Opinión Migración 250222

Duda Razonable 

El candidato de 2006 y el presidente de 2022

Gracias a Denise Dresser en su respuesta al Presidente conocí el documento que reporta la visita que el 23 de enero de 2006 hiciera el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador al embajador estadunidense, como lo hicieron los candidatos del PAN y el PRI.

Se señaló en redes la intención en ese tiempo de López Obrador de militarizar la seguridad. Creo, como lo he escrito aquí, eso no es novedoso; en su libro publicado en 2017, 2018 La salida, lo dejaba muy claro (páginas 257 y 258).

Hay otros párrafos de ese reporte de aquel desayuno que tal vez explican algunas de sus políticas en este sexenio, 12 años después.

La conversación abre con migración y López Obrador afirma que el aumento de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se debió principalmente a la falta de crecimiento económico: “Describió un plan económico, compuesto principalmente por programas de infraestructura a gran escala como proyectos de construcción y reforestación de carreteras y viviendas, que generaría empleo, estimularía el crecimiento económico y, finalmente, le daría a México la influencia necesaria para negociar un acuerdo migratorio para ‘regularizar’ el estatus de los mexicanos que viven en Estados Unidos”.

Hoy en el sureste se concentran los proyectos de infraestructura del gobierno: el Tren Maya, la refinería, el Transístmico y Sembrando Vida.

Le preguntaron al entonces candidato sobre el papel de México en el mundo: “AMLO explicó que México tendría una política exterior mesurada y prudente que sería una extensión de sus logros internos. ‘Primero debemos fortalecer a México’, dijo, pidiendo un papel menos protagónico en los asuntos exteriores”. Y que México “generalmente no tomaría la iniciativa en iniciativas multilaterales o internacionales”. Pues algo así sucede.

Después López Obrador habló de la campaña, dijo que se enfocaría en “atraer votantes independientes. Estos serían los votos decisivos, dijo AMLO, y actualmente tiene más de ellos que cualquiera de los otros candidatos. Además, AMLO describió su nuevo programa diario de televisión en TV Azteca como un componente importante de la campaña. El programa de media hora se extiende de 6:00 am a 6:30 am de lunes a viernes a un costo total de 20 millones de pesos (aproximadamente 2 millones de dólares)”.

Parece que hay cosas que no cambian. La pregunta es si en un mundo que cambia cada segundo —sumemos pandemia y guerra— no debían haber cambiado. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p.2)

Plata o Plomo / Ucrania, Trump y nuestra seguridad nacional

En medio de la crisis ucraniana, horas antes del inicio de la ofensiva rusa, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo unas declaraciones que deberían de llamarnos a la reflexión:

“Entré ayer y había una pantalla de televisión y dije: “Esto es genial”. Putin declara una gran parte de Ucrania — de Ucrania. Putin lo declara independiente. Oh, eso es maravilloso. Entonces, Putin ahora dice: “Es independiente”, una gran parte de Ucrania. Dije: “¿Qué tan inteligente es eso?” Y va a entrar y ser un pacificador. Esa es la fuerza de paz más fuerte… Podríamos usar eso en nuestra frontera sur. Esa es la fuerza de paz más fuerte que he visto. Había más tanques del ejército de los que he visto nunca. Van a mantener la paz bien. No, pero piénsalo. Aquí hay un tipo que es muy inteligente.”

Esto bien puede catalogarse como una fanfarronada trumpiana más, similar a aquella promesa de obligar a México a pagar por su muro fronterizo. Pero creo que, después de todo lo vivido desde 2016, subestimar la capacidad disruptiva de Trump es un error categórico. No está de más recordar que el personaje conspiró para subvertir un resultado electoral adverso en la democracia más vieja del mundo.

El hecho concreto es que un hombre que bien podría volver a ocupar la Casa Blanca en enero de 2025 acaba de sugerir que podría intentar desmembrar a México e intervenir militarmente en el país.

