Si no pasa algo extraordinario en estos días, es un hecho que Sergio Salomón Céspedes, gobernador de Puebla, llegará como titular del Instituto Nacional de Migración (INM).
Vaya paquete que recibirá. Será el responsable de limpiar el tiradero que dejará Francisco Garduño en el INM, ya que, entre otras cosas, continúa el proceso judicial por el incendio ocurrido el 27 de marzo de 2023 en el centro de migrantes en Ciudad Juárez, donde murieron 40 personas y 20 más resultaron heridas.
Además, se ha incrementado el número de migrantes secuestrados, la crisis de violencia que se vive en la frontera sur del país, poniendo en riesgo la vida de millones de extranjeros que ingresan por ahí para cruzar nuestro territorio y llegar hasta Estados Unidos en la búsqueda de cumplir su sueño, ha crecido la cifra de migrantes que han hecho su casa desde camellones, bajo puentes y/o casas abandonadas, como consecuencia de que el INM no ha dado garantías o acompañamiento para su estancia en el país.
Preparativos y desafíos
Ante este escenario, Salomón Céspedes ya ha puesto a su equipo cercano a estudiar y les ha pedido que se preparen en materia migratoria para que no los agarren de sorpresa.
¿Y Garduño?
No podemos dejar de lado que, a pesar de que el actual titular de Migración está siendo investigado por su probable responsabilidad en lo sucedido el 27 de marzo del año pasado, algunas fuentes me dicen que Francisco Garduño saldrá del país por la puerta grande para encabezar una de las embajadas de México, así que no creo que esté preocupado.
Mientras tanto, la migración es y será uno de los temas pendientes en la agenda binacional con Estados Unidos.
Como era de esperarse, el republicano Donald Trump seguirá con un discurso agresivo hacia la migración que entra por la frontera sur de EU, mientras que los demócratas deben apurarse para definir quién encabezará su candidatura. Ya se ha puesto en la mesa el nombre de la vicepresidenta Kamala Harris; sin embargo, no hay que dejar de lado a Michelle Obama, quien sigue en el reflector, aunque ella ha dicho en diferentes ocasiones que se autodescarta.
Si lograran convencerla en estos días, podríamos ver una contienda mucho más interesante y nada fácil para Trump.
Al final, es tiempo de mujeres.
Veamos qué pasa del lado de los demócratas pero urge que tomen decisiones. Esta semana será crucial; si se tardan, el discurso contra los migrantes se intensificará una vez más, y ampliará la ventaja de Trump, por lo que es indispensable conocer quién se queda con la candidatura de los demócratas.
Nos vemos a las 8 por el 8 (Sofía García, El Heraldo de México, Online)
Estados Unidos no tiene amigos, tiene socios. Y eso es algo que el presidente Andrés Manuel López Obrador jamás quiso entender. Por eso es que preocupa (y preocupa mucho) que desde su conferencia mañanera el tabasqueño llame al republicano Donald Trump “mi amigo”.
Y es que, a 70 días de que le sea calzada en el pecho la banda presidencial a Claudia Sheinbaum, en nuestro país hay inquietud de sobra con respecto al tipo de relación que tendremos con nuestro vecino del norte, sobre todo si el próximo 5 de noviembre los estadounidenses deciden desde las urnas que quieren de vuelta en la Casa Blanca a este misógino y clasista que desprecia y menosprecia a los mexicanos.
Aquí y allá muchos ya dan por hecho que Trump volverá a ser el próximo presidente de Estados Unidos y también muchos ya dan por descontado que México y los mexicanos volveremos a ser “la piñata” favorita del magnate neoyorquino. Y ante semejante panorama hay dos preguntas obligadas: la primera es, ¿cuál será la estrategia de la administración Sheinbaum para contrarrestar esta nube negra que se nos aproxima? y la segunda es, ¿a quiénes dentro del organigrama claudista podemos apuntar como interlocutores en la misión de afrontar (y soportar) a un individuo que no nos puede ver ni en pintura?
De entrada, hay que definir la agenda bilateral que nos ocupará a estadounidenses y mexicanos. Los temas principales son simplemente tres: migración, narcotráfico y comercio.
Las vacantes en Gobernación, Relaciones Exteriores, Economía y Seguridad y Protección Ciudadana ya se definieron y asignaron: Rosa Icela Rodríguez, Juan Ramón de la Fuente, Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch, respectivamente.
