El número de ciudadanos mexicanos que han intentado salir del país en busca de mejores oportunidades se disparó de una manera preocupante después de la pandemia. Con ello se cambió drásticamente el comportamiento del flujo migratorio observado en los trece años anteriores.
La emigración de mexicanos a los Estados Unidos alcanzó un flujo máximo (1.9 millones) entre los años del 2003 al 2007. Disminuyó a la mitad en los siguientes cinco años y, a partir del 2013 hasta el año 2020 se estabilizó en un rango anual de entre 150 y 160 mil personas. El Instituto Nacional de Migración reportó, el 12 de julio, que los “encuentros” -eufemismo oficial usado para las deportaciones- de mexicanos con la patrulla fronteriza estadounidense fueron 414,345 en el año 2021 y 560,574 hasta el mes de mayo de este año.
¿Cuáles son las causas de este repentino impulso masivo? ¿De qué estados de la república proviene la mayor presión por emigrar? ¿Cómo conocer los datos sociodemográficos de este fenómeno? Y lo más importante: ¿qué hacer para detener lo que en algunas regiones del país debe tener características de estampida?
El fenómeno de la migración ciertamente es complejo y no puede ser explicado únicamente por una causa. No sabemos con certeza qué parte del fenómeno reciente se debe al escaso crecimiento interno y el límite que le impone a la oferta laboral; a la presión ejercida por la incontenible violencia que viven amplias zonas del país; o a la demanda de empleo del otro lado de la frontera con sus salarios atractivos. No conocemos con exactitud las causas de lo que está sucediendo con la migración mexicana en los últimos dos años, pero si existe suficiente información de lo que ha sucedido en la última década. Es probable que la actual siga más o menos el mismo patrón, por lo que conviene poner sobre la mesa algunos datos al respecto.
Una tercera parte de los mexicanos que emigraron tienen su origen en localidades menores a 2,500 habitantes y que dos terceras partes lo hacen desde poblaciones con 100 mil habitantes o menos, no obstante que la Ciudad de México aparece en el quinto lugar entre las entidades con mayor expulsión. Casi la mitad de las personas que emigran están en un rango de edad de entre 18 y 29 años y una quinta parte, entre 30 y 49 años. Diez entidades federativas concentran la mitad de las personas que se fueron. Estas son en orden de importancia: Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Oaxaca, Puebla, Chihuahua y Guerrero.
Existen corredores migratorios muy bien establecidos entre regiones de México y de los Estados Unidos. California es, con mucho, el destino favorito de los migrantes mexicanos, con el 30%; seguido de Texas con el 22%, Illinois con el 9 %, Florida y Nueva York, ambos con el 3,5%. No obstante, los estados mexicanos de Guanajuato, Veracruz y Chihuahua tienen como principal destino a Texas.
Los trabajadores migrantes mexicanos se emplean principalmente en la industria de la construcción y la minería (20%), en los negocios de esparcimiento y recreativos (14%), en la manufactura (13%), servicios profesionales y técnicos (12%), comercio (11%), agricultura (5.5%).
Por escolaridad los mexicanos que se van tienen, en su mayoría, un nivel educativo medio y básico. El 40% han cruzado hasta el bachillerato y el 35%, la secundaria o menos. El 15% son técnicos con nivel superior y el 11% tienen nivel profesional o posgrado. Un trabajador promedio con estudios de secundaria y bachillerato gana anualmente entre 30 y 37 mil dólares anuales; en tanto que un técnico superior está en 43 mil y un profesionista llega hasta los 69 mil dólares anuales.
El nivel de desempleo de los trabajadores migrantes en el país vecino fue severamente afectado durante la pandemia (superó ligeramente el 17%) y no ha recuperado el que tenía antes que era del 3.9%. En el 2021 fue del 8%. A pesar de lo anterior, los montos de remesas enviados a México, no dejaron de crecer, representando ya casi el cuatro por ciento del PIB, poco más del doble de los recursos que se ejercen en los programas sociales del gobierno federal. El nivel de dependencia del país respecto de este tipo de transferencias externas se antoja alto.
