Opinión Migración 240825

Rayuela

Detrás de las redadas también hay un incentivo perverso: llenar prisiones para que los amigos hagan negocio. (Rayuela, La Jornada, Contraportada)

Regiones migratorias

Cuando Claude Bataillon revisaba mi tesis de doctorado, me recomendó poner algunos mapas, porque a fin de cuentas mi título sería de geografía y era mejor prevenir los comentarios de algunos de los sinodales.

Efectivamente, mi tesis tenía demasiados números y pocos mapas. Años después pagaría mi deuda de geógrafo con Claude y propondría una regionalización de la migración mexicana, que ha sobrevivido bien al paso del tiempo e incluso a ciertos análisis estadísticos y críticos. En realidad, seguía sus pasos, porque él había propuesto, en 1988, una regionalización del país, en su libro Las regiones geográficas de México.

Mi regionalización seguía dos criterios básicos: uno geográfico, que diera cuenta de un espacio contenido e identificable, como por ejemplo la región fronteriza, que incluía a todos los estados del norte y se le añadía Sinaloa, por su vieja vinculación con la frontera.

El otro era la participación de cada entidad en las estadísticas históricas sobre migración. Además, se tomaban en cuenta varios indicadores como los datos del censo, la legalización de 1986 (IRCA), los ingresos por remesas, la encuesta Emif y otras fuentes. Actualmente contamos con el índice de intensidad migratorio del Consejo Nacional de Población, que desagrega a escala municipal y puede trabajarse de otra manera.

No obstante, el punto de partida fue definir la región histórica de la migración, que en parte coincidía con lo que se llamaba el occidente de México. El eje central de esta región son los estados de Jalisco, Michoacán y Guanajuato; se le añaden por razones geográficas de vecindad Colima, Tepic y Aguascalientes, y por razones históricas y migratorias Zacatecas y San Luis Potosí. Esta región enviaba migrantes desde fines del siglo XIX y contribuyó con buena parte del flujo migratorio.

La tercera región es la central, que gira en torno a la Ciudad de México, el gran receptor de migrantes internos, que por eso mismo empieza tarde a canalizar sus flujos hacia el norte. La componen la capital, el estado de México, Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Querétaro y Oaxaca.

La última región, que nombramos sureste, incluye Veracruz, Yucatán, Tabasco, Quintana Roo, Campeche y Chiapas. Hace 20 años, estos estados empezaban recientemente a tener presencia en las estadísticas migratorias y en la recepción de remesas. Por ejemplo, en 1986, con la regularización de IRCA, la región sureste apenas representó 1.4 por ciento de los migrantes legalizados por la amnistía, lo que la caracteriza, en la actualidad, como región con altísimo grado de irregularidad.

Mientras, la región histórica acaparó 63 por ciento de las legalizaciones y la convirtió en la zona con mayor índice de legalidad en Estados Unidos.

Para 2024, el dato más reciente que tenemos es el de remesas, aunque muestra algunas distorsiones. Por ejemplo, la región sureste creció de 6 a 12.6 por ciento, es decir, duplicó los ingresos que reciben las familias de los migrantes de la región. No obstante, para 2024 el criterio de remesas no se puede aplicar exclusivamente a los mexicanos, porque el flujo ha cambiado sustancialmente y tenemos a cientos de miles de migrantes en tránsito que reciben envíos para seguir su camino. Por eso Chiapas recibe 6.4 por ciento de las remesas que llegan a la región, lo que no corresponde con la realidad, dado que miles de extranjeros tienen que hacer sus trámites en Tapachula y reciben dinero para poder subsistir.

Hace varios lustros se señaló que todos los municipios del país registraban uno o más migrantes. Es decir, es un fenómeno de dimensión nacional, pero hay lógicas estatales y regionales que pueden ser muy diversas. Incluso en el caso de la ausencia de migración internacional, las razones o explicaciones podrían ser diferentes para alguien de Tijuana, Toluca o Mérida. Las razones para migrar o no migrar se dan en contextos geográficos y económicos diferentes.

