EL PRÓXIMO DIRECTOR del Instituto Nacional de Migración (INM), Sergio Salomón Céspedes Peregrina, podrá contar con una muy cercana e influyente asesoría, formal o informal, de uno de los principales represores del país, quien entre otros cargos ejercidos con ostentosa mano dura fue titular durante el sexenio peñista de ese mismo instituto, el INM urgido de entregar exitosas cuentas al trumpismo a partir de enero.
CÉSPEDES PEREGRINA TIENE una demostrada valoración positiva de Ardelio Vargas Fosado, quien “fungió como jefe del estado Mayor de la entonces Policía Federal Preventiva en 2006, cuando se perpetró la represión en los operativos de desalojo en contra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y en San Salvador Atenco, en el Estado de México (contra el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra: agregado de Astillero).
También fue secretario de Seguridad Pública en los primeros meses de la gestión de Rafael Moreno Valle Rosas como gobernador de Puebla y luego titular del Instituto Nacional de Migración (INM) en el sexenio del priísta Enrique Peña Nieto” (nota de Yadira Llaven en La Jornada de Oriente: https://goo.su/cboZ2).
ELLO NO OBSTÓ para que el 21 de junio de 2023 el gobernador Céspedes lo nombrara subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación (lo que en otras entidades se denomina secretaría de gobierno) del estado de Puebla. Quince días atrás, indígenas del municipio de Pantepec intentaron hablar con Céspedes en la ciudad de Puebla, durante un “Martes Ciudadano”, para “solicitar apoyo de las autoridades estatales debido a que denuncian desplazamiento forzado, despojo de sus tierras (100 hectáreas), represión y hostigamiento (que dejen sus tierras y hasta en algunos casos han quemado casas, unas 140 viviendas dañadas) por parte de gente cercana a Ardelio Vargas Fosado, el ex secretario de seguridad estatal. Incluso, temen por su vida”.
Pero el gobernador no los escuchó: vallas, pa trullas y policías impidieron a los denunciantes acercarse (nota de Alba Espejel: https://goo.su/ QtgFDz).
NO DURÓ ARDELIO Vargas ni un mes en el puesto. El 3 de julio del año pasado renunció, luego de que el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador señaló en la mañanera que su gobierno había informado a Céspedes de los “antecedentes” del subsecretario poblano de gobierno. Dijo el Presidente que “en los gobiernos de la 4T no se desea ninguna relación con personas que hayan tenido vínculos con Genaro García Luna, ‘porque en ese entonces, para decirlo claro y rápido, breve, padecimos de un narcoestado que hizo mucho daño al país” (https://goo.su/0KLQJ).
PERO CÉSPEDES ELOGIÓ al dimitente: “un poblano comprometido con su entorno y con su tiempo, un hombre institucional que, si bien nunca ha sido sentenciado por infracción o delito alguno, hoy, ante la información vertida en distintos medios y que es de dominio público, hace patente su convicción de abonar en la vida pública de Puebla separándose del cargo”.
EN REALIDAD, EL compromiso de Vargas “con su entorno” es en términos de un férreo cacicazgo. Incluso su hija, Guadalupe Vargas Vargas, fue presidenta municipal del terruño, Xicotepec. Y, este año, renunció al PRI y se incorporó a la 4T por la vía del Verde Ecologista, en alianza con Morena y el PT como candidata (luego triunfante) a diputada local (https://goo.su/I4MFI).
TALES SON LOS puntos de referencia para el próximo titular de Migración federal, que no tiene ninguna experiencia en el ramo.
Céspedes fue diputado local por el PRI, presidente municipal por MC, PAN, PRD y un partido local. En 2021 brincó a la 4T para ser diputado local y, a la muerte de Miguel Barbosa, fue vertiginosamente designado como sustituto (tema que ayer denunció con despecho político la viuda de Barbosa, ahora diputada federal por Morena). Hoy, Céspedes rinde su último Informe de gobierno. El 14 de diciembre tomará posesión del INM. iHasta el próximo lunes! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
Ahora resulta que como se detectó presunta corrupción en el Inai van a acabar con su autonomía.
“La desaparición del Inai como organismo autónomo lo que hace es acabar con esto (la corrupción)”, dijo ayer la Presidenta.
