Emergencia sanitaria sin salida
Esta semana, la realidad se impuso en tiempo real al discurso oficial y a la narrativa de las buenas intenciones. Mientras en Washington se solicita al gobierno estadunidense dejar de rechazar migrantes, en territorio mexicano dos caravanas de migrantes procedentes de Centroamérica, Haití, República Dominicana, Cuba y algunos países sudamericanos, son contenidas por la Guardia Nacional y agentes del Instituto Nacional de Migración (INM). El flujo de personas continúa, pero los bloqueos los dispersan y los llevan a buscar otras rutas, generalmente más peligrosas. Otros se mantienen en grupo.
Hay una emergencia humanitaria y no existe ninguna salida institucional. Nada. Que se queden en sus países plantando árboles es la opción mexicana, que deja de lado las diversas violencias de que están huyendo, incluida, sí, la económica, pero no sólo ésta.
Año con año, el flujo migratorio reconfigura su composición. Sus integrantes, mayormente del género masculino, pasaron a familias completas con niños en brazos, menores de edad sin compañía, mujeres solas. El informe de la Caravana de Acompañamiento Gilberto Bosques Saldívar (en honor al diplomático mexicano que ayudó a los perseguidos por el nazismo y el franquismo), describe la pesadilla del recorrido en su paso por el istmo de Tehuantepec, Oaxaca, donde registraron el hambre, la sed, las altas temperaturas, los pies semidescalzos sobre el concreto, la enfermedad y la desesperación.
Las cámaras y flashes estaban en Washington cuando la brigada de acompañamiento atestiguó “la negociación de estira y afloja entre la Guardia Nacional y los migrantes… La Guardia acusa de ilegalidad el traslado de personas en camiones y tráileres y reitera que abrirá el paso sólo si se bajan y siguen su camino a pie. En tanto, la caravana acusa a la Guardia y al Grupo Beta de que es ilegal la obstrucción de su derecho de tránsito”, pero parece que el argumento de la ilegalidad es de uso exclusivo del Estado, y los obstáculos persisten. Se trata, en esta etapa, de contenerlos y disuadirlos.
México, dicen, ya no será el patio trasero de Estados Unidos. Pero los hechos confirman lo contrario. (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornada, Política, p.10)
Después de cinco años, se volvió a realizar la Cumbre de Líderes de América del Norte, en esta ocasión con la participación de Joe Biden, presidente de Estados Unidos; Andrés Manuel López Obrador, presidente de México y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Los ánimos y expectativas por este encuentro fueron altas, sobre todo por el tiempo que llevaban sin reunirse los mandatarios de los tres países, ya que durante el gobierno de Donald Trump solo se habían sostenido reuniones bilaterales.
La cumbre representó la posibilidad de retomar diálogos, negociaciones y cooperación entre los Estados que conforman América del Norte. La agenda se concentró en tres temas principales: 1) Cooperación contra Covid-19 y la seguridad norteamericana en materia de salud, 2) Fortalecimiento de la competitividad y la creación de un crecimiento más igualitario y sustentable, 3) Migración, desarrollo y una Norteamérica segura.
El presidente de México desde sus reuniones previas a la trilateral hizo referencia al tema migratorio, primero con la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris y después con Joe Biden. En ambos encuentros López Obrador celebró la iniciativa del presidente estadounidense en favor de regularizar la situación de 11 millones de migrantes. Sin embargo, ese proyecto de ley que tanto elogió López Obrador deriva de una propuesta de campaña de Biden, pero fue presentada en febrero por legisladores demócratas y a la fecha no ha tenido ningún avance.
Desde antes de la cumbre el discurso del presidente de México había sido el de “atender las causas de la migración”. Con Kamala Harris reiteró esta posición, añadiendo la necesidad de invertir en América Central para que la migración sea opcional y no forzosa por la necesidad o violencia. Nadie puede estar en contra de ese planteamiento, el problema es que esa es una postura hipócrita del gobierno mexicano pues según datos del Coneval en nuestro país la población con ingresos inferior a la línea de pobreza pasó de 49.9% en el 2018 a 52.8% en 2020. La necesidad en México continúa y la violencia se agudiza obligando a poblaciones enteras a desplazarse por los graves problemas de inseguridad que padece el país. La gente se sigue yendo al país vecino y el presidente se congratula de recibir remesas históricas de nuestros compatriotas.
