El informe Oppenheimer // El plan de legalizar a indocumentados
A juzgar por el proyecto de ley del Presidente Joe Biden para legalizar hasta 11 millones de migrantes indocumentados, y por lo que escucho de fuentes cercanas a su Gobierno, creo que es probable que la nueva Administración tendrá más éxito en lograrlo del que tuvo el ex Mandatario Barack Obama.
Como muchos recordarán, Obama también prometió legalizar a la mayoría de los migrantes en 2008, y no pudo hacerlo. Pero hay tres razones principales por las que creo que Biden podría lograr la aprobación de su plan en el Congreso.
No será fácil, porque necesitará una mayoría de 60 votos en el Senado para aprobar su iniciativa, y será difícil que logre el apoyo de los 10 legisladores republicanos que necesita. Muchos senadores de ese partido tendrán que someterse a una elección para ser reelectos en 2022 y temerán enemistarse con el ala xenófoba y racista de su partido.
Según el proyecto de ley de Biden, los indocumentados tendrían una vía de ocho años para la ciudadanía si tienen buenos antecedentes y demuestran que han pagado impuestos.
Eso es un anatema para el sector antimigración del Partido Republicano. Pero aquí van las razones por las que Biden podría tener éxito:
En primer lugar, el demócrata tendrá a su favor que la opinión pública ha cambiado en los últimos años. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses apoyan políticas más favorables hacia los migrantes.
Tal vez sea porque mucha gente se ha cansado de la repugnante demonización de los indocumentados por parte del ex Presidente Donald Trump y Fox News. O tal vez sea porque suficientes estadounidenses se horrorizaron por la crueldad del Gobierno pasado hacia los migrantes cuando separaron a los bebés de sus padres en la frontera, o cuando colocaron a niños migrantes en jaulas.
Una encuesta de Gallup muestra que el apoyo de los estadounidenses a la migración está en su nivel más alto en medio siglo. Un 70 por ciento de los ciudadanos cree que habría que aumentar o dejar como está la migración al país, dice la encuesta.
Asimismo, otro estudio del Pew Research Center muestra que un 60 por ciento de los estadounidenses cree que un aumento de extranjeros es bueno para el país, mientras que solo el 37 por ciento cree que es una amenaza para el estilo de vida y los valores estadounidenses. A pesar de las calumnias de Trump contra los migrantes, el sentimiento promigración aumentó 14 puntos porcentuales en los últimos cuatro años, según el estudio del Pew.
“La xenofobia de Trump fue contraproducente para la mayoría de la gente”, me dijo Frank Sharry, director del grupo de defensa de la migración America’s Voice. “Ahora hay un mayor espacio político y una mayor voluntad política para legislar y reformar la política migratoria”.
En segundo lugar, Biden planea usar una nueva estrategia para lograr la legalización. En lugar de pedirle al Congreso que apruebe este proyecto de ley por separado, la nueva Administración probablemente lo incorporará a un paquete de medidas más amplio para combatir el Covid-19 o de estímulo a la economía.
El Mandatario argumentará que millones de trabajadores indocumentados, incluidos muchos enfermeros y camareros de restaurantes y bares, son trabajadores esenciales para luchar contra la pandemia y revitalizar la economía.
Se estima que 7 millones de los 11 millones de migrantes sin papeles califican como empleados esenciales, o son “dreamers” -personas que fueron traídas al país de niños por sus padres indocumentados- o tienen estatus de protección temporal. Esos 7 millones serían el primer grupo en legalizarse.
En tercer lugar, Biden tendrá una mayor urgencia por aprobar un proyecto de ley de migración que Obama, porque es una asignatura pendiente de su partido, y porque quiere marcar un fuerte contraste con la brutalidad de la Administración Trump contra los migrantes.
En resumen, no será fácil, pero no se extrañen si Biden logra legalizar a muchos de los 11 millones de indocumentados. Yo espero que lo haga. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 6)
Al tomar juramento ayer como 46avo Presidente de los Estados Unidos regresó la decencia, la prudencia, la experiencia al Gobierno de los Estados Unidos.
No más separar a niños de sus padres migrantes, no más esterilizar por la fuerza a las mujeres migrantes detenidas en campos casi de concentración, no más pisotear el “sueño americano” negándoles derechos a los hijos de migrantes nacidos allá; no más desunión y división. “El hecho de que tengamos una diferencia de opinión no quiere decir que tengamos que irnos a la Guerra”, dijo Biden.
