Opinión Migración 220426

Rayuela

Los agentes de la CIA no intervienen en operativos como el de Chihuahua, pero sí espían con drones. ¡Ah, caray! (Rayuela, La Jornada, Contraportada)

Desde el Biopoder / Migrantes en informalidad

Más de tres millones de migrantes de origen poblano viven en Estados Unidos, de los cuales, más de la mitad carecen de la documentación que acredite su estancia legal y de papeles para trabajar de manera formal.

Actualmente, una parte importante de migrantes trabaja de manera informal o con otro nombre o con papeles falsos, en lo cual, no realiza ninguna declaración de impuestos por sus ingresos.

Entre las personas indocumentadas existe temor y evitar las declaraciones de la renta, es decir, no participan en los esquemas del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por su sigla en inglés).

A una importante cantidad de migrantes indocumentados se les retienen impuestos en cada nómina; sin embargo, por las nuevas políticas, muchos deciden pasarse a trabajar en un área negra.

De acuerdo con el Laboratorio Presupuestario de Yale, las autoridades de Estados Unidos están perdiendo ingresos fiscales ante el miedo que existe entre los migrantes de que una declaración de impuestos se traduzca en acciones en contra.

La Fundación Pies Secos destacó que la mayor parte de los poblanos que llegan a Estados Unidos laboran en tres sectores: en el área de la construcción, tanto para apoyar en el desarrollo de casas y edificios como en el traslado de tierra; en diferentes funciones en los restaurantes; y en empresas de limpieza o por cuenta propia, trabajando en casas y oficinas.

La mayoría de los migrantes poblanos radican en la zona del tri-estado conformado por Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut; así como en ciudades como Los Ángeles, San Diego y Chicago, explicó Andrade Cerezo.

Acatlán, Izúcar de Matamoros, San Pedro y San Andrés Cholula, Coronango, Cuautlancingo y Huejotzingo; así como algunos municipios de la Sierra Negra y de la Sierra Norte, forman parte de los lugares de origen de los migrantes que están impulsando la economía.

El estado de Puebla recibió, durante los doce meses del año pasado, 3 mil 426.4 millones de dólares, unos 61 mil 675 millones de pesos por concepto de remesas. En 2025, los migrantes volvieron a hacer historia y, por décima vez de forma consecutiva, establecieron una marca histórica, situación que demuestra parte de la importancia para la economía. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla)

Trump contra el Papa, la otra guerra

Los dos estadunidenses con mayor poder en el planeta se enfrentan en una guerra no convencional. El campo de confrontación son los principios y valores, aunque en las últimas semanas la coalición se ha llevado al campo de la fe y la teología. Dos estadunidenses con un poderío inmenso, pero de naturaleza distinta. No están en juego territorios, no se enfrentan ejércitos ni misiles, no se utilizan armas convencionales ni bloqueos a estrechos marítimos. La guerra entre Donald Trump y el papa León XIV se localiza en narrativas antagónicas; en concepciones diametralmente opuestas de la ética y la moralidad en términos de la política internacional.

Trump y León XIV son dos caras opuestas de una moneda estadunidense: uno pide paz y el otro guerra; uno pide diálogo y el otro aplastamiento militar. El Papa piensa en las víctimas, el otro en destruir una civilización; el Papa invoca la fraternidad mientras Trump clama la fe para justificar la guerra. León XIV lo descalifica diciendo: “Dios no bendice ningún conflicto”.

Desde enero de 2026, se filtró en la prensa el desencuentro entre la Santa Sede y Washington. Ante las críticas cada vez más explícitas del Papa, el nuncio en Estados Unidos, el cardenal Christophe Pierre, fue llamado al Pentágono. Según diversos medios, entre ellos Free Press, informaron que la reunión fue tensa porque el subsecretario de Defensa para Política, Elbridge Colby, advirtió que Estados Unidos tiene el poder militar “para hacer lo que quiera en el mundo”, reprendiendo a la Iglesia católica. Le ordenó: “más le vale ponerse de su lado”.

