Las acciones que toma Donald Trump contra la inmigración indocumentada, un día sí y otro también, se basan en opciones de fuerza e intolerancia sin tener en cuenta soluciones producto del consenso y del respeto a los derechos humanos.
Luego del rechazo de la comunidad internacional a las imágenes conocidas hace un año, de niños y niñas en un centro de detención en Texas llorando porque fueron separados de sus padres, el presidente estadounidense anunció ayer que su gobierno no cumplirá con el acuerdo judicial que limita a 20 días el tiempo que las familias con menores de edad pueden estar encarceladas en prisiones de migración. El plan es que niños y padres migrantes permanezcan recluidos mientras sus procesos judiciales de solicitud de asilo siguen su curso. (Editorial, El Universal, Opinión, p. A 14)
En los últimos días la administración Trump ha redoblado esfuerzos en su cruzada para limitar el flujo de inmigrantes que buscan llegar a Estados Unidos. No importa si los inmigrantes buscan ingresar legalmente o si son indocumentados, para Trump no hay mucha diferencia. El problema es la inmigración, y por eso su gobierno busca frenarla a cualquier costo.
Ayer el Secretario de Seguridad Interna, Kevin McAleenan, anunció que buscará modificar una medida que prohibía la detención prolongada de niños en centros de reclusión. La cancelación del llamado “Acuerdo Flores” que impide encarcelar a migrantes menores de edad por más de 20 días además de obligar al gobierno a brindarles atención humanitaria y acceso a servicios legales, permitirá implementar la detención indefinida de familias migrantes con niños hasta que terminen sus procesos en las cortes de inmigración. (Enrique Acevedo, Milenio, Al Frente, p. 3)
Tras el acto criminal de El Paso, Texas, las investigaciones están tomando su curso, a partir de la oportuna y resuelta participación de México, y se impone la necesidad de superar esa especie de silencio que sobrevino a la masacre para comenzar a pensar y decidir, con inteligencia y profundidad, cómo podemos enfrentar o trascender las ideologías extremistas del supremacismo blanco que sin duda van a continuar dirigiéndose contra nuestras comunidades de migrantes.
Esas ideologías tienen su soporte principal en Estados Unidos y en el mundo, hoy lo sabemos, en la Teoría del Reemplazo que, invocada por el criminal minutos antes de la masacre del día 3 de agosto, propone que las migraciones habrían de generar el desplazamiento o la sustitución de una cultura por otra. Ninguna cultura reemplaza o puede sustituir a otra. Dadas las nuevas realidades, todos estamos llamados a convivir pacíficamente en un mundo multicultural que supone la integración, el diálogo, el respeto y el reconocimiento mutuo permanente. (Enrique Márquez, Milenio, Política, p. 12)
Al odio se le combate con amor, sí. Su antónimo por definición. Pero también con diálogo e información. Se le enfrenta con voces dispuestas a expresarse sobre el futuro y la coyuntura que hoy lo construye. México, como nunca antes, necesita hablar sobre esto. El odio del que nuestros connacionales son blanco en Estados Unidos. Lo escribimos ayer. También el odio y discriminación que germinó, paradójicamente, en nuestro territorio ante las caravanas de migrantes. De igual forma debe, como prioridad principal, hablarse sobre la paz. No sólo reiterar su urgencia, también poner sobre la mesa todas las posibilidades para alcanzarla. Y lo mismo pesan expresiones desde un podio que desde el escenario de un concierto, una mesa de trabajo con jóvenes o una carrera deportiva en donde cada participante da lo mejor de sí. Voces todas que importan y aportan. (Yuriria Sierra, Excélsior, Pulso Nacional, p. 18)
Vuelvo a Canadá, específicamente a Toronto, la tierra de mi nieto y vuelvo a alegrarme por el hecho de que vive, sin duda, en una tierra de promesas… cumplidas. Ya les consta a mis lectores que soy un fan de Canadá. Cada vez que vengo descubro algo nuevo que me hace creer más en esta nación y en su futuro. Entre otras cosas, porque veo que, lo que para otros son problemas o calamidades, para los canadienses son oportunidades.
Creo que el mundo en que habitamos, con todo y sus claroscuros, no se explica sin el fenómeno de la migración. Desde el inicio de su existencia, los humanos han migrado en busca de mejores oportunidades, y las han encontrado, dando así lugar a nuevas culturas y nuevas naciones. Creo que no hay ninguna duda, mirando el tema sin prejuicios, de que siempre los migrantes acaban enriqueciendo la cultura del país al que llegan. (Óscar Espinoza Villarreal, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 1)
Con derroche de felicidad, López Obrador anunció que este año los mexicanos que trabajan en Estados Unidos romperán el récord de envío de dinero. Se espera que las llamadas remesas superen 35,000 millones de dólares, en un año en el que también se produjo la peor masacre contra mexicanos y la mayor redada de indocumentados en sus centros de trabajo.
Otro gobernante que se expresa con desparpajo sobre el tema, sin reparar en lo que hay detrás de cada dólar que envían los paisanos, sobre todo los que se encuentran bajo constante persecución de la llamada migra. De entrada, dejan de lado que se trata de paisanos que abandonaron sus comunidades por falta de oportunidades, pero sobre todo por el severo trato que infligen las autoridades migratorias en contra de trabajadores sin papeles, en especial de los mexicanos. (Juan María Naveja, El Economista, El Foro, p. 47)