Por otro lado, resulta indignante que López Obrador llame a “hacer un lado mitos y prejuicios, como dejar de rechazar a migrantes cuando se necesita fuerza de trabajo”, pues ha quedado claro que la reacción de este gobierno no ha sido la de recibir migrantes con los brazos abiertos, sino con el despliegue de las fuerzas armadas en las fronteras como un muro de contención y detención con un uso de la fuerza que ha transgredido en muchas ocasiones los derechos humanos.
Pese a las circunstancias nacionales, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó que las propuestas concretas que presentó México sobre seguridad y migración fueron tres: 1) Atender las causas estructurales de la migración, 2) Extender el número de visas de trabajadores temporales en Estados Unidos y Canadá, 3) Fortalecer los mecanismos contra el tráfico y la trata de personas.
En realidad, no hubo ningún pronunciamiento concreto sobre seguridad más que algunos “acuerdos” como buscar un enfoque coordinado en el tema de armas, aspecto que siempre se dice pero que nunca tiene contenido, también se planteó aumentar la protección de víctimas de trata sin decir qué significará este punto. En migración se acordó atender las causas de su origen y la inversión en el programa Sembrando Oportunidades para Centroamérica. Resta ver en qué consistirán cada uno de estos puntos, porque mientras no se aterricen en programas y presupuesto la cumbre queda como una reunión protocolaría, la oportunidad para sacarse la foto de primera plana, mientras los temas sigan utilizando el eterno gerundio de “seguiremos analizándolo y discutiéndolo”. (María Elena Morera, El Universal, Opinión, p.14)
Ni pío sobre persecución a narcos
Transcurrió el día y no hubo reacción en Palacio Nacional ni en el Senado mexicano sobre la ley que firmó el presidente Joe Biden que permitirá juzgar en suelo estadounidense a quienes atenten contra sus funcionarios en el extranjero. La nueva ley con carácter extraterritorial tiene dedicatoria a los cárteles mexicanos que han atentado contra agentes de la DEA y del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Hay que esperar la reacción del gobierno de López Obrador que promueve “abrazos y no balazos” ante la cero tolerancia a la impunidad con que actúa la delincuencia en México. (El Universal, A2, p.2)
Lejos de la estridencia que puede producir entre los críticos más ligeros, lo sustantivo que AMLO aportó a la novena Cumbre de Líderes de América del Norte, que nació en 2005, vale una lectura más serena y profunda.
La ¿amenaza? del Presidente mexicano de exhibir a congresistas estadounidenses que bloqueen la iniciativa de Joe Biden para legalizar a 11 millones de migrantes mexicanos es potencialmente, la punta de un iceberg, de una estrategia política trasnacional profunda.
El poder de cabildeo de otras minorías como la cubana o la judía hacen posible imaginar un nuevo andamiaje que haga valer el tamaño y peso económico de la mexicanidad en Estados Unidos, pasar del discurso a una legítima y efectiva presión electoral que millones de votantes de origen mexicano tienen allá.
En el contexto del T-MEC, la integración deja de ser un concepto utópico; tal como la Unión Europea materializó el sueño de nivelación regional allá donde las disparidades eran mayores a las que existen hoy entre México, Estados Unidos y Canadá.
Partir de diagnósticos certeros como reconocer que la cacareada democracia sindical aquí es apenas un esbozo, que falta mucho para que el discurso de la secretaria de Trabajo, Luisa María Alcalde, sea realidad, no oculta que algo inédito en la materia ha comenzado a suceder.
Lo mismo en los salarios de varios sectores integrados por el T-MEC como el automotriz, pero aplica el mismo rasero, se comienzan a mover ajustes que apuntan al objetivo de erradicar vicios estructurales que, decían, hacían imposible elevar salarios menores sin afectar al resto de la macroeconomía.