Entonces cuando detecten casos de corrupción en la Cámara de Diputados –no hay que indagar demasiado–, ¿la van a cerrar y pasará a ser un órgano dependiente del Ejecutivo?
Y qué tal los atracos en el IMSS y en el ISSSTE, ¿los van a clausurar?
Qué decir de los desvíos en el sector central, o sea en el Ejecutivo, también detectados por la Auditoría Superior de la Federación. ¿Cuándo cierran el gobierno para acabar con la corrupción?
El argumento para desaparecer el Inai es un pretexto para ocultar información a los ciudadanos debido a la enorme turbiedad del gobierno anterior, a cuyos responsables protege esta administración.
En lugar de maromas para tapar la corrupción en el gobierno de AMLO, la Presidenta tendría que explicar qué pasó con la economía, pues los recortes al presupuesto 2025 no corresponden a una situación de normalidad.
Ninguna explicación ha habido del recorte de 34 por ciento del presupuesto a la Secretaría de Salud.
¿Por qué? ¿Cuál es la razón?
Díganlo, porque eso de que ya tenemos un sistema de salud mejor que el de Dinamarca es una mentira y una burla.
Expliquen la razón del recorte de 67.4 por ciento al presupuesto para vacunación.
¿Por qué bajaron de 14 mil 31 millones de pesos este año a tan sólo 4 mil 571 millones de pesos en 2025?
¿Ya no se necesita? ¿Nuestros niños son inmunes a la poliomielitis, tuberculosis, difteria, hepatitis, sarampión, rubéola, influenza…?
No vengan con que no hay dinero para lo básico. ¿Qué pasó?
A Medio Ambiente se le quita 39.4 por ciento del presupuesto. ¿Por qué? ¿Con qué motivo?
Bajarle 40 por ciento de los recursos a una secretaría tan importante como Medio Ambiente debe tener una motivación poderosa. ¿Cuál es?
Algo grave sucedió, porque los recortes de ese tamaño en áreas sensibles no son normales.
¿Hubo un crack mundial?
¿Nos cerraron las fronteras a las exportaciones?
¿Una nueva pandemia?
No. No ocurrió nada de lo anterior. Entonces, ¿qué pasó, pues?
El presupuesto le da a Pemex 465 mil millones de pesos para el próximo año. ¿Por qué? ¿No es al revés?
La empresa petrolera, como todas las del mundo, tendría que ganar dinero y aportar recursos para solventar inversiones en lo que un gobierno sensato debería gastar: educación, salud y seguridad pública.
Y ocurre lo contrario. Se le quita a salud y a educación para darle a una empresa petrolera que pierde dinero.
La seguridad pública es zona de desastre, con miles de asesinatos en el arranque del sexenio, y cobro de derecho de piso rampante a grandes, pequeños y medianos negocios para poder trabajar.
¿Por qué hay que invertir otros 40 mil 800 millones de pesos en el Tren Maya?
Que nos digan la razón por la cual hay que quitar dinero a la salud y a la educación de los mexicanos, y darle a un tren que ya está inaugurado, es del gobierno y tendría que dejarle recursos al fisco y no quitárselos.
Ayer la Presidenta dio a conocer el Plan Hídrico, ciertamente estratégico porque es para tener agua. El gobierno va a destinar a esa prioridad 20 mil millones de pesos.
¿Por qué se invierte menos en agua que en el tren al AIFA, que supuestamente también ya estaba inaugurado? Veinticinco mil millones de pesos gastaremos en el tren el próximo año.
El 20 de enero toma posesión Donald Trump como presidente de Estados Unidos y prepara deportaciones masivas, con la Guardia y el Ejército de su país, así como campos de detención en el desierto para los migrantes detenidos y separación física de padres e hijos menores de edad.
Ante esa urgencia humanitaria cualquier gobierno fortalecería los consulados para proteger a los mexicanos en EU, aumentaría el presupuesto al Instituto Nacional de Migración y a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).
Resulta que no. Hay recortes.
Ni siquiera se mantiene el presupuesto de este año, sino que rebajan a miserables 524 millones de pesos los destinados a proteger y asistir a los mexicanos en el exterior (el último año de Peña Nieto el presupuesto a ese rubro fue de 836.4 millones).