Sin embargo, el Vaticano ha desatendido la amenaza; en cambio, redobló los llamados del papa León XIV para encontrar una solución pacífica en el conflicto en Medio Oriente. Con sutileza y sin mencionar nombres, el pontífice ha venido irritando al imperialismo estadunidense. Donald Trump, de manera inédita, reacciona atacando al pontífice, extralimitando los protocolos básicos de diplomacia internacional. La gota que derramó el vaso fue el mensaje contundente del pontífice que emitió en su homilía el Domingo de Ramos: ahí presentó a Jesucristo como el “Rey de la paz” y lanzó un firme llamado a detener la violencia y las guerras, afirmando que Dios no puede ser usado para justificar el belicismo. Entre otras cosas dijo: “Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra”. La expresión culminante de León XIV fue la siguiente: “¡por más que multipliquen las plegarias: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!”.

Trump explota contra el pontífice desde el 12 de abril. De manera vulgar, lo llama Bobi o Leo. Al no coincidir con su enfoque guerrerista, Trump descalifica y caricaturiza al pontífice. Como el Papa condena su guerra contra Irán, entonces infiere que está a favor del rearme nuclear iraní y justifica la delincuencia. Le tacha una concepción pésima de su visión internacional y sobre todo de ser un liberal izquierdista. La virulencia narcisista no se hace esperar al afirmar que le debe su puesto como pontífice. Los cardenales lo eligieron para tratar de mediar con el presidente de la nación más poderosa.

La argumentación sobre la guerra, especialmente desde la tregua, empezó a dar un giro religioso. Las posturas de sus principales colaboradores han invocado a Dios y posturas de fe ultraconservadoras. Donald Trump ha recurrido a una narrativa religiosa para justificar su actos bélicos como “Dios apoya”, o utiliza la frase “¡Gloria a Dios!” (Glory be to God!) en sus plataformas de redes sociales al referirse al conflicto. En cambio, de manera tajante, el Papa afirma: “Ay de aquellos que manipulan la religión y el mismo nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la suciedad”.

Hasta ahora el saldo es muy negativo hacia el presidente estadunidense. Las imágenes creadas por inteligencia artificial han indignado hasta a sus seguidores evangélicos. Asemejarse con Jesús es considerado una blasfemia. En el ámbito internacional, varios mandatarios como la premier italiana, Giorgia Meloni, o los presidentes Lula da Silva, de Brasil, Pedro Sánchez, de España, y Claudia Sheinbaum se han solidarizado con León XIV. El episcopado estadunidense no sólo cuestionó a Trump, sino puso en tela de juicio la legitimidad de la guerra contra Irán pues incumple los preceptos de “guerra justa”. En suma: Donald Trump calculó mal y ha empoderado aún más al pontífice católico.

En una decisión sin precedentes, el Papa declina visitar Estados Unidos. Al ser el pontífice de nacionalidad estadunidense, el presidente Donald Trump lo invitó, hace meses, asistir a la celebración del 250 aniversario de la independencia. ¿Qué significado y consecuencias tiene este rechazo? ¡Muchísimas! En su lugar, León XIV planea visitar la isla de Lampedusa, sur de Italia, justo el 4 de julio, en solidaridad con los migrantes. Lampedusa, de no más de 20 kilómetros cuadrados, al sur de Italia, recibe regularmente a miles de migrantes africanos en embarcaciones precarias y ya supondrá usted los dramas inimaginables. Robert Prevost rechaza el glamur de Washington para hacer suya la causa de los migrantes.

