la lucha contra el cambio climático y la transición hacia una matriz energética más sostenible. Sin embargo, el regreso de Trump al poder representa un retroceso en estas agendas. Su retórica racista, misógina y abiertamente contra los derechos humanos refleja una lógica que privilegia el poder económico y político sobre las preocupaciones éticas y ambientales. Esto no sólo debilita los esfuerzos globales para enfrentar el cambio climático, sino que también socava la legitimidad de las instituciones multilaterales que han intentado promover un orden internacional basado en la cooperación y la justicia social.

México enfrenta desafíos particulares ante esta visión del mundo. La retórica de Trump, que describe a los migrantes mexicanos como una amenaza para la seguridad y la economía estadunidense, se alinea con los discursos xenófobos y racistas promovidos por las derechas europeas. En países como Hungría, Polonia e Italia, estas corrientes han implementado políticas antiinmigrantes que, además de violar derechos humanos, han erosionado el tejido social y la cohesión regional.

En el caso de México, esta retórica no sólo exacerba tensiones diplomáticas, sino que también tiene consecuencias directas sobre nuestra economía y seguridad nacional. La posible imposición de mayores restricciones comerciales y arancelarias pondría en riesgo a diversos sectores económicos nacionales, que son pilares fundamentales de la economía nacional. Además, las políticas migratorias endurecidas no sólo criminalizarían aún más a las personas migrantes, mexicanas y de otras nacionalidades, y podrían, incluso, obstaculizar los flujos de remesas. El retorno de Donald Trump y la consolidación de los grupos de mayor poder y de corte nacionalista en Estados Unidos marcan un desafío significativo para el orden global liberal. Este proyecto amenaza los avances logrados en derechos humanos y sostenibilidad, y redefine las relaciones internacionales bajo una lógica de dominio y exclusión.

Para México, este escenario representa riesgos económicos, sociales y políticos que requerirán estrategias firmes y una postura clara en defensa de la cooperación multilateral y los derechos humanos. La capacidad de México para enfrentar estos desafíos determinará sus posibilidades para navegar en un contexto geopolítico cada vez más complejo y fragmentado. (Mario Luis Fuentes, Excélsior, Nacional, p. 10)

El asalto a la razón / Desigual duelo nacionalpopulista

A partir de esta tarde comenzarán a verse los alcances de las amenazas a México —aplicación de aranceles, vigilancia militar de la frontera, continuación del muro, deportaciones masivas, impuestos a las remesas y uso de drones armados para destruir laboratorios clandestinos y asesinar cabecillas criminales que considere “terroristas”— por parte del delincuente convicto que asume este mediodía la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump.

Sin pausa ni tardanza, el mañoso magnate inmobiliario comenzará a ejercer su segundo mandato y en su escritorio tendrá varias plumas para firmar (y regalárselas después a sus invitados y testigos) las diversas órdenes ejecutivas que darán el banderazo a sus intimidantes, pero taquilleras promesas electorales.

Desde su primera campaña presidencial utilizó el lema “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” (Make America Great Again) para movilizar a sus paisanos que se sienten desplazados por efecto de la globalización.

Su nacionalismo de exclusión está marcado por políticas antimigratorias, proteccionismo económico y desdén por los acuerdos internacionales, de modo que su regreso a la Casa Blanca plantea un riesgo real y severo para México.

Por su parte, Claudia Sheinbaum ha continuado una política de confrontación interna con fachada de progresista y una tozuda reivindicación de “lo auténticamente mexicano”, misteriosa generalidad que excluye 300 años de mestizaje y seis sexenios “neoliberales”.

Su discurso se combina con una política de desmantelamiento de las instituciones republicanas de contrapeso, centralizando el poder y debilitando la democracia.

Aunque pretende ser inclusivo, el nacionalpopulismo de Sheinbaum fragmenta a la sociedad y limita la capacidad de su gobierno para enfrentar desafíos como el que encarna Trump, especialmente en temas migratorios y en la renegociación del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá.

Con Trump de regreso comienza un nuevo orden mundial con reglas que irá imponiendo sobre la marcha basadas en el pragmatismo y el amago de aplicar la fuerza económica o militar para defender los intereses estadunidenses (que incluyen o pueden incluir, según su delirante interpretación, la anexión de Canadá, la compra o invasión de Groenlandia, el cambio de nombre al Golfo de México y la reocupación del Canal de Panamá).

Uno de los más estrujantes calambres que se anticipan es el migratorio y la consecuente crisis humanitaria, frente a lo cual será mejor que Sheinbaum acepte recibir únicamente a mexicanos para no repetir el error de aceptar el Quédate en México del obradorato.

“La peor política exterior es la interior”, decía con toda razón el embajador en retiro Agustín Gutiérrez Canet, y el origen de los problemas actuales entre EU y México está en las debilidades mexicanas de corrupción, inseguridad y precario estado de derecho, agravado gratuita y letalmente por la destructiva reforma en curso al Poder Judicial… (Carlos Marín, Milenio, Política, p. 7)

Duda Razonable / Trump, la migración y los militares

Las ciudades fronterizas del país viven estas horas, estos días con miedo, mucho miedo. Las amenazas de Trump en contra de migrantes, cierres de la frontera, deportaciones, plantean un panorama plagado de incertidumbre.

Hoy, después de las primeras órdenes ejecutivas que firmará el presidente estadunidense, comenzaremos a tener más claro el tamaño de la crisis que podría venir. Una de las interrogantes que comenzarán a despejarse es en qué medida planea Trump utilizar a las fuerzas armadas estadunidenses en la frontera con México para impedir la llegada de migrantes sin documentos.