Si analizamos las regiones de manera comparada, entre 2000 –año en que propongo la regionalización en el libro Clandestinos– y el momento actual, 25 años después, vemos cambios profundos y continuidades. La zona histórica sigue encabezando la lista en cuanto a la proporción de remesas que recibe, con 37.7 por ciento, aunque en 2000 ostentaba 44.69, que obviamente con los años se fue a otras regiones. Pero el segundo lugar es del centro, con 37.1 por ciento, una fracción menos que la región histórica, lo que da cuenta de un cambio muy profundo en el poder de atracción que tenía la Ciudad de México para su entorno.

Algo semejante se percibe al comparar las regiones fronteriza y sureste, que de manera similar a la central e histórica, tienen participaciones semejantes de 12.6 por ciento cada una, aunque la fronteriza pierde varios puntos y la sureste gane, al pasar de 6 por ciento al doble.

En los pasados 20 años, los flujos de remesas y de migrantes se han desplazado hacia lo que podríamos considerar como el gran sur, que comprendería las regiones central y sureste, un mapa y un proceso totalmente diferentes al de 2020, lo que da mucho que pensar y quiero compartir ahora con ustedes y mi querido maestro Bataillon. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 11)

Número Cero // Trump no quiere “bombas”, sólo extender su dominio

El último desencuentro con la DEA expresa la descomposición de la relación con EU y la presión de Donald Trump para transgredir la frontera o, como dice, hacer que México haga lo que él diga. La disconformidad es resultado de la personalización y el deterioro de la coordinación institucional, aun cuando negocian un nuevo acuerdo de seguridad.

El momento de la relación bilateral es de lo más difícil en mucho tiempo, por la personalidad transgresora de Trump y sus formas disruptivas que rompen toda convención para dictar su voluntad. El desacuerdo de Claudia Sheinbaum con la DEA se inscribe en ese desafió activo de los límites y ataques punzocortantes que representa la agencia de seguridad para su gobierno; un agente capaz de penetrar heridas y hurgar temores con la fama ganada a pulso de operaciones injerencistas en México y Latinoamérica.

En efecto, la opresión constante de Trump a sus contrapartes destruye antiguos diques de la política interior, ante lo cual México se atrinchera en el discurso soberanista. Pero lo cierto es que los refugios tradicionales de la diplomacia y el multilateralismo pierden fuerza ante la política unilateral de la imposición en perjuicio del más débil, aunque eso no significa que EU necesita de una intervención militar para extender su dominio y, al contrario, sería contraproducente.

Por tanto, la opción de la intervención o las bombas no parece estar en el horizonte, como repite Sheinbaum, aunque tampoco se restablecerán las formas de trato entre iguales y el respeto a los límites de la subordinación, a pesar de su disposición a cooperar. Eso es lo que evidencia el anuncio unilateral de la DEA de la operación “Portero” con que proyectaría cortar la cabeza a capos de las redes del contrabando de la droga que entran a su país por la frontera, además de armas y el dinero de cárteles, aunque la Presidenta lo niega ni acepta otro acuerdo en seguridad que el que negocia con el Departamento de Estado.

Su rechazo tajante refleja el desorden del trabajo de la agencia de drogas estadunidense, que no es la primera vez que se mueve a cuenta propia, como ocurrió con la detención del general Cienfuegos cuando López Obrador limitó la entrada de sus agentes al país. La integración de la DEA con el gobierno de Calderón a través de la Iniciativa Mérida se descompuso con sucesivos gobiernos hasta convertirse en un demonio con el que nadie quiere tratar. El desmentido de Sheinbaum confirma que la distancia y el hielo sigue igual que con su antecesor.

La diferencia es que su intromisión es un tema sensible en el marco de la declaración de los cárteles como terroristas y el conocimiento de la orden ejecutiva de Trump para el uso de la fuerza del Pentágono contra ellos, dentro de la nueva narrativa de la Casa Blanca que disfraza su injerencismo a fin de atacar al crimen, como esgrime en su amago militar contra el narco Estado de Maduro, no contra Venezuela.

