Dubái. Lo más sorprendente fue la ausencia de un diagnóstico sobre la inserción de México en la escena global. No hubo referencias a la transformación del orden global, sí a conflictos puntuales.
Importante que reconocieran la existencia de la nación mexicana más allá de sus fronteras y reiteraran la solidaridad con los mexicanos en el exterior, principalmente en EU. Pero, siguen sin entender la profunda transformación de las comunidades mexicanas en EU.
Xóchitl enfatizó, con razón, una de las causas del crecimiento de las remesas: los migrantes mandan más recursos a sus familias para mantener su nivel de consumo. Máynez hizo bien en subrayar la necesidad de consultarlos en el diseño de políticas. Sheinbaum subrayó el imperativo de atender las causas profundas de la migración y la propuesta de que EU destine 20 mil millones de dólares a la cooperación al desarrollo. Esto último inviable en las circunstancias actuales de EU. Habló de reformar el INM y COMAR, sin decir cómo. Gálvez enfatizó el control del crimen organizado en la frontera sur y el tráfico ilícito de personas. Quizás la falta de tiempo les impidió precisar sus propuestas.
Más allá de los temas migratorios, es urgente que México defina una postura sobre varios temas: ¿Apoyamos un mundo multipolar o vamos hacia una nueva bipolaridad de EU y la Unión Europea por un lado y China y Rusia en el otro polo?; ¿cómo navegar la confrontación o competencia entre China y EU sobre temas como transición energética, minerales raros, economía verde, inteligencia artificial?; ¿cómo nos afecta la imposición estadounidense de aranceles a China?; ¿cuál es la visión de México para América Latina y el Caribe? porque mencionar la CELAC como referencia parece una mala broma.
Gálvez y Máynez se refirieron en varias ocasiones a la relocalización de cadenas de valor a México. Gálvez fue más precisa en identificar los retos de México para detonar la relocalización: acceso a electricidad confiable, sostenida y sustentable, acceso a agua, a mano de obra calificada, certidumbre jurídica, seguridad e infraestructura.
Gálvez y Máynez criticaron, con razón, la designación como embajadores de exgobernadores que entregaron sus estados a Morena. Ambos expresaron su compromiso de fortalecer al Servicio Exterior Mexicano. ¡Ojalá!
Sheinbaum dijo que la política exterior es un timbre de orgullo. Lo fue durante muchos años, pero en estos últimos se perdió y enfrentamos situaciones nunca vistas como 3 embajadores declarados persona non grata, pleitos verbales innecesarios, ideologización, intervención en asuntos internos de otros Estados. Entendible que no pudiera reconocer la necesidad de reconstruir la política exterior.
Gálvez y Máynez estuvieron mejor en el debate en los temas de migración y política exterior, Sheinbaum repitió lugares comunes.
Ninguna/o expresó una visión de Estado en política exterior. (Martha Bárcena, El Heraldo de México, País, p. 05)
Detección y neutralización de actividades de espionaje y sabotaje llevadas a cabo por servicios de inteligencia extranjeros es uno de los componentes esenciales para la gestión de la seguridad nacional. Aunque es difícil tener estadísticas completas al respecto, la mayoría de los países en el mundo tienen desarrollados servicios de inteligencia y contrainteligencia que sirven para prevenir posibles acciones malignas planeadas por otros Estados o actores. Pero México, cuya prioridad es la inteligencia relacionada con el narcotráfico y crimen organizado, resulta un país con una estrategia incomprensible.
Por una parte, las autoridades mexicanas le han dado acceso prácticamente libre a diferentes servicios de espionaje, destacando el notable crecimiento del espionaje ruso reciente. Por la otra, el actual gobierno de México, sobre la base de la Ley de Seguridad Nacional, ha buscado restringir los movimientos de los agentes procedentes de Estados Unidos, el principal socio de México en todos los ámbitos, incluida la lucha contra narcotráfico.
En el caso de Rusia, la Cancillería mexicana ha aplicado la política de “las puertas abiertas” a los rusos que bajo el escudo de la Embajada de la Federación Rusia están fortaleciendo sus redes de espionaje. Pero a Estados Unidos se les ha dificultado la obtención de las acreditaciones para agentes de la DEA, tal como lo señaló a comienzos de mayo Anne Milgram, directora de la agencia estadounidense antidrogas.
