Fortalecida por el enorme significado de la “Marea rosa”, masiva concurrencia de cientos de miles de personas cuya densidad en el atestado Zócalo no pudieron impedir ni la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (extorsionadores en papel de esquiroles), ni el secuestro temporal de la bandera, ni el cierre de las avenidas cercanas, ni la imposición de restricciones vehiculares, ni la guerra puerca de las redes sociales, Xóchitl Gálvez –candidata de una coalición–, tuvo ayer el mejor día de su campaña.
Por eso en la noche de ayer, su actitud de seguridad contrastaba con la desdeñosa estrategia de la candidata de López Obrador, quien naufragó en el tema de la seguridad (inseguridad) y no pudo persuadir de la bondad de las cifras especialmente los casi 200 cadáveres tirados en las calles durante esta administración.
Y para colmo debió apechugar con las graves noticias de Mascaltepec, donde los candidatos de su partido fueron emboscados en el estado desde donde hace 48 horas el jefe político de Morena les concedió a los traidores a la patria, el cobijo generoso (e innecesario) de la bandera nacional.
Ni las invocaciones del pasado calderonista, ni la fraseología auto justificante de los abrazos, las causas de la violencia (ineficaces ambas) y la negación de la ineptitud, pudieron desequilibrar a Gálvez quien barrió, al menos en ese tema a la candidata oficial, cuyo único acierto fue escurrir el bulto con una frase incomprensible: vinimos a respetar la investidura presidencial; no voy a caer en provocaciones.
–¿Cuál investidura presidencial?
La candidata oficial mantuvo una línea coherente con el método de Heinrich Ollendorf.
Le hablaban de una cosa y respondía otra, como fue el caso cuando Gálvez esgrimió el pésimo manejo de la pandemia, la mortandad excesiva, la disminución de la expectativa de vida en la capital del país y ella se puso a hablar de otra cosa, de los programas educativos.
–En el año 2019 –dijo XG–, Sergio Carmona asociado con Mario Delgado a través del hermano del primero, Julio Carmona administrador de la aduana de Reynosa, metieron de contrabando millones de barriles de gasolina con pingües ganancias después utilizadas para financiar campañas de Morena.
–Mario Delgado está bajo investigación en los Estados Unidos.
Ollendorf respondió: el PRI tiene gobernadores en la cárcel como nadie (y aquellos libres son ahora embajadores de Morena en diversos países del mundo, como le dirían más tarde).
El debate, desarrollado en las instalaciones de la UNAM en Tlatelolco, con todo el peso simbólico del inolvidable dos de octubre, puso desde el arranque la mesa del lado izquierdo de la historia.
Xóchitl habla del feminicida de Iztacalco cuya libertad se debió al desapego de las investigaciones cuando lo pudieron consignar mucho antes de culminar su serie homicida, y Claudia respondió con la inclusión del delito de extorsión en el texto constitucional.
Pero tras el pantano de la inseguridad, llegó el otro campo arduo para la IV-T: la política exterior con todo y los priistas embajadores del gobierno de la Cuarta Transformación.
–Por supuesto que quiero a los pueblos de Cuba, Rusia, Nicaragua, Venezuela y Cuba, pero yo no voy a invitar a sus ejércitos a desfilar en México, dijo la candidata XG.
Antes la señora Sheinbaum había hablado de los principios constitucionales, de la soberanía y el respeto. Obviedades, pues.
Ahora se procura la paz en todo el mundo, dijo la señora Claudia.
Y mientras todo eso ocurría Jorge Álvarez Naiden hablaba de cómo México va a ser una de las principales diez potencias del mundo.
Una potencia del mundo mundial, seguramente por decreto.
–(XG).-La política hipócrita de Morena se dobló ante Donald Trump. Dejaron morir a 40 personas en una estación migratoria de Ciudad Juárez. Hoy la política migratoria la maneja el crimen organizado.
–Como dijo Mario Benedetti, el sur también existe, dijo Claudia Sheinbaum.
Y como remate, la falda guadalupana de la candidata de Morena.
