ES CURIOSO: a Andrés Manuel López Obrador le molestó más que el texano Greg Abbott calificara como “terroristas” a los cárteles mexicanos, que el propio hecho de que los narcotraficantes anden sembrando el terror en México. En fin, cosas de la politiquería. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión,p.12)
Mientras se discutía en el Senado si se le daba o no mayor tiempo a los militares en seguridad interior, para permitir el fortalecimiento de la Guardia Nacional, la movilidad criminal en México continuó su marcha y en Estados Unidos se está buscando a nivel federal que los cárteles sean considerados como grupos terroristas internacionales.
Ninguno de los senadores a favor o en contra pudo articular un discurso estratégico de seguridad para explicar una u otra de las razones y el debate se centró en una propuesta expansiva y sorpresiva del Gobierno federal para extender la presencia militar en seguridad interna y la construcción de un muro infranqueable por parte de la oposición.
A ello se les debe agregar un concepto que tampoco fue esgrimido en el Congreso: en la iniciativa para adscribir a la Guardia Nacional a la tutela de la Secretaría de la Defensa Nacional, el Gobierno federal caracterizó a los grupos delictivos como un poder criminal cuasimilitar, una caracterización que iría mucho más allá de solo el calificativo de terrorista y reconocería a las organizaciones criminales como grupos casi insurgentes con capacidad superior a la de las corporaciones policiacas e inferior a la de las estructuras militares.
El discurso constitucionalista de los opositores fue impecable, pero ignoró la realidad de grupos criminales que han capturado partes territoriales e institucionales de la soberanía del Estado nacional y que en muchas partes de la República se han convertido en la práctica en estructuras que le han arrebatado funciones económicas, políticas, fiscales y de seguridad de los gobiernos legítimamente electos.
Los militares son la última línea de defensa de la soberanía interna, aunque a los senadores opositores se les olvidó.
La carta del gobernador texano Greg Abbott al presidente Biden para declarar a cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas internacionales es posible que no conduzca a una decisión de Estado, pero sí arrinconó a la Casa Blanca y la obligará a mayores presiones sobre México para desarticular a los cárteles mexicanos que -de acuerdo con la DEA- controlan el tráfico, contrabando y distribución de la droga dentro del territorio estadounidense. (Carlos Ramírez, Estados, p.8)
BOGOTÁ, Col.- El incremento de la migración procedente de países con gobiernos dictatoriales encontró mal parados a los radicales que gobiernan Texas y Florida.
Greg Abbott y Ron DeSantis son antiinmigrantes, uno más rabioso que el otro, y la creciente ola de cubanos y venezolanos que llegan a esos estados los ha hecho dar tumbos y cometer errores costosos.
El gobernador texano fletó camiones con migrantes cubanos y los mandó a la puerta de la casa de Kamala Harris, en Washington DC.
Y DeSantis mandó venezolanos al estado demócrata de Massachussets.
Más que un crimen, es un error, diría Fouché.
Les puede costar la reelección, por ejemplo.
Se trata de un elemento interesante, por inédito: los inmigrantes procedentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela tienen el potencial de cambiar la dinámica del debate migratorio no sólo en este año electoral, sino también hacia 2024.
En el caso de los migrantes procedentes de México y Centroamérica, es muy fácil repatriarlos a sus países bajo el argumento de que son migrantes que huyen de la pobreza, por lo cual tienen pocas probabilidades de recibir asilo político.
Además, Estados Unidos mantiene programas migratorios de dos vías con México, Honduras, Guatemala y El Salvador, lo cual hace posible realizar repatriaciones pactadas y hasta calendarizadas hacia los países de origen.
Hasta ahí la prepotencia de los gobernadores republicanos tiene luz verde entre su claque: expulsión inmediata.
Pero en el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela, por la ausencia de relaciones diplomáticas funcionales en materia migratoria, Estados Unidos no puede repatriarlos de manera inmediata.
Necesita, para mandarlos a sus países, autorización de esos gobiernos, y no existen programas similares como los hay con México y Centroamérica.
En el caso de los cubanos, venezolanos y nicaragüenses, a quienes se les permite continuar sus solicitudes de asilo dentro de Estados Unidos, el rezago es de 2 millones de casos en las cortes migratorias.
¿Cómo evaluar y dictaminar caso por caso la solicitud de asilo de 2 millones de personas que están rezagadas, más uno o 2 millones que son detenidas en la frontera con México en un sólo mes?