Esta ha sido una obsesión de Trump desde su primer mandato, pero no ha sido sencillo.

Según lo que ha trascendido en las últimas semanas, ahora Trump busca redoblar la militarización de la aplicación de la ley de inmigración invocando, como le permite la ley, o eso creen en su equipo, criterios de “emergencia”, comenzando con la Ley de Insurrección de 1807.

La Ley de Insurrección otorga al presidente amplios poderes para desplegar fuerzas armadas federales (incluida la Guardia Nacional federalizada) para sofocar los disturbios civiles o hacer cumplir la ley. Los criterios para el despliegue están escritos en términos vagos y arcaicos que proporcionan pocas limitaciones claras.

Para empeorar las cosas, la Corte Suprema sostuvo en 1827 que el presidente es el único juez que determina si se han cumplido los criterios para el despliegue. En otras palabras, los tribunales generalmente no pueden revisar la decisión de un presidente de invocar la ley. Asesores muy cercanos a Trump han dicho a la prensa que el presidente invocará tal ley.

Aunque, como señala un análisis en The Atlantic, “el equipo de Trump ha proporcionado pocos detalles sobre cómo planea utilizar las fuerzas federales una vez desplegadas. Es concebible que el propósito de Trump al invocar la Ley de Insurrección sea puramente simbólico: un acto para provocar ‘conmoción y pavor’”. Pero no hay que descartar la posibilidad que las ponga a realizar funciones básicas de aplicación de la ley como detener inmigrantes en cualquier estado del país y contra la voluntad de cualquier gobernador.

En las próximas horas y días esta será una de las interrogantes que comenzarán a tener respuesta y que marcarán el tamaño de crisis en nuestra frontera.  (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)

Coordenadas / ¿Qué va a decir hoy Trump?

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos marca el inicio de un periodo que puede redefinir la relación bilateral con México.

Las miradas estarán puestas en dos momentos clave: su discurso inaugural, donde delineará los ejes de su administración, y la firma de órdenes ejecutivas que comenzarán a materializar sus promesas de campaña desde hoy mismo.

Recordemos que, en su toma de posesión en 2017, Trump basó su discurso en una feroz crítica a la élite política, asegurando que con él, el poder volvía a los ciudadanos. Prometió una renovación nacional, enfocada en recuperar empleos, fortalecer la industria estadounidense y devolver el “sueño americano”. Su política de “America First” dejó claro que priorizaría los intereses de su país en comercio, inmigración y seguridad, con especial énfasis en el reforzamiento de la frontera con México.

En aquel entonces, su primer día de gobierno se limitó a la firma de tres órdenes ejecutivas relativamente moderadas, como la suspensión de regulaciones en trámite y una declaratoria simbólica del 20 de enero como “Día Nacional del Patriotismo”. Hoy, en cambio, se anticipa una avalancha de aproximadamente 100 órdenes, abarcando desde la imposición de aranceles hasta estrictos controles migratorios. Entre ellas, podría incluirse la designación de ciertos grupos criminales mexicanos como organizaciones terroristas, un movimiento que alteraría la dinámica bilateral.

La velocidad con la que arrancará esta administración será significativamente mayor a la de 2017. Mientras los gobiernos del mundo analizarán cada palabra de Trump y sus primeras acciones, México deberá estar doblemente atento.

Las decisiones que se tomen en Washington influirán de inmediato en la política comercial, con la posibilidad de ajustes arancelarios en respuesta a nuevas medidas proteccionistas. Asimismo, el gobierno mexicano tendrá que operar la estrategia que ha preparado ante la inminente deportación de migrantes, que podría generar presión sobre varias ciudades fronterizas.

Los mercados financieros también estarán en vilo. Si Trump sorprende con anuncios inesperados, la volatilidad será inevitable, especialmente en el tipo de cambio. Aunque muchos analistas creen que no aplicará de manera generalizada un arancel del 25 por ciento a las exportaciones mexicanas, la sola posibilidad de que lo haga podría desatar movimientos especulativos en el mercado cambiario, no solo en México, sino a nivel global.

Más allá de los decretos y discursos, el tono que adopte Trump en su mensaje será clave para interpretar sus intenciones. ¿Mantendrá su tradicional beligerancia o mostrará signos de pragmatismo? Cada gesto será analizado minuciosamente, pues marcará la pauta de lo que está por venir.

En resumen, las proyecciones económicas y políticas que hasta ahora se habían hecho para 2025 podrían necesitar una revisión inmediata. Lo que suceda en este día marcará el rumbo de los próximos años.

Lo dicho, nada será igual después de hoy. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)

Quebradero / Oficialmente hoy llega

Donald Trump echó a andar su maquinaria a los pocos días de su victoria.

Joe Biden y Kamala Harris materialmente desaparecieron. Mientras el presidente entendió que tenía que hacerse a un lado, la vicepresidenta se dio tiempo para asumir su ruda derrota.

No parecía que Donald Trump fuera a ganar las elecciones como lo hizo. Es un hecho que los votantes escondieron su voto. A la hora de ir a las urnas poco les importó cómo estaba la economía estadounidense, la cual fue fortalecida con Biden.

Trump representa el ánimo de los estadounidenses. Se identifican con él, porque detrás de sus propuestas está una forma de ver a su país y al mundo. Quizá en los terrenos de lo políticamente correcto, muchos no se atreven a repetir lo que plantea el presidente; sin embargo, es claro que el voto dejó establecido que EU se está haciendo a la derecha de la derecha.