La seguridad nacional y la inteligencia son temas con los que no se debe jugar. En algún momento pensé que el actual gobierno, con tal de darle una lección a los estadounidenses, decidió abrirse a los rusos. Pero hoy considero que esto es parte de una realidad mucho más compleja y peligrosa. No se trata solo de simpatías o antipatías de algunos representantes del gobierno mexicano, o de una percepción mexicana diferente sobre amenazas. Es también la falta de capacidades institucionales, humanas y presupuestarias para abordar asuntos de inteligencia de forma completa.
Por eso, si alguien piensa que México va a hacer algo sobre el espionaje ruso, está en un error. No hará nada, a no ser que llegue una presión desde los Estados Unidos para tratar este tema, tal como el gobierno estadounidense presionó a México después de los atentados a la Torres Gemelas en 2001 para la cooperación en la lucha contra el terrorismo. Esto sin embargo no ocurrirá pronto, dado que hay otros temas más relevantes como migración y fentanilo en las relaciones bilaterales. Además, en aquellos tiempos hubo una voluntad política que no existe hoy. Eso no significa obviamente que el tema del espionaje ruso queda desatendido. No me queda la más mínima duda de que, a pesar de las restricciones en acreditaciones de sus agentes, Estados Unidos ha encontrado la forma de monitorear los cambios en el panorama del espionaje extranjero en México, realizando la contrainteligencia desde aquí, ya que México no quiere o no puede hacerlo. (Beata Wojna, El Heraldo de México, Editorial, p. 5)
Durante el tercer debate que tuvo lugar el domingo 19 de mayo, Claudia Sheinbaum, candidata de la coalición “Sigamos haciendo historia”, hizo diversas afirmaciones sobre algunos temas o variables que, por su relevancia, deben revisarse o analizarse. En esta colaboración me concentraré en comentar tres pronunciamientos con relación a temas de inseguridad, migración e inversión extranjera.
En materia de inseguridad
Por ejemplo, dentro del bloque dedicado al tema de la inseguridad, Sheimbaun presumió las supuestas bondades de la política en materia de seguridad de la Cuarta Transformación, que según prioriza la construcción de la paz, privilegiando la atención a las causas de la violencia. Hay datos que dicen lo contrario.
Si bien Sheinbaum presentó algunos datos para tratar de apoyar la visión de un país que vive en “condiciones de tranquilidad”, obviamente omitió hablar de la tragedia que enfrentan miles de niños y adolescentes en nuestro país que por las condiciones que prevalecen en las zonas donde viven, están expuestos a ser reclutados por las bandas de crimen organizado cuya presencia territorial es cada vez mayor en México.
Este grave problema ha sido advertido por Reinserta, una ONG cuya misión es atender y proteger a niñas, niños y adolescentes que están en contacto con la violencia, citadada por una nota periodística publicada por el diario El Universal apenas el 7 de mayo pasado, que señala que Reinserta identifica 10 entidades federativas en las que la delincuencia organizada recluta miles de niños y adolescentes para engrosar las filas de esos grupos que solo siembran violencia, crimen, inseguridad y zozobra en nuestro país: Jalisco, Estado de México, Puebla, Ciudad de México, Guanajuato, Nuevo León, Michoacán, Guerrero, Chihuahua y Tamaulipas.
En materia de migración
Esta es un área en la que el gobierno del presidente López Obrador no se siente cómodo, entre otras razones, porque pone en evidencia el fracaso de las políticas de un gobierno que se supone que atacaría las causas de la violencia, pero también las causas de la migración. Digo que pone en evidencia el fracaso de las políticas económica y social de la actual administración, porque como lo comenté en este espacio en mi colaboración del pasado 2 de abril, el número de mexicanos tratando de cruzar la frontera norte buscando huir de la falta de oportunidades en nuestro país y de las condiciones de violencia e inseguridad, se ha incrementado de manera notable en los años recientes.
