Opinión Migración 231122

Bajo reserva

Morena invita a paisanos, y le sale el tiro por la culata

Nos cuentan que una conferencia de prensa organizada ayer por la bancada de Morena en el Senado y por la secretaria general de ese partido, Citlalli Hernández, cuyo objetivo principal era que grupos de migrantes presionaran a la oposición en el Congreso a aprobar la reforma electoral del presidente López Obrador, terminó en una severa crítica de los llamados “héroes vivientes” ―como les llaman en Palacio Nacional a los migrantes mexicanos― porque sólo los toman en cuenta por el tema de las remesas que envían al país. Dijeron que sólo los ven como bancos y no como personas. De paso, criticaron aquello de “bienvenidos paisanos”, cuando aseguran que aquí son discriminados y hasta hostigados por autoridades. (El Universal, Nación, p. 2)

Estado por estado // Veracruz 2024: Nahle, Ahued y Pepe Yunes

SLP: Mientras el director de la Casa del Migrante, Marco Luna, dice que se reciben hasta 200 personas al día, al gobernador Ricardo Gallardo (PVEM) minimiza la diáspora y dice que han rescatado a sólo 250 en 15 días. Con discursos no se apaga la crisis humanitaria en la entidad. Para la solución, primero reconocer el problema y luego solucionarlo. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 27)

Desde afuera // Trump y AMLO: una relación no tan extraña

Cuando Elon Musk, el controversial dueño de la plataforma social Twitter preguntó a sus seguidores si debía levantar la prohibición contra Donald Trump la respuesta fue mayoritariamente positiva.

Uno de los que votaron “sí” fue el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que parece tener una extraña relación con Trump. “La Estatua de la Libertad no debe quedar como un símbolo vacío”, agregó AMLO en su mensaje.

“El Presidente de México es un gran tipo… socialista, pero está bien: no se puede tener todo. Es un gran hombre y un gran amigo”, dijo Trump, el pasado 15 de noviembre, al anunciar que buscará la candidatura presidencial republicana con la intención de volver a la Casa Blanca en 2024.

El magnate hizo énfasis en que el gobierno mexicano puso 28 mil soldados, “libre de costo” para EU, en la tarea de evitar la llegada a la frontera de caravanas de inmigrantes y peticionarios de asilo “mientras construimos el muro”.

No mencionó, por cierto, su amenaza de incrementar hasta 25% las tarifas a la importación de productos mexicanos.

“Trump siempre tuvo una relación de trabajo muy cordial con López Obrador. De hecho, lo mencionó en su discurso hace unos días, cuando lanzó su candidatura de nuevo. Y si bien ideológicamente están en diferentes polos del espectro político, el Presidente republicano siempre defendía los derechos de los americanos de EU y sabía que tenía que trabajar con su par mexicano para asegurarse que la frontera estuviese segura. Y es por eso que tuvieron una relación de trabajo amistosa, cordial y productiva, para avanzar los intereses estadounidenses”, señaló a su vez Carlos Díaz Rosillo, que fuera asesor presidencial y director de Políticas Públicas de la Casa Blanca bajo Trump.

AMLO hizo un comentario similar, cuando se refirió a Trump como un hombre que había sido respetuoso hacia México. 

Díaz Rosilllo estuvo en México para participar el fin de semana pasado en la Conferencia Política Conservadora Estadounidense, que convocó a muchos personajes mexicanos y latinoamericanos incluidos, a la derecha del centro.

La relación puede parecer extraña, sobre todo, ante la animosidad de la derecha dentro y fuera de México hacia un dirigente al que consideran como “comunista”, pero refleja también la formulación de la política exterior tanto de Trump y en alguna medida de López Obrador: mero instrumento para metas de política doméstica. 

Ambos desconfían de la globalización.

La propuesta de Trump acomodó –y se ajusta– a los estadounidenses partidarios del aislacionismo que consideran que la relación con el mundo amenaza su forma de vida.