Es una absoluta provocación. Que no voy a contestar, dijo la señora CSP.
Y como llegaba la hora del cierre, yo dije, basta. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
El partido filofranquista español Vox reunió en Madrid a algunos de los máximos líderes de la ultraderecha de ambos lados del Atlántico. Al llamado del dirigente de Vox, Santiago Abascal, acudieron la primera ministra italiana, Giorgia Meloni (en un enlace desde Roma); los ex candidatos presidenciales de Francia y Chile Marine Le Pen y José Antonio Kast, además de representantes de corrientes extremistas como el trumpismo y el sionismo. Pese a este cartel estelar, todos los reflectores se enfocaron en el presidente de Argentina, Javier Milei, quien no desaprovechó la oportunidad para generar un nuevo conflicto diplomático y hacer gala de la aporofobia, la misoginia, el entreguismo y el repudio a los derechos humanos que vertebran su pensamiento, por llamarle de algún modo al batiburrillo de dogmas y odios que lo guían.
El evento fue profuso en denuncias contra la “agenda 2030”, el “pacto verde”, el “pensamiento woke” y, en general, lo que los asistentes consideran una conspiración comunista que avanza imparable socavando los cimientos de la civilización occidental. En este delirio se mezclan enemigos inexistentes como el supuesto “comunismo” de gobernantes tan capitalistas como Joe Biden o Pedro Sánchez, con ataques contra los derechos de las mujeres, la diversidad sexual y el que quizá sea el mayor caballo de batalla de las derechas en las naciones ricas, la criminalización de los migrantes indocumentados.
Aunque existen matices entre los políticos y gobernantes que respondieron al llamado de Vox, confluyen en una patológica carencia de empatía y una no menos enfermiza disociación de la realidad. Así lo muestran Milei, Abascal y Meloni cuando acusan a los gobiernos ligeramente menos escorados a la derecha de “promover la inmigración ilegal masiva”. El hecho es que Washington arresta a millones de migrantes cada año y deporta a centenares de miles, mientras los integrantes de la Unión Europea asisten impávidos a la muerte de miles de personas que se lanzan al Mediterráneo en un desesperado intento de dejar atrás guerras civiles, hambre, crimen o bombardeos del propio Occidente.
Los síntomas descritos alcanzan un nivel inquietante en Milei, quien se envanece por el éxito de su programa ultraneoliberal para mejorar indicadores macroeconómicos sin reparar en que estos “logros” se dan a expensas de un empobrecimiento acelerado de la población, de una caída abrupta en el conjunto de la actividad económica, un empeoramiento del desempleo que no se daba desde la crisis de 2000-2003, un endeudamiento que pone las bases para otra crisis incontrolable y una degradación generalizada de la calidad de vida.
Abascal, Kast y Milei comparten la apología de las sanguinarias dictaduras que se ensañaron con España, Chile y Argentina en el siglo XX y que, en los dos últimos casos, fueron las encargadas de instalar mediante la fuerza y bajo el entusiasta auspicio de Washington y de académicos estadunidenses el modelo económico antisocial que hoy venden como un componente estructural de la democracia. Por su parte, Le Pen y Meloni reivindican de manera más o menos velada, según las circunstancias, al nazismo y al fascismo, aunque difieren en que la primera se distancia del neoliberalismo anglosajón, mientras la segunda cae en el denominado posfascismo, el cual combina el agresivo conservadurismo social de los fascismos del siglo XX (con machismo disfrazado de “defensa de la familia”, racismo abierto, xeno, aporo y homofobia) con el neoliberalismo más ortodoxo y plutocrático.
Más allá de exhibir las pulsiones autoritarias y el desinterés por el bienestar de las mayorías que signan a las ultraderechas, el cónclave de Madrid es un recordatorio de que estos grupos se encuentran organizados en redes internacionales que aúnan a políticos y empresarios inescrupulosos, por lo que la resistencia contra estos movimientos filo, neo y posfascistas debe ser igualmente articulada y global. (Editorial, La Jornada, p. 2)
El 15 de mayo es una fecha de gran importancia para las maestras y los maestros en México pues es el día en el que se conmemora la gran labor que llevan a cabo las y los docentes, y generalmente, el gobierno mexicano lo declara como día de asueto con motivo de la celebración.