De ellos cuatro, sólo dos (De la Fuente y Ebrard) ya saben lo que es convivir y coexistir con los estadounidenses. Los han sufrido y los han padecido desde distintos frentes. Pero hay dos posiciones que todavía no han sido cubiertas y que urge se definan: La embajada de México en Estados Unidos y el Instituto Nacional de Migración (INM).
Sheinbaum sabe muy bien que requiere de dos funcionarios que superen en nivel y habilidades a los invisibles Esteban Moctezuma Barragán y Francisco Garduño Yáñez, quienes durante el sexenio obradorista se la han pasado nadando de pechito y en esas dos posiciones, que son sumamente estratégicas y preponderantes para tener éxito en nuestra relación con Estados Unidos, la realidad es que andamos por la calle de la amargura. Con Moctezuma Barragán ni fú-ni fa. A la virtual presidenta electa le urge dos relevos confiables, eficientes y proactivos en estas dos oficinas.
México tiene que centrarse en acciones concretas y no permitir que las amenazas, las presiones, los chantajes y, sobre todo, los acuerdos en lo oscurito sean el menú del día en nuestra sinergia con los estadounidenses.
Las bravuconadas y los insultos de Trump hacia nuestro país van a ser el pan nuestro de cada día y nuestra presidenta va a requerir que sus colaboradores estén a la altura de las circunstancias, pero sobre todo que entiendan que, al igual que ellos, a nosotros no nos interesa ser sus amigos, sino sus socios.
Sus mejores socios. (Yazmín Alessandrini, 24 Horas, Online)
En octubre de 2021 tomé posesión al cargo de director municipal de Atención al Migrante en Tijuana. Desde el inicio me tuve que sumergir rápidamente en ese torbellino de migraciones que llegaban todos los días a la ciudad. Cada día, una migración de un nuevo país, todas ellas con un mismo fin, una mejor vida. Sin duda, la mejor práctica para conocer el mapa mundial.
La primera migración que vi fue un campamento de migrantes, integrados por solicitantes de asilo en Estados Unidos de Honduras, Guatemala, El Salvador y México, los cuales no podían ejercer ese derecho por la medida del Título 42. Llevaban ahí nueve meses. Cada carpa era una luz de esperanza, un sueño. Y, durante casi un año, su casa fue un cuarto de un metro de concreto que se encontraba a unos pasos de la garita Tijuana-El Chaparral. Ahí vivían con la ilusión de que en algún momento se abriera la puerta para ingresar a EU, en razón, por las promesas del presidente Biden, quien recientemente había llegado a la Casa Blanca.
El gobierno de Tijuana, en conjunto con los demás órdenes de gobierno, se vio obligado a reubicarlos por razones insalubres, de inseguridad y por el interés superior de la niñez. Abandonar ese lugar fue duro para ellos, la separación de 700 personas que habían formado una familia causó llanto. Sin embargo, todas esas personas, meses después, lograrían ingresar a EU bajo la figura de una excepción al Título 42.
Mientras estaba el campamento, en diciembre del 2021, aleatoriamente, llegaba otra migración de alrededor de mil haitianos que se había quedado atrás de la primera y gran oleada en 2016, que era de aproximadamente 20 mil. Esta generación de haitianos sólo ocupa un empujoncito, un alojamiento temporal, para que rápidamente se incorporara a la sociedad tijuanense. Muchos de ellos ya se encuentran en EU y otros se quedaron en nuestra ciudad, haciéndose propietarios de algún negocio o trabajando en algunas de las miles de ofertas laborales que existen en la bondadosa ciudad de Tijuana.
Mientras todo esto sucedía, Biden no podría abrir por completo las vías legales para el asilo porque aún no desaparecía covid a través de sus variantes y, mientras tanto, Tijuana seguía siendo un cuello de botella, viviendo siempre al filo de una crisis humanitaria y de alojamiento.
