El gobierno de la República, la administración estatal y el ayuntamiento de Puebla preparan el inicio del Programa Héroes Paisanos 2024-2025, esquema que busca evitar abusos contra los migrantes que regresan a sus lugares de origen durante el fin de año.
De acuerdo con los planes del Instituto Nacional de Migración (INM), el programa de apoyo a los paisanos que regresan para pasar un tiempo con sus familias se aplicará del 28 de noviembre de este año al 12 de enero de 2025.
El banderazo de salida del operativo se dará en el zócalo de la ciudad de Puebla durante el primer día de operaciones. Se tiene programada la presencia del Francisco Garduño Yáñez, comisionado del INM; de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, gobernador de Puebla; y de José Chedraui, alcalde de la capital.
Llama la atención que sea Puebla la sede del inicio del programa de atención a los paisanos; sin embargo, al mismo tiempo, todo tiene una explicación porque Garduño Yáñez dejará a mediados de diciembre de este año la estafeta del Instituto Nacional de Migración a Céspedes Peregrina.
Fue el pasado 8 de octubre, es decir, hace más de un mes, cuando Claudia Sheinbaum, presidenta de México, anunció que Céspedes Peregrina, ocupará la titularidad del INM a partir de que concluya sus responsabilidades en el gobierno de Puebla.
La implementación del programa y el cambio de titular en el INM se presenta luego de que el organismo ocupa el tercer lugar por el número de quejas de la ciudadanía, más de cinco mil 600 casos, ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde 2019.
Al mismo tiempo, se registra una crisis migratoria en México ante el paso de migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. Por ahora, la despedida de Garduño Yáñez, quien enfrenta acusaciones por posibles irregularidades en el INM, y la bienvenida de Céspedes Pererina, se dará, de alguna forma, el 28 de noviembre, con la implementación del Programa Héroes Paisanos.
Es urgente que se cumplan los principios del esquema de bienvenida, es decir, garantizar el ingreso, tránsito y salida de los mexicanos residentes en el extranjero, respetando sus derechos y seguridad; sin embargo, la realidad es totalmente opuesta. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)
El escenario de un triunfo de Trump es hoy ya una realidad y, en muchos sentidos, el gobierno de Sheinbaum enfrenta a partir de ahora uno de los retos más formidables de su gestión a lo largo de los siguientes cuatro años, si no es que del sexenio entero. Ese reto inconmensurable, profundizado a raíz de las nominaciones del presidente electo para su gabinete y equipo en la Casa Blanca, obligará a la presidenta a dedicar banda ancha a los temas de política exterior, porque lo que está en juego es la relación más indispensable para la seguridad, prosperidad y bienestar del país y de los mexicanos en ambos lados de la frontera. De cara a lo que se avecina a partir de enero y la muy probable estrategia de Trump de repartir de arranque tres o cuatro trancazos para marcar tono y ablandar al gobierno mexicano y elevar con ello su capacidad de presión y palanqueo, aquí va un esbozo a bote pronto de 10 sugerencias para la ejecución de la agenda con nuestro principal socio diplomático y comercial.
1) Reconstruir al Estado mexicano: con presupuestos canibalizados y burocracias evisceradas, el gobierno carece hoy de los cuadros en distintas dependencias clave para el manejo día a día de la relación con Estados Unidos. Urge reconstruir o reconstituir y financiar esos equipos, sobre todo en Economía y Cancillería.
2) Eliminar el efecto ‘caballo troyano’ chino: en la competencia geopolítica sinoestadounidense, México no tiene mucho de dónde escoger y debe jugar con una dosis de realpolitik. Bien haría nuestro gobierno en asegurarse de que su narrativa empata con sus acciones, monitoreando y controlando sectores de inversión sensibles para Estados Unidos y Canadá y evitando el transbordo comercial de productos chinos desde México hacia el resto del mercado norteamericano.
3) Rescatar la cooperación contra el crimen organizado: pocos temas mitigarán la amenaza de un uso demostrativo de la fuerza unilateral o la amenaza y retórica de uno que empezar a mandar señales inequívocas entre ahora y fines de enero con respecto a un reajuste táctico y estratégico de fondo en la manera en la cual el gobierno combate al crimen organizado y previene, sobre todo, el trasiego de fentanilo.
