Opinión Migración 240921

La Gran Carpa

Domador

Francisco Garduño Yáñez, comisionado del Instituto Nacional de Migración sostuvo una reunión con autoridades estatales y municipales de Coahuila y con elementos de la Border Patrol de Estados Unidos.

El objetivo de las conversaciones fue la coordinación de acciones de control migratorio. También se informó que en los linderos estadounidense (Del Río, Texas) estén alrededor de 3,300 personas extranjeras, y en tierras mexicanas (Ciudad Acuña, Coahuila) un aproximado de 600 migrantes a quienes se les otorgarán todas las facilidades, con respeto y calidad humana, para que continúen con los trámites iniciados ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. (El Economista, El Foro, p. 54)

Los migrantes haitianos

Las imágenes de miles de haitianos cruzando el río de México a Estados Unidos y viviendo bajo un puente en Texas han generado más preguntas que respuestas. ¿De dónde llegaron tantos haitianos de un momento a otro, cruzando México y llegando a Estados Unidos? ¿Cómo hicieron un viaje desde la isla haitiana al sol tejano, cruzando tantos países y terrenos inhóspitos? ¿Qué pasará con ellos ahora después de este viaje casi inimaginable?

La historia de Haití como nación es una de grandes aciertos e increíbles sufrimientos. Se liberó Haití de Francia en 1804 a través de una rebelión de esclavos y exesclavos, varios años antes de México y los otros países latinoamericanos, siendo la primera república en el mundo establecida por exesclavos.

Fue un símbolo de libertad para muchos, pero también una amenaza para otros. Simón Bolívar buscó el apoyo de Haití para liberar a Sudamérica. Estados Unidos, un país que tenía esclavitud, no reconoció la nueva república por décadas, y Francia demandó el pago de 100 millones de francos por su reconocimiento tardío, una deuda casi inimaginable en esos tiempos que no terminaría de pagar Haití por un siglo.

Haití vivió una historia de aciertos y desgracias, con una economía frágil, desastres naturales, aislamiento internacional, endeudamiento permanente y gobiernos autoritarios. Entró al siglo XXI como el país más pobre del hemisferio, sin haber cumplido los ideales de su lucha por la independencia. En 2010, un intenso terremoto que destruyó gran parte de la infraestructura del país y dejó mucho más de 100 mil muertos, asestó un golpe maestro a un pueblo ya acostumbrado al sufrimiento permanente.

El gobierno brasileño ofreció ayuda, incluyendo la expedición de miles de visas humanitarias para los haitianos que querían trabajar en Brasil. Coincidió con un periodo de construcción de estadios para la Copa Mundial y las Olimpiadas, pero luego la economía brasileña se estancó y miles se fueron para Chile y Ecuador, donde había más oportunidades laborales. Había más de 170,000 personas nacidas en Haití viviendo en Chile, según el gobierno, en 2020. Al principio, los gobiernos de Chile y Ecuador ofrecieron residencia a los haitianos, pero luego les hicieron mucho más difícil quedarse.

Desde hace cuatro o cinco años, los haitianos viviendo en Sudamérica, mayormente en Chile, Brasil y Ecuador, empezaron a migrar hacia Estados Unidos, pasando por una decena de países y por el Tapón de Darien, una selva tropical sin caminos que requiere caminar por días en condiciones extremadamente precarias. Muchos hacían este viaje durante semanas o meses.

Algunos llegaban a Estados Unidos, mientras otros se quedaban en México, especialmente en Tijuana, donde hay una comunidad grande establecida. Hay registros de que el número de haitianos cruzando el continente empezó a subir notablemente en junio, julio y agosto de este año, quizás en parte porque había evidencias de que el gobierno de Estados Unidos estaba dejando entrar a las familias que llegaban a la frontera. Lo que era una migración paulatina y constante, se volvió de pronto mucho más grande.

El gobierno mexicano trató de contener a los migrantes haitianos en Tapachula, Chiapas, donde muchos esperaban sus procesos de asilo. Pero de pronto, en un solo fin de semana largo se movieron de 10 a 15 mil haitianos del sur de México al norte. Algunos se trasladaron en pequeños grupos por su cuenta, mientras otros parecen haber ido en autobuses rentados. Claramente fue un movimiento muy organizado, pero faltan detalles aún de cómo se organizó.

