Como era de esperarse, muy poco le duró el amor a Donald Trump por México. Ayer, a 15 días de la visita del presidente López Obrador a Washington, acusó a nuestro país no hacer mucho para frenar la pandemia del COVID-19. Es más, dijo que si no hubiera sido por el muro que construyó en la frontera, el problema sería mucho mayor. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
A la fecha se estima que Cuba ha enviado al exterior, cerca de 400 mil médicos, que han cubierto más de 160 misiones en África, Oriente Medio, Asia y América Latina. Recientemente, a causa del coronavirus, envió 34 brigadas a 27 países, incluso Italia, Andorra, Honduras, México y Venezuela. Lo curioso es que por alguna razón siempre se manejan como una labor altruista del gobierno cubano, aunque cada envío de médicos y asistentes o asesores tiene un costo para los países anfitriones, y grandes retornos al gobierno isleño. Normalmente las negociaciones para el envío de profesionales de la salud se efectúan de manera oculta, mediante contratos de circulación restringida que evitan transparentar los términos y condiciones de los mismos. Hay quien haya mencionado que lo anterior obedece a que los montos cobrados por el gobierno cubano son muy altos en relación con lo que se retribuye a cada médico u enfermera enviado al exterior, lo que ha dado pie a que dichas misiones de “buena fe” sean calificadas como una especie de trata de personas a nivel internacional.
Por si fuera poco, en el caso de México varias asociaciones médicas han señalado, además, que los galenos cubanos contratados recientemente por las autoridades en apoyo al combate del coronavirus son médicos generales, no certificados, que no reúnen las competencias requeridas, no cuentan con los requisitos establecidos por las leyes vigentes y carecen de algún aval de colegios de profesionistas. (Agustín García Villa, El Heraldo de México, Orbe, p. 26)
Andrés Manuel López Obrador llegó a Washington en vuelo comercial, sin los gastos suntuarios con los que viajaban los mandatarios del pasado. Llegó con una comitiva pequeña y discreta, no con una corte al estilo victoriano. El presidente de México se trasladó a los Estados Unidos de América con la austeridad republicana como bandera y como elemento importante de la nueva diplomacia mexicana.
El terreno no era, a primera vista, el más amigable. El presidente López Obrador se tendría que encontrar con el mandatario republicano Donald Trump, antípoda de la izquierda, antimigrante y antimexicano. Muchas eran las voces que vaticinaban una catástrofe. Pero la actitud conciliadora, el talante democrático y la habilidad política del jefe del Estado mexicano logró elevar la discusión por encima de las diferencias, para relanzar a América del Norte como un polo de crecimiento económico pospandémico. (Ricardo Monreal, El Universal, Opinión, p. A15)
Quienes siguen de cerca el caso de Emilio Lozoya se preguntan si la Fiscalía General de la República pasará por alto los convenios internacionales sobre extradición y modificará la causa por la que el ex peñista fue enviado a las autoridades mexicanas. Nos explica un especialista que por más que se contemple en la legislación la figura del testigo colaborador, ese no puede ser el fondo ni el contenido del procedimiento de extradición, ni menos su detención, donde siempre mantuvo el papel de imputado. Nos explican que el ex director de Pemex llegó a México al amparo del tratado de extradición “no más, tampoco menos. Es una cuestión judicial y las órdenes de aprehensión exigen poner de manera inmediata al reo a disposición de su juez”. ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, p. 2)
Empezamos a ver algunos cambios que vinculan la relación entre Estados Unidos y México en materia político comercial. Creemos que el cambio de un control y rendición de cuentas en puertos y aduanas hacia una militarización, obedece al riesgo de contrabando, drogas y corrupción, tanto en nuestra frontera norte (que puede incluir el tema del narcotráfico), como en puertos marinos.
El presidente AMLO considera que ante un aumento de precursores desde China para fabricar el “fentanilo”, el riesgo de muertes ha aumentado tanto en México como en Estados Unidos.
Consideramos que es una decisión positiva que generará un cambio en el manejo de puertos y fronteras, una gran inquietud que ha tenido el presidente Donald Trump en todo su mandato vigente.
