Opinión Migración 200522

Bajo Reserva

Preocupa austeridad ante crecimiento de flujo migratorio

Las autoridades migratorias prevén que en lo que resta del año se incrementarán los flujos migratorios que utilizan a nuestro país para tratar de llegar a Estados Unidos, así como de aquellas personas que huyen de su lugar de origen y piden refugio en México. Ante este escenario existe la preocupación por la insuficiencia de recursos presupuestales y de infraestructura para atender la demanda. La falta de recursos, nos dicen, puede ocasionar que la situación se salga de control. Funcionarios de la Segob encargados de este tema esperan que se mantenga la colaboración de las Naciones Unidas a través de la ACNUR, que apoya con recursos materiales y humanos para atender la demanda de solicitantes de refugio, pues no ven cercana una ampliación presupuestal, que dicen, resulta necesaria y urgente. (El Universal, A2, p.2)

¿Cumbre de las Américas?

En los Estados Unidos viven más de 62 millones de latinoamericanos que migraron voluntaria o forzadamente. Ahí trabajan cotidianamente para remitir a nuestras economías una enormidad de remesas. Pero también para aprender a valorarse a través de la cultura del esfuerzo. Todos esos hombres y mujeres que conforman la comunidad latina en la mayor potencia del mundo representan en su conjunto la octava economía del mundo. Gran parte de esos migrantes son de Cuba, Nicaragua y Venezuela, países a lo que se les quiere excluir de la llamada “Cumbre de las Américas”, a realizarse en este próximo junio en la ciudad de Los Ángeles… en Estados Unidos.

Frente a la pretensión de la Casa Blanca de excluir, los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador; Bolivia, Luis Arce Catacora; Honduras, Xiomara Castro, y Argentina, Alberto Fernández, así como de otros países del Caribe, se han manifestado por incluir en dicha cumbre a todos los países americanos, sin dejar a nadie fuera.

Las naciones de nuestra América ya no quieren más bloqueos, presiones o intimidaciones de Washington. Ese gran poder que representa a la potencia hegemónica del siglo XXI.

Una tarea urgente en nuestros tiempos es fortalecer a los organismos regionales con verdaderas aspiraciones latinoamericanas y caribeñas. Por ejemplo, a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y desaparecer al llamado “Ministerio de las Colonias”, mejor conocido como la Organización de Estados Americanos (OEA).

Tal parece que en los próximos días veremos nuevos y mejores horizontes, si las fuerzas progresistas logran frenar a las oligarquías locales, derrotar los fraudes electorales y a los intentos golpistas y proyectos neoliberales que se encuentran en franco retroceso en la región. Los próximos procesos electorales apuntan a construir nuevas transformaciones, como las elecciones que se desarrollarán en Colombia este próximo 29 de mayo, y la de octubre, en Brasil.

Se trata de procesos electorales que nos llevan a pensar y a distinguir que el escenario latinoamericano y la integración política de nuestra América seguramente arribará a un estadio superior de esa misma integración. La marcha hacia gobiernos de fuerte raigambre popular y progresista aflora cada vez con mayor fuerza. Por lo tanto se puede anunciar que se acerca un nuevo futuro, más esperanzador, aunque no libre de problemas, pero sí de nuevas perspectivas y de grandes transformaciones sociales en beneficio de la emancipación latinoamericana y de sus pueblos. (Adalberto Santana 24 Horas, Online)

Biden, el débil

El presidente de Estados Unidos está acorralado. Entre los votantes demócratas cunde el desaliento por la imposibilidad de concretar el radical deslinde de su antecesor que prometió en materia de política social y los republicanos, con el apoyo de jueces cavernarios, han bloqueado el anhelado viraje en disposiciones migratorias. Peor: la Corte Suprema de Justicia amenaza con penalizar el aborto, un desastre del que el presidente no tendría la culpa pero que sería demoledor para el ánimo de quienes lo llevaron al cargo.