(A quien le quede el saco, que se lo ponga).
Su discurso fue breve y conciliador, sencillo y terso: un poco como es el hombre en sí.
Claro, por supuesto, Biden no es perfecto ni todo lo que piensa es correcto (por ejemplo el pretender alzar impuestos en medio de una recesión equivale a una locura), pero es un hombre decente, respetable, con una larga, larguísima carrera en la política norteamericana.
La transferencia del poder se dio sin sobresaltos, ni violencia -como algunos esperaban-, aunque de despedida, el ahora simple ciudadano “Trunc” no pudo dejar de hacer su showcito y escenificar sus pataletas acostumbradas, como es violar la tradición de recibir al Presidente entrante y a la nueva Primera Dama en la Casa Blanca y no asistir a la toma de posesión del nuevo Presidente. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, p. 8)
Si bien México no estuvo en su discurso inaugural, dos de los decretos firmados por Biden en lo que fue su primera sesión de trabajo tras su toma de posesión, se vinculan con lo que sucede al sur del Río Bravo.
Relacionado directamente con nuestro país, Biden suscribió el cese del financiamiento para continuar la construcción del muro en su frontera sur, aunque es dudoso que pudiera en un futuro incluir la demolición de lo ya levantado, que casi seguramente permanecerá en su sitio y al que habrán de agregarse todavía unos cuantos kilómetros más con el presupuesto y los contratos vigentes que dejó comprometidos Trump.
La otra medida relacionada con los mexicanos es el rescate del programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia), con el que se evitará la deportación de unos 650 mil migrantes que llegaron a EU siendo niños, conocidos como Dreamers por su anhelo de ser reconocidos como ciudadanos estadounidenses y gozar de la protección de sus leyes y los derechos con que cuentan el resto de los norteamericanos.
No se puede desperdiciar esa oportunidad que se abre. Si bien seguramente Biden buscará resarcir los agravios y daños cometidos por Donald Trump tanto al interior de su país, como en su relación con la comunidad internacional, el papel de México con EU tiene que ser el de principal socio colaborador y ser muy propositivo en todo lo que respecte a la relación bilateral.
Para ello, necesita solucionar o atenuar las desaveniencias recientes que se han dado en algunos aspectos de su actuación con respecto a EU, como el esquema de colaboración e intercambio de información en asuntos mutuos de seguridad interior, o el cambio en las políticas de migración por las cuales nuestro país se ha comprometido a fungir como dique de contención para las caravanas de migrantes centroamericanos que intentan llegar al territorio norteamericano a través del nuestro. El camino será largo, pero se avizora promisorio. (Editorial, El Universal, p. 10)
Notas indiscretas…
Las primeras órdenes ejecutivas de Joe Biden para frenar el muro de Trump en la frontera con México y proteger a los jóvenes del DACA, en su mayoría mexicanos, confirman que la política del nuevo presidente hacia México será muy distinta a la de Donald Trump al menos en materia migratoria, pero también será más exigente en otras materias como la laboral y la energética. Con todo y eso, todavía ayer había un mexicano que lloraba y lamentaba la partida de Donald Trump, diciendo que “siempre actuó bien con México y nunca nos presionó”. Los dichos de ese mexicano se caen por sí solos si se revisan la cantidad de veces que el ya expresidente ofendió, denigró y atacó a los mexicanos con su ofensivo muro. Y lo más grave es que ese mexicano que aún lamenta la partida de Trump se llama Andrés Manuel López Obrador y es el presidente de México… Los dados mandan Serpiente. Caída libre. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 9)
Caló hondo en la “izquierda trumpista” mexicana —existe, no es broma— el discurso de toma de posesión de Joe Biden como presidente de Estados Unidos.
No les gustó su llamado a terminar con la “guerra civil” entre conservadores y liberales —chairos y fifís, para ponerlo en el lenguaje de la 4T—.
Mucho menos que el nuevo jefe de la Casa Blanca haya colocado como prioridad de su gobierno la unidad de todos los estadunidenses.
Los seguidores del Trump tropical, como los llamó el perredista Fernando Belaunzarán, lo tundieron con retuits plagados de insultos que no vale la pena reproducir.
Krauze reaccionó a toda esa basura: “La vergonzosa convergencia de un sector de la izquierda mexicana con el fascista Trump, recuerda el pacto de Stalin con Hitler. Tiempo después Stalin renegó, pero la infamia quedó”. ¡Tómala!
