Opinión Migración 240122

Rozones

Migrantes en tráileres, todo igual

Como un logro importante, el Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño, informó ayer que en los últimos dos días rescató a más de 3 mil migrantes que viajaban en condiciones de hacinamiento en cajas y cabinas de tráileres. Ciertamente es relevante el hecho, pues se ha puesto a salvo a las personas indocumentadas de actos en los que hasta su vida podría ponerse en riesgo. Sin embargo, el hecho tiene otra cara pues se confirman los señalamientos que hiciera en estas páginas el extitular de esa misma dependencia Tonatiuh Guillén, de que el cruce de migrantes en tráileres siguen dándose “como si nada”. El problema de origen persiste, pues el crimen organizado aprovecha la necesidad de migrar de miles de personas, a su vez originada por condiciones estructurales en las que tampoco ha habido políticas que busquen cambiarlas. (Rozones, La Razón, La 2, p. 2)

Frentes Políticos

1   Crimen S. A. El Instituto Mexicano del Seguro Social, a cargo de Zoé Robledo, interpondrá la denuncia correspondiente en contra de los responsables de clonar la imagen de la institución en un vehículo particular, utilizado para el transporte irregular de personas de origen centroamericano. La delegación en Oaxaca del IMSS informó que el vehículo asegurado durante un operativo entre corporaciones estatales y federales “no corresponde a su inventario de vehículos, asimismo, el operador tampoco es parte de la plantilla de trabajadores de esta dependencia”, detalló. Viajaban 14 migrantes de origen nicaragüense. No es el primer clon que utiliza el crimen organizado. Dañar la imagen de una institución debe ser imperdonable. O lo volverán a hacer. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 15)

Epicentro / Lo que aprendí en Los Ángeles

Hace unos días dejé mi trabajo como reportero y presentador de noticias en Los Ángeles, California. Llegué allá hace poco más de diez años con la ilusión de hacer periodismo para y desde la gran comunidad de origen hispano del sur de California, en el canal 34 de Univision, la estación local más vista en Estados Unidos. Resulta que, aunque pocos lo saben con claridad, Los Ángeles es la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo. Algo parecido ocurre con las comunidades de El Salvador, Honduras y Guatemala. Entender a esas comunidades (en su mayoría, inmigrantes) ayuda a comprender, claro, las deudas de todos nuestros países de origen, pero sobre todo a aquilatar la resiliencia de la que somos capaces cuando, en el exilio, se construye una vida.

Esa es justamente la experiencia que quise narrar en Los Ángeles.

En los últimos días allá, alguien me preguntó qué lecciones me llevo. Son muchas. A lo largo de una década de escuchar a la comunidad hispana, me quedo con varias cosas. La primera es la impresionante disciplina de trabajo de los hispanos. Nadie trabaja con ese ahínco. Y no es un asunto de opinión. El esfuerzo de la mano de obra hispana en una larga lista de industrias está ampliamente documentado, y es medular para mantener en pie a Estados Unidos. Corrijo: como ha quedado claro desde hace años, no solo a Estados Unidos. Las remesas que envía la comunidad a sus países de origen son fundamentales allá también. 

Lo siguiente que uno aprende rápidamente es la humildad y el agradecimiento con el país adoptivo. Parte de mi indignación durante los años del nativismo trumpista tuvo que ver con la profunda injusticia que implica no reconocer el aporte del esfuerzo inmigrante ni, quizá más importante todavía, el agradecimiento activo de los hispanos con Estados Unidos. Es un agradecimiento que va más allá de conceptos como “asimilación” o “integración”. Está más bien relacionado íntimamente con el esfuerzo, con la voluntad de crear un mejor país. Es, creo, la definición misma del “ser americano”.