4) Un paradigma de seguridad norteamericana: la seguridad integral y perimetral norteamericana tiene que ocupar un papel central en la arquitectura regional. Intercambio de inteligencia en todos los rubros, garantizar que nuestra frontera no sea vulnerable a grupos terroristas para golpear a Estados Unidos, o protocolos comunes de ciberseguridad, mandan la señal de que México entiende que seguridad compartida y prosperidad compartida van de la mano.
5) Un paradigma migratorio integral: dada la presión con esteroides que experimentaremos a partir de enero en materia de controles migratorios, urge que el gobierno mexicano mejore significativamente su control operativo en la frontera sur, aumente los recursos para la Comar, combate la corrupción en el INM, garantice el cumplimiento por parte de México de las convenciones en materia de migrantes y refugiados, y dote a la red consular del liderazgo y los recursos que se requerirán para la protección consular ante deportaciones inminentes en Estados Unidos.
6) Repensar la política exterior: la manita sudada con el régimen ruso y el soplamocos que envían a Washington con tropas rusas en el Zócalo, o la permisividad con la que se han acreditado a decenas de agentes de inteligencia militar rusa, el arropamiento a Cuba, Nicaragua y Venezuela, o la entrega gratis o subsidiada de petróleo a La Habana le van a costar caro a México con el próximo gabinete estadounidense.
7) Potenciar nuestro entramado comercial: México debe buscar la pronta ratificación del TLCUEM, dejar de lado conflictos gratuitos con Perú, relanzar la Alianza del Pacífico y capitalizar su pertenencia en el Acuerdo Transpacífico y APEC como seguros ante una potencial guerra comercial global detonada por Trump.
8) Diplomacia fuera del Beltway: es imperativo que México, como lo hizo en varias coyunturas en el pasado, salga de Washington y opere y cabildee en estados y ciudades que juegan un papel clave en el entramado económico y comercial que une a ambas naciones.
9) Dejarse ayudar: el gobierno debe trabajar de la mano del sector privado mexicano para detonar una estrategia y diplomacia corporativas que serán aliadas esenciales del Ejecutivo, y escuchar las voces de expertos y exfuncionarios dispuestos a ayudar.
10) Dejar de meterse autogoles: entender que la reforma judicial preocupa y mucho en Washington, o que la eliminación de reguladores y organismos autónomos nos pone en ruta directa de una violación más del T-MEC, ayudaría a atemperar vulnerabilidades.
Este decálogo no es infalible.
Pero si la presidenta quiere evitar que la amenaza que se cierne sobre el país se convierta en un terremoto que no sólo socave la relación más importante de México en el mundo, sino que también colapse buena parte de su gestión, estas propuestas generales, o una combinación de ellas, pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. (Arturo Sarukhan, El Financiero, Mundo, p. 31)
Impulsan una promisoria estrategia federal de seguridad, pero sentencian a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) a otros cinco años de irrelevancia. ¿Y las víctimas?
Se vienen años muy difíciles para ellas. Aumentarán los balazos y los afectados por la inseguridad, recibiremos a los mexicanos deportados por el gobierno de Donald Trump y seguirá sintiéndose el deterioro en el sistema público de salud federalizado en agosto de 2023.
Conversé sobre los flujos de población con Tonatiuh Guillén, el académico que fue el primer comisionado de AMLO en el Instituto Nacional de Migración. Me sintetiza el panorama: el trato a los migrantes que llegan continuará militarizado y México no está preparado para recibir a los mexicanos que deportará Donald Trump.
De los organismos públicos creados para atender los derechos violentados queda bastante poco: con la castración pública de la CNDH culminó un sexenio de asfixia para el sector. Pese a la relevancia de los desaparecidos, a la Comisión Nacional de Búsqueda se le desmanteló y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) vive las consecuencias de fuertes dosis de austeridad republicana: recibió 743 millones de pesos en 2019 y 1,012 este año pese al crecimiento sin precedentes de homicidios y desapariciones.