La incursión militar de Rusia en Ucrania tomó descolocado a Biden, pues éste se había preparado para un periodo de relaciones duras con Pekín, no con Moscú, y ante la situación ha hecho muy poco, a juicio de los halcones, aunque otros piensan que ha ido demasiado lejos al comprometer 40 mil millones de dólares en armamento y otros apoyos al país invadido, adicionales a los 14 mil millones ya otorgados; la suma es casi 7 por ciento del presupuesto anual de defensa –lo que podría parecer mínimo, pero que equivale al costo de unos 500 aviones de combate F-35 de última generación– y el dinero sólo puede provenir de dos fuentes: deuda adicional o recortes al gasto. Ciertamente, lo de Putin en Ucrania ha exasperado e indignado a la mayoría de los estadunidenses, pero no tanto como para regalarle a Biden una tabla de salvación parecida a la que obtuvo George W. Bush en los atentados del 11 de septiembre. Con toda su atrocidad original, más la que le suma el aparato de propaganda antirrusa, Mariupol no es Manhattan ni representa una ofensa directa a la superpotencia.

El aparato del Partido Demócrata exhibe un progresismo de cartón para tratar de evitar una derrota (o, cuando menos, una derrota muy severa) en los comicios legislativos de noviembre próximo y, por supuesto, para impedir que en 2024 se concrete, incluso sin fraude ni chantajes golpistas, el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, algo que posiblemente ocurra si el actual mandatario no es capaz de mantener cohesionada a la coalición que le dio el triunfo en los comicios de 2020. No es seguro que lo logre.

Si quiere conseguir el momento que su administración no ha tenido en casi año y medio y salir de una situación más bien pantanosa, Biden tiene que dar un golpe de timón en algún lado, introducir un cambio fundamental de orientación en su gobierno y distinguirse no sólo de su más reciente antecesor, sino de todos los que le precedieron en la Casa Blanca. El presidente Andrés Manuel López Obrador acaba de proponerle una salida inapreciable: que emprenda un viraje histórico en la relación de Estados Unidos con América Latina y el Caribe, y asuma que el establecimiento de nuevos vínculos hemisféricos puede ser el fulcro que Washington necesita desesperadamente para remontar su declinación mundial en todos los órdenes, empezando por el económico.

La formación de una comunidad económica continental no es nueva: en 1994 en Miami Bill Clinton abogó por un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la retomó Bush, pero la idea se fue a pique por tres razones principales: el empecinamiento de Washington en desconocer la necesidad de contrarrestar las asimetrías económicas, imponer lógicas neoliberales inadmisibles, reservarse privilegios como la preservación de sus subsidios al campo y excluir a Cuba de la propuesta. En contraposición a ese proyecto, Hugo Chávez convocó a la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y en la reunión de noviembre de 2005 en Mar del Plata Néstor Kirchner y Lula le dieron el tiro de gracia al ALCA. Los tiempos habían cambiado.

De entonces a la fecha, Estados Unidos ha sido desplazado por China como origen principal de las inversiones y las obras de infraestructura en la mayor parte de los países australes. Hay que recordar que en noviembre de 2016, mientras el ya electo Donald Trump amenazaba con construir su muro y llevar de regreso a territorio estadunidense las fábricas de México y otros países de la región, Xi Jinping emprendía una gira por Sudamérica y cosechaba acuerdos de libre comercio como quien corta flores en un jardín.

Para Washington, voltear al sur es más necesario y urgente que nunca, pero es claro que si quiere beneficiarse de un acuerdo económico regional debe imprimir un cambio radical en sus usos y costumbres imperiales y resignarse a trabajar y construir entre iguales, sin exclusiones ni pretensiones extraterritoriales. Para lograrlo, Biden tiene ante sí la enorme dificultad de romper lanzas con los sectores más reaccionarios del espectro político estadunidense –que son, a fin de cuentas, los trumpianos irreconciliables–, con el poderoso lobby cubano e incluso prescindir del apoyo de los demócratas más antediluvianos. Lograría, en cambio, un rápido crecimiento de su base de apoyo entre las corrientes progresistas desencantadas que apoyaron su candidatura menos por confianza en él que por miedo a Trump.