Dos apreciaciones finales. El Papa ha confrontado al poderoso Donald Trump, expresó no temerle, y es un extraordinario precedente. León XIV abre brecha frente a la timorata clase política internacional. En segundo lugar, es manifiesta una profunda disputa por la interpretación de lo sagrado y la guerra, la fe y la violencia. Entre Roma y la Casa Blanca hay una hermenéutica irreconciliable. (Bernardo Barranco, La Jornada, Opinión, p. 14)

Viñetas latinoamericanas // Deseos de una debacle en Cuba

La semana pasada, la encuestadora Bendixen y Amandi dio a conocer, en el Miami Herald, una muestra en la que 79% de los cubanos de la Florida estaba de acuerdo con una intervención militar en la isla. La alta cifra —tal vez la mayor desde los años 60 y 70— es consistente con un porcentaje similar que se opone a una negociación entre Estados Unidos y Cuba, como la que, a pesar de tan poca transparencia de un lado y el otro, tiene lugar desde hace meses.

Desde el 3 de enero de este año, cuando se produjo la acción militar de Estados Unidos en Caracas, no pasa una semana sin que haya rumores o reclamos de una intervención en Cuba. En las redes sociales se reportan portaviones o drones rodeando la isla y se anuncia una inminente escalada militar que produciría el derrocamiento del gobierno de Miguel Díaz-Canel, la captura de algunos dirigentes históricos y el añorado cambio de régimen.

La inminencia de una invasión no sólo es algo que dan por descontado buena parte de esa comunidad emigrada, sino el propio gobierno cubano y sus aliados en América Latina. En Cuba, desde hace meses, tiene lugar una movilización permanente en espera de la invasión, y en México y otros países latinoamericanos, las campañas de solidaridad se intensifican, con envíos de ayudas y hasta ofrecimiento de voluntarios para ir a combatir al imperialismo en la isla.

Hemos sostenido aquí que una intervención militar en Cuba sería humanamente costosa e históricamente irresponsable. Cubanos y estadounidenses morirían en la confrontación y un nuevo enclave militar de la gran potencia en Cuba devolvería la historia de la isla a 1898 o 1906, años traumáticos del pasado nacional, cuando la hegemonía de Washington en territorio cubano y, en general, en el Gran Caribe, se afirmaba por medio de la fuerza.

Además de una enorme oposición global, una acción armada de Estados Unidos en Cuba tendría muy pocas posibilidades de funcionar como una premisa de consenso para la reconstrucción política en el país. El nuevo régimen nacería con un déficit originario de soberanía, muy parecido al que minó la legitimidad de la primera República cubana (1902-1934), en tiempos de la Enmienda Platt.

La encuesta de Bendixen y Amandi deja claro que la gran mayoría de la diáspora cubana respalda la intervención porque no encuentra otra alternativa para el cambio y aborrece que éste sea producto de una negociación. Pero esta última vía, la negociación, curiosamente también es rechazada por la corriente más inmovilista y soberbia del régimen cubano, y los entusiastas de la solidaridad con la Revolución y la resistencia del “heroico pueblo cubano” en México y América Latina.

De manera que en el deseo de debacle confluyen, involuntariamente, quienes promueven la intervención y quienes apuestan, no a la necesaria reforma y al indispensable entendimiento con Estados Unidos, sino al sacrificio numantino de los cubanos en aras de un antiimperialismo que nadie practica ya en América Latina. (Rafael Rojas, La Razón, México, p. 4)

México: presente, sin propuesta

Cada viaje internacional de un líder de gobierno se diseña con un objetivo en mente: un interés de Estado, una necesidad política, incluso una meta personal. La mejor forma de medir su éxito o fracaso es evaluar qué es lo que lleva de regreso a su país.

El sábado pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum asistió a España por primera vez como mandataria, años después de que su antecesor decretara una caprichosa “pausa” en nuestra relación bilateral. La IV Reunión en Defensa de la Democracia convocó a líderes de distintos países con al menos dos cosas en común: tensiones con Estados Unidos y una evidente afinidad ideológica. Lula da Silva, Pedro Sánchez, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Gabriel Boric, entre otros.

En buena medida, el foro se asumió como la contraparte del “Escudo de las Américas” convocado por el presidente Trump en marzo pasado. Bajo esa lógica ofrecía, al menos, un espacio de posicionamiento simbólico para sus participantes.