El 24 de febrero de 2022, mientras se lograba neutralizar la situación migratoria, un conflicto bélico a más de 9,079 kilómetros de distancia tuvo repercusiones en la ciudad fronteriza más transitada del mundo. La invasión de Rusia a Ucrania trajo una nueva oleada a Tijuana de más de 13 mil ucranianos que nadie pensaba que llegaría. Ante la presión mediática por el impacto mundial que tuvo la llegada de los ucranianos a Tijuana, los 13 mil ucranianos ingresaron a EU como agua, gracias, también, al compromiso público que hizo Biden durante su visita a Polonia tres semanas después de la invasión, donde prometió darles refugio, pero sin mencionar el cómo, cuándo y por dónde. En octubre de 2022, un acuerdo binacional nos impuso un nuevo desafió, México aceptó la petición de EU de recibir a cierto número de venezolanos por día que ya no cabían en sus centros de procesamiento migratorio. Una migración extranjera que no llegó del sur, sino del norte, con la ilusión destrozada porque pensaban que ya habían vivido lo más duro del trayecto: el infierno de la selva del Darién.
Pero ese sufrimiento sólo duro tres meses porque EU —como dicen los católicos: Dios aprieta, pero no ahorca—, en enero de 2023, lanzó una innovación para tener una migración ordenada, segura y regular, la aplicación en dispositivos móviles CBP ONE, donde los solicitantes de asilo mandaban su petición para una entrevista con un agente de migración estadunidenses.
Mientras a los venezolanos se les resolvía su destino, el desplazamiento forzado interno no cesaba de llegar a Tijuana. Han pasado varias legislaturas y aún sin figura jurídica federal que los reconozca y que les pueda brindar atención y protección. Migrantes nacionales de Guerrero, Michoacán, Chiapas y Guanajuato, entre otros, llegan a nuestra ciudad con las heridas recién abiertas, y con un estrés postraumático que los inhabilita a esperar pacientemente su cita programada para presentar su petición de asilo, porque a cada minuto viven pensando que esa persecución de la cual huyeron los puede alcanzar.
Este es un breve relato en lo general, pero, en lo particular, fueron momentos de angustia y preocupación por brindar a todas las personas que llegaban a la ciudad un lugar, un espacio, una cama donde pudieran pernoctar mientras se resolvía su situación. Asimismo, atender las necesidades básicas, como alimento, higiene, vestimenta, cobijo, atención médica y psicológica. Siempre he dicho, la migración es como un río que busca su cause, y las autoridades deben conducir ese río para que no se estanque y se desborde.
En Tijuana no ha cesado la llegada de migraciones. Es impresionante que una superficie de 637 kilómetros cuadrados sea el punto de encuentro de personas de más de 130 países, de cuatro continentes: Asia, África, Europa y, por supuesto, América.
Difícilmente este desplazamiento de personas se logré terminar en el corto y mediano plazos: la pobreza, guerras, regímenes autoritarios, cambio climático y la multiplicación de bandas de contrabandistas serán las razones que seguirán imponiéndose ante cualquier medida de contención o política restrictiva. Quizá por falta de voluntad de los países implicados, tanto de origen, como de tránsito y de destino, no se vislumbra una pronta solución. Lo único que nos queda es la esperanza, en cada periodo de cambio de gobiernos, que vengan con el ánimo y la voluntad real de encontrar soluciones duraderas.
Está por culminar mi gestión como director municipal de atención, sin duda, ha sido una experiencia inolvidable en conocer, escuchar y convivir con personas de distintas culturas del mundo, una de las mil maravillas de vivir en Tijuana. (Enrique Lucero Vázquez, Director municipal de Atención al Migrante en Tijuana, Excélsior, Nacional, p. 13)
Tal como escribí en esta Misión Especial, el 18 de junio: la declinación de Joe Biden a la candidatura demócrata, era difícil, pero no imposible. Su pobre desempeño en el debate y entrevistas, su frágil salud, la presión de destacados políticos demócratas y encuestas de su partido, lo llevaron a anunciar su retiro de la contienda presidencial.
Después endosó la candidatura de la vicepresidenta Kamala Harris a la presidencia. Hasta ahora se han sumado demócratas relevantes como los Clinton, Elizabeth Warren, Nancy Pelosi y Gavin Newsom. }
El legado de Biden se revalorizará con el tiempo. La economía de EU es hoy la más fuerte entre los países desarrollados. Fortaleció las alianzas con otros países occidentales a través de la OTAN, y asiáticos, por medio del AUKUS. Apoyó a Ucrania y condenó la invasión rusa violatoria del derecho internacional. La posición de su gobierno respecto a Israel y Gaza ha sido criticada, con razón, por su condescendencia con Netanyahu. Mantuvo la competencia/cooperación con China.
