Opinión Migración 250223

Esto no es una invasión

El Paso, Texas.- Las cámaras y las luces estaban listas. Nos encontrábamos a punto de iniciar el noticiero de televisión cuando, de pronto, a mis espaldas, dos inmigrantes se saltaron el muro metálico que separa a Estados Unidos de México. Subieron y bajaron de la barrera de unos cinco metros de altura en menos de un minuto. Se deslizaron a territorio estadounidense suavemente, por uno de los postes que sostienen el muro, y al tocar tierra se echaron a correr. Minutos después, otros dos hicieron lo mismo. Y luego dos más para un total de seis. Una camioneta de la Patrulla Fronteriza, que estaba a unos 200 metros del lugar, ni siquiera se movió para intentar detenerlos. Así es un día normal en la frontera.

En el último año fiscal casi 2.4 millones de personas entraron ilegalmente a Estados Unidos por la frontera sur, según cifras oficiales. Eso es un récord. Y aunque las nuevas restricciones migratorias del gobierno de Biden redujeron en enero un 97 por ciento el cruce de cubanos, venezolanos, nicaragüenses y haitianos, los inmigrantes siguen llegando. Como siempre.

Por algo esta región que comparten México y Estados Unidos se ha conocido durante siglos como “el paso del norte”. Ahí, frente al albergue del Sagrado Corazón, conocí a Jennifer, una salvadoreña de 25 años de edad, madre soltera con tres hijos. ¿Cuándo llegaste?, le pregunté. “Hace como una hora”, me contestó, un poquito desorientada. “Me vine en tren desde la Ciudad de México” hasta Ciudad Juárez y luego cruzó la frontera “por una montaña”.

El cruce a Estados Unidos de Daliana -una sonriente cocinera venezolana de Maracay, de 39 años- fue mucho menos dramático. Pasó caminando el puente, legalmente, junto a su madre y a su hijo. Aprovechando las nuevas reglas migratorias para venezolanos, bajó una aplicación en su celular, llenó una solicitud, consiguió un patrocinador y, un mes después, pudo entrar a Estados Unidos. “Me dieron cita para dentro de dos años”, me dijo, abrazando una bolsa azul donde guardaba su petición de asilo. “Usted no sabe cuánto me costó esto”. Culminaba así un trayecto de seis meses, desde Perú, y pasando por la temida selva del Darién en Panamá. Lo más increíble es que Daliana hizo todo ese trayecto con cuatro perritos blancos. (Ellos se quedaron en Ciudad Juárez hasta que alguien se los pueda pasar).

Reality check. Es absurdo pensar que la frontera entre México y Estados Unidos se puede sellar totalmente. La división -y a veces el muro- que separa a ambos países fue impuesta arbitrariamente tras la guerra en 1848. Así que, por geografía, historia y diseño, la frontera es porosa e imperfecta. Aquí cruzan, de un lado a otro, personas, productos e ideas. Y es frecuente escuchar las referencias a “mis hermanos del otro lado”.

¿Es posible cerrar la frontera al paso de indocumentados?, le pregunté al juez Ricardo Samaniego, la máxima autoridad política en el condado de El Paso, y cuya familia está esparcida en ambos lados del río Bravo/Grande. “Para mí eso es algo ridículo”, me dijo. “Yo aquí tengo toda la vida. Y toda la vida la gente ha buscado la manera de cruzar… Esto no es una invasión”.

Tenemos que ver la situación en la frontera de otra manera. Lo normal, lo que hemos visto durante décadas, es que los más pobres y vulnerables se van a los países más ricos, estables y seguros. Y con la violencia y la desigualdad que prevalece en América Latina, con las dictaduras en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y con las secuelas económicas por la pandemia del Covid, el trayecto migratorio de sur a norte está más vivo que nunca.

El gobierno de López Obrador solo ha entorpecido -con guardias nacionales y negociaciones secretas con Estados Unidos para que los migrantes se queden en México- el pacífico, necesario e histórico paso hacia el norte. El gobierno de México puede hacer su parte y eso es quitarse del camino. Bastante difícil ya es dejar tu país como para que te compliquen más al cruzar México.

Ya estamos advertidos: los inmigrantes seguirán llegando y en números mucho más grandes cuando se levante el Título 42 (que ha permitido las deportaciones exprés). Así que es preciso estar preparados. Hay que oír al juez Samaniego. Al final de cuentas saltarse el muro, como lo acabo de presenciar, es lo más fácil de todo. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 10)

¿Por qué aumentan los migrantes indocumentados?

La migración indocumentada, también llamada sin papeles, irregulares e ilegales, se ha convertido en un fenómeno masivo, sobre todo desde inicios del siglo XXI, flujos siempre acompañados de tragedias que podrían haberse evitado. No pasa un solo día sin que tengamos noticias de muertes, de hundimientos de balsas, de accidentes en tráileres, de seres humanos hacinados y asfixiados, todo porque en su intento por encontrar nuevos horizontes de vida los países a los que intentan llegar cierran sus fronteras, impidiendo su paso porque son indocumentados. Seres humanos que son estigmatizados, considerados invasores, una amenaza a la seguridad, que sólo buscan abusar de sus fondos públicos, delincuentes, violadores y un largo etcétera, reforzado con visiones xenófobas y racistas. El contexto perfecto aprovechado por enormes redes de traficantes de personas que convierten en beneficios gigantescos esas tragedias humanas.