Durante el encuentro, el presidente da Silva cuestionó a Naciones Unidas y las decisiones unilaterales de su Consejo de Seguridad. Sánchez propuso que una mujer encabece la ONU al término del mandato de Guterres. Por su parte, Petro contextualizó la cumbre como una respuesta democrática al avance del conservadurismo global. Cada uno llegó con una idea que, al final, podía asociarse con su nombre y su país.

La titular del Ejecutivo propuso, nuevamente, destinar 10% del gasto mundial en armamento a la reforestación y se pronunció contra una intervención en Cuba. El primer planteamiento lleva dos años siendo el lugar común en prácticamente cualquier foro multilateral, sin que tengamos siquiera un mecanismo ejemplar en la materia. El segundo era lo que se esperaba de todos los presentes.

El liderazgo internacional puede adquirir distintas formas: el que se ejerce por peso económico, el que se construye al encabezar un tema, el que se gana representando a quienes no tienen voz ni voto en los foros multilaterales. México tiene condiciones para ejercer más de un liderazgo, pero decide no ejercer ninguno.

Históricamente, hemos sido uno de los principales impulsores de la reforma al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Somos también protagonistas en la discusión sobre migración segura, ordenada y regular. Se trata de agendas vigentes, con aliados naturales y argumentos sólidos. Temas concretos en los que tenemos autoridad propia. Ninguno formó parte de las intervenciones presidenciales en la cumbre.

El acercamiento renovado con España -nuestro principal interlocutor en la Unión Europea- es una buena noticia. Sin embargo, la presencia presidencial en una reunión no debe tener como único objetivo recomponer lo que se rompió por un capricho personal. Normalizar una relación bilateral es condición de posibilidad para la diplomacia activa, pero no la reemplaza.

Perdimos la oportunidad de llegar con agenda propia, colocar temas y construir posiciones que nuestro país pueda sostener más allá de los dos o tres días que dura una cumbre internacional.

En 2027, México será sede de la próxima edición de este encuentro simbólico. La presidenta puede y debe ser mucho más que una buena anfitriona. Más de un tema nos permitiría llevar una consideración seria a la mesa. Sin propuestas propias, hasta los mejores foros serán insuficientes. (Claudia Ruiz Massieu, el Heraldo de México, CDMX, p.12)

Desde Afuera // ¿Señales de cambio?

Las señales son indiscutibles, débiles todavía, pero cada vez más visibles. El hecho es que el presidente Donald Trump y su gobierno se preparan a hacer cambios, para tratar de enfrentar y evitar lo que de momento parece -y puede ser- una brutal derrota en las elecciones legislativas el próximo noviembre.

La anunciada salida de la secretaria del Trabajo, Lori Chávez-De Remer, se da en medio de versiones sobre abuso de poder, consumo de alcohol en el trabajo y relación extramatrimonial con un subordinado. Es la tercera persona en abandonar el gabinete de Trump este año y todas son mujeres.

Antes que ella, la exsecretaria de Seguridad Doméstica, Kristi Noem y sus seguidores, como el ahora excomandante general de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, debieron salir ante la indignación pública provocada por las brutales tácticas que usaron y publicitaron para ejecutar arrestos y deportaciones masivas de residentes indocumentados.

El asesinato de dos ciudadanos estadounidenses que protestaban contra los agentes migratorios en Minneapolis no ayudó a su imagen. Noem enfrentó también versiones sobre relaciones impropias con subordinados. Le siguió Pam Bondi, que dejó la Fiscalía General ante la insatisfacción de Trump por su incapacidad para concretar la persecución legal de enemigos del mandatario.

Ahora, hay demandas por otros cambios en el gabinete. Para algunos conservadores tradicionales, como Bill Kristol, “el secretario de Defensa, Pete Hegseth, seguramente ha causado tanto daño a su departamento y a la nación como Kristi Noem.