Entre las primeras órdenes ejecutivas que Biden firmó ayer está la terminación de la “declaratoria de emergencia” que se usó para desviar fondos al muro fronterizo con México; la reunificación de indocumentados y el envío de un proyecto integral sobre inmigración al Congreso. Y aun así prefieren a Trump y critican a Biden. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Me gustó el discurso de toma de posesión de Joe Biden. No es una gran pieza retórica para la historia, pero sí contiene los mensajes correctos para ir superando las divisiones que dejó Trump desde el poder. El tema central: la necesidad de unir al pueblo estadunidense.
La democracia liberal, por definición, no es unidad, sino reconocimiento del pluralismo de la población. Las diferencias, sin embargo, deben dirimirse en las urnas. La mayoría gana, pero debe respetarse a las minorías, las cuales, en el siguiente periodo electoral, pueden convertirse en mayoría.
Además, se ha filtrado la información que el Presidente enviará al Congreso una reforma migratoria para otorgarle ciudadanía a millones de indocumentados y refugiados en un plazo de ocho años. Se trata de una extraordinaria noticia para los paisanos mexicanos que se encuentran en esa situación. Ni Obama se atrevió a hacerlo. A Biden le queda claro que tiene que cumplir con este compromiso de campaña para seguir obteniendo el voto mayoritario de la población hispana.
Comencemos de nuevo, dice Biden. “Respetémonos”. Y toca un tema central de nuestros días. (Leo Zuckerman, Excélsior, Nacional, p. 9)
El presidente americano, Donald Trump, llamó a los mexicanos violadores, amenazó al país con una guerra comercial, expulsó a decenas de miles de solicitantes de asilo, hizo que México los alojara en campamentos, construyó el muro fronterizo y le dijo a México que lo pagara.
El presidente de México es un gran admirador. Tan profundo es su aprecio que cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador finalmente se puso en contacto por primera vez con el presidente electo Joe Biden el mes pasado, se aseguró de elogiar al presidente saliente.
Debo mencionar que tenemos una muy buena relación con el ahora presidente de su país, el señor Donald Trump, dijo López Obrador, según dos personas enteradas sobre la llamada y que hablaron con condición de anonimato para discutir asuntos internos. Independientemente de cualquier otra consideración, él respeta nuestra soberanía”. Así comienza el artículo del New York Times firmado por Natalie Kitroeff, que circuló ayer en redes sociales y que está titulado así: “Andrés Manuel López Obrador ya extraña a Donald Trump”.
Ambos tienen un discurso polarizador y autoritario, carismático y grandilocuente, y presumen que su gestión es inédita, aunque los dos evocan con nostalgia un pasado dorado que los guía.
Tienen muchas otras similitudes: su desprecio por la ciencia, su fascinación con el petróleo, su desinterés en la naturaleza, pero más allá de las similitudes, que los acercan, los dos encontraron un objetivo común: “López Obrador hizo cumplir la agenda de inmigración de línea dura de Trump y, a cambio, Estados Unidos le permitió dirigir México a su antojo”. Eso cambiará. El New York Times menciona la decisión de Biden de defender los derechos laborales y las energías limpias. Yo añadiría otro: su interés en proteger las instituciones liberales. (Carlos Tello, Milenio Diario, Política, p. 17)
De las primeras horas de Joe Biden como Presidente de Estados Unidos, hay hechos y palabras que resuenan poderosamente en nuestro país. Unos, como mensajes simbólicos; otros, porque nos tocan directamente. Comencemos con algunas de las primeras órdenes ejecutivas firmadas ayer, al apenas asumir como el mandatario número 46:
– Congelación de “gastos innecesarios” en la frontera con México, lo que incluye detener la construcción del muro entre los dos países.
– Anulación del presupuesto para la realización de redadas a inmigrantes indocumentados en sus lugares de empleo, en sus casas o hasta en las calles.
– Fin a la persecución, criminalización y separación de familias de inmigrantes indocumentados con hijos menores de edad y adultos que son ciudadanos estadounidenses por nacimiento.
– Fortalecimiento del programa DACA para inmigrantes llegados a Estados Unidos cuando eran niños.
Eso, como arranque en los cambios en materia fronteriza y migratoria y a las que, sin duda, hay que dar la bienvenida.
La política no tiene por qué ser un fuego furioso que destruye todo a su paso. Cada desacuerdo no tiene por qué ser motivo de guerra total. Debemos poner fin a esta especie de guerra civil que enfrenta al rojo contra el azul, conservadores contra liberales.