A ver qué hace. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p.15)

El Asalto a la razón / ¿500 “especialistas” cubanos ‘en Tlapa’?

La contratación de 500 cubanos exhibe la incapacidad sanitaria del gobierno federal, pues argumenta que los médicos mexicanos no quieren acudir a lugares “apartados” o “inseguros”; que no hay suficiente personal; que son más escasos los especialistas en padecimientos específicos, y que los importados trabajarán en la Montaña de Guerrero, donde la pobreza es extrema y la inseguridad también.

Frente a esas afirmaciones, lo cierto es que de más de 150 universidades públicas y privadas del país, tan solo este año, egresarán como 19 mil médicas y médicos generales (en 2021 se graduaron 17 mil); que los desempleados del sector suman 52 mil; que la mayor oferta de trabajo (de a 30 pesitos por consulta) la brindan las farmacias particulares y que de 49 mil que el año pasado concursaron por plazas en instituciones públicas, nada más fueron contratados 19 mil.

Peor: licenciados ya como médicos, los afortunados ingresan a clínicas y hospitales como residentes, con un salario aproximado de 3 mil 500 pesos o, con mejor suerte, hasta 7 mil, pero sin garantía de permanencia ni prestación social alguna.

En Guerrero, de los poco más de 600 establecimientos de salud que existen, apenas 200 dieron cabida a residentes.

Decir que los 500 cubanos van a una de las áreas más deprimidas e inseguras es pura demagogia, ya que no existe un diagnóstico de las necesidades clínicas de la población.

Si son especialistas, han de ser posgraduados en cardiología, urología, oncología, oftalmología, odontología, neurología, pediatría, gerontología, nutrición, cirugía, gastroenterología o cualquier otra disciplina que, en todo caso, requiere antes de lo más elemental: el diagnóstico de un médico general, precisamente lo que se necesita en Tlapa, antes que atiborrar de “especialistas”.

En el supuesto de que el gobierno esté diciendo la verdad, llegarán a Tlapa 500 doctorados en las distintas materias, lo cual equivale a usar un submarino de guerra en una laguna.

Y si no es raro que médicas, médicos, enfermeras, enfermeros y demás personal mexicano sean víctimas de levantones para que curen a heridos de las guerras entre bandas o terminen asesinados por narcodelincuentes, ¿quién protegerá a los isleños en la Montaña de Guerrero: el Ejército, la Marina Armada o la Guardia Nacional (que entre sus nuevas tareas está “cuidar” a delincuentes)?

¿Por qué nadie cuida a los pasantes, doctoras y doctores que se están jugando la vida en regiones con similar problemática?

Se afirma que los cubanos recibirán la misma paga que los mexicanos.

Falso: la parte de león se lo queda el gobierno de Cuba, necesitado y ávido de las divisas que obtiene del comercio de trabajo esclavo.

Para lo que parece un desatinado propósito de apuntalar la deshilachada economía cubana, sería menos ofensivo y cuestionable que se le regalara petróleo o, como en algunos países de Centroamérica, se le depositaran 300 millones de dólares para que dizque siembre vida(Carlos Marín, Milenio, Política, p.7)

México SA

 

Biden, aferrado al gran garrote // Flaquea Cumbre de las Américas // Hasta ahora, 25 países ponen peros

En menos de tres semanas iniciarían los trabajos de la novena Cumbre de las Américas y el gobierno estadunidense mantiene en el aire su respuesta oficial –aunque es previsible cuál será– sobre la participación de las 35 naciones que forman parte del continente, luego del rechazo de varios gobiernos latinoamericanos –con el de México en primer lugar– a la política excluyente que pretende aplicar el país anfitrión.

