Opinión Migración 250421

Ir a la raíz

En los últimos años, las crisis migratorias han sido repetitivas; durante el gobierno de Barack Obama, en 2014, se dio la llegada masiva e inesperada de familias y menores que cruzaban la frontera y solicitaban asilo. En mayo de ese año se estimó el flujo en unos 60 mil detenidos por la patrulla fronteriza. Sonaron las alarmas y la respuesta en México fue la creación del Programa Frontera Sur, que hizo muy poco, pero el Instituto Nacional de Migración se dedicó a la contención y al año siguiente el flujo se redujo en forma considerable.

En 2019 vuelve a repetirse el fenómeno de la migración familiar e infantil y en mayo de ese año se llegó a la cifra de 130 mil migrantes detenidos en ese mes por la patrulla fronteriza. La cifra desató las iras del entonces presidente Donald Trump y amenazó con imponer aranceles a México si no contenía el flujo. La amenaza puso en jaque al gobierno y una delegación encabezada por Marcelo Ebrad llegó a negociar un plazo de tres meses para poner en práctica su programa de contención con 20 mil integrantes de la Guardia Nacional dedicados a este trabajo. El resultado fue evidente y en ese lapso el flujo disminuyó a niveles considerados normales.

En 2021 se vuelve a disparar el flujo de migrantes, con un alto componente de familias, pero sobre todo de menores no acompañados. En enero fueron detenidos 80 mil migrantes, en febrero 100 mil y en marzo 170 mil. El flujo había estado contenido por la política represiva de Trump, por las restricciones impuestas por la pandemia y se impulsó por la crisis ambiental en Honduras y Guatemala, por el cambio de gobierno en Estados Unidos y el “efecto llamada” por parte de la política migratoria de Biden y por un evidente relajamiento de las medidas de contención por parte de México. Aunque hay que reconocer que más de una tercera parte de la cifra global son migrantes mexicanos.

Por primera vez, Estados Unidos plantea ir a las causas, a la raíz del asunto y en vez de amenazar por medio de un mensaje vía tuit, como hacía Trump, viene a México a negociar la vicepresidenta Kamala Harris. Ciertamente es un avance. Parte de la solución es dejar de considerar a México como el patio trasero y a las naciones centroamericanas como repúblicas bananeras, o lo que es lo mismo, con el calificativo estigmatizante de Triángulo Norte.

Por lo pronto, se anuncia que viene a México y Guatemala y pone sus distancias con El Salvador y Honduras, el primero porque le hizo el feo a la comisión preparatoria de la visita y el segundo porque por ahora resulta complicado de visitar, dada su condición de narco estado. Como quiera, el panorama político regional es, más bien, turbio, no se diga el económico.

La emigración en Centroamérica es un fenómeno social que se genera por múltiples factores, entre ellos el fracaso del modelo económico neoliberal, aplicado mecánica y drásticamente en la región; por la violencia creciente fomentada por el narcotráfico, el tráfico de armas y las pandillas que controlan y amedrentan a la población y por la notable debilidad institucional, propiamente por la notable impunidad institucional, que es incapaz de imponer cierto orden, ejercer justicia, ofrecer servicios mínimos de seguridad, bienestar, salud y educación.

En estos tres asuntos la responsabilidad de Estados Unidos es directa, al imponer el modelo económico y las reglas del “Consenso de Washington”, al ser el principal consumidor de drogas del mundo y principal exportador de armas de combate y al tener injerencia directa en los gobiernos centroamericanos para proteger sus intereses.

Otro asunto adicional es la presión demográfica, especialmente en Guatemala y Honduras, que genera un bono demográfico que las naciones son incapaces de absorber y que una parte opta por la migración como válvula de escape.

Y en el caso de Centroamérica la situación se agrava por fenómenos ambientales devastadores y recurrentes, como huracanes, terremotos y sequías que dejan cientos de miles de familias en completo desamparo, sin apoyo de los gobiernos locales.

Una buena parte de la migración infantil y familiar es un asunto de reunificación de las familias. La dilación constante en disponer una solución integral a la migración indocumentada, ya radicada desde hace décadas en Estados Unidos, ha generado la reunificación informal y el financiamiento de las mafias para el traslado de familias y menores. Sin reforma migratoria integral no se soluciona el problema de la migración familiar infantil y juvenil.

También debería abrirse la puerta a la migración laboral, con programas bien estructurados y con participación de los países involucrados. Habría que replantear completamente el sistema de visas temporales H2 A y B y que no sólo favorezca a los patrones y sobrexplote a la mano de obra migrante.

