¡AGÁRRENSE, que Donald Trump podría volver a Twitter! Elon Musk, el dueño de la red del pájaro azul, reactivó ayer la cuenta del ex presidente de EU que había sido proscrito por la anterior administración de esa plataforma por difundir noticias falsas.
Y AUNQUE el republicano se está haciendo del rogar y dijo que no tiene interés en regresar a la tuiteada, ni duda cabe de que sus renovadas aspiraciones presidenciales son un fuerte aliciente para que lo haga.
MÁS AÚN porque su regreso se decidió después de que el propio Musk organizara un sondeo en el que participaron 15 millones de usuarios y un 52 por ciento de ellos aceptó que se reactivara la cuenta.
POR CIERTO, entre los que votaron en favor de Trump estuvo Andrés Manuel López Obrador… así es que si el hombre del bronceado naranja y el copete planchado vuelve a darle de tuitazos a México y se pone a prometer nuevos muros, que ni se quejen en Palacio Nacional. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
La voz del pueblo (bueno) y los tuitazos de Trump
Nos cuentan que en Palacio Nacional están muy contentos porque le regresarán su cuenta de Twitter a Donald Trump, gran amigo del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien, pese a los coscorrones que le propinó precisamente por la red del pajarito azul, sigue defendiendo. Nos hacen ver que al mandatario mexicano parece que ya se le olvidó el poder desestabilizador que tenían los tuits del ex inquilino de la Casa Blanca, que ponían a temblar a los mercados y al peso. Ayer terminó la encuesta tuitera del magnate Elon Musk con un Vox populi, vox dei (“la voz del pueblo es la voz de Dios”) y como 58 por ciento votaron por que regrese el neoyorquino que busca de nuevo la presidencia en 2024, le restablecerán su cuenta. Por ahora, la memoria del Presidente de México parece no estar en su mejor momento: ya no recuerda los calambres trumpianos y tampoco se acuerda que pidió una avalancha de votos para su partido y hasta volvió a pedirla porque se le olvidó también que lo denunciarán por violar leyes electorales. Cosas de la voz del pueblo bueno. (Bajo Reserva, El Universal, La Dos, p. A2)
El cónclave de la ultraderecha que tuvo lugar este viernes y sábado en el hotel Westin Santa Fe de la Ciudad de México ofreció un desfile de figuras fársicas, que resultarían simplemente risibles si no fuera por el papel que algunas de ellas han desempeñado en pasajes oscuros de la historia reciente, y por su denodada voluntad de imponer su agenda de odio en todos los rincones del mundo.
Encabezado por el ex actor y hoy activista del conservadurismo Eduardo Verástegui, la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) tuvo como cierre y acto estelar el breve telemensaje del ex presidente Donald Trump. También contó entre sus oradores (muchos de ellos, de modo virtual) al ex asesor del magnate y gurú de la posverdad Steve Bannon, a la senadora colombiana María Fernanda Cabal, al senador republicano Ted Cruz, al diputado brasileño Eduardo Bolsonaro, a su homólogo argentino Javier Milei, al presidente guatemalteco Alejandro Giammattei, a Mercedad Schlapp, estratega política y copropietaria de la marca CPAC, al ex mandatario polaco Lech Walesa y al líder del partido neofascita español Vox, Santiago Abascal.
Quienes tomaron el micrófono rozaron el ridículo en su afán de presentarse como desamparados y perseguidos, como víctimas de una poderosa conspiración socialista y feminista que se ha adueñado del planeta, y amenaza con derruir los cimientos mismos de la sociedad. Herrman Tertsch, eurodiputado de Vox, llamó a construir un programa de recuperación de la civilización occidental, Verástegui afirmó que la verdadera derecha está huérfana, Giammattei reprochó que organismos multinacionales condenen a su nación por imponer las creencias religiosas sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. Dos días de oír a la Inquisición desgarrarse las vestiduras por la intolerancia de sus adversarios.
Las contradicciones menudearon. Cruz, uno de los más furibundos antimigrantes y promotores de la trumpiana idea de erigir un muro en los 3 mil kilómetros de frontera entre nuestros países, exaltó a Estados Unidos como la tierra a donde cientos y miles de personas llegan a lograr sus sueños. Verástegui, quien pronunció sus discursos en español e inglés, tiene una de sus banderas en el combate a la trata de menores de edad para explotación sexual y tráfico de órganos, tema en el que choca con su aliado Javier Milei, aspirante presidencial argentino que defiende la venta de órganos como parte de la libertad económica.
Para entender a estos personajes es necesario recordar que amalgaman el más radical neoliberalismo económico con un conservadurismo moral y económico que genera en el oyente medio la impresión de haber sido transportado siglos atrás. Para los locales, una de las ideas clave es la necesidad de un partido que defienda abierta y decididamente la agenda católica en México, un papel que, dicen, el Partido Acción Nacional ha dejado de cumplir, hasta el punto en que una de las mesas se llamó ¿Hay derecha en la política mexicana? Por ello, el lema que más se escuchó en el Westin fue Dios, patria, familia, y el encuentro se clausuró al grito ¡Viva Cristo Rey!