Con México es distinto porque echaría por la borda avances que ha arrancado a Sheinbaum bajo la amenaza de tomar la iniciativa de la fuerza y sanciones arancelarias si su gobierno mantuviese la inacción de los abrazos, no balazos hacia los cárteles y redes de la narcopolítica, lavado de dinero y el control del mercado del crimen, y porque debilitaría el Plan de Seguridad con que ha respondido a sus exigencias de nueva guerra antidrogas y la migración en la frontera aumentando las resistencias internas.

La DEA aun así insiste en jactarse de niveles récord de cooperación como alcanzó con Calderón. Y Trump deja pasar esa provocación como forma de ataque para inflar la presión en la negociación del acuerdo de seguridad y remover los límites “soberanistas” de la contraparte, aunque México ya acepta vuelos de naves teledirigidas de EU en operativos de inteligencia en su territorio, les entrega cabecillas del narco y vigilancia del lavado de dinero con recientes denuncias a tres bancos mexicanos. ¿Para qué necesitar una intervención militar con todas las concesiones que ha obtenido de Sheinbaum? ¿Confunde disposición con debilidad?

Trump presiona con la DEA para sacar un “gran” acuerdo de seguridad con el que busca extender el dominio de EU en el comercio, la migración y la seguridad, pero no hacerse cargo de su carísima carga de controlar los cárteles fuera de su territorio. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 12)

Mensaje Directo // Esclavitud moderna

Imagínese que le ofrecen un trabajo en el extranjero, pero no le muestran el contrato, tampoco le dicen el lugar de destino, le quitan su pasaporte y además le piden que les entregue entre 75 y 90% de su salario. ¿Lo aceptaría?

Cuba somete a los trabajadores afiliados a su gobierno a las llamadas “Misiones de internacionalización”, un programa gubernamental de exportación de mano de obra, para beneficiarse del trabajo forzado. Más de 800 mil profesionales han sido sometidos a este trabajo esclavo desde 1963, según se ha denunciado ante organismos internacionales.

El régimen cubano ha recibido tres acusaciones de la ONU por trabajo forzoso, una de las formas de esclavitud moderna por la exportación de profesionales. La primera fue hecha por las Relatorías Especiales de Trata de Personas y de Esclavitud el 6 de noviembre de 2019.

El 2 de enero de 2024, la ONU hizo pública la “Carta Acusatoria” que envió al régimen de Cuba acusándolo de trabajo forzoso, vía misiones médicas, de educación, deportivas, culturales, artísticas, de construcción o turismo que realizan fuera de la isla. En ésta acusó a Cuba de abusos cometidos contra los derechos humanos del personal médico y otros profesionales que participan en “Misiones de internacionalización”.

Señala que son reprimidos los derechos a la intimidad y a la libertad (incluidas las de expresión, asociación y circulación) de las y los profesionales cubanos en programas y misiones de migración temporal en países contratantes.

“…Las personas trabajadoras reclutadas muchas veces no tienen información precisa sobre el lugar de destino y de trabajo hasta que llegan al país. Una vez en el exterior, deberán cumplir con la legislación cubana y, entre otras obligaciones, informar a su superior inmediato sobre una relación de pareja con una persona cubana o extranjera.

“Además de notificar cualquier visita familiar o de amigos en la localidad donde una persona trabajadora de Cuba presta servicios, o la intención de contraer matrimonio en el país donde ejerce sus funciones”.

El relator especial citó en su carta que los profesionales denunciaron que son vigilados por funcionarios de Cuba y otros trabajadores; además de no poder conducir, salir de casa después de ciertas horas; no recibir visitas de familiares o amigos o pernoctar fuera del lugar asignado sin autorización previa.

En los países donde el gobierno anfitrión paga directamente al trabajador, éste debe devolver al gobierno de Cuba un porcentaje de su salario entre 75% o hasta 90% de su salario mensual, dice la Carta.

