Opinión Migración 241122

Razones // Un Estado débil y vulnerable

Durante horas quedó inutilizado uno de los sistemas estratégicos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el de migración, por donde queda registrada toda entrada o salida del país por nuestro principal aeropuerto, información que es compartida con varios sistemas globales de seguridad aérea. No fue por un hackeo o una falla en el sistema. Fue porque se robaron los cables de fibra óptica que sirven para comunicar esos sistemas. El comunicado oficial explica que los ladrones, unos simples delincuentes comunes, no unos terroristas ni nada parecido, se equivocaron y pensaban robar cableado de cobre y resultó ser de fibra óptica, como si eso sirviera de explicación plausible.

¿Se imagina usted un aeropuerto internacional de la magnitud del AICM con sistemas estratégicos bloqueados, no porque fueran hackeados o paralizados por una sofisticada operación, sino porque unos delincuentes comunes se robaron los cables? No es un tema menor: eso pasa en una de las principales instalaciones estratégicas de la Ciudad de México y del país. Se demuestra que, por ejemplo, el AICM no tiene una conectividad propia, autónoma, es parte de los mismos sistemas hogareños que utilizamos usted o yo.

Así está la seguridad y sus vulnerabilidades se exhiben cotidianamente. No hay la inversión necesaria en sistemas estratégicos, no estamos preservando la seguridad nacional como un país de la dimensión de México requiere. Y esa vulnerabilidad ya trasciende el robo de información o los crímenes relativamente sofisticados, sino que se exhibe incluso en los más sencillos crímenes cotidianos.

A muchos les parece una anécdota más de la inseguridad cotidiana, pero, en realidad, es un síntoma de la debilidad y vulnerabilidad del Estado en éste y en muchos otros ámbitos. Aunque para fortalecer al Estado, no al gobierno, en terrenos estratégicos, no hay ni voluntad ni recursos. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)

Quebradero // Un gobernador antimigrante

Parte de la fortaleza y popularidad del gobernador de Texas está en su ataque contra migrantes. No sólo le sirve para aislar al estado de las tendencias promigrantes o para militarizar la frontera con México, le sirve también para confrontarse y verse diferente de los demócratas y enfrentarse políticamente con el presidente Joe Biden.

En pocas ocasiones la Casa Blanca ha hecho acuse de recibo a las posturas y provocaciones de Abbott. Como fuere, tarde que temprano todos estos factores tendrán que ser atendidos por Biden que ya ha anunciado su intento de reelección.

El demócrata prometió una reforma electoral al igual que sus antecesores, particularmente Barack Obama. Sin embargo, no podrá hacerlo porque en EU no hay condiciones para ello.

A los demócratas no les alcanza en el Congreso a lo que se suma que no hay un pleno consenso entre ellos. Entre los republicanos no es tema y no están dispuestos a ceder por ningún motivo; no han permitido que sea un asunto que al menos se discuta formalmente.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, tiene plena claridad en esto. Sabe que es una de las cartas de presentación electoral en el 2024. El texano no pareciera tener futuro presidencial, pero habrá que ver en qué termina todo esto y habrá que esperar también si hay algún tipo de entendimiento entre el autodestapado Donald Trump y el gobernador de Florida, quien cada vez va teniendo más adeptos y posibilidades. Diferentes analistas consideran que está hecho a imagen y semejanza de Trump, pero que resulta ser más “agradable”.

Mientras todo esto sucede, el gobernador texano ha ido metiendo el acelerador en el tema migratorio como en pocas ocasiones en los últimos años.

Encuentra dos motivos para ello, por un lado, se hace presente a nivel nacional en EU con su política antimigratoria, lo cual en muchos estados es compartida, incluso de manera militante. En particular en la zona que se conoce como la “América Profunda”, formada por buena parte de los estados del centro del país, donde se oponen, en muchos casos de manera hipócrita, a la presencia de los migrantes.

Por otro lado, buscan la invaluable mano de obra migrante, pero manifiestan una clara posición discriminatoria y racista. Sucede a menudo que se violan todo tipo de leyes con tal de contratar trabajadores migrantes para que hagan trabajos que muchos estadounidenses no quieren hacer en medio de un manifiesto racismo.

