Opinión Migración 200725

Las redadas

No pocas personas acuden a mi opinión en relación al por qué de los recientes operativos de la autoridad migratoria norteamericana en campos agrícolas*

Desde la época de los braceros, el campo de EUA es atendido por trabajadores mexicanos. Primero fueron los braceros, luego los Rodinos y recientemente, los indocumentados: distintas épocas, distintas soluciones.

¡Al inicio del actual gobierno norteamericano, se fijó una meta de siete mil expulsiones diarias de indocumentados… pero esa meta no se alcanza aún! Por eso van a lo seguro: hacia los campos agrícolas. En un solo operativo en días recientes, detuvieron a 380 personas.

Ellos, no son personas agresivas, menos aún delincuentes. Van a trabajar en familia y las mamas llevan menores (no tienen donde dejarlos) Los recientes, son operativos intimidatorios: exceso de armamento, uso de perros y con intención disuasiva orientada hacia perfiles raciales (tengan o no documentos, ya después veremos).

Además, estos “operativos” son en California, el estado santuario y, además, claramente enfrentado a Washington. Los operativos son un desafío al núcleo demócrata más importante de ese país.

Las consecuencias inmediatas, son previsibles. Golpear la economía de esa entidad, abandono de los jornaleros de su actividad y nuevas confrontaciones con grupos defensores de los migrantes. Estos, al hacerlo, le hacen el juego al gobierno central, catalogándolos de provocadores y de atentar contra la paz de la nación. Ese coctel producirá un nuevo acuerdo para trabajadores agrícolas y de apoyo a la industria turística.

Y mientras, ¿qué hacer?

La prudencia nunca es excesiva. Además, combatir la desinformación y, los paisanos, tener un plan de contingencia hablado con sus parientes en nuestro país. Si bien nunca hemos estado en favor del ingreso indocumentado de los paisanos hacia aquella nación, en este momento habrá que reiterarlo: acá estamos quienes los queremos y sabremos recibirlos y apoyarlos. Vendrán tiempos mejores. (Antonio Meza Estrada, El Heraldo de México, Escena, p.13)

El peso del apellido

Crecí en un pequeño pueblo tradicional del norte de México, donde los patriarcas se preocupaban por quién llevaría el apellido de la familia.

En Estados Unidos, también los apellidos pesan, aplastan o impulsan; a veces son un calvario; pero otras, una bendición… en la política son ambos.

En Arizona, Grijalva es uno de los apellidos con más resonancia y peso político. Raúl Grijalva fue una figura emblemática: congresista por más de dos décadas, conocido nacionalmente por su activismo y compromiso. Se remangaba la camisa y marchaba cerca de la gente, escuchaba, peleaba causas y defendía a su comunidad, especialmente a los migrantes y a los sectores más vulnerables. Su distrito, el séptimo de Arizona, lo admiraba. Su voz era fuerte en el Congreso y su legado se recuerda con respeto.

Pero en marzo de 2025, Raúl Grijalva perdió la batalla contra el cáncer de pulmón. Su fallecimiento dejó vacía una silla que parecía inamovible, un espacio político y comunitario que necesitaba ser llenado. Su legado, sin embargo, no terminó con su muerte.

El liderazgo, la historia y el apellido podrían continuar con Adelita Grijalva, una de sus tres hijas nacida y criada en Tucson, Arizona. Esta semana, Adelita aseguró la candidatura demócrata para el séptimo distrito del Congreso, un paso silenciosamente esperado pero que enfrenta el escrutinio público ineludible. ¿Fue ella quien ganó, o fue el peso del apellido?

Si los votantes la respaldan en las próximas elecciones especiales de septiembre, podría convertirse en la sucesora de su padre, en lo que pareciera ser un destino casi escrito en un distrito mayoritariamente demócrata.

Adelita reconoce abiertamente que llevar el apellido Grijalva a veces le pesa; es un legado fuerte, un apellido que lleva cierta exigencia, una sombra de altas expectativas. Pero lo honra con convicción y trabajo. Sabe que se para sobre los hombros del gigante político que fue su padre. Ella abraza sus valores, pero posee una visión propia, renovada y más moderna para atender problemas que el Congreso ha arrastrado durante años: la migración, la educación pública, la vivienda, temas que son urgencias y que merecen respuestas frescas y comprometidas.

Este peso del apellido que la alienta también la desafía. Es un símbolo de identidad, historia y compromiso que puede abrir o cerrar puertas, generar admiración o presión. En la política, llevar un apellido conocido es un doble filo: te abre espacios gracias a la memoria colectiva, pero también obliga a sostener un legado y aportar algo nuevo.

En el caso de Adelita Grijalva, ese apellido no solo la conecta con su padre, sino que también le brinda una plataforma para continuar las luchas que ese apellido ha simbolizado durante décadas en Arizona. Si logra ganar la elección, será prueba de que, aunque los apellidos pesan, la fuerza también se hereda. (Maritza Félix, El Sol de México, Análisis, p.15)