Es innegable la necesidad y relevancia de la presencia y trabajo de las y los maestros para el desarrollo y la transformación del país, de las comunidades, y de la sociedad en general, y por ello México fue uno de los primeros países en designar un día para reconocer este trabajo. Más aún, en el día de la celebración, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció un aumento salarial del 10% a las y los docentes del sistema de educación básica federalizada, lo que da cuenta, según las palabras del presidente, de “…un reconocimiento especial a las y los maestros de México”, prometiendo además la mejora de las prestaciones en el sector educativo.
Sin embargo, el 15 de mayo no sólo representa una fecha de celebración para el magisterio, pues también se comparte el festejo al conmemorarse el Día Nacional de la Trabajadora y el Trabajador Agrícola, aunque el reconocimiento a las labores de las personas trabajadoras agrícolas no sea ni cercanamente el mismo que recibe el magisterio. Precisamente este es uno de los principales problemas que enfrentan en su día a día las personas trabajadoras agrícolas, un alto grado de invisibilidad y poco o nulo reconocimiento a la gran importancia que revisten sus labores para la economía del país, y para la subsistencia de la vida misma de millones de mexicanos. Por supuesto que el 15 de mayo para las personas trabajadoras agrícolas no supone un día de asueto, un aumento en sus salarios, o la mejora de sus condiciones laborales que son tan necesarias pues representan uno de los sectores de la población con mayores vulneraciones a sus derechos laborales y sociales.
Así, en el marco de la celebración del Día Nacional de la Trabajadora y el Trabajador Agrícola, el colectivo de organizaciones Periplo que luchan por la defensa de los derechos de las personas trabajadoras agrícolas migrantes, hizo público un llamado a las candidaturas a puestos de elección popular en 2024, de los poderes Ejecutivo y Legislativo, en los tres niveles de gobierno, al compromiso por el fortalecimiento de un sistema de migración laboral agrícola justo, y a incorporar en las agendas de trabajo y en las propuestas de campaña una serie de puntos entre los que destacan:
Garantizar que se cumpla la legislación y la creación de políticas públicas con perspectiva interseccional, que consideren aspectos centrales como el género y la pertinencia cultural, para poner fin a la discriminación estructural, la violencia, la brecha de desigualdad, el trabajo forzoso e infantil, la trata de personas y la explotación laboral, así como a los abusos con raíces en el origen étnico y socioeconómico, entre otros.
Crear programas de atención integral y con enfoque de derechos humanos destinados a personas trabajadoras agrícolas migrantes que brinden apoyos reales, con impactos directos en la mejora de la calidad de vida de este grupo de población. Es prioritario que estos programas se complementen con acciones concretas en comunidad de origen y destino para contrarrestar la falta de acceso a derechos básicos como justicia, educación, salud integral, alimentación adecuada, agua y vivienda, entre otros.
Tomar acciones para garantizar que las personas trabajadoras agrícolas migrantes tengan acceso efectivo a todos sus derechos laborales: contrato escrito, la facilitación de vías seguras para la regularización migratoria en el caso de personas extranjeras, licencias por maternidad y paternidad, seguridad social, vacaciones, pago de horas extras, aguinaldo, utilidades y días de incapacidad por enfermedad ―entre otras prestaciones reconocidas en la Ley Federal del Trabajo y del Instituto Mexicano del Seguro Social―. A la par, se exige fortalecer el sistema de inspección laboral en capacidades, eficiencia y recursos para garantizar el respeto de estos derechos.
