Al amenazar a México con aranceles de 25%, Trump no se dio cuenta de con quién se estaba metiendo: con el sector importador de su propio país. En cuanto el sector se hizo presente con una carta pública, Trump dio marcha atrás, sin reconocerlo. Siguió el consejo del senador George Aiken para la guerra de Viet Nam: Si te empantanas en una guerra que no vas a ganar, declara que ganaste y sal.
En su primera campaña presidencial (2016), Trump ofreció repetidamente construir un muro fronterizo, sin costo para los Estados Unidos: lo pagaría México. Ganó, presionó a México, que, naturalmente, rechazó la descabellada pretensión y ¿qué pasó? Nada.
Buscó entonces que el Congreso asignara 5.7 mil millones de dólares en el presupuesto federal para la construcción del muro. El Congreso se negó. Trump lo amenazó con no firmar el presupuesto si no incluía esos fondos. (El Congreso formula el presupuesto, pero la firma del presidente lo convierte en ley). El Congreso rechazó la extorsión, que implicaba dejar sin fondos autorizados una multitud de actividades del gobierno. El 22 de diciembre de 2018 empezó el caos que provocó la suspensión de pagos al personal, proveedores, acreedores, etc. El Congreso hizo un escándalo, pero aguantó. A los 35 días, Trump se rindió. Firmó el presupuesto sin la asignación que exigía.
Hay otro error de Trump, poco conocido, pero narrado en una página de la Wikipedia en inglés: Trump Ocean Resort Baja Mexico. Gran parte de la fortuna de Trump la hizo con negocios inmobiliarios. En 2006 anunció la construcción de un proyecto hotelero de lujo (tres torres de 25 pisos) en condominios frente al Pacífico, en Punta Bandera de Las Playas de Tijuana, cuando no tenía más que una maqueta y un video. Ni siquiera el permiso de construcción. Iba a ser un negocio de saliva redondo. Pero no tuvo suficientes compradores, y acabó demandado y pagando millones de dólares.
La vieja amenaza de deportar a millones de migrantes indocumentados no se ha suspendido, pero tampoco se ha empezado a cumplir. El 28 de enero de 2025, según la secretaria de Gobernación, del lado mexicano ya se habían habilitado en la frontera centros de atención para recibir a los deportados, pero estaban vacíos.
Sería un error suponer que Trump no da una. Es un artista del bluf que ha tenido muchos éxitos y acumulado una fortuna de 5 mil 500 millones de dólares. Pero el bluf no siempre hace milagros.
The art of the deal de Donald Trump no es un manual de cómo negociar, sino un despliegue narcisista de sus éxitos (reales o supuestos). No habla de sus fracasos ni trata de justificarlos, porque supuestamente no los comete.
En su libro, hay detalles reveladores. “No quiero que la gente sepa exactamente lo que hago y pienso”. “Me gusta ser impredecible”. “A veces sale bien ser un tanto salvaje”. “Apunto muy alto. Me mantengo presionando, presionando y presionando para conseguirlo. A veces acepto menos de lo que quería. Pero, en general, me salgo con la mía”.
Le gusta jugar al “por si pega” y llevarlo al extremo de la brinkmanship: aquella lamentable táctica de la Guerra Fría de amenazar hasta el límite, pero sin cruzarlo. En 1962, cuando Kennedy y Jrushchov se amenazaron con la destrucción nuclear, Jrushchov envió misiles a Cuba, Kennedy respondió con un cerco naval a la isla, antes de que llegaran, y afortunadamente Jrushchov retrocedió.
Las circunstancias actuales son alarmantes. El espectáculo que dieron Ricardo Monreal y Adán Augusto López, los dos coordinadores morenistas de las cámaras legislativas, fue inusitado. Hacía temer el peor escenario político: una presidenta que no puede controlar ni su propio partido, en medio de una lucha de todos contra todos.