Abbott tiene muy claro el mapa estadounidense. En tiempos en que la nación está virtualmente dividida en dos partes como en pocas ocasiones a lo largo de su historia, ahonda la división, porque intuye que a través de ella existe la posibilidad de que en las elecciones del 2024 los republicanos puedan hacerse fuertes entre la población más conservadora del país, la cual no se pierda de vista que ha crecido significativamente.

En medio de todo esto estamos nosotros. Si bien no podemos participar de una dinámica interna en EU, sí debemos hacer valer el tema migratorio como un asunto multilateral, que coloca como primeros en la lista a EU y a México.

El gobierno tiene que hacer valer una posición firme respecto a las decisiones que está tomando el gobernador de Texas. Si bien lo hace de manera autónoma, hay una afectación directa a la relación bilateral y a un tema fundamental que no sólo es regional, sino que es del mundo entero, la migración. 

No podemos hacer como si no pasara nada, nos están militarizando nuestra frontera y no por ello se está atemperando al menos la cuestión migratoria.

RESQUICIOS.

Jugada la primera jornada del mundial con la criticada Concacaf, con la triste excepción de Costa Rica, goleada por una esperanzadora España que ha dado la cara. EU empató ante un menospreciado Gales. Canadá, que falló un penalti, puso en vilo a Bélgica. México, con Paco Memo por delante, hizo merecimientos para ganar, estando su grupo como anda puede ser que el empate lo ponga en muchos aprietos, pero mal no se vio. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

Prima facie // Abbott y la agenda antiinmigrante

Uno de los saldos de la elección intermedia en Estados Unidos del pasado 8 de noviembre fue la reelección de Greg Abbott como gobernador de Texas, por un tercer mandato consecutivo.

Durante la campaña electoral, el político republicano abanderó una agenda marcadamente antiinmigrante, acompañada de acciones como el envío de miles de personas en tránsito a las ciudades santuario en el norte de Estados Unidos, o el reforzamiento de la frontera con México con la presencia de la Guardia Nacional y de elementos de seguridad pública de Texas.

El triunfo sobre el contrincante demócrata, Beto O’Rourke, un férreo crítico de las medidas migratorias de Abbott, permitió al gobernador texano profundizar sus políticas y anunciar que buscará incrementar el número de elementos policiacos, tanto del lado mexicano como del estadounidense de la frontera entre ambos países.

Además, llama la atención que como parte de su política migratoria retomó dos de las principales propuestas del gobierno del expresidente Donald Trump: por un lado, el programa Quédate en México y, por el otro, la construcción del muro fronterizo.

Recientemente se dio a conocer a través de los medios de comunicación que parte del plan de Abbott para contener la migración ilegal entre México y Texas consiste en el empleo de armamento de tipo militar, como vehículos blindados, para realizar tareas de patrullaje en la zona fronteriza.

Estamos, pues, ante un reimpulso de las fuerzas conservadoras en el país vecino. Si bien la victoria del Partido Republicano, tanto en la arena legislativa como en la local, no tuvo la contundencia que se esperaba —la llamada marea roja—, posee espacios importantes de toma de decisión que le permitirán avanzar con su agenda política.

Personajes como Greg Abbott se distinguen por su oposición a un programa progresista de gobierno que incluya temas como el derecho de las mujeres para decidir; la agenda climática y medioambiental, y transitar hacia modelos migratorios más humanos.

Particularmente en este tópico, las posturas antimigratorias generan un estado de tensión en la relación bilateral; sin embargo, continuaremos apelando a la solidez de esta para diseñar una política migratoria acorde con los intereses soberanos de ambas naciones. 

La migración es parte de la historia humana. Las medidas coercitivas y de criminalización no pueden resolver un fenómeno como este. Su solución parte de atender las causas estructurales que motivan a las personas a dejar sus lugares de origen. 

Por esta razón, mantendremos la defensa de los intereses de las y los mexicanos en Estados Unidos, ante el reforzamiento de posturas irracionales que buscan en la confrontación la solución a este fenómeno. Por el contrario, apostamos por un clima de entendimiento entre ambas naciones que nos permita construir un futuro común. (Ricardo Monreal, 24 Horas, CDMX, p. 7)

Radicalización frente a la migración

Uno de los temas que permeó y sigue permeando en las campañas y los periodos electorales en Estados Unidos es el de la migración de personas de diversos países, particularmente de América Latina, hacia la Unión Americana.

