Mientras el personal médico del mundo enfrenta el covid-19 con heroísmo, las cancillerías redoblan esfuerzos para velar por sus nacionales.
El caso de la señora Ethel Trujillo, quien como otros miles de mexicanos quedó varada en el extranjero por la pandemia, es un testimonio claro de fortaleza y fe.
Ella y su esposo, ambos adultos mayores, yucatecos, como cientos de mexicanos, fueron sorprendidos por la emergencia nacional ante la pandemia decretada por Perú el 15 de marzo, que implicó, entre otras medidas, el cierre del espacio aéreo. (Maximiliano Reyes, Milenio, Opinión, p.10)
A lo largo de 18 años de campaña el actual presidente de México se pronunció dura y categóricamente en contra de la militarización de la seguridad pública. En su última campaña mantuvo la misma posición. Pero apenas llevaba dos semanas en la presidencia cuando cambió drásticamente de parecer. Dicen que fue a raíz de una conversación con los militares que lo convencieron de que eran su mejor opción. ¿Quiénes fueron y que le dijeron? Gran incógnita.
El caso es que, a menos de cumplir un mes en el gobierno, el flamante presidente empezó a ligar el tema de la seguridad pública con los militares. Al paso de los meses surgió la figura de la Guardia Nacional para hacerse cargo de la seguridad pública. Esta nueva institución colocó en un segundo plano a la policía federal y, en un plano aún más lejano, a las policías locales, estatales y municipales. Desde el principio se planteó que los elementos de la guardia nacional quedarían bajo mandos militares, pero para no contravenir preceptos constitucionales, se presentó como la instancia operativa de la Secretaria de Seguridad Pública, otra flamante institución del nuevo gobierno, en este caso de corte civil.
¿Y los militares que dicen de todo esto? Les asignan funciones adicionales que no les corresponden y para las que no están preparados; los exponen a escenarios de confrontación con ciudadanos, sean o no delincuentes; les ordenan perseguir a los migrantes; les exigen resultados en tareas médicas, ingenieriles, de logística y administración, en tiempos récord y sin la experiencia para ello; a las presiones cotidianas que implican sus tareas les añaden otras que ni conocen ni saben manejar. ¿Qué piensan nuestras fuerzas armadas de todo esto? (Luis Herrera Lasso, El Universal, Opinión, p.)
No hay nada más permanente que una medida temporal.
Con la llegada de la pandemia mundial de Covid-19, se han tomado muchas medidas temporales que afectan la movilidad en fronteras y aeropuertos, así como el acceso a las visas, justo para hacer frente a la crisis. Pero hay creciente evidencia que no será tan fácil echarse para atrás en algunas de estas medidas. Esto es particularmente aparente en la frontera compartida entre México y Estados Unidos.
Hace un par de días, el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos anunció que extenderían las medidas excepciones que permiten expulsar a migrantes indocumentados a México en la frontera compartida. En vez de detener y deportar a los migrantes a sus países, el gobierno de Estados Unidos simplemente los regresa a México dentro de una o dos horas. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p.10)
Cierran Walmart en la frontera; 19 empleados contagiados // No logran contener desempleo en EU // Mil millones de dólares a cuenta de vacuna
Una tienda Walmart ubicada en la ciudad de El Centro, California, a 30 minutos de Mexicali, fue clausurada ayer, después de que 19 empleados dieron positivo en la prueba del coronavirus, según informó el alcalde, Efraín Silva. Los jefes y empleados del establecimiento no tienen idea de cuántos clientes pudieron ser infectados. El Centro es una ciudad típicamente fronteriza, donde la población en su mayoría es de origen mexicano. La frontera está cerrada desde hace un mes y esta semana el canciller Marcelo Ebrard dijo que los gobiernos de ambos países habían acordado extender esa situación un mes más. Sólo está permitido el tránsito comercial y el de ciudadanos estadunidenses y mexicanos con green card. El hospital regional de El Centro ya no está aceptando más enfermos de Covid-19; los está remitiendo al de Brawley, una población vecina. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Opinión, p.12)
Como tantas decisiones del gobierno estadunidense, la de considerar como no esenciales los servicios de salud sexual y reproductiva ante la pandemia del Covid-19 coloca en grave riesgo a millones de mujeres en edad reproductiva. Tan sólo en México, del total de 62 millones de mujeres, 53 millones están en edad fértil.
El 18 de mayo, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Kelly Craft, reconociendo a su país como el mayor donante de asistencia humanitaria y de salud mundial, envió carta a António Guterres, secretario general del organismo, en la cual le pide que elimine las referencias a la salud sexual y reproductiva y sus derivados, y que elimine la provisión del aborto como componente esencial de las prioridades para responder a la pandemia de Covid-19. Agrega que el Plan Global de Respuesta Humanitaria de la ONU, y su llamamiento coordinado de 6.71 mil millones, debe permanecer enfocado en abordar las necesidades más urgentes y concretas que surgen de la pandemia. Por tanto, Naciones Unidas no debería usar esta crisis como una oportunidad para avanzar en el acceso al aborto como un servicio esencial. Bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, Estados Unidos ha dejado en claro que nunca nos cansaremos de defender a la vida inocente. (Gabriela Rodríguez*, La Jornada, Opinión, p.22)

Cartón (Llera, Excélsior, Nacional, p. 14)