Con México y América Latina buscó nuevos caminos que, si bien hasta ahora no han dado los resultados esperados, sentaron las bases para el futuro en materia de cooperación económica y superconductores.
En el tema migratorio la evaluación es mixta. Biden se acercó a posiciones republicanas restrictivas en lo relativo al asilo. Pero dio por terminado, afortunadamente para México, el nefasto “Quédate en México” negociado por Ebrard en noviembre de 2018, así como el Título 42.
No pudo lograr que el Congreso apoyara una reforma migratoria integral y, por lo tanto, hay escasos cauces legales para la migración necesaria a la economía estadounidense y la regularización de indocumentados que contribuyen a ella. Recientemente se enfocó en combatir el tráfico ilícito de personas y las deportaciones a los lugares de origen. Encargó a su vicepresidenta Kamala Harris, resolver el tema migratorio en Centroamérica. No se puede decir que haya tenido éxito.
Esperemos a la Convención Demócrata que se celebrará del 19 al 22 de agosto para conocer la fórmula que competirá contra Trump y Vance. El partido demócrata tiene buenas y varias opciones. La decisión de Biden cambió el juego y puso nuevas cartas sobre la mesa, lo que ha enfurecido a Trump.
Su “momento” después del atentado y la Convención Republicana, se ha eclipsado. Ahora el anciano es él, con dudas sobre sus capacidades físicas y mentales. Si Kamala es la candidata veremos a una exfiscal frente a un criminal convicto.
Si bien el gobierno mexicano tendrá que trabajar y cooperar con el ganador/a de la elección en EU, imaginen dos presidentas mujeres en México y EU. Sería un cambio de época, generacional y en las relaciones bilaterales con todos sus retos estructurales y coyunturales. (Martha Bárcena Coqui, El Heraldo de México, País, p. 5)
La elección presidencial en Estados Unidos aún no tiene oficialmente a todos sus candidatos y ya está resultando ser una de las más anecdóticas en su historia.
El atentado al ahora candidato del Partido Republicano, Donaldo Trump, es un hecho que no se presentaba desde hace más de 40 años, cuando en 1981 un tirador solitario le disparó al presidente Ronald Reagan al salir de una conferencia en un hotel de Washington.
Recientemente el anuncio del Presidente Joe Biden de que abandonaba la carrera por la candidatura presidencial del Partido Demócrata, en medio de fuertes presiones al interior de su corriente política que ponían en duda su capacidad para gobernar.
El anuncio de Biden es un hecho con pocos precedentes en la historia electoral de los Estados Unidos. La última vez que un presidente renunció a sus aspiraciones de reelección fue en 1968 con Lyndon B. Johnson, pero dicho suceso sucedió en marzo. Nunca en la historia un presidente había renunciado tan cerca de las votaciones.
¿Qué sigue para los demócratas? Biden dio un espaldarazo a su compañera de fórmula Kamala Harris. Aunque todo parece indicar que ella es la carta más fuerte del partido, será hasta la Convención Nacional Demócrata de mediados de agosto, cuando se haga el anuncio oficial.
Habrá que ver cuál será la narrativa que se maneje en el lado demócrata en el caso de que Harris sea su candidata presidencial, ¿contraste con Trump o vender la idea de continuidad?
¿Cuáles son las implicaciones para México?
Al igual que hace 4 años, Donald Trump ha convertido la frontera entre Estados Unidos y México en un arma política durante la campaña electoral, redoblando su postura anti inmigratoria, mientras ha prometido cerrar la frontera y promulgar el mayor programa de deportaciones en la historia de Estados Unidos.
Además, Trump ha prometido mantener la producción dentro de las fronteras estadounidenses, lo que podría perjudicar las exportaciones mexicanas. México se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos en los últimos años, lo que se ha traducido en más de 475 mil millones de dólares en exportaciones desde principios de 2024 y un superávit comercial que favorece al país.
Por su parte, si Kamala Harris (en caso de ser elegida como candidata) gana las elecciones en Estados Unidos, el escenario podría ser más alentador. Tentativamente habría una mayor cooperación en temas migratorios, ambientales y de seguridad. Harris priorizaría políticas más humanitarias en la frontera y buscaría soluciones conjuntas para la crisis migratoria.
