Opinión Migración 250425

Redes de Poder MTY // Nerviosismo en Monterrey y renuncia al PRI

En busca de migrantes

El Instituto Nacional de Migración comenzó con una serie de movimientos, junto con elementos de la Guardia Nacional y Ejército Mexicano, con la intención de detectar migrantes en el municipio de Monterrey.

Resulta sorprendente que se realicen estos operativos después de haberse dejado de lado desde hace mucho tiempo, sobre todo porque este estado se ha convertido en epicentro de llegada de personas indocumentadas.

Estas se tratan de acciones del Gobierno federal por la exigencia de Estados Unidos de detener la migración, esto ahora que también el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), hizo un operativo sobre la mercancía de procedencia de China.

Incluso, hasta se clausuraron varias tiendas en la Zona Metropolitana de Monterrey que tenía mercancía china, pero pirata.

El tema no es menor, pues se dice que existe mucho contrabando de mercancía que no paga impuestos en los puentes de Nuevo Laredo y Colombia. (Diana Villanueva, Reporte Índigo, Mty, p. 23)

Desde el Biopoder // Paso de migrantes por Puebla

Las políticas del gobierno de Estados Unidos y todas las medidas para reforzar la frontera con México no están deteniendo el sueño americano entre menores, jóvenes, madres, madres y hasta adultos mayores que buscan reencontrarse con sus familias y mejorar sus condiciones de vida.

Los casos de migrantes que cruzan por la ruta “Puebla”, es decir, la del centro de México, luego de pasar por diferentes poblaciones de los estados de Oaxaca o Veracruz, se mantienen.

El territorio poblano es clave en el paso de los migrantes porque es el punto en el que se decide si se ocupa la ruta del Océano Pacífico, una de las más inseguras del país, o se opta por la del Golfo de México, es decir, la de mayor riesgo porque implica el paso por el desierto del norte de México.

Los transmigrantes, es decir, la personas que nacieron en Centroamérica, Sudamérica y hasta en Asia o África, y que solo buscan pasar por territorio mexicano hacia Estados Unidos, mantienen la lucha por sus sueños, en medio de un clima de advertencias y amenazas.

A pesar de que la página del Instituto Nacional de Migración (INM) solo cuenta con algunos comunicados sobre las actividades que se realizaron en los primeros meses de este año, la realidad es que los operativos conjuntos con Guardia Nacional y policías estatales y municipales son una realidad y, en ellos, se detienen a los llamados “sin papeles”.

El pasado 22 de abril, una docena de transmigrantes, entre ellos, menores de edad, fueron descubiertos viajando en un autobús del sistema de autotransporte federal en la ciudad de Orizaba, Veracruz, con destino a Tehuacán, Puebla.

Los reportes de la presencia de migrantes se presentaron desde la ciudad de Córdoba, ante lo cual, se realizaron operativos y se detuvo a la unidad en Orizaba, justo antes de ingresar al estado de Puebla. Los migrantes que, de diferentes formas, consiguieron sus boletos para viajar en una unidad de la línea AU, fueron descubiertos y el personal del INM aplicó los protocolos correspondientes.

El caso es una muestra de que el fenómeno y la lucha por mejores condiciones de vida se mantiene, a pesar de que no exista la misma cantidad de información que en el pasado. La lucha por el sueño americano continúa, a pesar de que se intente ocultar o soslayar. (Jaime Zambrano, Milenio, Online)

Desde el otro lado // Cien días de la ofensiva antiinmigrante de Trump

“Los vamos a cazar.” Así, frontalmente, amenaza la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, a los migrantes que crucen ilegalmente la frontera, en un spot que se transmite por la televisión en México y circula en redes sociales. Como era previsible, el anuncio encendió las alarmas en Palacio Nacional y motivó una respuesta de la presidenta Sheinbaum, quien ya envió al Congreso una iniciativa para prohibir este tipo de propaganda proveniente de gobiernos extranjeros.

Ese spot es un ejemplo perfecto de la estrategia que ha definido los primeros 100 días de Trump en su segundo mandato: gobernar a través del miedo. Que genere temor, cause polémica o provoque una reacción del gobierno mexicano solo refuerza el objetivo de intimidación que anima la nueva política migratoria. Si militarizar un tramo de la frontera preocupa a Palacio Nacional y detona una nota diplomática, es señal de que el mensaje ha sido recibido —fuerte y claro.