Y aún si no llegase a esos extremos, es de esperarse que un Trump 2.0 sería más violento, más autoritario, más nacionalista y más antimexicano que lo que experimentamos entre 2017 y 2021. Y, sobre todo, más duradero: tras la experiencia de 2020, Trump, reinstalado en la presidencia estadounidense, probablemente sería mucho más activo y eficaz en la subversión de normas y prácticas democráticas, a la manera de Putin.

Ya lo he escrito en otras ocasiones, pero vale la pena reiterarlo: ese escenario nada improbable debería de condicionar nuestra reflexión sobre el futuro del país.

Entre otras cosas, debería llevarnos a reconsiderar uno de los pilares de nuestra política de defensa: la convicción de que el país no enfrenta amenazas militares externas. Eso nos ha llevado a tener un presupuesto de defensa francamente raquítico bajo cualquier métrica internacional. Asimismo, ha impulsado la idea de que las Fuerzas Armadas pueden ser utilizadas para todo tipo de tareas distintas a las labores de defensa exterior.

También habría que repensar el uso, orientación y capacidades de nuestro aparato de inteligencia. Tradicionalmente, ha estado volcado hacia el interior y cubriendo un enorme espacio temático. Me parece que, ante la amenaza del trumpismo, habría que darle mucho más foco y redirigirlo de manera decidida hacia el exterior. Necesitamos mucho mejor inteligencia sobre lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, particularmente en Estados Unidos.

Por último, habría que repensar nuestra política exterior. Tal vez haya que imaginar formas de contrarrestar en el largo plazo el trumpismo dentro de EU. Eso implicaría involucrarnos más abiertamente en la política interna del país vecino. Habría que calibrar con cuidado los instrumentos, pero encerrarse en el dogma de la no intervención me parece suicida.

De fondo, México tal vez tenga que empezar a imaginarse como Ucrania: el vecino inmediato de una gran potencia que representa una amenaza existencial para la independencia e integridad del país.

Y eso nos tendría que llevar a tomar con mucho mayor seriedad nuestros asuntos públicos. En un país sin permanencia garantizada, donde la vida misma del Estado está en juego, el margen de error es considerablemente menor. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p.8)

México es Caribe

“El Caribe es nuestra tercera frontera”. Esta aseveración no es simple narrativa, sino una realidad, pues México tiene múltiples pertenencias. De modo que parte importante de “Mirar al sur” es reconocer que México es Caribe y que los mexicanos también somos caribeños.

Es cierto que ambos tenemos playas idílicas y una semejanza cultural a través de nuestra vena afrodescendiente, pero compartimos mucho más. Nos enfrentamos a retos comunes como el cambio climático, desastres naturales o problemas como el sargazo que afectan nuestro turismo, importante motor de desarrollo. De ahí que hay mucha materia para la cooperación internacional y para la coincidencia de posturas en foros multilaterales en donde se discuten termas de la agenda global.

En tal virtud, hemos recibido instrucciones claras y precisas para renovar y fortalecer nuestras relaciones con esa subregión.

Durante 2022 queremos profundizar nuestros lazos a través de la programación de visitas, la incorporación de temas comunes de interés en las plataformas de las candidaturas mexicanas a cargos internacionales, mantener la cooperación como parte medular de las relaciones bilaterales y fortalecer nuestra red de ocho embajadas –distribuidas entre el Caribe hispanohablante y angloparlante– mediante el envío de nuevos titulares y la renovación de cuadros del Servicio Exterior Mexicano adscritos a la subregión.

Es igualmente importante colocar al Caribe en el imaginario colectivo mexicano más allá de su calidad como destino turístico. Por ello, entre mayo y julio del año pasado, la SRE organizó el seminario virtual “Las relaciones de México y el Caribe”, en el cual participaron 40 ponentes de universidades, organismos internacionales, empresarios, funcionarios públicos, diplomáticos y legisladores, en diez sesiones semanales. El seminario expuso ante el público las múltiples aristas de la relación, a la vez que sirvió como un acercamiento a la subregión misma.

