Opinión Migración 240222

Café político / ¿Extrañan a Trump en Palacio Nacional?

Entendible sería que la ofensiva electoral de Palacio, salvo “la pausa española” se concentre en desbrozar de adversarios, reales y posibles, el camino a 2024, al machacar contra objetivos locales, incluidos los medios y los periodistas.

La acusación al Secretario de Estado estadunidense Antony Blinken de “injerencista y ser candil de la calle”, en airado reclamo por la reacción oficial de Washington a los asesinatos de periodistas, ha sido la constante ante Biden.

La pregunta es si Palacio Nacional extraña a Trump, quien comentó que Estados Unidos, como Putin, debía enviar tropas contra la violencia en México, algo que alguna vez propuso a México, según contó el Presidente López Obrador.. (José Fonseca, El Economista, Política, p.47)

La luz al final del túnel

A las mexicanas y mexicanos: Hace algunos meses escribí sobre cómo la zona turística de Cancún es la fachada que esconde un destino clandestino, violento y abusivo, donde la pobreza y la marginación de muchas personas es la cruel expresión de una realidad que es urgente modificar. Por décadas, los hechos desgarradores que ahí han ocurrido tienen asidero y referente en el poder de la impunidad disfrazado de autoridad, el intrincado tejido de poder económico, el poder político y la delincuencia organizada trasnacional, han sido una fuerza letal que rompió la columna vertebral de la sociedad.

Afortunadamente, hoy se vislumbra una luz al final del túnel, la cual presagia que no todo está perdido y que al fin se está poniendo un alto a esa cruenta historia que contaban las playas de Cancún, gracias a los esfuerzos del gobierno del estado, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía.

Hace un par de días, agentes de la Fiscalía General del Estado de Quintana Roo rescataron a un menor de edad que era explotado sexualmente por dos hombres en un motel a la salida de Cancún, sobre la carretera a Valladolid. Queda claro que una vida lo vale todo y todos los esfuerzos para rescatar a una víctima de trata de personas son fundamentales.

Al respecto, la Fiscalía señaló que “el rescate y la detención se dio tras cinco días de un operativo con elementos infiltrados de la Unidad de Trata de Personas Menores de Edad”. Es de destacar que esta detención no sólo es importante por el adolescente que tenía ya mucho tiempo de sufrir abusos sexuales y vejaciones que lesionaron gravemente su dignidad humana, sino también porque con la detención de los tratantes se desmantela una importante red.

A diferencia de otros delitos de alto impacto como el narcotráfico, en el delito de trata de personas, cuando se logra la detención de las cabezas de las células delictivas, en realidad se le corta un brazo a ese monstruo voraz que significa la trata de personas.

El operativo, rescate y detención de la víctima son un claro ejemplo de que cuando las autoridades se toman la ruta de la justicia con responsabilidad, sí es posible erradicar delitos tan aberrantes como la pornografía, el turismo sexual, la explotación y el abuso infantil. De ser el paraíso de la impunidad, hoy existe una Fiscalía especializada, investigaciones de gran calado que contemplan figuras que permiten infiltrar personas, proteger testigos y hacer todo lo necesario para hacer caer todo el peso de la Ley en contra de los tratantes, y muy pronto de aprobarse la Iniciativa de la diputada Dulce María Silva Hernández, también sobre los clientes.

La lucha de la sociedad civil y de Lydia Cacho no han sido en vano. El problema histórico y geopolítico de Cancún puede resolverse si cada quien hace lo que le corresponde y lo hace bien. Las acciones emprendidas por el gobierno estatal dan esperanza de que el territorio quintanarroense no se caracterizará más por el delito y la impunidad, y son un ejemplo que deben seguir otras entidades federativas. Sigamos luchando contra la trata de personas y erradiquemos para siempre este delito. (Paola Félix Díaz, El Universal, Opinión, p.11)

Razones / Aliento de secesión e intervención

Para muchos, el conflicto de Ucrania es algo muy lejano, muy apartado del interés nacional. Hoy vivimos una crisis interna de seguridad, una muy compleja situación económica, una pandemia que en nuestro país todavía no se convierte en endémica y una turbulenta y cotidiana catarata de acusaciones personales desde la mañanera y otros ámbitos. Ucrania queda lejos.

Pero lo cierto es que lo de Ucrania es una crisis global que nos afectará de muchas y muy diferentes maneras, comenzando por lo obvio, el precio de los energéticos.