El número de familias que reciben los envíos de sus familiares migrantes aumentó considerablemente en la última década. Actualmente, un millón ochocientas mil familias (5.1% del total) reciben transferencias del exterior. Hace diez años eran un millón cuarenta mil (el 3.6%). La mitad de los recursos enviados se destinan a poblaciones que tienen 15 mil habitantes o menos. Es mucho más preocupante cuando esta dependencia se observa a nivel de entidad federativa. Michoacán es el estado que registra la dependencia mayor de las remesas, con el 17% de su PIB, seguido de Guerrero, Oaxaca, Zacatecas y Nayarit, con 14, 13, 12, y 10, respectivamente. La exportación de trabajadores se ha convertido, con el tiempo, en uno de los puntales de estas economías regionales.
La información sobre el fenómeno migratorio es muy amplia y detallada y debería ser la base para diseñar programas y acciones de gobierno focalizadas en las comunidades expulsoras. El presidente de México ha sugerido una serie de medidas para disminuir los flujos migratorios provenientes de algunos países centroamericanos, pero: ¿tiene el gobierno mexicano un plan para atenuar este problema originado en el propio país? A juzgar por los resultados, los programas sociales impulsados por el actual gobierno no han tenido un efecto disuasor de la migración.
Los paisanos se van ahora en mayor cantidad al norte de lo que lo hacían hasta hace apenas dos años. La excesiva dependencia de las remesas también lleva a la pregunta: ¿cómo afectaría la economía -y de manera específica a las regiones y familias más dependientes- una hipotética recesión severa en los Estados Unidos, que eleve nuevamente los niveles de desempleo de la población migrante? ¿Existe una idea de cómo enfrentar ese riesgo? (Juan Eduardo Martínez Leyva, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 10)
El tema migratorio debería ser prioritario para este gobierno. Tristemente, solamente se pronuncian cuando ocurre una tragedia de la dimensión de la de San Antonio, Texas.
México juega un papel fundamental al ser, por su ubicación geográfica, un país de origen, tránsito, destino y retorno de flujos migratorios.
Como todos sabemos las causas de que alguien decida migrar son múltiples, puede ser por motivos económicos, laborales, para huir de la violencia en sus países de origen, entre otros.
Uno de los principales corredores migratorios que existe en el mundo es el de México y Estados Unidos, siendo los mexicanos el mayor número de personas inmigrantes en ese país.
En estos últimos años, durante este gobierno, el número de migrantes ha ido en aumento, ya que miles de mexicanas y mexicanos se han visto en la necesidad de buscar oportunidades al no encontrarlas en México.
López Obrador cree que solicitando el otorgamiento de visas de trabajo a inmigrantes mexicanos y centroamericanos solucionará el problema y esto es un error.
Por cierto, Joe Biden ni caso le hizo a su petición. De esa reunión solamente volvió con deudas. Como país nos salió caro el boicot a la Cumbre de las Américas. Pero, ¿qué hay detrás de un número inimaginable de estos migrantes?
Efectivamente, hay uno o varios delitos en materia migratoria cometidos por los llamados polleros, quienes prometen ayudar a las personas a llegar sanas y salvas a cumplir el sueño americano sin cumplir con los requisitos legales o administrativos necesarios, con el fin de obtener beneficios financieros o materiales.
Los migrantes que establecen contacto directo y voluntario con los traficantes ponen en riesgo su vida, su salud y además afectan a su familia al convertirse en un grupo vulnerable a los abusos de este tipo de redes que se dedican a engañarlos.
El tema, si bien no ha pasado de noche, nadie ha hablado del trasfondo que hay en este tipo de prácticas en la cual los principales afectados son los niños, las niñas y las mujeres.
Urge la implementación de una política pública eficaz encaminada a prevenir y evitar este tipo de tragedias y la implementación efectiva de las medidas de prevención, y cooperación previstas en el Protocolo Contra el Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra, Mar y Aire, que complementa la Convención de las Naciones Unidas Contra la Delincuencia Organizada Transnacional, del cual nuestro país forma parte. (Mariana Gómez del Campo, El Heraldo de México, Editorial, p. 12)
La relación entre México y EU es una asociación profunda con un entramado económico, cultural, político y social de muchos siglos. Nuestra vecindad ha tenido sus altibajos, pero durante los últimos 30 años, los Presidentes conservadores nos mantuvieron más en una relación de sometimiento e injerencismo que de respeto soberano.
