Ayer, un grupo de hoteleros de Quintana Roo también fue víctima del caos que provocó la CNTE, con el plantón que organizó en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Convocados por David Ortiz Mena, presidente del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano (CHCM), se reunieron el miércoles con los miembros de la Comisión de Turismo del Senado de la República, encabezada por Eugenio Segura, y luego sufrieron “las de Caín” para regresar a sus destinos de origen.
Ortiz Mena está impulsando una estrategia para aumentar la influencia y el nivel de relaciones que tienen los empresarios turísticos de Quintana Roo en la Ciudad de México.
Para decirlo de forma poco política, la realidad es que ni el Consejo Nacional Empresarial Turístico ni tampoco otros organismos están haciendo un papel relevante para plantear una agenda sobre los temas más importantes para este sector, cuyo estado líder es precisamente Quintana Roo con más de 133 mil cuartos.
En su visita a la Ciudad de México también se reunieron con Josefina Rodríguez la secretaria federal de Turismo.
El punto más relevante de su agenda fue su preocupación por la falta de transparencia en la administración de los recursos del Derecho de No Residente (DNR), fondos que deberían destinarse directamente a la mejora de infraestructura y a la promoción turística.
Además, y dado que anteriormente parte del DNR correspondía al Instituto Nacional de Migración, Ortiz Mena destacó que hoy ese organismo ha sufrido recortes que afectan su capacidad operativa y la experiencia de los turistas internacionales que vienen a México.
A estos empresarios les preocupa también que la infraestructura carretera en Quintana Roo tenga tantas deficiencias y puso por ejemplo el caso de la 307, donde ni siquiera se ha podido reparar un socavón que afecta de manera importante el flujo de vehículos.
Ésta fue la primera visita del CHCM A la Ciudad de México bajo la presidencia de Ortiz Mena, quien asumió ese encargo en enero y que en forma proactiva se trata de acotar esas deficiencias que limitan el potencial del turismo.
DIVISADERO
Cocineras tradicionales. Sin duda es positiva la iniciativa de Marcela Landgrave, quien a través de la Red de Mujeres Francia-México está lanzando la convocatoria para un programa que se llama Nueva generación de cocineras tradicionales.
La idea es que, con el apoyo de un grupo de patrocinadores, se despierte el interés de las cocineras tradicionales de hasta 40 años, es decir, las herederas de ese conocimiento que ha pasado de generación en generación, para que puedan crecer económicamente a través del mismo.
Las interesadas podrán aplicar a un curso en línea de Nacional Financiera, en el que les compartirán información relevante sobre el negocio gastronómico.
Después habrá un curso presencial para las 10 finalistas y la ganadora irá a París a cocinar con una chef que tiene una estrella Michelin.
Entre los expertos que participan en esta iniciativa se encuentran Elena Reygadas y Ricardo Muñoz Zurita que son dos referentes de la alta gastronomía en México.
Nuevo presidente. Ayer, el empresario Rodrigo de la Peña fue ungido como nueVO presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún. Reemplaza a Jesús Almaguer, a quien extrañaremos los periodistas por su capacidad de lanzar “dardos envenenados”, para criticar las barbaridades que hacen diferentes autoridades en contra del turismo.
Ningún organismo está haciendo un papel relevante para plantear una agenda sobre el sector. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)
Y no ceden las quejas vecinales por los campamentos migrantes
Nos platican que ahora son los vecinos de la colonia Nueva Santa María, en la alcaldía Azcapotzalco, quienes han protestado durante dos noches consecutivas para evitar que se construya en esa zona un albergue para migrantes.