Trump sabe que tiene que echar a andar todas sus propuestas lo más pronto posible. Tiene un bono democrático y tiene que responderles a los millones de estadounidenses que optaron por él. El presidente tiene que cumplirles en su repetida arenga de colocar de nuevo al país como la nación hegemónica, tanto en lo económico como en lo ideológico.

El presidente lo sabe y por eso, además de seguir azuzando a sus votantes a lo largo de estos meses, se ha dedicado a presentar una serie de propuestas que pueden cambiar la dinámica de la relación con México y el mundo.

Oficialmente llega hoy, pero Trump viene gobernando desde los primeros días de noviembre. Acaparó la atención del mundo y, sobre todo, al interior de su país. Empezó a gobernar y a tomar decisiones que incluso lo colocaron confrontado sistemáticamente con Biden, quien estaba ya en la cuenta de protección.

La interpretación que cada uno de ellos hace sobre la tregua en Medio Oriente es la manifestación de ello. Los dos asumen que el acuerdo de paz llegó porque ellos se encargaron de alcanzarlo.

Los demócratas deberán entender que con el presidente no se va a negociar y que puede venirse una reestructuración de muchas instituciones para adecuarlas a los tiempos, a la voluntad y ocurrencias del hombre que toma hoy posesión.

El nuevo triunfo de Trump viene a ratificar una tendencia de que los hombres del dinero se convierten en hombres de la política. Se puede venir un golpe de timón a instituciones que a lo largo de muchos años han demostrado su valor en la Unión Americana.

No hay manera de saber qué viene hasta que escuchemos el discurso de hoy y sepamos sus estrategias y sus ocurrencias. Para México todo es un enigma. Tres son los temas que aparecen en el radar. La migración acapara justificadamente la atención por lo que puede significar la expulsión de millones de mexicanos. No sirve de mucho, de no ser para los ánimos internos, las arengas políticas nacionalistas sobre la defensa de los migrantes. La gran paradoja es que ninguno, ninguno, de los gobiernos de los últimos años ha tenido una política firme en defensa de los migrantes.

El segundo tema son los aranceles. La ventaja que tenemos es el T-MEC. Se viene una muy ruda discusión sobre el tratado en los próximos meses, particularmente en 2026.

El tercero es la seguridad. Trump quiere meterse en el país para acabar con las cabezas de la delincuencia organizada. Se debe establecer una firme capacidad de negociación, pero sobre todo, habrá que darle un giro a las cosas en medio de un escenario profundamente desigual, porque se nos señala unilateralmente siendo que las responsabilidades sobre armas, seguridad y drogas es bilateral y multilateral.

Oficialmente hoy llega Trump, pero ya estaba desde noviembre por aquí.

RESQUICIOS

Algunas acciones de estos días en materia de seguridad ratifican que se acabó aquello de “abrazos no balazos”. Seguramente esto llega a oídos de Trump. Lo que también ha de llegar a sus oídos es que en Culiacán entre un gobernador prescindible y una violencia cotidiana las cosas siguen igual y peor. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La Dos, p. 2)

En el filo / Las deportaciones que vienen

El periódico Reforma anuncia que cinco millones de paisanos son susceptibles a ser deportados por el gobierno de Donald Trump a partir de hoy, 20 de enero de 2025. Lo relevante del dato no es únicamente el enorme número de mexicanos indocumentados viviendo en Estados Unidos. Es la confirmación de que los mexicanos somos la nacionalidad más grande de migrantes indocumentados en ese país. Un reflejo de nuestro fracaso por dar respuestas a las necesidades de nuestra población en materia de empleo, seguridad y salud. Nada para enorgullecerse.

Al mismo tiempo, es increíble revisar los datos de los votos que recibió Donald Trump para confirmar el vuelco de votos latinos a favor del republicano. Un voto repleto de deseos acomplejados por estar con el percibido ganador y un ancestral espíritu de autocastigo. Hay que decirle a esa población que tiene todo el derecho humano a emigrar de país en país buscando mejorar sus condiciones de vida. No hay nada de qué avergonzarse.

Lo que reina en Estados Unidos es un estado de confusión acerca de cuándo, dónde y cómo se dará este supuesto proceso de explosiones o deportaciones. Según reportes periodísticos, el gobierno de Trump piensa iniciar sus deportaciones en la ciudad de Chicago. Es conveniente por ser una ciudad gobernada por demócratas y con fuerte tradición sindical. Así, los republicanos tienen la excusa de que por culpa de los demócratas les dieron refugio a números “excesivos” de refugiados de otros países.

Por lo pronto, Trump dijo que los primeros tres millones de deportados serán quienes tengan antecedentes penales o criminales dentro de Estados Unidos. Se refirió a traficantes y vendedores de drogas o miembros de pandillas.

Sin embargo, hay 23 países que se niegan a recibir a sus ciudadanos expulsados de Estados Unidos como ilegales. Algunos de esos países son, por ejemplo, China, India, Cuba, Haití y Afganistán. Las instancias migratorias estadunidenses han señalado a Cuba como el país que categóricamente se niega a recibir sus ciudadanos deportados de Estados Unidos.

Esta situación plantea el tema del tercer país seguro. México ya declaró que no acepta ser considerado como el “tercer país seguro” ante la eventualidad de la deportación de millones de personas de diversas nacionalidades que no tienen la posibilidad de regresar a sus países de origen, como se ha mencionado, porque sus países no los aceptan de regreso.