Establecer estrategias con el sector privado agrícola para atender las responsabilidades conjuntas sobre el derecho a la salud, educación o prestaciones laborales de las personas trabajadoras agrícolas migrantes. También se insiste en crear un registro público y accesible de campos agrícolas, que ofrezca certeza a las personas trabajadoras y facilite los procesos de inspección. (Daniel Cortés, El Sol de México, Análisis, p. 20)
LAS EXPRESIONES DISIDENTES en Estados Unidos –los estudiantes y otros contra la complicidad con Israel en su guerra, la defensa de los libros y la libertad de expresión contra la censura ultraderechista, la lucha por los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de la comunidad gay, de los derechos civiles básicos de las minorías, los indígenas y los inmigrantes, contra el descontrol de las armas de fuego, la lucha por la justicia ambiental, entre otras cuestiones– se manifiestan en este país de manera cotidiana. De ello depende la supervivencia de lo que queda de esta democracia y el futuro de esta república
ESTA ES LA tercera llamada para lo que abiertamente se anuncia como una obra neofascista, con vocabulario ya conocido. La primera llamada fue la elección de 2016, la segunda fue el primer intento de un golpe de Estado en la historia de Estados Unidos, en 2021. La tercera es la elección presidencial que culminará en noviembre de este año. Todos los días se anuncia la gravedad de un triunfo de Trump. No pocos ya están haciendo planes para el autoexilio –y no están bromeando.
LOS CÓMPLICES DE Trump –desde jueces de la Suprema Corte, el liderazgo republicano en el Congreso, los estrategas de la ultraderecha, reverendos cristianonacionalistas, los think-tanks conservadores y empresarios derechistas– ya están haciendo planes que implementarán tan pronto retorne Trump a la Casa Blanca. Según ellos, éstos incluyen deportaciones masivas sin precedente de migrantes que en palabras de Trump “están envenenando la sangre” de este país (vocabulario literal de Mein Kampf), anulación de regulaciones ambientales y laborales, desmantelamiento del estado de bienestar social, despidos masivos del sector público, medidas para reprimir expresiones disidentes, entre otras. (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 27)
Por una razón antinatural, el papel que México debe jugar en el mundo no se debate en 2024. Hay un gran contraste con hace 30 años cuando apareció la idea de la diplomacia total y se discutió que el país pudiera jugar en la primera línea, no sólo con América del Norte, sino convertirse en un actor influyente y global.
Una política exterior mexicana sin recursos o una política internacional poco articulada parecen impensables en una época de redes sociales, inteligencia artificial, afectaciones del cambio climático y calentamiento global.
Ausencia de diplomacia o una diplomacia ausente es lo peor que le puede pasar a México en el siglo XXI. Esto, cuando las principales fuentes de ingreso dependen del exterior, sea comercio de manufacturas, industria automotriz, venta y compra de energéticos, turismo o recepción millonaria de remesas de migrantes.
En las campañas políticas mexicanas a la presidencia, Estados Unidos y América Latina apenas merecen mención. Incluso, no se debate a fondo el interés nacional mexicano ante la Unión Europea y Asia. Nadie se atreve siquiera a mencionar cual será el presupuesto de protección para cuatro millones de indocumentados.
Este vacío revive lo que planteó un especialista en geopolítica hace tres décadas. José Juan de Olloqui concibió que México no tenía las capacidades para ser una potencia hegemónica, pues su fortaleza no era militar y no podría encabezar una guerra total. Sin embargo, su riqueza cultural, demografía, crecimiento económico y posición estratégica entre dos grandes océanos y zonas geográficas podría permitirle ser una voz importante a través de una: diplomacia total.
La política internacional debería ser como una orquesta con varios sonidos e intérpretes. Los Estados-nación ya no son los únicos protagonistas de lo que pasa en el mundo. Ahora, las empresas trasnacionales empujan la geo-economía y han beneficiado a zonas industriales mexicanas. El lobby automotriz tiene influencia, sin ser un gobierno, lo vimos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y el T-MEC. En 2024 tenemos también figuras mexicanas de peso, Cemex y Gruma en Estados Unidos o Femsa y Nemak en Alemania.
Hoy influyen cada vez más personajes. ¿Quién diría en los años 90 que un reportero como Jorge Ramos renombraría al presidente Barack Obama como “deportador en jefe” (de mexicanos) y que enfrentaría a Donald Trump como activista? El problema es que para una diplomacia total se tendrían que sumar las demandas de Ramos a las de un lobby mexicano; que pudiera tener influencia como el cubano, el judío o por lo menos el venezolano. Esto no existe, aun con 37 millones de méxico-americanos.