“Gracias por las remesas, paisanos”. Suena a broma cruel.
El presupuesto del próximo año carece de sentido común.
Migración, que recibirá a los extranjeros deportados de Estados Unidos, tiene un recorte de 7 por ciento a su presupuesto.
¿Por? ¿Cuál es la lógica?
La Comar, que atenderá la migración indocumentada en la frontera sur, recibirá 11 por ciento menos de presupuesto.
¿Por qué? ¿Van a llegar menos migrantes ilegales desde Centroamérica y el Caribe?
Ya díganlo, ¿qué pasó con la economía?
Se necesitan explicaciones, admitir errores y corregirlos.
Lo que tenemos son pretextos, insultos y perseverancia en los errores. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 42)
Donald Trump regresa a la presidencia con más fuerza que nunca, respaldado por un gabinete de ideología radical y antinmigrante. Llega con mayor experiencia en el gobierno y sin nada que perder, pues dada su avanzada edad, es probable que este sea el último cargo que ocupe. Sus principales promesas radican en revertir lo que él y su equipo han ha denominado una “invasión migrante” y frenar a grupos criminales mexicanos a quienes responsabiliza de la crisis de fentanilo en su país.
Conociendo el perfil del personaje y considerando las amenazas sobre lo que podría hacer desde el primer día de su mandato, México debe anticiparse y prepararse para diversos escenarios. Esto requiere contar con un equipo integral y especializado en migración, seguridad y economía, ya que las amenazas de Trump suelen presentarse en conjunto, intercambiando temas comerciales por cuestiones migratorias o de seguridad.
Aunque la relación entre ambos países es asimétrica debido al poder económico y político de Estados Unidos, existe un alto grado de interdependencia que le brinda a México la posibilidad de negociar, poniendo sobre la mesa los aspectos en los que más nos necesitan, a cambio de un trato más justo y digno.
Con una frontera de más de 3,000 kilómetros, México se consolidó en 2023 como el principal socio comercial de Estados Unidos, alcanzando un comercio bilateral de bienes de 807 mil millones de dólares, superando incluso a China.
Asimismo, la comunidad mexicana en Estados Unidos juega un papel fundamental en la recaudación fiscal. Según la Secretaría de Relaciones Exteriores, los mexicanos aportan 324,000 millones de dólares al erario estadounidense. Además, cada mexicano contribuye, en promedio, con $1.38 en impuestos por cada dólar que el gobierno gasta en servicios sociales, en comparación con los $0.69 que los estadounidenses aportan.
Al mismo tiempo, México no debe dejar todo el peso de la relación bilateral en el diálogo federal. Es necesario implementar estrategias multisectoriales que impulsen el intercambio educativo y académico, fortalezcan las alianzas entre cámaras empresariales y gobiernos estatales, especialmente en la frontera norte, donde se comparten intereses. Además, es clave mejorar la comunicación entre legisladores de ambos países e involucrar a actores estratégicos como las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación. Estas alianzas deben resaltar lo positivo de la relación bilateral, sus fortalezas y los intereses comunes, promoviendo el trabajo conjunto.
Donald Trump logró conectar con los temores de los estadounidenses mediante una campaña de comunicación eficaz que moldeó la percepción de gran parte de la población, convencida de la existencia de una “invasión migrante”. Lamentablemente, el mensaje racista y xenófobo del presidente electo y su gabinete ha generado una imagen negativa de la población migrante, lo que podría incitar episodios de violencia en su contra. Este discurso, que ha calado profundamente en la sociedad estadounidense, debe ser contrarrestado con una estrategia de comunicación sólida y dinámica, de 360 grados, a través de múltiples medios y plataformas. Es esencial difundir mensajes claros que resalten el valor de la comunidad migrante, la cultura binacional y su contribución al desarrollo y crecimiento de nuestro vecino del norte.
Será necesario enfrentar las medidas directas del mandatario estadounidense, fortaleciendo los recursos y capacidad de protección en los 50 consulados de México en EU. Esto implicará compartir información sobre sus derechos y brindar asesoría legal a nuestros compatriotas, a través de alianzas con bufetes de abogados, redes jurídicas y organizaciones defensoras de derechos civiles en ese país.