Sin embargo, Marcelo Ebrard, como secretario de Relaciones Exteriores del anterior sexenio, sí aceptó que México fuera el “tercer país seguro”, aunque lo ha negado. El hecho es que el entonces presidente López Obrador lo permitió para congraciarse con Trump.

Trump habla escandalosamente de deportar a millones de personas. Pero en su gestión como presidente sólo deportó 766 mil personas. Bill Clinton deportó más de 7 millones de personas; George W. Bush, 4 millones; Barack Obama, 2 millones y Biden, 890 mil. Los demócratas deportaron millones como respuesta a la exigencia de sus líderes sindicales. Los republicanos, porque su clientela electoral sentía la amenaza de “otras razas”. Hoy, Trump logró provocar una histeria colectiva por el temor estadunidense a la reportada “decadencia” de su calidad de vida, logrando que, incluso, algunos de esos “invasores” votaran por él.

Viendo los datos reales, y considerando lo que realmente hizo Trump en la primera gestión, es previsible que no rebase en mucho sus números anteriores.

Es de notarse que en su comparecencia de confirmación ante el Senado, Marco Rubio, futuro secretario de Estado de Trump, dedicó escasos minutos al tema migratorio. Cuando habló de México, básicamente se refirió al problema del narcotráfico y seguridad y las relaciones comerciales a partir de la renegociación del T-MEC, además de referirse a la competencia entre Estados Unidos y China. No se observó una obsesión con el tema migratorio, lo que llama poderosamente la atención.

¿Acaso era un simple instrumento retórico, obviamente muy eficaz, para ganar las elecciones, cuando el verdadero interés está en otra parte? (Ricardo Pascoe Pierce, Excélsior, Comunidad, p. 21)

El Correo Ilustrado

Migrantes representan valioso capital humano

Felicidades a La Jornada por su magnífica serie de reportajes, Deportar, falsa solución. Hago al respecto los siguientes comentarios:

Los migrantes representan un valioso capital humano para el país de origen y el país receptor. A México no le conviene perder tan apreciable palanca de desarrollo y tampoco a Estados Unidos. De ahí que la mejor alternativa sea negociar a fin de que la necesidad que tiene de migrantes el país receptor y de remesas la nación de origen sea resuelta por acuerdos de contratación temporal con derechos laborales.

Por otra parte, Estados Unidos, Canadá y México pueden constituirse en una zona altamente competitiva si programan un intercambio sin precedente de capacitación y formación de capital humano: desde los menos calificados hasta especialistas en las ciencias y tecnologías que están cambiando los paradigmas de la existencia humana y del desarrollo.

Por lo anteriormente dicho, la perspectiva que tiene Donald Trump sobre la migración es errada y miope. Pobre Trump, tan lejos de los migrantes y tan cerca de sus prejuicios. (Primitivo Rodríguez Oceguera, La Jornada, Editorial, p. 6)

No criminalizar migrantes

A propósito de la embestida xenofóbica que estamos presenciando a inicios del año, antes de cualquier debate en torno a la migración de nuestro tiempo, tendríamos que ampliar la perspectiva y mirar a la historia y aún a la prehistoria. La migración es atemporal y universal: existe desde que los seres humanos, inexorable y legítimamente, se han desplazado buscando mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

De sur a norte, de oriente a occidente, y en otras direcciones, el homo sapiens ha emigrado hasta poblar los cinco continentes, y los flujos no cesan porque el imperativo de mitigar las necesidades básicas de comida, refugio y vestido, están por encima de fronteras nacionales, credos ideológicos, sistemas políticos y modelos económicos. Y lo decíamos, no de ahora, sino de siempre.

Por eso, criminalizar a los migrantes, lo mismo en sectores gubernamentales y sociales de nuestros vecinos del norte que en algunos países europeos donde gobierna o tiene una alta influencia la extrema derecha, es deshumanizante, es antihistórico, es flagrantemente violatorio de los derechos humanos. Es una actitud retrógrada, contraria a la civilización, y contraria incluso a los cimientos del progreso.

Legislar para legalizar primero la detención y luego la expulsión de un migrante sin juicio previo, sólo con la acusación sumaria, interesada y facciosa de un funcionario menor, por ejemplo, es contrario a los principios elementales del debido proceso que contemplan diversos tratados y declaraciones de derechos humanos, de los que Estados Unidos forma parte.

Separar familias, padres inmigrantes e hijos que ya tienen la nacionalidad estadunidense sería contrario al estado de derecho porque estarían atentando contra sus propios ciudadanos al privarlos de sus progenitores, sería también abiertamente lesivo a la dignidad de toda la familia, al generar un daño sicológico irreparable.

Expulsar a quienes sólo buscan mejores estándares de vida significa también no ponderar la enorme aportación que los migrantes hacen no sólo a las economías de sus países de origen, sino sobre todo a las economías a las que sirven. No es una opinión subjetiva, es una realidad acreditada con cifras.

Para citar el caso de los migrantes mexicanos, es del dominio público que las remesas son ya la segunda fuente de divisas del país, sólo después de la exportación de autos. El año pasado las remesas alcanzaron la cantidad histórica de 60 mil millones de dólares, sin contar diciembre. Son una aportación fundamental para el sustento de sus familias, de sus comunidades de origen y de la propia economía nacional. Pero la contribución a la economía estadunidense es aún mayor, pues a México sólo envían alrededor de 25 por ciento de sus ingresos, el otro 75 por ciento lo gastan en bienes, servicios e impuestos en la economía local, sin contar la inmensa plusvalía que generan en las empresas, cultivos y distintos sectores económicos donde aportan su fuerza de trabajo, productiva, esmerada y honesta.

