Desde enero de 2026, cuando se inició el recrudecimiento de las políticas de Estados Unidos que buscan la asfixia del pueblo cubano, he tenido la oportunidad de estar en la isla tres veces. Cada vez regreso con el corazón un poco más partido, pero también con la convicción más fuerte de que a Cuba hay que defenderla.
Como mexicana he recibido, en nombre de mis compatriotas, miles de agradecimientos y miles de abrazos que el pueblo cubano manda al pueblo mexicano. Como me dice mi buen amigo Amado: para nosotros, tú eres México. Cada vez que estoy ahí hablo de la empatía y entendimiento que nosotros tenemos hacia Cuba, de los grandes esfuerzos que el mexicano común hace para llevar unos kilos de arroz al acopio; y cuando escucho a los cubanos, aprendo un poco más de la profunda historia que nos une.
Pero, como mexicoamericana y activista binacional, también cargo conmigo el peso de entender al ciudadano promedio estadunidense. Después de muchos años de vivir y tratar de aprehender Estados Unidos, no deja de sorprenderme cómo la idea de la democracia soñada vive dentro de ellos, a pesar de que llevan años de una crisis democrática que se profundiza cada vez más.
Lo que el sistema bipartidista de la llamada democracia estadunidense ha hecho con el pueblo cubano por décadas –a pesar de los esfuerzos de la administración Obama–, hoy se refleja en las entrañas mismas del imperio. Lo sufren no sólo los migrantes, los nativos americanos, los negros, los históricamente oprimidos. Hoy, ese yugo ha llegado a una clase media blanca que empieza a afligirse por el desplome de las libertades que fueron creadas para ellos.
¿Qué tiene Estados Unidos que aprender de América Latina? El pueblo estadunidense puede aprender de una larga lucha contra su propio imperio y de una larga construcción de procesos democráticos desde abajo que van mucho más allá del momento electoral. ¿Qué tiene Estados Unidos que aprender de Cuba? Todo, absolutamente todo.
La resiliencia y el tejido social que el pueblo cubano ha construido son únicos, como única ha sido la opresión del bloqueo que el gobierno estadunidense ha mantenido por todas estas décadas. Estados Unidos necesita salud pública, acceso gratuito a la universidad, vivienda asequible. Necesita dejar de invertir los millones que invierte en la guerra para invertirlos en su propio pueblo. Eso lo ha hecho Cuba.
El sueño de la democracia en cualquier país se construye más allá de las urnas, en proyectos que los pueblos asumen y ejecutan. Estados Unidos tiene hoy la oportunidad de demostrarse a sí mismo y al mundo entero que los errores cometidos por su gobierno no reflejan el deseo del pueblo estadunidense. Hoy, como hace 60 años dijo C. Wright Mills, “la voz de Cuba debe escucharse en Estados Unidos, porque Estados Unidos es demasiado poderoso y sus responsabilidades para con el mundo y consigo mismos son demasiado grandes para que su pueblo no oiga las voces que vienen del mundo hambriento”.
Estados Unidos se prepara para un nuevo periodo electoral, mientras su política de guerra e intervencionismo en todo el sur global se reafirma.
Al mismo tiempo, la isla de 10 millones de habitantes se prepara para seguir resistiendo ante la posibilidad de un ataque.En su “Guía familiar para la protección ante una agresión militar”, se leen las recomendaciones de cosas que hay que empacar en una mochila: identificación, radio, velas, comida, medicinas y juguetes para la distracción de los niños.
Una encuesta recientemente publicada por CEPR, un tanque de pensamiento que tiene su base en Washington DC, revela que más de 60 por ciento de los estadunidenses se oponen a una guerra con Cuba. Al mismo tiempo, las redes de solidaridad con Cuba en Estados Unidos –que han existido desde el inicio del bloqueo– se reactivan con más fuerza.
Pero ¿pueden realmente los estadunidenses detener las locuras que su propio imperio les impone a ellos mismos y al resto del mundo? Esperemos que sí, porque solo los estadunidenses –y nadie más que ellos– pueden llevar a cabo las transformaciones que su propio país necesita. Solo así Cuba, Estados Unidos, México y el resto del mundo serán libres.
*Defensora de derechos humanos (Elena Gutierrez, La Jornada, Opinión, p. 11)
Explicar las acciones del presidente Donald Trump recurriendo al argumento fácil: está loco, es frívolo. La personalidad de los dirigentes es un ingrediente del análisis, por sí mismo no desentraña la complejidad de los hechos políticos. La realidad geopolítica actual es un laberinto.
Con anterioridad señalamos que el objetivo de la política estadounidense es tener el control mundial de la energía y de las materias primas esenciales para su industria. En este objetivo no difieren los republicanos y los demócratas, se distinguen en las formas de alcanzarlo. Lo que sí salta a la vista del gobierno de Trump es que carece de una visión estratégica, pues un elemento esencial de ella es prever las posibles consecuencias de las acciones realizadas.