Estados Unidos y México comparten una historia dinámica de vínculos económicos, sociales y culturales en una relación en la que se entretejen multiplicidad de dimensiones que hoy más que nunca se deben visibilizar y fortalecer. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A9)
Donald Trump, proclive al espectáculo, ha hecho cuatro anuncios sobre migración, todos, desde luego, sonoros y vistosos: llevará a cabo el programa de deportación masiva “más grande de la historia”, y lo hará “desde el primer minuto”, para lo cual decretará “emergencia nacional” y utilizará al ejército.
Esta declaración de intenciones corresponde a su personalidad: en su visión de sí mismo, todo cuanto hace es “histórico”; recurre a la “emergencia nacional” para subrayar la gravedad de la amenaza, y de paso quitarse de encima pasos burocráticos y frenos legales, en tanto que incluye al ejército para invocar el poder militar y provocar la asociación mental que de ello se deriva.
Como siempre, su primera arremetida es verbal para generar sentimientos de preocupación, miedo y alarma en los migrantes. Con eso ya asestó un golpe al enemigo.
En su primera presidencia, también anunció el programa de deportación más grande de la historia, y deportó a 936 mil, menos de la tercera parte de lo previsto.
En aquella campaña dijo que construiría el muro que faltaba (unos dos mil kilómetros), pero luego afirmó que solo mil, porque del resto “se encargaba la naturaleza”. Al final solo construyó 727 kilómetros, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, pero esta misma fuente precisa que la mayoría fueron sustituciones o reparaciones de tramos ya existentes, así es que en realidad sólo aumentó la extensión del muro en 129 kilómetros, es decir, que terminó construyendo 12 por ciento de lo prometido. Y México no lo pagó.
Si Donald Trump cumpliera todo lo que ha dicho recientemente en materia de migración, sus acciones representarían un gran desafío para nuestro país, aunque también podrían ser contraproducentes para la Unión Americana.
Entre otras cosas ha hablado de llevar a cabo “un millón de deportaciones” por año, cuatro millones en total, lo que puede ser inviable e incluso inconveniente para Estados Unidos.
En el supuesto de que esta vez, más decidido y experimentado, lograra alcanzar su meta en el primer año, la carencia repentina de tal fuerza de trabajo significaría un duro golpe para la economía estadounidense, y es posible que su continuidad ya no fuera sostenible para el segundo.
Hay que tener presente, sin embargo, que para Trump los migrantes, más que un factor económico, son una oportunidad para mostrarse intrépido y patriota. Para favorecer esta percepción, los describe como una irrupción de criminales y perturbados que quieren acabar con Estados Unidos. Por eso combatir la inmigración retóricamente, y a veces en los hechos, le ha significado grandes dividendos, pues le permite presentarse como el salvador de su país, lo que podría reducirse a una estrategia de popularidad, si no fuera porque puede llevarlo a obstinarse en el cumplimiento de su promesa, más allá de sus consecuencias.
Al margen de la magnitud de las acciones de deportación, México deberá realizar un eficaz esfuerzo humanitario y administrativo para recibir a personas y familias deportadas y ayudarlas a su reinserción social, lo que se complicaría, y abriría otro frente de ayuda, si Estados Unidos pretendiera enviar para acá también a migrantes de otras naciones.
Finalmente, para Trump la migración <es, asimismo, herramienta de presión o de negociación, por lo que suele mezclarla con la seguridad, el narcotráfico o la relación comercial, según convenga, en cuyo caso la retórica del aumento en el control de la frontera y de las deportaciones le serviría más como amenaza que como acción consumada.
Otras supuestas acciones en contra de migrantes mencionadas en la campaña trumpista parecen desproporcionadas e inviables, y dan una idea de la medida de sus obsesiones: deportación de niños de padres indocumentados nacidos en Estados Unidos; despojo de la ciudadanía a estadounidenses migrantes, y cancelación del derecho de ciudadanía por nacimiento, protegido por la 14ª Enmienda de la Constitución.
