Era mexicano, tenía 19 años y falleció a manos del ICE. Es lo único que saben hacer: matar (Rayuela, La Jornada, Contraportada)
P ARECE UN CUENTO de hadas, pero los “aliados históricos”, y unos no tanto, de Estados Unidos le han dado la espalda al salvaje que despacha en la Casa Blanca y su mensaje ha sido nítido: si quieres reventar en Medio Oriente, pues hazlo solo –de la mano de Israel–, y si sabes contar, no cuentes con nosotros. No cabe duda: los “líderes” europeos son tontos, pero no tanto como Donald Trump y su pandilla (por ejemplo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ex presentador comentarista de la cadena Fox, carente de experiencia en el rubro militar, y su secretario de Estado, Marco Rubio, un gringo hijo de cubanos que emigraron a Miami tres años antes del inicio de la revolución en la isla, pero que le fascina presumirse como gusano de cepa) (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía 16)
De acuerdo con la Universidad de Tuskegee, entre 1882 y 1929, hubo 3,437 linchamientos contra afroestadounidenses, y de hecho más de 4,400 si se llega al año 1951, principalmente en el sur de Estados Unidos. En esos mismos territorios, se contabilizaron más de 1,293 linchamientos contra blancos, aunque muchos de estos incluyeron a mexicanos y chinos.
Pero muchos hubiéramos creído que ese tipo de acciones contra la diversidad, la igualdad o la inclusión habrían terminado luego de las luchas por derechos civiles y los disturbios de los años sesentas y setentas.
Pero no, no es así.
Históricamente, se afirma que el último linchamiento racial en EU ocurrió en 1981, pero el grupo de derechos civiles JULIAN, con sede en Mississippi, identificó 70 “linchamientos modernos” en siete estados del sur entre 2000 y 2025 en un informe publicado el mes pasado.
El informe, titulado The Crimson Record (La marca escarlata), cita casos en Georgia, Texas, Luisiana, Florida, Tennessee y Alabama, y afirma que el total podría superar el centenar si se incluyen las muertes “sospechosas”. Coincidentemente, esos estados fueron parte importante del grupo de estados “confederados” que intentó separarse de Estados Unidos y llevó a la Guerra Civil de 1861-65, que en los años posteriores mantuvieron la segregación racial, que son considerados como republicanos “seguros” hace más de 20 años y que votaron por Donald Trump en 2016, 2020 y 2024.
Según el reporte, varios casos clasificados como “suicidios” son, por lo menos, sospechosos. Cita por ejemplo, los casos de por lo menos 6 afroestadounidenses que fueron encontrados colgados en sitios boscosos sin que en más de uno de ellos haya siquiera indicios de cómo llegaron al lugar. Peor aún, en un caso, su auto personal fue encontrado destrozado desde afuera.
El informe sobre derechos civiles sostiene que los linchamientos de hombres negros “evolucionaron” y que algunas muertes actuales aún podrían clasificarse, por error o por designio, como suicidios o accidentes.
Y para hacer las cosas mas graves, JULIAN encontró varios casos en que hubo o bien participación o encubrimiento policial: en 2022, por ejemplo, el entonces jefe de Policía de Lexington (Mississippi), Sam Dobbins, fue despedido luego de que el grupo divulgó una grabación en la que presumía de haber dado muerte a 13 personas, incluso un negro al que disparó 119 veces.
Lo que se refleja en el reporte no es un accidente porque coincide con el resurgimiento de los grupos derechistas más radicales, varios considerados como racistas o que se quejan de lo que consideran como beneficios a grupos étnicos minoritarios o inmigrantes en programas de Diversidad, Equidad e Inclusión como el que el presidente Trump derogó el año pasado. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)
Juan Ramón de la Fuente
Secretario de Relaciones Exteriores
El Canciller mantiene el liderazgo en las gestiones de protección a connacionales que han sido detenidos por las redadas de ICE; en coordinación con los consulados de México en Estados Unidos, ordenó reforzar las acciones de atención para repatriar a los paisanos y evitar que sean enviados a prisiones alejadas de la civilización. (La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
Hay una pregunta que cualquier ingeniero nacido en Mumbai, un médico de Shanghái, se hace tarde o temprano: ¿dónde valoran más lo que sé hacer? La respuesta, con frecuencia creciente, no apunta al sur del río Bravo sino al norte del paralelo 49. Canadá ha construido uno de los sistemas de migración económica más transparentes, predecibles y competitivamente diseñados del mundo. Estados Unidos, en cambio, conserva uno de los más opacos, lentos e inequitativos entre las economías avanzadas. La diferencia no es menor: puede definir qué país lidera la economía del conocimiento en las próximas décadas.