Finalmente, se deberían organizar comandos especializados en cada nación para la lucha en contra del tráfico, la extorsión a migrantes, la trata sexual y laboral en México y Estados Unidos. Se requiere de formación de personal operativo y de inteligencia, acceso a tecnología y un sistema legal que acompañe y procese a los criminales y traficantes, no a los migrantes y los que los defienden. (Jorge Durand, La Jornada, p. 18)

Rayuela

¿Qué sucede en nuestra frontera con ¡os migrantes centroamericanos? ¿Estamos cayendo en la xenofobia, como pasa en EU con nuestros paisanos? (Redacción, La Jornada, Cp)

¿Nueva política migratoria?

Nuestro vecino del norte, principal país de destino de migrantes internacionales, reconoció su demanda de trabajadores mexicanos en sus tierras de cultivo. El Programa Bracero (Mexican Farm Labor Program) dio cuenta de ello. Éste fue cancelado de manera unilateral en 1962 por el gobierno estadounidense. Desde entonces, no admite oficialmente su interés por contar con trabajadores mexicanos en sus mercados laborales, a pesar de que juegan un papel estratégico en su economía.

Tan solo en la pandemia de Covid-19, trabajadores inmigrantes, entre ellos mexicanos y latinos, estuvieron realizando actividades catalogadas como esenciales, permitiendo, entre otras cosas, que la producción y distribución de alimentos no se interrumpiera. De acuerdo con datos del CEMLA de este año, la tasa de desempleo de los inmigrantes mexicanos resultó más baja que la de la población hispana, de mayo a noviembre del año pasado. Cabe mencionar, que los trabajadores estuvieron expuestos a contagios, y su esencialidad no se tradujo en mejores condiciones laborales, ni siquiera se les reconoció su derecho a servicios médicos, importantísimos en la contingencia sanitaria.

Pareciera que, el hecho de que los mexicanos y centroamericanos contratados en el mercado laboral norteamericano para realizar trabajos de alto riesgo y de bajos salarios, no tiene nada que ver con la dinámica migratoria. Las causas de la migración aceptadas por los gobiernos y los organismos internacionales, son las condiciones de pobreza y violencia que se desarrollan en los países de origen, pero nunca es parte del fenómeno el beneficio que tiene dicha economía con una fuerza laboral muy barata. Incluso en su campaña Biden mencionó que las causas fundamentales que hay que atender son: “la violencia e inseguridad, falta de oportunidades económicas y gobiernos corruptos” (joebiden.com). Partiendo de dicho diagnóstico, las propuestas para frenarla, justifican la intervención de Estados Unidos, en los países de origen de migrantes.

Joe Biden manejó un discurso en su campaña electoral que mostraba empatía e interés por los migrantes al declarar que rescatará los valores de los Estados Unidos dañados por Trump, entre ellos ver a la Unión Americana como país de inmigrantes. En general, prometió revertir las acciones promovidas por su antecesor. Una de las promesas que fue muy bien recibida por la población inmigrante, es el otorgamiento de la ciudadanía a 11 millones de trabajadores indocumentados.

Ahora como presidente, implementa la misma estrategia que su país ha mantenido desde inicios del siglo XXI, la militarización de las fronteras, pues la migración es parte de su estrategia de Seguridad Nacional. Recordemos la Iniciativa Mérida. En 2018 Trump amenazó a México con imponerle aranceles si no contenía las Caravanas de migrantes centroamericanos, lo que llevó al presidente de México a desplegar 12 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera sur. Pero a pesar de dichas estrategias, los migrantes siguen llegando a territorio norteamericano y siguen siendo contratados.

Todavía es muy pronto para saber si Biden logrará los acuerdos necesarios en el Congreso para que se puedan llevar adelante sus promesas de campaña, pero lo que vemos ahora no da una buena señal. Debemos preguntarnos si Estados Unidos estará dispuesto a convertir a los trabajadores inmigrantes en ciudadanos con derechos civiles y laborales. (Patricia Pozos Rivera, El Universal, Opinión, p. 13)

 ¿Visas por Sembrando Vida?

El presidente Biden convocó a una reunión de alto nivel a la que asistieron cerca de 40 jefes de Estado, el Papa Francisco y muchos líderes más. El objetivo central fue escuchar propuestas orientadas a acordar medidas comunes para enfrentar los enormes retos y riesgos que enfrenta el mundo ante el inevitable cambio climático, del cual el secretario general de la ONU ha dicho: “lleva a la humanidad a un abismo”.