Como en otros ámbitos, la segunda presidencia de Donald Trump en materia migratoria se prevé compleja y riesgosa, por lo que México debe estar preparado para resolverla. No será fácil, pero hay en el país experiencia diplomática y técnica para lograrlo. (Mauricio Farah, El Universal, Opinión, p. A15)
La promesa de Donald Trump de implementar una política de deportaciones masivas, respaldada por la declaración de una emergencia nacional, anticipa una intensificación de la presión migratoria sobre México. El uso de recursos del Pentágono para expandir espacios de detención y fortalecer el control en la frontera representa un desafío logístico y humanitario para las autoridades mexicanas. Especialmente considerando que nuestro país ya enfrenta una crisis migratoria derivada de la movilidad de personas de Centro y Sudamérica, hacia el norte.
Las deportaciones récord anunciadas, que incluyen a inmigrantes con antecedentes penales y sospechosos de pertenecer a pandillas, bajo la Ley de Enemigos Extranjeros, generan incertidumbre sobre la estabilidad social en las comunidades receptoras en México. Las ciudades fronterizas mexicanas, como Tijuana, Ciudad Juárez y Reynosa, podrían convertirse en focos de tensión social debido a la acumulación de personas deportadas sin redes de apoyo, ni recursos para reintegrarse de manera efectiva.
El nombramiento de figuras como Stephen Miller y Tom Homan en cargos clave del gobierno estadounidense denota una postura inflexible en materia migratoria. Además, el endurecimiento de las políticas migratorias no solo impactará a los migrantes centroamericanos en tránsito, sino también a más de cinco millones de mexicanos sin documentos en Estados Unidos, quienes podrían enfrentar un retorno abrupto y forzoso a un país que no necesariamente está preparado para absorberlos.
La relación económica entre ambos países también está en el punto de mira de las medidas propuestas por Trump. Si bien, México ha enfatizado los beneficios del tratado comercial de Norteamérica (T-MEC), la retórica del presidente estadounidense apunta a posibles renegociaciones que podrían amenazar el flujo comercial. Las remesas, que alcanzaron los 63 mil 300 millones de dólares en 2023, representan un salvavidas para millones de familias mexicanas. Sin embargo, la política de deportaciones masivas podría reducir significativamente este ingreso, impactando de manera directa 4 por ciento del PIB nacional.
La posible reactivación de los esfuerzos para construir el muro fronterizo, financiado mediante recursos redirigidos del Pentágono, podría exacerbar las tensiones comerciales. Un muro más restrictivo, no sólo limita la movilidad de personas, sino que también incrementa los costos logísticos del comercio transfronterizo, afectando cadenas de suministro críticas para ambas economías.
El reto para México radica en reconocer estas tendencias y anticipar escenarios. El regreso de Trump marca el inicio de un periodo tenso, pero también una oportunidad para que México reafirme su posición como un socio clave, tanto en lo económico como en lo político, mientras defiende los derechos y la dignidad de sus ciudadanos, en ambos lados de la frontera. (Gabriel Torres, El Heraldo de México, Editorial Heraldo, p. 18)
Es un buen signo que la presidenta Claudia Sheinbaum haya hablado con Donald Trump a los dos días de haber resultado ganador. Ser de los primeros líderes del mundo en hablar con el presidente electo es un privilegio que sólo se concede a los países más importantes. Para bien y para mal, México es una prioridad para el nuevo presidente.
El reporte oficial es que la conversación fue buena y que no hay mucho de qué preocuparnos. En esto difiero completamente.
México necesita prepararse para el escenario más sombrío que representa el regreso de Trump a la Casa Blanca, o como se ha dado en llamar, Trump 2.0.
No podemos predecir con exactitud el daño que infligirá a nuestro país. Los optimistas señalan que será una tormenta tropical. Los pesimistas, entre los que me encuentro, sostenemos que será un huracán de magnitud 5.
Ante la duda y serias amenazas, la diplomacia de Sheinbaum debe prepararse para el peor escenario.
Trump 2.0 es más popular, más poderoso y su afán de venganza contra sus enemigos internos y externos parece no tener límites.
Tiene a los tres poderes alineados –Ejecutivo, Legislativo y Judicial–. El constituyente estadounidense, los llamados Padres Fundadores, se revolcarían en su tumba de observar que el presidente número 47 no tiene pesos y contrapesos.