Uno de los aspectos que más se ha destacado de la conferencia es su falta de convocatoria, acaso suscitada porque las figuras visibles de la derecha mexicana no desean mezclarse con un grupo de momento marginal en momentos en que esperan sumar la mayor cantidad de fuerzas con vistas a los procesos electorales venideros. Sin embargo, no puede subestimarse el peligro de que el odio, la glorificación del fascismo y el fundamentalismo religioso se instalen como parte normal del debate público en nuestra nación como ya lo han hecho en buena parte de América y Europa. (Editorial, La Jornada, p. 2)
Hace más de un siglo que la literatura migratoria se refiere al tema de la integración y los resultados son ambiguos, unos se integran, a otros les cuesta más y otros tantos se sienten excluidos. Los problemas suelen presentarse en la primera generación de migrantes que batallan con el idioma y las costumbres, no obstante, se incorporan con notable facilidad en el mercado de trabajo. La segunda generación suele adaptarse mejor, aunque siguen operando como factores negativos la raza, la clase social y la segregación residencial.
En el caso de Estados Unidos, la integración se da en el casillero racial correspondiente, sea éste el de blancos, negros, latinos o asiáticos. En teoría, la movilidad de un casillero a otro no debería ser posible, pero los hispanolatinos han creado un verdadero problema porque pueden ser racialmente mestizos, blancos, negros o incluso asiáticos. Por ello la clasificación oficial del censo se refiere a blancos no hispanos y negros no hispanos, en aras de mantener una pureza racial y controlar a los tránsfugas.
En realidad, se pretende negar la posibilidad del mestizaje, ni siquiera existe esa palabra en inglés, aunque ya se habla en el censo, desde hace unos 20 años, de personas que pueden tener varias razas. El caso es tan claro y transparente que Barak Obama es negro y no mulato, y tiene 50 por ciento de sangre negra y otro 50 de blanca. En el caso de la vicepresidente Kamala Harris, de padre jamaiquino y madre de India, el resultado es el mismo: negra, nadie la considera asiática, porque lo negro domina.
En otros tiempos, la categoría del blanco WASP ((White Anglo-Saxon Protestant) era aún más excluyente, por ejemplo, los irlandeses y los italianos, no eran considerados como blancos, porque los irlandeses eran católicos y los italianos eran católicos y no eran anglosajones. En ese sentido, la llegada de John Fitzgerald Kennedy a la presidencia estadunidense marcó un precedente para blanquear a estos otros europeos y, medio siglo después, Barack Obama entreabrió la puerta a los negros y ahora tenemos a una vicepresidenta negra.
Un resquicio que Donald Trump y los republicanos trataron de cerrar y ahora vuelven a la carga en estas elecciones de medio término. La presencia de otras razas en el espectro político electoral debilita, supuestamente, el poder electoral de los republicanos.
En el caso de California, la política antinmigrante y antimexicana le dio resultados inmediatos al gobernador Pete Wilson, en 1994, al poder relegirse con la famosa Proposición 187 que penalizaba a los migrantes mexicanos. Pero a su vez empoderó a la comunidad latina. El partido demócrata se renovó a partir de la lucha contra la Proposición 187 y salieron nuevos líderes, que ahora están en el poder. El racismo les cobró la factura a los republicanos. Algo parecido, aunque en mucho menor escala, pasó en Arizona, con la ley 1047, que penalizaba por su rostro a los latinos y donde, finalmente, Trump perdió allí la elección al segundo mandato y acaba nuevamente de perder el Partido Republicano.
Paradójicamente, el racismo ahora les cobra la factura a tres líderes latinos de California, Nuri Martínez, Gil Cedillo y Kevin de León, por haberse expresado con términos racistas de un concejal negro. Por lo pronto, les han costado los puestos, pero también, habrá costos serios al reabrirse las heridas entre la comunidad negra y latina, lo cual afectará al Partido Demócrata.
En el siglo XXI los videos y las grabaciones son el peor enemigo de los políticos, aunque propiamente son ellos mismos, con sus actitudes racistas, su propio enemigo. La palabra prohibida para referirse a los negros, la famosa n, ni siquiera se puede poner por escrito. La autorepresión verbal parece funcionar entre los blancos, pero no entre los latinos, que creen que con un diminutivo de negrito o changuito solucionan el problema.
Hay un dilema serio de alianzas político-raciales en Estados Unidos, que ha sido difícil de superar. En Chicago se logró de manera coyuntural con el apoyo latino a Harold Washington, en 1983, y la alianza ha dado buenos resultados en otros momentos. En Nueva York la alianza de puertorriqueños, dominicanos y negros también ha dado resultados. El Bronx tiene a una representante latina.
Los intereses y prioridades también son divergentes, para los latinos la migración es un tema fundamental, para los negros no significa nada, incluso pueden sentirse afectados por los nuevos flujos migratorios. Pero también hay puntos en común, la lucha de Black Lives Matter, también podría ser la de “Latino Lives Matter“. De 2015 a 2021 murieron en manos de la policía mil 552 negros y mil 59 latinos.
Martin Luther King y César Chávez comparten el olimpo de los luchadores sociales. El movimiento chicano surgió de manera paralela a la lucha por los derechos civiles, los Black Panters tuvieron su réplica en los Brown Berets, pero cada quién por su lado, al igual que los barrios de negros y latinos.
¿Hasta cuándo? (Jorge Durand, La Jornada, Política, p. 14)