El gobierno de Estados Unidos, que estaba dejando entrar a la mayoría de familias que llegaban a la frontera hasta hace poco, ya está empeñado en regresar a Haití a estos migrantes, enviándolos a un país del que escaparon hace más de una década. No queda claro si todos se enviarán allá o si algunos serán regresados a Sudamérica o les será permitido entrar a Estados Unidos.

Hay caos ahora en el gobierno de Estados Unidos —y también en el gobierno mexicano— por decidir qué hacer para disuadir más movimientos de este tipo, pero con algún tipo de trato humanitario también. Las imágenes de brutalidad de algunos agentes de seguridad de ambos países contra los migrantes haitianos también han complicado la respuesta. No hay soluciones fáciles y sospecho que esto será motivo de muchas preocupaciones en ambos países por mucho tiempo aún, y que los miles de haitianos que están ahora en camino por Centroamérica hacia México y Estados Unidos tampoco desistirán en su viaje. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p. 10)

Migrar, con el dolor a cuestas

La crisis de los migrantes haitianos de los días pasados en Del Río, Texas, muestra nuevamente no solo las penurias de quienes se ven obligados a migrar, sino la crueldad de quienes no desean acogerlos y consideran no solo que un territorio es de su única propiedad, sino que piensan que los otros, los que llegan, los distintos, son menos humanos que ellos. Más de doce mil haitianos acamparon del otro lado del Río Bravo -o Grande, depende del lado desde donde se lo vea- y empezaron a cruzar.

Las imágenes de los guardias fronterizos a caballo sometiendo con un látigo a quienes han cruzado no solo reavivan la discusión sobre la esclavitud -la herida abierta sobre la que se formó este país-, sino que coloca en el centro del debate la discriminación racial.

El gobierno federal promete investigar el maltrato, la vicepresidenta se apresta a denunciar el abuso de poder, pero se han deportado masivamente más de seis mil haitianos, a razón de mil por día, trasladándolos de regreso a su país, sin avisarles a dónde se les está llevando: se enteran al aterrizar en Puerto Príncipe.

Se trata de una crisis humanitaria. El presidente Biden ni siquiera mencionó el hecho el martes pasado en su discurso en las Naciones Unidas. Julián Castro, uno de sus rivales en la primaria presidencial ha declarado que la gente está realmente enojada con la manera en que el presidente ha continuado muchas políticas migratorias del tiempo de Trump, aunque haya cambiado la retórica.

La manera en que se está deportando hoy masivamente hace que las palabras de Castro sean incluso suaves. Un artículo del código de salud estadounidense, el Título 42 le permite a la administración de Biden deportar saltándose todo protocolo migratorio. Ante el avance de la pandemia el departamento de Homeland Security a cargo de Alejandro Mayorkas, un hijo de migrantes, puede realizar estas deportaciones masivas agravando aún el problema.

Muchos de los haitianos que buscaban cruzar, temerosos de ser enviados de nuevo a Haiti han regresado a México, donde el problema es igualmente grave. Muchos de los migrantes que están hoy intentando cruzar a Texas salieron de su país desde 2010 después del devastador terremoto que destruyó buena parte de la isla. Han vivido en Brasil, en Chile y en otros países de Sudamérica.

El fenómeno de la migración -nos recuerda Mabel Moraña que pensaba Antonio Cornejo Polar- requiere la creación de espacios de pertenencia compartida, desde los que el migrante pueda relacionarse con los distintos grupos sociales e intentar integrarse. Pero quien migra, por su propio conflicto interior, difícilmente puede conciliar fácilmente.

Quien migra necesita afirmar su identidad, autoreconocerse. El siglo XXI, nos recuerda la crítica uruguaya siguiendo a Mbembe, nació reconociendo la extrema fragilidad de todos, del Todo. La pandemia nos ha descubierto que lamentablemente no hemos aprendido la lección -no solo de incertidumbre, sino ética- y que la compasión es un bien sumamente escaso.

Vivimos en la inestabilidad y sin embargo nos aferramos a la propiedad, al territorio, a la defensa chauvinista de lo propio como si todo fuera estable. La migración es, como dice Moraña una energía que sobrepasa la dimensión social y la ética. Va más allá del derecho a la movilidad o incluso de la prerrogativa moral de un ser humano de buscar mejorar su vida.