Pero Pete sigue en el cargo, pavoneándose y exhibiendo su machismo en el Pentágono.

El secretario de Comercio, Howard Lutnick, se ha beneficiado a mayor escala de la administración Trump que Chávez-DeRemer. Pero Lutnick sigue ahí, estafando como suelen hacer los hombres en la órbita de Trump.

Robert F. Kennedy Jr. es más chiflado que Pam Bondi, pero Kennedy permanece en su puesto, ejerciendo su cargo a su manera varonil y vestido de mezclilla como secretario de Salud y Servicios Humanos. Kash Patel sigue presidiendo con toda su gloria adolescente masculina como director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI)”.

Todos los cambios se relacionan directamente con políticas impopulares identificadas con el gobierno Trump. La salida de Noem no significó hasta ahora un cambio de políticas, sino de estilo: las redadas y las deportaciones continúan, pero con más discreción –o menos publicidad–.

Hasta es posible que los republicanos busquen una propuesta migratoria que aminore su impopularidad entre votantes independientes y latinos. La guerra en Irán resultó en una feroz subida en el costo de combustibles fósiles. La pregunta es si es un cambio de estilo o de fondo. Y ciertamente, Trump no va a renunciar, o a rendirse. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.33)

Razones // Ataque en Teotihuacan y la cultura del odio

El asesino de la Pirámide de la Luna en Teotihuacan, se llamaba Julio César Jasso Ramírez, tenía 26 años y evidentemente era un psicópata que estuvo copiando el accionar de otros asesinos masivos para cometer el crimen que lo inmortalizara. Su antecedente más cercano sería, por la información que tenía en su poder, la masacre de Columbine, donde un 20 de abril, pero de 1999, dos jóvenes de secundaria abrieron fuego contra sus compañeros de escuela asesinando a 12 estudiantes y un maestro, otras 24 personas terminaron heridas, la mayoría de ellas por los disparos.

El episodio, estudiado ampliamente, fue visibilizado por un notable documental Bowling for Columbine, de Michel Moore, quien ganó un Oscar con ese trabajo.

Pero Jasso Ramírez no copió el crimen de Columbine, no atacó compañeros de escuela o de trabajo, no actuó acompañado, tampoco utilizó armas largas. Fue a un lugar altamente simbólico como la Pirámide de la Luna en Teotihuacan, armado con un revólver y un puñal y atacó a turistas, emitiendo gritos –como se comprobó en videos grabados por víctimas– xenófobos, inconexos, pero que se reflejaron en el ataque: la turista asesinada era canadiense y todos los heridos, sin excepción, son extranjeros.

Falta mucho por saber y por conocer sobre este crimen, pero más allá del hecho evidente de que hablamos de un hombre desequilibrado, en un contexto, como el que vivimos, de intensa violencia, estamos también ante un crimen de odio, consecuencia, entre todos esos otros factores, de una narrativa que una y otra vez, desde el poder, pero también desde la sociedad, descalifica, hace responsable de todas nuestras tragedias al “otro”, al extranjero, al “gringo”.

La cultura del odio se ha convertido en un fenómeno alimentado por las redes sociales, pero también por la polarización política. Las redes sociales amplifican las voces más extremistas, alimentadas por insultos personales y campañas de linchamiento digital. No se debate ideas, se ataca identidades.

Y el ataque al otro, al extranjero, se ha convertido en uno de los principales instrumentos de esas campañas: puede servir para ello tanto el odio hacia el migrante que llega a un tercer país a tratar de sobrevivir, como el de los que se quejan de que los extranjeros al venir a México provocan gentrificación y “expulsan” gente de sus colonias originales. Sumémosle a ello un discurso en donde supuestamente las empresas extranjeras se quieren quedar con nuestras riquezas nacionales o que incluso son los responsables hace 500 años de acabar con civilizaciones tan ancestrales como supuestamente idílicas, y tenemos los componentes necesarios para crear un coctel de odio.

