CHIAPAS: La semana pasada el gobernador Rutilio Escandón (Morena), se reunió con el gabinete de seguridad y el presidente López Obrador, donde analizaron las estrategias para atender la migración ilegal. Nos dicen que, ante el primer círculo del gabinete de AMLO, Rutilio se mostró pesimista, ya que no cuenta con infraestructura para enfrentar esa crisis humanitaria de miles de migrantes. Pide más dinero, pues. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 23)
En la madrugada del 15 de febrero un autobús que transportaba migrantes desde la región del Darién, en Panamá, en dirección a Costa Rica, cayó por un desfiladero. Más de 40 personas migrantes murieron y otras 20 quedaron heridas. El domingo 19 de febrero otros 17 migrantes perecieron y 20 más quedaron lesionados en un accidente cerca de la ciudad de Puebla, en México.
En los últimos años se ha vuelto cada vez más frecuente este tipo de dolorosas tragedias: migrantes fallecidos por asfixia en rutas de Norteamérica, ahogados en el mar Caribe, en accidentes viales en México y Centroamérica, o desaparecidos en las espesas selvas del Darién.
El Proyecto Migrantes Desaparecidos, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ha registrado desde 2014 el fallecimiento de 6,790 personas migrantes en Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. Durante el año 2022, en estas tres regiones se registraron 1,212 vidas migrantes perdidas, un aumento de 11% con respecto al 2021.
Pero las muertes de migrantes pueden ser muchas más, pues en muchas oportunidades las personas emprenden travesías por rutas irregulares y clandestinas donde no existen registros oficiales, como por ejemplo sucede con las embarcaciones que se pierden en el Caribe o en el Darién, dos de las zonas donde existe un mayor subregistro de datos.
Frente a este desolador panorama, los Estados miembros de las Naciones Unidas han incluido en diferentes instrumentos internacionales varias iniciativas para prevenir la pérdida de más vidas. Tal es el caso del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, del 2018, durante cuya revisión en 2022 los países adoptantes reafirmaron su responsabilidad colectiva de preservar la vida de todos los migrantes y de tomar medidas para evitar su pérdida. También la Declaración de Los Ángeles, adoptada en el marco de la Cumbre de las Américas celebrada en 2022, incluye el compromiso de proteger la seguridad y la dignidad de todos los migrantes.
Sin embargo, vemos con desasosiego cómo las muertes y desapariciones continúan a pesar de los compromisos. Nos encontramos ante una emergencia humanitaria que requiere de una estrategia de acción intergubernamental que permita salvar las vidas y garantizar los derechos de las personas migrantes y sus familias.
La mejor forma de reducir las muertes de personas migrantes es la creación de más y mejores vías de migración regular. Si se les da la posibilidad, las personas siempre preferirán migrar cumpliendo las normas y disminuyendo así los riesgos de perder la vida. Ninguna otra medida sería tan efectiva como ésta para disminuir la influencia de los coyotes, polleros o “guías de familia”, como ahora se hacen llamar, y cuya criminal actividad es la causante directa de la gran mayoría de las muertes de personas migrantes.
En segundo lugar, urge mejorar la capacidad de identificación de las personas migrantes fallecidas y desaparecidas. Se requiere la consolidación de mecanismos trasnacionales que permitan el intercambio de información y la concertación de esfuerzos entre los países de origen, tránsito y destino, para buscar e identificar a las personas fallecidas o en paradero desconocido. Para las familias y seres queridos de los migrantes desaparecidos, esto es esencial.
En tercer lugar, es fundamental proporcionar apoyo y reparación a las familias de los fallecidos o desaparecidos. El acceso a la justicia, la rendición de cuentas y la reparación para los migrantes y sus familias mediante la realización de investigaciones independientes e imparciales debe ser una garantía, así como también lo debe ser la posibilidad de instaurar procedimientos para la recuperación, la identificación, el traslado y el entierro en condiciones dignas de los restos de los migrantes fallecidos.