Que Trump retrocediera en su amenaza del 25% no fue precisamente una victoria de la presidenta de México, pero resultó una legitimación personal. Y qué bueno que así sea. Ella, que le debe todo a su mentor, no le debe esto. La legitimación es suya, no de él, y abren la oportunidad de que se vaya independizando de él. De él y de la sombra de sospecha que surgió con la liberación del narco Ovidio Guzmán. (Gabriel Zaid, Reforma, Opinión, p.8)
HECHOS.- Conozco muchos casos de migrantes, incluso de mi propia familia. Desde hace años, de mi pueblo varios salieron hacia otras partes del país y a los Estados Unidos, buscando mejores oportunidades de vida. Con su trabajo y sacrificio, han construido buenas casas y los suyos gozan de una situación más favorable. En las fiestas familiares y del pueblo, regresan y disfrutan su ambiente nativo; también comparten nuestros momentos dolorosos.
Algunos ya adquirieron la nacionalidad norteamericana; otros, la residencia legal; sin embargo, estos últimos, por la política antiinmigrante del nuevo gobierno allá, no están seguros y temen ser deportados por cualquier motivo. En peor peligro, están muchísimos indocumentados. No se toma en cuenta que ese país se fue formando con migrantes, y que la mayoría de los actuales que les llegan sostienen buena parte de su economía, realizando trabajos que los de allá no quieren hacer.
Muchísimos migrantes de Centro y Sudamérica, así como de otros países, que anhelaban llegar a los Estados Unidos, al no poder lograr su sueño, se han quedado entre nosotros y quizá permanezcan aquí un buen tiempo, o para siempre. Por parte de nuestro gobierno, ha habido una política de no represión sistemática, sino de ofrecerles servicios consulares y oportunidades de trabajo, aunque las caravanas numerosas que llegaron nos han rebasado a todos. Las organizaciones cristianas y otras de la sociedad civil están haciendo mucho por atenderles humanitariamente, pero también estamos rebasados. Además, la amenaza de Donald Trump de que, si nos los retenemos o rechazamos, aumentará sus aranceles económicos, complica más la situación que debe enfrentar nuestro gobierno.
Estando en Chiapas, por donde siempre han pasado cientos y miles de migrantes, procuramos apoyarles no sólo con alimentos, agua y otros apoyos, sino construyendo albergues donde pudieran protegerse, reponer sus energías y buscar mecanismos legales para su protección, incluso para lograr el status de refugiados. En algunos casos, como permanecían por tiempo indefinido, se les ofreció capacitación laboral, para que pudieran conseguir un empleo al menos temporal. Esta atención se ha tenido con ellos desde hace muchos años y se continúa, a pesar de que nuestros recursos son limitados. Lo mismo se está haciendo en todas las diócesis del país.
ILUMINACIÓN
Ante las deportaciones masivas que está impulsando el nuevo gobierno de Estados Unidos, el Papa Francisco escribió a los obispos de allá, y les dice:
“La conciencia rectamente formada no puede dejar de realizar un juicio crítico y expresar su desacuerdo con cualquier medida que identifique, de manera tácita o explícita, la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad. Al mismo tiempo, se debe reconocer el derecho de una nación a defenderse y mantener a sus comunidades a salvo de aquellos que han cometido crímenes violentos o graves mientras están en el país o antes de llegar. Dicho esto, el acto de deportar personas que en muchos casos han dejado su propia tierra por motivos de pobreza extrema, de inseguridad, de explotación, de persecución, lastima la dignidad de muchos hombres y mujeres, y los coloca en un estado de especial vulnerabilidad”.
ACCIONES
Si entre nosotros hay algún migrante necesitado, hagamos por él cuanto quisiéramos que hicieran por nosotros, si estuviéramos en su situación. Es el mandato de Jesús y atenderles de corazón es condición para entrar al cielo. (Felipe Arizmendi, El Sol de México, Análisis, p. 15)
Empieza la negociación
Inician este lunes los trabajos acordados por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el titular de Comercio de EU, Howard Lutnick, con miras a evitar que el presidente Donald Trump imponga aranceles a México, el próximo el 4 de marzo. Nos comentan que se pondrán sobre la mesa asuntos de seguridad, migración y las importaciones chinas. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p.2)
La resistencia de México frente a cambios radicales en la relación con EU está en un punto delicado entre ceder a todo u contener sus designios sin sucumbir en el intento. Como se dice en el argot político, lo que resiste apoya, pero lo difícil de esta coyuntura es cómo hacerlo sin contrapesos a sus agresivas políticas intervencionistas.