La llegada del gobierno de la Cuarta Transformación de la vida pública de México dio un giro a la relación bilateral. El día de hoy México y EU mantienen un diálogo permanente, cordial y respetuoso a la soberanía entre ambas naciones.
Aún siendo el nuestro un gobierno de izquierda, Estados Unidos nos respeta y nos trata como a su igual, no obstante que la historia de los gobiernos norteamericanos se distingue por la beligerancia contra los regímenes latinoamericanos de izquierda.
Pero estamos en una nueva etapa global donde las economías emergentes tomaron por sorpresa el mapa geopolítico, generando nuevos contrapesos y poderes hegemónicos. En este escenario no cabe la exclusión, ni el bloqueo comercial.
La pasada reunión entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el mandatario norteamericano Joe Biden es un claro ejemplo de los nuevos escenarios políticos, donde se antepone el bienestar común sobre los intereses creados.
En este contexto, el plan contra la inflación que ha planteado nuestro Presidente a los EU es una bocanada de aire en medio de la crisis económica. Las cinco estrategias para combatir la inflación que planteó el presidente Obrador a Joe Biden son las siguientes.
Los puntos planteados ya están en desarrollo en este momento y tendrán una inversión inicial de 40 mil millones de dólares a dos años. Esta importante suma generará empleo y bienestar social para millones de mexicanos, centroamericanos y estadounidenses. Será el primero de muchos pasos para la integración económica del continente. (José Narro Céspedes, El Heraldo de México, Editorial, p. 12)
Una de las promesas más difíciles de cumplir es la de evitar la migración en busca de mejores oportunidades. La violencia, la pandemia y la crisis económica se han conjuntado para que la promesa sea imposible.
Lo importante es notar que, detrás de cada historia de migración, a menudo hay un drama, que se entreteje con la esperanza. Y la esperanza es lo último que se muere. (La Crónica de Hoy, Pp)
La importancia estratégica del Corredor Interoceánico apenas puede ocultarse. Muy a pesar de haber sido olvidado por años ahora se ve, ciertamente, renacer como una aventura productiva de calado mundial. De cierto, ha permanecido, a través del tiempo, en el horizonte visual de varias tentativas anteriores.
Se espera, fundadamente, que cumplirá, a cabalidad, con una de las condiciones que se le impusieron desde el inicio: servir de contención para el casi indetenible flujo migratorio. El negocio, entrevisto por muchos de los promotores, es de una envergadura que exige reconocerlo sin escatimarle beneficios.
Una pequeña nación hermana (Panamá) ha vivido de su canal –y ciertamente sufrido–, de sus derivadas políticas y sus cuantiosas derramas financieras.
De similar manera, el interoceánico, no admitirá que se ningunee el esfuerzo de imaginación integradora que se le está imprimiendo día con día.
Esa confluencia entre Oaxaca, Chiapas y Veracruz comienza a sentir las repercusiones de un proyecto de enorme aliento y perspectiva.
A este trascendente medio de tránsito productivo e integrador de sectores, hay que añadir otros de naturaleza netamente social: Sembrando Vida, programa con múltiples propósitos de empleo en la marginalidad campesina, la reforestación y contención migratoria. (Luis Linares Zapata, La Jornada, Opinión, p. 16)
Estoy muy preocupada por la trata de personas en el mundo y en nuestro país. Me acabo de enterar de un ciclo de cinco conferencias llamado Charlas sobre el Delito de Trata de Personas, desgraciadamente me perdí de las tres primeras reuniones. Todas son vía Zoom (https://unorg.zoom.us/j/91492914462) con el ID 914 9291 4462.
Todos los viernes de julio a las 12:00 horas, Centro de México). Pero además de que son gratuitas no hay que trasladarse a ninguna parte.
* Para el 22 de julio tratarán Los Grupos Mayormente Afectados por el Delito de la Trata de Personas (con supervisión de la Secretaría del Bienestar, Secretaría de Turismo y la OIM [Organización Internacional para las Migraciones]).
* Para el 29 de julio la reunión será Trata de Personas y Lavado de Dinero (coordinada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público). No lo echen en saco roto y ayudemos a combatir este vicio de la sociedad. (Beatriz Rangel S. Ciudad de México, Excélsior, Nacional, p.10)
Cartón

(Garcí, El Financiero, Opinión, p. 24)