A la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados le fue mejor porque los 20 millones que se le otorgaron en 2019 subieron a 51 millones este año. Es una cantidad ridícula para el alud de solicitudes de asilo que recibe. Si logra hacer un buen trabajo será por el respaldo financiero del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Esto me lleva a las comisiones estatales encargadas de proteger derechos. Algunas son figuras de ornato, pero otras han hecho un muy buen trabajo en la atención de los olvidados. Me centro en la CDMX y Coahuila, dos entidades que hemos estudiado a profundidad en el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México.
El Senado calificó a los 15 finalistas de la competencia para renovar la presidencia de la CNDH y otorgó el primer lugar a Nashieli Ramírez Hernández, titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), un justo reconocimiento a una ciudad gobernada por la izquierda desde 1997.
La Coahuila priista tiene la doble medalla de haber derrotado -con ayuda federal- a los sanguinarios Zetas y de convertirse en pionera de la atención a víctimas. El Centro Regional de Identificación Humana de ese estado es referente nacional e internacional de la búsqueda forense con enfoque masivo. El contraste con la Federación es clarísimo: Palacio Nacional ha sido incapaz de crear una institución de este tipo.
No son las únicas entidades con buenos organismos públicos. Pese a la aversión de partidos y gobiernos a organismos independientes, hay titulares que han conquistado espacios de maniobra para ejercer la autonomía y contener la violencia criminal y los abusos de poder.
Esto me lleva al punto de partida. Algunas de las víctimas están bien organizadas sin que eso altere un panorama de atomización generalizada que les impide llegar a acuerdos mínimos. Es una lástima que así sea porque la historia es muy clara al respecto: los damnificados de la historia se transforman en protagonistas cuando sus causas adquieren presencia nacional general, aunque no necesariamente, por la presencia de liderazgos fuertes.
Los desaparecidos por la Guerra Sucia ocuparon el escenario cuando Rosario Ibarra de Piedra organizó una huelga de hambre en 1978; Alejandro Martí y Javier Sicilia honraron a sus hijos levantando el tema de las víctimas de la violencia criminal en 2008 y 2011, y las madres y padres de los normalistas de Ayotzinapa iluminan desde 2014 las consecuencias del pacto de impunidad entre criminales y gobernantes.
En la agenda inmediata sobresalen dos temas. Es urgente que ellos y quienes los respaldamos incidamos en los perfiles y en la gestión de los organismos públicos estatales. Quienes vivimos en la capital recordemos que Nashieli Ramírez terminará su mandato en noviembre de 2025 y vendrá una disputa feroz por una Comisión que este año recibió 497 millones de pesos.
En conclusión, las víctimas tendrán la prioridad que merecen cuando se conviertan en sujetos de su historia.
Colaboraron Elena Simón y Sebastián Rodríguez. (Sergio Aguayo, Reforma, Opinión, p. 9)
Donald Trump va a llegar a la presidencia de EU con una capacidad de maniobra y fuerza que no había tenido su país en décadas, será un presidente realmente poderoso.
Va a tener el control de las cámaras y llega con alto nivel de aceptación venciendo no solamente en el voto electoral a Kamala Harris, sino también en el voto popular. En las últimas elecciones, los demócratas habían ganado de manera clara en este renglón.
Trump tiene el apoyo de la mayoría de los estadounidenses y los ciudadanos quieren que haga lo que prometió que iba a hacer. Es más, el resultado electoral le va a permitir hacer materialmente lo que quiera junto con la experiencia que adquirió en aquellos cuatro años. Las cosas han llegado a tal grado que, entre broma y en serio, ha insinuado que se podría quedar cuatro años más después de que termine su mandato en 2029.
México es parte importante de sus promesas de campaña y de su imaginario cotidiano. Tienen en la mira lo que pasa en el país y a los migrantes. Sus amenazas son sistemáticas, las cuales, a estas alturas, ya no pueden soslayarse o presuponer con cierta candidez que cuando llegue a la presidencia no va a actuar como ha dicho.