El presidente Donald Trump ha venido criticando desde 2018 a la fecha a China por permitir que el fentanilo, un opioide sintético, fuera enviado “fácilmente” desde China a Estados Unidos y en ocasiones se llega a mezclar con otras drogas como la heroína y cocaína debido a que se vuelve más barata y muy potente, provocando muchas muertes. Considera que la grave crisis que representa este tráfico que inunda a Estados Unidos, entra principalmente por México, por la frontera que comparten ambos países. Por ello, no es nada “descartable” que en la reunión reciente entre ambos mandatarios, Donald Trump le solicitó al presidente Andrés Manuel, que tome un control total “inmediato” en la frontera. Hay que recordar que el año pasado, comentó la posibilidad de considerar a bandas del narcotráfico mexicanas como “terroristas”, lo que en su caso, generaría un cambio total en la relación política y económica entre ambos países. (Alfredo Huerta, 24 Horas, Negocios, p. 12)
La reciente visita del presidente López Obrador a Washington, más allá de toda la polémica que levantó, del pragmatismo de los resultados y de la clara e innegable utilización electoral que tuvo la presencia del mandatario mexicano en la Casa Blanca para la campaña de Donald Trump, sirvió para que el gobierno lopezobradorista afianzara sus propios interlocutores, puentes y mecanismos de comunicación y negociación con el gobierno de los Estados Unidos, alejándose de los conductos que le había heredado el peñismo.
Si en un principio la administración de López Obrador tuvo que recurrir al binomio Jared Kushner-Luis Videgaray para afianzar su relación con Donald Trump, a partir de esta visita ese conducto, que en los primeros meses del gobierno utilizó el canciller Marcelo Ebrard, ya fue superado y desechado por nuevos canales de comunicación e interlocutores directos entre el Palacio Nacional y la Casa Blanca. Además de la comunicación oficial en la relación que la lleva Ebrard a través de los canales diplomáticos formales con Mike Pompeo, otros personajes como Alfonso Romo y por fin la secretaria de Economía, Graciela Márquez, aparecieron en esta visita como interlocutores con personajes claves del gabinete de Trump como Wilbur Ross, el secretario de Comercio, y el del Tesoro, Steve Mnunchin.
La foto del encuentro en la oficina oval entre las dos representaciones, que circuló el propio gobierno mexicano, muestra claramente los nuevos canales y personajes que interactúan en la relación México-Estados Unidos: del lado mexicano estaban acompañando al presidente López Obrador el canciller Ebrard —con la embajadora Martha Bárcena como la operadora en Washington— la secretaria Graciela Márquez y el jefe de la Oficina Presidencial Alfonso Romo, mientras que del lado de Donald Trump aparecen Mike Pompeo, Steve Mnunchin y a la orilla, menos protagónico que en las visitas de Peña Nieto, el yerno Jared Kushner. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, A12)
Hace un par de semanas los análisis y especulaciones acerca de la visita del presidente López Obrador a su homólogo estadunidense Donald Trump invadían las columnas y se prestaban, en su enorme mayoría, a críticas y escenarios catastróficos de dicha acción, aunado a la expectativa generada por ser la primera gira internacional del titular del Ejecutivo mexicano.
Hoy, en su justo contexto, es necesario valorar los resultados de algo tan importante, máxime cuando se trata de nuestro principal socio comercial, así como de un país vecino, donde inciden todo tipo de temas, tales como la agenda comercial, narcotráfico y seguridad, flujo de armas y el flamante T-MEC, y una frontera de más de 3 mil kilómetros de complejidades.
Lo dijimos en este espacio hace un par de semanas: López Obrador tenía mucho que ganar en la agenda bilateral, a pesar del indudable costo que implica un Donald Trump en campaña. La relación con la iniciativa privada y la posibilidad de priorizar la agenda comercial binancional, más allá de las estridencias ideológicas, es un objetivo cumplido. Máxime hoy que las economías buscan salidas de emergencia ante la recesión provocada por el Covid-19. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política)

(Staff, Reforma, Opinión, p. 12)