El Caribe es también uno de los principales destinatarios de la cooperación mexicana. Hay casos de alta visibilidad como las 2.4 mil toneladas de ayuda humanitaria tras el sismo de agosto pasado. De igual manera, la solidaridad mexicana se expresó por medio de la donación de 142 mil vacunas contra la COVID-19 a Jamaica, Dominica, y San Vicente y las Granadinas; la entrega de 28 respiradores mecánicos a Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, Haití, República Dominicana, Surinam, Guyana, y San Vicente y las Granadinas.

Lo anterior sin menoscabo de una variada cartera de 22 proyectos de cooperación técnica-científica y educativa-cultural bilateral y regional en los sectores de agricultura, ganadería, pesca, acuicultura, recursos hídricos, patrimonio, adaptación al cambio climático, prevención de desastres, recursos marinos, entre otros. Asimismo, está próximo a ejecutarse el Programa “Sembrando Vida” en Haití, primer país caribeño en beneficiarse con dicha iniciativa. Cuba y República Dominicana serán los próximos países en dar la bienvenida a este programa.

También, se espera que este año se lleve a cabo la Cumbre V México-Comunidad del Caribe (Caricom) y además es el segundo año de México como presidente del Consejo de Ministros de la Asociación de Estados del Caribe (AEC). Este diálogo político se ha beneficiado recientemente por nutridas visitas de mandatarios y altos funcionarios caribeños a México, en el marco de nuestra presidencia de la Celac 2020-2021.

México mira al sur, México mira al Caribe. Con acciones concretas nos acercamos más a la región y le otorgamos el espacio que se merece en nuestra agenda internacional.

Por Maximiliano Reyes Zúñiga

Subsecretario para América Latina y el Caribe de la SER (Maximiliano Reyes El Heraldo de México, Ola 2, p.2)

Mexicanos en Ucrania

 

Alhajero

Resonancias de guerra

Vi y escuché a la embajadora de México en Ucrania, Olga Beatriz García Guillén, narrar cómo vivió los primeros momentos de los ataques rusos en Kiev, y la manera como han apresurado la evacuación de los mexicanos de aquel país.

Están en tiempo límite. Según explicó en la videoconferencia con el canciller Marcelo Ebrard, ella misma encabezaría la caravana de 50 compatriotas que buscaría alcanzar la frontera con Rumanía esa misma tarde, y entregar a los evacuados ahí en la línea, al embajador de México en Bucarest, Guillermo Ordorica Robles.

Dos embajadores de primera. Ambos de carrera, por cierto. Y lo digo con admiración al recordar lo complicado que fue sacar a los mexicanos de Panamá, cuando la invasión de Estados Unidos (diciembre de 1989) a aquel país.

Vivencias que vuelven: Bombardeos, toques de queda, cierres de aeropuertos y centrales de tres y autobuses, dificultad para transitar por las carreteras, comercios cerrados, venta clandestina de alimentos y divisas y muchas, problemas en la comunicación y muchas cosas más que vienen de la mano.

Poner a salvo a los ciudadanos de cada país no es tarea fácil. Tan sólo conformar las listas de residentes (225 están registrados), paseantes, familiares –más amigos que piden auxilio para sacar al menos a sus hijos del país y ponerlos a salvo- fue complicadísimo en Panamá. Hasta tres y cuatro semanas tardaron muchos en salir. Y eso, con apoyo de otros países.

No se si la embajadora García Guillén alcanzó ayer a llevar al segundo grupo de 50 mexicanos que se había propuesto a la frontera con Rumanía. Ojalá, porque las próximas horas serán aún más complicadas. Tan sólo rentar un autobús y lograr el permiso de tránsito será una odisea. Y conseguir documentos de salida, otro tanto.

En el entorno, por otra parte, se suma la incertidumbre. Compañeros residentes en Alemania nos cuenta, por ejemplo, que comenzaron a probar en las ciudades las alarmas antibombas. Tres simulacros en el día. Y está preparando búnker en caso de amenaza al país.