Sin embargo, existen en toda esta historia otras enseñanzas que no deberían desecharse. Quienes suelen coquetear con la Rusia de Vladimir Putin deberían recordar que la estrategia del mandatario ruso siempre ha sido apostar a la desestabilización y, en donde se dan las condiciones, la división: apostó en las elecciones de 2016 por Donald Trump e intervino en contra de Hillary Clinton en los comicios estadunidenses (no es una suposición: lo estableció con claridad el FBI, incluso durante el gobierno de Trump), intervino en el referéndum del Brexit en Gran Bretaña apoyando a las fuerzas que propusieron (y lograron, en una decisión insensata) separarse de la Unión Europea y lo ha hecho en Cataluña buscando la separación de España. Ahora lo están haciendo con Ucrania y lo han hecho en muchos otros países.

Quienes apoyan a Putin en Ucrania son las dictaduras: la de Maduro, la de Daniel Ortega, la de Cuba… y Donald Trump, a quien Putin le parece un tipo “inteligentísimo” (en realidad, aunque en una forma un poco perversa, lo es) y considera que su jugada enviando tropas “de pacificación” a las provincias separatistas es “una genialidad”.

Pero Trump, en una entrevista telefónica el martes, fue mucho más allá y sostuvo que algo así tendría que hacer Estados Unidos en el sur de la frontera con México, enviar fuerzas militares muy poderosas que intervinieran en la zona para pacificarla.

En realidad, está proponiendo algo que siempre ha estado en el subconsciente de las fuerzas más duras de la derecha estadunidense: una intervención en México que, con el argumento de garantizar la seguridad, cree una suerte de colchón con los estados del norte del país, mucho más prósperos y mucho más cercanos, en su dinámica social y económica, a la Unión Americana.

En esos mismos estados, más de una vez han incubado, sin progresar, ideas que buscarían también esa suerte de autonomía del México del centro y del sur. Puede parecer descabellado, pero hace unos años también lo era que Trump ganara una elección, que Cataluña quisiera independizarse de España o que Gran Bretaña se fuera de la Unión Europea, entre muchos otros intentos separatistas y secesionistas que han prosperado en el mundo. En la medida en que el mundo se globaliza, en respuesta, aumentan los regionalismos.

Trump ha jugado, en muchas ocasiones, con la idea de militarizar la frontera. Incluso en noviembre de 2019 directamente amenazó con una intervención para contener, decía, a los grupos del narcotráfico, a los que quiso calificar abiertamente como terroristas para garantizar legalmente —dentro de la Unión Americana— esa intervención. La propuesta de Trump y la forma en que fue finalmente frenada por los mandos militares de Estados Unidos están muy bien contadas en el último libro de Bob Woodward y Robert Costa, publicado a fines del año pasado, Peligro, sobre los últimos meses de Trump.

En Palacio Nacional no terminan de comprender que el discurso polarizador, rupturista, puede alimentar, precisamente, esas tensiones, que un discurso en el cual se divide el país entre ricos y pobres lo que puede generar, aunque ésa no sea la intención, es propagar tendencias separatistas.

Recordemos que Morena gobierna parte de esa frontera (Baja California, Sonora, quizás el año próximo Tamaulipas), pero dentro de esos mismos estados y en todos los demás del norte existe una fuerte resistencia hacia muchas de las políticas de López Obrador. ¿Qué pasaría si esas diferencias se alimentan, a su vez, desde afuera (e incluso desde la Casa Blanca si Trump regresa al poder en las elecciones de 2024) y no hay un discurso integrador desde Palacio Nacional?

Con un factor adicional: nuestras elecciones del 2024, se puede asegurar desde hoy, serán no sólo disputadas, sino también absolutamente polarizadas, será el enfrentamiento clave entre dos proyectos antagónicos de nación. Nadie debería dudar que, en ese contexto, se dará un escenario idóneo para cualquiera que quiera jugar con la división y la confrontación interna. No es ni siquiera un tema de resultados electorales: en el último referéndum realizado en las provincias secesionistas de Ucrania, por amplísima mayoría ganó la decisión de seguir en Ucrania; hoy, parte de esas provincias están bajo control ruso.

Además de la política, otro factor que alienta la intervención es la inseguridad. No nos engañemos: la inseguridad y el crimen organizado, incluso la migración ilegal, en y desde México, son contemplados como un tema de seguridad nacional en la Unión Americana por muchas razones, incluso muchas xenófobas, pero lo cierto es que, por ejemplo, la epidemia de opiáceos deja en ese país más de 100 mil muertos por sobredosis al año.

