Chiapas estaba mal, pero ahora está peor. Por un lado, las autodefensas amenazan a punta de rifles a la Guardia Nacional, a la Sedena, pero, en especial, al gobernador por Morena, Rutilio Escandón. Si pretende entrar a Pantelhó, habrá balazos.
Ahora, cientos de inmigrantes detenidos y hacinados en la cárcel migratoria Siglo XXI, en Tapachula, fueron reprimidos y torturados por la GN. Ante ello, ni pío dijeron Francisco Garduño, del INM; el subsecretario Alejandro Encinas, ni mucho menos la GN, de Luis Rodríguez Bucio, ni Rosario Piedra, de la CNDH. Y, nos quejamos del maltrato de paisanos en EU, mientras aquí es de impune terror. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 23)
Durante mi gestión como embajador en Estados Unidos, me tocó escuchar a políticos, analistas, periodistas y empresarios mexicanos manifestar consternación por el hecho de que México no figurase en campañas, discursos y debates de candidatos presidenciales estadounidenses.
Ante la pregunta de si ello demostraba el poco peso de México, les respondía invariablemente que no, que al contrario, era bueno que nuestro país no jugara un papel prominente en ciclos electorales de EU. Una perspectiva histórica de narrativas electorales y campañas presidenciales muestra por qué.
Desde 1945, han sido naciones rivales o percibidas en ese momento particular por una administración o la opinión pública como enemigas las que han hecho su aparición en ciclos electorales estadounidenses. Por lo tanto era buena cosa —así iba mi línea de argumentación— que México no estuviese en esa compañía y que tampoco fuese usado para anotar puntos políticos-electorales.
Pero como escribió Oscar Wilde, “cuando los dioses desean castigarnos, atienden nuestras plegarias”. En el camino a la nominación presidencial, Trump anunció el arranque de su campaña poniendo a México en el centro de tres hilos narrativos centrales para su elección y mandato presidencial: la derogación del TLCAN, el alcahueteo de migrantes mexicanos y la frontera mexicana como un flanco de vulnerabilidad para la seguridad nacional estadounidense.
Por primera vez en la política moderna de EU, México se usaba como piñata electoral. Y el problema es que a pesar de que Trump ya no está en la Casa Blanca, lo que parecía ser la excepción en 2016 podría convertirse en la regla en elecciones legislativas y presidenciales.
El que el GOP esté abonando al déficit democrático de EU es de por sí grave para un país como el nuestro que comparte una frontera de tres mil kilómetros y que cuenta con una densidad de relación bilateral sin paralelo en el mundo.
Pero ahora se yergue la posibilidad de que un partido cooptado, matraquero y sicofante del exmandatario decida extender y explotar la narrativa de la frontera como un frente de amenaza —cultural, racial, de seguridad— permanente.
El viaje a la frontera el mes pasado por Trump y su acólito, el gobernador de Texas, y la decisión del GOP de usar la supuesta crisis migratoria que Biden ha desatado como uno de los ejes narrativos de la siguiente elección legislativa, harán que el tema de la vulnerabilidad fronteriza esté en el centro del debate entre ahora y noviembre del próximo año.
El hecho de que además los gobernadores de Florida y Dakota del Sur —ambos Republicanos en entidades que no se encuentran situadas en la frontera— se hayan subido al cuadrilátero con el “péguenle a la frontera con México” para anotar puntos con la base nativista y supremacista blanca del GOP, augura que el tema irá in crescendo en los próximos meses.
Que la cordura y los cuadros que entendían la importancia estratégica de México estén huyendo del GOP resulta grave. Pero que uno de los dos partidos políticos de nuestro principal socio diplomático y comercial parezca estar encaminado a insertar a nuestro país —y temas bilaterales— a manera de estrategia de movilización y narrativa electoral en sus campañas es funesto.
El que el pasado sea presente y que las campañas intermedia de 2022 y presidencial de 2024 puedan llegar a ser un déjà vu son un lujo que no nos podemos dar en la relación bilateral. (Arturo Sarukhán, El Universal, Opinión, p. 11)
Los vehículos aéreos no tripulados, conocidos coloquialmente como “drones”, han tenido un uso creciente tanto para fines legales como ilegales. Como cualquier otro dispositivo tecnológico, la utilización que se le puede dar es diversa y corresponde a la inventiva de los usuarios. Actualmente su amplia disponibilidad y bajo costo, los han hecho una herramienta de trabajo sumamente atractiva para el crimen.
En México, se ha registrado su uso criminal fundamentalmente con dos propósitos: cargamento de explosivos para detonar en contra de objetivos concretos y cargamento de drogas.