La muy necesaria pregunta a estas alturas de lo que se podría venir con Trump es qué tan preparado se encuentra el Gobierno, por ende el país, para enfrentar lo que pueden ser asuntos de enorme importancia y de serias repercusiones, en medio de tensiones internacionales de muy alto riesgo. El republicano va a gobernar en tiempos de que con razón se ha hablado de la Tercera Guerra Mundial.
Trump va a presionar a México en el ámbito comercial, o sea T-MEC; narcotráfico, a lo que hay que sumar que quiere atacar en nuestro país a los cárteles y calificarlos como “terrorismo”; y a los migrantes, a los cuales quieren expulsar el mismo primer día en que tomará posesión, 20 de enero.
No hay un solo indicador que muestre lo contrario. La dinámica mundial lo va a llevar a encerrar aún más a su país tratando de aislarlo, gobernándolo bajo el “hacer América de nuevo grande”, imaginando a EU como la poderosa potencia de la Guerra Fría y de años después.
El asunto se vuelve más delicado, porque EU va a tener un presidente poderoso, el cual no tiene como eje el diálogo como búsqueda de entendimientos. Se maneja bajo sus propias reglas y se las impone a todos los que están a su alrededor. Es cuestión de ver los perfiles de sus propuestas de gabinete para entender cuál va a ser la dinámica que va a imponer por los próximos cuatro años.
El tema que hay que atender en lo inmediato es la migración. La expulsión de miles y miles de migrantes sin papeles puede ocasionar una ruptura familiar profunda entre millones de mexicanos y otras nacionalidades.
¿Qué va a pasar con los hijos de los migrantes nacidos en EU? ¿Qué va a pasar con los migrantes que llevan 20 o 30 años viviendo en la Unión Americana sin papeles? ¿Qué van a hacer las empresas cuando de la noche a la mañana les quiten a su mano de obra efectiva, calificada y cada vez más profesional?
De nuestra parte, ¿qué vamos a hacer con la gran cantidad de mexicanos que podrían ser expulsados y que han sido parte fundamental del fortalecimiento de nuestra economía con sus remesas?
Existe la idea de que Trump no haría algo así. Nosotros somos más bien de la idea de que lo va a hacer, porque para él será también un acto de poder, el cual considera necesario para perfilar su mandato.
Muchas cosas están cambiando sin quizá darnos cuenta. Trump es el inicio de una dinámica distinta de la que hemos vivido. La inminencia de su llegada debería tener en focos rojos al Gobierno.
RESQUICIOS
El trompicado presupuesto 2025 tiene lagunas y preocupaciones. Sigue sin quedar claro el error en la distribución de los dineros para la educación superior; la UAM sigue en duda. Es claro que tenemos muchos problemas, pero reducir 27.8% el presupuesto para cultura, es colocar nuestra cara al mundo contra la pared. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, LA DOS, p. 2)
A partir de enero México, su territorio, sus habitantes y su porvenir como país libre y soberano, estará sometido al bombardeo de dos atacantes de una peligrosidad devastadora: el gobierno de Donald Trump y el gobierno de Morena.
La mayor potencia militar, económica y tecnológica de la historia estará gobernada por extremistas antimexicanos, y en México tenemos al mando de nuestro destino a un movimiento dominado por fanáticos y oportunistas que han dividido a la nación.
Es una combinación letal para el país.
Por las dimensiones de su potencial destructivo muchos prefieren no mirar de frente los efectos que podría causar la malhadada coincidencia de Trump y Morena en el poder.
Tienen razones existenciales respetables los que optan por cerrar los ojos, o por volcar la mirada a su interior en busca de paz y alejarse de las noticias.
Pero el gobierno tiene otra función: tomar providencias a fin de atenuar los peligros de la administración Trump y no lo hace, sino que los potencia.
Los migrantes vivirán una tragedia en Estados Unidos, porque contra ellos está anunciada una cacería medieval, encabezada por funcionarios siniestros, tatuados con cruces y símbolos de guerra en sus cuerpos, y el presidente Trump engrasa una feroz maquinaria de propaganda antinmigrante.
