Opinión Migración 250422

Templo Mayor

TARDE o temprano tenía que suceder; así como lo ha hecho con todos sus aliados y colaboradores, incluido el propio Mike Pence, Donald Trump terminó exhibiendo el trato grosero, déspota y hasta denigrante que le dio a Andrés Manuel López Obrador.

 

YA SE SABE que, de todo lo que dice Trump, una mitad no hay que creerla y la otra mitad hay que ponerla en duda. Pero el alarde que hizo en Ohio de cómo presionó al gobierno mexicano y lo obligó a cerrarle el paso a los migrantes, no tiene nada de fantasía.

 

SIEMPRE se dijo que el autoproclamado gobierno “más humanista” de México había aceptado el triste papel de guardia fronteriza de Estados Unidos, ¡desde Chiapas! Esto quedó comprobado con el despliegue de más de 20 mil efectivos de la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina, para contener la oleada migratoria entre 2019 y 2021.

 

RESULTA difícil, pero verosímil, escuchar el relato de Trump sobre un López Obrador incrédulo primero y después sumiso a las órdenes del norteamericano. Si la política es el arte de tragar sapos, a AMLO le tocó comérselos binacionales. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)

El sureste de México en el contexto geopolítico

El 22 de abril, el Presidente hizo una defensa estratégica de nuestro país frente al discurso belicista que actualmente difunde el gobierno estadunidense. Estamos por una cultura de paz, afirmó, y no aceptamos que se invada y se viole la soberanía que cada Estado tiene sobre su territorio. En un escenario tan simbólico como es el puerto de Veracruz, y ante el embajador Ken Salazar, el Ejecutivo federal recordó las invasiones que hace 100 años Estados Unidos impulsó y que fueron rechazadas de forma contundente por Venustiano Carranza.

A lo largo de su intervención, López Obrador mostró que, según los datos del Fondo Monetario Internacional (https://www.visualcapitalist.com/cp/biggest-trade-partner-of-each-country-1960-2020/), los espacios de cooperación interregional vienen registrando cambios notables. Si en los años 60, Estados Unidos y Europa concentraban buena parte de los movimientos de intercambio global, hacia 2020 el peso de China se situaba ya a la par de nuestro vecino del norte, dejando en tercer lugar a la Unión Europea. Las enseñanzas son claras: a lo largo del proceso de globalización, las regiones pueden potenciarse si se constituyen relaciones de intercambio que aprovechen las ventajas comparativas e impulsen inversiones que tomen en cuenta su potencial. América Latina podría mejorar su posición en el mercado mundial, pero para ello se requiere que cambien las reglas: lo que está en juego es la reorganización histórico planetaria del patrón de acumulación del capital.

América Latina puede configurar con Estados Unidos una alianza que, con equidad, contribuya a formar un espacio económico en beneficio de los habitantes de la región, lo cual implicaría un reajuste histórico de la forma económica, política, jurídica, cultural y militar con que hemos sido tratados desde hace 200 años. El Presidente abrió una reflexión a la cual es clave se sumen todos los gobiernos del continente: sin excluir a ninguno, ello implica considerar a todas las naciones que han quedado marginadas por la voracidad imperial y los residuos de la guerra fría.

El desarrollo regional en México está marcado por la desigualdad. Donde más pobreza y atraso tenemos es en el sureste del país. Durante muchos años, los economistas de todas las escuelas que existen en México han subrayado ese desequilibrio. Pero, a pesar de la coincidencia de que es indispensable revertir esa historia de desigualdad, muy poco se hizo durante el periodo neoliberal. Todos recordarán los escritos de Santiago Levy y colaboradores sobre El sur también existe. De esos textos nunca surgió una efectiva política de desarrollo regional. Y eso es lo que acaso sea importante subrayar en este momento: el gobierno de AMLO es el primero en décadas en promover inversiones industriales y de infraestructuras orientadas a contribuir a neutralizar la desigualdad regional en México.