Despiadada como es, la estrategia migratoria de Trump le ha dado resultados. Baste decir que en febrero la Patrulla Fronteriza registró aproximadamente 8 mil 300 detenciones de migrantes, la cifra mensual más baja desde el año fiscal 2000. En marzo, los encuentros en la frontera cayeron aún más, hasta 7 mil 181, lo que representa una reducción del 95 por ciento respecto a marzo de 2024, cuando se contabilizaron 137 mil 473 encuentros. Estas cifras reflejan un desplome sin precedentes en las últimas dos décadas.

Y esa caída no ha pasado desapercibida. Las encuestas registran una valoración positiva entre amplios sectores del electorado estadounidense. Según la más reciente medición de Fox News, mientras más de la mitad de los consultados desaprueba la gestión económica de Trump, rechaza sus tarifas y cuestiona su manejo de la inflación, una proporción similar aprueba su política de seguridad fronteriza.

Desde México, la política migratoria de Trump genera rechazo y preocupación. No obstante, uno de sus efectos colaterales ha sido que la frontera norte de México no se ha visto desbordada por migrantes esperando cruzar, como ocurrió repetidamente durante el gobierno de Biden. De hecho, los albergues que se alistaban para recibir a miles de personas permanecen prácticamente vacíos, según reportes periodísticos.

Al inicio del nuevo gobierno de Trump, la inquietud en México por las deportaciones masivas era tan grande como el temor a los aranceles o a una indebida injerencia de Estados Unidos en el combate a los cárteles del crimen organizado. Pero lo cierto es que esas deportaciones no se han materializado.

A pesar de la retórica de “mano dura”, Trump deportó a menos personas en febrero de 2025 que Biden en el mismo mes de 2024. Esto se explica, en parte, por la drástica caída en los cruces fronterizos, pero también por los límites presupuestarios que restringen la capacidad de ejecutar deportaciones a gran escala. Aunque el presidente prometió expulsar a un millón de personas este año, el presupuesto actual de ICE solo permite detener simultáneamente a unas 41 mil, muy por debajo de lo necesario para cumplir esa meta.

Esto podría cambiar en el futuro, pero por ahora, el panorama es claro: los cruces fronterizos están en un mínimo histórico y las deportaciones no han aumentado. No es exactamente lo que prometió Trump, pero le ha dado argumentos para afirmar que ha recuperado el control de la frontera y revertido el caos que, dice, le heredó Biden, “el peor presidente en la historia” de Estados Unidos.

Paradójicamente, este escenario ha hecho que la migración no sea realmente un tema en México, al menos no como se preveía, lo cual le ha dado un respiro a la presidenta Sheinbaum, ocupada ya con otros frentes complejos de la relación bilateral. Seguramente le resulta ofensiva la retórica antiinmigrante que resuena a diario desde Washington, y le molesta que millones de nuestros compatriotas vivan con temor ante una posible redada de ICE. Pero no carga con el complejísimo reto de recibir y albergar a cientos de miles de migrantes deportados, como se temía que ocurriría este mismo año.

En los hechos, la política migratoria del miedo impulsada por Trump le ha evitado a Sheinbaum una crisis potencialmente mayúscula. Sin duda, es más cómodo denunciar un spot como el de la secretaria Noem y legislar en contra de su difusión que enfrentar un flujo masivo de deportados o lidiar con campamentos improvisados a lo largo de la frontera norte.

La retórica indigna, pero la realidad puede ser mucho más brutal. Y, al menos por ahora, esa realidad no ha detonado una crisis. Lo que no quiere decir que no haya perdedores en todo esto. Y esos son, sin lugar a dudas, los migrantes que viven acosados y atemorizados. (Leopoldo Gómez, El Financiero, Opinión, p. 28)

A ras de suelo // Soberanía informativa: entre lo urgente y lo esencial

A inicios de mes se empezaron a transmitir en televisión abierta mexicana anuncios en contra de la migración indocumentada a Estados Unidos, dirigidos por la secretaria de Seguridad Nacional de dicho país, Kristi Noem. Los mensajes forman parte de una campaña nacional e internacional lanzada por el gobierno estadounidense para disuadir los intentos de personas para entrar de manera irregular a su territorio.