El sistema canadiense opera bajo lo que se conoce como Express Entry, lanzado en 2015. Su corazón es el Comprehensive Ranking System (CRS), un mecanismo de puntuación que asigna un puntaje a cada candidato con base en factores objetivos y cuantificables: edad, nivel educativo, experiencia laboral, dominio del inglés o francés, y criterios adicionales como tener un familiar en Canadá o una oferta de empleo. El puntaje máximo posible es 1,200 puntos. Las reglas son públicas, la calculadora está en línea y cualquiera puede conocer su posición en la cola antes de iniciar el proceso. En 2024, Canadá emitió 98,903 invitaciones a través de Express Entry; el 91% de los invitados contaba con estudios universitarios de al menos tres años. El gobierno procesó el 80% de las solicitudes en seis meses o menos. Transparencia, eficiencia, certeza.
El sistema estadounidense, por contraste, reposa sobre una arquitectura diseñada en 1990 que distribuye 140,000 visas de empleo al año, pero con un techo del 7% por país de origen. No importa que India tenga más de mil millones de habitantes y Luxemburgo menos de un millón: ambos acceden al mismo porcentaje del cupo. El resultado es absurdo y documentado. El Cato Institute calculó que más de un millón de trabajadores ya aprobados por el gobierno estadounidense esperan en la fila para recibir su residencia permanente. Los ingenieros indios en categorías EB-2 y EB-3 enfrentan tiempos de espera de entre 15 y 18 años. En el peor escenario proyectado, más de 200,000 personas podrían morir antes de recibir el documento para el que califican. El sistema no selecciona al más talentoso; discrimina al más paciente y al más afortunado en el lugar de nacimiento.
La comparación no es solo de velocidad; es de filosofía. Canadá pregunta: ¿cuánto puede aportar este individuo a nuestra economía? Estados Unidos pregunta: ¿en qué país naciste? El primero es un sistema orientado al mérito y al mercado laboral. El segundo es, en buena medida, una lotería geográfica con consecuencias de décadas. Una encuesta entre quienes esperan en el limbo migratorio estadounidense reveló que el 70% consideraba seriamente emigrar a un tercer país, precisamente a Canadá o Australia, que ofrecen vías de residencia en 6 a 24 meses.
Empresas tecnológicas en Silicon Valley no pueden retener al talento que ellas mismas contrataron, capacitaron y necesitan. El costo recae sobre la competitividad nacional. Mientras Washington debate muros y deportaciones, Ottawa calibra algoritmos para atraer exactamente a quienes su economía requiere: trabajadores del sector salud, ingenieros de software, educadores, especialistas en manufactura avanzada.
El modelo canadiense no es perfecto. Ha reducido sus metas de inmigración para 2025-2027 ante las presiones sobre vivienda e infraestructura, y los puntajes de corte en rondas generales han subido hasta 529 puntos, lo que excluye a candidatos competentes. Pero sus deficiencias son las de un sistema que se ajusta con datos; las del sistema estadounidense son las de uno que no puede reformarse porque su disfunción es políticamente funcional.
La migración no debería ser un accidente geográfico. Debería ser una ecuación donde el talento y la voluntad de contribuir cuenten más que el pasaporte. Canadá entendió eso hace décadas. El debate en Washington sigue atrapado en otra conversación. (Rodrigo Perezalonso, El Economista, El Foro, p. 47)
¿Qué tiene en común este polo turístico con el Mundial de Futbol 2026? Que su aeropuerto es el único que tiene conectividad con las 16 ciudades sedes mundialistas en México, Estados Unidos y Canadá.
Con esta ventaja estratégica en la mira, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, ha trabajado intensamente para que el turismo mundialista tenga a Cancún no solo como una alternativa a visitar durante el torneo sino como punto de partida y regreso para asistir a los partidos en los tres países. Con la colaboración de autoridades, Lezama logró que el tiempo de espera en el área migratoria de la terminal aérea se redujera a 17 minutos; en unos días, se darán a conocer las tarifas oficiales de los taxis que operan en el aeropuerto, y en un mes se inaugurará el Puente Nichupté, que conecta la ciudad con la zona turística.