Los tres proyectos que impulsa el mandatario (Tren Maya, refinería Dos Bocas y Proyecto del Istmo de Tehuantepec) constituyen un hito en la historia económica de México. A pesar de contar con una gran riqueza, en el pasado el sureste, más que mejorar su situación relativa, vio decaer sus posibilidades de desarrollo. Las razones de ese declive se encuentran, como bien señaló López Obrador, en la corrupción. El caso de la energía eólica es ejemplar: su potencial fue acaparado por algunas empresas extranjeras. En ningún momento se consultó ni se invitó ni se apoyó a sus legítimos e históricos propietarios al desarrollo de empresas colectivas, como existen en Dinamarca. A ellos, sólo migajas se ofreció. El caso de la energía basada en hidrocarburos es similar. Durante años se permitió que las empresas privadas sobrexplotaran los recursos nacionales. Por mandato estadunidense, se alentó la chatarrización del complejo petroquímico más importante de toda América Latina. Los habitantes y trabajadores de la región cuestionaron esas prácticas y denunciaron la contaminación química que envenenaba a la población y a sus ecosistemas. Hoy, el desastre sanitario que actualmente se padece en la región es casi inefable. El caso del turismo es también ejemplar. Los mejores paisajes se cedieron a las empresas privadas, muchas de ellas extranjeras, violando programas de ordenamiento ecológico y reglamentos del INAH. El desastre hizo que la región se asemejara a las costas mediterráneas de España: la saturación de instalaciones hoteleras sobre líneas de playa, haciendo que el anterior paraíso se convirtiera en amontonamiento de privilegios y exclusiones.

Bien subrayó el Presidente que abatir la corrupción libera recursos y neutraliza la desigualdad: su gobierno ha conseguido incrementar los presupuestos para apoyar al sureste. No vamos a decir que no se han cometido errores, pero sin duda el mayor acierto es canalizar recursos para que el sur vuelva a crecer. Se pone así el ejemplo: para detener la migración, es preciso abrir empleos en la región. Lo que más se requiere es reconstruir el mercado interno, así como las capacidades industriales nacionales y ampliar los mercados de trabajo, pero también ese objetivo tiene que ser compatible con el cuidado de nuestras riquezas más valiosas: la salud de la población, el patrimonio biocultural, los hidrocarburos, el agua y las fuentes de energía renovables. Si el objetivo geoestratégico es proteger la soberanía nacional, no cabe permitir que la avaricia de empresas trasnacionales se apodere de nuestros valiosos bienes. El desarrollo regional supone fortalecer el desarrollo local y en ello las organizaciones sindicales, las agrupaciones indígenas y campesinas, que llevan años luchando contra los impactos nocivos del capitalismo dependiente, deben jugar un papel fundamental.

*Economistas por la UNAM y doctores en ciencias sociales. Coordinaron el proyecto El istmo en el contexto contemporáneo del desarrollo (CIESAS-Conacyt). (Andrés Barreda e Hipólito Rodríguez, La Jornada, Opinión, p. 15)

Astillero

Espérate un momentito // Ken Salazar interrumpe // Istmo, frenar migración // Seguridad nacional de Estados Unidos

El pasado viernes, en el puerto de Veracruz, el Presidente de la República había terminado su discurso luego de una tanda de alocuciones en las que hubo saludos iniciales para el invitado principal, Ken Salazar, embajador de Estados Unidos en México, a quien el propio Andrés Manuel López Obrador elogió por su desempeño diplomático.

Ya que el Presidente mexicano había cerrado su discurso con un muchas gracias, sucedió lo que está consignado en la página oficial del gobierno (https://bit.ly/3xQA9ly):

“Moderador: Les solicitamos guardar el debido respeto para entonar nuestro Himno Nacional Mexicano.

Kenneth Lee Salazar: Espérate un momentito.

Presidente Andrés Manuel López Obrador: Quiere el embajador…Kenneth

Lee Salazar: Le pedí la palabra al Presidente por un momento. ¿Está bien?

Presidente Andrés Manuel López Obrador: Sí, adelante”.

A partir de ahí, el embajador Salazar condujo la reunión: “… si me permite. Nomás porque (empresarios de Estados Unidos) vinieron tan lejos y vinieron porque les dijimos que esto, teníamos que tomar la mirada al sur. Nada más un comentario nomás de dos minutos de…

Primeramente, tú estás presentando automotriz, Paco; trajiste a Freightliner, todos estos que vienen aquí con Amchan. Nomás dos minutos de la manera que ves tú a tu automotriz. Segundamente, Pat, esto del suministro, de las cadenas (habla en inglés). Y luego, Sandhya, viniste tú con lo de energía renovable. Un comentario breve, y no tanto de sus empresas; más del sector, las empresas tienen lo que sea, pero del sector automotriz.