El migrante, sin embargo, se lleva su casa y su dolor a cuestas y encuentra el rechazo franco, la deportación, se convierte en un criminal, en alguien que, según el Estado, es un “ilegal”; esa etiqueta anula su carácter de sujeto, de ciudadano, de humano. El sábado pasado había, como he dicho, quince mil haitianos en el campamento debajo del puente en Texas. Las imágenes sobrecogen.

Muchos de ellos tienen estatus de refugiados en los países que he dicho. Siguen migrando, han vivido años de penurias, con trabajos mal pagados en los países que los acogieron. Mayorkas dijo recientemente: “Si quieres entrar ilegalmente a Estados Unidos se te regresará, no tendrás éxito”. Sus palabras no implican un cambio de tono frente a la presidencia pasada ni abren un solo puente al asilo humanitario. Esas palabras son otro látigo como el de la patrulla fronteriza montada. Son una vergüenza. (Pedro Ángel Palou, El Heraldo de México, On line)

Río Bravo // Una semana en la frontera

Van y vienen como en peregrinación. Un viacrucis por alimento. La marcha del hambre. El padre haitiano que cruza el río en busca de comida para su familia. La madre con un bebé en brazos. Otra mujer embarazada.

Son miles de ellos. Atraviesan el río con el agua hasta las rodillas, primero porque así alcanzan su sueño: pisar Estados Unidos; después regresan porque ahí no tienen para comer ni beber, en México consiguen agua y algo más; luego vuelven con las pocas provisiones que encontaron al campamento improvisado que levantaron debajo del puente fronterizo. Y así todos los días, aunque a veces el nivel del agua sube y les llega al pecho.

Unas 15,000 personas se agolpan entre Ciudad Acuña, Coahuila, y la ciudad texana de Del Río. Duermen en casas de campaña, bajo techos de rama, o a la intemperie. En el día cruzan a México y en la noche, ya en Texas, esperan. No creo que puedan dormir.

Casi todos son haitianos que buscan refugio en Estados Unidos. Salieron de su isla expulsados por la inestabilidad política y económica. Haití es el país más pobre del continente. En 2010 un terremoto devastador obligó a miles a iniciar el éxodo hacia Sudamérica. Este año, el magnicidio del presidente Jovenel Moise y otro sismo en agosto, empeoraron la crisis. Por todo eso estas personas están aquí.

La paciencia se acaba. Al borde del río, en Estados Unidos, agentes de la Patrulla Fronteriza montados a caballo impiden el paso a los migrantes que vienen de México. Usan sus caballos como armas y las riendas como látigos para que los haitianos no salgan del agua y no puedan regresar. Ahí está la prensa internacional para correr la voz, el fotógrafo con su cámara que congela el momento; el reportero con la palabra que captura ese instante: ¡a latigazos no!

La imagen da la vuelta al mundo. Un hombre blanco, con barba, sombrero y rabia en la expresión, sujeta desde su caballo a un hombre negro y delgado que intenta esquivarlo aterrado. La Casa Blanca reacciona horrorizada.

¿Cómo algo así puede suceder frente a Biden, que prometió todo lo contrario? Pero incluso aquí la vida se abre paso. El otro día nació una bebé debajo del puente. Los paramédicos llegaron para ayudar a la madre y un testigo grabó el video con su teléfono. Algunos medios reportan que es el cuarto bebé que nace en este campamento. Su madre no sabe qué pasará con su estatus migratorio: hijo de padres haitianos, nacido sobre la tierra, en suelo estadounidense.

Desde arriba, con la perspectiva de un pájaro, se ve con claridad el nuevo muro en la frontera. Una valla de acero, hecha con decenas de vehículos estacionados. Son patrullas de agencias del orden locales. Conforme avanzamos el vuelo, aparecen más y más en una fila interminable. Ahí están formadas una detrás de la otra a lo largo del río Bravo en una demostración de fuerza (¿o de caos?). La hilera de vehículos se extiende hasta llegar a lo que, desde arriba, parece un campamento de refugiados de una guerra en el Tercer Mundo.