En tal sentido, diferentes personajes del Partido Republicano convirtieron el fenómeno de la migración indocumentada en un asunto políticamente redituable, en cuanto a votos y cargos públicos, lo cual fue posible mediante una narrativa que atribuye a personas migrantes, entre ellas de México, el origen de múltiples males, como el supuesto peligro que éstas representan para la seguridad nacional o para la seguridad de algunos de sus estados fronterizos, y el incremento de fentanilo en territorio estadounidense.

La invocación en particular de la seguridad nacional o de la seguridad estatal fronteriza por parte de diversos políticos republicanos ha servido para justificar medidas antiinmigrantes, como la separación de familias en la frontera, el programa Quédate en México, o la aplicación del Título 42, un decreto de salud pública establecido durante la pandemia, que permite a las autoridades migratorias estadounidenses expulsar migrantes por motivos sanitarios, sin que puedan solicitar asilo.

Una de estas victorias republicanas en los escrutinios del 8 de noviembre pasado fue la reelección del gobernador de Texas, Greg Abbott, gracias al impacto que tuvo su narrativa —más bien xenófoba— y a las medidas implementadas por su gobierno, como el envío de migrantes desde ese estado federado a ciudades regidas por alcaldes demócratas (como Nueva York o Washington), para evitar su permanencia en Texas y para que corresponda a la administración del presidente Joe Biden atender sus necesidades, o incluso la autorización a las fuerzas de seguridad texanas para la aprehensión y detención de personas migrantes, con el objetivo de dejarlas en los puertos de entrada fronterizos con México.

En la perspectiva de su nueva gestión, Greg Abbott anunció más medidas frente a la migración indocumentada, entre ellas, el envío de la Guardia Nacional de Texas a la frontera; que el Departamento de Seguridad Pública del estado arreste y regrese a la frontera con México a las y los inmigrantes que la atraviesan ilegalmente, así como su detención por actividades criminales; continuar la construcción de un muro a lo largo de varios condados de la frontera; el despliegue de lanchas cañoneras en el río Bravo; buscar la firma de memorandos de entendimiento entre Texas y los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, para mejorar las medidas de seguridad fronteriza, e incluso la invocación de la “Cláusula de Invasión” de la Constitución de EUA, a fin de garantizar la seguridad en la frontera.

El artículo IV, Sección 4, de la Carta Magna de la Unión Americana señala claramente que “Los Estados Unidos [es decir, la Federación] garantizarán a todo Estado comprendido en esta Unión una forma republicana de gobierno y protegerán a cada uno en contra de invasiones […]”. Esto significa que los estados federados no tienen el poder de utilizar la “Clausula de Invasión” para que la Federación los proteja. Además, en 2012, la Corte Suprema de aquel país estableció que el manejo en materia de migración es competencia exclusiva del Gobierno federal. 

Las autoridades mexicanas han respondido firmemente, una vez más, ante estas medidas anunciadas por el gobernador Abbott, señalando que en Estados Unidos la aplicación de las leyes migratorias, el control de la frontera y la negociación de acuerdos internacionales son facultades privativas del Gobierno federal, por lo que el diálogo bilateral en esas materias se lleva cabo únicamente a ese nivel.

Asimismo, el Gobierno de México reiteró su compromiso con las personas migrantes y sus derechos, sin olvidar los esfuerzos para lograr una migración más ordenada, segura y humana. (Ricardo Monreal, El Sol de México, Análisis, p. 13)

Qatar: futbol y derechos humanos

Instigar a un varón a un acto de sodomía o inmoralidad se sanciona hasta con tres años de cárcel. Un embajador de la Copa Mundial declaró que la homosexualidad es una desviación mental y que los homosexuales podrían asistir a los partidos siempre y cuando no se dieran muestras de afecto.

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Como Qatar carecía de la infraestructura indispensable para el magno torneo —estadios, ampliación del aeropuerto y del metro, hoteles—, se contrató a una gran cantidad de trabajadores migrantes que fueron víctimas de múltiples abusos: hacinamiento, falta de higiene y de seguridad en las habitaciones; retención del pasaporte; amenazas de deducciones en el pago o de entrega a la policía para expulsión del país en caso de negarse a jornadas excesivas. Las cifras de trabajadores muertos que se han dado a conocer son muy distintas. The Guardian calcula que fueron 6,500. (Luis de la Barreda Solórzano, Excélsior, Nacional, p. 13)