Eso se observa en los hechos que son consecuencia de las principales políticas implementadas: migración, aranceles, turismo, la captura de Nicolás Maduro, la guerra contra Irán, el narcotráfico, Cuba y México. El centro argumentativo del discurso político es que todos esos asuntos son un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
En el caso de las consecuencias de la política migratoria todavía no es posible cuantificar el impacto negativo en la economía. Lo que salta a la vista es, según National Foundation for American Policy, el PIB podría reducirse en 1.9 billones de dólares. La pérdida de un millón de trabajadores nacidos en el extranjero deja vacantes que no es posible cubrir. Por cada trabajador indocumentado detenido, seis trabajadores nativos han perdido su empleo. Además, hay que considerar la contribución al superávit fiscal aportado por los migrantes, que a lo largo de 30 años llega a 14.5 billones de dólares.
La política arancelaria impulsada por el presidente Trump recaudó alrededor de 50 mil millones de dólares. Logró compromisos iniciales de Europa, Japón y Corea de inyectar a la economía estadounidense miles de millones de dólares en inversiones directas. Al final la Corte Suprema resolvió que el presidente no tiene competencia para imponer aranceles que esa le corresponde al Congreso. Ahora hay que devolver lo cobrado.
Otra consecuencia es la inflación que, en un cálculo inicial, llevará a que los estadounidenses gasten 400 dólares adicionales al año; otro pronóstico (Yale Budget Lab) lo calcula en una pérdida por hogar de 2 mil 400 dólares por hogar. Se pronostica que la inflación podría llegar a 3% anual, que supera el cálculo de la Reserva Federal del 2%.
También la pobreza y la desigualdad se han incrementado. El 65% de los estadounidenses utiliza todo su salario para satisfacer sus necesidades y no ahorra. El precio de los alquileres de vivienda en las principales ciudades se ha incrementado alrededor del 30%. Más de 26 millones de personas tienen varios trabajos, muchos de ellos con jornadas que superan las doce horas.
En 2026, aproximadamente el 10.6% de la población (más de 35 millones de personas) vive por debajo de la línea de pobreza. Sin embargo, la inseguridad económica es mucho más honda: cerca de la mitad de los hogares tiene dificultades para cubrir gastos básicos y vivienda. Otra actividad económica afectada es el turismo, principalmente el proveniente de Canadá, México, Alemania, España, Francia y Corea del Sur; la disminución de su flujo llega al 11.6%.
La política económica del presidente Trump llevó a una confrontación con aliados y con adversarios. En el campo de los aliados sobresalen, por su importancia en la economía global, la India y la Unión Europea (UE). Con el primer país se dio el caso de que se acercó a Rusia, pero posteriormente logró un acuerdo menos duro con Estados Unidos.
La relación con la UE es más compleja, no solo por el tono agresivo del discurso del presidente Trump en materia económica, sino también por el deterioro de la estrecha relación militar que viene desde la segunda guerra mundial. El presidente Trump decidió disminuir el gasto militar, que presiona las finanzas públicas, obligando a sus aliados europeos y asiáticos a incrementarlo, sólo España se resistió. En la búsqueda de la hegemonía ha desplegado un discurso agresivo, que en unos casos ha relacionado a gobiernos incómodos y que se resisten a su política (Venezuela, Cuba, Colombia y México) como coludidos con el narcoterrorismo o como una amenaza a la seguridad internacional, que es el caso de Irán.
El sometimiento de Venezuela, después del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, acusándolo de ser la cabeza del Cartel de los Soles, el cual no se ha vuelto a mencionar, presentó a los Estados Unidos como capaz de llevar a cabo cualquier acción castrense con éxito. Pronto enfrentaría una cruda realidad aliado con Israel pretendió doblegar a Irán.
Irán resistió y tampoco fue posible convertir a Israel en la potencia hegemónica en el Medio Oriente. Las debilidades militares de los Estados Unidos quedaron evidenciadas: no fue capaz de defender eficazmente sus bases militares, tampoco pudo evitar la destrucción de la infraestructura petrolera de sus aliados (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Qatar) y tiene al mundo en vilo, al filo de una crisis económica.
La incapacidad llegó al grado de que escasearon las municiones para las fuerzas armadas estadounidenses. En los hechos, la sobrevivencia de Irán es una de rrota para Estados Unidos; además ha fracturado sus alianzas en el Medio Oriente y con Europa. Ante el fracaso, ahora amaga a Cuba con una posible agresión o invasión, a su vez incrementa las presiones contra México.
Trump en el encuentro con Xi Jinping no se atrevió a realizar ningún acto de soberbia a los que es proclive. El tema de Taiwán estuvo fuera de la agenda y unos días después anunció el retraso de la venta de armas por 14 mil millones de dólares a la isla. China durante el último año ha enfrentado al presidente Donald Trump. A los aranceles respondió con aranceles y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás.