Es verdad, todo esto puede ser simple política ficción, pero en estos años hemos aprendido que la ficción se ha convertido, en buena parte del mundo, en una amarga realidad. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p.10)

Timbre de alarma

Lo logró, sus peripecias han llegado lejos. El autócrata forma parte del debate parlamentario en el vecino país. No se trata de un Estado a miles de kilómetros, como Venezuela ni uno aislado entre los mares. México es un relevante socio comercial que se encuentra justo en la puerta de entrada. Hasta ahora, el papel de policía migratorio que nos han endilgado ha mantenido una tensa calma con EU. Pero debe advertirse que las agencias del otro lado del Bravo han puesto atención en la estrategia de seguridad, basada en tolerar toda acción del crimen organizado, exponiendo a las fuerzas castrenses a grandes riesgos. Prácticamente éstas han tenido que mantenerse a la defensiva.

Pero, tarde o temprano, Biden no podrá mirar hacia otro lado y será cuestionado por una sociedad activa, informada y demandante, que tiene a la vista la connivencia que han entramado el gobierno y los grandes cárteles, propiciando la etapa de mayor crecimiento y consolidación del crimen organizado que se haya visto en nuestro país. (Gabriel Reyes Orona, Excélsior, Nacional,p.11)

Frentes Políticos

Puntos de acuerdo. Importante reunión la que tuvo el canciller Marcelo Ebrard en su visita al Senado. Abordó temas relativos a la situación del conflicto Rusia-Ucrania, así como la relación México-Estados Unidos, con miembros de la Junta de Coordinación Política y de la comisión de Relaciones Exteriores. Todos los partidos apoyan utilizar las herramientas diplomáticas para evitar que el conflicto crezca. Estuvieron presentes, entre otros senadores, Ricardo Monreal, Olga Sánchez Cordero, Julen Rementería, Claudia Ruiz Massieu y Manuel Velasco.  Ebrard informó que se atiende a las familias de mexicanos en la zona de conflicto. En la foto, por cierto, sólo faltaron los del PRD. Aunque, a estas alturas, ni falta hacen. (Excélsior, Nacional, p.13)

Nudo Gordiano / La respuesta

Me sorprendió. Debo decir que me sorprendió la respuesta que Andrés Manuel López Obrador dio al tuit que horas antes leyó el mundo entero desde la cuenta de Anthony Blinken, la mano derecha de Joe Biden, presidente del socio número uno de nuestro país en tantos, tantísimos temas.

“Yo le pido al señor Blinken que revise este asunto, porque lo están engañando y lo están utilizando, no tengo la menor duda de eso. Sólo que él lo esté haciendo ex profeso, entonces también le voy a decir que ya tomamos nota. Porque nosotros actuamos con transparencia, con sinceridad. No somos hipócritas (…) Lo que él está sosteniendo no es cierto. Desde luego, es muy lamentable que haya asesinatos de periodistas (…) En todos los casos se está actuando, no hay impunidad, no son crímenes de Estado y si el Jefe del Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos interviene, yo pienso que no sabe, no está bien informado…”, dijo en Palacio Nacional.

El secretario de Estado de EU había externado su preocupación por el aumento de violencia y homicidios contra periodistas en nuestro país y llamó al gobierno mexicano a reforzar las medidas de seguridad.

Y digo que me sorprendió, porque al menos a él no le llamó metiche, como hizo con quienes están alertas, atentos y manos a la obra para evitar una guerra: “No queremos conflictos, somos partidarios de la paz y del diálogo (…) que siempre se haga valer el principio juarista de que ‘entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’, parece que se los olvida a gobernantes del extranjero, andan de metiches…”, como expresó también en la conferencia de este miércoles ante el conflicto entre Rusia y Ucrania, y que ha sido motivo de reuniones de emergencia en la ONU, pero también de despliegue de tropas y de migración de ciudadanos que buscar escapar del que podría ser territorio de lucha armada.

Me pregunto hoy por qué alguien tan interesado y tan amante de la historia, no se muestra igual de entusiasta por los datos duros, por qué opta por las realidades alternativas. En ningún momento Blinken responsabilizó al gobierno de México de los asesinatos de los periodistas en nuestro país, señaló, sí, que es el Estado quien debe garantizar mejores condiciones. Sin embargo, el Presidente se fue para otro lado y, además, se lanzó contra una comunidad internacional, incluida en ella la diplomacia mexicana, que en los últimos días ha trabajado a marchas forzadas para contener una guerra. Y qué necesidad de envíar una segunda respuesta en la que se sugiere que las armas utilizadas en los crímenes contra periodistas habrían llegado de EU como parte del tráfico de armas que sólo puede resolverse con el compromiso de ambos países.