Hay estados como California, Texas, Nuevo México y Florida, además de Nueva York y Chicago, cuyas economías, en algunos casos con un PIB estatal superior a la de la mayoría de países europeos, se desplomarían sin el trabajo, el consumo y las contribuciones fiscales de los trabajadores migrantes. Las ciudades fronterizas de ambos lados, sobre todo, languidecerían.

Y hay que decirlo, a Estados Unidos emigran también egresados de instituciones de educación superior y posgrados, que detonan ahí su conocimiento y desarrollan su potencial productivo. Tanto ellos como el resto de hermanos migrantes son talentosos y productivos. Llegan a producir, no a delinquir. Criminalizarlos es una actitud sesgada, deshumanizada y regresiva.

En cuanto al T-MEC, es un mecanismo que ha beneficiado a las tres partes, a México, a Estados Unidos y a Canadá. Es un esfuerzo colectivo que en la teoría de juegos se llama esquema de suma positiva, porque al final nadie le quita nada a nadie y todos salen ganando. Claro, con sectores que habría que revisar de parte nuestra, como lo relativo a los productos agropecuarios, y especialmente los granos básicos.

Desmantelar, desvirtuar o debilitar al T-MEC sería perder competitividad frente a otros mercados, como el de China y el de los tigres asiáticos. Imponer aranceles a las importaciones, algo totalmente contrario al espíritu de los mercados de libre comercio, golpearía a las tres economías. El arancel cobrado a los productos e insumos que ingresan lo terminarían pagando los propios consumidores, lo que incentivaría la inflación, encogería los mercados y reduciría el crecimiento de la economía.

Eliminar y aún restringir los alcances del T-MEC sería el fin del mayor mercado común de mundo. Sería la mejor noticia, pero para los competidores de otros polos de poder económico, que siempre le han disputado la hegemonía a este lado del Atlántico, aunque también podría derivar en un enfriamiento de la economía mundial. Un esquema de perder-perder.

En suma, una embestida contra los migrantes, su criminalización y expulsión sumaria, sería inhumano y también lesivo para la economía que hoy se beneficia de su productiva fuerza de trabajo. Vulnerar al T-MEC sería también una decisión de perjuicio compartido para todos los actores. Es tiempo de elevar la mirada y proteger el interés de todas las partes. En próximas colaboraciones abundaremos sobre ambos temas. (José Murat, La Jornada, Opinión,. P. 16)

TLCAN-T-MEC: tres décadas de impacto en la economía mexicana

La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 fue un momento clave para redefinir las relaciones económicas y sociales entre México, EU y Canadá. Diseñado como herramienta para impulsar el desarrollo económico y la modernización, el tratado aspiraba a reducir las desigualdades históricas entre estos países y a promover una mayor integración económica con sus socios del norte. Sin embargo, más de tres décadas después, los resultados han sido dispares. Mientras algunos sectores se han beneficiado del comercio global, otros han enfrentado retos significativos. Indicadores macroeconómicos, como el ingreso por habitante y el índice de desarrollo humano, han mostrado avances limitados, y para muchos mexicanos, especialmente en zonas rurales, las promesas de progreso no se han materializado plenamente. Problemas estructurales, como la pobreza, la desigualdad, la migración y la inseguridad son desafíos persistentes, subrayando la necesidad de revisar y fortalecer las estrategias de desarrollo económico para alcanzar mayor equidad y sostenibilidad.

El TLCAN culminó las reformas económicas iniciadas en los 80, orientadas a la privatización, apertura comercial y menor intervención estatal, con el objetivo de integrar a México en la economía global. Aunque buscaban atraer inversión extranjera y reducir la brecha con EU y Canadá, estas medidas no consideraron las desigualdades estructurales ni las vulnerabilidades de sectores clave como el agrícola.

Ese sector enfrentó serios desafíos con la aplicación del TLCAN. Antes del tratado, millones de pequeños y medianos agricultores dependían de la producción de maíz, no sólo como base económica, sino como un elemento central de su identidad cultural y social. Sin embargo, la llegada de maíz subsidiado de EU inundó el mercado mexicano con productos a precios que superaron la capacidad competitiva de los productores locales. Sin subsidios y políticas de apoyo comparables, muchos campesinos quedaron en desventaja. Esto resultó en el abandono de tierras cultivables, aumento en la pobreza rural y una importante pérdida de soberanía alimentaria. El maíz, símbolo y pilar de miles de comunidades, pasó de ser fuente de sustento a reflejar la precariedad y exclusión que afectó al campo.

El impacto en el campo mexicano no se limitó a las dificultades económicas, sino que desencadenó un éxodo masivo de la población rural. Sin oportunidades, muchas familias debieron abandonar sus comunidades, migrando hacia las ciudades o a EU en busca de un futuro mejor. Este desplazamiento desarraigó comunidades enteras, fragmentando el tejido social y dejando pueblos rurales casi vacíos, al tiempo que las ciudades enfrentaron el reto de absorber a una creciente población de trabajadores vulnerables.

El colapso del campo impulsó la expansión del narcotráfico en regiones como Guerrero, Michoacán y Sinaloa, donde, ante la falta de alternativas económicas, muchos agricultores recurrieron al cultivo de amapola y mariguana. Esto fortaleció un ciclo de pobreza, violencia y dependencia, mientras el narcotráfico llenaba el vacío estatal, imponiendo su control territorial y social. Estas áreas se convirtieron en centros de actividades ilícitas, marcadas por exclusión, inseguridad y abandono institucional.