Van a tener que dejarlos entrar.
Imposible mandarles millones a Kamala Harris o a los demócratas del noreste.
Así es que la maniobra de los gobernadores de Florida y de Texas, totalmente politiquera por estar buscando su reelección en noviembre, puede revertírseles legal y políticamente a ambos.
DeSantis mandó venezolanos a Massachussets, quienes no sabían a dónde los llevaban.
En un lugar como Florida, donde el voto anticomunista es duro en la zona sur del estado, no es bien visto tratar indignamente a quienes huyen de regímenes totalitarios.
A los demócratas les pusieron un tema en bandeja de plata.
Los gobiernos demócratas en Massachusetts, Nueva York o el distrito de Columbia están recibiendo a estos migrantes con los brazos abiertos, con lo cual consolidan el apoyo de los votantes nacidos en el extranjero, que votan en mayores proporciones que los nativos.
Además, le hacen un guiño a votantes republicanos, para quienes el anticomunismo está entre sus principales incentivos para ir a votar.
De tanto masticar fobia contra los migrantes, Abbott y DeSantis se pueden indigestar.
No falta mucho para saberlo. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p.38)
Piezas de utilería, paquetes de carga, pelotas de pingpong, sacos de basura, peones de ajedrez… es difícil encontrar el término que mejor describa la forma en que los migrantes están siendo utilizados por candidatos republicanos –pero también demócratas– de cara a las próximas elecciones de noviembre en Estados Unidos.
Como piezas de utilería, ni siquiera actores secundarios, en una obra de teatro iniciada por los gobernadores republicanos de Texas y Florida (Greg Abbott y Ron de Santis) que quieren colocar en el centro de la conversación el exitoso libreto trumpista antinmigrante.
La acción la empezó Abbott, quien ya ha mandado a más de 10 mil migrantes desde Texas a otras direcciones en el norte del país. Ahora se ha sumado De Santis, quien ha pagado vuelos en avión con recursos presupuestales de Florida, el más reciente para llevar a 50 migrantes venezolanos a Martha’s Vineyard, una lujosa isla en Massachussets donde tienen casas de verano personajes influyentes y millonarios simpatizantes del Partido Demócrata.
La narrativa que quieren posicionar Abbott y De Santis busca señalar que es muy fácil defender la migración cuando no la tienes en la puerta de tu casa. La principal acusación que buscan establecer es que los demócratas son totalmente hipócritas en la materia.
Los lugares a los que están enviando a los migrantes tienen el estatus de “santuario”, ciudades cuyas leyes municipales tienden a proteger a los inmigrantes indocumentados de la deportación o el enjuiciamiento, a pesar de la ley federal de inmigración.
Sin embargo, desde la perspectiva migrante y latina, ni el Partido Republicano o el Demócrata contribuyen de forma importante a su causa.
La crueldad y beligerancia republicana es más ruda, peligrosa y ofensiva, pero tampoco los demócratas han gastado capital político para ir más allá de medidas paliativas que, aunque protegen en el presente, no resuelven de fondo la terrible incertidumbre que sufren los migrantes indocumentados.
Por su parte, aunque la principal preocupación del electorado republicano radica en el aumento del costo de la vida, el precio de la gasolina y otros temas económicos, inmediatamente después viene su temor al caos en la “frontera abierta” y la amenaza de “invasión” de los bárbaros del sur, según reza la propaganda difundida en el ecosistema mediático conservador.
El nuevo capítulo del libreto xenófobo consiste en trepar a migrantes a autobuses e inclusive a aviones que salen de Texas rumbo a ciudades en el norte del país, lugar de residencia de muchas elites del Partido Demócrata.
Llegan a Nueva York, Chicago, Washington, Massachussets como si fueran paquetes de Amazon o bolsas de basura colocados en las puertas de personas y comunidades que tienen un discurso –no siempre una práctica– más acogedora con los migrantes. Un autobús recientemente “depositó” a un grupo de migrantes en la entrada del Observatorio Naval, residencia oficial de la vicepresidenta Kamala Harris.
Así los migrantes son usados como pelotas de pingpong o peones de ajedrez de un juego ajeno, arrastrados vilmente para representar una obra de teatro, cuyo principal objetivo es encender al electorado de cada uno de los partidos.