La diplomacia total es una inversión para el futuro de México. Implica asignar más recursos no sólo a embajadas y a la urgencia que sufren los consulados, sino para armonizar a todos los actores mexicanos y extranjeros que sumen al interés nacional. Qué añadan educación de calidad, tecnología propia, inversión extranjera, buenos empleos y aliados en cada continente, todo suma.
Dice Olloqui en este libro: “sería inconcebible condenar a México a un subdesarrollo o lento desarrollo.” Debemos ser: “un país del que los mexicanos y sus descendientes puedan sentirse orgullosos”. (Horacio Saavedra, El Universal, Nación, p. A16)
A querer o no, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador dejará temas pendientes y agujeros por tapar: de seguridad a política exterior, de comercio a salud pública y finanzas, de infraestructura a gobernanza.
Uno de los mayores pendientes, porque en cierta forma tiene vínculos con todos, es la política exterior y muy en especial la relación con Estados Unidos.
El gobierno mexicano, tradicionalmente, ha buscado mantener una postura de independencia política respecto a su poderoso vecino, mientras al mismo tiempo participa en una creciente integración económica y social.
De hecho, 97 por ciento de los estimados 12.1 millones de mexicanos expatriados radica en Estados Unidos y el comercio bilateral rebasa los 600 mil millones de dólares anuales.
De acuerdo con el embajador retirado Earl Anthony Wayne, “México afecta la vida cotidiana de más estadounidenses que cualquier otro país del mundo”, como mayor socio comercial y de coproducción, la principal vía de llegada de la migrantes irregulares y la mayor fuente individual de migrantes; es la principal ruta de llegada a EU de fentanilo y otras drogas, así como punto de vínculos familiares y culturales para más de 35 millones de ciudadanos estadounidenses. Y ciertamente es una relación que por lo normal está llena de baches.
En alguna medida, sin embargo, ahora parece más complicada. Por un lado, está el deseo estadounidense de asegurar su entorno geopolítico y su base económica: mantener la cercanía y la colaboración de sus vecinos y socios en el acuerdo comercial norteamericano es primordial.
Para el gobierno mexicano es un acto de balance difícil. Formalmente, mantiene algo así como 80 Embajadas, 67 Consulados, siete Misiones Permanentes ante Organismos Internacionales en el mundo y tres Oficinas de Enlace. Pero más de la mitad de su personal diplomático y consular está adscrito a la embajada en Washington y los 50 consulados en territorio estadounidense.
De cualquier manera, en Washington se cree que ahora la prioridad estaría en reconstruir puentes con los Estados Unidos. La relación ejecutivo-ejecutivo está bien, al menos por ahora, sobre la base de necesidades políticas mutuas. Pero quedan pendientes con gobiernos estatales, congreso federal y burocracia. De hecho, es cuestionable creer que el gobierno de AMLO tenga aliados otros que el presidente Joe Biden y el embajador Ken Salazar en el cuerpo político estadounidense.
Algunos en Estados Unidos consideran que el gobierno mexicano ha logrado tomar una posición de fuerza frente al estadounidense, en concreto el del presidente Joe Biden, gracias a su presunta capacidad de regular los flujos migratorios y la circunstancia electoral.
El punto es en todo caso hacia dónde irá el próximo gobierno mexicano.
En un mundo que parece demandar más definiciones, las opciones del próximo gobierno mexicano están en aprovechar a fondo sus vínculos con Estados Unidos o tratar de mantenerlos “a raya”. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)
Se agrava la crisis de talento en México. Es cada vez más trascendental y podría meter freno de mano a la economía. Desafortunadamente el gobierno no la está abordando porque implicaría incorporar a la población migrante al tejido social, lo cual no ha sido aceptado cabalmente porque se sigue pensando que el destino de los migrantes es Estados Unidos. Pero la cosa está grave: falta gente.