La última lección que me llevo de Los Ángeles después de años de convivir de manera cercana con la audiencia hispana es, quizá, la más entrañable. Durante buena parte de esa década tuve un segmento recurrente llamado “La Mesa”, en el que coloqué una mesa de plástico en distintas esquinas del suroeste de Estados Unidos con dos micrófonos y dos cámaras para invitar a la gente a contarme su vida. Al final calculo que tuve más de mil conversaciones. Escuché de todo: heroísmo, drama, tragedia, ternura. Pero incluso en las historias más duras, siempre encontré una constante: alegría de vivir. En vidas marcadas por el desarraigo y la nostalgia, en las que uno esperaría amargura, lo que hay en realidad es voluntad de seguir avanzando, de seguir buscando, de doblar la siguiente esquina y encontrar la siguiente oportunidad. Resulta difícil imaginar que una madre que no ha visto a sus hijos en veinte años pueda mantener una sonrisa, pero ese es el milagro del tesón y el amor de la comunidad inmigrante en Estados Unidos.

Para mí, no hay mayor lección de vida.

A partir de hoy, lunes 24, tendré la responsabilidad de encabezar ya no un noticiero Local en Estados Unidos sino uno de los noticieros nacionales de Univisión. He dejado a Los Ángeles y aquella comunidad para estar ahora del otro lado de Estados Unidos, en Miami. Estoy convencido de que vienen años difíciles para los estadounidenses, y mucho más para la comunidad inmigrante. Los periodistas mexicanos acá tendremos la obligación medular de seguir dándole voz. Frente a la amenaza a la democracia y a la libertad, no hay otro camino. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A8)

Xiomara Castro: viento en contra

Una fractura en la coalición que ganó la Presidencia de Honduras en las elecciones del pasado 28 de noviembre dio paso a una crisis parlamentaria que arroja sombras sobre la toma de posesión de la presidenta electa, Xiomara Castro, prevista para el próximo jueves.

Aunque el partido de Castro, Libertad y Refundación (Libre) y su aliado, el Partido Salvador de Honduras (PSH), habían acordado elegir a Luis Arredondo, del segundo, como presidente del Congreso, una veintena de diputados de Libre decidieron colocar en ese cargo a Jorge Cálix, con el apoyo de las formaciones oligárquicas tradicionales: los partidos Nacional (PN) y Liberal (PL).

En la caótica y tumultuosa sesión en la que se llevó a cabo la votación, fue imposible saber a ciencia cierta cuál de los dos obtuvo la mayoría de los votos en el legislativo unicameral de 128 escaños: así, los seguidores de Cálix abandonaron el recinto parlamentario y en una reunión en otro local lo nombraron presidente del Congreso, mientras que en la sede oficial los partidarios de Castro hacían otro tanto con Arredondo.

A lo que puede verse, la clase política oligárquica, cuyo candidato presidencial fue derrotado el 28 de noviembre, encontró la manera de capitalizar las luchas intestinas y las disputas por el poder en Libre y en el entorno de la nueva mandataria.

Desde que se conocieron los resultados de los comicios era claro que Castro habría de enfrentar dificultades en una cámara en la que su coalición (50 diputados de Libre y 10 del PSH) se encontraba en desventaja ante los 66 de la oposición de derecha (44 del PN, del presidente saliente Juan Orlando Hernández, más 22 del PL). Ahora, parece inevitable que la gobernante de izquierda tenga que vérselas a lo largo de su periodo presidencial con un legislativo adverso.

Tal perspectiva es preocupante si se considera el inmenso reto que enfrenta el equipo del próximo gobierno; Honduras se encuentra en una situación económica, social y política catastrófica, con la pobreza y las carencias al alza, la descomposición social y la delincuencia en grave crecimiento, una vida institucional corroída por la corrupción, una soberanía nacional arrasada por las políticas injerencistas de Estados Unidos y, derivado de todo ello, una imparable corriente de emigración formada por personas que huyen de la miseria, el desempleo, la devastación ambiental y el imperio de organizaciones delictivas. En tales circunstancias, el respaldo legislativo al programa de gobierno resulta indispensable para que éste tenga alguna posibilidad de contener y atenuar la grave problemática referida.

Cabe hacer votos por que los integrantes de la coalición que se conformó en torno a la candidatura de Castro sean capaces de poner el interés nacional por encima de sus diferencias y de recomponer una alianza que sólo en unidad podría hacer frente a la enorme responsabilidad de reconstruir el país. (Editorial, La Jornada, p. 2)

El informe Oppenheimer / ¿Fracasará la Cumbre de las Américas?