– Para superar los desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro, se requiere mucho más que palabras y se necesita lo más esquivo de todas las cosas en una democracia: la unidad. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p. 5)
Joe Biden propone terminar con la guerra entre conservadores y liberales, entre rojos y azules. Vivir con empatía, sin soberbia, sin sordera. Un país para todos, para superar desafíos y miedos, actuando con valor y hablando con verdad. Dirigir con el poder del ejemplo.
Con Biden la sobriedad regresó, el cuadragésimo sexto mandatario adelantó decretos que cesan la construcción del muro fronterizo que tanto excitaba a su antecesor; que empujan la puerta migratoria para no aplastar los sueños de los dreamers y que disminuyan la tensión con el mundo musulmán. Biden inaugura su periodo con la mano extendida.
Persigue grandeza desde el servicio, no de la aniquilación del adversario. Con ciencia y conocimiento, no con supercherías. Cumpliendo acuerdos para el combate al cambio climático, privilegiando energías renovables y en lo inmediato, haciendo obligatorio el uso de cubrebocas. Vacunará a cien millones de sus compatriotas en cien días. (Carlos Urdiales, La Razón, México, p. 4)
No es un secreto que Donald Trump impuso a México su política migratoria, a tal grado que más de un tercio de los miembros de la Guardia Nacional se utilizaron para evitar el paso de migrantes centroamericanos por nuestro territorio.
En Guatemala se encuentran todavía cientos de migrantes que esperan cruzar el país hasta llegar a la frontera con México, en un intento por llegar a los Estados Unidos.
Muchos creen que el nuevo presidente, Joe Biden, relajará la política del garrote migratorio que impuso Trump, por dos decisiones que tomó ayer mismo:
La orden de suspender la construcción del muro entre Estados Unidos y México y la suspensión de las inscripciones al programa Protocolos de Protección al Migrante, conocido como “Permanece en México’’.
Dicho programa fue utilizado por Trump para devolver a México a miles de migrantes que solicitaban asilo político.
Es decir, el programa que legalmente le permitía -y que México aceptó-, utilizar a las ciudades mexicanas fronterizas como patio trasero.
Dos gestos que permiten a los migrantes albergar esperanzas, sumados al anuncio de que habrá una política para facilitar la obtención de la ciudadanía estadounidense para hasta 11 millones de migrantes irregulares.
Todo bien hasta ahí.
Las decisiones de Biden, sin embargo, son por el momento dentelladas a todo lo que construyó -o destruyó- Trump.
Lo que no sabemos aún es si México variará su política, toda vez que ya no está el que presionó al Gobierno nacional a tal grado, que el presidente López Obrador tuvo que recular a su invitación original para que todos los migrantes que quisieran podrían atravesar el territorio nacional.
Bueno, hasta empleo les ofreció; ¿ya no se recuerdan las numerosas caravanas que arribaron al país en octubre de 2018, que fueron recibidas con mariachis, comida, atención médica y shows para que se entretuvieran?
¿Es la migración un arma que tiene López Obrador para negociar con Biden? (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p. 3)
Joe Biden será el 46 presidente de Estados Unidos, convirtiéndolo en el segundo católico en la historia del país en ser elegido para el cargo más alto de la nación.
La mayoría de las organizaciones católicas, e incluso algunos obispos, tuitearon o publicaron declaraciones de apoyo a Biden poco después de la noticia de su victoria.
Las organizaciones religiosas que trabajan de cerca con la Iglesia Católica en temas de inmigración, como Hope Border Institute en El Paso, Texas, expresaron su apoyo a la nueva administración e instaron al presidente electo aprobar una reforma migratoria integral, detener la construcción del muro en la frontera, poner fin a la política que mantiene a los solicitantes de asilo de EE.UU. en México mientras esperan que sus casos se resuelvan en los tribunales de inmigración en EE.UU., y que ponga fin a las separaciones de familias migrantes.
En una carta que la organización publicó el 7 de noviembre, firmada por el padre jesuita Sean Carroll, director ejecutivo de la Iniciativa Fronteriza Kino, la hermana Norma Pimentel, directora ejecutiva de Caridades Católicas del Valle de Río Grande, y Dylan Corbett, director ejecutivo del instituto, pidieron que se preste especial atención a los problemas de los inmigrantes a lo largo de la frontera.