Todos los empresarios con los que lo he hablado este año corroboran el problema: no encuentran personal, ni para trabajos básicos ni para mandos medios. Además, hay indicadores informales que reflejan la problemática, en adición a los datos del IMSS, que reporta cada mes cifras récord de empleados (la última fue de 22.3 millones de empleos formales registrados).
La nota más reciente y preocupante la reveló Reuters el viernes desde Tokio, al afirmar que Toyota tuvo que detener en varias ocasiones la producción en su planta de México este año por escasez de mano de obra en sus proveedores. La empresa pausó casi tres semanas la producción de uno de sus vehículos más destacados: la Tacoma.
Pero hay más: restauranteros en la Ciudad de México que no están pudiendo abrir el turno de la cena por falta de meseros; mientras las universidades no se dan abasto en la colocación de egresados.
En el ITAM, por ejemplo, la empleabilidad al terminar la carrera es de 97 por ciento; y hace poco les visitó uno de los empresarios más grandes del país para solicitar ayuda porque necesita contratar inmediatamente 60 ingenieros en inteligencia artificial que no encuentra por ningún lugar. Asimismo, la escasez de operadores de tractocamión se agrava y apunta a que se llegará a más de 100 mil vacantes en cuatro años.
Esta crisis debe ser prioridad para Xóchitl Gálvez o Claudia Sheinbaum, quien gane la Presidencia, porque el presidente López Obrador decidió ser omiso al respecto. Quien la aborde debe considerar echar mano de una política migratoria audaz, que incorpore a migrantes en trabajos operativos y también a los altos perfiles con talento destacado que pueden fungir en cargos de coordinación y gerencia.
México podría comprometer su desarrollo en el mediano plazo si no se aborda prontamente esta crisis. Si eso ocurre tendremos colectivamente una gran culpa, porque habrá satisfactores y equilibradores de nivel de vida contra otros países a los que no tendremos acceso, o que nos llegarán demasiado tarde.
EUGENIO BAEZA
A propósito de su recién ingreso en la Bolsa Institucional de Valores la semana pasada, la empresa de Eugenio Baeza, Grupo Bafar, anunció la potenciación de sus operaciones a otros negocios más allá de su unidad de alimentos (donde tiene marcas muy conocidas como Sabori, Parma o La Pastora). Ahora estará creciendo sus negocios financieros, inmobiliarios y agroindustriales. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Merk-2, p. 22)
MADRID. En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y con las elecciones del Parlamento Europeo a la vuelta de la esquina, ha pasado casi inadvertida la reciente y ajustada aprobación del Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea. Cabe destacar que el interés del acuerdo reside más en el mero hecho de haberse aprobado que en cualquiera de sus cláusulas concretas. Simboliza la culminación de una década de esfuerzos para reformar el sistema de Dublín de gestión migratoria en la Unión Europea (UE).
La necesidad de cambio era, sin duda, urgente: tan sólo el año pasado, cruzaron las fronteras de la UE oficialmente unas 380,000 personas sin autorización (la cifra más alta desde 2016), sin contar el récord de 1.14 millones solicitantes de asilo. Los principales países de llegada (como Grecia, Italia y España) llevan tiempo pidiendo una distribución más justa de los solicitantes de asilo entre todos los países de la UE. Pero alcanzar un consenso sobre el tema ha resultado toda una odisea, por la divergencia de intereses y prioridades entre los estados miembros.
Y esto no ha cambiado. El Pacto sobre Migración y Asilo se basa en un delicado equilibrio: los estados frontera de la UE acuerdan establecer centros de detención para mantener a los peticionarios durante la tramitación de solicitudes de asilo y organizar la repatriación de quienes no reúnan los requisitos; a cambio, el resto de países de la UE acogerá a una parte de los admitidos o participará en iniciativas de reparto de costes. Pero muchos de los líderes políticos europeos consideran que esto no es suficiente.
De hecho, el pacto se aprobó por muy poco margen. Aunque obtuvo el apoyo de los tres grupos parlamentarios principales (el centroderechista Partido Popular Europeo, la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas y el liberal Renew), un número importante de eurodiputados expresó su disenso absteniéndose.