Desahogada la agenda que impuso Salazar, el Presidente de México dijo: Muchas gracias, Ken, muchas gracias, y el moderador al fin pudo cumplir con el protocolo que había sido alterado y solicitó guardar el debido respeto para entonar nuestro Himno Nacional Mexicano.

El embajador Salazar, quien fue presentado en primer lugar de una larga lista de asistentes a una sesión denominada Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, por encima de secretarios del gabinete federal y gobernadores, está ahora concentrado en impulsar inversiones de poderosas firmas estadunidenses en el sur del país, en especial en el Tren Maya y en el llamado Corredor Transístmico, y vigilar que haya garantías de respeto a esas inversiones.

Hay, además, una visión específica para convertir ese cinturón transoceánico en una zona de freno de la migración de Centroamérica hacia Estados Unidos, zona o corredor que este país asume ya como una zona de su seguridad nacional.

En una parte del discurso que pronunció en Veracruz, antes del espérate un momentito, Ken Salazar había dicho: Entonces, proyectos así, como estamos haciendo aquí en el Istmo, o están haciendo ustedes aquí en el Istmo, son de muchísima importancia.

También explicó: Aquí se hallan, como dijo el almirante Ojeda (secretario de Marina), la seguridad; una presentación que lo dice de una manera que no se puede ver de otra manera: la seguridad en este istmo, más fácil hacer la seguridad aquí que en las dos mil millas, tres mil kilómetros, quizás, en la frontera del norte; también allá lo vamos a hacer, tenemos unos proyectos grandes que estamos trabajando entre México y los Estados Unidos en el norte, pero aquí en la seguridad.

El gran triunfador de la temporada es Estados Unidos y su operador avasallante es Ken Salazar. El veto a la reforma eléctrica provino de Biden-Kerry-Salazar, aunque en la batalla mediática y electoral en curso sólo se asignen culpas efectistas a la oposición partidista, cuyo papel fue instrumental.

El primer día de este mes aquí se adelantó: La verdadera votación de la reforma eléctrica se perfiló ayer en Palacio Nacional, adonde llegó (…) John Kerry (…) acompañado por empresarios estadunidenses que, obviamente, vigilan que sus intereses en materia de electricidad, litio y energéticos en general queden bien servidos a la hora en que diputados federales y senadores, probablemente luego de feroces batallas discursivas, terminen aprobando lo que ayer se decidió (https://bit.ly/37CeByG). ¡Hasta mañana! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

Desde afuera / De patriotas y patriotismo

Para muchos, la creciente interconexión económica, cultural y social significada por el globalismo crearía nuevas condiciones y quizás una época más beneficiosa para la humanidad.

En la práctica, sin embargo, creó una nueva era de ganadores y perdedores, entre países y dentro de sociedades. Puede decirse que el globalismo no es lo que se esperaba, o deseaba que fuera.

Pero una de sus consecuencias es el resurgimiento de resquemores, el fortalecimiento de miedos y nostalgias por un pasado que nunca realmente existió.

Lo hemos visto en Estados Unidos con Donald Trump y lo vemos con el presidente ruso, Vladimir Putin. A su estilo, ambos son ejemplos de un patriotismo, o un nacionalismo, que en la práctica podrían ser considerados como tóxicos y que de entrada tienen visos autoritarios.

Putin ciertamente es un patriota, como me dijo el escritor Steven Lee Myers, durante una conversación a propósito de su libro El nuevo Zar, publicado en español por Editorial Planeta. Pero eso refleja su intención de restaurar las glorias de Rusia, representada tanto por la potencia militar de la Unión Soviética y por las aspiraciones de la Rusia zarista.

No es necesariamente malo, pero implica el dominio directo o indirecto sobre las decisiones de países vecinos, en nombre de ese nuevo nacionalismo y su seguridad.

La invasión de Ucrania no puede ser explicada sin esa formulación. Putin invocó peligros por la presunta nazificación de Kiev y la posibilidad de que se hiciera parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Pero la OTAN lleva años en las fronteras rusas, lo mismo en Polonia que en los países bálticos y, de hecho, en Turquía.

Luego, el presidente Putin reclamó que era tiempo de rescatar a las minorías rusas que libraban una guerra separatista en dos “repúblicas populares” en el este de Ucrania.