Hasta el Ejército será empleado en la cruzada contra la migración.
En Estados Unidos hay unos 12 o 15 millones de migrantes ilegales, en su mayoría mexicanos, a los que por motivos de capacidad operativa el gobierno de Trump no podrá arrestar y expulsar. No en su totalidad.
Con que deporte al porcentaje que sea, 10, 15 o 20 por ciento, significa una hecatombe para la cual no estamos preparados.
¿Adónde van a mandar a los hondureños, colombianos, haitianos o ecuatorianos que apresen? No les van a poner vuelos charters a Tegucigalpa, Bogotá o Quito.
Los van a enviar a México, junto con los mexicanos que caigan en las redadas en las que ya trabajan los funcionarios que inician en enero.
Salvo el próximo secretario de Estado (Marco Rubio), el resto de los integrantes de la primera línea del equipo de Trump en seguridad, defensa y migración, son personajes con nula o casi nula experiencia.
Tienen ideas explícitamente hostiles en cuanto a la relación con México, y los que tienen alguna trayectoria en las tareas de gobierno son intervencionistas de sangre fría.
Partidarios de la intervención militar en México, quiero decir.
Ya no hay profesionales ecuánimes en el equipo de Trump.
No estarán en su gabinete los que frenaron al entonces presidente que, al menos en dos ocasiones, planteó lanzar ataques con misiles a puertos y ciudades mexicanas donde los cárteles tienen sus palacetes, casas de seguridad para el tráfico de migrantes y laboratorios de drogas sintéticas.
Esos objetivos militares del equipo de Trump están en las ciudades de al menos la tercera parte del territorio. ¿No se entiende el periodo altamente riesgoso de lo que va a empezar en enero?
Ni la Presidenta, ni el gabinete ni Morena lo entienden. O no les preocupa.
Están concentrados en hacer exactamente lo contrario de lo que el sentido común –y la experiencia histórica– indica que no se debe hacer: minimizar el riesgo, dividir a la ciudadanía y debilitar el crecimiento económico.
Cuando tenemos a Trump y a sus primeras líneas de mando con la cara pintada de guerra mientras elaboran escenarios sumamente hostiles contra México y los mexicanos, aquí la Presidenta se reúne con los integrantes de su movimiento en Palacio Nacional para festinar los resultados de guerra interna contra casi la mitad de los mexicanos.
En una reveladora y meritoria nota de los reporteros Antonio Gómez y Víctor Gamboa, basada en el audio de la reunión privada de la Presidenta con los legisladores de la coalición gobernante, se aprecia el orgulloso belicismo de la mandataria por haber pasado por encima de “medios de comunicación, comentócratas, oposición, Poder Judicial, ministros y ministras (que) no pudieron vencernos”.
Anunció que va por más, y ya sabemos lo que eso significa:
-Cerrar el acceso al poder a los que no se alineen con el movimiento que encabeza López Obrador.
-Inhibir el potencial de crecimiento de México, con dogmas antieconómicos.
-Eternizar la ignorancia y la pobreza de las clientelas electorales cautivas, para mantenerse en el poder.
Todo ello con la carga retórica para estigmatizar a la “derecha” o los “conservadores”, como despectivamente se refiere el gobierno a los que no se alinean con Morena y aliados.
Se trata, ni más ni menos, que de 42 por ciento de la población.
El sectarismo de Morena no combina con la tragedia que significará el segundo periodo de Trump para millones de mexicanos e incluso para la integridad de la nación.
Los ciega el poder, que es lo único que les interesa. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)
Me parece una buena noticia que la presidenta Claudia Sheinbaum se haya reunido, entre otros, con Joe Biden y con Justin Trudeau, presidente de Estados Unidos y premier de Canadá, respectivamente, durante su participación en la reunión del G20. Biden deja el gobierno en enero, pero todavía, como se vio con la autorización de misiles de largo alcance para Ucrania, tiene espacios de poder que puede ejercer. Trudeau tampoco está en un buen momento político, pero cuando los gobernadores de Alberta y Ontario están pidiendo sacar a México del T-MEC, siempre será bueno tener acuerdos con el líder canadiense.