Pero ya, casi al terminar la semana, la mayoría han sido deportados a Haití, el país del que escaparon en primer lugar. Otros huyeron a México, para evitar que los regresen a la pesadilla de sus orígenes. Y algunos más han conseguido que los acepten en Estados Unidos para comenzar sus procesos de asilo. El campamento poco a poco se vacía. Pero la crisis, como la energía, no se destruye: sólo se transforma. Haití sigue ahí tembloroso, desnutrido y abandonado. Y sus expulsados también, en una lucha desesperada por lograr un solo respiro más. (Julio Vaqueiro, La Razón, México, p. 14)

Así lo dice La Mont // México: Éxodo haitiano y EU

Sismo 2010: El terremoto del 12 de enero 2010 dejó a la capital Puerto Príncipe bajo los escombros pues en solo 25 segundos que siguieron al movimiento sísmico de 7 grados Richter, colapsó el 65% de las construcciones en la zona metropolitana con un saldo de 200 mil decesos y otros dos millones sin hogar.

Reacciones: El extinto presidente René Préval buscó infructuosamente comunicarse con la también derruida Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah), dejando sin dirección la fuerza multinacional que ingresó a los asentamientos precarios de Carrefour Feuilles, Bel Air o Cité Soleil que ahora exportan su mano de obra a Brasil, Panamá y México sin poder alcanzar a Estados Unidos.

¿Por qué el éxodo? Hasta 2014 en la nación más pobre del continente, donde el 80% de la población sobrevivía con 3 dólares por día, sumida en la marginalización extrema, insalubridad y según el Programa de ONU para Medio Ambiente (PNUMA) con solo 2% de cobertura forestal cuya consecuencia fueron los procesos galopantes de erosión, pérdida de tierras cultivadas y sin ningún intento por frenar la deforestación.

Diáspora: En el bienio 2011-2013 con la crisis política, económica y social de Brasil, unos 200 mil haitianos migraron hacia Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Honduras, Guatemala y México con el único interés de llegar a EU donde se concentra el 46.6%. Quienes vendieron la errónea idea a sus connacionales que con el arribo de un presidente demócrata en la Casa Blanca contarían con visas de asilo, propiciaron desde 2010 una tercera oleada.

Lección: Las verdaderas causas del desastre migratorio no son los sismos o huracanes que afectaron a Haití sino sus condiciones extremas: Aglomeraciones urbanas, estilos precarios de construcción, degradación ambiental, debilidad del Estado y las presiones internacionales estadounidense como francesa, en su exclusión y pobreza por cierto no distantes a la región del oriente mexiquense: Valle de Chalco, San Vicente Chicoloapan y Chimalhuacán que durante el reinado de la Loba e Ixtapaluca y Ecatepec enriquecieron a gobernantes y empresario en detrimento de su población.

Infamia: Hace 218 años la República de Haití se convirtió en la primera nación de color, independiente en América Latina. La más antigua del mundo y segunda del hemisferio occidental después de Estados Unidos debido a una revuelta exitosa de esclavos cuyos herederos aún no comprenden ¿Por qué a 20 años de la caída del presidente Jean-Bertrand Aristide, la fuerzas invasoras del 2004 estadounidenses no controlaron y a la fecha, continúan los saqueos de almacenes de alimentos y toque de queda impuesto por la delincuencia que orilló al actual fenómeno de éxodo, seguido del crimen del presidente Jovenel Moïse? (Federico Lamont, El Sol de México, República, p. 10)

Sobreaviso // ¿Septiembre hace verano?

En el campo diplomático igual hubo giros.

Dicho en breve, se volteó al sur para ver al norte. Se cobijó a otros en defensa propia y, aun cuando en la cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe se generaron más expectativas que resultados y se cosecharon más diferencias que coincidencias, el Ejecutivo hizo acto presencia en la región, mirando a Estados Unidos, cuya presión para controlar por la fuerza el flujo migratorio pinta una crisis.

A los desplantes sigue, tan pronto como el próximo lunes, la visita del jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken y, luego, en noviembre la eventual asistencia del mandatario mexicano a Nueva York, cuando México asuma la presidencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Está por verse si esos giros suponen una estrategia política o una nostalgia ideológica y si el lance amplía o reduce el margen de maniobra en la redefinición de la relación con Estados Unidos. (René Delgado, El Financiero, Opinión, p. 35)

Seguridad y defensa // Oposición legislativa: insulto, no supervisión del Ejecutivo

Zona Zero

Encargada de la agenda migratoria y fronteriza, la vicepresidenta Kamala Harris sigue sin controlar el problema. Y a pesar de su responsabilidad directa, solo le pide al Gobierno de EU -que ella encabeza con Biden- “mejor trato a migrantes”, ante las escenas de haitianos hacinados bajo un puente y policías atacando con caballos y látigos a solicitantes de asilo. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 12)

El soft power en las benditas redes sociales

La corrupción es endógena al proceso político por ende, la misma es institucionalizada y su nivel y clase dependen del régimen político en el país. Una de las promesas de López Obrador ha sido el combate al flagelo que desangra la vida institucional sin embargo, en su narrativa diaria las palabras no siempre han estado acompañadas por los hechos. El Ejecutivo pretende instalar en el colectivo la idea de que en su gobierno la corrupción no existe y lo mismo sucede con los asuntos que han golpeado irremediablemente la línea de flotación de la cuatroté.