El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (USCBP, por sus siglas en inglés) reportó que en 2018 sorprendió o atendió a 222 mil mexicanos tratando de cruzar de manera ilegal la frontera, que para 2021, fueron 706 mil los mexicanos sorprendidos por esa autoridad tratando de hacer lo mismo. Para 2022 la misma autoridad reportó 801 mil mexicanos sorprendidos o atendidos tratando de cruzar ilegalmente. En 2023, fueron 740 mil mexicanos. Entre enero y abril de 2024, el USCBP reporta que ya detuvo a 248 mil mexicanos, cifra superior en tan solo cuatro meses, al total reportado para el 2018, el último año del gobierno del presidente Peña Nieto. ¿Por qué está creciendo el número de mexicanos que quieren huir de México?
En materia de inversión extranjera
Al hablar de este tema, Claudia Sheinbaum afirmó “…en este gobierno ha habido la mayor inversión extranjera directa, que no ha habido en los gobiernos anteriores…”.
Pero qué creen, entre el inicio de la administración del presidente López Obrador y hasta marzo de 2024, se habían captado 187 mil millones de dólares en forma de inversión extranjera directa, y conforme al comportamiento trimestral de los últimos años, todo indica que no podrá alcanzar la cifra de 214 mil millones de dólares, que fue lo captado en el sexenio del presidente Peña Nieto. De hecho, el año récord en materia de inversión extranjera ocurrió en 2013, con 48 mil millones de dólares, desempeño que no ha podido igualar el presidente López Obrador. Así que es falso afirmar que este gobierno logró la mayor inversión extranjera.
Son tres temas en los que todo indica que ni Xóchitl Gálvez ni Jorge Álvarez Máynez iban preparados para debatir con mayor contundencia. (Gerardo Flores Ramírez, El Economista, Empresas y Negocios, p. 27)
Del pobre nivel del tercer debate entre las candidatas presidenciales, conservo el escalofrío de haber visto en la pantalla el rostro del autoritarismo en la persona de Claudia Sheinbaum.
Para ella no existen los problemas.
Para ella no existen los que piensan diferente.
Al finalizar el debate borró la sonrisa que forzó durante el encuentro, no volteó a ver a nadie para despedirse, bajó y se fue como si no hubiera nadie más que ella en el foro.
Xóchitl la buscó con la mirada.
Luego, la candidata opositora volteó a ver a Máynez, esbozó un gesto para acercarse y el candidato de Movimiento Ciudadano volteó la cara.
Esa escena final pintó mejor que cualquier frase el momento en que se encuentra el país: en la antesala de una dictadura.
O régimen autoritario con tintes dictatoriales, como se quiera entender.
Y el papel de Máynez, que le esquivó la mirada a Xóchitl para no despedirse. No fue por desprecio a la candidata opositora, sino por terror a Sheinbaum.
Durante el debate Sheinbaum no contestó, no dialogó.
De hecho no fue a un debate, sino a un monólogo de mentiras y a ignorar a los demás.
Con lo enseñado el domingo quedó claro que ella es la antítesis de la democracia.
Es todo lo opuesto a la apertura.
La rigidez personal e ideológica hecha candidata presidencial.
Si López Obrador la impulsó con la idea de que Sheinbaum sea su Medvedev (el títere que usó Putin cuando se retiró cuatro años de la Presidencia de Rusia para volver después), se equivocó por completo.
Sheinbaum no es, en sentido figurado, Medvedev. Es Putin.
Vimos en pantalla a una creyente del pensamiento único: el suyo.
No oye a nadie ni habla con nadie. Tampoco mira a nadie.
Mostró la frialdad del autócrata y no la curiosidad del científico, que supuestamente es.
Cualquier científico, o político con apertura de miras, sabe que para solucionar un problema primero hay que reconocerlo.
Para Sheinbaum los problemas no existen o están en franco declive.
El hecho de que una científica rechace la existencia de problemas que están a la vista de todos nos indica que, de ganar la Presidencia, no habrá políticas públicas para solucionarlos.
Su deshonestidad intelectual fue evidente en el debate.