Vivimos en “burbujas” ideológicas donde el “otro” es enemigo y donde es fácil odiar sin consecuencias. Esto explica el auge de discursos antisemitas, racistas, xenófobos o transfóbicos, sobre todo pospandemia.

Pero todo eso, como vimos en el ataque de Teotihuacan, se filtra también a la vida real, se refleja en elecciones, en discursos políticos y también en violencia, sobre todo en un contexto de polarización fomentada desde el poder y que tiene réplicas sociales evidentes Los lazos entre la polarización política y el discurso de odio son estrechos: cuando la política se organiza como una lucha entre “nosotros” y “ellos”, el adversario deja de verse como un competidor legítimo y empieza a tratarse como una amenaza. En ese punto, el lenguaje deja de tratar de persuadir y pasa a deshumanizar, ridiculizar o excluir. O el otro se convierte en una víctima propiciatoria.

Los discursos de odio no causan por sí solos un crimen masivo, pero sí pueden funcionar como un alimento que normaliza la violencia y reduce la empatía hacia las víctimas. Esa repetición constante crea un clima social donde las agresiones dejan de verse como escandalosas y pasan a parecer “necesarias” o “defensivas”.

Todo esto no es más que una reflexión sobre un hecho terrible que nos tendría que llevar a concluir mucho más: primero, en comenzar a excluir esa narrativa polarizadora desde el poder y también desde la sociedad; segundo, que la seguridad no puede ignorar el contexto de violencia que estamos viviendo (y que vive el mundo) y no podemos seguir dejando desprotegidos lugares icónicos que, como las zonas arqueológicas y muchos otros, terminan siendo objetivos también de personas o grupos que quieran ejercer ese tipo de violencia. Que lugares como Teotihuacan, Monte Albán o Chichen Itzá no tengan seguridad alguna no es admisible.

Tercero, que debemos asumir que todo eso se disparará en el contexto del próximo Mundial de Futbol: hemos estado muy atentos a que los grupos criminales no operen durante el Mundial, pero nos olvidamos que los lobos solitarios, como el asesino de la Pirámide de la Luna, son un riesgo tan real como aquéllos, incluso mayores, porque nada indica que las organizaciones criminales estén interesadas en boicotear el Mundial, al contrario, pareciera que su interés pasa, sobre todo, por aprovecharlo en su beneficio.

De las tragedias, además de llorarlas, se puede aprender. Lo único inadmisible es ignorarlas. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)

Desbalance

Llueve sobre mojado en el turismo

Por si no fuera suficiente con la caída de Magnicharters y el vuelo de la turbosina, nos platican que el tiroteo en Teotihuacán, que dejó dos muertos, 13 extranjeros heridos y un estallido mediático a siete semanas de la inauguración del Mundial, deja mal parada a toda la industria sin chimeneas del país, cuyo efecto domino está por verse. De entrada, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, los tres mercados que más turistas enviaron en 2025, ajustaron las alertas de viaje a sus ciudadanos, lo que encarece los seguros al visitar México, mientras que los touroperadores sacarán a las zonas arqueológicas de sus itinerarios y pasará factura a guías, artesanos y transportistas. Ahora es cuando se echa de menos el Consejo de Promoción Turística de México, cuyo último director fue Héctor Flores Santana, y que desapareció en 2019, pues servía para contrarrestar el daño reputacional sobre el país. (Desbalance, El Universal, Economía, A22)

Tiros en Teotihuacan

Después de que un hombre disparó contra visitantes extranjeros en Teotihuacan, el Instituto Nacional de Antropología e Historia anunció el 20 de abril el cierre de la zona arqueológica “hasta nuevo aviso”. Parecía un nuevo caso de tapar el pozo una vez ahogado el niño, aunque demostraba una preocupación legítima por la vulnerabilidad de centros arqueológicos y turísticos ante ataques de desquiciados o criminales. Ayer la presidenta Sheinbaum anunció que la zona se abriría nuevamente hoy con mayor seguridad. Es una decisión sensata. Se trata de uno de los lugares más visitados del país. En 2025 recibió 1.6 millones de visitantes, 4,383 en promedio cada día.