Son buenas noticias que la Presidenta se haya reunido con el chino Xi Jing Ping o con el francés Emmanuel Macron, o con el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, pero al mismo tiempo, esas reuniones bilaterales (las reuniones como las del G20 son para ver y ser visto, para conocer y ser conocidos, para establecer relaciones personales entre los mandatarios) pierden fuerza cuando en el pleno México, en un mundo convulsionado y a punto de cambiar radicalmente con la llegada de Trump al poder, presenta como propuesta que se universalice el programa Sembrando Vida.
No tiene sentido, más aún cuando las cifras que dio a conocer la Presidenta son producto de los otros datos del sexenio pasado y no parecen corresponderse a los resultados reales de ese programa. Los mandatarios presentes seguramente esperaban más de la única mujer que participaba en el pleno.
No es para menos cuando, en el ámbito internacional, la opinión generalizada es que México (probablemente junto con Ucrania) será de las naciones que mayores desafíos deberá enfrentar ante la llegada de Trump al poder. En nuestro caso, por la migración y el tráfico de fentanilo, pero también por los aranceles, la renegociación del T-MEC y el futuro de la integración en América del Norte.
Trump sigue mostrando que habla en serio cuando dice que pondrá restricciones arancelarias, que ejecutará una deportación masiva de migrantes o una política intervencionista en términos militares en la lucha contra el tráfico de fentanilo.
Ayer mismo designó a Howard Lutnick como secretario de Comercio, para coordinar la política proteccionista que Trump ha prometido llevar a cabo. Lutnick es un muy conocido empresario financiero, presidente de la firma de banca de inversión Cantor Fitzgerald. Trump le ha encargado establecer la política de aranceles que Lutnick defiende desde hace años: su propuesta es bajar impuestos a las grandes empresas y compensar esa disminución fiscal con los ingresos arancelarios, algo que la mayoría de los economistas consideran que puede generar el efecto inverso al deseado, al disparar el precio de los productos del consumidor.
Lo cierto es que Lutnick tiene toda la confianza de Trump. Su empresa, Cantor Fitzgerald, tenía sus oficinas en las Torres Gemelas cuando el ataque del 11 de septiembre de 2001: allí murieron más de 600 de sus empleados (de un total de 960) incluyendo el hermano del propio Lutnick. Ha expresado con toda claridad que el enemigo de Estados Unidos es China y que las restricciones comerciales con ese país y con sus socios comerciales deben ser estrictas. Con Lutnick y con Robert Lighthizer, quien será nuevamente el representante comercial de los Estados Unidos con Trump (uno más duro que el otro) tendrá que confrontarse la administración Sheinbaum en el ámbito comercial.
Otro presentador de Fox News, Sean Duffy, será secretario de Transporte. Es un personaje sin experiencia que tendrá a su cargo no sólo las tareas de infraestructura, sino también los acuerdos de comunicaciones con México. Está casado con Rachel Campos-Duffy, otra presentadora de Fox, con la que tiene nueve hijos.
También trabaja en esa cadena de televisión, el nuevo secretario de la Defensa, Pete Hegseth, un hombre que prestó servicio en Irak y Afganistán, pero que jamás tuvo mando militar alguno. Matt Gaetz está propuesto para fiscal general y es una de las designaciones más controvertidas, incluso puesta en duda en un senado controlado por los republicanos, que lo debe ratificar en su cargo. Gaetz está siendo investigado por conducta sexual inapropiada, acusado de tener relaciones con una menor de edad, de consumo de drogas y uso indebido de fondos de campaña. En el Senado es famoso entre sus pares por exhibir fotos de mujeres desnudas que dice que son sus amantes. Por supuesto, está en contra del aborto, niega el cambio climático y defiende la deportación de los migrantes. No tiene experiencia alguna, salvo como acusado, en el sistema de justicia de EU.