Escogió de manera selectiva datos aislados y acomodó hechos específicos con el propósito de encubrir la realidad o simular una situación inexistente.
Vivimos los días más violentos del año, hay un vendaval de homicidios en el país, y ella seleccionó otros datos para dar sustento a un argumento falso: la criminalidad va en retirada.
Dio lecciones para disminuir la migración ilegal a Estados Unidos. Atacar las causas, dijo, y sólo señaló la pobreza, y se refirió a América Central.
Eso es deshonestidad intelectual.
México venía de dos sexenios en que la tasa de migración hacia Estados Unidos se había reducido prácticamente a cero (salidas contra regresos).
Durante el actual gobierno el número de detenciones y expulsiones de mexicanos en la frontera (uno pudo haber intentado cruzar muchas veces) ha sido histórico: 2 millones 800 mil.
La pobreza es uno de los factores que impulsan la migración, pero el principal es la inseguridad y la violencia en los países expulsores. México en primer lugar.
Se presentó como la candidata de la democracia, y Morena tiene en el Congreso la propuesta de eliminar la autonomía de la Corte y del INE.
Todo el poder al Ejecutivo y su partido.
Planteó la desaparición de los diputados plurinominales, que fueron creados para darle cabida en el Congreso a las minorías, esencialmente a la izquierda. Ahora, ya en el poder, suprímanse los pluris.
Con asombrosa sangre fría se presentó como la candidata de la honestidad, contra “ellos”, es decir Xóchitl y las fuerzas que la apoyan. Mostró gobernadores priistas y panistas tras las rejas.
Esos gobernadores fueron detenidos en los gobiernos del PRI y del PAN. Ahora los premian con embajadas y, en cambio, persiguen a intelectuales críticos.
Vivimos en el gobierno de mayor opacidad en el gasto público que se recuerde: ha cerrado como datos secretos por diez y 15 años los gastos en las obras dispendiosas del sexenio.
La doctora rechazó, sin ningún argumento, el informe elaborado por un equipo de científicos que concluyó que 300 mil mexicanos murieron de covid en la pandemia por negligencia del gobierno. No debieron haber muerto.
Las maromas anticientíficas de la candidata Sheinbaum, de profunda deshonestidad intelectual, nos recuerdan a los jerarcas soviéticos que quisieron ocultar la catástrofe en la planta nuclear de Chernóbil.
Sacó a colación la matanza del 68 para endosar a Xóchitl y a quienes la apoyan (“ellos”) la acusación de ser “la represión, nosotros la libertad”.
Los principales fundadores de Morena (López Obrador entre otros) entraron a militar al PRI después de la masacre y jamás dijeron nada. Se fueron del PRI cuando el partido gobernante abrió la economía y creó el IFE para iniciar la democratización del país.
Se podría llenar esta plana y diez más con las muestras de deshonestidad intelectual dadas por Claudia Sheinbaum en los debates.
Lo peor está en su talante autoritario o dictatorial.
Arrogante y fría.
Dueña de la verdad absoluta.
La personificación de la antítesis de la democracia. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)
El tercer debate presidencial quedó opacado por el extraordinario éxito de las movilizaciones del domingo. La Marea Rosa mostró fuerza, músculo y mucha determinación para superar infinidad de intentos de sabotaje a la cubana. Álvarez Máynez tendrá que decidir si declina en favor de Xóchitl Gálvez. No creo que lo haga, pero ello no impide que partidarios de MC decidan hacer algo útil con su voto, apoyando a la única candidata que puede derrotar al oficialismo. En cualquier caso, limitaré esta reflexión sobre el debate a la participación de las dos candidatas. Por deformación profesional, me concentraré en el segmento de política exterior, aunque resultara desangelado y su relevancia palidezca frente a la profunda crisis de violencia que vive el país.