Cancún ya no es solo un destino de sol y playa, es de entretenimiento y de negocios, sede de numerosos congresos nacionales e internacionales, como la 89 Convención Bancaria que concluye hoy y en donde anunció la creación del Distrito Financiero que tendrán estímulos federales y estatales para que empresas del sector financiero y tecnológico de todo el mundo tomen esta ciudad de playa como un lugar para sus sedes, ya platicaremos más detalles.
Por cierto, Mara Lezama aprovechó el encuentro para firmar un convenio de colaboración con la Asociación de Bancos de México, que preside Emilio Romano, para fortalecer a micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) –más del 50 por ciento dirigidas por mujeres–, quienes podrán acceder a conferencias, asesorías especializadas y una oferta integral de productos y servicios financieros por parte de instituciones bancarias. (Jeanette Leyva Reus, El Financiero, Economía, p.6)
Leonardo Padura es, quizás, el único escritor de fama mundial que ha tomado la decisión política y personal de permanecer en el Barrio de Mantilla, en La Habana. Esta persistencia geográfica no es un detalle menor; le ha permitido vivir en carne propia la miseria sistémica en la que sobrevive el pueblo cubano para, desde ese epicentro del desastre, narrarnos historias tan desgarradoras como su más reciente novela, Morir en la arena.
La obra nos sumerge en la cotidianidad de una capital espectral, donde la supervivencia es una forma de resistencia agotada. Padura describe con precisión quirúrgica la vida de los jubilados, esos rostros del olvido a quienes la pensión no les alcanza siquiera para costear un cartón de huevos al mes. Estos hombres y mujeres, que alguna vez fueron el motor de una utopía, hoy dependen de las remesas enviadas por sus familiares desde el exilio. La isla se presenta como un escenario de carencias absolutas: no hay combustible y los cortes de electricidad condenan a la población a pasar horas interminables en la penumbra. En esa oscuridad, los “viejos” han perdido la esperanza de ver realizado aquel país imaginario que los gobernantes les prometieron durante décadas.
Padura se cuida de no aludir directamente a la cúpula gubernamental, un silencio táctico que le permite mantener su residencia en la isla. Sin embargo, no necesita el señalamiento explícito; la forma en que narra la precariedad de sus personajes nos deja desolados. A través de ellos, nos transmite la nostalgia por un pasado que se percibía sólido frente a una desesperación provocada por la falta de todo. El miedo al sistema sigue latente, pero se manifiesta como una fatiga histórica; los ancianos ya no tienen la fuerza física ni el temple para la oposición, entregándose a la resignación de una muerte próxima.
El núcleo simbólico del libro se articula en torno a un parricidio: Geni, apodado Caballo loco, mata a su padre. Este acto funciona como una metáfora potentísima: el deseo inconsciente de una generación de terminar con el “Padre de la Patria” o con el sistema patriarcal autoritario que los ha asfixiado. Padura no requiere de una crítica policial directa para transmitir la represión, porque la verdadera opresión es el tiempo perdido y la esperanza triturada. El culpable es el Estado represor que no se ve, pero se siente; un temor internalizado que reprime hasta los deseos más íntimos, dejando apenas el impulso sexual como último refugio de supervivencia.