En el caso del vínculo con México, Trump y su política parecieron encontrar un buen interlocutor en un López Obrador que desconfía de los intentos “extranjeros” de influir en situaciones domésticas, así sea por causas como el calentamiento global o los derechos humanos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)

Repensar // Hola, latinos

Durante generaciones, los latinos pensaron que su lugar estaba en el Partido Demócrata, “el partido de los trabajadores”, y no en el Partido Republicano, “el partido de los ricos”. Con el tiempo, cambió la identidad de esas organizaciones y cambiaron ellos.

Decepcionados, porque aquéllos a los que les confiaban su voto no quisieron o no pudieron hacer nada cuando los empleos se empezaron a ir a otros países o desaparecieron por las políticas ambientales (como en la minería del carbón), los obreros abandonaron en masa las filas demócratas. Aún retienen a los trabajadores de los servicios (empleados de restaurantes y hoteles, burócratas locales y maestros), pero sus heterogéneas demandas son difíciles de compaginar con las políticas de identidad que ahora proponen.

Como otros sectores, los hispanos se decepcionaron cuando vieron a Bill y a Hillary Clinton consentir a los magnates que les financiaban sus campañas. Y se sintieron engañados por Barack Obama porque en la crisis financiera de 2008 nunca llegó la ayuda prometida para que no perdieran sus casas ni se fueron a la cárcel los abusivos.

También constataron que poco conseguían favoreciendo a los candidatos a alcalde demócratas. En campaña les ofrecían maravillas y luego los olvidaban.

En la medida en que las escuelas se deterioraban, la vivienda de hacía más escasa y cara, los baches más grandes y las balaceras más tupidas, los latinos empezaron a buscar otras opciones. A los líderes partidistas no les preocupó mucho. Bernie Sanders les advirtió de su error, pero él mismo no pudo atraer a los jóvenes latinos.

Los hispanos también se transformaron. Con mucho esfuerzo y no sin tropiezos han experimentado una movilidad social ascendente. En su gran mayoría se ubican en la clase media y viven en los suburbios. Su ingreso ya casi está en el promedio nacional y (en los cinco años anteriores a la pandemia) creció más rápido que el de los blancos, los negros y los asiáticos.

Su expectativa de vida es tres años mayor que la de los blancos y su tasa de ingreso a la educación superior pasó de 22 a 36% entre 2000 y 2018. Son los más convencidos de que el “sueño americano” sigue siendo real.

Aunque entre ellos siempre han sido más los moderados, los conservadores han ido aumentando y ya representan una tercera parte. Son también muy patrióticos, con más alistamiento en las Fuerzas Armadas, los cuerpos policiacos y la Patrulla Fronteriza que otros sectores. Esas características los han acercado a los republicanos.

VIRAJE

A diferencia de otros candidatos presidenciales de su partido, que daban por perdidos a los hispanos y a lo más, los cortejaban en California, Texas o Florida, Donald Trump se dio cuenta de que podrían ser decisivos en el Medio Oeste. Aunque en algunos estados de esa región no son más de 10 por ciento del electorado, pueden hacer la diferencia por la intensa competencia.

Trump puso oficinas permanentes en las zonas de alta población latina y promovió candidaturas de líderes de la comunidad. La principal oferta que les hizo fue crear empleos y, efectivamente, estos se incrementaron.

La aprobación del presidente Joe Biden entre los hispanos se deterioró muy rápido. En algunas regiones cayó hasta 26%. Fueron determinantes las políticas que se implementaron durante la pandemia. Por ser trabajadores esenciales, muchos latinos cayeron enfermos y murieron. El aumento en el costo de la vida también los ha perjudicado.

En las elecciones de hace dos semanas el voto latino por los republicanos alcanzó 39%, un incremento de 10 puntos respecto a 2018. Significativamente, también obtuvieron 47% del voto hispano independiente. En Florida, Arizona y Texas votaron por los republicanos (respectivamente) 58, 47 y 46% de los latinos.

Con 58% del voto latino, Ron DeSantis se reeligió como gobernador de Florida. El senador Marco Rubio, que hace cuatro años tuvo 2% menos voto hispano que su rival, ahora tuvo 15% más. Hace dos años, la veterana de la Fuerza Aérea de origen mexicano Anna Paulina Luna compitió para ser congresista y perdió por seis puntos; ahora ganó por ocho.