Ante ese relevante foro, el presidente López Obrador lanzó una idea que ha de haber desconcertado a propios y extraños. Le propuso al presidente Biden que los campesinos de Honduras, Guatemala y El Salvador que demuestren haber trabajado tres años sembrando árboles en sus lugares de origen, Estados Unidos les pague un “jornal de unos 5,000 pesos mexicanos”, además de darles derecho a irse a ese país con una visa de trabajadores temporales por tres años más. Pasado ese tiempo, podrían adquirir la nacionalidad estadunidense.

De este planteamiento se desprenden múltiples interrogantes: ¿Consultó el Presidente con sus homólogos centroamericanos esta idea? ¿Por qué excluyó a los campesinos mexicanos? ¿Consideró que la política migratoria la define en Estados Unidos su Congreso y no el Poder Ejecutivo? ¿Evaluó que Biden está inmerso en una difícil negociación con su Congreso para aprobar la más ambiciosa reforma migratoria que se ha propuesto en ese país desde hace décadas? De aprobarse, se beneficiarían millones de paisanos y centroamericanos; ¿Sabe que la contratación de trabajadores temporales está regulada hoy en las leyes migratorias de nuestro vecino, con criterios, cuotas y procesos muy precisos? Cerca de 300 mil de nuestros paisanos se van cada año por periodos de tres a seis meses; parece que Biden va a ofrecer ese tipo de facilidad a los centroamericanos.

Tiene razón al decir que “el migrante es un ser excepcional, gente buena, trabajadora, que quiere progresar”, que Estados Unidos “debe entender que necesita esa mano de obra”, lo que no se entiende es que lo plantee en un foro convocado para hablar de otro tema: el deterioro del medio ambiente.

Las primeras reacciones en Washington no se hicieron esperar, un alto funcionario, que prefirió el anonimato, declaró: “no estamos enfocados en la intersección de temas. Para nosotros la agenda climática necesita ser absorbida por sí sola, con sus propios méritos. No es una conversación sobre migración, es sobre cambio climático”.

Lo que sí podría haber dicho López Obrador es que hay evidencia, en varias partes del mundo, que las sequias, las inundaciones, los cambios bruscos del clima, están propiciando flujos masivos de personas que se ven obligadas a cambiar de residencia ante la imposibilidad de continuar donde nacieron. La sequia que azota a Etiopía desde hace años es la razón fundamental que explica la emigración de cientos de miles de familias de ese país.

En este espacio he señalado que el gobierno mexicano debería aprovechar al gobierno del presidente Biden para buscar un entendimiento sobre la movilidad laboral entre los dos países. Su gabinete está formado por políticos profesionales conocedores de los asuntos que les han sido asignados. Contaminar esa posible negociación con el tema ambiental sólo complicará alcanzar un acuerdo en el primero de estos temas.

Biden ya nos advirtió que debemos esperar que el medio ambiente forme parte relevante en su agenda con México. No olvidemos que, en 1995, para contar con el apoyo de su Congreso hacia el Tratado de Libre Comercio, el presidente Bill Clinton nos obligó a negociar un acuerdo paralelo sobre este asunto y sobre la política laboral en la región. ¿Alguien sabe que ha pasado con ello? ¿Incluirá también la política hacia los sindicatos?

Me temo que la secretarías de Economía, Relaciones Exteriores, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Energía/Pemex, Agricultura, Trabajo y Previsión Social, tienen por delante una compleja negociación con sus contrapartes al norte del contaminado Río Bravo.

Nota. Al escribir estas líneas, Biden anuncio la creación de un grupo para combatir la corrupción en el Triángulo del Norte centroamericano, la ha caracterizado como un “cáncer” …no existe eso de un “free lunch”. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 12)

El Foco/La prioridad es la mañanera//El oso de la cumbre ambiental fue enorme

Y ya para terminar qué tal el oso de la cumbre climática convocada por Estados Unidos, bueno, fue bochornoso, resultó tan enorme como si un grizzly o un oso blanco hubieran saltado de su bosque o de su tempano de hielo para pasearse por el salón Tesorería, donde la prioridad era responder las preguntas de Lord Molécula y otros notables periodistas que sí comprenden la transformación histórica emprendida por la 4T.