Salvar las vidas de los migrantes más vulnerables es una tarea impostergable. Existe un conjunto creciente de prácticas, conocimientos y directrices que pueden servir de base para materializar los compromisos multilaterales, también ya existentes, para detener esta tragedia. Para poner en marcha estas acciones urgentes tal vez nos sirva recordar que, detrás de cada migrante desaparecido o muerto, hay una familia esperando por respuestas. (Michele Klein Solomon, El Universal, Opinión, p. A16)
En 2023, Estados Unidos tendrá un déficit de 536,000 trabajadores en la industria de la construcción. Esta no es una fake news, sino una noticia que puede ser positiva para Mexico, pero debe leerse como se lee la caja de una medicina, con cuidado en las letras chiquitas. El pronóstico lo hace la Asociación de Constructores de Estados Unidos y la retoma el Financial Times en un reportaje publicado el lunes de esta semana. La causa principal es el boom de empleo que está detonando el Programa de Construcción de Infraestructura de la Administración Biden, en el que se invertirán 1.2 billones (millón de millones) de dólares. El déficit se agrava por el jalón qué provoca el reshoring y el desarrollo de algunos proyectos relacionados con la industria de los semiconductores, valorados en miles de millones de dólares, y que provocan la demanda de miles de empleos de obreros especializados en tareas de la construcción.
¿Cuántos de estos empleos serán para trabajadores mexicanos? La respuesta es complicada hasta para el Chat GPTX. Mexicanos son la mayoría de los trabajadores extranjeros que se emplean en la industria de la construcción y mexicanos deberían ser la mayoría de contratados en las obras de este gigaplan de infraestructura. No sería difícil estimar un número superior a 100,000 trabajos los empleos disponibles en 2023 para los mexicanos que ahora viven en México. El problema para el cálculo es la ambigüedad con la que Estados Unidos afronta esta inédita situación económica y social. Por una parte, necesita desesperadamente atraer trabajadores para atender un desajuste enorme en su mercado laboral que genera inflación y desabasto. Por otra parte, está el factor político vinculado a la forma en que la población estadounidense procesa el tema migratorio. No quieren que lleguen más foráneos a hacer el trabajo que ellos mismos no quieren hacer. Nuestro vecino del norte pasa por un momento de su historia en el que la polarización hace muy complicado pasar leyes que abran las puertas a decenas de miles de trabajadores extranjeros.
Los mexicanos que viven en Estados Unidos y trabajan en la industria de la construcción ya viven los primeros efectos de esta bonanza laboral. El pago en la industria de la construcción se ha ubicado en 36 dólares por hora, 8% más que el promedio de la industria manufacturera, luego de incrementos importantes desde 2021. En construcción, instalación y mantenimiento trabaja 23% de los mexicanos que tienen empleo en Estados Unidos. Solo son superados por aquellos que trabajan en servicios y comercio, 32% del total.
Es probable que una parte de esta buena racha de los trabajadores mexicanos de la construcción en Estados Unidos haya tenido que ver con el récord de remesas captadas que ha tenido México. En 2021 fueron 51,600 millones de dólares. En 2022 totalizaron 58,500 millones. Reciben remesas alrededor de cinco de cada 100 hogares mexicanos.
¿Cómo afectará al mercado laboral en México este nuevo motor en la demanda de trabajadores desde Estados Unidos?
Lo primero que hay que tomar en cuenta son las enormes diferencias entre ambos mercados laborales y el momento que vive Estados Unidos. La carencia de mano de obra es la mayor que se ha visto en territorio estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Hay cerca de 12 millones de mexicanos en Estados Unidos. Tan solo del 2021 a la fecha han migrado cerca de un millón, a un ritmo superior a las 1,200 personas diarias.
En Estados Unidos, un trabajador gana entre seis y diez veces más que en México. El alto nivel de salarios en la industria de la construcción estadounidense contrasta dramáticamente con las deficientes condiciones laborales en México. Son más de 31 millones de trabajadores que están en la informalidad y alrededor de 2 millones 150,000 desempleados. Muchos de ellos estarían en disposición de migrar, pero no sólo son ellos. En la formalidad predominan los bajos salarios. Más de 20,000 pesos los ganan solo dos de cada diez trabajadores mexicanos en la economía formal. 20,000 pesos ganarían en tres o cuatro días en la construcción en Estados Unidos. Son 36 dólares la hora, para quien supere la carrera de obstáculos y terror qué implica llegar a la “Tierra Prometida” ¿quien dijo Yes? Allá dicen Come, pero también Get Back. (Luis Miguel González, El Economista, El Foro, p. 39)
Teclee, por ejemplo, “mujer bonita” en el buscador de Google y vea las imágenes que arroja el resultado.
Tal vez lo adivinó: las primeras muchas fotografías son de mujeres blancas, delgadas, rubias, sonrientes, jóvenes. La belleza es clarita.