En los videos, entre otras cosas, la secretaria Noem agradece a Trump por reforzar la frontera y deportar a quienes llama “criminales inmigrantes ilegales”. Advierte: “si estás considerando entrar ilegalmente a Estados Unidos, ni lo pienses. Déjame ser clara: si vienes a nuestro país y violas nuestras leyes, te vamos a perseguir. Los criminales no son bienvenidos en Estados Unidos”.

Más allá de la finalidad que pueda tener el gobierno estadounidense de proteger sus fronteras, el tono de los videos contribuye a reforzar una narrativa distorsionada que criminaliza a las personas en movilidad, perpetuando estigmas, y fomentando el odio y la discriminación. Preocupa su reproducción en televisión nacional abierta, ya que además de validar una visión errónea de la realidad migratoria -en México migrar no es un delito-, polariza a la población y aumenta la indefensión de un grupo ya vulnerable.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), reaccionó y envió una carta a los medios mexicanos que difundieron el anuncio, instándolos a retirarlos del aire por su carácter discriminatorio, además de que contravienen lo dispuesto por el artículo 1 de la Constitución, y los artículos 2, 223 y 256 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión.

Por su parte, la presidenta Sheinbaum rechazó la transmisión de los comerciales estadounidenses y envió de manera exprés al Senado una iniciativa de decreto para expedir una nueva Ley en materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión. Esta ley, además de prohibir anuncios que divulguen propaganda política o ideológica de gobiernos extranjeros en México, prevé cambios importantes, como la centralización de atribuciones en la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, que asumirá las funciones del recientemente desaparecido Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Si bien hay un consenso general en cuanto la necesidad de prohibir la transmisión de propaganda política ideológica extranjera en nuestros medios nacionales -acaso también de la urgencia de hacerlo velozmente-, la aprobación de una ley conformada por 283 artículos para regular un tema tan fundamental como el de las telecomunicaciones, amerita cuando menos un debate abierto, plural, bien fundamentado y con suficiente tiempo para el análisis.

La información y las comunicaciones son espacios estratégicos que moldean la manera en que la sociedad interpreta la realidad, toma decisiones y, en consecuencia, determinan el rumbo político y social de un país, e incluso del mundo. El capitalismo extremo ha propiciado que la información quede en manos de intereses económicos, reduciendo el papel de algunos medios a meros instrumentos de propaganda al servicio del poder. En este contexto, el Estado tiene la responsabilidad de proteger la soberanía nacional, y está en lo correcto al establecer límites a aquellas televisoras que, a cambio de dinero, permiten la injerencia extranjera o difunden discursos de odio.

Estos medios, aunque sean privados, son concesionarios de un recurso que pertenece a la nación; su función incide directamente en el interés público y deben cumplir con responsabilidades legales y éticas básicas. Igual de grave sería que el Estado monopolizara la información o ejerciera censura. El desafío -ético y estratégico- radica en construir un sistema plural, transparente y con mecanismos efectivos de rendición de cuentas, que garantice la libertad de expresión y el derecho a recibir información veraz y diversa. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. 7),

Ley de Telecomunicaciones: ¿censura?

Las comisiones correspondientes de la Cámara de Senadores aprobaron ayer la nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, cuya discusión en el pleno se efectuará el próximo lunes. La legislación impulsada por la mandataria ha generado reacciones airadas entre políticos y opinólogos de derecha, quienes la acusan de ser una regresión autoritaria en tanto, aseguran, otorga al gobierno federal la facultad de retirar concesiones, censurar contenidos y atentar contra la libertad de expresión e información.

Para entender el diferendo entre el oficialismo y las derechas debe considerarse la documentada historia de connivencia entre los poderes económico y mediático en el ámbito de las telecomunicaciones y la radiodifusión, contubernio que ha sido imposible regular y que ha dado lugar a toda clase de excesos y transgresiones a principios republicanos fundamentales.

Uno de los efectos más perniciosos de esta situación ha sido la incursión espuria de las corporaciones en la vida política como poderes fácticos reacios a cualquier control democrático, que se conducen con una absoluta falta de respeto a la ética, a las leyes, a la verdad y al público, como quedó demostrado con la transmisión reiterada de un comercial del gobierno estadunidense donde la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem, denigra y criminaliza a la comunidad migrante.