El régimen cubano califica a los trabajadores que abandonan el programa sin completarlo como “desertores”, y la ley migratoria de la isla los considera “indeseables”, además de prohibirles regresar a Cuba durante ocho años, impidiéndoles visitar a sus familias. Y para demostrar las violaciones del régimen cubano, que afectan como daño colateral a los menores de edad, el relator citó el artículo 176 del Código Penal cubano, que prevé penas de ocho años de prisión para los profesionales que abandonen su puesto de trabajo o no regresen después de cumplir una misión laboral, lo que les impide reunirse con sus hijos o hijas en ese periodo.

Además, categoriza a los cubanos que no regresan al país en un plazo de 24 meses como personas que han “emigrado” y pierden sus derechos de ciudadanos, así como sus propiedades.

La Oficina para Monitorear y Combatir la Trata de Personas, que pertenece al Departamento de Estado de EU reportó que, en 2021, el gobierno cubano había sancionado a 40 mil profesionales y en 2022, alrededor de cinco mil menores fueron separados de sus padres.

Pero hay más. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha denunciado el trabajo forzado en cada informe anual de Cuba desde 2020, igual que los informes de Human Rights Watch, Human Rights Foundation o el reporte publicado por el British Medical Journal.

Las denuncias presentadas ante la Corte Penal Internacional y la ONU indican que la mayoría de los trabajadores no se ofrecieron como voluntarios para participar en las “Misiones de internacionalización”. ¿Usted cree lo contrario?

El Departamento de Estado de EU ya impuso restricciones de visado y canceló las visas de funcionarios gubernamentales centroamericanos y brasileños, de sus familiares y exmiembros de la Organización Panamericana de la Salud, por su vinculación con el programa de trabajos forzados.

México no debería de ser cómplice de un gobierno que se beneficia económicamente de esta esclavitud moderna, pero aquí están los médicos cubanos. (Fabiola Guarneros Saavedra, Excélsior, Nacional, p. 2)

Cruzando Líneas // La migrante que les sostuvo la mirada

De pequeña aprendí a entrelazar palabras, primero en la imaginación y luego en papel. Descubrí cómo hilar historias de mi pueblo mágico, mis ancestros y los movimientos más alocados del lado derecho de mi cerebro.

así, con el hipotálamo exaltado y mis dedos rápidos, le doy sentido al mundo. De vez en cuando, esas letras salen de mis labios con pasión y, a veces, con un acento marcado; y, si tengo suerte, hacen que lluevan sueños e inspiración. Si la vida me sonríe, provoco una tormenta, como en Colorado.

Un poco nerviosa y con las manos temblorosas subí al escenario de la Cumbre de Periodismo Local, de la Asociación de Prensa de Colorado. Yo, una foránea, sería la oradora principal de su evento anual, en el que casi nadie se veía como yo. ¿Qué les podría decir yo que les sacudiera el corazón, la pluma y la curiosidad? Cerré los ojos, respiré profundo y dejé que fuera esa niña pueblerina de ojos grandes e ideas enmarañadas la que se apoderara del podio.

Así, cruda, risueña y ahora curtida, fui contando mi historia, una que se diluye entre millones. Hay algo intimidante en eso de desnudar recuerdos al aire libre; es como dejar que otros recorran tu infancia con los suyos. Contar tu historia migrante en territorio blanco es como alzar una bandera y rezar por la paz, y confieso que sí, que da miedo.” Mientras mis palabras impregnaban la ceremonia, en la pantalla había flashazos de mi desierto, mis fronteras, mis reportajes, mi gente y mi vida entre dos patrias. Así todo cobraba vida en imaginaciones ajenas que, sin darse cuenta, se habían alimentado de narrativas chatarras.

Lo vi en sus rostros en los que por momentos se desaparecían sonrisas y en otros se les llenaban los ojos de agua. Nunca habían vivido la migración así, tan contradictoriamente bella y cruel.

En ese espacio en el que los periodistas latinos no llenaban ni una palma de la mano, recorrimos la aridez de la incomodidad que provoca el privilegio. Forzamos a los otros a vernos. Nos arrancamos el velo de la invisibilidad y nos vestimos de orgullo. Estos somos y aquí estamos: Te (me) veo, te (me) honro. te (me) reconozco. (Maritza L, Félix, El Sol de México, Análisis, p. 15)