El resultado de los brazos abiertos en la política migratoria han sido devastadores colocando a México en una situación de latente tensión con el gobierno de los Estados Unidos junto con los abrazos para las organizaciones delictivas que elevan su desafío contra un ausente Estado mexicano. Miles de migrantes debajo de un puente —sin que se hayan activado las alarmas mexicanas— creando una crisis bilateral, un cártel detonando explosivos para que aprendan a respetar y una FGR con agenda personal.

 La coyuntura social prende las alarmas en Chiapas alertando de una “guerra civil” donde hace tiempo hay ebullición en la región en una mezcla donde convergen intereses del crimen organizado, magisterio, grupos de indígenas y el (des)gobierno estatal y local.

México arde en varios frentes y el Ejecutivo continúa su hoja de ruta de polarización apostando que su propaganda desvíe la atención de una realidad que puede desencadenar un peligroso efecto dominó.

En materia de seguridad se ha aceptado que hay una guerra, el discurso de Rosa Icela Rodríguez en su comparecencia en el Senado expresando que en la cuatroté “no venimos a ganar la guerra sino a ganar la paz” constata la aceptación de un conflicto bélico doméstico, no desmentido o matizado, que rebasa la actuación de nuestras fuerzas armadas hoy plegadas a los deseos presidenciales.

La cacareada construcción de paz —término que no se entiende— en esta administración es, a tres años, un rotundo fracaso. El contexto de inseguridad, impunidad y nulo estado de Derecho en varias regiones del país mantiene inquieta a una parte de la comunidad internacional que observa una pérdida de control de una parte del territorio nacional hoy gobernado por claros intereses delincuenciales. El activismo en redes sociales de embajadores exhibiendo sus viajes y reuniones a varios (de los ¡50!) estados claves indica la gestión de riesgos, una falta de confianza en la información oficial y un genuino interés por incidir y conocer la problemática de los asuntos in situ.

No es suficiente la narrativa mañanera de los “otros datos” para explicar el desorden, la creciente impunidad y la inestabilidad surgida por tanto abrazo.

Señales recientes han sobrado de México para el mundo y viceversa, y los caminos para el intercambio de inquietudes pasan también por la vía diplomática de las agregadurías militares. Y en sus escenarios de mediano plazo hay probabilidades de que converja la incontrolable espiral de violencia con la crisis migratoria —que ya es humanitaria— y social.

El análisis y la prospectiva en despachos de países con inversiones en nuestro país no es optimista y se estudian escenarios para el manejo de la incertidumbre; han perdido la confianza en este gobierno gracias a la inestabilidad en el péndulo emocional presidencial y la ilimitada terquedad de López Obrador que considera que todo aquel que disienta está manipulado por manos oscuras o padece una tara psicológica.

Desafiar los límites de la realidad propia y querer imponerla no es una fórmula pertinente en estos tiempos aciagos y mucho menos en una coyuntura donde los actores internacionales están realineando sus intereses en la región. (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p. 2)

En petit comité / Imperativo, ganar la guerra para ganar la paz

Sotto Voce…

La solución al problema de los migrantes, que cada día se agrava más, no está en manos de uno solo de los gobiernos a los que involucra. Se requieren soluciones conjuntas. Pero estas no se pueden dar pateando el pesebre… (Oscar Mario Beteta, El Universal, Opinión, p. 11)

Rozones

Alianza federalista, ¿la última y nos vamos?