Está claro que los gobernadores de Texas y Florida, quienes están jugándose la reelección en noviembre, están siguiendo los pasos trumpistas de escandalizar, humillar y usar como piñata a los migrantes.
En materia de opinión pública se da el mismo efecto que hemos visto tantas veces repetido en la figura de Trump: entre más polémica y acusaciones legales recibe, mejor se consolida el apoyo con su base de votantes. Por cierto, Trump declaró recientemente estar enojado con De Santis porque “le robó su idea”. El cinismo es infinito.
Para subrayar la intención política de la maniobra, es importante destacar la nacionalidad venezolana de los migrantes que De Santis ha subido al avión, con lo que intenta no enemistarse con la mayoría cubana de su estado y a la vez explotar los sentimientos negativos que despierta el régimen de Nicolás Maduro en esa región de los Estados Unidos.
Por su parte, los demócratas, además de subrayar que no es manera de conmemorar el mes de la herencia hispana en Estados Unidos –celebrado durante todo un mes arrancando el 15 de septiembre de cada año–, ni mucho menos actuar como lo indica la parábola del buen samaritano en la Biblia que supuestamente guía al electorado conservador, resaltan la crueldad e inhumanidad de la medida, además de que alistan una serie de demandas legales, principalmente por secuestro contra el gobernador de Florida.
Repitiéndose este círculo infinito, donde unos juegan, de manera planeada y sistemática, a romper la cordura y la legalidad, mientras los otros no dejan de denunciarlo tanto en los tribunales como en el litigio de la opinión pública.
Y así, mientras los políticos juegan al ajedrez o al “tú las traes”, en este 2020 se han roto todos los récords de cruces fronterizos y Estados Unidos supera ya los dos millones de migrantes detenidos por primera vez en un año.
El histórico número de inmigrantes ha sido impulsado por la llegada de ciudadanos de Venezuela, Cuba y Nicaragua inmersos en una catástrofe autoritaria y una autoprovocada debacle económica. Flujo que se suma al ya de por sí muy caudaloso río de centroamericanos y mexicanos que cada vez buscan salir de sus países por la situación de inseguridad, violencia y falta de oportunidades económicas.
Triste e indignante que las fallas serias en los países emisores estén dando tanto material humano a los políticos en Estados Unidos para seguir haciendo sus teatritos crueles e hipócritas con personas que lo único que quieren es vivir tranquilos, trabajar y sacar adelante a sus familias. (Guido Lara, El Financiero, Nacional, p.32)
Desde el 30 de marzo de 2016 a la fecha, el gobernador republicano de Texas (TX), Greg Abbott, ha emitido 42 órdenes ejecutivas basándose en una ley de su estado que lo autoriza a emitir, enmendar o rescindir órdenes ejecutivas, proclamaciones y reglamentos que tienen fuerza y efecto de ley.
El miércoles, Abbott emitió su Orden Ejecutiva No. GA-42 relativa a la designación de cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas extranjeras. Se refirió específicamente a los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y “cualquier cártel mexicano de la droga en situación similar que pueda ser identificado en proclamaciones posteriores”.
Estas son algunas de las razones que el gobernador anota para justificar su orden:
Los cárteles son responsables del tráfico de cientos de millones de dosis letales de fentanilo en TX y Estados Unidos;
Más de 1,600 texanos murieron por consumir fentanilo en 2021, un aumento de más del 680% desde 2018; el número de muertos sigue aumentando;
Los cárteles también trafican a seres humanos a través de la frontera entre TX y México y los someten a agresiones sexuales, trata de personas, agresiones, extorsión y otros actos deshumanizantes, violentos y atroces;
La oleada de personas que entran ilegalmente a TX plantea una amenaza continua e inminente de desastre para varios condados;
Miles de hombres y mujeres de la Guardia Nacional y del Departamento de Seguridad Pública de TX han sido desplegados para asegurar la frontera, y desde marzo de 2021 han incautado más de 336 millones de dosis letales de fentanilo;
El presidente Joe Biden ha declarado una emergencia nacional debido al ‘tráfico hacia los EU de drogas ilícitas”, pero aún no ha designado a los cárteles como organizaciones terroristas;
Designar a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras permitirá mejorar la aprehensión y enjuiciamiento de sus integrantes y la interrupción de sus actividades.
En su Orden Ejecutiva, el gobernador le da siete órdenes al Departamento de Seguridad Pública de TX con el fin de investigar, combatir y desmantelar con más efectividad a los cárteles.