Sería difícil coexistir con un vecino que usa el concepto del patriotismo para subyugar las nociones de independencia y el derecho al tamaño y la capacidad militar.

Los mexicanos enfrentamos algo similar durante el régimen de Trump, que se presenta como un patriota estadounidense y, bajo el lema Hagamos a EU grande otra vez, aprovechó la insatisfacción de una parte de la sociedad de ese país, por factores sociales y económicos atribuidos a la globalización.

Las amenazas de cierre de fronteras, las advertencias sobre el uso de herramientas económicas para ejercer presión sobre el gobierno vecino, el uso y abuso de la idea de una “invasión” de migrantes fueron cruciales de los reclamos de Trump y son parte importante de la doctrina política de los republicanos.

Con todo, la noción se encuentra también en la menos estridente propuesta de Joe Biden para condicionar el acceso al mercado de su país al porcentaje de contenidos estadounidenses.

El patriotismo es un gran concepto, pero debe invocarse con cuidado. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 25)

Opinión del experto / Guerra de Ucrania: crisis de refugiados

Desde que inició la guerra entre Ucrania y Rusia, en febrero pasado, más de 4 millones de personas han tenido que huir de Ucrania, principalmente mujeres, niños y adultos mayores, ya que los varones menores de 60 años deben quedarse para defender al país, según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Este éxodo es el más rápido desde la Segunda Guerra Mundial, lo que representa un gran reto para Europa y la comunidad internacional, debido a las consecuencias económicas, políticas y sociales de esta ola migratoria.

Se estima en más de 6.5 millones los desplazados internos, quienes han abandonado sus hogares en Ucrania, en algún momento del conflicto iniciado hace casi ocho años, pero no han salido del país y necesitan ayuda humanitaria, y unos 13 millones están atrapados en áreas afectadas a causa de las hostilidades y no pueden escapar debido a la destrucción de la infraestructura para desplazarse. Cabe recordar que la población de Ucrania es de 44 millones de personas.

Más de la mitad se han refugiado en Polonia, que ha recibido a más de 2 millones 451 mil 342 damnificados; por su parte, Rumania ha acogido a 635 mil 816 personas; Moldavia a 394 mil 740; Hungría a 390 mil 302; Eslovaquia a 301 mil 405 y Rusia a 350 mil 632 personas, donde organizaciones de derechos humanos han denunciado que miles de ucranianos han sido “transferidos forzosamente” a Rusia en las últimas semanas. Además, 15 mil 281 refugiados han arribado a Bielorrusia, aliado clave de Moscú.

La ACNUR está colaborando con autoridades, agencias de la ONU, grupos comunitarios de personas desplazadas y socios para brindar asistencia humanitaria y está presente sobre el terreno en Ucrania y en los países vecinos para proteger y asistir a los damnificados que se han visto forzados a huir.

La Unión Europea (UE) activó por primera vez la Directiva de Protección Temporal, creada desde 2001, a ciudadanos ucranianos para agilizar el proceso de asilo y busca distribuir la carga migratoria de manera equitativa entre los diferentes países de la UE.

Esta directiva otorga protección en la forma de permisos de residencia temporales, e incluirá el derecho para residir en la UE, acceso al empleo, a la vivienda, a la asistencia social y médica, y el acceso al sistema educativo, situación que no se dio con la crisis de refugiados sirios de 2015 y otros grupos al emigrar a Europa.

Dicha migración podrá ser una oportunidad o un desafío para Europa, ya que, según estimaciones, para satisfacer todas las necesidades de éstos, el éxodo ucraniano costará 30 mil millones de euros a los países de acogida en 2022 y debe ser compartido por todas las naciones de la UE en un contexto de alta inflación y alza en el precio de los energéticos, por lo que las economías deben mantener su crecimiento para solventar el gasto.

Por otro lado, los ucranianos están mejor calificados que los sirios para insertarse en el mercado laboral y así compensar el envejecimiento de la población europea.

El éxito dependerá del tiempo de duración de la guerra, las políticas de recepción e integración, ya que, de lo contrario, ante las presiones económicas, es fácil culpar a los extranjeros lo que los partidos de derecha y populistas capitalizarán, situando a Europa en un reto. (Yoanna Shubich Green, Coordinadora académica de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México, Excélsior, Nacional, p. 11)