Asombra la facilidad con la que una persona armada pudo ingresar a la zona arqueológica. Revisar los protocolos de seguridad de este y otros lugares es indispensable, pero las dificultades serán enormes. México tiene 194 zonas arqueológicas y una paleontológica abiertas al público. Además, hay unos 50 mil sitios arqueológicos registrados. Nada más la zona arqueológica de Teotihuacan tiene una superficie de 264 hectáreas; blindarla completamente tendría un costo enorme, pero el gobierno no quiere gastar en esto.

La 4T está recortando los recursos para la cultura. El presupuesto del sector bajó de 15,081 millones de pesos en 2025 a 13,097 millones en 2026. Al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) le presupuestaron 4,613 millones en 2026 contra 5,901 millones en 2025. Esto es producto de una política que prefiere repartir dádivas a la población, que son muy rentables para comprar votos, mientras reduce los presupuestos de las funciones sustantivas del gobierno.

Lo curioso es que el régimen está inmerso en una lucha por obligar a coleccionistas, casas de subastas y museos de distintos lugares del mundo a “repatriar” obras a México, aunque estas no solo no tienen posibilidades de ser exhibidas, sino que ni siquiera pueden ser preservadas y custodiadas de manera adecuada. Hemos visto un movimiento político para impedir que la colección Gelman, que actualmente se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Chapultepec, pueda salir de México, incluso de manera temporal, cuando el gobierno mexicano no está otorgando los presupuestos que permitan que esta u otras colecciones valiosas puedan preservarse y exhibirse en condiciones dignas. La alianza de la familia Zambrano de Monterrey con la Fundación Santander de España, en cambio, genera certidumbre para la preservación y la mayor difusión de esta colección de obras.

Preservar y dar seguridad a una colección arqueológica o artística cuesta mucho. El gobierno, que tiene otras prioridades, dedica cada vez menos recursos a estas tareas. La trágica experiencia con el tirador de Teotihuacan ratifica lo difícil que es mantener la seguridad de un área como esta.

Coincido con el secretario Omar García Harfuch en que la respuesta de la Guardia Nacional fue rápida y eficaz, considerando las circunstancias; la experiencia internacional muestra que los tiempos de respuesta pueden ser mucho más prolongados y llevar a tragedias mayores. Pero en lo sucedido en Teotihuacan hay lecciones que debemos entender. La Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, nacida del supuesto nacionalismo de Luis Echeverría, ha causado un enorme daño a nuestro patrimonio cultural. Viola los derechos de propiedad, sin generar recursos para conservar y custodiar. Promueve el ocultamiento de obras en lugar de su exhibición. Para bien del patrimonio cultural, deberíamos buscar más alianzas como la que se ha establecido con Santander para la colección Gelman.

ODIO

Parece que el discurso de odio de López Obrador contra los extranjeros ha permeado. “Y vosotros, y mierda, que habéis venido de puta Europa, no vais a regresar… Esto se construyó para sacrificar”, dijo el tirador de Teotihuacan a sus rehenes. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)

Cartones

¡Ah, chihuahua!

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(Perujo, El Economista, El Foro, p. 55)

El Paso

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(Jerje, La Jornada, Política, p. 12)

Informe secreto

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(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)

Fiscal maromero

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(Rocha, La Jornada, Política, p. 5)

¡Bienvenidos al mundial!

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(Camacho, Reforma, Opinión, p. 8)

Ahuyenta turistas

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(Kemchis, El Universal, Opinión, p. 22)

Silencio

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(Hernández, La Jornada, Política, p. 7)

Chihuahua

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(Tacho, Milenio, Al Frente, p. 2)

Entrometidos

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(Chelo, El Universal, Opinión, p. 15)