Hay que felicitar al Presidente estadounidense, Joe Biden, por haber decidido llevar a cabo la novena Cumbre de las Américas, la principal reunión a nivel hemisférico, después de que el ex Mandatario Donald Trump decidiera arrogantemente no asistir a la última hace cuatro años.

Pero Biden tendrá que trabajar cuesta arriba para evitar que esta cumbre -que tendrá lugar la semana del 6 de junio en Los Ángeles, California- se convierta en un gran fiasco.

La Cumbre de las Américas tiene lugar cada tres o cuatro años. Se realizó por primera vez en Miami en 1994, y esta será la segunda vez que se hará en Estados Unidos.

Es un evento importante, porque es una de las pocas ocasiones en que los Presidentes de Estados Unidos le ponen atención a América Latina, aunque sea por unos meses antes de la reunión.

Trump fue el único Mandatario estadounidense que no asistió, y envió a su Vicepresidente en su lugar.

Con todo, me preocupa que Biden haya tardado demasiado en calentar los motores de su diplomacia para aprovechar al máximo esta oportunidad de contrarrestar la presencia creciente de China en la región y mejorar las relaciones interamericanas.

Los preparativos serios para la cumbre, que deberían haber empezado hace meses, recién comienzan. Varios altos funcionarios de países latinoamericanos me dicen que aún no han sido contactados por Estados Unidos sobre el evento.

“Ya queda poco tiempo, y va a ser extremadamente difícil tener un proceso de consulta con todas las partes interesadas relevantes”, me dijo Michael Shifter, presidente del grupo de expertos Diálogo Interamericano en Washington D.C.

Para empeorar las cosas, Estados Unidos ni siquiera tiene un embajador ante la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Tradicionalmente, el embajador de Washington en la OEA es uno de los principales organizadores de estas cumbres.

El candidato de Biden para embajador en la OEA, Frank Mora, un profesor de la Universidad Internacional de Florida en Miami, fue nominado en julio, pero todavía no ha sido confirmado por el Senado.

“Eso es vergonzoso”, me dijo Shifter.

“Estamos diciendo que vamos a ayudar a los países latinoamericanos a hacer que sus Gobiernos sean más eficientes, y ni siquiera podemos nombrar a nuestro propio embajador ante la OEA”.

A diferencia de la cumbre de 1994 en Miami, cuando Estados Unidos lanzó una propuesta ambiciosa para crear un Área de Libre Comercio de las Américas, esta vez no parece haber propuestas audaces de Washington.

Y el clima político en todo el hemisferio difícilmente podría ser peor. La pandemia de Covid-19 ha devastado las economías de la región, China se está convirtiendo rápidamente en una potencia económica clave, y en muchos países de la región hay dictaduras antiestadounidenses o Gobiernos de izquierda que ven con recelo a Washington.

Además, a Estados Unidos le costará mucho intentar predicar con el ejemplo, porque su propia democracia está tambaleando después del intento de Trump de revertir ilegalmente el resultado de las elecciones de 2020.

Hoy día, varios países latinoamericanos son más democráticos que Estados Unidos, en el sentido de que sus candidatos presidenciales derrotados no han rechazado los resultados electorales, como lo ha hecho y lo sigue haciendo Trump.

Biden todavía podría convertir a la cumbre en un éxito. Estuvo muy acertado cuando dijo días atrás que América Latina “no es el patio trasero de Estados Unidos” sino “el patio delantero de Estados Unidos”.

Eso es muy cierto: ya sea en materia de comercio, empleo, migración, medio ambiente o narcotráfico, ninguna región del mundo afecta la vida cotidiana de los estadounidenses más directamente que América Latina.

Biden debería nombrar a un funcionario de alto nivel para que se haga cargo de la cumbre. Y debería exigirle propuestas concretas para combatir la pandemia de Covid-19 en el hemisferio, redirigir las cadenas de suministro de algunas empresas multinacionales de China a América Latina y aumentar los intercambios tecnológicos, culturales y estudiantiles con la región.

Pero para hacer todo eso, Biden tiene que moverse rápido. Faltan pocos meses para la cumbre, y hay pocas señales de que Washington se haya puesto las pilas para la ocasión, que se da solo una vez cada varios años. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)