El TLCAN también profundizó las desigualdades regionales en México. Mientras las zonas industriales del norte experimentaron crecimiento gracias al modelo maquilador y la integración comercial, las comunidades rurales del sur enfrentaron un creciente rezago. Este desequilibrio impulsó patrones de migración interna hacia las ­ciudades, acelerando una urbanización desordenada y creando cinturones de pobreza.

Por otro lado, las remesas de Estados Unidos se convirtieron en un sustento esencial para muchas familias, aunque al mismo tiempo fomentaron una dependencia económica que limitó el desarrollo de economías locales sostenibles. La constante migración de jóvenes en edad laboral debilitó más a las comunidades rurales, dejándolas vulnerables y atrapadas en un ciclo de pobreza y exclusión que resulta difícil de romper.

El TLCAN no logró cerrar las brechas entre México y sus socios del norte; por el contrario, las amplió y puso en evidencia algunos de los costos sociales y económicos más profundos asociados a las políticas neoliberales implementadas en el país. La crisis en el campo, el incremento de la dependencia alimentaria y la expansión del narcotráfico destacan la urgente necesidad de replantear las estrategias de desarrollo económico para abordar estos desafíos estructurales.

Tras más de tres décadas de experiencia con el TLCAN y ahora el TMEC, el modelo vigente ha mostrado limitaciones para garantizar un desarrollo verdaderamente equitativo. Problemas como la migración masiva, el crecimiento del narcotráfico, las desigualdades regionales y la dependencia económica evidencian la necesidad de un cambio estructural.

Es evidente que la economía mexicana enfrenta un grave problema profundamente arraigado, que demanda una reflexión seria, un replanteamiento estructural y, sobre todo, un amplio debate nacional. Es crucial que la sociedad tome plena conciencia de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en el campo, donde la falta de oportunidades ha sido un factor determinante en el surgimiento de fenómenos como la migración masiva y la expansión del narcotráfico. Es urgente implementar medidas concretas para reactivar el campo, fortalecer su capacidad productiva, superar sus vulnerabilidades y promover un desarrollo más equitativo y sostenible en beneficio de toda la población. Las soluciones deben surgir de este debate, explorando y considerando todas las opciones posibles. (José Romero, La Jornada, Opinión, p. 19)

Uno hasta el fondo / Trump: fascista que come lumbre

Gilga escribe estas líneas un día antes de la toma de posesión de Donald Trump. Es dable suponer que a estas horas el presidente de los Estados Unidos habrá desgarrado, después de no pocas majaderías, una parte de las relaciones con México; más tarde firmará todas las órdenes ejecutivas con las que ha amenazado al país y al mundo. Días tras día, todos veremos qué parte de las intimidaciones se cumplirán y cómo responderá México. Gilga sabe que de los delirios de Trump se puede esperar todo. ¿Hay fascista que come lumbre? La historia demuestra que sí.

Se inicia el carrusel político que traerá un 2025 de lastimeros ayes. Oh, sí. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco lleno de confusión y sobresalto, espantado por el oscuro panorama.

Aranceles y remesas

Gamés leía en su periódico El País un articulo de Karina Suárez en el cual retomaba la idea de que en línea con su visión proteccionista, Trump hizo de los aranceles un arma de campaña y ahora los perfila como uno de los pilares de su gobierno. El hombre Naranja amaga con imponer un impuesto generalizado del 25% sobre las importaciones mexicanas si el gobierno de Sheinbaum no controla el narcotráfico y los flujos migratorios.

El golpe de timón al comercio internacional de la mano de estas amenazas ha puesto a temblar a los mercados y ha arrastrado a la baja a las principales divisas. México no ha sido la excepción. El peso cerró la semana con una depreciación de 0.37%, cotizando alrededor de 20.79 pesos por dólar, alcanzando un máximo de 20.93 pesos por dólar, un nivel no visto desde julio de 2022.

¿Cómo ven a Gil ofreciendo cifras cambiarias? Gilga se sorprende a sí mismo, pero eso no es nada lean esto: Las políticas de Trump cambiarán la relación con Estados Unidos y México buscará afianzarse como el principal socio comercial de EU, con exportaciones a ese país por más de 466 mil millones de dólares, un 80% de sus exportaciones”. Aigoeei, inch Gamés, se las trae con las economías y si no le creen lean el siguiente párrafo:

Según el centro de estudios Capital Economics, un arancel del 10% a los productos importados de México significaría una reducción del 1.5% del PIB mexicano.

A Gil le temblaron las económicas piernas, para que más que la verdad.

Las remesas que los migrantes en Estados Unidos envían cada mes a sus familiares son fundamentales para la economía de consumo: están, según cifras oficiales, entre el segundo y tercer mayor ingreso después del turismo y las ventas del petróleo. Esa fuente de ingresos se puede ver afectada por las deportaciones de Trump.

El TMEC tendrá que ser ratificado en 2026 por los tres países. Aunque en 2020 Trump accedió a firmarlo, lo más probable es que ahora lo use como mecanismo de negociación frente a dos de sus grandes obsesiones: la batalla comercial con China y la migración.

Migración

El otro gran litigio de la relación bilateral: la migración. Trump prometió deportar un millón de migrantes indocumentados al año y dijo que va a reanudar la construcción del muro fronterizo entre los dos países. Gil ha leído que los especialistas consideran que ambas amenazas son difíciles de cumplir porque son costosas y pueden afectar a la economía estadunidense, que en parte depende de la mano de obra migrante.