Trump no pudo doblegar económicamente a China y al encuentro con su presidente se hizo acompañar por un séquito de grandes empresarios, no impresionó a nadie. Trump actuó como comerciante, Xi Jinping como estadista planteando que de continuar las acciones unilaterales y agresivas en aras de recuperar la hegemonía el riesgo era caer en la “trampa de Tucídides”, en una confrontación bélica entre potencias. Al final tuvieron un acuerdo genérico para disminuir aranceles y reactivar el comercio.
Posteriormente Xi Jinping se reunió con Putin, firmaron algo más de 40 acuerdos y refrendaron una alianza estratégica, que va más allá de lo comercial. No sólo tienen un enemigo común, se necesitan mutuamente. Rusia requiere vender el petróleo y el gas, que son esenciales para la economía China; pero también necesita de sus mercancías y tecnología. El mensaje es: hay que construir un mundo multipolar, de no hacerlo el riesgo de conflagración es alto.
Trump va de reversa, a China no logró imponerle su visión unipolar, a Rusia no le pudo obligar a un acuerdo de paz con Ucrania, la UE está tomando un camino propio, ejemplos: los tratados comerciales con el Mercosur y México; además fue derrotado por Irán.
Aunque las encuestas difieren en los porcentajes confirman una tendencia a la disminución en la aprobación a la gestión de Trump por debajo del 49%. El 56% de los encuestados afirma que las políticas presidenciales han empeorado la economía y, el 67% considera que la guerra de Irán ha afectado negativamente su situación financiera. Algunos calculan que la familia Trump ha incrementado su riqueza en mil 400 millones de dólares.
Los republicanos están en peligro de perder la mayoría en una o ambas cámaras de Congreso. La bestia está herida, por eso el riesgo de que desesperada realice una agresión contra Cuba o México está latente. (Javier Santiago Castillo, La Crónica, Columnistas, p. 5)
Es tan evidente la intención del régimen de hacer del caso de los agentes de la CIA fallecidos en Chihuahua una cortina de humo frente al escándalo del gobernador Rubén Rocha, que la FGR anunció, en un mismo tuit, que citará a declarar tanto a la gobernadora Maru Campos como a los diez sinaloenses imputados por la justicia americana. Como si fueran el mismo caso y como si además fuera equiparable un gobernador defenestrado por colusión criminal con una mandataria que ha dado la cara y transparentado la irregularidad que cometió su equipo de trabajo en el marco del combate dedicado al crimen organizado.
Mientras en Sinaloa el régimen ha cerrado filas para que los imputados ganen tiempo, en Chihuahua están montando un circo a todas prisas: primero el absurdo intento de hacerla comparecer en el Senado; luego la fallida marcha de MORENA; ahora el citatorio para mediatizar el testimonio de la gobernadora. Judicialmente, imputarla es casi imposible: como suele ocurrir en operaciones encubiertas, los contactos de la CIA estaban a nivel operativo, no político. Y aquí la verdadera razón del espectáculo: ir al fondo significaría abrir una caja de Pandora que podría salpicar al propio gobierno federal.
Hablemos de las preguntas incómodas que no están contestando: ¿Cómo es posible que entraran y se movieran agentes de la CIA sin que nadie en el Gabinete de Seguridad Nacional se diera por enterado? ¿Cómo incluso se trasladaban con armas si la Ley de Seguridad Nacional exige autorización de la Defensa?
Existe la versión del periodista Luis Chaparro de que esa unidad de agentes operaba desde el consulado de Monterrey y que incluso participaron en el operativo para la eliminación de “El Mencho” en Jalisco. ¿Esa participación fue autorizada? ¿En qué otros operativos aportaron información y a qué autoridades? No vaya a resultar que algunos de los exitosos desmantelamientos de laboratorios que presume el secretario García Harfuch fueran con inteligencia de esos agentes.
Finalmente, a quien tendrían que pedirle más explicaciones es a Washington. Habría que citar al cónsul de Monterrey, al de Ciudad Juárez —que recuperó los cuerpos— e incluso requerir por vía diplomática información al embajador Ronald Johnson, que, por cierto, no es ningún extraño de este tipo de temas: fue oficial superior de operaciones en la CIA.
Si se concluyera que esos agentes operaban ilegalmente con favores a funcionarios de Chihuahua y de otros gobiernos, estaríamos hablando de cohecho, y la propia Ley de Seguridad Nacional obligaría a suspender la cooperación bilateral en seguridad con Estados Unidos y expulsar a todos sus agentes. ¿Ahora aplicarán la ley frente a Trump, cuando antes le ofrendaban presos mexicanos de forma ilegal? ¿O, a diferencia de con Maru Campos, ahí la ley ya no es la ley?
La respuesta la conocemos. El doble rasero es ya grotesco. Con Sinaloa, toda la verborrea del discurso nacionalista y poca acción judicial. Con Chihuahua, todo el aparato del Estado para defenestrar a connacionales que son aliados en el combate al crimen organizado y muy poca exigencia a los Estados Unidos para saber cómo diablos están operando en nuestro país. (Carlos Matienzo, EL Heraldo de México, Orbe, p. 11)