A una semana del cambio de Gobierno en Nuevo León y Michoacán, cinco de los 10 gobernadores que integraban la Alianza Federalista se reunieron ayer, después de siete meses de no encontrarse, y acordaron mantener el frente común, o lo que los mandatarios llaman la “resistencia en unidad”, en los temas que más afectan a las entidades, entre ellos la cuestión migratoria y el tema de seguridad. Pero, sobre todo, nos dicen, la reunión en Saltillo fue para hacerles un reconocimiento de despedida a los mandatarios de Nuevo León, Jaime Rodríguez, y de Michoacán, Silvano Aureoles, que en cuestión de días abandonan el poder, algo que no se hizo con el exmandatario de Chihuahua, Javier Corral. Ya sin tres de los 10 integrantes originales de esta agrupación, que próximamente serán cuatro, cuando deje el cargo el gobernador de Colima, Ignacio Peralta, el propio gobernador de Coahuila, Miguel Riquelme, señaló que ya se verá qué estados deciden continuar formando parte del grupo. (La Razón, La dos, p. 2)

En tres patadas // México, el jamón del sándwich

Crisis humanitaria en el norte y en el sur. México trata de detener en el sur a quienes intentan cruzar desde el Suchiate hasta el Bravo; Estados Unidos frena y regresa a todos los migrantes centroamericanos, caribeños y de decenas más de nacionalidades que intentan ingresar a su territorio desde México. Las escenas en uno y otro lado son desoladoras y denigrantes: agentes mexicanos pateando a un migrante centroamericano y guardias estadounidenses a caballo latigueando a haitianos.

México quedó atrapado, como el jamón del sándwich, en medio de un fenómeno de flujos migratorios en los que, es cierto, es muy poco lo que puede hacer (y lo que ha propuesto, que es exportar el programa Sembrado Vidas, tiene poco sentido). De lo que sí es responsable el Estado mexicano es de lo que sucede en el territorio, esto es de la presencia de grupos del crimen organizado que se dedican al tráfico de personas y de la ineficiencia y corrupción de las autoridades migratorias.

Por supuesto que el gobierno mexicano debe preocuparse e indignarse por el trato a los migrantes haitianos en Texas, pero lo que debe ocuparle es cómo llegaron, cómo es que una caravana de miles de personas cruzó el territorio sin que nadie advirtiera lo que se está gestando ahí, sin que nadie viera un problema que requería atención.

Si estas caravanas que se movieron en transporte convencional tenían permiso temporal del Instituto Nacional de Migración entonces estamos ante una política deliberada de bajar la presión en el sur para enviarla al norte. Quitar el foco de atención de lo que hacen nuestros policías en el Suchiate para que fueran los estadunidenses quienes los frenaran, quienes usaran la fuerza.

Detrás de cada grupo de emigrantes hay un negocio ilegal de tráfico de personas: alguien cobró para moverlos ilegalmente por el territorio y para corromper a las autoridades

Si no tienen permiso migratorio entonces de lo que hablamos es de una absoluta falta de control del territorio. Detrás de cada grupo de emigrantes hay un negocio ilegal de tráfico de personas: alguien cobró para moverlos ilegalmente por el territorio y para corromper a las autoridades. Ya no son los polleros del siglo pasado, son grupos del crimen organizado. En eso nada tienen que ver los gobiernos de Estados Unidos ni de Centroamérica, no es un asunto de relaciones internacionales sino de política interna.

Está muy bien colaborar con los gobiernos de norte y sur para terminar con los flujos migratorios y construir una visión regional de la migración. Pero arreglar los problemas internos de corrupción de control del territorio, que es de lo que nadie habla, nos toca a nosotros.

Para regresar a la metáfora, sin panes no hay sándwich, es cierto, pero la calidad del jamón nada tiene que ver con los panes. (Diego Petersen, El Economista, Política y Sociedad, P.45)

Verde en serio // La dictadura cubana en México

Cuba es la dictadura más antigua y atroz de América, y la segunda en el mundo después de Corea del Norte. Es un país donde no existe democracia, donde están prohibidos los partidos políticos de oposición, donde no hay elecciones con candidatos alternativos (sólo del Partido Comunista), donde son permanentes las violaciones a los derechos humanos, donde el gobierno tortura, donde hay detenciones arbitrarias, juicios sumarios y ejecuciones, donde se reprimen todas las formas de disenso político, donde a los cubanos se les niegan sistemáticamente los derechos fundamentales a la libertad de expresión, asociación, reunión, privacidad, movimiento y debido proceso. No existen la autonomía universitaria ni la libertad académica. Nada más lejano a una educación de calidad en Cuba; si así fuera, se trataría de un país productivo, moderno, competitivo y próspero. Es un país de penurias, escombros y mendicidad.