López Obrador se ha lanzado contra todos, incluso retomó el pendiente del Penacho de Moctezuma y su permanencia en Austria. Muchos temas en la mañanera de ayer, tantos y en su mayoría lejanos a la realidad que se observa desde las calles. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p.14)

Número Cero / Crímenes vs. periodistas, “luna amarga” entre México y EU

Las críticas de EU al gobierno de López Obrador escalan por los crímenes de periodistas, pero, en una perspectiva más amplia, reflejan las crecientes tensiones con la administración de Biden. Esa relación, bautizada hace poco como de tres amigos, con el canadiense Trudeau, se tiñe de expresión de preocupación y reclamo que decoloran el pacto tácito de no agresión entre ellos y muestran señales de oposición en temas bilaterales. La comunicación fluida y declaraciones diplomáticas conciliadoras dan lugar a la vieja retórica antiinjerencista desde Palacio Nacional y en Washington a la inconformidad con los derechos humanos y la libertad de expresión en México. Los cambios en el discurso sugieren una “luna de miel” cada vez más amarga por las diferencias en política energética, seguridad, migración y, ahora, las amenazas a la prensa.

La virulencia de la respuesta de López Obrador por la Casa Gris elevó la carga venenosa de sus declaraciones contra la prensa y alcanzó a EU. Primero le reclamó financiar campañas en contra de su gobierno por la investigación de Mexicanos Contra la Corrupción. Y, después, rechazar, como una intromisión, los señalamientos de legisladores y altos funcionarios sobre la ola de violencia y condiciones de trabajo de los periodistas en el país, mientras él fustigaba a la prensa por divulgarla. El tono más alto del alegato llegó cuando el secretario de Estado, Antony Blinken, pidió mayor protección para la prensa y recibió una refutación presidencial airada, con la que ha acabado por amplificar el escándalo. La Casa Blanca avaló el señalamiento. Su exigencia a Biden de retirar el apoyo a MCC no es nueva, pero la ha mantenido como cuña de presión sobre la agenda bilateral. La sobrerreacción por la Casa Gris desencadenó la espiral de reclamos, pero la confrontación verbal también se explica como llamada de atención por compromisos que no avanzan desde el Diálogo de Alto Nivel en Seguridad, como la migración, inseguridad y narcotráfico. EU aumenta su coacción en temas que se han convertido en asuntos de política interna y pesan en la aprobación de Biden.

El acuerdo de detener la migración da pocos resultados, a pesar del trabajo sucio de México para contenerla. Cada vez mueren más migrantes y marca un nuevo máximo anual histórico desde 1998. Contabilizar cerca de 650 muertes en la frontera en 2021 es un problema político para la Casa Blanca, que se agudiza con el avance republicano y el regreso de Trump a la pelea por la presidencia. El asunto tiene repercusiones electorales, tanto, que éste dijo esta semana que la “genialidad” de Putin con Ucrania podría replicarse en la frontera con México. Aunque eso no obtuvo ni una mención de López Obrador.

El objetivo de sentar nuevas bases para la cooperación en seguridad ha mostrado pronto las dificultades de enfrentar el tráfico de migrantes, sin cooperación decidida de la FGR, como ha pedido la oficina de Anne Milgram, cabecilla de la DEA, de compartir información de financiamiento ilícito y lavado de dinero. La comunicación con el fiscal Gertz es muy limitada. La limpieza en aduanas de contrabando y narcotráfico tampoco tiene avances importantes, a pesar de que ya las opera el Ejército. La desaparición de la Iniciativa Mérida por un nuevo enfoque no asistencialista contra el narcotráfico no ha mejorado la cooperación, como mostró el embargo de aguacate por las amenazas del narco. La suspensión temporal de importaciones fue una llamada de atención para visibilizar el control de los cárteles de ese estado. Tampoco avanza el combate al contrabando de armas de EU, que se usan para matar periodistas en México, como contestó Ebrard a Blinken.

Y aunque parecía que tenían un acuerdo tácito para no cuestionar la política energética, la preocupación manifiesta de EU por la reforma refleja las presiones de legisladores y empresarios de su país por las energías limpias y los contratos de sus compañías. Si las diferencias no habían aflorado para no incomodar a López Obrador y propiciar el repliegue de 30,000 efectivos contra la migración, los reclamos indican que algo está cambiando en la política de Biden. Si alguien lo sabe es López Obrador y por eso tampoco se contiene en desenterrar el hacha contra la intervención y la injerencia que los “amigos” habían dejado de blandir en sus discursos. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p.16)