“Lo que necesitamos ahora es liderazgo moral para unirnos y rechazar el odio en todas sus formas. Como católico, lo instamos a que abrace a los oprimidos y vulnerables entre nosotros, quienes creemos que son nada menos que Cristo que llama a nuestra puerta”, exponía la carta. (Luis David Fernández Araya, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
El día que el presidente Andrés Manuel López Obrador esperaba nunca llegara, llegó. Joe Biden es el nuevo presidente de Estados Unidos, y las reglas del juego en la relación bilateral cambiarán. En los últimos días López Obrador ha buscado reescribir cómo será esa relación, pero no como un aliado, sino como si fuera un adversario. No se parece al canadiense Justin Trudeau, que busca una mejor relación que la que tenía con Trump, a partir de los intereses comunes de las naciones, sino como Nicolás Maduro, que busca enemigos externos para cohesionarse internamente, con discursos estruendosos que apelan al nacionalismo. Las agendas de López Obrador y Biden son diferentes, incluso antagónicas, y provocarán fricciones inevitables y, en varios casos, irreversibles.
El Presidente se quiso colgar una medalla al afirmar ayer que la reforma migratoria que plantea Biden para regularizar a millones de dreamers migrantes, era una demanda que había hecho al gobierno de Trump. No es cierto. López Obrador fue actor pasivo en la materia. El plan de Biden no retoma sus ideas, sino recupera el programa que se creó durante el gobierno de Barack Obama y que Trump quería sepultar. En cambio, Biden enterrará el plan aceptado por López Obrador de crear en territorio mexicano una estación de espera de decenas de centroamericanos mientras se decidía su asilo en Estados Unidos. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional Política y Sociedad, p.32)
No es ningún secreto la inclinación de AMLO por Trump ni tampoco el afán de tomar distancia con Biden.
Pudiera ser cuestión de semanas o de pocos meses, la aparición de un discurso “antiimperialista” que nunca se hizo presente en la era Trump.
Tras la pesadilla de cuatro años, el gobierno mexicano debiera estar celebrando la orden ejecutiva para suspender la construcción del muro fronterizo, así como respaldar activamente y con todas sus fuerzas la iniciativa de reforma migratoria para regularizar la situación de más de 10 millones de indocumentados.
Pero, debido a los atavismos ideológicos y a la desconfianza de quien es muy diferente de él, el presidente mexicano puede decidir mantenerse distante y dejar pasar la oportunidad. (Enrique Quintana, El Financiero, La Dos, p.2)
Mentira a realidades: Donald Trump inició con tres mentiras su cuatrienio “mi toma de posesión contó con la audiencia más grande de la historia, perdí el voto universal por un fraude descomunal de millones de no ciudadanos, cadáveres y personas registradas en dos estados y no me ayudó Rusia”.
Espía Obama: Aseguró que su antecesor “colocó micrófonos en mis teléfonos” y la respuesta llegó del exterior por parte del canciller de Luxemburgo Jean Asselborn “Trump es un criminal, piromaníaco que debería ser enviado a una corte criminal”.
Partido Patriota: La nueva organización del agente inmobiliario así definió a inmigrantes mexicanos, centroamericanos y africanos mientras analizaba con senadores demócratas y republicanos una propuesta migratoria “no deberíamos recibir inmigrantes de países mierda como Haití, El Salvador, naciones africanas y México. Solo noruegos”. (Federico Lamont, El Sol de México, Republica, p.9)
La toma de posesión del presidente demócrata—Joe Biden—representa un giro de ciento ochenta grados en la política de Estados Unidos, esto se debe en gran medida a la necesidad de Biden de diferenciar su mandato del expresidente Donald Trump. La agenda del líder demócrata incluye entre otros temas; el reingreso de EE.UU. al Acuerdo de París, una reevaluación de la política migratoria y el desarrollo de nuevas estrategias para hacer frente a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. (Cipmex Cipmex, El Sol de México, Análisis, 14)
Usar a Biden para ajustar a AMLO // En curso, operación contraste // Mañanera, pasiones, reacciones // ¿Gobiernos EU-MX se entenderán?
Palacio Nacional ha conjuntado una serie de actitudes, reservas y hechos que podrían generar encono en la nueva administración imperial, la de Biden. A exacerbar tales diferencias se está dedicando la Operación Contraste, deseosa de que en Washington dictaminen revanchas contra el sureño retador.