La orden de Abbott no contiene nada nuevo y es evidente que solo busca posicionarlo favorablemente ante la opinión pública como un acérrimo enemigo de los narcotraficantes mexicanos que se ve obligado a combatir debido a la supuesta debilidad del gobierno de Biden para actuar contra ellos.
En las elecciones del 2 de noviembre entrante Abbott buscará reelegirse por tercera ocasión. La encuesta más reciente realizada por The Dallas Morning News y la Universidad de TX en Tyler, le da una ventaja de nueve puntos porcentuales sobre su rival demócrata Beto O’Rourke (47% vs 38%).
También busca fortalecer la imagen de su Partido Republicano para que los candidatos a congresistas federales de dicho partido ganen en la mayoría de los 36 distritos electorales que hay en TX.
La Orden Ejecutiva de Abbott, que pertenece a la extrema derecha, no servirá de nada porque solo busca desprestigiar al gobierno de Biden, al Partido Demócrata y sus candidatos y exacerbar más el sentimiento antimexicano de muchos texanos. Pura politiquería.
Al final del día, el fentanilo seguirá entrando a TX y al resto de EU y matando a cada vez más personas. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política, p.39)
Cada semana se reciben noticias de un nuevo éxodo guatemalteco. Además del flujo de migrantes expulsados por las necesidades económicas, la violencia y la degradación ambiental, están llegando a México numerosas personas perseguidas políticamente por el gobierno de Alejandro Giammattei.
Temen por su seguridad y por su vida.
‘Estados Unidos prometió defender la democracia en Centroamérica. Los líderes de la región tenían otros planes’ se titula un análisis publicado en The New York Times (https://nyti.ms/3S4yfoN). ‘Giammattei ha desmantelado metódicamente los últimos vestigios de instituciones independientes. Su gobierno ha encarcelado, exiliado o acallado a las mismas personas que Estados Unidos dijo que apuntalarían sus esfuerzos para que Guatemala fuera una sociedad más justa y, al fin, más habitable: jueces independientes, fiscales, periodistas y activistas de derechos humanos’, señala el NYT.
Esta ola de represión se suma a las desplegadas por los gobiernos de Nicaragua y de El Salvador. Se cree que sus policías y agencias de seguridad están coordinadas con sus homólogos guatemaltecos para llevar a cabo una operación conjunta que, guardadas las distancias y las proporciones, evoca partes del Plan Cóndor u Operación Cóndor para la represión política y el terrorismo de Estado.
Entre 1975 y 1989 la Operación Cóndor fue instrumentada por los regímenes dictatoriales de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, y Bolivia, y respaldada por Estados Unidos. Implicó la vigilancia, detención, traslados entre países, violación y desaparición o asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como contrarias a su política o ideología.
En la hora actual los regímenes autoritarios ni siquiera reivindican una ideología o una política. Se trata descaradamente del pacto de corruptos que sostiene a Giammattei mediante arreglos de impunidad y abusos del poder público.
En su libro de reciente aparición La economía atrapada: gestores de poder y Estado encadenado (F & G Editores, Guatemala, 2022), el economista guatemalteco Juan Alberto Fuentes Knight da cuenta de cómo poderosos consorcios familiares guatemaltecos identificados con la política oligárquica y con el racismo predominante, lograron su posición gracias a los privilegios que el Estado les había otorgado.
El autor escudriña cómo los sectores privilegiados encadenaron al Estado apoyados en complicidades con los mercados ilícitos, para perpetuar una economía cimentada en intereses monopólicos y oligopólicos en sectores como el financiero, las telecomunicaciones, la energía, la construcción inmobiliaria, el gran comercio y algunas ramas industriales, que producen grandes fortunas en un contexto de pobreza casi generalizada.
Se ha señalado sesgadamente que los migrantes son una amenaza a la seguridad nacional. Pues bien: ambos éxodos, el de los migrantes y el de los críticos, tienen su raíz en una gestión económica extractivista, depredadora, concentradora y excluyente, y en un sistema político corrupto, despótico y represivo.
Fuentes Knight propone un nuevo contrato social que construya el poder desde las mayorías, sujeto al Estado de derecho, y sustituya los tratos económicos con los sectores privilegiados, para instrumentar políticas de transformación económica y social que conduzcan a un crecimiento sostenido e incluyente. (Carlos Heredia, El Universal, Opinión, p.21)