Pero todos saben que con que solo una parte de la “deportación masiva” prometida, el país tendrá un gran desmadre. Se estima que 4 millones de mexicanos viven en Estados Unidos en situación irregular. Gil también le sabe a la demografía, sí señor.

Para evitar los aranceles, el gobierno de Liópez accedió a detener migrantes y logró reducir el flujo de personas que ingresaba a Estados Unidos. Pueden ustedes jurar ante un altar que Sheinbaum hará los mismo y hasta más.

Narcotráfico

Gil sigue las huellas de estas desdichas: más de 80 mil personas murieron en Estados Unidos en 2023 a causa del fentanilo. Trump prometió bombardear los laboratorios, bloquear los puertos mexicanos que transporten sus precursores y designar a los carteles mexicanos como organizaciones terroristas.

Aunque los dos gobiernos tendrán nuevos presidentes, el tema del narco inevitablemente será uno de los más serios problemas de México con Estados Unidos. A Gamés ya le quiere dar un ataque de angustia, una ansiedad, un no sé qué.

Todo es muy raro, caracho, como diría, Cervantes: “La historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de pasado, ejemplo y aviso del presente y advertencia del porvenir”.

Gil s’en va (Gil Gamés, Milenio, Al Cierre, p. 39)

Migrantes mexicanos y la Copa del Mundo 2026: El rol invisible que no podemos ignorar – “El Balón como Puente de Unidad

En 2026, la Copa del Mundo de Fútbol vivirá su primera edición tripartita, con México, Estados Unidos y Canadá como países coanfitriones. Se trata de un evento de proporciones históricas, con una visibilidad sin igual en la mayor parte del mundo.  Millones de turistas, fanáticos y selecciones de 48 países convergerán en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Seattle, Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Toronto, y Vancouver, entre otras. Sin embargo, detrás de la fiesta mundialista y la magia del fútbol, hay una realidad que amenaza con empañar lo que debería ser una fiesta para todos y todas,  imposible de ignorar: el papel fundamental que desempeñan los migrantes mexicanos en los Estados Unidos. Hoy Donald Trump asume por segunda ocasión la presidencia de Estados Unidos y pondrá en práctica sus planes antiinmigrantes con señales de pocos amigos. Lo que está en juego no solo es la organización de un torneo deportivo, sino la estabilidad del llamado Bloque de Norte América.

Los migrantes mexicanos en Estados Unidos no sólo son la columna vertebral de la fuerza laboral en sectores clave como la construcción, agricultura, manufacturas y servicios en general. También están presentes en los campos agrícolas, la atención en hoteles, transporte, seguridad, escuelas, universidades, y en una infinidad de empleos que permiten que el país funcione a diario. Son ellos quienes estarán, en su mayoría, detrás de los servicios de atención y hospitalidad. Los migrantes serán el motor silencioso detrás de la experiencia de millones de aficionados al fútbol y de cientos de miles de detalles que hacen posible que el sueño de la Copa del Mundo no solo se vea en las pantallas, sino que se viva en la calle, en los bares, en los estadios y en cada rincón de las ciudades anfitrionas.

La política antiinmigrante que marca el mandato de Donald Trump y que sigue sembrando incertidumbre en las vidas de millones de trabajadores migrantes es un reto, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y de ahora la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo por fortalecer los lazos económicos y resaltar la visión humanista del gobierno de México, la sombra de la deportación masiva sigue presente.

De ejecutarse dicha política, Estados Unidos podría enfrentarse a una crisis de servicios que afectaría directamente la experiencia de los turistas y fanáticos que se esperan durante el evento. No podemos olvidar que las ciudades estadounidenses elegidas para albergar la Copa del Mundo ya enfrentan una escasez crónica de mano de obra, especialmente en los sectores de la hotelería y servicios, donde los migrantes representan una proporción significativa de la fuerza laboral. Deportar a miles de trabajadores mexicanos sería una receta para el caos y el colapso de muchos servicios básicos antes, durante y después de la Copa del Mundo.

Frente a este panorama, México, uno de los tres países anfitriones, aportará una de los momentos más esperados del torneo, el partido inagural en la CDMX en el historico Estadio Azteca (tres veces mundialista); es la oportunidad única para destacar no solo por su infraestructura y su historia futbolística, sino por su visión humanista y de hospitalidad. México ha demostrado, a lo largo de décadas, que sabe cómo organizar eventos de nivel mundial. Desde los Juegos Olímpicos de 1968, pasando por el Mundial de 1970, hasta la inolvidable Copa del Mundo de 1986, somos un ejemplo de organización, calidez y hospitalidad.

Después del Mundial México 70 y el Mundial del 86, los mexicanos somos un referente indiscutible de lo que significa ser un buen anfitrión. En medio de las tensiones y las políticas antiinmigrantes del vecino del norte, México se mantiene firme en su visión de solidaridad y respeto hacia los migrantes. A lo largo de la historia, hemos demostrado ser expertos en recibir al mundo con los brazos abiertos. En 2026, cuando millones de turistas lleguen a las ciudades mexicanas, americanas y canadienses que serán sede del torneo, verán una cara amable, cálida y dispuesta a compartir lo mejor de la cultura y la hospitalidad mexicana. La conexión entre los pueblos originarios y su grandeza cultural, el fútbol como lenguaje universal y el deseo de compartir con el mundo, serán los pilares que definirán la experiencia de la Copa del Mundo en México 2026.