La actual presión inflacionaria, proyección de 7.2 por ciento a tasa anual —la mayor en 20 años—, tiene otro origen y preocupa por igual a los tres países, está vinculada con los estertores de la recesión pandémica; nada que ver con aquel mito genial que han tenido los minisalarios en México.
Planteamientos del Presidente López Obrador como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro se analizan por nuestro principal socio integral sin prejuicio. Y con más recursos. La propuesta de México para que Estados Unidos invierta en Centroamérica para desactivar la expulsión crónica tiene eco entre representantes del Capitolio.
Así, la integración de América del Norte camina entre los tres gobiernos. La amenaza de China y sus aliados enfrentados genéticamente con el Tío Sam de ser el bloque dominante antes de lo estimado, es estímulo para que desde Washington se tome con seriedad ésos y otros planteamientos de AMLO. Canadá lee con prospectiva y se alinea a los intereses trilaterales.
Se trata de una visión geopolítica de largo aliento tan viable como el primer TLC. Energía necesaria para la hegemonía de Washington. Coyuntura histórica para profundizar y expandir los efectos virtuosos que imaginaron aquellos neoliberales tutelados por Carlos Salinas de Gortari, George Bush padre y Brian Mulroney —sucesor de Pierre Elliot Trudeau, padre del actual premier canadiense— hace tres décadas.
Hoy toca a quien aspira a ser antítesis de esa triada, ser un nuevo envión del sueño por una región integrada más allá del comercio, por encima de los aranceles abolidos; trabajar por una zona que posibilite respetar nacionalismos al tiempo que se nutra transversalmente y nivele su generación de riqueza, de prosperidad y de seguridad.
The AMLO moment es una ventana de oportunidad que el Presidente López Obrador alimenta con su disruptiva concepción y anhelos de desarrollo y bienestar popular. Por encima de su personal visión, la realidad global le pone de frente la probabilidad de trascender más allá de nuestras fronteras, de nuestras aldeanas taras y polarizaciones. Veamos si es capaz de leer correctamente la buena acogida de la que goza hoy luego de salir y atreverse.
El fantasma de una China dominante antes de 2050 es el gran incentivo para los del norte; la vecindad y consecuente permeabilidad social, política y económica con México, más la visión táctica de Canadá, terminan de armar el rompecabezas de incentivos virtuosos.
De México para América del Norte la 4T puede ser algo más que una ideología que algunos han tachado de mesiánica, a veces con argumentos, otras con enorme prejuicio y proporcional xenofobia made in México. (Carlos Urdiales , La Razón, La Dos, p.2)
Washington, D.C.- Detrás de las promesas, las sonrisas, los anuncios y las buenas intenciones de los llamados “tres amigos” -los presidentes Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau- hay una terrible realidad: su plan para detener y disuadir la migración desde Centroamérica hacia Estados Unidos no funciona. Ni funcionará.
Empecemos con lo bueno. La primera reunión de los líderes norteamericanos en cinco años fue, en sí misma, un éxito. Indica que lo peor de la pandemia quedó atrás, que los tres países se llevan bien y que hay muchas cosas que pueden hacer juntos. Pero el tema central de la relación entre Estados Unidos y México -la migración de indocumentados- no tiene solución a corto plazo.
Esta es la verdad: hay más inmigrantes que nunca cruzando ilegalmente hacia Estados Unidos y habrá muchos más.
Las cifras oficiales del 2021 son exorbitantes. En este año fiscal fueron detenidas 1,662,167 personas entrando sin documentos a Estados Unidos, según la Patrulla Fronteriza. Esta cifra es superior a cualquier otro año del que se tenga registro. Son muchísimos más migrantes, por ejemplo, que los 405 mil que entraron en el 2020.
¿Qué ha cambiado? Donald Trump y la pandemia.
El principio básico de la migración es que siempre hay algo que te expulsa de tu país y algo que te atrae de otro. Es lo que en inglés le llaman “push and pull factors”. Y actualmente el “pull factor”, lo que atrae de Estados Unidos a los inmigrantes, es muy fuerte.
