Concluyó la primera etapa del proceso de selección para candidato o candidata del Frente Amplio por México de las elecciones presidenciales del 2024 y ¡fue todo un éxito! Según lo informó el presidente del Partido Acción Nacional, Marko Cortés Mendoza, se registraron en la plataforma más de dos millones de mexicanos, de los cuales miles de estos registros fueron de residentes en el exterior. Es decir, nuestros paisanos que viven fuera del país están decidiendo participar en este proyecto, en el que todas y todos cabemos y que tiene como finalidad corregir el rumbo de México.
Acabo de llegar de una gira por Texas, California, Arizona y Nevada, promoviendo la participación de los migrantes. Muchos de ellos me pedían que explicara el proceso de la primaria del Frente. Explico: en la primera etapa quedaron definidos los cuatro aspirantes a encabezar el Frente Amplio por México. Se trata de Beatriz Paredes Rangel, Enrique de la Madrid Cordero, Santiago Creel Miranda y Xóchitl Gálvez Ruiz. Ahora, ya en la segunda etapa, se llevó a cabo el primer foro Visiones de México, diagnóstico y mirada al futuro. Fue un encuentro inédito y, seguramente, también será un parteaguas para institucionalizar este tipo de espacios de apertura al diálogo político y ciudadano. Así mismo, en esta segunda etapa se realizarán sondeos y consultas ciudadanas que servirán para elegir a los tres aspirantes con el mayor respaldo social, para ser responsable de la coordinación del Frente Amplio por México. Finalmente, en la tercera etapa, los finalistas participarán en cinco foros regionales, en estudios de opinión pública y en una consulta directa a quienes se registraron en la plataforma.
Este camino que hemos emprendido en el Frente Amplio por México, y que ha dado su primer paso de manera sólida, me convence hoy, más que nunca, de que la política también es un acto de fe. Es un acto de creer en las instituciones políticas que se fundan a partir de personas íntegras con ideologías bien definidas. Es un acto de confiar en la buena entraña de las propuestas partidistas (sean azules, tricolores o amarillas), porque, al final de cuentas, en cada proceso electoral lo que está en juego es el bienestar común. ¿Y saben algo? Los mexicanos que viven en los Estados Unidos ya comentan: ¡esta vez, sí decidiremos el futuro de nuestra nación!
¿Qué alimenta la fe de los migrantes? Seguramente se nutre del orgullo que sienten al saber que su influencia en el país más poderoso del mundo la podemos ver en la cultura norteamericana, en su economía, en sus jerseys deportivos e, incluso, en sus elecciones. Muchos líderes migrantes piensan que se acerca el día en que un latino (¿quizás mexicano?) entre a la Casa Blanca por la puerta de enfrente y no por la trasera. Hoy ¡es tiempo de creer! Recordemos que en 2024 se llevarán a cabo elecciones presidenciales en Estados Unidos y México y habrá mexicanas y mexicanos que podrán votar en ambas contiendas. En pocas palabras: el 2024 puede marcar un antes y un después en el poder de decisión de nuestros paisanos y, aunque muchos decían que no participaban, en los últimos años han demostrado que sí lo hacen.
Esta inercia participativa de nuestros paisanos que viven en los Estados Unidos ha ido incrementándose con el tiempo, sobre todo porque se han dado cuenta que, al visibilizarse de manera activa, son considerados en los proyectos que devuelvan a México su grandeza. Ya lo dijo Xóchitl Gálvez en el foro Visiones de México, diagnóstico y mirada al futuro: “Reconozco que los migrantes son una bola de soñadores y aspiracionistas. México puede aprovechar la mano migrante para crecer, por eso, proponemos un programa de certificación y de competencias laborales para los migrantes, porque merecen un buen trato y quedarse en México”.
Ya vimos que el entusiasmo de las mexicanas y mexicanos que viven en el exterior es efervescente, pero, por nuestra parte, ¿qué es lo que nos entusiasma en el Frente Amplio por México? Que dimos un primer paso para consolidar un gobierno de coalición, en el que no sólo decidan los partidos políticos, instituciones y sociedad civil organizada, sino que, de manera histórica, estamos considerando a la ciudadanía en general para ir juntos y corregir el rumbo de México. Sabemos que para el siguiente paso nos acompañarán los miles de Pepes, Rosas, Toños y Marías que viven fuera de su país, porque ellas y ellos, más que nadie, aman esta tierra que está a punto de cambiar. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 16)
Del ejército sabemos que está a cargo de la seguridad, hace ya tiempo pero más ahora que nunca, y que no ha dejado de cumplir con otras tareas ciertamente elogiables, como intervenir en casos de desastres naturales. Sabemos también que en cambio, como nunca, ahora construye, cuida las aduanas, vacuna, administra aeropuertos y dirige líneas aéreas pagadas con recursos públicos, entre otros negocios.
Finalmente, y mientras se le acumulan nuevas ocupaciones por iniciativa del presidente de los abrazos, no balazos y la fraternidad universal, sabemos desde hace unos días que se va a encargar también de la migración, con lo que México, una democracia, ha dejado en sus manos, total o parcialmente, la salud pública, la lucha contra la delincuencia y el fenómenos migratorio, nada menos.
Eso sabemos de nuestras fuerzas armadas, de las que, por lo demás, sabemos realmente muy poco, porque nuestro ejército, como cualquier otro pero más que muchos, es un microcosmos de fronteras poco permeables, hermético, sujeto a muchas reglas propias y no tantas reglas comunes.
La introducción, demasiado larga, viene a cuento porque a partir del 21 de septiembre vamos a saber algo más de ese microcosmos. Es el día de estreno de Heroico, una película que ha tenido un recorrido muy feliz en festivales como Sundance, Berlín o Guadalajara y que, si me permiten jugar al profeta, va a pegar con fuerza en cartelera. Lo merece.
Heroico nos cuenta la historia de un cadete muy joven que da sus primeros pasos en el colegio militar. ¿Cómo son esos primeros pasos? Terribles. A él, como a sus compañeros de promoción, le esperan los malos tratos físicos que solo se interrumpen cuando los superiores los someten a una violencia ya sin frenos y la humillación para formar el carácter: la educación en la guerra sin leyes, pues; la pedagogía de la sangre.
Así, la película nos mete a las entrañas mismas del ejército, a sus raíces, de una forma que, evidentemente, va a causar muchas molestias.
Lo hace, además, con talento. David Zonana, conocido por Mano de obra, tiene una virtud no tan infrecuente en el cine nacional y dos que, la verdad, se echan de menos casi siempre. La primera es su buena mano para el realismo. Las otras dos, las que hacen de esta película una rareza afortunada, son, primero, su capacidad para dotar de un suspenso casi insoportable a los 88 minutos de historia y, enseguida, cuadrar un buen elenco de actores, algunos de ellos profesionales, otros ex cadetes dispuestos a revivir su experiencia.
Antes de su estreno, Heroico atrajo ya mucha atención de los medios y del público, que ha visto, millones de veces, el tráiler, liberado hace unos días. Le esperan, si no hay cambios, 500 salas en nuestro país. Una apuesta fuerte que puede y debe ser una apuesta ganadora. (Julio Patán, El Heraldo de México, Orbe, p. 12)