Ahora teclee “mujer exitosa y feliz”. Sucede lo mismo: mujeres blancas, delgadas, rubias, sonrientes, jóvenes, con computadoras de modelo reciente, algún vaso de Starbucks en la mano. Así que, según Google, las mujeres bonitas, felices y exitosas se cortan con una sola tijera sobre un Pantone claro (y vestidas de blanco, por cierto).
Muy abajo en los resultados, me topé con la primera mujer negra “exitosa y feliz”: Michelle Obama.
Así las Cosas.
Vamos con los hombres. Teclee “masculino exitoso y feliz” y le aparece puro blanco, rubio o castaño, delgado, joven. Mucha gafa de pasta y trajes de corte perfecto. Por ahí se asoma algún asiático y uno que otro negro claro. No me topé a ningún latino, menos a un indígena. ¿Niñas bonitas? Sí, blancas, sonrientes, chapeaditas, alguna de piel más oscura. Ahora teclee “migrantes” y ahí comienza a oscurecerse el algoritmo: centroamericanos, mexicanos, haitianos, magrebíes, personas brincando muros fronterizos o hacinadas sobre transportes enclenques. Los migrantes, según el algoritmo, siempre son morenos y no, nunca son felices.
La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) acaba de lanzar la campaña #RevolucionaElAlgoritmo para generar conciencia sobre lo que recibimos y compartimos en diferentes plataformas y servicios digitales, con el objetivo de convocar a empresas y a responsables de programar y de generar contenidos a que reviertan el sesgo algorítmico. A poner manos a la obra, pues. Y también a que como usuarios y consumidores seamos más críticos y más exigentes para así poder deconstruir estereotipos y narrativas dominantes.
Imagino que algunos de quienes lean esto se reirán de mí por aquello de que “nos gusta ver problemas donde no hay” y porque eso del racismo es mentira dado que el échaleganismo permite superar barreras sociales, económicas y culturales. Otros me dirán que esto no es nuevo: desde que comenzó la publicidad masiva nos hemos quejado del imperio de la blanquitud en el imaginario comercial. Pero no porque no sea nuevo deja de ser importante. Más bien nos indica que logramos (es un decir) trasladar los sesgos del mundo analógico al digital. Ahora son los algoritmos de búsqueda, de inteligencia artificial, de segmentación de contenido, quienes nos arrojan mundos blancos felices y mundos morenos desgraciados. Eso de blanco y negro sigue siendo literal. Solo hay que echarle tantitas ganas para reconocerlo.
Verse representado o representada o representade, importa. El Poder Prieto, la Sirenita negra, las heroínas asiáticas. La representación es significativa porque nos coloca en un plano de existencia al que se puede aspirar. Deseo, no vergüenza.
Y no es solo un asunto de tonalidad de piel.
En la representación vamos todos: géneros, tamaños, volúmenes, capacidades, edades y gestos. Conozco a varios octogenarios que son muy felices, por ejemplo. Y yo no siempre sonrío y sí me gusta abrazar la vida.
A raíz del fervor reciente que están viviendo las aplicaciones de inteligencia artificial, conversaba hace poco con Saiph Savage, codirectora del Laboratorio de Innovación Cívica en la UNAM. Hablamos mucho sobre los usos positivos de la inteligencia artificial para el empoderamiento de grupos invisibilizados. Y también me destacaba el sesgo racial o étnico que aún tienen estos algoritmos. En Estados Unidos, por ejemplo, al aplicar la inteligencia artificial para eficientar el proceso de preliberación de reos, el sistema arrojó puros perfiles blancos y urbanos. Esto no significa, decía Saiph, que desechemos la IA: hay que educarla.
Sumémonos, entonces, a la Revolución vs. el Algoritmo para exponer la discriminación y los sesgos raciales y sociales de las plataformas digitales y exigirles la “reeducación” necesaria para que la inclusión sea cotidiana.
Solo por curiosidad busqué en Google “mujer periodista”. ¿Y qué creen? Dicen ahí que todas somos jóvenes, atléticas, blancas, sonrientes y con micrófono. En mi caso aplica lo de blanca y con micrófono. Lo demás se los quedo a deber.
#RevolucionaElAlgoritmo (Gabriela Warkentin, Reforma, Opinión, p. 10)
Un tío Sam inteligente

(De la Torre, Excélsior, Nacional, p. 10)