Los demás jefes de Estado y de Gobierno, bien o mal en sus planteamientos, atendieron el encuentro virtual con la seriedad que corresponde al problema del cambio climático y su investidura. México dejó pasar una oportunidad más para ser propositivo e innovador, cualidades que la comunidad global nos reconocía cuando la diplomacia no se limitaba a repartir embajadas y consulados entre cuates y aduladores…

El 7 de mayo, en tanto, ya saben quien y la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, a cargo del tema migratorio en su país, sostendrán una reunión virtual en la que, anunció el canciller Marcelo Ebrard, se abordará “la propuesta de México para extender el programa Sembrando Vida a Centroamérica”, es decir, la idea que ya descartó Washington. ¿Aceptará en esta ocasión conceder miles de visas de trabajo y abrir la posibilidad de otorgar la ciudadanía a quienes siembren árboles frutales y maderables? Lo que nos queda claro es que será mejor que Ebrard nos siga representando en las grandes reuniones internacionales. (El Foco, El Universal, Online)

La obsesión por el encierro

El creciente interés por la política de que presume a menudo el presidente López Obrador seguramente tiene que ver con la preocupación, también generalizada, con el gobierno. Por la forma de su ejercicio cotidiano y, específicamente, por sus resultados.

Con todo y su presencia en la vida social y comunitaria, no es verdad que la mayor parte de la población dependa del gobierno para sil subsistencia. Ésa ha sido una de las especies más retardatarias inventadas por la derecha mexicana para estimular un descontento que no podía sino surgir del choque de expectativas crecientes y la dura realidad.

En realidad, a lo largo de nuestra historia, es posible constatar que la mayoría se las ha arreglado para ver por sí misma y los suyos. Las historias de nuestra emigración a Estados Unidos son ricas en es tos aconteceres. Millones que dejan atrás hogar y cercanías, mantienen lazos mediante las remesas y dan cuenta de mutaciones significativas en las perspectivas de los migrantes y los suyos. De ello nos ha ilustrado cada semana Jorge Durand.        Ninguno de ellos “vive” del apoyo gubernamental, cuyos mandatarios poco se han preocupado por su manutención.

Aunque ahora se festeje la cantidad y frecuencia de las remesas, el hecho es que esos ingresos que ayudan a los hogares a llevar el día a día no derivan de una política que, por ejemplo, fomente el empleo.

Lo mismo ocurre con nuestros trabajadores asalariados, formales e informales.

Son todavía muchos los mexicanos que no tienen acceso garantizado a la salud pública o a un retiro decente; su alimentación es resultado de una mala educación y, desde luego, de los magros ingresos familiares.

Todos, o casi, dependemos del trabajo y los ingresos que genera. Lo mismo sucede con el empleo público. Sostener que son “mantenidos” únicamente sirve para su demérito y de los servicios esenciales que prestan.

El menosprecio del trabajo lleva a ignorar que la interdependencia se ha vuelto un hecho total de las comunidades humanas; está en los servicios, en los mercados y, con creciente intensidad, en las ideas y destrezas. Es por esto por lo que no resulta sencillo siquiera imaginar la abolición del mercado.

Regularlo ha sido empeño mayor de estados, gobiernos y lúcidos pensadores. Los resultados de tanto esfuerzo intelectual e institucional, efectivos y hasta bienhechores, siempre han estado bajo asedio de otras ideas y fuerzas de la política y la economía. Y lo estarán.

Así lo descubrimos y sufrimos con la transformación neoliberal que Carlos Tello y Jorge Ibarra llaman la revolución de los ricos; una sublevación que pareciera estarse reconformando contra la propuesta de Biden y los suyos de rescatar las hipótesis históricas de Roosevelt y su New Deal.

Cierto es que los imperios son complejos y veleidosos y por eso es obligada una buena estrategia global para estudiarlos y encararlos. Sobre todo, por naciones como la nuestra, que experimentan una inscripción subordinada en las redes productivas globales, dominadas por las grandes corporaciones de poder y capacidades. Con todo, no se puede negar que esta crisis abrió ciertas posibilidades para reconfigurar estructuras de oportunidad para formaciones económicas y sociales como la nuestra. Tampoco, que amenazas como el cambio climático sean inventos del imperio.

Nada ganaremos soslayando esas aperturas o, peor aún, negando los desafíos que las imponen. Insistir en pensamientos paranoicos que en cada convocatoria del Norte encuentra trampas, conspiraciones y artimañas imperiales, nos mantiene en un encierro del que nunca hemos cosechado fruto alguno. Lo rural no quita lo climático; mucho menos lo global. Que es urbano y juvenil. Y en esas estamos.

Los datos ominosos de la realidad y las experiencias vitales de muchos, indican que hoy debe ser diferente. Es cuestión de arriesgarse y de no encerrarse. Mucho menos de engañarse. (Rolando Cordera Campos, La Jornada, Opinión, p. 17)

Cartones

sol

(Rubén, El Sol de México, p. 17)

(Rubén, La Prensa, Editorial, p. 6)