Y Chris Wright, un notable empresario petrolero, y uno de los mayores impulsores y desarrolladores del fracking en Estados Unidos (Trump dijo que gracias a él la Unión Americana tiene suficiencia energética), será el nuevo secretario de Energía. Wright, un empresario muy cercano a Elon Musk y otro de las grandes donantes para la campaña de Trump, niega el cambio climático, y será quien vea ante México las políticas energéticas comunes. México ha prohibido el fracking, por razones más ideológicas que económicas.
Ante todo eso, Sembrando Vida no tiene trascendencia alguna. Por cierto, la presidenta Sheinbaum no pudo quedarse al cierre de la cumbre del G20 y no salió en la foto final, porque tenía que abordar un vuelo comercial que la trajera de regreso a México, para estar hoy en el desfile del aniversario de la Revolución. Fue la única mandataria que llegó al G20 en un vuelo comercial. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)
El panorama de la relación bilateral de México con Estados Unidos se vislumbra por demás complicado en los próximos cuatro años. Comprendo las buenas expectativas y deseos del futuro inmediato de esta compleja relación, pero la realidad es que tenemos poco o nada con que negociar.
La respuesta directa y clara del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, de que si nos ponen aranceles, les pondremos aranceles, es muy digna, pero ¿y luego? ¿En realidad contamos con las herramientas para negociar frente a una potencia que representa el 22.4% del PIB mundial? Recordemos que México sólo aporta el 1.67% del PIB mundial.
Por otra parte, más del 80% de nuestras exportaciones van al mercado estadunidense. ¿Podemos darnos el lujo de tener una confrontación económica con Estados Unidos? El primer paso para estar preparados es asumir las asimetrías e interdependencias de nuestra relación con Estados Unidos. No estamos en igualdad de circunstancias. Punto.
Por otra parte, se calcula que en EU residen 11 millones de personas indocumentadas. Si Donald Trump cumple con su promesa de deportaciones masivas y logra hacerlo con tan sólo el diez por ciento de esta población, ¿tenemos la capacidad de gestionar el ingreso de más de un millón de personas por la frontera o veríamos ciudades fronterizas colapsadas, como ya ha sucedido? Recordemos las imágenes de Tijuana, Nuevo Laredo o Tapachula desbordadas de migrantes en condiciones de crisis. ¿Qué clase de apoyos se les daría a estos seres humanos despojados de todo?
No son “áreas de oportunidad” (término compulsivo y de moda para renombrar los errores y, así, darnos consuelo), es una crisis la que se avecina y tenemos que estar preparados de manera pragmática. Es momento de planificar y no sólo de reaccionar.
Muy afortunada fue la presencia de la presidenta Claudia
Sheinbaum en la Cumbre del G20 en Brasil. Tras cinco años de prácticamente desaparecer del escenario internacional, la Presidenta se estrenó con gran éxito en el panorama mundial.
Queda claro que la presidenta Sheinbaum tiene muy presentes las prioridades nacionales y sabe que es tiempo de crear alianzas estratégicas, diversificar la economía y diseñar políticas migratorias regionales. Enhorabuena.
Aunque se puede contestar desde muchos ángulos, quizás oscuros, como las ganancias para el complejo militar industrial, lo más evidente para contestar qué significado tiene que Joe Biden autorice a Ucrania usar misiles ATACMS estadunidenses de largo alcance contra territorio ruso, es que deja una papa caliente para el nuevo inquilino de la Casa Blanca o, quizás, una papa nuclear, que le sabotee su plan MAGA.
“Imbéciles, nos están llevando a la tercera guerra mundial”, declaró el hijo de Trump, que recupera parte de la crítica de su padre a la decisión de Biden. La pelota está ahora en la cancha de Putin, quien desde hace unos meses advirtió que, si llegaba el día de hoy, se consideraría una guerra directa entre Estados Unidos y Rusia, con lo cual los ataques ya no serían sólo contra Ucrania. Y, peor aún, justo Putin acaba de modificar su doctrina nuclear para poder usar esas armas en una guerra no nuclear. Mientras tanto, en Finlandia y Suecia reparten manuales a la población para prepararse para la guerra. La herencia de Biden. (Kimberly Armengol, Excélsior, Global, p. 20)
“La propuesta es dejar de sembrar
guerras; sembremos paz
y sembremos vida”.