Hoy, hay más de 37.3 millones de migrantes mexicanos en EUA, los cuales aportan a dicho país 324 mil millones de dólares anuales en impuestos. Ahora bien, de esos 37.3 millones, el 36% se concentra en California, donde se disputarán partidos en Los Ángeles y San Francisco; y el 22% en Texas, cuyos estadios en Dallas y Houston también recibirán a los fanáticos del fútbol. Entonces, ¿quiénes serán las personas que en última instancia los recibirán?.

Ya sea que el partido se juegue en EUA o en México, el corazón de los mexicanos estará presente en cada estadio, en cada calle, en cada sonrisa. Y eso, más allá de la infraestructura o de los millones invertidos en la organización, es lo que hará de la Copa del Mundo 2026 un evento inolvidable. México será, como siempre lo ha sido, el rostro amable ante los ojos del mundo, un ejemplo de atención, amistad, generosidad y de la gran capacidad de su gente para recibir y hacer sentir a todos como en casa.

Basta escuchar lo que el Gobernador de California, Gavin Newsom quien recientemente declaró sobre el apoyo del gobierno de México (instruido por la Presidenta Claudia Sheinbaum) en el desastre ocurrido en los terribles incendios en Los Ángeles. “…No me sorprende, teniendo en cuenta una relación que se remonta a muchos años, …eso es lo que hacen los amigos”. Declaró el Gobernador de California, dónde por cierto la Ciudad de Los Ángeles será también sede mundialera.

Es momento de que el mundo reconozca el verdadero valor de los migrantes mexicanos, aquellos que, día tras día, mantienen a flote muchas de las ciudades en los Estados Unidos, y cientos de pueblos de dónde de manera forzada salieron a buscar futuro y que, en 2026, serán los encargados de hacer que la Copa del Mundo no solo sea un evento futbolístico, sino también una lección de humanismo y unidad. Mientras algunos pretenden construir muros y separar familias, otros siguen construyendo espacios donde ruede el balón para que el mundo conviva en paz. ¿o quién no recuerda “El Mundo Unido por un Balón”?. A darle que no hay tiempo que perder. (Francisco Vallejo Gil, El Heraldo de México, Meta, p. 47)

Estamos preparados para la era Trump

El día de hoy regresa Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y con esto se marca el inicio de una nueva era llena de desafíos y oportunidades para México.

Es crucial identificar y abordar los principales temas que definirán la agenda bilateral en los próximos años.

Uno de los retos más significativos será la política migratoria. Trump ha prometido endurecer las medidas contra la migración, incluyendo deportaciones masivas y el fortalecimiento de la frontera.

Estamos convencidos de que la implementación de una política de violación sistemática los derechos humanos, de falta de respeto entre los países y de un intento de injerencia en México podría tener consecuencias negativas para ambos países.

Aunque él cree que las deportaciones, los aumentos en los aranceles, su rompimiento de relaciones, su política de la bravuconada, solamente nos afectaría a nosotros, estudios serios han demostrado que los migrantes mexicanos constituyen una importante base laboral, productiva e, incluso, en cuestión de impuestos en Estados Unidos, la población migrante tiene una importante aportación en la economía y el mercado laboral.

En el ámbito económico, la relación comercial entre México y Estados Unidos será otro tema crucial. Trump ha mostrado su intención de renegociar el tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y de imponer aranceles a productos mexicanos. Esto podría afectar a sectores clave de la economía, como la agricultura y la manufactura.

Nosotros vamos a defender nuestros intereses comerciales. Trump debe entender que estamos tratando de igual a igual, aunque el tamaño de nuestros mercados sea diferentes.

La seguridad también será un tema prioritario. La colaboración entre ambos países en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico es fundamental para la estabilidad de la región.

Trump ha exigido una respuesta más contundente por parte de México en este ámbito, lo que podría llevar a un aumento de la presión sobre las autoridades mexicanas para implementar medidas más estrictas, pero en México mandan los mexicanos.

Además, la defensa de los derechos humanos y la protección de los migrantes serán temas que no vamos a ignorar. Las políticas de Trump han sido criticadas por su dureza y falta de consideración hacia los derechos de los migrantes.

México estará al pendiente y deberá abogar por un enfoque más humanitario y justo en la gestión de la migración, procuraremos que los derechos de nuestros ciudadanos sean respetados.

Es probable que Donald Trump no entienda a la primera, pero en México hay un gobierno fortalecido por la gente y, al contrario, él entra a la presidencia ante un pueblo más que dividido. Lo vimos en días pasados con las manifestaciones multitudinarias de protesta ante la llegada de la nueva era Trump.

Su gobierno puede iniciar con serios conflictos internos y con crecientes conflictos al exterior o, por otro lado, puede tener una nueva oportunidad, recapacitar y tomar las manos que están extendidas.

Pero algo es seguro: en nuestro país nunca permitiremos injerencias extranjeras, ya demostramos que somos más independientes y libres que nunca. (Saúl Monreal, El Heraldo de México, Editorial, p. 16)

CARTONES

Perdimos oportunidad

Perdimos oportunidad

(Magú, La Jornada, Política, p. 7)

En preparación

En preparación

(El Diario NTR, El Financiero, p. 35)

La locura en el mundo

La locura en el mundo

(Kemchs, El Universal, Opinión, p. A16)

Resignación

Resignación

(Obi, Reforma, Opinión, p. 11)

Segundo mandato

Segundo mandato

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)