En Texas, los republicanos triunfaron con diferencias de 7% en los condados con mayoría de población mexico-americana. Mayra Flores, primera congresista nacida en México, se reeligió sin mayor problema.

Lo cierto es que cada vez hay más figuritas de elefantes (el símbolo republicano) en las salas de los hogares hispanos. (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p. 29)

Uso de razón // Así es Ron DeSantis

Un querido e ilustrado periodista dijo hace unos días que Ron DeSantis es más peligroso para México que Donald Trump. De ninguna manera.

Como es el único capaz de ganarle a Trump la candidatura presidencial por el Partido Republicano, y gobernar a nuestro poderoso vecino y socio comercial, es importante tener algunas pautas. 

DeSantis es un político profesional; Trump no.

Fue congresista federal y hace cuatro años ganó por primera vez la elección para gobernador de su estado, Florida. En aquella ocasión DeSantis venció a su rival demócrata por apenas medio punto porcentual.

Ahora, ya que enseñó sus aptitudes como gobernante, venció por 20 puntos porcentuales a su oponente, Charlie Chris. Miami Dade, un condado que ha sido bastión demócrata por dos décadas, fue barrido por los republicanos debido al “efecto DeSantis”.

Es decir, a medida que gobierna, el apoyo al político nacido en Florida hace 44 años aumenta. El de Trump disminuye.

Piensa y actúa a partir de estrategias, no de reacciones narcisistas y viscerales como Trump.

Como apuntó The New York Times en un editorial institucional luego de las elecciones del reciente martes 8: “DeSantis, un político más efectivo que Trump, podría dañar más las prioridades liberales que Trump, pero Trump hará más daño a la democracia misma”.

En efecto, DeSantis firmó una ley, llamada “no digas gay”, que prohíbe en las escuelas primarias tratar temas relativos a la orientación sexual.

Fue contrario al uso obligatorio de máscaras durante la pandemia, pero él –a diferencia de Trump– las usaba.

Prohibió los abortos después de 15 semanas de embarazo, aunque se ha negado a apoyar la prohibición total del aborto.

En cuanto a México, como país, no está en el radar de Ron DeSantis.

Ahí hay una diferencia notable con Trump, que propuso en dos ocasiones bombardear México y sus consejeros de seguridad lo frenaron, y detesta a los mexicanos.

DeSantis es un abierto partidario del libre comercio, lo que reivindica la tradicional política republicana, que fue torpedeada por Trump al intentar liquidar el TLCAN y promover el aislamiento de Estados Unidos.

La migración ilegal es una preocupación central de ambos. El gobernador de Florida, junto con el de Texas, fletaron vuelos chárter con indocumentados venezolanos a Massachusetts para sacarlos de sus estados y mandárselos a los demócratas.

Pero una fijación directa contra México, como la hay en Trump y en el gobernador texano, Greg Abbot, DeSantis no la tiene.

Trump y DeSantis tienen un enfoque distinto en el tema drogas.

El gobernador de Florida es partidario de campañas intensas y permanentes que adviertan la nocividad del consumo de drogas.

Donald Trump nunca erogó un peso del erario para combatir el consumo y alineó sus baterías contra los países exportadores de estupefacientes.

DeSantis aprobó una ley para castigar más severamente a los narcomenudistas de fentanilo, pero no ha focalizado su discurso en acusar a los países productores y exportadores.

Desde luego, ya en la Casa Blanca, DeSantis puede variar su enfoque, aunque la mirada puesta en el consumo es una diferencia no menor a la estrategia de Trump sobre el problema de las drogas en Estados Unidos.

La pregunta, después de todo esto, es si DeSantis se va a lanzar tras la candidatura presidencial o no.

No es bueno tratar de adivinar qué pasaría con él en la boleta en 2024, pero lo concreto es que, en este momento, DeSantis es el favorito número uno de los militantes republicanos… si Trump decide no competir.

DeSantis es un político de mente estratégica, y a sus 44 años tal vez opte por no desgastarse en una contienda interna con Trump y esperar a 2028.

Salvo que sus cálculos, en frío, le indiquen que tiene el triunfo asegurado. Y las cifras comparativas con Trump, como las que se dieron a conocer ayer y que le favorecen. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 36)