Claudia Sheinbaum
La presidenta Claudia Sheinbaum ofreció este 18 de noviembre en el G20 en Río de Janeiro un discurso “buena onda”: Declaró: “Resulta absurdo, sin sentido, que haya más gasto en armas que para atender la pobreza o el cambio climático… Me niego a pensar que somos capaces de crear inteligencia artificial e incapaces de dar la mano al que se quedó atrás”.
Para resolver los problemas del mundo propuso “establecer un fondo para destinar el 1 por ciento del gasto militar de nuestros países para llevar a cabo el programa de reforestación más grande de la historia. Significaría liberar unos 24 mil millones de dólares al año (12 veces lo que ya destina México) para apoyar a seis millones de sembradores de árboles que reforestarían 15 millones de hectáreas”. Puso como ejemplo el programa Sembrando Vida, que López Obrador promovió como una solución a la migración ilegal, el cual “consiste en dar a las familias pobres del campo un jornal, capacitación técnica para sembrar árboles maderables y frutales, así como otros cultivos para la alimentación”. Presumió: “Nosotros destinamos cada año 1,700 millones de dólares para apoyar a 439 mil familias en México, y 40 mil en Guatemala, Honduras y El Salvador. En seis años se han reforestado, con la siembra de 100 mil millones de árboles, más de un millón de hectáreas, lo cual equivale a capturar anualmente 30 millones de toneladas de CO2”.
¿Cien mil millones de árboles en seis años? El gobierno tendría que haber sembrado 45.6 millones de árboles ¡cada día! Hoy debería haber 100 mil árboles nuevos en un millón de hectáreas. El problema es que no hay indicios físicos de que se haya sembrado este elevadísimo número de árboles.
Sembrando Vida no contó con estudios previos ni tiene medios de evaluación. La cifra de 100 mil millones de árboles es un dogma de fe. Nos dice la Presidenta que casi medio millón de familias han sido beneficiadas, pero no hay un padrón público de beneficiarios. Las parcelas reforestadas no se conocen. No hay imágenes satelitales georreferenciadas que nos permitan ver cómo se ha ampliado la cobertura forestal. No hay información sobre dónde se encuentran los cientos de miles o millones de viveros en los que se criaron los árboles. No hay cifras sobre el porcentaje de supervivencia de los ejemplares plantados. No hay señales de que se haya frenado la emigración.
El programa no cuenta con mecanismos de evaluación. Coneval, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, ofreció en 2022 una “ficha de monitoreo” en un compendio de otras evaluaciones, pero dista de ser suficiente para medir su impacto. Sabemos que el programa reparte dinero entre campesinos y ejidatarios, y que compra votos, pero no si reforesta o ayuda a las comunidades en el largo plazo.
Sembrando Vida está adscrito a la Secretaría del Bienestar, que controla los programas sociales, y no a la Secretaría de Medio Ambiente, Semarnat, lo cual señala que su propósito no es ambiental. El presupuesto para 2025 le asigna 39,100 millones de pesos, contra 44,370 millones de todos los programas de Semarnat, incluyendo Conagua, que maneja el agua en todo el país, y Conafor, la Comisión Nacional Forestal, que sí hace un trabajo de reforestación planificado para propósitos ecológicos. El presupuesto de Conafor, sin embargo, es de apenas 2,602 millones de pesos.
Impulsar un programa bien diseñado para el cultivo de árboles frutales y maderables que permita la conservación y ampliación de bosques y selvas tiene mucho sentido. ¡Qué bueno que lo proponga la Presidenta de México! Solo que Sembrando Vida no es ese programa. Este solo pretende comprar votos. Por eso no tiene instrumentos de medición o evaluación.
CULTURA
En 2023 las actividades culturales generaron 820,963 millones de pesos, 2.7 por ciento del PIB, y 1.4 millones de empleos, 3.5 por ciento del total (INEGI). El presupuesto de 2025, sin embargo, le está recortando 30.8 por ciento a la Secretaría de Cultura. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 9)