“Las compras de pánico comenzaron. La gente está adquiriendo cajas de agua y alimentos (y también pastillas de yodo, desde que supieron que los rusos tomaron la planta nuclear de Chernobyl). La gasolina se disparó en el precio y en distintas partes se agotó”, es parte del reporte que nos envían.

La gente “sí se ve muy alterada”, nos describen desde aquellas tierras, cuyos recuerdos de otras guerras no son un mero fantasma.

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GEMAS: Obsequio de La embajadora de Ucrania en México, Oksana Dramaretsha: “De México ahora esperamos una posición muy clara, porque hasta ahora no hemos sentido muy claramente la posición mexicana…; necesitamos una declaración que condene la agresión rusa”. (Martha Anaya / El Heraldo de México, País, p.6)

Rusia amenaza con inundar de vodka la garganta de Boris Johnson

Rusia ataca Ucrania. Inicia la guerra. A fin de inhibir una respuesta de la OTAN, Putin amenaza con inundar de vodka la región de Champagne en Francia y la garganta del Primer Ministro británico, Boris Johnson.

México, a favor de negociación diplomática para detener la guerra. Propone que después de cada balazo, Rusia y Ucrania se den dos abrazos.

Libertad de expresión en México está garantizada,” Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad Pública. Como garantizada está a quien la ejerza el izquierdazo de réplica en el cuadrilátero La Mañanera.

Proliferan submarinos al servicio de narcos mexicanos: EU. Para alertar a México, EU reveló la marca de submarinos: Marinela.

AMLO asegura que EU financia campaña injerencista contra su gobierno. La migra responde que injerencistas los migrantes mexicanos, que se han metido hasta la cocina de la Casa Blanca.

Fabricante de armas en Estados Unidos presenta su nueva oferta: un rifle para niños. Rápido y generoso, el Tío Sam compró dos mil para su sobrinita de nombre DEA. (Primo / Fried News El Heraldo de México, País, p.13)

Estrictamente Personal / Ucrania, nuestro queso oaxaqueño

Personas informadas y quienes por desinterés o porque no es necesario estar al tanto de todo lo que acontece coinciden en señalar que, en la crisis en Ucrania, México juega un papel importante en la estrategia rusa. No está claro dónde confluyen sus percepciones, pero algo deben estar viendo en la actitud del presidente Andrés Manuel López Obrador frente a Estados Unidos y Rusia para generar esas ideas. México juega, hasta ahora, sólo en el imaginario del Kremlin, más para ejemplificar lo que consideran un justo reclamo, que como parte de su geoestrategia. Esa impresión quizá surgió en diciembre, cuando al subrayar la preocupación rusa de que Ucrania se sumara a la OTAN, el presidente Vladimir Putin respondió:

“No estamos desplegando nuestros misiles en las fronteras con Estados Unidos, no. Por otro lado, Estados Unidos está desplegando sus misiles cerca de nuestra casa, en la puerta de nuestra casa. ¿Estamos exigiendo algo excesivo? Simplemente les estamos pidiendo que no implementen sus sistemas de ataque en nuestra casa. ¿Qué tiene eso de inusual o peculiar? ¿Qué pensarían los estadounidenses si, por ejemplo, decidiéramos dirigirnos a la frontera entre Canadá y Estados Unidos, o México, y simplemente decidiéramos desplegar misiles ahí? ¿Acaso México y Estados Unidos nunca tuvieron disputas territoriales? ¿Qué pasa con California? ¿Con Texas? ¿Se olvidaron de eso? Nadie recuerda esas cosas de la misma forma como sí recuerdan Crimea”.

Esa reflexión en diciembre durante una conferencia de prensa en el Kremlin motivó publicaciones de que Putin quería una base militar en México, lo que era falso. Lo que sí planteó, en enero, fue incrementar la asistencia militar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, y sugerir que sus aviones de combate sobrevolarían el golfo de México. Esas declaraciones fueron hechas al escalar la confrontación con Estados Unidos y la Unión Europea. Hoy, estallado el conflicto, México ha insistido en una salida política y diplomática, tomando el lado ruso.