Por principio, el antiinmigrante Donald Trump ya no es Presidente. Y eso ha enviado el mensaje al sur de la frontera de que la era de la crueldad contra los extranjeros en Estados Unidos ha terminado. El nuevo presidente, Joe Biden, no es Trump. Los inmigrantes lo saben. Y el río que separa a México y Estados Unidos no es tan grande ni tan bravo.
A pesar de que miles han sido deportados o regresados a México (por cuestiones de sanidad con el llamado Título 42 y por el programa “Quédate en México”), niños solos y familias con menores de edad suelen quedarse en Estados Unidos.
Trump ya no está y la pandemia se está controlando. Esto último ha generado en Estados Unidos un vigoroso crecimiento económico con millones de trabajos disponibles, particularmente en el sector de servicios, agricultura y construcción. Y esas son áreas que ocupan a muchos recién llegados. Centroamericanos y mexicanos que ganaban cinco dólares al día o menos, pueden conseguir lo mismo en Estados Unidos en media hora.
Biden prometió como candidato presidencial invertir 4 mil millones de dólares en la región centroamericana. Y López Obrador ha promovido con energía su programa “Sembrando Vida”. Ambos esfuerzos -que se unirán en el proyecto Sembrando Oportunidades- tienen como propósito atacar las causas y el origen de la migración. El problema es que se trata de programas a largo plazo y cuya efectividad es cuestionable. El mismo Biden, como vicepresidente, solicitó mil millones de dólares al Congreso para Centroamérica en el 2015. Hoy está claro que eso no pudo evitar la nueva ola de migraciones al norte.
Mientras todo esto ocurre, el “push factor” sigue expulsando a miles de centroamericanos de sus países debido a la pobreza, las pandillas, el crimen y el cambio climático. ¿Cómo condenar a una familia que viaja a pie hacia Estados Unidos y que quiere vacunarse, darles universidad a sus hijos y evitar que acaben en manos de las pandillas? Además, ¿a quién van a darle el dinero cuando Nicaragua, El Salvador y Honduras se alejan de la esfera de influencia de Estados Unidos?
Por todo lo anterior, el plan de los amigos -Biden y AMLO- no va a bajar significativamente la cantidad de inmigrantes cruzando territorio mexicano para llegar a Estados Unidos. En lugar de rechazarlos, reprimirlos y culparlos por colaborar con los coyotes, hay que cuidarlos y prepararse para recibirlos. Este es un momento en que Estados Unidos necesita muchos inmigrantes.
Pero eso no es lo que yo escuché aquí en Washington. Oí discursos muy bonitos y planes grandiosos. Al tiempo que dos caravanas llenas de niños, y miles de inmigrantes por su cuenta, se preparan para cruzar el río o el desierto. Su argumento está cargado de lógica: si más de un millón lo hizo este año, ¿por qué yo no? (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)
La reunión de los tres jefes de Estado de Norteamérica no fue inocua. Comprometió decisiones internas e internacionales de los tres países y afectará las perspectivas económicas y políticas de muchos más.
La presentación hecha por el Presidente de México, preparada seguramente por su canciller, evitó los temas de ecología o reformas a legislación energética para referirse a tres grandes rubros.
Pandemia. Asunto de imperativa urgencia es controlar el avance de la enfermedad en el continente, tratar a los contagiados y mejorar programas de vacunación. El compromiso adoptado en la reunión fue reforzar el acceso popular de las vacunas autorizadas por la OMC y colaborar con su distribución.
Migración. Igualmente dramático, y a veces más que los estragos de la enfermedad, los remedios a la insensible y brutal cadena de abusos y violaciones a la dignidad del control migratorio dependen del presidente de Estados Unidos, los gobernadores, autoridades locales y del Congreso. Medidas arbitrarias subsisten.
Al exponer el tema de migración, el presidente López Obrador señaló que falta hacer a un lado mitos y distorsiones y analizar con realismo la escasez de mano de obra que existe tanto Estados Unidos como en Canadá para alcanzar ritmos completos de producción. López Obrador insistió en volver a programas que movilicen trabajadores, debidamente reglamentados, como el que ofreció Vicente Fox, para asegurar beneficios tangibles para todos los interesados. La mejor solución sería abrir dentro del continente la circulación libre de trabajadores, análoga a lo que existe en la Unión Europea.