El esfuerzo para aprobar el pacto puso de manifiesto la compleja dinámica política que define la estrategia migratoria europea. Los socialistas italianos y sus contrapartes ideológicas del Movimiento 5 Stelle votaron en contra de algunos artículos del proyecto, en gran medida motivados por el deseo de oponerse a la primera ministra Giorgia Meloni, una de las principales defensoras de este acuerdo. En Francia se desarrolló una dinámica similar.
El proceso también reveló nuevas fracturas políticas. Los Verdes alemanes, por ejemplo, se diferenciaron de sus compañeros de coalición y votaron en contra del paquete.
Se prevé que el 29 de abril el pacto reciba el aval del Consejo de la Unión Europea. Pero todavía enfrenta oposición de ambos extremos del espectro político. Los partidos de ultraderecha consideran que no alcanzará a disuadir a los inmigrantes, mientras que los grupos de izquierda y diversas ONG temen que no proteja debidamente sus derechos ni les garantice unas condiciones de vida adecuadas. El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha anunciado que Polonia no aceptará el mecanismo de reubicación, y el primer ministro de Eslovaquia, el populista Robert Fico, ha declarado que no implementará en absoluto las nuevas normas.
Aun así, el Pacto sobre Migración y Asilo puede suponer una experiencia positiva sobre la política de la UE y el futuro de la Unión. Y el esfuerzo para su aprobación demostró, sobre todo, el impacto que les corresponde a líderes como Meloni, cuando ponen en práctica su capacidad para formar coaliciones.
A diferencia de su combativo estilo de campaña, Meloni ha adoptado una actitud pragmática y constructiva respecto al liderazgo europeo, especialmente en lo que se refiere a migración. Por ejemplo, fue una de las principales arquitectas del Memorando de Entendimiento firmado por la Comisión Europea y Túnez el pasado mes de julio. Aunque éste ha sido objeto de muy merecidas críticas (y no es un modelo de colaboración con terceros países), ha situado a Meloni como una voz importante del debate europeo sobre migración.
Meloni también ha impulsado otros acuerdos bilaterales, por ejemplo, el reciente acuerdo de ayuda con Egipto para limitar las migraciones irregulares a la UE. Para recabar apoyos para el Pacto sobre Migración y Asilo, Meloni colaboró con la Comisión Europea y llevó a cabo más de veinte misiones de alto nivel en el Mediterráneo a lo largo de un período de ocho meses.
En definitiva, el Pacto sobre Migración y Asilo sugiere un nuevo enfoque en la formulación de políticas de la UE: el consenso imperfecto. Aunque nadie quede completamente satisfecho, la UE sale del paso. Algún avance, por limitado que sea, es preferible a la parálisis. En este sentido, el acuerdo sobre migración servirá como una especie de barómetro para el próximo mandato del Parlamento Europeo.
En materia de política migratoria, la UE está en una encrucijada. Ha abandonado en gran medida el espíritu de “Wir schaffen das” (“Lo conseguiremos”) encarnado por la excanciller alemana Angela Merkel en 2015 cuando decidió permitir la entrada a Alemania de más de 1 millón de solicitantes de asilo. En cambio, la idea de obligar a los solicitantes a quedarse fuera de las fronteras UE está ganando adeptos, como se refleja en el manifiesto del PPE para las elecciones de junio.
Pero a pesar del amplio apoyo para limitar las migraciones, la UE también necesita inmigrantes para empleos cruciales de baja cualificación (por ejemplo, en el sector de la construcción) para los que hay una grave escasez de mano de obra. Consensuar el equilibrio entre ambas necesidades ya sería difícil en el mejor de los tiempos; en un periodo de profunda polarización es casi imposible.
Pero la UE tiene que encontrar soluciones. Y para ello, el próximo Parlamento Europeo, que seguramente estará más fragmentado, debe adoptar el creativo modelo Meloni de formación de coaliciones, sobre una base de pragmatismo y compromiso con los valores compartidos. (Ana Palacio, El Economista, Finanzas Globales, p. 36)