López Obrador, que siempre argumenta a favor de la autodeterminación de los pueblos, ha callado sobre la autodeterminación de los ucranianos. Siempre antepone la Doctrina Estrada como eje rector de su política exterior, pero hoy la olvida. Ha guardado un silencio vergonzoso ante el ataque militar a Ucrania y la ocupación de territorios, pese a la flagrante violación del derecho internacional. Muy lejos del presidente Vicente Fox, que no apoyó al presidente George W. Bush para invadir Irak, y del presidente Carlos Salinas, que le dijo al presidente George H.W. Bush que la invasión a Panamá iba contra los principios de México y la Doctrina Estrada.

No levantó su voz contra la intervención rusa, de la manera como lo ha hecho repetidamente contra Estados Unidos por el embargo a Cuba. Peor aun, al mismo tiempo que tomaba partido con Putin, acusaba al gobierno del presidente Joe Biden de injerencia y vinculaciones a grupos que se le oponen. La locuacidad binaria de López Obrador suele meterlo en problemas, pero en este caso, aunque no son explícitos, son profundos. Su posición a favor de Rusia lastima la credibilidad de su gobierno y hace ver mentirosos a sus representantes, como al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien afirmó que México está en contra de que se ponga en duda la integridad de un país independiente como Ucrania, pese a que las acciones ordenadas por el Presidente van en sentido contrario.

La Presidencia y la diplomacia mexicanas están en un problema más serio de lo que se puede imaginar. El eje con el cual quieren estar, Rusia, China, Cuba, Venezuela y Nicaragua, se está volviendo insostenible, porque en las condiciones actuales, México tiene que tomar partido en el bando contrario por una sencilla razón: el acuerdo firmado entre los gobiernos de López Obrador y Biden el 9 de septiembre en el marco del Diálogo Económico de Alto Nivel, “para garantizar de la mejor manera que Estados Unidos y México enfrenten los desafíos de nuestro tiempo y aseguren que nuestros pueblos prosperen”.

Esos desafíos pasaron de ser un escenario a una realidad que, en palabras del G-7, las siete naciones más industrializadas de Occidente –los dos socios de México en el T-MEC forman parte de él–, amenaza el orden internacional. El documento firmado lo integran cuatro “pilares” que rediseñan la relación bilateral. Tres de ellos fueron ratificados por los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama en 2013, pero uno nuevo, el Pilar III, construye una alianza estratégica de apoyo a Estados Unidos para su lucha a largo plazo con Rusia y China, para “la mitigación de riesgos en temas relacionados con las tecnologías de información y comunicación, redes, ciberseguridad, telecomunicaciones e infraestructura”.

Ese pilar tiene nombre y apellidos en los destinatarios, los viejos enemigos de Estados Unidos. Lo que Biden quiere es frenar y neutralizar de Rusia la amenaza que implica su desarrollo militar en inteligencia artificial y computación cuántica, capaz de descifrar códigos de data y penetrar y alterar cualquier sistema que desee. No se necesita artillería ni armas nucleares para devastar a un país mediante ese tipo de arma cibernética en, por ejemplo, las cadenas de suministro global. Con los chinos enfrentan la nueva guerra mundial, que es digital, que van perdiendo en la dominancia de las cadenas de telecomunicaciones con tecnología 5G, considerada una de las más grandes amenazas para la seguridad y la economía de Estados Unidos.

Hace casi cinco meses México selló ese acuerdo y tomó su lado en el tablero geoestratégico. Hoy, López Obrador lo está rompiendo y repudia las acciones de Estados Unidos. Seamos claros. El Presidente tiene el mandato para tomar decisiones en nombre de los mexicanos, y si considera que desconocer los acuerdos con Estados Unidos, porque asume que participan de una campaña de desestabilización, y respaldar a Rusia es el camino, que tome la decisión y asuma las consecuencias. Pero debe actuar con la cabeza y no con el hígado, porque si se equivoca, todos pagaremos las consecuencias. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p.44)

Cartón

Cartón 1

(Rocha, La Jornada, Política, p. 14)