Por primera vez, la duda no tiene lugar en el ánimo del pusilánime cartujo. Por primera vez no le tiembla la mano ni le entran remordimientos al escribir no. Los motivos se han acumulado desde diciembre de 2018 cuando comenzó un periodo de oscuro esplendor en la vida pública de México: la insolente ostentación del poder desmedido con su cauda de irresponsabilidad, ineptitud, impunidad, cinismo, mentiras, hipocresía. Son motivos expuestos, entre tantos otros, por el insensato monje —cuyas únicas credenciales son las de ciudadano de un país en llamas— desde el primer día de un régimen en el cual la apuesta en estas horas inciertas es conservar el poder, aun cuando deban violarse las reglas democráticas, como se hace cotidianamente desde Palacio Nacional.
Entonces: no, por los casi 190 mil muertos durante este sexenio, entre ellos más de 12 mil menores (de acuerdo con cifras de la Red por los Derechos de la Infancia en México); no, por los miles de feminicidios; no, por los miles de desaparecidos y el desdén —o de plano desprecio— a las madres buscadoras; no, por los 40 muertos en la estación migratoria de Ciudad Juárez y el manto de impunidad tendido sobre Francisco Garduño, comisionado del INM; no, por los 26 muertos en el colapso de la Línea 12 del Metro, mal construida y sin mantenimiento; no, por las miles de muertes en exceso debidas a la negligencia criminal de los encargados (el principal de ellos, Hugo López-Gatell) de atender la pandemia de covid-19; no, por los cientos de miles de desplazados en las zonas más pobres del país, víctimas del salvajismo del crimen organizado y de la inepcia o complicidad de las autoridades; no, por el fraude en Segalmex de alrededor de 15 mil millones de pesos, aunque el gobierno solo reconoce un descalabro de 9 mil 800 millones, mientras el responsable, Ignacio Ovalle, fue nombrado coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal; no, por los siete millones de árboles talados y los cenotes perforados en la construcción de un tren emblema de corrupción. Por estas y tantas otras cosas: decididamente no.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. (José Luis Martínez S., Milenio, Al Frente, p. 2)
Eric Adams
Alcalde de Nueva York
Las ciudades de Nueva York y chicago piden 2 millones de permisos de trabajo para indocumentados; esa conciencia de que los inmigrantes son esenciales para la grandeza de Estados Unidos debería ser compartida. (Sube y Baja, La Crónica de hoy, La Dos, p. 2)
El aumento de la población mundial ha agudizado el rechazo general ante gobiernos incapaces de resolver hambrunas, enfermedades y pobreza crecientes. Aumentan las caravanas migratorias, incluso transcontinentales. Miles de ojivas nucleares prestas a ser usadas cambian clásicos parámetros militares y el espectro de una aniquilación mundial y se atomiza en continuos choques regionales, donde frecuentemente las mafias imponen su ley.
Mientras los cambios fueron dándose en nuevos escenarios internacionales, en México irrumpía López Obrador declarando su intención de salvar al país del liberalismo empresarial que a lo largo de los años abusaba del poder condenando al pueblo a la desigualdad e injusticia.
Durante los cinco años de su gestión a partir de 2018, López Obrador ha hecho su guerra polarizando a la sociedad en pillos y víctimas en un marco de una engañosa evolución, donde la única verdadera “transformación”, la cuarta, ha de ser el marco para conformar leyes y principios a las supuestas demandas del pueblo.
La sociedad civil, sin embargo, identificada en una población empeñosa y trabajadora lleva décadas de actuar produciendo y esforzándose por mejorar condiciones generales de educación y defensa de sus derechos afirmando a diario su papel y organizando mejor sus perfiles políticos.
El gobierno de López Obrador se dedicó sistemáticamente a destruir estructuras y entidades que servían a sus propósitos originales. Esta ha sido la suerte de muchas organizaciones dedicadas a la salud, educación y en múltiples formas de producción. La perversa intervención del gobierno ha sido en todos los órdenes. El debilitamiento de las entidades electorales autónomas ya se advierte como amenaza a las elecciones en puerta. Ahí también medran las mafias criminales al amparo de abrazos, no balazos.
Si desde su inicio López Obrador ha hecho su guerra, ha llegado la hora de emprender la restauración. Independientemente de los resultados electorales del próximo 2 de junio, el rescate debe hacerse entre amigos y no como si México estuviera habitado por puros adversarios.
No se trata de restaurar el “desarrollo estabilizador” que asignó tareas a la CNOP, a la CNC o la CTM, alineados al partido oficial ni a la dictadura perfecta de los maestros, brazos electorales del gobierno.
Si los números favorecen a Claudia Sheinbaum, la tarea de recomponer al país será más complicada para la sociedad civil. Con Xóchitl Gálvez, en cambio, los programas de ayuda popular permanecerán conforme a criterios actualizados, donde el apoyo no sólo es repartir poder de consumo, sino también empezar a respaldar con créditos y facilidades la producción de artículos y servicios para crear empleos formales que transformen recursos ociosos en riqueza.
Hay que reconstruir los devastados servicios sociales y añadir los apoyos a la producción que requieren las pequeñas y medianas industrias que son más del 90% de la fuerza laboral. Se trata de retomar e incrementar el ritmo que ya aportaban y que realicen su papel natural de productor de riqueza.
La estrategia arriba descrita atenderá simultáneamente los inaplazables campos en materia de salud pública y modernización de la educación. La restauración nacional se basa en la acción tripartita salud, educación y seguridad que se olvidaron completamente durante la 4T
El programa de Xóchitl Gálvez, liberada de ataduras de imitación semisocialista de López Obrador, puede prever la presencia de la sociedad civil en las decisiones de gobierno de manera hasta ahora no conocida en nuestro país.
La participación formal en el gabinete presidencial de las fuerzas de los trabajadores y las clases medias sería un elemento que aseguraría equilibrio de todos los sectores socioeconómicos del país.
En la nueva administración presidencial, la orientación de la acción oficial no vendrá de los partidos que han mostrado su incapacidad para desempeñar sus funciones legislativas de iniciativa y control.
Falta coordinar en el gabinete presidencial la visión de interés público con un pragmatismo que integre las múltiples actividades privadas del país dentro del concepto del anunciado gobierno de concertación.
Un gabinete mixto sería el paso que será hoy tan avanzado como en su momento lo fue a principios del siglo XX la concepción de responsabilidad social que hizo un modelo la Constitución de 1917. Los tiempos actuales exigen nuevos conceptos de renovación social acorde con el siglo XXI. Las nuevas fórmulas pueden aplicarse con el nuevo gobierno de 2024.
La sociedad civil está demostrando su papel de orientación y vigilancia para responder las urgencias de modernización del país conforme a los retos del momento y parámetros de la actualidad. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 13)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)