Economía regional. Fue aquí donde resaltó la trascendencia de la reunión de los tres líderes. Para llevar adelante la coordinación continental que era el tema central de la reunión había que saber utilizar el T-MEC.
El Presidente mexicano enfocó su presentación desde lo económico como factor indispensable para convertir Norteamérica en un centro de desarrollo de justicia y bienestar conforme lo propuso el presidente Biden en su discurso de bienvenida.
De acuerdo con López Obrador, la primera cuestión es parar el crecimiento económico de China, cuyo notable empuje la ha llevado a superar el de Norteamérica en producción y comercio exterior. En efecto, continuó, si en la actualidad China ocupa el 14% del mercado mundial, Norteamérica vale 13 por ciento. De seguir a este ritmo, llegará en 2050 a ocupar el 42% del mercado mundial, mientras que Norteamérica será de sólo 12 por ciento. Ese desequilibrio generará tensiones que se resolverían con violencia..
El aplomo con que López Obrador señaló lo anterior fue tan preciso como inesperado. Develose así la cruda realidad internacional y todos los factores sociales y políticos que justifican Norteamérica como programa para hacer del continente el eje mundial de igual o superior potencia que el de China.
Definidas dichas aspiraciones de dominio mundial, la evolución que López Obrador prevé acabar en un violento choque.
Varias veces hemos señalado en nuestros artículos que el desarrollo regional propuesto por Estados Unidos es la creación del Eje Norteamérica como respuesta al reto de Pekín a la hegemonía de Washington.
Es grave el compromiso que representa para México identificarse con estrategias que limitan la diversificación de nuestros intercambios y relaciones internacionales hasta el grado de tener que pedir la autorización de nuestros socios para firmar un acuerdo comercial con un país cuya economía no es “de mercado”.
Llama poderosamente la atención que las prevenciones de López Obrador de la expansión de China contrasten con su simpatía por China en compras del gobierno mexicano y el fomento de sus negocios. China es nuestro segundo socio comercial y tercer mercado después de Canadá. Somos el mayor receptor latinoamericano de inversiones chinas en industrias automotrices y aeroespacial, como en San Luis Potosí, Chihuahua, Querétaro, Nuevo León o Jalisco. Algunas empresas mexicanas ganan contratos acompañadas de chinas.
Cientos de trolebuses importados íntegramente de China, en lugar de fabricarse en México, circulan en nuestras ciudades; un consorcio chino ganó en noviembre un importante contrato por varios millones de pesos para rehabilitar una línea del Metro, otra obtuvo el del primer tramo del Tren Maya.
El llamado que López Obrador hizo en la Casa Blanca para promover la sustitución de importaciones chinas no valdrá si no se insiste en fabricarlas en la región bajo acuerdos comerciales nacionalistas.
Fueron oportunas las propuestas de López Obrador en materia de distribución de vacunas o sobre políticas migratorias humanitarias de migración y su propuesta de circulación libre de trabajadores en el continente.
En cuanto a compartir el propósito hegemónico Norteamérica queda mucho por distinguir y aclarar. La geografía no es todo. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p.11)
Como descendiente de inmigrantes y, estando atento a las vicisitudes de mucha gente que, forzada por la violencia, la xenofobia, el racismo y, por supuesto, por la extrema pobreza en países con gobiernos incapaces de proveer un mínimo de bienestar a su población, es un tema muy delicado y frecuentemente más doloroso en cualquier parte.
El nuevo milenio no es mejor que el terrible siglo XX, como lo constatamos en nuestras fronteras y en movimientos globales. Ejemplos actuales como el de las mujeres de Afganistán, haitianos, cubanos y venezolanos en nuestro continente, junto con los centroamericanos.