La evidencia es abrumadora. Hay preparativos apresurados para cumplir las amenazas relacionadas con México. El equipo para deportar es extraordinario. Lo encabeza Stephen Miller, el genio antimigración de Trump, como número dos de la Oficina de la Casa Blanca, y cierra la pinza Tom Homan, un héroe de la deportación, como zar de la frontera.
En el tema seguridad-drogas-fentanilo, Mike Waltz, quien será el consejero de Seguridad Nacional, fue el legislador republicano de la Florida que empujó con más ahínco nombrar a los cárteles mexicanos organizaciones terroristas. Se sabe que el equipo de transición prepara una orden ejecutiva para que el próximo 20 de enero, primer día de Trump 2.0, se firme una orden ejecutiva que designará terroristas a los cárteles mexicanos. Sobra decir que el camino para una intervención unilateral estará pavimentado.
Trump 2.0 tiene poderes de tirano. Está listo y tiene prisa para cumplir su insistente amenaza: ser dictador las primeras 24 horas para poner orden en la frontera con México.
¿Qué podemos y debemos hacer?
Priorizar, adelantar y descentralizar.
El esfuerzo de contención a Trump 2.0 debe ser la prioridad del gobierno de Sheinbaum. Va más allá de la Cancillería. Es un tema de Estado y de todos los mexicanos. Se requiere crear ya el equipo México para la revisión del T-MEC. Se hizo con efectividad en dos ocasiones. Durante la negociación del TLCAN (1992-1993) y la del T-MEC (2017-2018). El llamado cuarto de al lado, conformado únicamente por el sector empresarial, debe sumar hoy a la sociedad civil y academia, pues en esta ocasión las amenazas vienen por todos lados y son cruzadas, es decir, se aprovechará la migración para apretar el comercio.
Adelantémonos a las exigencias de Trump. No son tiempos para caravanas ni para que crezcan los flujos migratorios bajo el pretexto de que “ahí viene el lobo-Trump”. En 2024 se lograron bajar los flujos llegando a la frontera con Estados Unidos en más de un 60 por ciento en relación con los dos años anteriores. Se requiere apretar y demostrarle a la nueva administración que les estamos haciendo el trabajo.
Tolerancia cero con los productores del fentanilo. Esta especie de heroína sintética ha causado estragos en la sociedad del vecino país del norte. Urge un esfuerzo excepcional para evitar que lleguen los precursores de China y se castigue con extraordinaria dureza a los cárteles que trafiquen con esta droga.
Descentralicemos. El vecino país es una república federal en que los gobiernos estatales tienen mucha latitud en temas como migración y comercio. California y Texas, estados fronterizos, representan cerca de 50 por ciento del comercio bilateral y concentran también cerca de la mitad de nuestra diáspora.
Se requiere aprovechar la política progresista de California impulsada por los legisladores de origen mexicano en Sacramento. Aquí, hasta los migrantes sin documentos son bienvenidos y todos tenemos derecho a la salud. El gobernador de Texas, Greg Abbott, es un cazamigrantes, pero tiene mucha claridad e interés en fomentar las relaciones económicas y comerciales con nuestro país. Veintiuno de los 53 consulados de México en Estados Unidos están en esos dos estados. Ya contamos con el instrumento para forjar una relación estratégica.
A Trump 2.0 hay que enfrentarlo, no jugar al pavorreal. Los esfuerzos deben ser estratégicos y discretos. No desafiarlo. Adelantarlo. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, Mundo, p. 35)
La presidenta Claudia Sheinbaum adelantó que tiene un plan listo para recibir a los migrantes mexicanos que regresen al país en caso de que se concreten las deportaciones masivas con las que amaga Donald Trump.
Faltan dos meses para que Trump vuelva a la Casa Blanca, de modo que no hay tiempo que perder para hacer frente a todos los escenarios posibles. Gente del entorno del candidato ganador de la elección presidencial de Estados Unidos ha dicho que las deportaciones comenzarán el día uno de la nueva administración, que será su carta de presentación.
Claro que el magnate puede estar blofeando y solo esté manteniendo entretenidos a sus seguidores, pero apostar a esa opción sería muy riesgoso. Trump ya subió mucho los decibeles de su discurso contra los migrantes, de modo que ya no puede echarse para atrás. ´
Más nos vale a todos que el plan gubernamental sea efectivo. (Redacción, La Crónica, La Dos, p. 2)

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)