Más allá de las razones de los habitantes, el hecho es que el tema de los espacios para dar un albergue digno a los extranjeros comienza a convertirse en un problema para la administración capitalina. Los campamentos que aún están en vía pública generan molestias a los residentes que viven en la zona. Un tema nada fácil de resolver. (El Caballito, El Universal, Metrópoli, p. 17)
Asediados e invisibilizados. A salto de mata por el temor a la migra y a la cercana probabilidad de la deportación. Desaparecidos. Para sus familias, las autoridades, la comunidad nacional y generacional entera. Con todas y todos pierden contacto. Carentes de posibilidades reales de ser buscados, hallados, abrazados.
Cada quien sus desaparecidos. Cada quien sus intenciones de hallazgo. El drama más allá de la frontera norte enfrenta el desinterés institucional, mientras personas migrantes toman medidas extremas para no ser localizadas, entre ellas, vivir en trocas, como lo expone el reportaje de Gardenia Mendoza publicado ayer en estas páginas.
¿Cuánto mide la intersección entre migración, deportación, desaparición de personas y la muerte de las mismas? Es un espacio indefinido, incierto, diluido entre los márgenes de la política, el poder conservador, la negligencia institucional y el sufrimiento humano. Un territorio sin fronteras el de los desaparecidos más pobres. Un territorio desbordante de la nación. Los cuerpos e identidades se pierden en la opacidad de la burocracia incapaz de reconocer el problema, reconocimiento implícito de actuar sobre él o desinterés absoluto por los de otras razas, orígenes, necesidades.
Aunque el Centro Nacional de Información Criminal -base de datos dependiente del FBI- estima un promedio anual de 600 mil reportes por desapariciones en Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico, el Sistema Nacional de Personas Desaparecidas; y No Identificadas calcula unos 22 mil casos formalmente pendientes.
Demócratas o republicanos no difieren en su distanciamiento de las los otros al sur de la frontera. De ellos, ¿cuántos son migrantes? Cada quien sus desaparecidos y sus intenciones de hallazgo. Ante el impacto emocional, el golpe a la esperanza de las familias buscadoras con los horrores del Rancho Izaguirre omisiones documentadas incluidas e intenciones de sistematizar la investigación por parte de la Fiscalía General de la República-, recorrido ayer en medio de restricciones, la presidenta Claudia Sheinbaum plantea el fortalecimiento de las instituciones de búsqueda. La base de datos precisa de las y los ausentes es central, como lo es el Gabinete especializado instruido en la Ciudad de México por la jefa de Gobierno, Clara Brugada.
Del otro lado de la frontera, la política migratoria de Trump, con más de 37 mil 660 personas deportadas al primer mes de su segunda presidencia de acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional, ha hecho de la deportación un mecanismo de desaparición institucionalizad.
¿Cuánto mide la intersección entre migración, deportación, desaparición y muerte? La angustia de quienes buscan en albergues, en restos hallados en el desierto, en rostros impresos en volantes. La invisibilización deliberada condena a miles de personas a la desaparición o… a vivir en trocas. (Salvador Guerrero Chiprés, Milenio, Política, p. 12)
En agosto de 2010, fueron encontrados en una bodega rural del municipio de San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes muertos, entre ellos 14 mujeres, con los ojos vendados, los cuerpos maniatados y un tiro de gracia dispensado por sus asesinos, los dueños de San Fernando.
Ocho meses después, en abril de 2011 fue descubierto también un cementerio de fosas clandestinas con al menos 193 cadáveres. Los habían ido apilando ahí sus asesinos, los dueños de San Fernando.
El cementerio no era propiamente un cementerio, escribió Marcela Turati, sino una zona de “montículos de tierra que ocultaban personas muertas en distintos momentos en distintas masacres ocurridas durante meses”.
Con ser terribles, esas dos historias no son lo peor de San Fernando. Lo peor fue la aparente normalidad en que transcurrió el horror de la vida de los habitantes de San Fernando, la continuidad de sus rutinas diarias, la existencia de alcaldes en funciones y policías municipales y patrullajes del Ejército, sin que nadie tomara nota de la prisión al aire libre en que se habían convertido la ciudad y el municipio.