Esta semana será decisiva para conocer el peso de la integración económica bilateral frente al paso de la rara corriente disruptiva neoproteccionista y expansionista de Donald Trump. En Washington iniciarán los trabajos para negociar la amenaza comercial contra México, a contra reloj de la pausa arancelaria hasta el 4 de febrero que Claudia Sheinbaum consiguió tras una llamada con él. La bienvenida a Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch en las reuniones de alto nivel es una agenda que traslapa comercio, combate a los carteles como terrorista y migración, y ahora tensión por el reclamo de repatriación de Ismael El Mayo Zambada.
La tregua comercial valió reconocimiento internacional a Sheinbaum por su valor y astucia, pero necesitará más que eso. ¿Cuáles fortalezas y debilidades? La mayor ventaja de EU es que puede soportar mejor el muro arancelario que impone al mundo, aunque se dé un “balazo en el pie” por su efecto inflacionario y menguar la actividad económica. Pero no parece importarle demasiado cuando sus exportaciones representan menos de 10% del PIB y cree que su obsesión con el déficit comercial se cura con proteccionismo y aislamiento.
El impacto negativo del muro es mucho peor para una economía dependiente de 80% de sus exportaciones a EU y al borde de la recesión como la mexicana. Los aranceles son graves para el precario crecimiento de por sí recortado a sólo 0.6% para 2025, el peor momento para librar una “guerra” comercial y de gran debilidad para la posición negociadora de Sheinbaum. ¿Cuánto poder tiene para enfrentar a Trump o cuan frágil para tener que aceptar todas sus exigencias?
La Presidenta, igual que Trump, tiene un fuerte mandato de las urnas, el control del Congreso y la mayoría de las gubernaturas, pero sin contrapesos para frenarlo. Es así como no ha podido resistirse a la exigencia de blindar la frontera con 10 mil militares, a restaurar Quédate en México, a sobrevuelos del Pentágono y drones dentro del territorio para vigilar cárteles ni detenido su clasificación de terroristas o conjurado los aranceles, incluso trasluce que eso podría haber sido parte de los acuerdos para pausarlos.
La debilidad también le abre flancos a la crítica de las reformas de la 4T como causa de la fragilidad del país. Aunque los ataques de Trump no se han dirigido a la reforma judicial, eliminación de órganos autónomos o el sector energético, sino a apuntalar una narrativa sobre el control territorial de los cárteles para justificar la retórica de “abrirles la puerta del infierno”. Pero si así fuera, ¿por qué la necesidad de debilitarla con filtraciones al NYT y CNN sobre su autorización de los sobrevuelos para ablandar la negociación?
Su respuesta es acendrar el discurso nacionalista y sustituir importaciones con lo “Hecho en México” para consumo interno, reforzar la soberanía con reformas y penas máximas a agentes extranjeros que la violen. Las ordenes injerencistas de Trump son el mayor peligro, al menos simbólicamente, por refugiarse en la imagen de proteger a los cárteles, aunque lo cierto es que la presencia de las agencias estadunidenses alcanzó su esplendor con Calderón. Pero nada ha sido suficiente para evitar que la incertidumbre paralice inversiones por 60 mil millones de pesos y dejar a la deriva el Plan México como principal estrategia para afrontar los riesgos del proteccionismo y la declinación del nearshoring.
Nadie sabe bien qué va a pasar por el carácter mercuriano y volátil de Trump. ¿Puede hacer algo Sheinbaum contra aranceles?, Trump dice que nada. Pero detrás del lenguaje del miedo y zozobra, el respiro de tarifa general de 25% podría extenderse hasta abril o aplicarse a una lista selectiva de productos, y hasta entroncar con una renegociación anticipada del T-MEC. Dependerá del informe sobre la balanza comercial que prepara su gobierno y del cálculo político hacia las elecciones intermedias del próximo año en EU, que son prioridad para Trump y su “revolución” conservadora. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 10)
Alemania va hoy a las urnas en unas elecciones que prometen ser las más trascendentales en su historia reciente.