Se ha identificado su empleo en la repartición de droga. Este fenómeno ha sido ampliamente documentado en Estados Unidos, aunque también a nivel transfronterizo.
La FGR señaló que, entre 2012 y 2017, se calculan más de 850 incursiones de drones de grupos criminales mexicanos hacia los Estados Unidos.
Los vehículos aéreos no tripulados son también fuente de información valiosa para la operación criminal. Permiten obtener vídeos e imágenes en tiempo real, así como datos sobre la actividad de grupos rivales y proteger de su incursión en determinados territorios. De la misma forma, permiten reconocer los patrones de movilidad y patrullaje de autoridades, por ejemplo, en el tránsito de migrantes por la frontera. En otras palabras, pueden servir para identificar objetivos, vigilar movimientos de grupos rivales o de autoridades en diferentes contextos.
Para concluir este bosquejo de ideas, es necesario enfatizar tres puntos. Primero, aunque la SCT ha emitido normatividad en cuanto a la operación de drones ésta es sumamente endeble, por ejemplo, falta regulación respecto al control de su producción y compra-venta. Segundo, SEDENA y SEMAR han impulsado el desarrollo y la adopción de la tecnología para la operación militar y también para sistemas anti-drones. Sin embargo, gobiernos locales y empresas que pudieran ser víctimas de daño por incidentes relacionados presentan atrasos notables. Y, tercero, los drones de tecnología militar avanzada eventualmente llegarán a ser utilizados en el ámbito criminal, por lo que existe un campo potencial de daño inmenso hacia el futuro. (Josué Ángel González Torres, Contra Replica, Online)
La extradición avanza
Ningún obstáculo pone Israel a la extradición de Tomás Zerón, requerido por la FGR por tortura en el caso Ayotzinapa, aclara el embajador de ese país, Zvi Tal. Ante las versiones de que los israelíes retrasan el proceso en represalia por la postura mexicana en el conflicto con Palestina, el diplomático dijo que, al contrario, el trámite avanza de acuerdo a la ley. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
En México no sería necesario que los diputados/as legislaran para reconocer el comprobante de vacunación contra COVID-19 emitido por otros países. Puede impulsarse un acuerdo desde las secretarías de Salud y Relaciones Exteriores, y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) con el Departamento de Estado y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), para reconocer los certificados de vacunación que emiten nuestros países.
Hace unos días, el presidente López Obrador anunció que las personas que se hayan vacunado en México lograrán obtener un Certificado de Vacunación contra COVID-19, que podrá ser verificado en tiempo real por cualquier autoridad que lo requiera, especialmente las autoridades migratorias.
Entiendo que el gobierno federal lo emite para que los mexicanos podamos viajar al exterior e ingresar a un país que exija un certificado o comprobante de vacunación.
¿Para qué otra cosa podría ser útil el certificado de vacunación? Tal vez para regresar al trabajo o a la universidad; utilizar algún medio de transporte; ingresar a restaurantes, bares, cines, teatros, etc. Así como en Francia y otros países que exigen la vacunación general de la población.
Ahora bien, muchas personas han tenido la oportunidad de vacunarse en Estados Unidos de manera gratuita. Una pregunta importante es: ¿qué pasará con los mexicanos que se han vacunado en el exterior? ¿Cómo podrá reconocer el gobierno federal el comprobante de vacunación emitido por una farmacia de Estados Unidos?
La FDA ha autorizado tres vacunas contra el COVID-19: Pfizer BioNTech, Moderna y Janssen, de Johnson & Johnson.
Es decir, por el momento no reconocerán otras vacunas distintas a éstas. Si en un momento dado, Estados Unidos sólo permite el ingreso a su país con comprobante o pasaporte de vacunación, a todos aquéllos que no tengan las vacunas autorizadas y/o reconocidas por la FDA podrían negarles el ingreso al territorio estadounidense.
En México, la Cofepris ha concedido la autorización de las vacunas contra COVID-19 a: AstraZeneca-Oxford (Reino Unido); CanSino y Sinovac (China); Pfizer BioNTech (Alemania); Sputnik V (Rusia), y recientemente Covaxin (India).
Sin embargo, para ingresar a nuestro país ninguna persona tiene que comprobar ni siquiera una prueba negativa de PCR o de antígenos.
Dudo que el gobierno mexicano exija alguna vez la vacunación a extranjeros que vengan a nuestro país. Del mismo modo, deberán reconocer la vacunación de aquellos mexicanos que decidieron inocularse en el exterior, sobre todo cuando en México no había posibilidad de hacerlo, porque el proceso sigue siendo increíblemente lento, y porque no están vacunando a partir de los 12 años como en Estados Unidos. Es cuánto. (Jorgina Gaxiola, El Heraldo de México, País, p. 8)