No obstante, la polarización que está generando la elección estadounidense podría obligar a los demócratas a tomar posturas más duras en cuanto a migración se refiere. Para muestra las últimas semanas de la administración de Biden donde ha habido un recrudecimiento en política migratoria, reflejado en la restricción de solicitudes de asilo. (Gybram Vásquez, El Heraldo de México, Online)
Bienvenida Kamala
La clase política mexicana le dio la bienvenida a Kamala Harris como posible sustituta de Joe Biden como abanderada de los demócratas para las elecciones de noviembre en contra de Donald Trump.
Es un alivio que entre a la competencia alguien que no suelte ráfagas de insultos ni sea un perseguido por la justicia. Hija de padres migrantes, Kamala hizo su carrera política en California en contacto cotidiano con la migración mexicana.
Le esperan días difíciles enfrentando a sus rivales republicanos comenzando por Donald Trump que es un misógino empedernido y colecciona acusaciones de abuso sexual por todos lados.
Una dosis de decencia no le cae mal a la competencia. Muy pronto se sabrá si Kamala tiene oportunidades reales de triunfo, por lo pronto la recaudación de fondos parece decir que sí, que puede lograrlo. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
Que el insulto no fuera dirigido al excanciller Marcelo Ebrard no exonera al emisor. No sé a quién consuele que el destinatario del exabrupto haya sido el presidente Joe Biden, pues de cualquier manera se confirma el talante prepotente, provocador y pendenciero del candidato republicano y su insistencia en atizar la polarización, no obstante el atentado, por fortuna fallido, que acaba de sufrir y que, independientemente del autor y sus hasta ahora desconocidas razones, sube la temperatura de la contienda, de por sí exaltada e inflamable, en la que migración y fentanilo –y, por tanto, México– están en el centro del debate.
La confusión de Ebrard, al ponerse un saco que no le correspondía, y la virtual Presidenta electa haciéndole segunda, junto con el aparato propagandístico del régimen, es más que una anécdota socarrona, pues alerta contra la improvisación y el arrebato en el delicado ámbito diplomático, tan degradado en los últimos años. Pero lo más grave está en los dichos que sí implican al gobierno mexicano, que no fueron desmentidos porque están corroborados por los hechos y cuya jactancia adelanta lo que debe esperarse de una eventual segunda presidencia de Donald Trump con respecto a nuestro país.
La amenaza de aranceles en 2019 impuso al gobierno mexicano la política antiinmigrante de la Casa Blanca, misma que se mantiene hasta la fecha. Se pudieron establecer medidas recíprocas que afectaran a estados gobernados por republicanos, acudir a instancias judiciales de Estados Unidos y hacer causa común con la mayoría demócrata en el Cámara de Representantes y con legisladores del propio partido del presidente norteamericano que se oponían a violar y comprometer el T-MEC, incluso Ebrard se reunió con Nancy Pelosi, pero López Obrador optó por aceptar las exigencias de su homólogo, asignando a 28 mil militares de la Guardia Nacional para la contención y persecución de migrantes y aceptando en los hechos ser Tercer País Seguro, es decir, recibir a decenas de miles de solicitantes de asilo.
La crisis humanitaria que padecen los migrantes en México es resultado de esa decisión y, siendo trágica y desgarradora, sería mucho peor si Trump cumple su promesa de deportar a entre 15 y 20 millones de personas. Aunque fuera la décima parte, el país no tendría capacidad de recibirlos porque, en los hechos, ya está rebasado con los que están en albergues, viviendo en condiciones deplorables. No hay nadie más vulnerable que un migrante sin papeles, máxime si se es mujer, niña o niño. Para atravesar el país se exponen a las autoridades que extorsionan y a los criminales que secuestran, reclutan sicarios, los explotan en las redes de trata o los matan.
Algunos sostienen que la elección de noviembre está decidida tras el intento de asesinato y que las potentes imágenes épicas del acontecimiento alimentarán la campaña con el martirologio de quien salvó la vida milagrosamente, levantándose con la sangre escurriéndole de la oreja y llamando a sus seguidores a pelear con el puño en alto. A contracorriente, me parece prematuro descartar la victoria demócrata después de que agitaron el tablero electoral con la histórica decisión del presidente Biden de hacerse a un lado y respaldar a Kamala Harris. Finalmente, Trump sigue arrastrando un amplio rechazo, las causas penales y el asalto golpista al Capitolio no están superados y ahora él deberá lidiar con el tema de la edad. Pero no hay duda que hoy el triunfo del expresidente tiene altas probabilidades.