¿Por qué no hay protección internacional para estas personas? ¿Por qué se ha convertido en un fenómeno masivo? ¿Por qué el flujo predominante proviene del sur?

No hay ningún foro, convención o recomendación de Naciones Unidas en los que en concreto tengan cabida los migrantes indocumentados, como sí lo tienen otros grupos. Por ejemplo en la Convención de Naciones Unidas sobre Refugiados de 1951 y en el Protocolo de 1967 se señala que un refugiado es una persona que no puede o no quiere regresar a su nación de origen debido a una persecución pasada o a un temor fundado de ser perseguido en el futuro por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opinión política. Los artículos 13y 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establecen: toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su nación y en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él en cualquier país. Es decir, hay una definición internacional para el refugio, pero resulta que el desempleo, la pobreza, la vivienda inadecuada, la falta de atención médica, la inseguridad, la falta de justicia, la corrupción, ninguna de estas condiciones califica para una solicitud mundialmente reconocida de asilo, a pesar de que estas carencias puedan suponer peligros para su sobrevivencia. Y las naciones justifican sus cierres fronterizos al afirmar: se trata de migrantes económicos, no son posibles refugiados. Ni siquiera los 22 millones de personas que de acuerdo con el ACNUR son desplazados por actos relacionados con el clima, incendios, inundaciones, temperaturas extremas (Joseph Chamie).

Se ha pretendido abordar el fenómeno como un caos que puede ser ordenado con el llamado Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. Sin duda importante esfuerzo en estos últimos tiempos en relación con la migración, pero la verdad es que la indocumentada no se ha reducido un ápice ni se redujeron las actividades de las redes de contrabando. Por un lado, porque son propuestas no vinculantes, por lo tanto los países pueden apelar a su soberanía y dejar sin efecto cualquier posibilidad de incorporación migratoria e invocar a las buenas intenciones de aquellos que no quieren abrir sus fronteras es una pérdida de tiempo.

El último informe de la Oxfam, La ley del más rico: Gravar la riqueza extrema para acabar con la desigualdad, documenta que millones de personas se enfrentan al hambre, millones más no pueden sufragar los altos costos de la energía, millones más deben dejar sus hogares por el colapso climático al enfrentar sequías, ciclones, inundaciones. La pobreza se ha incrementado en los últimos 25 años a niveles gravísimos, aunque, al mismo tiempo, los ultrarricos han incrementado su riqueza a niveles récord, haciendo que la desigualdad se dispare en forma desorbitada y los milmillonarios, jefes de gobierno y directivos de megaempresas vuelan a Davos (Suiza). La concentración de riqueza acumulada en manos de una minoría de ultrarricos, que ya alcanzaba niveles récord, se ha intensificado. Esto supone que por cada dólar de nueva riqueza obtenido por una persona perteneciente al 90 por ciento más pobre de la humanidad, un milmillonario se embolsa 1.7 millones de dólares.

No se puede cambiar la tendencia de los flujos de indocumentados si no se abordan las causas estructurales del fenómeno, y si se continúa asignando la responsabilidad única a una mala gestión de las naciones expulsoras, países del sur, subdesarrollados y pobres, cuando en realidad estamos ante un sistema que permite la situación planteada por la Oxfam y, por ejemplo, expolian a esas naciones sus recursos naturales, sufren concesiones mineras abusivas, que generan daños ambientales irreparables, y lo peor es que en el contexto de los organismos internacionales lo que encontramos es que están diseñados para beneficiar a los poderosos.

Eso está en la base de los movimientos migratorios de indocumentados, no hay que darle muchas vueltas para encontrar los caminos que reviertan tan triste destino. El materialismo histórico nos espera. (Ana María Aragonés, La Jornada, Política, p. 13)

Rozones

México-Perú, sólo sigue romper

Y donde se ve cada vez más remota la posibilidad de que pueda haber una mejora —antes más bien se va a poner peor la cosa— es en las relaciones entre México y Perú. Y es que la presidenta Dina Boluarte ayer anunció que retira a su embajador en nuestro país y deja las relaciones a nivel de encargados de negocios, uno de los más bajos en las relaciones bilaterales. La decisión la tomó y anunció con un discurso frontal en el que se refirió al Presidente como “el señor López”, luego de que el mandatario, por su parte, hiciera en la mañanera duros señalamientos contra la gobernante peruana a la que llamó “presidenta espuria”, al tiempo que anunciaba su apoyo al depuesto Pedro Castillo y la esposa de éste, quien el jueves lo visitó en Palacio Nacional. (Redacción, La Razón, LADOS, p. 2)