El próximo 6 de junio debería arrancar, pero es la hora en la que el presidente Joe Biden se niega a abrir la puerta para que todas las naciones del continente participen en igualdad de condiciones y derechos, tal cual lo establece el consenso que llevó a la creación de ese mecanismo. Caprichosito y con el gran garrote en la mano, el gobierno estadunidense sólo da largas y más largas, a la par que crece el rechazo de la comunidad latinoamericana a la citada pretensión.

Los Ángeles será la sede de la novena cumbre, una ciudad colmada de latinoamericanos –con los mexicanos en primerísimo lugar– que fue seleccionada (Departamento de Estado dixit) por tratarse de una ciudad con profundos y robustos lazos con el hemisferio y alberga a la mayor comunidad hispana/latina de Estados Unidos, cuyo gobierno, según dice, ha demostrado, y seguirá demostrando, su compromiso con un proceso inclusivo.

Eso en el bla, bla, bla, porque en los hechos su política es totalmente excluyente y sólo él pretende decidir –sin tener derecho a ello– quiénes sí y quiénes no participan en la Cumbre de las Américas, por mucho que de los cerca de 13 millones de habitantes de Los Ángeles alrededor de 6 millones (algo así como 46 por ciento del total) son de origen latinoamericano y caribeño (mexicanos=4.5 millones, más o menos, de acuerdo con el Censo 2020 de Estados Unidos).

Desde que el presidente López Obrador denunció la intención estadunidense de ser selectivo a la hora de girar invitaciones para la multicitada cumbre, van y vienen llamadas telefónicas de alto nivel, videoconferencias, enviados de un lado y otro, intercambio de mensajes y mucho más, pero no hay un pronunciamiento oficial por parte del gobierno estadunidense que se aferra a ser el único que maneje las fichas.

Entre lo más reciente aparece un ex senador demócrata, Christopher J. Dodd, quien oficialmente opera como asesor de la Casa Blanca para la novena Cumbre de las Américas. Este personaje se entrevistó (virtualmente) con el presidente López Obrador para abordar el tema de las invitaciones. Pero el gringo no se quitó las anteojeras –como las que ponen a los caballos– y a todo dijo que no. He ahí de qué tamaño es nuestro compromiso con un proceso inclusivo.

Pero el mandatario mexicano no se amilanó: “no es nada fácil, son cuestiones muy complejas, porque son cambios de políticas viejas que datan de más de dos siglos y que se alentaron con la guerra fría; tenemos que relacionarnos de manera distinta en América y en el mundo, y hacer a un lado la confrontación y la guerra; buscar la relación de amistad entre los pueblos y evitar que por las malas decisiones de los políticos sufran nuestros pueblos. Estamos obligados a actuar con responsabilidad. Y hay veces que asuntos verdaderamente intrascendentes los sitúan los políticos o los grupos de intereses creados por encima de todo, los elevan a rango supremo, y por lo general tiene que ver con lo ideológico, con lo dogmático, con el fanatismo”.

En vía de mientras, hasta ahora el marcador es totalmente contrario al aferrado Joe: si mantiene su política excluyente, no asistiría el presidente López Obrador; tampoco el mandatario boliviano Luis Arce Catacora, el guatemalteco Alejandro Giammattei ni los dirigentes de la Comunidad del Caribe (Caricom, integrada por 15 naciones); Jair Bolsonaro ya dijo que no cuenten con él, al igual que Daniel Ortega; el argentino Alberto Fernández y Gabriel Boric ponen peros (aunque asistirían), lo mismo que la hondureña Xiomara Castro, y contando. Mientras, Biden hace guiños (muy pinches, pero guiños finalmente) a Cuba y Venezuela. En síntesis, 25 naciones americanas, de 35 en total, cuestiona el proceder gringo. Pero Biden no suelta el garrote.

Las rebanadas del pastel

¿Acto fallido, fantasmas nocturnos o sueños en el infierno?: George W. Bush denunció “la decisión de un hombre de lanzar una invasión totalmente injustificada y brutal de Irak… quiero decir Ucrania”. Solito se embarró, pero eso no le quita de encima su millón de muertos en esa nación del Oriente Medio. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p.19)