En ese contexto de ausencia del Estado se aplicó y se aplica una censura atroz, sea en los medios electrónicos tradicionales como la radio y la televisión, o en las plataformas de redes sociales y streaming que hoy concentran la atención de las audiencias. En los primeros, los contenidos son determinados bajo criterios mercantiles, no sólo dejando fuera a todas las voces disidentes con los intereses personales y las afiliaciones ideológicas de los propietarios, sino además estableciendo pactos explícitos de silencio y de cobertura favorable con regímenes que les son afines.

La otra cara del apoyo a sus compinches es la campaña de desprestigio sistemática y permanente contra los gobiernos federales de 2018 a la fecha. Por su parte, las redes sociales cancelan las cuentas de sus usuarios bajo criterios arbitrarios y caprichosos, implementan algoritmos que invisibilizan ciertas posturas y magnifican otras, inducen tendencias a cambio de dinero y manipulan a la opinión pública para que crea orgánicas (generadas por la propia comunidad) las operaciones de marketing pagadas por grupos de interés.

Ante dicha realidad, la nueva Ley de Telecomunicaciones es un primer paso para asentar la presencia del Estado en ese ámbito a fin de garantizar que las radiofrecuencias, las concesiones y las plataformas nacionales no sean usadas de manera contraria al interés nacional y a la dignidad humana. En este sentido, es necesario remarcar que el espot del trumpismo no sólo es ofensivo contra una parte de nuestra población a la que el país debe muchísimo por sus aportaciones a la economía nacional al sostén de millones de familias, sino que además viola de manera flagrante la legislación mexicana contra la discriminación.

A los comentócratas que se desgañitan clamando que se atenta contra la libertad de expresión al multar a quienes transmitan propaganda extranjera, debe recordárseles que ni el racismo ni los discursos de odio están amparados por el derecho a la libre manifestación de las ideas. Por el contrario, constituyen delitos aquí y en todo Estado que respete las leyes. Lo lamentable, en todo caso, es que sea necesario legislar para llenar el vacío ético de los medios corporativos, cuyos dueños no dudan en facilitar la estigmatización de connacionales si pueden lucrar con ello. (La Jornada, Editorial, p. 2)

Fusilerías / Cierre de filas ante los ‘spots’ de EU

El periodista debe dudar de todo antes de la confirmación y, quizá, mantenerse en guardia ante la eventualidad de que el dato o el hecho pueda ser distinto. Por eso resultaba sumamente inverosímil el cierre de filas de todos los espectros de la sociedad mexicana con la Presidenta cuando comenzó la campaña trompicada y alevosa de Donald Trump contra México y el mundo. Hoy, a medio año de gobierno de Claudia Sheinbaum y a cuatro meses del jefe de la Casa Blanca, vemos que ese apoyo “general” frente a los embates era apenas una herramienta de campaña de algunos partidos y empresarios.

Uno pudiera pensar, en el caso de los partidos de oposición, que es natural que no se plieguen a los dictados del poder, aun frente a la contingencia en curso, pero resulta increíble que en el tema de los anuncios gringos con propaganda antimigrante en televisión abierta se olviden de un plumazo del contenido y de sus propósitos de lidiar juntos con la ofensiva que se veía venir, que no ha sido relajada, para montarse en el tema y golpear al gobierno. Peor aún: ayer mismo el PT, aliado de Morena y en apariencia de Sheinbaum, ya comienza a dar señales de división. Vaya momento el que eligió. Ya sin mencionar las rebeliones dentro de los propios guindas contra la mandataria.

No se trata de ninguna violación a la libertad de expresión la búsqueda da caminos legales cuando se trata de impedir que un gobierno extranjero haga propaganda y lance amenazas contra la propia población objetivo, en este caso los usuarios de la televisión abierta, que son los más. Quienes agitan esa bandera solo pueden tener dos motivaciones y son fallidas: los opositores con la única finalidad de contrapuntear a la autoridad, cuando es en esta hora en la que debería asomar el cierre de filas prefigurado desde el regreso de Trump, y los empresarios que transmitieron los mensajes alegando el respeto a un derecho cuando solo están pensando en los ingresos que acarrean.

Con episodios aislados de injerencia terminan tragedias de colaboracionismo como la República de Vichy, aquel vergonzoso pasaje histórico en el que el nazismo sometió a la Francia de la Segunda Guerra Mundial. Por eso hay que cerrarles el paso. (Alfredo Campos Villeda, Milenio, Al Frente, p. 2)

Cartones

El espot que falta

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(Magú, La Jornada, Política, p. 3)

Hablan el mismo idioma

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(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)