Claudia Sheinbaum agradeció las remesas de las que ha dependido tanto la economía del país estos años. Reiteró los manoseados principios de política exterior y repitió el trillado concepto de atender las causas de la migración, para lo que insistió en el inviable financiamiento estadounidense a programas sociales de la 4T en Centroamérica y planteó la absurda e insostenible idea de extender el Tren Maya a esa región. Ofreció “mirar al sur”, subrayando el papel que la fracasada CELAC podría jugar. Además de generalidades y lugares comunes, habló de reivindicar la política exterior de López Obrador, “que es timbre de orgullo”. Porque, como en las demás áreas de gobierno, Sheinbaum ofrece un “segundo piso”. En otras palabras, más de lo mismo. Ello obliga a voltear a ver al “primer piso”, es decir, las acciones y omisiones del gobierno de López Obrador en materia internacional. Para empezar, nuestro país ha perdido influencia y relevancia en el mundo. México es hoy percibido como un actor volátil, poco confiable en la esfera internacional, con una predisposición a cambiar las reglas del juego para la inversión, sorprender a sus socios y violar obligaciones internacionales. Con sus ausencias de los grandes eventos internacionales, propuestas disparatadas y pleitos continuos con otros gobiernos y organismos internacionales, el presidente ha logrado diluir el prestigio de nuestro país en el mundo. Si bien México es mucho más que López Obrador, el presidente ha manchado la imagen del país en el mundo. En pocas palabras, la política exterior de este gobierno es también indefendible. Por ello, resulta desafortunado que Sheinbaum no haya dado señal alguna de estar considerando cambios de posiciones (salvo, quizás, en cambio climático), como tampoco parece estar dispuesta a distanciarse del “estilo personal” de hacer política exterior de López Obrador.
En contraste, durante la campaña hemos escuchado de Xóchitl Gálvez definiciones importantes y propuestas concretas. Ha señalado la importancia de cooperar con EU en todos los ámbitos y reparar las relaciones con España. Se ha comprometido a atender personalmente las cumbres presidenciales. Ofrece firmar y ratificar el Acuerdo global modernizado con la Unión Europea y diseñar políticas multilaterales para proteger los derechos humanos, defender la democracia y combatir el cambio climático. Además de insistir en algunos de estos temas, durante el debate Xóchitl calificó de hipócrita la política exterior del actual gobierno, advirtió que no apoyará a dictaduras o gobiernos autoritarios y se comprometió a proteger los derechos humanos de los migrantes, promover el libre comercio y recuperar al Servicio Exterior Mexicano. Aunque estos posicionamientos tendrían que ser detallados y ampliados con más propuestas en caso de ganar la elección, resulta evidente que la candidata de oposición está decidida a corregir e implementar un indispensable cambio de rumbo en materia internacional.
El próximo 2 de junio elegiremos también la forma de relacionarnos con el mundo. Tenemos dos opciones. Por una lado, una política exterior nostálgica, aislacionista, reactiva, plagada de prejuicios y sesgos ideológicos, desleal con socios y aliados. Por el otro, una política exterior que reconozca la realidad geopolítica de México, acorde con el peso especifico del país, que haga frente a los retos y aproveche las oportunidades de la coyuntura, que avance los intereses, las aspiraciones y las causas de la sociedad y no solo las de un caudillo. (Jorge Lomonaco, El Universal, Online)
Las palabras de la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, de que “seguridad económica es igual a blindaje nacional” (La Jornada, 12/5/24) recuerdan que Thomas Alfred Shannon, ex subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, declaró que el TLC era la mejor defensa militar de Norteamérica.
Cuando Washington inventó la Iniciativa Mérida, los congresistas estadunidenses que impulsaron su financiamiento argumentaron que se trataba de “blindar militarmente al TLC”, lo cual implicó el diseño y dirección de una guerra contra las drogas con cientos de miles de muertos, más los costos humanos de una política migratoria para que México detenga a sus migrantes y a los latinoamericanos que intentan arribar a Estados Unidos. (Carolina Verduzco, La Jornada, Editorial, p. 2)
Si bien en el sexenio que termina lo político gubernamental quedó en manos de la Presidencia de la República, desde las administraciones pasadas se fue restando poder a la secretaría de eso, de lo político, hasta quedar en casi una oficina de los asuntos religiosos y migración, aunque en ese rubro las cosas fueron de mal en peor. (Miguel Ángel Velázquez, La Jornada, Capital, p. 28)