Increíble la normalidad con que las líneas de autobuses veían salir sus viajes con cierto número de pasajeros de una estación del Bajío y llegar con me nos pasajeros a Reynosa o Matamoros, porque los dueños de San Fernando los habían bajado ahí, a plena luz del día, asumiendo que eran miembros del grupo criminal contrario o migrantes a los que podían secuestrar para pedir rescate, o muchachos que iban a reclutar para su grupo criminal.
La peor historia de San Fernando es su conversión en una zona hermética de opresión y silencio. Y que esa conversión se volviera una especie de profecía, un adelanto del horror que esperaba a otras partes de México, como Zacatecas o Lagos de Moreno, lo que alcanzamos a ver en parte de Chiapas, de Guerrero, de Michoacán, de Veracruz, de Chihuahua, de Colima, de Sonora, de Sinaloa, de Quintana Roo, de Tamaulipas…
Y ahora Teuchitlán.
San Fernando fue el espejo de la nueva normalidad criminal de México: la del dominio totalitario del crimen sobre las comunidades. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Al Frente, p. 3)
Si uno se atiene a las leyendas, Donald Trump bien podría ser el primer presidente al estilo mexicano de Estados Unidos, aunque ciertamente no por nacionalidad, ni mucho menos por simpatía o afectos personales.
No. Simplemente porque trata de concentrar el poder en su oficina, o más bien en su persona. Quiere dictar los términos políticos, económicos, sociales y hasta culturales de su país, de la misma forma en que se cree gobiernan, o gobernaban los presidentes mexicanos.
Es “la costumbre del poder”, como la retrató Luis Spota en su famoso ciclo de novelas sobre la política en México. Y hoy los estadounidenses la viven abiertamente, sin recato.
En el caso mexicano las visiones de omnisciencia, omnisapiencia, infalibilidad y poder total sufrieron un brutal deterioro a partir de las crisis económicas del último tercio del siglo XX, cuando junto con el terremoto de 1985 pusieron en duda la figura del gran Tlatoani, solo para alzar la cabeza de nuevo durante el sexenio pasado.
Después de todo, los cortesanos son cortesanos bajo cualquier régimen, ideología, raza o cultura. Y a diferencia de lo que ocurrió en México cuando el foco era el ocupante temporal de “La Silla”, la cortesanía en Washington se fija en Trump, que no solo sabe, define y decide todo, al menos para un sector de los estadounidenses, sino disfruta y es el primer oficiante de su propio culto.
¿Alguna vez un mandatario mexicano decidió hacer una obra faraónica, pero relativamente inútil y sin más razón que parecer políticamente correcta? Ciertamente la necesidad, los costos y la utilidad de construcciones con esas características quedarían sujetas a debates entre partidarios y adversarios del jefe de gobierno.
¿El “muro” fronterizo es realmente necesario y verdaderamente “defiende” a Estados Unidos de la llegada de indocumentados? Puede alegarse que las expulsiones, los anuncios de arrestos y deportaciones, así como las presiones sobre países de paso han sido más efectivos que una barda que se sabe puede ser superada.
Pero es un símbolo físico de la voluntad del presidente Trump para enfrentar el problema migratorio. Tal como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la inauguración del Aeropuerto Felipe Ángeles fueron simbólicos de lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador definía como lucha contra la corrupción neoliberal.
El control ciego del Congreso por el partido en el poder ha sido una característica de los sistemas políticos autoritarios o paternalistas, con la correspondiente descripción de la oposición como negativa, destructiva, antipatriótica, antidemocrática.
Y hoy los republicanos, con un precario control de las cámaras del Congreso en Estados Unidos, no solo marchan obligatoriamente al unísono sino que presionan para que el Poder Judicial rinda su independencia, ante lo que el presidente Donald Trump describe como la voluntad popular encarnada en él. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)

(Fisgón, La Jornada, Política, p.7)

(Rocha, La Jornada, Política, p. 11)