Por otra parte, regiones de alto crecimiento, como Hong Kong, han visto emigrar a muchos ciudadanos preocupados por la política autoritaria que les imponen. Fenómeno existente de tiempos inmemoriales, pero ahora lo vemos en directo vía redes sociales… y en las calles de nuestro país. Estados Unidos y Europa lo perciben como una invasión no deseada, aunque en forma correcta y reglamentada sería benéfica. Hay racismo y extremistas causando incidentes y actos terroristas. Mucha turbulencia que no cede.
Dada mi pasión por este fenómeno y, viendo cómo muchos mexicanos, que nacieron en la provincia y salieron para dar de comer a sus familias, llegando a las ciudades y al país del norte donde se asentaron y, en medio de la pandemia y confinado, quise escribir una secuela de mi novela Jacobo, el emigrante, que siguen vendiendo en las librerías Gandhi y electrónicamente en Kindle, poniéndola en la realidad actual.
Con mucho placer y orgullo les presento mi reciente obra publicada La familia del Emigrante; de 1985 …a la pandemia © 2021, Salo Grabinsky. El libro empieza con el fallecimiento en 1985 de Jacobo Krupstein, emigrante polaco que llegó a este bendito país, se instaló en el sureste tropical, conoció a una alegre tabasqueña y creó una familia. Sus hijos y sus nietos continuaron con su vida, como cualquier familia llegando a diferentes situaciones.
Les afectaron diferentes crisis, tanto familiares como económicas y ahora están viviendo, como nosotros, los efectos traumáticos de esta pandemia, que no quiere cesar.
Escribir ha sido para mí un regalo divino que me ha permitido el placer de plasmar mis pensamientos, ideas e imaginación en una computadora… y dejarlos volar.
Claro está que, aunado a la escritura, debemos complementarla con la lectura y la curiosidad sobre los hechos históricos, las noticias, incluso las vivencias de cualquier ser humano.
Me han preguntado si este libro es una obra autobiográfica y les contesto simplemente que un escritor tiene que buscar aspectos de su vida al crear una novela, pero, en mi caso, estos son aislados y mi creación literaria es producto principalmente de mi imaginación calenturienta.
Mientras se abran las librerías, ustedes pueden adquirir esta nueva novela en mis oficinas, al correo irma.direccion@hotmail.com o a gzsalo@gmail.com o al teléfono celular 55 6965 6876.
Agradezco su interés, espero sea un tema importante para muchos. (Salo Gabinsky, Excélsior, Dinero, p.18)
Ayer Kamala Harris fue la primera mujer que gobernó Estados Unidos; aunque sólo fue por 1 hora 40 minutos, tiempo que duró la anestesia por la colonoscopía a la que sometió el presidente Joe Biden, bien puede ser una visión de lo que podría ocurrir en un futuro muy cercano pues la vicepresidenta se ha convertido en una Aspirante sucesorio de Joe biden, ya que este dijo que no buscaría la reelección, si es asi le tocaría enfrentarse a Donald trump quien también busca regresar al despacho oval ya veremos.
El jueves se reunieron los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá en Washington para su primera cumbre de Líderes de América del Norte; en el encuentro se alcanzaron buenos acuerdos y para muestra basta sólo mencionar el título de la declaración conjunta firmada por las tres naciones: Reconstruyendo Mejor Juntos; una América del Norte segura y próspera.
López Obrador, Biden y Trudeau avanzaron en varios temas comunes y aunque en algunos de ellos habrán discrepancias discretas como en el caso de la energía, existe disposición de resolverlas, pero sobre todo los gobiernos se mantienen cerca y el “tejido fino” de estos ahora estará a cargo de sus representantes diplomáticos, como en nuestro caso, el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma y el canciller Marcelo Ebrard que han jugado un papel preponderante.
Es justo reconocer que los buenos oficios diplomáticos de Esteban Moctezuma han acercado a México y Estados Unidos con reuniones de altos funcionarios de estado tanto en ese país como en México, tras la fría relación que se mantenía con la administración de Donald Trump lo que finalmente derivó en la reunión convocada por Joe Biden.
Por lo pronto la agenda que el Presidente Andrés Manuel López Obrador abordó con sus pares versó sobre tres temas: recuperación de la pandemia, migración y sostenibilidad, todos enfocados a alcanzar el bienestar de ciudadanos en los tres países.