Si Trump gana, su gestión sería más radical que la primera, no sólo porque ya no se contendría pensando en la reelección, sino también porque literalmente se vende como dictador, proclama que toca suelo de realidad con la impunidad que acaba de aprobar la Corte Suprema para el presidente. Además, trascendió el Proyecto 2025, elaborado por la Fundación Heritage, vinculada a él, que plantea terapia de choque del conservadurismo identitario y nativista. Para los extremistas de MAGA, México es parte central del problema y más nos vale que nos encuentren unidos. Pero acá tenemos nuestro propio populismo encumbrado que se obstina en acabar con la República y su democracia. Así, ¿cómo? (Fernando Belaunzarán, Excélsior, Nacional, p. 12)
Donald Trump, ex presidente y candidato por el partido republicano a la presidencia de los Estados Unido de Norteamérica, es un hombre sin escrúpulos que aprovecha cualquier oportunidad para denostar, de una manera déspota y prepotente a todos y a todo aquello que le ayude en su campaña que raya en la xenofobia.
La presunción de haber obligado a México a enviar tropas de la Guardia Nacional a nuestra frontera sur, para tratar de disminuir la migración a Estados Unidos a través de México, para ello Trump amenazó a el presidente López Obrador con altos aranceles a la importación de automóviles que se arman en nuestro país, AMLO, prudentemente aceptó, lo que aprovecharon en su momento quienes son odiadores del gobierno actual para decir que AMLO había actuado cobardemente. Lo anterior y muchas más descalificaciones fueron la constante durante el gobierno del hombre de Macuspana. El problema es que Trump utiliza ese discurso, con toda la intención de ganar votos humillando a México, su postura claramente antiinmigrante, busca fuera de Estados Unidos a enemigos que puedan ayudarle en su campaña, sin importarle la responsabilidad diplomática y sin tomar en cuenta que los migrantes a nuestro país vecino han colaborado a que Estados Unidos tenga la fuerza que tiene en materia económica y que la diversidad racial es por mucho una de sus principales fortalezas.
Es absolutamente cierto que los gobiernos mexicanos, poco o nada han hecho para frenar de manera rotunda la fabricación y el trasiego de drogas que van a parar a Estados Unidos, tampoco los gobiernos mexicanos han hecho mucho por desarticular a los grupos de la delincuencia organizada, ni por detener la carrera armamentista de los mismos, con armas que los Estados Unidos venden de manera ilegal a mexicanos cosa que al igual que el detener el consumo de drogas en nuestro país vecino, está prácticamente fuera de sus políticas públicas. En ello existe una simbiosis espantosa y una codependencia exacerbada, que son la más clara muestra de la doble moral bajo la que opera la violencia y las muertes que las drogas y las armas generan.
Dice Trump, que entre sus planes está el enviar a México a miembros de las fuerzas especiales de ese país para asesinar narcotraficantes, la manera de lograrlo es designándolos como terroristas y dicho sea de paso, expresó que lo hará con o sin el consentimiento del gobierno de México. Esto ha generado reacciones diversas en México, desde aquellos que aseveran que solo así podrá combatirse la inseguridad, hasta quienes envueltos en la bandera del nacionalismo opinan que sería violar nuestra soberanía. Lo cierto es que a través de la DEA y otras agencias norteamericanas y algunas de otros países, esto ya se lleva a cabo en colaboración con el gobierno mexicano. Lo que no vemos es que en realidad no se quiere acabar con el problema, que la gente sin droga enloquecería y que sin la venta de armas a México, el partido republicano podría perder a su aliado más importante la NRA (Asociación Nacional del Rifle), fundada en 1871 y que es la asociación civil más grande del mundo en cuanto a personas y recursos económicos.
Trump, tiene un discurso sumamente agresivo y es capaz de tomar acciones que contribuyan a la inestabilidad mundial, que fomenten guerras y que, de manera imperialista quiera poner el pie en el cuello a cuantos países sea necesario para poder tener el dominio que necesita en virtud de su falta de valores morales. (Fernando Schütte Elguero, La Prensa, Editorial, p. 14)
Dignidad

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)
Tal Cual

(Alarcón, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Biden desaparece

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 5)
Harris reúne 81 millones en un día

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)
Caen las remesas

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 22)