No obstante, la novela también revela las contradicciones de la Cuba actual, donde existe un éxito económico inaccesible para la mayoría. Personajes como Humbertico, un “santero” con el don de ver el futuro, habita una realidad de casas lujosas, vinos caros y viajes al extranjero, sostenida por consultantes de todo el mundo. Mientras tanto, la diáspora desangra a la nación: alrededor de dos millones de cubanos han migrado para escapar de la miseria, incluyendo a los hijos de los protagonistas. Con este fresco de desolación y contrastes, Padura parece predecir que la Cuba que conocemos está por cambiar drásticamente. Sólo queda esperar que ese giro sea, finalmente, para bien. (Antonio Fernández Fernández, La Razón, México, p. 7)
El embajador Moctezuma… feliz, feliz, feliz
Pese a la complicada relación con el gobierno de Donald Trump, el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, está feliz, feliz, feliz. Nos cuentan que don Esteban, quien poco aparece en la discusión de temas como seguridad, migración o el T-MEC, ahora presume en sus redes sociales que nuestro país subió del lugar 16 al 12 en el ranking mundial de felicidad. Incluso fue invitado al evento de la firma encuestadora Gallup a reflexionar sobre “la compleja relación entre la felicidad y las redes sociales en el contexto global”. Don Esteban, nos hacen ver, anda enrachado: después de casi siete años de invisibilidad, salió a medios a desmentir un libro conspiranoico que denunciaba un plan en los consulados mexicanos para dar “golpe de Estado” en el país vecino y ahora diserta sobre otros temas relevantes. Felicidades, pues. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
México es un país de origen, tránsito, destino y retorno migratorio. Esta complejidad exige respuestas institucionales adecuadas, incluida la reforma del marco normativo para ampliar las vías de movilidad formal y promover una migración segura, ordenada y regular. Ello responde a que las leyes no son estáticas, sino que deben ajustarse a la evolución de la realidad social que buscan regular.
En este contexto, el Instituto Nacional de Migración ha iniciado un proceso participativo con diversos actores como la academia, organizaciones de la sociedad civil, organismos internacionales y legisladores, así como el fortalecimiento del trabajo interinstitucional y el acercamiento con el sector privado en materia productiva. Estos espacios de diálogo resultan clave para avanzar en una reforma normativa acorde con las dinámicas actuales de la migración.
Una condición fundamental en la que la mayoría de los grupos y expertos coinciden, para garantizar el acceso pleno de las personas migrantes a sus derechos y su integración efectiva en la sociedad, es fortalecer los mecanismos de regularización migratoria, priorizando la de personas ya asentadas en nuestro país y la reunificación familiar: simplificar procedimientos administrativos y ampliar las opciones disponibles para quienes se encuentran en nuestro territorio.
Asimismo, es preciso formalizar su identidad legal mediante un documento oficial, facilitar su inclusión financiera y en el mercado laboral formal, pasos indispensables para que puedan ejercer plenamente sus derechos, lograr su autosuficiencia y contribuir al desarrollo económico, social y cultural de México asegurando la integración efectiva de las personas migrantes.
Para ello, se requieren reformas estructurales a la Ley de Migración y otros marcos normativos, hoy limitantes para la movilidad y la integración. Estas deben acompañarse de políticas públicas efectivas, coordinación interinstitucional y asignaciones presupuestales suficientes que aseguren su implementación sostenida.
Entre 2010 y 2025 el Inami recibió 7,433,000 trámites migratorios, con un promedio anual de 459,000 y un repunte en el último lustro que alcanzó 513,000 trámites por año. Este incremento sostenido plantea retos importantes para la gestión migratoria, que requieren fortalecer la capacidad institucional del Inami, así como avanzar a la digitalización y simplificación de procesos para garantizar respuestas oportunas, eficaces y con mayor transparencia.
Al mismo tiempo, la creciente complejidad de los factores que impulsan la migración, —pobreza, conflictos armados, crisis políticas y climáticas, violencia y otras tensiones sociales— junto con los desafíos regionales y globales, exige que la gestión migratoria vaya más allá de la mera tramitación administrativa. Se requiere un enfoque integral e interseccional de la movilidad humana, basado en la colaboración interinstitucional y en la centralidad de los derechos humanos en todas las decisiones y acciones.
Lograr que las personas que necesitan protección internacional se integren en México exige esfuerzos conjuntos, coordinados y sostenidos entre las autoridades, las empresas, la sociedad civil y los actores internacionales, abordando de manera integral los distintos aspectos de su inclusión. Asimismo, los cambios normativos deben guiarse por el principio de progresividad de los derechos humanos y el interés superior de la niñez (población prioritaria de atención).
En este contexto, la discusión no se limita a regular los flujos de personas, sino a diseñar marcos normativos y políticas públicas capaces de reconocer los diversos factores de empuje de la migración. El país tiene la oportunidad de consolidarse como un destino seguro y acogedor para personas con necesidades de protección internacional, aprovechando sus talentos y contribuyendo a la riqueza cultural y social de la nación. Lograrlo requiere una transformación profunda y un cambio de paradigma en la manera de abordar la migración que contemple las múltiples trayectorias y contextos del desplazamiento contemporáneo. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, A7)