Tras décadas de estabilidad económica, Berlín observa cómo se desmoronan los tres pilares que sustentaban su prosperidad: el gas natural barato proveniente de Rusia, la fuerte demanda de productos alemanes por parte de China y el respaldo a su seguridad por parte de Estados Unidos.
La caída de estos factores, sumada a los desafíos energéticos y migratorios, ponen al país europeo en un momento decisivo para su futuro.
Estas elecciones legislativas anticipadas fueron convocadas tras el colapso de la coalición de Gobierno tripartita liderada por el Canciller Olaf Scholz.
La gota que derramó el vaso fue el desacuerdo entre los tres partidos sobre el presupuesto.
Sin embargo, de fondo lo que hay es una profunda división sobre cómo reinventar la economía alemana en un contexto global que ha cambiado drásticamente.
Las encuestas sugieren que la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido de Angela Merkel, actualmente bajo la dirección de Friedrich Merz, podría ser la gran beneficiada de estos comicios.
En buena medida porque la población considera que podría gestionar mejor la economía, la CDU, junto con su aliado bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU), lidera las intenciones de voto con alrededor del 30 por ciento.
Pero no solo la economía es un tema relevante en esta elección. La migración ha ganado un lugar central entre el electorado, especialmente después de la crisis de refugiados de 2015.
Alemania abrió sus puertas en los últimos 15 años a 2 millones de migrantes procedentes de países como Siria, Afganistán, Irak, Turquía y Ucrania.
La percepción de la población es que el Gobierno ha perdido el control sobre esta situación, lo que ha llevado a todos los partidos a adoptar posturas más duras en temas migratorios y de control fronterizo, a la vez que ha alimentado el crecimiento de la extrema derecha, representada por el partido Alternativa para Alemania (AfD).
Este partido, fundado hace poco más de una década, tiene una retórica nativista y antiinmigrante cuyo núcleo discursivo son las “tres i”, inmigración, inseguridad e identidad. La AfD utiliza tácticas que evocan simbología nazi.
Un ejemplo notorio es el uso del polémico eslogan “Alles für Deutschland” (Todo por Alemania), que fue empleado por la Sturmabteilung (SA), una organización paramilitar del Partido Nazi.
Luego de la prohibición de su uso por parte de las autoridades alemanas, debido a esa connotación, la AfD adoptó el eslogan “Alice für Deutschland”, un juego de palabras con el nombre de su candidata a Canciller, Alice Weidel.
En poco tiempo, la ultraderecha ha pasado de ser una fuerza política marginal a rondar el 20 por ciento de las intenciones de voto y, a pesar de estar excluida de los debates públicos, su presencia se siente en cada conversación política.
El “cordón sanitario”, una barrera que históricamente ha aislado a la extrema derecha alemana, se ha debilitado.
En lo que fue la Alemania del Este, la AfD lidera las encuestas, mientras que en otras zonas se encuentra en segundo lugar, solo por detrás de la CDU de Merz, y la reciente colaboración legislativa entre la CDU y la AfD sobre política migratoria ha roto un tabú histórico y generado protestas masivas en todo el país.
El miedo está instalado en Alemania: por un lado, hay quienes temen a los migrantes, y por otro, quienes temen a la extrema derecha y al regreso de ideologías peligrosas.
Un factor que añade tensión al clima electoral es la injerencia de figuras internacionales como el hombre más rico del mundo, Elon Musk, y el Vicepresidente estadunidense, JD Vance, quienes han apoyado abiertamente a la extrema derecha, mostrando que el aislamiento internacional que vivía este partido ha desaparecido.
El electorado alemán parece dispuesto a castigar al Gobierno actual por su gestión, la extrema derecha gana terreno y la fragmentación del electorado podría llevar a la necesidad de formar una coalición Frankenstein que trajo la parálisis gubernamental.
Las elecciones de hoy no solo decidirán el futuro Gobierno, sino que serán cruciales para el rumbo del país teutón en un momento de gran inestabilidad económica, social y geopolítica. (Brenda Estefan, Reforma, Internacional, p. 17)

(Llera, Excélsior, Nacional, p.8)

(Hernández, La Jornada, Política, p. 4)