México, logró posicionar los asuntos que le preocupan y llegar a acuerdos como el tráfico de armas y la migración.
Y es que, en la declaración conjunta de los líderes de América del Norte, los tres países se comprometieron a tener un enfoque colectivo y coordinado para proteger a la población de los daños que provocan las drogas ilegales y el tráfico de armas.
“Estamos experimentando una epidemia de salud pública por violencia armada, en parte debido a la desviación de armas de fuego hacia mercados ilegales. Por ejemplo, cientos de miles de armas de fuego cruzan hacia México anualmente, empoderando a las organizaciones criminales transnacionales y generando daños irreversibles a la sociedad”, señala el documento.
Los tres países se comprometieron a seguir abordando estas cuestiones a través del diálogo sobre las drogas que se llevará a cabo en 2022.
La migración fue otro de los grandes éxitos pues surgió el compromiso de Estados Unidos de invertir en un programa bautizado como “Sembrando Oportunidades”, en respuesta al mexicano “Sembrando vida”.
Este reconoce la necesidad de contener el flujo migratorio indocumentado de Centroamérica a Estados Unidos, afrontando las causas de ese éxodo, como la pobreza, la injusticia, la inseguridad y la falta de empleos.
A decir del canciller Marcelo Ebrard se buscará promover vías migratorias regulares a través de programas de movilidad laboral, especialmente en el sector agrícola, incluida la intención de cooperar en el desarrollo de un diálogo para compartir planes de expansión, mejores prácticas y lecciones aprendidas de los programas de visas de trabajadores temporales.
El azote de la pandemia de covid-19 no quedó fuera y en este sentido, los tres mandatarios se comprometieron a trabajar para elaborar vacunas contra el coronavirus y para donar el antídoto a los países del Caribe y otras naciones de la región que carecen de los recursos para inocular a sus poblaciones.
Con buenos resultados de su gira internacional, López Obrador ya se encuentra en México, hoy encabezará el evento de conmemoración de lo que él ha llamado la tercera transformación.. Ahora toca a los funcionarios que lo acompañaron en este encuentro, poner en marcha los planes y programas acordados.
Recordemos que los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon; de Hacienda y Crédito Público, Rogelio Ramírez de la O y la secretaría de Economía, Tatiana Clouthier Carrillo. El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño Yáñez; los embajadores de México ante Estados Unidos, Esteban Moctezuma Barragán y de México ante Canadá, Juan José Gómez Camacho; el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez; la subsecretaría de Comercio Exterior, Luz María de la Mora y el jefe de Unidad para América del Norte, Roberto Velasco Álvarez, fueron testigos de este importante acuerdo. (Héctor Muñoz, El Sol de México, Análisis, On Line)
Sin robo de Blackberrys –en la cumbre en tiempos de Felipe Calderón–, o sin el bochornoso apretón de manos (remember cumbre Obama-Trudeau-Peña), transcurrió exitosa y esperanzadora la denominada ‘Cumbre de los Tres Amigos’, donde participaron AMLO, Biden y Trudeau.
De lo más promisorio, los mandatarios acordaron donar vacunas anticovid, a países del Caribe y AL; que el gobierno de EU destinará recursos para la creación del programa “Sembrando Oportunidades” en países de Centroamérica; y que se va a estar atentos a lo que el Congreso de EU apruebe respecto a la legalización de millones de migrantes latinoameriamericanos.
Aunque claro, la delegación mexicana fue criticada hasta por usar cubrebocas de color verde con la bandera nacional durante la reunión en Washington.
Tal fue el caso del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell: “Así frente a Trudeau, recuérdale que el cubrebocas ‘sirve para lo que sirve, y lamentablemente no sirve para lo que no sirve…’
Al presidente AMLO también le tocaron críticas de usar cubrebocas allá, ‘’si sólo en México haces lo que quieres”, entre otras.
La pregunta es, ¿pues qué no saben que, ‘a la tierra que fueres, haz lo que vieras’?… así como cuando Angélica Rivera visitla esposagaviota tuvo que ponerse (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p.12)