A la vez, Palacio Nacional pareciera tener una peculiar disposición a ir sumando puntos discutibles o eventualmente disruptivos ante el grupo llegado al poder gringo. Luego de los entendimientos plenos con Trump, que llevaron a México a cometer exabruptos como el de la barrera de Guardia Nacional contra migrantes en el sur del país, o la variación de tercer país seguro, López Obrador irá viendo la evolución de políticas como las anunciadas ayer en la Oficina Oval de la Casa Blanca, tentativamente favorables al interés mexicano antes de los acomodos AMLO-Trump: no más avances en el muro fronterizo, plan migratorio que alcanzaría a paisanos, apoyo a jóvenes soñadores, supresión del injusto programa de mantenerse en México como aspirante a asilo en Estados Unidos y otras medidas que chocan con lo aceptado por López Obrador. (Julio Hernández, La Jornada, Política, p. 14)
Biden detiene la construcción del muro // Recibe una economía en situación de desastre // Lecciones del trumpismo
Twiteratti
México saluda el fin de la construcción del muro, la iniciativa migratoria en favor de DACA y un camino hacia la doble ciudadanía. Como escribió el presidente @lopez_obrador hace unos años al ahora presidente @JoeBiden los puentes abren paso a la cooperación y al entendimiento. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 12)
La dupla Biden-Harris enfrenta uno de los escenarios más complicados con que se haya encontrado un equipo presidencial: una situación francamente desoladora en ámbitos como la salud pública, la economía, la confianza ciudadana en las instituciones, la cohesión social, la disparidad de ingresos y oportunidades, el avance de las tendencias racistas y xenofóbicas o la posición de Washington en el plano internacional.
la batería de medidas con que el ex senador y ex vicepresidente busca enmendar el rumbo parece orientada en la dirección correcta. Entre las más relevantes de estas decisiones se encuentran las que tocan a la reformulación de la estrategia contra la pandemia, la exasperantemente postergada reforma migratoria y la puesta en pie de una economía que no ha escapado a los estragos de la crisis sanitaria. El mandatario entrante dispondrá del inestimable apoyo de contar con mayoría legislativa en ambas cámaras, si bien es cierto que en modo alguno se trata de la mayoría calificada necesaria para aprobar reformas de gran calado.
Por ello, México deberá esperar para tener claridad acerca de la naturaleza de las relaciones que habrán de entablarse con el gobierno de Biden; sin embargo, como indicó ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador, pueden anticiparse entendimientos constructivos en rubros como el manejo de la pandemia, la migración y las medidas de reactivación económica.
Finalmente, cabe felicitarse por el hecho de que en la jornada de este miércoles no se materializaron las amenazas de violencia divulgadas por extremistas de derecha afines a Donald Trump, y que no se haya concretado el temor de muchos en el sentido de que el ahora ex presidente cometiera una insensatez mayor en sus últimas horas al mando de la superpotencia. (Editorial, La Jornada, p. 2)
En noviembre, el senador morenista y titular de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal, propuso una iniciativa que buscaba modificar los artículos 20 y 34, y adicionar los artículos 20 Bis y 20 Ter a la Ley del Banco de México, para transferir al instituto central los excedentes en moneda extranjera que los bancos con operaciones en el país no logran repatriar, como es el caso de Banco Azteca, que se quedó sin un corresponsal en el extranjero en septiembre de 2020 y una acumulación de 80 millones de dólares en efectivo.
La propuesta encendió todas las alertas, pues con la reforma se ponía en riesgo la autonomía del banco central y las reservas internacionales, que suman cerca de 200 mil millones de dólares. La propuesta de Monreal trasladaba a Banxico la responsabilidad de recibir moneda extranjera de dudosa naturaleza, con lo que se podrían contaminar las reservas internacionales poniendo en riesgo a todo el sistema financiero.
Sin bien el autor de la iniciativa fue Ricardo Monreal, detrás de la misma estaba otro Ricardo (Salinas Pliego), quien se la propuso al Presidente de la siguiente manera: Los migrantes que vienen con sus dólares en efectivo no los pueden cambiar fácilmente, porque no es fácil que los bancos los repatrien a sus países de origen y porque la Ley de Banxico es muy rígida y está plegada a la de los bancos de Estados Unidos (incluida la Reserva Federal). ¡Es una injusticia para nuestros paisanos!, le soltó el astuto empresario. (Mario Maldonado, El Universal, Cartera, p. 20)
Cartón

(Xolo, 24 Horas, La Dos, p. 2)