Y toda esta tragedia es particularmente dolorosa al contrastarla con lo que fue Cuba antes de la dictadura, un país ciertamente con problemas y déficit democrático, pero con avances extraordinarios en el contexto latinoamericano e incluso global. Fue un país imán de inmigrantes, meca del turismo, comunicaciones, educación superior (en especial en medicina), infraestructura y espectáculos artísticos, música, radio, cine y teatro. Cuba fue el tercer país más rico de América, y sexto con el más alto ingreso per cápita en el mundo; el segundo país en América Latina con las tasas más bajas de analfabetismo, con el más alto número de médicos per cápita, el mayor porcentaje de hogares con electricidad, y con la mayor cantidad de calorías ingerida por habitante. Fue el segundo país en América Latina con la tasa de mortalidad infantil más baja. (Gabriel Quadri De La Torre, El Economista, Empresas y Negocios, P.26)

Los haitianos en la poesía de Zambrano

El drama de los haitianos en Estados Unidos se le da un tinte violento. Lo real es que no existen las políticas de amistad hacia los más necesitados. Este periplo de los haitianos lo enlazo a los apuntes de la filósofa española María Zambrano sobre el exilio.

Para la filósofa y poeta española, el exiliado (haitiano) es desgajado también del acontecer colectivo; es expulsado de la historia. Vive en sus márgenes, embebido en un pasado que está estancado. En un pasado fijo y solidificado en un fragmento absoluto de la historia que parece no acaba nunca de pasar. Porque está obligado, ahí por donde va a rendir cuentas de lo sucedido en su país, está condenado a repasar su historia, a ir enumerando una y otra vez, como un largo rosario, los hechos que ha vivido para ver si puede encontrarles algún sentido.

Por ello, es un resto, un deshecho de una historia truncada. Está ahí embobado en su pasado, arrobado en su pasado, sin saber muy bien las razones de su permanencia en ese filo entre la vida y la muerte.

El exiliado, según Zambrano, se asemeja a la figura de esos idiotas pintados por el genio de Velazquez, E l niño de Vallecas, pobres pasmados que han olvidado el motivo de su presencia, pero que, sin embargo, atesoran como si fueran figuras sagradas, cómo bienaventurados, una verdad humilde, la verdad del simple.

Al igual que esos idiotas que deambulan como extraños extranjeros todo el día sin intención alguna, sin que nadie los altere o los perturbe. El exiliado vive así en el ayer sin presente ni horizonte, como un ciego errante, como un Edipo sin lugar y sin realidad. Ha dejado de ser personaje de la historia para devenir en criatura de la verdad.

O sea, el exiliado haitiano (centroamericano o mexicano) permanece en un rincón, en la reflexión de Zambrano, para ser visto. Su misión es ser objeto de la mirada.

Él es ante todo objeto de visión, pues su sola imagen da cuenta de una historia apócrifa, de una historia olvidada que se quiere olvidar. Por ello, su presencia resulta molesta, es un estorbo. Alguien que incomoda por lo que revela.

Espléndidas vivencias de María Zambrano que hablan de uno de los dramas actuales. (Zambrano M. Claros del bosque. Edición de Mercedes Gómez Ilesa. Editorial Cátedra. España, 2018) (José Cueli, La Jornada, Opinión, p. 24)

El Correo Ilustrado

Oleadas de migrantes, reacomodo de la población mundial

Pienso que estas oleadas de migrantes que vienen de Haití y otros países centroamericanos no es un fenómeno pasajero. Hoy esperan 10 mil o más haitianos para entrar por Texas a territorio estadunidense en busca de alcanzar estatus de asilados, por las difíciles circunstancias que enfrentan es su nación. Pienso que este caso no es pasajero.

No, esto parece un nuevo reacomodo de la población mundial, pues lo mismo está sucediendo en otras latitudes: en Oriente Medio y en África hacia los países europeos. Parece que esto representa un gran reto para las naciones del llamado primer mundo. A la vez que es un serio cuestionamiento hacia los sistemas capitalistas y neoliberales que se han consolidado en esos países desarrollados. Pues ahora se ven como sistemas deshumanizados. (Héctor Ortiz Sosa, La Jornada, Editorial, p. 6)

Cartones

Ya merito

carton 1

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 19)

Los sin tierra

Carton 2

(Waldo, El Universal, Opinión, p. 11)

Rondando

carton 3

(Kemch, El Universal, Opinión, p. 10)